Capitulo 24: El Último Baño de Sangre
Electra gira súbitamente y parece regresar corriendo rápidamente por donde vino. Al momento en que la profesional se pierde de vista entre las plantas, salgo de los arbustos de un salto y corro en su dirección; me falta el aire, pero esta vez no es por agotamiento. Gordon me llama con cautela, pero lo ignoro completamente; sé lo que este cañón puede significar, sé de quién puede ser.
Recorro un trayecto corto y llego a la orilla de la vegetación. Alcanzo a ver el enorme aerodeslizador en el cielo azul; que recoge los cuerpos de los tributos, pero no puedo apreciar quién es el que ha muerto. Me oculto de un solo movimiento en los arbustos, sé que es estúpido dejarse llevar por los sentimientos en mi situación, pero no me imaginé lo que sentiría si Deo muere…
—Por favor…—murmuro suplicante —Que no haya sido Deo…
La arena vuelve a tener la lúgubre tranquilidad que la caracteriza, la nave se ha ido y decido regresar con Gordon; aun con esa sensación extraña en el pecho. Cuando llego con él, me dice que hasta él sabe que eso es lo peor que puedes hacer cuando hay otros cuatro intentando asesinarte. No le contesto ni le digo lo que me hizo salir y arriesgar mi vida. Gordon sigue hablando, pero vuelvo a ignorarlo; necesito estos momentos para pensar que sucedió lo mejor… Me digo que él sabe cómo escapar, es fuerte además, y estoy segura que es más rápido que Gurges. Pero llega súbitamente a mi mente Marietta y su sed de venganza, ¿Y sí ella al verlo le lanzó una flecha y… No, debo de dejar de pensar en su posible muerte…
El día pasa lentamente, sin ningún susto ni exaltación. Los pensamientos sobre la posible muerte de Deo me hacen desear que suceda algo para distraerme por un rato, aunque me retracto al momento. Cada minuto parece una hora y me tortura el no saber quién se ha ido.
No como nada, ni le digo a Gordon cómo es que me he estado alimentando los días pasados. Después de varias horas decide intentar comer insectos, tal como lo hizo su excompañera; logra comer sólo uno y aun así vomita. Si muere de hambre por lo menos no tendré que intentar asesinarlo.
Juego con piedras y rasguño la tierra, ansiosa de lo que pudo haber pasado. De vez en vez buscaba entre los árboles por alguna señal de él. Si sigue vivo, y me incomoda pensar que no es así, ¿Estará preocupado por mí? ¿Habrá una oportunidad de me perdone?
Por varias horas he estado sentada en el escondite, pensando en Deo y convenciéndome de que fueron Gurges o Marietta las que han muerto. Creo que incluso Gordon se está exasperando de mi comportamiento, aunque en estos momentos no le tomo importancia a él, sólo quiero que llegue el anochecer para ver el rostro de la profesional que murió.
Aunque aún el sol se encuentra en lo alto, comienzo a tener sueño, el calor de la Arena crea una sensación reconfortable. Gordon ya no me habla, incluso ignoro si sigue por aquí. Mis ojos se cierran definitivamente y me encuentro en un árbol, rodeada de lluvia y de oscuridad. Cada gota, cada hoja, cada árbol parecen los mismos de la primera noche en la que Deo me salvó del horroroso mutante. Después, de improviso, me encuentro frente a él de nuevo, sano y salvo. Dirige su mirada hacia mí y me lanza una sonrisa, sé que me ha perdonado, sé que volveremos a ser nosotros contra los otros. Me siento muy feliz de volver a verlo, tanto, que me abalanzo sobre él con un abrazo, y ambos reímos; le digo que jamás volveré a intentar asesinarlo y le menciono lo que ha sucedido, que pensé que él había sido asesinado. Parece hacerle gracia, en este momento a mí también me lo parece ¿Cómo pude pensar que él moriría?
Deo me dice que tiene un nuevo plan, pero que es riesgoso. A mí ya no me importa lo riesgoso que pueda ser, ya hemos superado tantos obstáculos y peligros juntos que me siento segura con él, y sé que él se siente seguro conmigo. Sea lo que sea saldremos adelante, juntos; y cuando nos escapemos de esta despreciable y horrible Arena podremos vivir juntos, sin importar en qué Distrito o lugar que sea, mientras estemos los dos.
Desde hace varios días, tal vez desde aquél día en el que estuve con mi familia antes de salir seleccionada, no me sentía así, extremadamente feliz y relajada. Todo gracias a Deo.
Su rostro y todo a nuestro alrededor desaparece, despierto y noto que tengo una amplia sonrisa. Ya es casi de noche, seguro están por tocar el himno, pero ya no estoy preocupada. Tengo nuevos ánimos, y sé que me perdonará. Me levanto y veo a Gordon sentado, serio y cabizbajo; una imagen casi triste para cualquiera que lo conozca. Cuando le hablo parece que le extraña que mi ánimo haya cambiado, yo únicamente le digo que es porque dormir siempre me ha ayudado y que esta vez no es la excepción. Ambos nos proponemos ir a la frontera del pequeño bosque para poder tener una buena vista del cielo. No puedo esperar y acelero mi paso, él se queda atrás, creo que el no comer le deprime y lo pone un poco de mal humor; me digo a mi misma que cuando regresemos al escondite le daré unas fresas para quitarle el sabor del insecto.
Varios metros delante de Gordon pienso en el futuro momento en que sus ojos verdes me vuelvan a mirar, en volverlo a escuchar. Conforme avanzo a la orilla recuerdo algunos momentos en los que estuve con el chico del Distrito Diez, y mis pasos van ganando peso, como si hubieran amarrado dos enormes y pesados troncos en mis botas. Me detengo pensando en retirarme, no ver esta noche el cielo y pensar que Deo sigue vivo en la arena, que en algún momento nos encontraremos y que veré nuevamente su sonrisa. Pero no puedo, debo de saber la verdad. Parece que poco a poco la esperanza que había obtenido las pasadas horas se desvanece. Comienza el Himno, y reúno el valor suficiente para asomarme y ver el cielo. Poco a poco el holograma sale de entre los árboles y una fría brisa me acaricia cuando caigo de rodillas al ver sus ojos en el cielo, los cuales jamás me volverán a mirar. Llevo mis manos a mi boca, y siento mis lágrimas salir; pero las limpio lo más rápido que puedo, ésta es la última vez que veré su rostro.
—¡¿Por qué?! —dejo salir mi dolor en forma de un grito dirigido al cielo —¡¿Por qué él?!
El holograma se desvanece para siempre y suelto completamente mis lágrimas, mi llanto; lo dejo caer sin importarme nada. Repito su nombre mientras observaba el cielo vacío.
—¿Te preocupaba el vaquero? —Gordon me pregunta incrédulo —En verdad que los hombres sacan lo peor de ti.
Lo volteo a ver con lágrimas, pero no triste; no puedo creer lo que está diciendo.
—¡Cállate! —Le grito de forma lastimera.
—Pero puede que te estuviera usando porque…
—¡Cállate de una vez! —Vuelvo a gritarle —¡Tú no lo conocías! El jamás…
—¡Hola! ¿Recuerdas que estamos en los Juegos del Hambre? —Me interrumpe bruscamente —¡Ese tipejo te hubiera asesinado tarde o temprano¡ No vale la pena lamentarse por él, incluso entre los Profesionales era considerado débil. Además uno no sólo se apega sentimentalmente a un tributo.
—¡Lárgate de aquí! —Lo observo con desprecio por sus palabras que me hieren por alguna razón —¡Aléjate de mí y no vuelvas a emitir ningún sonido cerca de mí!
Abre su boca para pronunciar más mentiras, pero le arrojo mi cuchillo. Por suerte para él, fallo y se encaja justo frente a sus pies; Gordon se retira indignado, y me alegra. Después de esto, la próxima vez que nos veamos seguramente no nos tendremos compasión.
En ese mismo lugar me recargo en un árbol mientras mis lágrimas caen, no puedo creer que Deo ya no esté, que haya visto al aerodeslizador llevárselo hace apenas unas horas. Rencor es lo que puedo sentir recorrer mi cuerpo al pensar en el tributo que lo asesinó.
—Marietta…—Un débil susurro recorre mis labios partidos.
Ella era la única que pudo asesinar a Deo; era rápida y tenía un arco. Pudo haberlo asesinado a distancia y ni fuerza, ni su larga espada hubieran podido ayudarlo. Me duermo con la cara humedecida, pensando en un sentimiento extraño que siento. No lo conocía lo suficiente para amarlo, pero lo que sé de él me hizo apreciarlo de una forma que jamás he sentido.
Sé que estoy soñando cuando aparece frente a mí, nos encontramos en el cuarto donde esperamos para que nos evalúen. Él se encuentra impecable, está en la misma o en mejor condición que en los carruajes. Me dice que todo estará bien, que está en un lugar mejor ahora. Me toma de la mano y me dice que debo de ser positiva y esforzarme en salir viva de la Arena, que no hay lugar para dudas a estas alturas.
—Deo… Si te hubiera dicho el significado que tenías para mí ¿Te hubieras quedado a mi lado? — Le pregunto, más apacible ahora que lo tengo frente a mí.
Deo me sonríe y da una vuelta, y se desvanece con cada paso. Yo sólo me quedo parada observándolo irse, pero sintiendo una gran tranquilidad por lo que me ha dicho, de ahora en adelante no dudaré.
Un agudo ruido me hace levantar, noto muchas lagañas en mis ojos y las retiro algo desconcertada. Me pregunto si en verdad sólo fue un sueño e inmediatamente me llama la atención el sonido. Pasan otros diez segundos y escucho la voz de un hombre.
—Atención tributos —resuena en el cielo de la arena y temo lo peor —Para aumentar los juegos y demostrar que los mutantes del Capitolio son superiores a cualquier ente de la naturaleza, se ha decidido que con los primeros rayos de sol se soltarán varios tipos de mutantes en la Arena que perseguirán a todo ser vivo para asesinarlo.
Mi corazón casi sale de su lugar al escuchar esto y me genera repentinos recuerdos de lo que los mutantes causaban en mí, del terror indescriptible que siento al saber que esas cosas están ahí afuera.
—Sin embargo… —vuelve a resonar la voz en el cielo nocturno —45 Segundos antes de soltarlos, se abrirá una pequeña abertura en la parte frontal de la cornucopia. Ésta abertura conduce a un botón rojo que causará que la Estructura quede totalmente sellada, impidiendo que entre absolutamente cualquier ser, mutante o tributo. Dentro de la Cornucopia hay suficiente espacio y recursos para proteger y mantener a todos los tributos restantes en la Arena, de ustedes depende quién entra… y quién sale.
Cuando anuncia que se pondrá un holograma de reloj en el cielo, justo sobre la Cornucopia que indica cuánto tiempo falta para que se abra, el hombre termina de hablar con la frase "Que la suerte esté siempre a su favor" y vuelvo a respirar de una forma muy rápida, preocupada.
Volteo al cielo y veo que falta media hora para que se abra la estructura. Me levanto rápido, sé lo que significa; es un baño de sangre seguro. Hasta donde yo sé sólo Electra y Gurges son equipo. Los tres que restamos tenemos a todos los otros de enemigos… comienzo a arrepentirme de haber agredido a Gordon… Pero me digo a mí misma que no puedo dudar, que si no voy por miedo igual moriré a manos de los mutantes del Capitolio.
Avanzo con paso firme entre las sombras, incluso por los amplios lugares sin plantas; desde hace varios días que no camino en la noche, pero ésta solo aumenta mi probabilidad de no ser encontrada.
En quince minutos visualizo a la Cornucopia Incluso el Terreno aquí ha cambiado. Casi toda la vegetación que había anteriormente fue removida, pero ésta vez los árboles incrementan gradualmente mientras se alejan de la estructura, dejando todo despejado en un radio aproximado de treinta metros o más de la Cornucopia… no puedo calcularlo de forma exacta… También la tierra aquí se ha nivelado, supongo que los vigilantes quieren un baño de sangre justo y visible en todas direcciones…
Avanzo ahora con más cautela que nunca, no hay hierbas en el suelo que puedan cubrirme totalmente, ni siquiera si lo intento. Lo único que puedo notar son uno que otro montón de hojas cercanos a unos árboles, pero están en la parte más cercana al área sin vegetación.
Vuelvo a sentir miedo, pero esta vez con un poco de emoción; si llego al botón rojo antes que todos, volveré a ver a mi familia y a mi Distrito. Intento concentrarme y esconderme lo mejor posible, posiblemente todos ya estén ocultos en otros puntos. Supongo que las profesionales saben que Marietta, otro tributo entrenado, posee un arco. Tal vez esa es la razón de que no estén Frente a la Cornucopia para saltar al instante en la abertura.
Me alegraré infinitamente cuando Marietta muera, no me importa la forma en que suceda; si los vigilantes no hubieran hecho este posible último baño de sangre, yo misma la hubiera intentado cazar… Vengaría la Muerte de Deo…
Faltan poco más de un minuto cuando dos siluetas, seguramente Gurges y Electra, salen del bosque, caminando rápido. Mi corazón se acelera y lo escucho palpitar fuertemente; si ellas están ahí cuando la Cornucopia se abra ya no tendré oportunidad de llegar y si corro para confrontarlas no les pondré ganar…
—¡Salgan de ahí cobardes! —Grita Gurges —¡Dejen de Jugar al Escondite!
Sé que lo dice por mí, Gordon le dijo que era lo único en lo que era buena… Ni siquiera me he enojado completamente cuando una flecha sale del interior del Bosque en dirección a Electra, pero falla.
Ambas avanzan hacia el lugar del que la flecha ha salido, avanzando más rápido; mientras zigzaguea la silueta que supongo es Electra. De improviso sale otra que vuelve a fallar y después una más que a pesar de dar en el brazo de Electra, no la detiene. Sale Marietta del Bosque apuntándola con su arco y disparando una vez más, vuelve a asestar en el brazo izquierdo.
Aunque desprecie a Marietta, casi suplico que acierte la próxima flecha pero, al pisar ésta uno de los montones de hojas que había en el suelo, queda atrapada en una red que está sujeta a un árbol, suspendida en el aire. En poco tiempo la Profesional del Distrito Cuatro, respaldada por su aliada, hunde su estilizada espada varias veces en la red, haciéndome sentir feliz porque la asesina de Deo no está más en este mundo…
Todo cambia cuando Gurges traiciona a Electra y le clava la larga espada que antes fue de Deo en su espalda. Apenas comienzo a reaccionar la razón por la que esa mujer tiene la espada cuando un gong suena en la arena y en el cielo comienza la cuenta regresiva; lo que hace que otra silueta, seguramente Gordon, salga corriendo en dirección a la Cornucopia.
Gordon salió corriendo a pocos metros de Gurges que, aunque lenta, alcanza a prohibirle el paso. Sé que este es el momento correcto y salgo corriendo del Bosque. La adrenalina que siento me invade y pienso en todo lo que ha sucedido. Cada metro que avanzo parece un kilómetro. Volteo rápidamente la mirada a la Asesina de Deo, que aun se encuentra más cerca de la Cornucopia que yo, y veo que le encaja la espada de mi antiguo compañero a Gordon.
Por un momento siento una sensación de dolor en el pecho, esa horrible mujer ha asesinado a Deo, a Gordon a Celia... Y no sé con cuántos más. Escucho su Grito de rabia, sé que me ha visto. Por su culpa me alegré de la muerte de otra persona y ahora sólo quedo yo. Siento un calambre en el abdomen por el esfuerzo que hago, pero estoy a unos pasos de la entrada de la Cornucopia. Veo el rostro de los tributos pasar por mi mente y estoy por atravesar la delgada abertura que me salvará, cuando algo me jala del pie y me tira al suelo.
Volteó mi cuerpo y ahí está Gurges con una mirada de ira. Me agarra con su brazo derecho ensangrentado mientras aprieta los dientes.
—¡Te asesinaré maldita! —Me grita con rabia.
Alza la espada de Deo y me preparo para morir, pero en este primer golpe el arma choca con los bordes de la entrada y sólo me lástima la parte izquierda de mi tórax. Al ver esto siento el dolor, la tristeza, el miedo y la ira que me ha causado esta mujer desde el inicio de los juegos y con el más grande desprecio, especialmente por darle muerte a la persona más especial que he conocido y por sus insultos y burlas hacia mí le grito:
—¡Salvación por Mí, Perra!
Le lanzo el cuchillo y la daga, ambas se encajan en su cuerpo y pateo su horrible rostro con toda mi fuerza e ira; lo que causa que me suelte y quede totalmente fuera de la Cornucopia cuando aprieto el gran botón rojo.
Suena nuevamente un gong y escucho los gritos de desesperación de Gurges al otro lado, acompañados por gruñidos de diferentes criaturas. Al poco tiempo algo impacta varias veces seguidas contra la antes entrada de la Cornucopia.
Todo queda en silencio, excepto por mi respiración y me doy cuenta del gran dolor que causa la lesión que tengo en mi tórax. De improviso escucho fuertes trompetas y una voz decir:
—Damas y Caballeros, con mucho entusiasmo y alegría les presento a la ganadora de los Septuagésimos Segundo Juegos Del Hambre, ¡Aurora Roblee! Tributo del Distrito Siete.
La Cornucopia se divide en Dos partes, justo por la mitad y poco a poco veo el aerodeslizador sobre mí, volando en un cielo que comienza a iluminarse. Escucho el rugido de la multitud acompañado de alegres trompetas que me hacen pensar que esto es un sueño más. Una escalera cae y al sujetarme de ella quedo paralizada. Al salir de la Cornucopia, admiro gracias a los rayos de sol la Arena. He quedado en una posición que me permite ver el cuerpo de Gordon. Es extraño que lo piense pero, creo que después de todo también lo extrañaré… verlo me hace pensar que se encuentra dormido, que en cualquier momento se levantará a hacer uno de sus incómodos chistes.
El llegar al Aerodeslizador le digo adiós, aliviada, a la arena para siempre; aunque lo que viví ahí no me preparó para lo que enseguida me ocurriría.
¡Feliz año nuevo¡ espero que se la pasaran de maravilla con sus seres queridos.
Por lo mismo de las festividades no había podido subir otro capítulo. Éste es el final de los juegos, pero no de la historia de Aurora. No se preocupen, que no faltan muchos capítulos. Quiero mantener el fic dentro la historia original de Collins, además hay que atar ciertos cabos sueltos.
El Próximo capítulo es "Las 23 Muertes" en el que pasarán varias cosas interesantes. Espero que continúen el Fic hasta el Final.
Nuevamente gracias por continuar leyéndolo : ).
P.S.:
¡Lo Siento Vale, Kimiko y Angelita! ¡No Me maten por Favor! *Se esconde debajo de su cama*
