Capítulo 28: Lugares 8-2


Celia — Distrito 10 — Lugar: 8

Los últimos ocho. No puedo creer que llegara tan lejos. Me emociona la idea de regresar a los amplios campos de Diez. No sé si algún tributo ha muerto a causa de mis charcos envenenados gracias a las Coruncas; espero que mi estrategia sea lo suficientemente buena para ganarme algún patrocinador.

En éste rincón de la arena me siento protegida, por lo menos el risco que tengo detrás de mí me protege en esa dirección… pero comienzo a dudar si debería de salir huyendo de aquí.

Como un poco de lo que he logrado conseguir en la Arena, si uno busca puede encontrar más de lo que necesita. Comienzo a lamentar haberle hecho lo que le hice a Deo… pero es obvio que no podría contra él… Cual sea que sea su muerte, espero que sea rápida y sin dolor. Si regreso al Capitolio, no podré volver a ver a su hermano sin recordar lo que hice.

Comienza a atardecer, vierto otro poco de jugo de Corunca en el riachuelo y me propongo prepararme para dormir.

—A pesar de todo, esta vista es hermosa —digo, mientras contemplo el atardecer desde el risco.

— Sí, lo es — Una voz suena inesperadamente detrás de mí.

Asustada volteo rápidamente y agarro el pequeño trinche que agarré el primer día y me pongo en una posición similar a la que adoptábamos para atrapar a las cabras más violentas.

Veo que son las dos profesionales y el chico gordo. La profesional uniceja lanza una sonrisa rápida y corre hacia mí.

Me dispongo a enterrarle mi arma pero más rápido de lo que puedo reaccionar, esquiva mi ataque y me encaja su espada en mi estómago. Grito del dolor, pero ella no deja de empujarme hasta que llegamos a la orilla del risco; me quedo sin fuerza pero sigo gritando e intentando quitar su espada, causándome daños en las manos. Por un segundo veo sus ojos azules y sé lo que hará a continuación.

Saca su espada de mi torso y me patea fuertemente hacia el vacío. Por un instante recuerdo mi distrito y a mi familia mientras caigo. De repente el cielo rojizo, al que admiraba hace unos minutos, junto con todo lo demás se vuelve negro.


El Público vuelve a aplaudir y mi sentimiento de remordimiento por verla morir me llega súbitamente.

—Estamos por llegar al Clímax de los juegos ¿Sabes a cuál nos referimos Aurora?

—No —Me he bloqueado después de ver a Celia caer a la barranca.

Una enorme fotografía de una Mily muy glamurosa (Probablemente tomada durante la entrevista) aparece en todas las pantallas. Sé qué parte es.


Mily — Distrito 3 — Lugar: 7

—Las nubes grises y el viento torrencial le agradan a Mily

—A mí igual —Contesta Dril, detrás de mí. — ¡Mira Mily! ¡La Chica que asesinó a Bren!

Una silueta negra se encuentra parada a campo abierto, sola y vulnerable. Decidimos ir, seguro esto se pone interesante.

Parece que la pequeña niña no se da cuenta de que nos dirigimos hacia ella ¡Qué tonta! Pero qué podía esperar de aquella que no pudo matar a alguien dormido, seguro ha decidido dejarse asesinar. Si hubiera tenido el arco cuando los vi ahora no estuviera ninguno con vida.

Nos causa mucha gracia a todas su ineptitud de la tonta, pero cuando dice "Confío en Deo" no podemos evitar reír.

— ¡Hipócrita! — Damos un grito que la altera, ¡Qué divertido!

Dice el nombre de Mily con tanta vulnerabilidad que sentimos que será tan fácil como aplastar a una verdadera mariposa… Bichos asquerosos.

— Dril y Mily te vieron intentar matar al tributo del Diez — Nos dirigimos hacia ella, ni siquiera Dril parece tenerle miedo; ¡Será divertido exterminarla!— Y es patético que no lo hayas podido asesinar ¡Ambos son débiles e inútiles!

Me grita que es más patético hablar con gente imaginaria, lo cual me confirma lo desquiciada que está. Planeo decírselo mientras le clavo mi Lanza, pero un fuerte ruido sale del otro extremo; todas volteamos y vemos a un tributo montándolo con dificultad.

—¡Aléjate Aurora! ¡Yo la asesinaré! — Grita el tipo.

Dril chilla que debemos de tener cuidado, pero Mily quiere ver que ese tonto lo intente. Preparo mi lanza y grito:

— ¡Mily te matará!

Se siente dulcemente cómo atraviesa la carne nuestra arma, tanto, que no nos damos cuenta cuando impactamos. El animal gime de verdadero dolor y no escuchamos a la escoria que lo montaba, lo cual nos llena de tanto placer que lanzamos una carcajada. Dril nos pregunta si nos encontramos bien, pero no la logramos ver; estúpido polvo.

— ¡Lo conseguimos! ¡Lo asesinamos! — Tremendas carcajadas arroja Mily.

— ¡Lo sé! — digo.

— ¡Mily tu cuerpo! — Grita Dril, quién ha salido sin un rasguño. — ¡Tus Piernas y tu brazo! Están…

— No importa, cualquier medicina cura las heridas; como dice la abuela.

— Además, las lágrimas de la tonta serán una buena anestesia — Dice Mily, poniendo un buen punto —, hasta que Dril mate a esa tributo.

Hay un extraño movimiento en mi pecho y veo que es una larga espada retirándose. Lo vemos levantarse, al tipo que la tonta no asesinó aquella noche; pero lo que más me impacta es que se acerca a ella y no la asesina, no le clava su espada… Por primera vez me siento confundida.

— ¡Ella te intentó asesinar Estúpido! — Grita Mily, seguro ahora si la mata.

El tributo se detiene súbitamente y nos voltea a ver, luego a la tonta y después de vuelta a Mily.

—¿De qué demonios hablas? — Nos pregunta, es más estúpido de lo que creímos.

— La otra noche Mily la vió, estaba a punto de clavarte su patético cuchillo — Digo, expresando la gracia que me da que no se haya percatado de esto— ¡Si hubiera contenido Mily su risa ahora mismo estarías muerto!

Una discusión comienza entre ellos y alcanzo a escuchar que confiaba en ella… ¡Lo hubiera asesinado la idiota! Sólo Dril parece no disfrutar esto, pero no nos importa.

La chica comienza a perseguirlo gritando su nombre, patético; si pudiera levantarme ahora mismo iría hacia ella y le encajaría mi lanza, seguido de arrojarla contra el otro tributo.

Escucho sus llamados desvanecer y le digo a Dril que los persiga; que ahora están más distraídos que nunca. Pero Dril se rehúsa, parece que la escena la ha entristecido.

Veo a la tributo regresar, y me comienzo a reír por sus penurias. Ella sólo se limita a voltear a verme, ni siquiera tuvo el valor de intentar asesinar a Mily.

Pasa el tiempo y nos peleamos con Dril por no intentar conseguir patrocinadores, ni por tratar de matar a los otros tributos.

—Miren es la loca — Escucho que un tipo dice por mi derecha.

—¡Salgan de ahí y vengan a jugar con Mily!

Veo que son la fea, el gordo y otra. Se acercan sin cuidado alguno hacia mí. Dril parece asustarse.

—Di tus últimas palabras —Dice secamente la Fea.

—Asesíname — Mily dice sarcásticamente.

Se acerca con su espada y antes de que pudiera hacerme algo, utilizamos la Lanza contra su brazo. La fea se aleja furiosa, qué tonta ha de haber quedado ante el capitolio. Continúo riéndome hasta que la otra tributo se acerca a mí, pero al intentar usar nuestra lanza ella la esquiva y encaja en la yugular de Mily su espada. Me intento reír, pero lo único que logro escuchar es un lamento de Dril, que se desvanece.


La escena tiene un enfoque especial en mí, mientras le grito Deo que no se vaya… que no me deje. En un zoom a su rostro puedo ver lo enojado que está, y a su rostro totalmente diferente de que se apreció al inicio de los juegos; en la Cornucopia.

Escucho cómo la gente murmura incluso me parece captar abucheos… supongo que son lanzados hacia Mily.

—Bien Panem, el Tributo que muere a continuación lo guardaremos para ¡El final de ésta entrevista!

Como un golpe en mi pecho, la sensación de ver la muerte de Deo me causa un tipo de bochorno muy extraño; junto con un ligero mareo ¿Podré resistir ver lo que Gurges le hizo?

—El rápido video que veremos a continuación es el último baño de sangre — dice Caesar con un tono más serio —No te mentiremos Aurora, la Favorita de Muchos en este punto era Electra

Caesar ríe junto con el público y luego me dice que no me sienta mal, que en Panem querían ver mi desempeño en contra de Gordon y las profesionales.

Comienza el video y en cada Pantalla salen los rostros de Marietta, Electra, Gurges y Gordon.


Marietta — Distrito 1 — Lugar: 5

Los pocos minutos que faltan para el segundo baño de sangre los ocupo en pensar en lo cerca de regresar a mi Distrito como una ganadora… jamás creí que llegaría tan lejos, incluso siendo una profesional… Me pregunto qué hubiera pasado si Linebeck estuviera aquí, conmigo… Me decido que lo mejor será el pensar en mi familia, como apoyo emocional.

Nunca resalté en arquería, pero un arco en esta situación es el arma más útil que se puede pedir. Tengo entendido que es el único, por lo que nadie más me podrá atacar a una distancia larga.

Me encantaría asesinar a la chica que encontramos frente al lago, si hubiera sabido que me causaría tanto dolor jamás le hubiera dirigido una palabra….

Veo a las dos profesionales faltantes avanzar hacia la Cornucopia y un pensamiento rápido pasa por mi mente: si esa alianza está ahí cuando se abra la Cornucopia, no nos permitirán entrar a los demás. Nos tendríamos que enfrentar a... Cuando el escalofrío pasa por mi espalda prefiero no pensar en los horribles mutantes.

—¡Salgan de ahí cobardes! —Grita la profesional del Dos —¡Dejen de Jugar al Escondite!

Preparo mi flecha, si ella quiere que el juego termine así será. No sé a cuál dispararle, pero apunto mi flecha a la Tributo que creo que es más veloz.

Disparo, pero fallo. Acabo de revelar mi posición y ahora la profesional de ojos rasgados corre hacia mí. Me comienzo a desesperar, los árboles no me dejan apreciar bien el blanco.

Disparo otra flecha que vuelve a fallar, pero una tercera logra dar en el su brazo; pero no la detiene. Disparo una dirigida a su cabeza pero vuelvo a fallar.

Me arriesgo a salir del bosque y disparo, que da en el mismo brazo. Doy unos pasos en lateral y de improviso me elevo por los aires, en una red. Veo que ahora se acerca lentamente hacia mí, intento preparar inútilmente mi arco y la veo a los ojos; todo se queda en silencio cuando me encaja varias veces su espada en mi cuerpo y en cada movimiento grito y temo por el siguiente; hasta que mis alaridos pierden su fuerza, al igual que yo.


Electra — Distrito 4 — Lugar: 4


Ha caído en una de las trampas que puse anteriormente. Parece intentar preparar su arco pero es inútil. Le clavo varias veces mi espada, intentando ser lo más certera posible.

Cuando su cuerpo yace sin vida, me alejo un poco y en mi mente pasa la idea de que al fin podré ser una vencedora, como Meghan; todo el trabajo que he hecho todos estos años, entrenar, mentalizarme, ofrecerme como voluntaria… al fin rendirán frutos, y demostraré que soy igual de buena que mi hermana.

Por un segundo pienso en los tributos faltantes y al escuchar los pasos de Gurges avanzando hacia mí me doy cuenta de una cosa y es que soy su única amenaza.

Intento blandir mi espada en su cuerpo, pero antes de que la logre herir su enorme espada se hunde en mi tórax; mientras caigo de rodillas para finalmente morir en el suelo, pienso en el único concejo que mi entrenador me dio: Distraerse con pequeñeces puede ser mortal.


Gordon — Distrito 7 — Lugar: 3


El gong de la Arena me hace reaccionar después de la impresión de ver a Electra morir y automáticamente corro, si llego a la puerta ganaré sin necesidad de luchar contra alguien más; pobre de Aurora, pero desde un principio supe que así sería.

Veo que Gurges se da cuenta inmediatamente de lo que intento hacer y en un salto veloz me impide pasar. La intento Golpear con mi mazo pero su espada le sirve de protección contra mis ataques. Decido dar un golpe bajo con toda mi fuerza, creo que logro pegarle pero en ese mismo instante siento que me perforan el estómago y caigo al suelo en seco, mi asesina se aleja corriendo y creo ver pasar a Aurora, si tan sólo le hubiera dicho…


Al ver a Gordon luchar por última vez, recuerdo todo lo que hicimos desde que nos conocimos al ser seleccionados. Como rápidas imágenes pasan los recuerdos de él corriendo en círculos alrededor de Joan, cuando hablamos por primera vez con Johanna, nuestro desfile, sus chistes de los otros tributos y la vez que nos divertimos comiendo y disfrazándonos un día antes de la Arena…

Siento cómo las lágrimas quieren salir, y en un movimiento rápido tallo mis ojos. Realmente no quiero que vean que en verdad apreciaba a Gordon… apenas yo me he enterado de ese pequeño sentimiento.

Vuelvo a mis casillas cuando me doy cuenta de que sigue mi "escena triunfal", como dice Caesar.


Gurges — Distrito 2 — Lugar: 2

Cuando el gordo cae al piso escucho pasar a la última tributo, entonces doy un grito de furia para anunciar que su tiempo se acabó. Corro detrás de ella sin importarme el dolor en mi rodilla. Corro ignorando cualquier cosa, si las dos entramos a la Cornucopia la asesinaré en un segundo.

Al tenerla cerca de mí, salto para asesinarla y le grito con toda mi energía:

—¡Te asesinaré maldita!

La he agarrado de los pies justo a la entrada de la Cornucopia he intento dar el golpe final con mi nueva espada, y aunque no alcanza a entrar por el tamaño de la puerta, le alcanzo a dar en su torso. Vuelvo a alzar rápidamente mi arma para matarla definitivamente cuando la tributo dice:

—¡Salvación por Mí, Perra!

Me lanza dos cuchillos que me hacen soltarla, y al intentar volverla a agarrar me da una patada en el rostro que me saca de la Cornucopia. En un segundo me levanto para entrar, pero la puerta se cierra frente a mí. Parecen siglos cuando de improviso suena el gong. Me imagino las bestias que el Capitolio soltará en la Arena y logro escuchar gruñidos de criaturas viniendo hacia mí en la oscuridad. Por unos momentos recuerdo cómo asesinaron a ese tributo, lo más horrible que he visto en mi vida.

Grito sin parar porque me deje entrar, pero no hay respuesta; entonces algo jadea detrás de mí y me aplasta y azota varias veces contra la puerta de metal. Al tercer golpe no siento ya mi cuerpo, pero por mi mente pasa la horrible y asquerosa risa de los profesionales de mi distrito, una vez más burlándose de mí.


Después de apreciar cómo muere Gurges, la asesina de Deo; veo mi rostro en las cámaras, sorprendido y pálido, aun con miedo. El público real aplaude cuando me nombran ganadora.

Después de hablar sobre cómo me sentí al ganar, Caesar me toma de la mano y me dice:

—Hay un tema que no hemos tocado… El chico del Distrito Diez ¿Cómo se llamaba?

Dentro de mí sé que todo Panem sabe el nombre del chico que montó a un mutante, lo cuál me causa un gran enojo; decido contestar tranquilamente.

—Deo.

Mencionar su nombre causa un dolor incómodo dentro de mí. Respiro hondo y me doy cuenta de que ya no tengo la sonrisa que tenía al inicio de la entrevista. La vuelvo a poner con dificultad.

—¿Él era importante para ti? ¿Era pura estrategia?

Volteo a ver al silencioso público, después nuevamente a Caesar.

—Él hubiera sido mi primera opción para que fuera el ganador de los juegos.

La entrevista continúa, y comienzan a pasar escenas de Deo. Lo puedo ver en su cosecha, en el desfile, la entrevista. Cada imagen me hace querer volver al día en que nos separamos, hacerlo quedarse conmigo de alguna forma. Y por un segundo pienso que ni siquiera verme como me veo ahora podría remplazar lo que he llegado a sentir por Deo.

Al final de las escenas Caesar menciona que es hora de ver a Deo por última vez, lo que hace que mi aliento se detenga.


Deo — Distrito 10 — Lugar: 6


El sonido de mis pasos es el único ruido que alcanzo a percibir, el frío del alba y las gotas de rocío me rodean. Me sigo preguntando si habré hecho lo correcto al dejar a Aurora. Ella confesó que había intentado asesinarme mientras dormía… justo como el tributo con el que estuve aliado anteriormente.

Volteo a ver los primeros rayos de sol, todo se ve tan tranquilo. Hay cierta confusión en mi interior, es como si algo me dijera desesperadamente que la perdonara pero por alguna razón siento que al hacerlo traicionaría a Sue… Y cuando Aurora no pudo decir por qué podría confiar en ella ¿Será por lo que creo que es? ¿Seré un estúpido por creer que "eso" no puede pasar en los Juegos del Hambre?

El dolor de mi pierna se desvanece y aunque mi brazo continúa molestándome, no creo que haya perdido las posibilidades de Ganar.

Me recargo en un árbol para descansar un poco y observo cómo comienza a iluminarse la parte sin hierbas que está a unos metros de distancia.

Si quiero ganar en algún momento tendré que verla morir… La simple idea hace que se me haga un nudo en la garganta. ¿Por qué me sigo preocupando por ella, si admitió que me intentó matar mientras dormía?

Pienso en su rostro, en su cabello y en la sensibilidad en su mirada; Súbitamente siento el deseo de protegerla… creo incluso percibir que un extraño sentimiento surge en mi estómago, lo que me hace llevar mi mano hasta él. Levanto la mirada para ver una vez más el amanecer y antes de convencerme de lo que siento, escucho unas pesadas pisadas.

Entre los arbustos a mi derecha, entrecierro los ojos y logro ver un mutante. Pero no es igual que los otros, éste es de tonalidades rojizas.

¿Debería de acercarme? No hace ruidos espantosos como los de color café ni tampoco parece querer moverse; es como si un caballo estuviera listo para ser montado.

Otro ruido proveniente de la frontera de la pequeña isla de vegetación llama mi atención.

Es la uniceja, sé que es una profesional… Parece extra cuidadosa, buscando algo… o a alguien.

¿Es posible que el Capitolio me haya enviado este mutante a mí? Si fuera tarde en el día no me confiaría, pero apenas está amaneciendo.

Parece tan manso como cualquier equino, incluso puede que montándolo destruya a las profesionales que faltan, y a Gordon, y a… Muerdo mi labio nuevamente, sin importarme el dolor.

Decido pensar en mi hermano y en Sue, si no termino con esto jamás los podré volver a ver.

Avanzo hacia el mutante mientras la Profesional sigue a una distancia sensata. A casi un metro de distancia doy un paso atrás y preparo mi espada, pero piso una rama que causa que el mutante voltee a verme.

Sostengo la respiración esperando lo peor, pero el animal no se mueve; sólo se queda mirándome, lo que me hace pensar que puedo montarlo.

Me acerco a éste sin tanta cautela, pero aun con mi arma en mano. Toco su piel, es tan áspera que parece una lija. El mutante continúa observándome.

Lo decido montar de una vez, sentándome en él lo más suave posible. Pero al aplicar presión con las piernas el mutante corre frenéticamente, sin yo poderlo controlar; incluso grita como los demás monstruos.

Lo intento controlar, pero parece que éste es más difícil que el primero que monté.

Salimos de la vegetación e intenta tirarme, se mueve más fuerte que cualquier otro animal que haya montado antes. Al no poder tener el control sobre él, intento clavarle mi espada; pero ésta sale volando y la pierdo de vista.

En segundos caigo y escucho un grito que jamás había escuchado antes, pero familiar, uno de una joven.

Trato de huir pero el mutante me comienza a atacar, caen sus patas sobre mi cuerpo y escucho crujidos acompañados de dolor; no puedo evitar gritar y soltar algunas lágrimas.

Mientras me arrastra y muerde, busco mi espada. En un intento por encontrarla, a pesar de que tierra y sangre entran en mis ojos, veo a la profesional petrificada observando la escena.

Giro un poco la cabeza y localizo mi arma a un metro de mí, justo hacia el sol. Estiro mi brazo con dificultad, mientras siento como si mi lado izquierdo estuviera destrozado.

La logro tocar con las yemas de mis dedos, pero un duro impacto en mi cabeza me hace tumbarme completamente en el suelo ensangrentado. Apenas siento algunos golpes que el mutante sigue asestando en mi cuerpo pero aun puedo observar el amanecer, y aunque también percibo mis lágrimas caer, lo único de lo que me arrepiento es de no poder volverla a ver...


Cuando Deo cae del mutante me esfuerzo por no retirar la mirada y comienzo a temblar. Veo cómo lo golpea y le destroza el Cuerpo. Ésta vez no puedo evitar soltar lágrimas que me hacen voltear la cara al público. Veo que todos lo abuchean.

Mi respiración comienza a acelerarse y miles de pensamientos pasan por mi cabeza, poco a poco partiéndome en pedazos. Al escuchar los gritos del mutante siento como si mis propios gritos sonaran en mi cabeza. Recuerdo lo que le hice con odio a Gurges, pensando que ella fue la asesina de Deo.

Veo uno de los televisores y por primera vez noto el verdadero cambio que he dado. ¿Salir con una sonrisa al escenario y mantenerla mientras veo morir a los tributos que llegué a conocer? ¿Operarme completamente y sentirme más feliz que nunca?

El recuerdo de mí, pensando en que la gente del Capitolio prefiere un vestido a una caminata por el bosque me llega de súbito. En un segundo llevo mi mano a la mariposa que está en mi cabello y la arranco mientras grito:

— ¡Yo no soy esto!

Pero antes de que el público pudiera verme y escucharme, una enorme cortina roja cae frente a mí y varios Agentes de la Paz pasan por mí y me llevan a la fuerza tras bambalinas.

Escucho cómo Caesar muy alegre dice que para finalizar la entrevista escucharán a una nueva y exitosa banda Capitolina. Escucho la canción que me había gustado en el hospital, ésta se desvanece mientras me llevan a lo profundo del estadio.

¡Hasta aquí la segunda entrevista! Espero que les haya gustado y aclarado algunas cosas. Creo que ya sólo falta un capítulo para terminar. ¡Lo súbiré pronto!