Disclaimer: Naruto no es mío, lo creó Kishimoto. Recogido no es mío, lo escribió Kanari Shinobu ¿entonces que es mío? La edición, corrección y la cuenta para publicarlo n.n
Advertencia: Este capítulo contiene una escena de violación, si hay alguien sensible os invito a saltarse el escrito en cursiva. Gracias.
¡Disfruten el leer como yo el transcribir!
RECOGIDO
By Kanari
Capítulo XVII
— »†« —
– ¿Por qué no dejas de molestar y te largas?- Sasuke le miró de forma asesina.
– No, este es un momento muy importante para la familia; mi hermanito por fin terminó de salir del clóset y está declarándose al amor de su vida, el pobre chico que su hermano mayor recogió por lástima de la calle y...
– ¡Cállate y vete si no tienes nada mejor que hacer!- masculló Sasuke casi echando chispas por los ojos.
– Más respeto con tus mayores- se acercó y se sentó a los pies de la camilla de Naruto y trató de tomar la mano que tenía libre, pero el rubio la alejó de inmediato. – ¿Ah sí?
– Si no te vas voy a llamar a...
– ¿A quién?- Cortó el esfuerzo de su hermano por alejarlo. – ¿A quién vas a llamar? Recuerda que este hospital es de mi propiedad y yo puedo hacer lo que se me de la gana con él- sonrió triunfante. – Y una cosa más, otôto-chan, te tengo una sorpresa… pero es para cuando lleguemos a casa.
– No volveré allá, ¡ninguno de los dos lo hará!
– Si, eso es lo que dices… Espera a que salga del hospital- Itachi sonrió ampliamente. – Creo que tiene para una semana más o algo así y la orden es que guarde absoluto reposo, entonces será en mi casa.
– Yo creo que...
– Permiso- una enfermera vestida de impecable blanco se hizo presente en la habitación dejando en silencio a los dos Uchiha. – Les debo pedir que se retiren, debo hacerle unos exámenes al joven.
– Pero…- empezó Itachi.
– Es necesario, reglamentos del hospital y sanidad- interrumpió la enfermera. A los dos hermanos no les quedó más remedio que salir del cuarto, una vez afuera se enviaban miradas asesinas, en un silencio en que se podía palpar la tensión, pero el mayor decidió romperlo.
– No pensé que te fueras a salir con la tuya- dijo con tono de voz neutro, como si no fuera de importancia lo que estaba diciendo. – Pero siempre soy yo el que me salgo con la mía, para muestra Naruto volverá a mi casa.
Sasuke trataba de ignorar los comentarios de su hermano mayor, sabía que lo hacía para que se molestara, pero no iba permitirse caer en su jueguito.
– Y me encargaré de abrirle los ojos y mostrarle lo que es bueno y lo que no, de que en todo este tiempo, el que mejor lo ha tratado he sido yo...
No debía prestarle atención, Itachi solo lo hacía para picarlo.
– Vale, sé que me estás escuchando, así que mejor te daré tu sorpresita ahora, ya sabes- dijo sonriendo mientras encogía los hombros. – Para que no te pongas nervioso y nada de eso.
Pero el menor seguía con actitud impasible, no debía escucharlo, aunque de seguir así cometería un fratricidio, Itachi con sus palabras el estaba minando los nervios, pero debía mantener siquiera en su rostro la expresión de indiferencia.
– Así que pon atención- dijo colocándose enfrente de él. – Deja de hacerte el sordo, que si no esto te puede saber a amenaza…- pero no había signos de que su hermano quisiera escucharlo. – Vale, si quieres tanto a Naruto entonces vete, déjalo conmigo, yo soy el único que puedo cuidarlo como se debe- Itachi hablaba muy seguro de lo que decía.
El rostro de Sasuke reflejaba la duda, mientras que su hermano sonreía contento, ahora si había captado su atención. – ¿De qué hablas?
– ¿Cómo que de qué? Sabes que está enfermo y que tú no tienes los medios para cuidarlo.
– Claro que...
– ¿Qué piensas hacer; robar como las otras veces?- Sasuke palideció completamente a lo que había dicho su hermano. – ¡Ah! ¿Sorprendido? Sabes que ésta ciudad es mía ¿verdad?- Itachi sonrió triunfante, todo estaba a su favor. – Seis robos de madrugada; sólo dinero en efectivo y joyas, todos los asaltos a casas de la más alta sociedad de un mismo barrio. Los testigos hablan de un hombre joven, un muchacho de contextura delgada, alto y rostro cubierto- el mayor de los Uchiha parecía disfrutar de aquello, las expresiones que iba adquiriendo su hermano menor le hacían ensanchar más su sonrisa de triunfo. – Curiosamente el asaltante no usó la violencia, tampoco habló, se limitaba a atacar a sus víctimas, abrir cajas fuertes o bóvedas y luego huir desapareciendo casi al instante… muy ingenioso hermanito; supongo que ese dinero lo has gastado para regalonear a Naruto… ¿O me equivoco?
– Me importa una mierda todo lo que puedas creer que hice, tú no te vas a quedar con él, ya sabré como me las arreglo para mantenerlo.
– Eso no se va a poder, hermanito- se acercó al menor y le acarició el cabello como si fuese un cachorrito. – Por que tú no estarás aquí.
– ¿Qué quieres decir?
– Ah pues, ¿para que esperar? Tienes una plaza reservada en una prestigiosa universidad norteamericana para que en tres años seas un hombre de negocios.
– No voy a ir a ninguna parte- usó su tono más amenazante, pero al parecer no surtía efectos sobre su hermano.
– Si que vas a ir- ahora iba apelar al punto débil de su pequeño hermano. – ¿Tú sabes lo que le puede pasar a Naruto si no vas?
– Maldito imbécil- susurró por lo bajo, entendió a la perfección lo que le estaba insinuando.
– Ya sabes; Naruto es mío o de nadie- aquella sonrisa macabra volvió a su rostro. – Avisado estás Sasuke, concretamente mañana estarás viajando a los Estados Unidos mientras Naru-chan sale del hospital ¿de acuerdo?
– ¿Tú estás loco?- exclamó sin poder cree lo que le decía.
– Jaque Mate- murmuró complacido. – Te vas y Naruto vive, y yo hago todo lo que esté a mi alcance para curarlo, pero si te quedas me encargaré de que agonice lentamente y muera sin haber intentado nada, tú decides.
¡Pero Naruto está muy enfermo! ¡¿Cómo diablos se le ocurría algo como aquello?! Estaba jugando con la vida de Naruto, de su Naruto.
– Yo…- no podía dejar que su rubito terminase así, si se moría su vida se iba con él… no podía consentir eso… y lo otro era dejarlo tres años en manos de su hermano, tres años en que no sabría nada de él, pero era seguro que Itachi lo ayudaría a curarse, pero era tan difícil, ¿había podido sincerarse con Naruto para ahora dejarlo solo? ¿Qué debía hacer? Era una situación demasiado delicada como para tomar una decisión a la ligera; debía ver lo pro y los contra, necesitaba tiempo para pensarlo, pero precisamente tiempo no tenía.
– Hermanito, no tengo todo el día.
En el caso de que no se fuera tendría que volver a escapar con Naruto ¿a dónde lo llevaría? ¿Itachi volvería a encontrarlos cuando necesitara llevar a Naruto al hospital? ¿Y si su enfermedad se complicaba?
– Sasuke, tengo un negocio que atender- le urgía el mayor, deleitándose como nunca del abatimiento del Uchiha menor.
– Yo…- "perdóname Naruto" iba a ser lo mejor para ambos; sólo así podría recuperarse. Era obvio que Itachi no tomaría por la fuerza a Naruto, no lo haría para aparentar ser el bueno de la película, Itachi se encargaría de dejarlo a él como la escoria, como un cobarde que lo abandonó para salvarse el pellejo, pero definitivamente sería lo mejor "de verdad lo siento mucho, mucho". – Estoy de acuerdo, me iré… pero júrame que harás todo lo que este a tu alcance por él.
– ¡Qué bien! Estarás mejor por esas tierras, tal vez encuentres a otro rubito del que puedas reírte de él. Y no te preocupes, yo me haré cargo de todo lo que concierna a la enfermedad de mi Naruto.
Aquellas palabras penetraron hondo en el cerebro y corazón de Sasuke, trató de no tomarlas en cuenta; pero había algo que debía hacer antes de irme. – ¿Puedo despedirme de él?
– Claro que no.
Aquello confirmaba sus sospechas; lo haría quedar como un cobarde delante de Naruto. – Dame sólo cinco minutos, no le mencionaré nada del viaje, ni de lo que me has dicho- si quería verlo por última vez, debía rendirse a las condiciones de Itachi.
– Lo pensaré...
– Por favor…- murmuró apesadumbrado ¿cuándo había usado esa palabra con su hermano? ¡¿Cuándo?! Y mucho menos pensó en usarlo cuando descubrió la clase de persona que era su hermano.
– Que educado… muy bien, sólo cinco minutos. No le mencionas nada de lo que hemos hablado. Luego pasas por la casa, los pasajes y tus maletas están listas, podrías despedirte de Sai, igualmente.
– Cállate.
– Pues despídete ahora mismo. Y en ese tiempo ni se te ocurra aparecerte por aquí.
Y dándole la espalda a su hermano mayor decidió esperar que la enfermera saliera de la revisión que le estaba haciendo a su rubio.
Tenía una sensación de cansancio en su corazón, una opresión que lo torturaba y hacía que se le formara un nudo en la garganta, como si se estuviera ahogando con todas las lágrimas que había reprimido en su vida. No quería dejar a Naruto ¿por qué le pasaba eso justo ahora? Por fin había reunido el valor suficiente para decirle un "te quiero".
Y por fin salió la enfermera. Sasuke avanzó dispuesto a entrar, pero Itachi lo retuvo.
– Sólo cinco minutos, después de eso yo entraré. Desde ahora…- miró su reloj y el Uchiha menor entró.
Se deslizó hasta la cama de Naruto. Cada segundo le era de suma importancia, faltaba menos de una hora para la media noche, desgraciadamente sabía que podía estar allí a esas harás gracias a su hermano.
– Naruto- susurró tomando sus manos. El rubio le regalo una sonrisa adormilada: ya no llevaba la máscara de oxigeno y los tubos de sus brazos habían disminuido considerablemente, siendo solamente dos.
– Puedo respirar yo solo- le contó con la felicidad reflejada en su rostro. – La enfermera dijo que dentro de poco estaría bien.
– Por su puesto- besó su frente. – Te amo- le dijo acariciando su rostro dulcemente, tratando de contener sus lágrimas y las ansias de contarle todo lo que pasaría de ahora en adelante.
– Yo también te amo... y mucho.
Repartió suaves besos por todo su rostro, entregándole y comunicándole todo su afecto.
– Por favor, no olvides que te quiero mucho ¿Si? No olvides que te amo…
– Claro que no- otro beso más, esta vez en sus labios, cargado con el cariño que tanto tiempo había ocultado y que ahora tendría que alejarse de él.
– Tonto- murmuró sonrojado Naruto. – ¿No ves que te puedo pegar mi enfermedad?
– No es contagioso- volvió a capturar sus labios en un beso apacible y sin prisas, como memorizándolos para no olvidarlos en esos tres años, ya pensaría en algo durante ese tiempo para estar con Naruto y hacer algo con Itachi... por ahora sólo disfrutar los cortos cinco minutos.
– No me dejes solo- musitó al separarse unos instantes.
El corazón de Sasuke se encogió ¿habría escuchado? ¿O quizá lo habría sentido en sus actos, en sus besos?
– No digas eso, dobe- y volvió a besarlo, aumentando el movimiento de su boca, saboreando su interior, dándole a conocer su desesperación, su necesidad de tenerlo por siempre y nunca dejarlo ir.
– ¿Qué pasa Sasuke?- preguntó intrigado. Había algo en las acciones del Uchiha menor que lo desconcertaba.
– No pasa nada- recorrió con sus manos y su vista el rostro del rubio para grabar en su mente y en su tacto todas sus facciones y la sonrisa que le obsequiaba en ese instante. – Te quiero mucho…- sintió que abrían la puerta ¿tan rápido habían pasado los cinco minutos? Le dio un último y rápido beso en los labios antes de que entrara Itachi. Lo primero que hizo éste fue enseñarle el reloj; Sasuke se alejó de la camilla dándole una intensa y final mirada. Naruto se sonrojó y le hizo una pequeña seña con la mano.
– Adiós- dijo Sasuke apenas moviendo su boca.
– Hasta mañana- se despidió Naruto acomodándose para dormir. Itachi se limitó a arrastrar a su hermano hacia fuera.
– Bien, esos fueron tus cinco minutos de fama, ahora vete a la casa, Sai preparó tu equipaje, tus pasajes también están listos, tu pasaporte... todo. Cuando llegues a Nueva York, preguntas en qué hotel tienes reservas, ahí estarán todos tus documentos para la Universidad, te enviaré dinero todos los meses sin excepción, todo los materiales que necesites me los mandas a pedir por mail... pero no intentarás comunicarte con Naruto, ni cartas ni mail ni nada...
– ¿Y cómo sabré que está bien?
– Noticias mensuales. No te preocupes Sasuke, Naru-chan no volverá a lavar un plato en su vida, contrataré una persona para que se encargue de todo lo que él hacía para que no haga esfuerzos.
– De acuerdo- ¿y qué podía opinar? No tenía más remedio que aceptar,
– Te deseo suerte entonces- y ahí estaba otra vez esa sonrisa de triunfo y autosuficiencia pintada en cara.
– Cuídalo, por favor…- fue lo único que dijo antes de dar media vuelta e irse por el pasillo.
Caminó tratando de no pensar en nada de lo que iba a ocurrir; tenía muy claro que su imagen ante Naruto iba a quedar destrozada gracias a Itachi, aún así esperaba que el rubito no lo odiara.
– ¿Cómo está?- no se había dado cuenta, pero ya estaba en la sala de espera y aquella chica continuaba allí.
– Dijo que estaba bien.
– ¿Y?-preguntó queriendo indagar más sobre su relación.
– Va seguir estando bien- no tenía ninguna clase de confianza con aquella chica como para contarle algo de lo ocurrido, aunque le había echo ver algunas cosas y...
– ¿Qué quieres decir?
– Kanari- recordó su nombre de improvisto, al ocurrírsele una idea... ella se había hecho amiga de Naruto, ¿verdad? – Por favor tienes que ayudarme.
– ¿Eh?- el tono de suplica usado por Sasuke la sorprendió un poco. – ¿Que te ayude?
– Si, por favor. Espérame en la pensión y no me hables hasta que me veas solo.
– B-bueno- ¿qué había pasado para que Sasuke le estuviese pidiendo ayuda?
– Gracias- suspiró levemente aliviado. – Será que te vayas, para que Itachi no te vea.
– Entonces te esperaré en la pensión. No hagas nada estúpido ¿oíste? Adiós- la chica se dirigió hacia la salida bastante preocupada. – Supongo que mañana no iré a clases.
— x — x — x —
Se estacionó fuera de la casa, la mayoría de las luces estaban encendidas, por lo que era más que obvio que Sai estaba despierto, esperaba que no hiciera sus comentarios o sino no respondería de sus actos. Caminó lentamente hasta la entrada, eran la una y media, llegaría tarde a ver a Kanari.
– ¿Con que aceptaste?- aún no había hecho sonar el timbre cuando Sai ya le había abierto la puerta.
– Déjame pasar- le dio un leve empujón para apartarlo. En el salón estaban sus maletas listas, sus documentos estaban preparados sobre la mesita de centro.
– ¿No te vas a despedir de mi, Sasu-chan?
– Vete al demonio- guardó sus papeles en el bolsillo de su chaqueta, iba a tomar su equipaje cuando el mayor lo detuvo afirmando su brazo.
– Te tienes que despedir de mí.
De un tirón Sasuke se soltó de su agarre y le dirigió su mirada más aterradora, con la cual Sai ni se inmutó pues esbozó su sonrisa más amplia.
– Veo que aún te causo miedo- apoyó su mano sobre el hombro de Sasuke, éste tembló levemente pero volvió a desasirse de él.
– ¿Por qué no te buscas a otro a quien molestar?
– Porque aun no he logrado lo que quiero contigo- dio un pequeño roce en el rostro del menor de los Uchiha. – Y tú no te vas a ir del país sin que lo obtenga.
– Eso es lo que tú crees, ¿sabes? Me están esperando.
– Si, te espera tu vuelo, pero falta mucho para eso, yo quiero divertirme un poco contigo, Sasu-chan, no seas así...
– ¡Me tienes harto!- explotó sin poder contenerse más. – Siempre tan idiota haciéndole caso a mi hermano en todo lo que dice, ¿es que acaso eres su perrito faldero?
– Sasu-chan no me molestarás con aquello- estaba usando un tono siniestro y de a poco comenzó a avanzar hacía el menor, que retrocedía a la par.
Era cierto, aún ese tipo lo aterraba; algo en su mirada en sus acciones, en su hablar tan pausado, le daba pánico. Aunque tratara de olvidar y convencerse de que no había nada... no podía, le imposible sacarse de la cabeza lo que le había hecho.
– Vamos, ya te probé una vez... ¿qué hay de malo en que sean dos veces?
– ¡Cállate!- tal vez su hermano nunca se dio cuenta de que Sai si había abusado de él a los doce años, pero Sasuke nunca dijo nada, seguramente Itachi no dio no le dio mayor importancia a su cambio de actitud.
– Sólo una vez, antes de que te vayas ¿sí?
No, nunca lo había superado… a veces todavía tenía pesadillas al recordarlo…
Iba saliendo del colegio, su hermano había quedado en ir a buscarlo para llevarlo a casa, pero para variar estaba atrasado. Estaba sentado en la vereda de enfrente del edificio, abrazando sus piernas, con su mochila aún puesta.
– Buenas tardes- una voz bastante familiar se oyó tras él, inconscientemente tembló. – ¿Qué haces aquí tan solo?
Trató de ignorarlo. Se levantó dispuesto a entrar al colegio y esperar allí adentro a su hermano. Debió haberle hecho caso a la profesora y haberse quedado adentro.
– Acompáñame- deslizó una de sus manos por el cuello del menor, este de un manotazo lo alejó.
– Suéltame, le contaré a mi hermano que me estuviste molestando- le amenazó mirándolo con seño fruncido, dispuesto a levantarse y hacer tiempo adentro.
– ¿Ah si? ¿Y tú crees que me importa?- le mostró su sonrisa más sarcástica, antes de que con un tirón le acercara a su cuerpo y pusiera sus manos en la boca de Sasuke para impedir que gritara. Cualquiera que viera esa escena solo vería un fraternal abrazo. – Ahora acompáñame.
Condujo al pequeño Uchiha, por una calle no muy transitada hasta un callejón.
– Maldito mocoso- dirigió un golpe directo al estómago del menor cuando este le mordió la mano para que lo soltara.
Las rodillas de Sasuke se doblaron y se desplomó al suelo, abrazándose tratando de calmar el dolor que extendía por la zona golpeada.
– Así está bien…- se posicionó a su lado y lo recostó sobre el pavimento, tomándole de las muñecas y afirmándole el rostro para poder besar sus labios. – No sabes desde hace cuanto tiempo me traes así- volvió a besar los labios del pequeño con violencia, casi rompiéndoselos en el acto.
– Suéltame- logró murmurar una vez Sai se alejó de él. Trató de soltarse, pero el mayor había sido más precavido y había roto una parte de su camiseta y amarraba sus manos por sobre su cabeza, dejándolo inmovilizado, luego con otro pedazo de tela lo amordazo, impidiendo así que algún sonido escapara de su boca.
– Mucho mejor- con lentas y angustiosas caricias fue despojándolo del pantalón. El pequeño Uchiha continuaba moviéndose, movía sus piernas frenéticamente tratando de alejarlo de él, pero no podía, las lágrimas ya se estaban agolpando en sus ojitos. – Quédate quieto- le susurró al oído con voz terriblemente seria.
Sasuke quería gritar, pero no podía, quería llamar a su hermano para que lo defendiera de ese sujeto… le era imposible, tenía miedo de lo que iba a ocurrir.
Se estaba desesperando, sentía una horrible presión en su pecho que subía hasta su garganta y ya no le dejaba respirar. Las desagradables caricias de Sai, sus besos en su cuello, las marcas y morados que dejaba en su piel… sentía repugnancia. Ya se encontraba casi desnudo a merced del mayor; las lágrimas rodaban por su rostro y se perdían en el cabello negro del contrario.
– Eres tan delicioso- sus manos bajaron por la espalda de Sasuke buscando su entrada, dispuestas a satisfacer el deseo de su dueño. – Eras la joya de Itachi, ¿lo sabías? Él hace algunos años hubiese dado su vida por ti hasta que encontró a ese caramelito rubio…- los movimientos del pequeño Uchiha para zafarse se detuvieron para escucharlo. – ¿Por que crees que te hace esperar tanto?- mientras hablaba, Sai se iba acomodando entre las piernas de Sasuke y bajándose su ropa aprovechando que éste estaba distraído. – Por que ahora está con ese pequeño y con el pasar de los años te vas a distanciar cada vez más de tu querido hermano y todo por culpa de ese mocoso recogido.
Movió su cabeza negativamente. Estaba seguro de que eso hermano nunca lo iba a desplazar, todo eso lo estaba diciendo para que odiara a Naruto, pero él no podía odiarlo por que era a la persona que más quería, mucho más que a su hermano mayor y que a sus padres... no podía odiarlo porque lo amaba.
– Eso es lo que tu piensas ahora, pero ya quiero verte en unos años más…- deslizó sus manos por la pálida piel de los muslos del menor, separándole aún más las piernas. – Después de esto puedes venirte conmigo…
Esas palabras hicieron volver a la realidad a Sasuke a darse cuanta en la situación en la que estaba. Volvió a sus frenéticas y desesperadas sacudidas tratando de librarse de Sai. Un golpe en su rostro bastó para que volviera a estar quieto.
– si te mueves más te dolerá- le susurró al oído antes de empezar a adentrarse en su cuerpo.
Un doloroso espasmo recorrió el cuerpo del menor cuando Sai estuvo completamente dentro, sus gritos fueron ahogados por la venda que estaba sobre su boca. Lo único que sentía era malestar, todo su cuerpo sufría agudas convulsiones con cada embestida del mayor. Sasuke permanecía con sus ojos apretados fuertemente, respirando de forma pesada con un nudo subiendo por su garganta, un nudo que lo obligaba a llorar, mientras que Sai entraba y salía de cuerpo repetidas veces, gimiendo despacio y con voz ronca.
¿Cómo diablos había permitido que ocurriera eso? ¿Hubiese podido gritar antes de que Sai lo arrastrara a ese callejón?
Sentía asco. ¿Cómo le iba a contar a su hermano lo que le estaba pasando? El dolor nublo su mente, Sai había girado su cuerpo y comenzó a embestirlo de forma brutal, dañándolo más que antes. Rogó que todo aquello acabara pronto, sino pronto se desmayaría del dolor.
– Ah, eres tan estrecho… y delicioso, ah…- luego de esas palabras Sai terminó en su interior y salió de él, acompañado de un profuso bote de sangre. Sasuke seguía sollozando con sus ojos cerrados. – Bien ¿te vienes conmigo?- preguntó mientras se arreglaba su ropa. – Oye…- le sacó la venda de la boca.
– ¡Imbécil!- gritó Sasuke lo más fuerte que pudo. – ¡Déjame en paz! ¡Nunca me iría contigo a ningún lado!
– De acuerdo- Sai no se veía alterado con el comportamiento del menor, se limitó a soltarle los brazos y se arrodillo junto a él. – Entonces tú verás como te las arreglas para no contarle a tu hermano lo que te ha pasado, por que si yo me entero que alguien lo sabe soy capaz de repetirlo y de hacerte desaparecer después de disfrutar contigo- le sonrió y revolvió los cabellos como si fuera un cachorrito. – Nos veremos Sasu-chan- y se alejó como si nada hubiese pasado.
Sasuke en tanto, a duras penas se puso de pie, secó su sangre con su camiseta, la cual después tiró al basurero. Se acomodó su ropa lo mejor que pudo y cerró su chaqueta hasta arriba para que no notaran que no llevaba camiseta, puso su mochila a su espalda y caminó lentamente hasta el lugar en el que estaba esperando a su hermano. A pesar de ser un trecho corto, demoró mucho tiempo en llegar, trataba de caminar lo más normal posible... de forma de no delatar lo que le había ocurrido…
Y como si hubiese despertado de un trance, la voz de Sai lo regresó al presente. – Vamos, Sasu-chan una vez más...
– ¡Púdrete!- asestó su mejor golpe al rostro de Sai y salió corriendo de esa casa. Otro día arreglaría cuentas con él, ahora debía ir a la pensión.
Condujo su automóvil lo más rápido posible hasta el otro lado de la ciudad, le iban a dar las tres de la madrugada cuando llegara.
Se estacionó y se fue derecho a abrir la puerta, todas las luces estaban apagadas; ese detalle lo asustó un poco.
– ¿Kanari?- preguntó extrañado. Aguzó el oído y escuchó una respiración pausada; buscó el interruptor y encendió las luces: en la sala estaba la chica durmiendo sobre uno de los sofás. – Despierta- la movió por el hombro para que abriera los ojos.
– ¿Qué pasa?- apenas abrió los ojos tratando de enfocar. – ¿Sasuke?
– Si, soy yo ¿estás bien despierta?
– Creo que si- se restregó los ojos y se acomodó para dejarle espacio al Uchiha.
– Escucha, mi hermano Itachi, me ha mandado a estudiar al extranjero.
– ¿Cómo que te vas?
– Escúchame, es una especie de trato a la que llegamos en el hospital- hizo una mueca de disgusto; más que un trato había sido una amenaza. – Él cuidará de Naruto, siempre y cuando yo me vaya...
– Pero… ¡Tú no puedes dejarlo solo!
– Si me quedo Itachi se encargará de que nadie atienda a Naruto.
– ¡Tu hermano es un demente! ¡Está jugando con la vida de una persona!
– Lo sé, lo sé… por eso ésta es la mejor decisión. Tengo que irme a Estados Unidos por tres años y pues… algo que dijo Itachi me quedó dando vuelta en la cabeza y ahí es donde quiero que tú me ayudes.
– Adelante, ¿qué cosa?
– Pues… Itachi dijo que Naruto no iba a ocuparse más de los quehaceres del hogar y que iba a contratar a una persona que hiciera eso por él.
– Espera… ¿quieres que vaya a trabajar de empleada a la casa de tu hermano?
– Si, para que veas como está Naruto, además ustedes se llevaban bien… yo confiaría más en ti que en los reportes de mi hermano, por favor…- era la primera vez que le pedía por favor a alguien prácticamente desconocido; temía que la chica no fuese aceptar. Tenía planeado que Kanari sirviera como una especie de conexión entre Naruto y él.
– Pero... tengo que terminar mi carrera.
– Por favor, sé que puedes congelar, después yo termino de pagar la universidad por ti… por favor- estaba suplicándole, él estaba suplicando por su ayuda.
– Espera, es que esto es muy repentino...
– Es la única forma en que estaré tranquilo, por favor Kanari.
– De acuerdo...
– Muchas gracias- suspiró soltando el aire que no sabía que estaba reteniendo. – Tienes que hacer todo lo posible para quedarte en esa casa y tienes que decir a Naruto que no te delate, que es como si fueran desconocidos...
– Entiendo- se quedó pensativa un momento. – Puedes mandarme cartas con otro nombre y yo se las daré a Naruto en tu nombre, como si fueras mi hermano o algo así.
– Esa sería un excelente idea- sonrió al poder divisar una luz dentro de toda aquella penumbra. – Te lo agradezco mucho.
– ¿A qué hora partes?
– Hoy a las seis de la madrugada. Ya me despedí de él...
– ¿Y lo sabe?
Unas inmensas ganas de llorar subieron hasta su garganta y sus ojos se vidriaron un poco. Estuvo reteniendo sus lágrimas durante horas ¿valía la pena llorar ahora? – No, no sabe nada… y espero que… no me odie- y su voz se quebró. Los ojos negros de Sasuke se inundaron de lágrimas y ya no resistió un minuto más. – No quiero que me odie, que piense que yo no lo quiero… no quiero que crea que soy un cobarde.
Kanari estaba sorprendida, las pocas palabras que había cruzado con él siempre se veía como alguien duro, insensible tal vez pero ahora estaba totalmente destrozado. –Tranquilo, me encargaré de que no sea así.
– Pero… es tan difícil, no quiero que me odie por dejarlo solo cuando esta tan enfermo…
– Lo haces por él, sé que lo entenderá.
– Yo lo quiero demasiado.
– ¿Por qué no duermes un poco? Debes de estar cansado- le pasó las mantas que anteriormente estaba usando ella. – Buenas noches.
— x — x — x —
– Buenas noches.
– Estás contento- apagó la televisión con desgana.
– Por supuesto, mi hermanito se va a estudiar al extranjero por una temporada.
– Supongo que vas a celebrarlo ¿no?
– Mi queridísimo amigo Sai, estás en lo cierto- sonrió ampliamente y se sentó a su lado.
– Bien por ti- se alejo de Itachi. Estaba aburrido de que siempre ganara él.
– Y a ti te veo un poco molesto.
– Me duele la cabeza.
– Eso se puede solucionar- antes de que se alejara más lo tomó por el brazo y lo acercó a él. – ¿Qué te parece que celebremos juntos?
– No, gracias- movió el brazo para soltarse, peor el Uchiha no lo iba a soltar tan fácilmente.
Y de un tirón lo dejo sentado en su regazo. – Mucho mejor, ¿sabías que te pareces algo a mi hermanito?- recorrió lentamente con sus dedos el rostro de Sai.
– Permiso- trató de levantarse, pero Itachi lo sostuvo por el rostro y le plantó un beso salvaje en los labios vaciándole el aire de los pulmones.
– ¿Cambia las cosas?- Preguntó con una sonrisa de superioridad, una vez se hubieron separado.
– Creo que si- esta vez el tomó el rostro del Uchiha y hundió su boca en la del contrario recorriéndola por completo…
Continuará...
- - - - - - - - - - - - - - - - - » »
Notas: Ese Itachi es muy malo ¡va a alejarlo por tanto tiempo! Espero que les haya gustado la continuación, aun les debo las replay de los reviews, pero cuanto me dé más tiempo prometo responderos n_n por cierto, antes de que se me olvide; recuerden que la historia es completa y exclusiva de Kanari Shinobu, por más que quisiera yo no habría podido escribir una historia tan bonita como esta *suspira* gracias.
PD, recuerdo haber encontrado una falla en gramática (creo que me "comí" una palabra) o la cambié, no recuerdo :S si logran verla me avisan para que la cambie ¿Ok? Son unos soles 3
Nos leemos el próximo viernes ;) cariños.
Leona Dark
2154 – 140415
