Disclaimer: Todo pertenece a Jo Rowling.

...

Te equivocaste Granger

Para Pilar

...

-No vas a cambiar. Ahora veo quién eres en verdad-

Esas palabras. Esas malditas palabras lo perseguían, mientras observaba al viejo frente a él, desarmado, diciéndole que podía ayudarle.

Se detuvo frente a él, con los ojos oscuros, vacíos, con un remolino de emociones nublando su mirada. Draco no entendía como todo se había desmoronado en cuestión de segundos. ¡No se supone que ella se enteraría de esto!

-Es verdad. Harry tenía razón. Tenía razón y yo fui lo suficientemente estúpida para ignorarlo y creer que habías cambiado. Que eras diferente.-

-Granger, yo- soltó con urgencia.

-¡No! No me hables. No quiero que me vuelvas a dirigir la palabra. Yo te amo, pensé que eso sería suficiente. Me engañé a mí misma, diciéndome que llegaría el momento en que me revelaras tus verdaderos sentimientos. ¡Pero solo fui tu juguete! Me utilizaste.- la voz se le quebró súbitamente y soltó un sollozo.

El corazón de Draco se encogió al escucharla y deseó poder borrar todo su dolor.

-No vas a cambiar. Eres igual a todos ellos. Cerdo egoísta. Te odio Draco Malfoy, te odio tanto como te amo. Pero ya no me seguiré mintiendo, ahora veo quién eres en verdad.-

Se dio media vuelta y salió corriendo por el pasillo, llevándose la única luz y esperanza que Draco había sentido en los últimos meses. Pero siendo el bastardo que llevaba siendo toda su vida, continuó con sus planes.

Ahora, de pie frente al mago más poderoso de los últimos tiempo, de pie frente a Albus Dumbledore, se dio cuenta que no podía hacerlo. Porque ella, la siempre correcta Hermione Granger, se había equivocado. Porque ya no era el mismo Draco que había empezado a reparar el armario evanescente. Porque ella sí lo había cambiado.

Milisegundos antes de que Snape ingresara a la torre, Draco había mirado a los ojos de su director y, con la sonrisa de Hermione en su mente, ésa que le había entregado durante meses, decidió ser diferente, decidió ser mejor.

...

Dos semanas después, Hermione se encontraba sentada junto a la ventana de su habitación en casa de sus padres. Leía su libro de transformaciones por quinta vez, tratando de alejar de su mente a Draco Malfoy. A pesar de cómo había resultado todo al final, no podía evitar amarlo y preguntarse cómo estaría todo. ¿Sería feliz ahora? ¿Luego de haber completado su horrible misión?

De repente, un bulto negro que se acercaba volando directamente hasta su casa, llamó la atención de la chica, quién sin pensarlo dos veces agarró su varita firmemente entre sus dedos.

La escoba voladora se detuvo en su patio y gracias al poco agraciado aterrizaje, la capucha del ocupante se cayó, revelando los cabellos rubios del chico que ocupaba constantemente sus pensamientos.

Preocupada, Hermione se lanzó carrera abajo por las escaleras, cruzó la cocina a una velocidad alarmante y salió por la puerta trasera para encontrarse con la imagen del rubio desparramado en el pasto, con una mueca de dolor en la cara.

Lanzando una exclamación de sorpresa, Hermione corrió a arrodillarse junto al Slytherin.

-Draco, ¿me escuchas? ¡Draco!- exclamó con desesperación. El chico tenía magulladuras en todo el rostro y Hermione solo podía imaginar como se encontraba el resto de su cuerpo.

-Granger-murmuró con cierto esfuerzo y tosiendo en el camino. Cuando se recompuso siguió: -Lo siento, pero te equivocaste. Tú, sabelotodo incorregible, te equivocaste.

Soltó una risa que volvió a convertirse en tos y Hermione sólo atinó a fruncir el ceño, entre preocupada y exasperada. "Imbécil, reírse mientras le cuesta unir dos palabras."

-Sí cambié. Tú me cambiaste. Yo no iba a matar a Dumbledore. No pude.- la voz se le cortó en ese momento, cuando soltó un quejido lastimero.

-Vamos, Draco. Te llevaré dentro, para poder curarte. Luego me dices lo que sea que quieras decir.-dijo la castaña con preocupación.

El rubio asintió con la cabeza, pero aun así volvió a abrir la boca.

-Hermione, yo te amo. Lamento haber tardado tanto en responderte- suspiró, para luego caer inconsciente.

Hermione se lo quedó mirando atontada por un momento, hasta que una pequeña sonrisa creció en sus labios.

-Típico, un Slytherin se declara y para ahorrarse la humillación de no ser correspondido, se desmaya- la chica soltó una risa alegre. Esa risa que a Draco tanto le gustaba y amaba.


Domingo 10 de junio del 2012

¡Muy Feliz Cumpleaños Pilar! Aquí está mi regalo, tal y como te lo prometí. Un beso y pásalo de maravilla. (sé que tu cumple es mñna, pero no podía subirlo, así que tienes un regalo adelantado :B)

No estoy muy segura de esta viñeta. A decir verdad creo que es algo que me suele pasar con los Dramiones, me gustan tanto tanto, que nunca creo que los míos valen mucho la pena -.-

Un beso,

Connie.