Capítulo 4
La bala pasa rozándome el brazo, tan cerca que me abre la piel, pero no siento dolor, al menos no en ese momento, sino una ráfaga de calor que resbala hasta mi codo. El niño me mira lleno de ira, pero el arma ya está en mis manos y me pongo de pie en seguida. Le apunto pero sólo un momento, sigue tendido en la tierra, pero es un niño a final de cuentas, y Mousse está atacando a Ranma.
Prioridades.
Busco a Mousse con la mirada y doy con él en seguida, entonces apunto el arma hacia él. Me siento completamente fuera de mi, como flotando entre sueños, mi mente está llena de bruma. Estoy sujetando un arma, apuntándole a un viejo amigo, un amigo que me regresa la mirada con el ceño fruncido, brillando el Sol en sus lentes redondos. Siento que todo mi cuerpo tiembla, pero mis manos son de piedra, el arma esta firme, mi dedo en el gatillo. Esto tiene que ser un sueño.
Pero no lo es.
Jamás he disparado un arma, pero es prácticamente imposible que falle al blanco, incluso si Mousse está a quince metros de mi. Soy una artista marcial, tal vez no como Shampoo, ni siquiera como Ukio, a quienes nunca volveré a ver, pero soy condenadamente buena y mi puntería es perfecta. Siento el corazón en la garganta, ¿dónde está Ranma? Quiero buscarlo, pero si rompo el contacto visual que tengo con Mousse, estoy segura que lo aprovechará para lanzarme sus malditos cuchillos. El niño se levanta, pero sin su arma ya no parece tener tantos ánimos de atacarme. Mousse se mueve igual que la luz en los cristales de sus lentes, veo el azul de sus ojos un instante, luego la sombra de los árboles lo tapa.
Disparo.
El estruendo me detiene el pulso, y la bala pasa acariciándole la mejilla derecha. Aunque sé que es un asesino despiadado, y ya no queda nada del antiguo Mousse en ese cuerpo, no me atrevo a matarlo. No puedo, ¿cómo hacerlo? Hace sólo unos días era normal, él, mi familia, Nerima, y ahora la sangre corre como una cascada en su rostro y escurre por su mandíbula. Ni siquiera parpadeó.
"¿Dónde está Ranma?" Si he jalado la atención de Mousse, Ranma ha quedado libre, pero no viene a mi, ¿por qué? "No pienses, no pienses en nada ahora. Dispárale, Akane, mátalo. Tienes que hacerlo o te perseguirá hasta verte muerta, a ti y a Ranma." No, Ranma no, me he jurado que no voy a permitir que nada le pase. Él vivirá, cueste lo que me cueste, vivirá.
"Entonces, mátalo."
Mátalo.
Mátalo.
Mátalo.
Disparo por segunda vez, y la bala hace un agujero oscuro justo al centro de la frente de Mousse, lanzando su cabeza hacia atrás como si lo hubiera empujado con un dedo, todo su cuerpo le sigue, y cae pesadamente entre las raíces.
Mi mente está volando, lejos, muy lejos de ahí, todo mi cuerpo está helado y la sangre corre por mis venas con tanta fuerza que puedo sentirla. Aún no termino, el niño hace un sonido gutural y deslizo el arma hacia él, el cañón a un par de centímetros de su frente pálida como ceniza. Mi dedo sobre el gatillo me parece irreal, de alguien mas, no mío, imposible que sea mío tan seguro mientras el resto de mi ser tiembla como una hoja en otoño. Aprieto.
Se han terminado las balas, el niño, igual que Mousse, ni siquiera parpadeó, pero retrocede sin quitarme la mirada de encima, hay tanta furia en sus ojos que me es difícil describirla. Se aleja hasta que los árboles lo esconden, y luego escucho sus pisadas alejándose.
De pronto, toda la fuerza con la que sostengo el arma desaparece, me abandona de golpe y me duelen los dedos con agudeza. El arma cae con un ruido sordo a la tierra, mis ojos se nublan de lágrimas, un puño de acero sube hasta mi garganta y las rodillas amenazan con fallarme.
¿Qué acaba de ocurrir?
"Intenté matar a un niño, pero no pude, en cambio maté a Mousse." Una bala en el cerebro, así es como terminó su historia, una bala que le dejó un tercer ojo en la frente, y fui yo quien disparó. Fui yo. "Ranma." El shock amenaza con dejarme catatónica, pero no puedo permitirlo, no puedo perder la cordura ahora. Escucho algo arrítmico llenar mis oídos, algo que abarca todo, y entonces me doy cuenta que es mi respiración, estoy hiperventilando. "Concéntrate, cálmate, ¿dónde está Ranma?"
Lo busco con los ojos desorbitados, aterrada de encontrar algo que no pueda soportar. Estoy temblando tanto que no me creo capaz de caminar, pero entonces veo una mancha azul y negra, es él, y mis piernas reaccionan como impulsadas por algo que no depende de mi. "Por favor, por favor, por favor…" Es mi nuevo mantra, no creo que ningún otro funcione ya.
Ranma tiene los ojos abiertos pero nublados, no de lágrimas como yo, sino de dolor. Entonces veo el núcleo de ese dolor, y contengo el aliento, me llevo las manos a los labios apenas sin darme cuenta, siento mi lengua secarse por completo. Una flecha, es más pequeña de lo normal, de ballesta. ¿Mousse traía una ballesta? Mi mente no registró nada en sus manos cuando le disparé, pero es Mousse, ¿cierto? O al menos era. Y siempre tenía armas bajo las anchas mangas. Pero tengo que asegurarme, porque si no fue él alguien más le disparó y no debe estar lejos. Mi mente está pensando a mil por hora, tardo un segundo en decidir qué hacer primero, y elijo asegurarme que haya sido el hombre pato quien lanzara la flecha.
Me acerco como un rayo a su cadáver, una ráfaga de viento pasa helada por mi nuca, hinchando mi cabello, y entonces me doy cuenta que estoy sudando. Los lentes de Mousse están ligeramente inclinados hacia un lado, y me dejan ver la mitad de uno de sus ojos, completamente vacío. Trato de no fijarme en los detalles y con las manos incontrolablemente temblorosas busco entre sus mangas, pero no encuentro nada. Hago un intento más mirado a su alrededor, tal vez tiró la ballesta una vez que le dio al blanco, pero no hay nada.
No fue él.
"¡No Dios, Dios, Dios!" Creo que tendré más de un mantra, tal vez pueda fusionarlos: "¡Por favor no Dios, por favor Dios, POR FAVOR!"
Tengo tanto miedo que me cuesta trabajo pensar con claridad, y me doy cuenta que estoy haciendo cosas mucho antes de pensarlas, por ejemplo, ya estoy de nuevo a lado de Ranma, demasiado aterrorizada para buscar al dueño de la flecha entre los árboles, no quiero saber, no quiero ver, sólo quiero que Ranma esté bien, nada más.
Sus ojos de un azul infinito se clavan en mi, está respirando con dificultad, la flecha está debajo de su corazón, pero lo ha atravesado de lado a lado y al momento de caer la punta se quebró. Tiene la camisa azul llena de sangre, tanta sangre. ¡Oh Dios, es tanta sangre!
-Ranma, por favor… -me escucho gemir, pero no es momento de perder el control. Aún no, tal vez nunca más, tal vez yo también tengo que dejar de ser humana para soportar todo esto. Siento lágrimas en mis mejillas, y su sabor salado en los labios, mis manos siguen temblando, "No se detendrá nunca" pienso, pero es tan borroso que en realidad no sé a qué me refiero: ¿Mis manos, o el evidente fin del mundo?
Mis rodillas se hunden en la tierra y palpo el pecho de Ranma, mi luz, mi sol, ¿por qué estaba enfadada con él hace un momento? No puedo recordarlo, nada parece importar ya, nada. Entrelazo mis dedos en su cabello, y me escucho lejos, muy lejos, decir:
-Shh, shh mi amor, todo va a estar bien, ¿de acuerdo? Todo va a estar bien. Quédate conmigo, lo prometiste.
Veo bien la herida, es grave, por supuesto, y que Ranma no pueda siquiera hacer un ruido es bastante mala señal, tengo que sacarla. Vuelvo a mirarlo a los ojos, sigue viéndome y hay una mezcla de sentimientos en sus ojos de mar: miedo, angustia, dolor.
-Voy a sacar la flecha, Ranma, ¿de acuerdo? Te va a doler, pero tengo que hacerlo.
Los golpes de mi corazón parecen marcar el tiempo que nos queda antes de que quien sea que lo hirió aparezca entre la maleza y termine con los dos. ¿Cuánto tiempo ha pasado?
-Me… -su voz jala toda mi atención, estoy tan asustada de perderlo que apenas puedo mantenerme en la realidad.
-¿Qué dices? –me acerco más a sus labios.
-Me… llamaste "mi…amor"-y sonríe, toda la belleza del mundo se centra en su sonrisa, como siempre. ¿Cómo es que puede sonreír en esta situación? Cuando me doy cuenta, yo también estoy sonriendo.
-Bien, si, hablaremos de eso después ¿de acuerdo? ¿Quieres hablar de eso, Ranma? –asiente lentamente con la cabeza, está claro que la flecha le perforó un pulmón, su respiración es irregular y ruidosa. No tengo tiempo de entrar en pánico, debo mantenerlo despierto, pero por sobre todas las cosas, vivo.- Entonces quédate conmigo, ¿si? ¿Lo harás?
Toma mis manos entre las suyas, su contacto es caliente, y me guía hasta la flecha. Ambos cerramos los dedos alrededor del cuerpo de madera.
-Hazlo –me dice con la voz ronca.
Y lo hago. Jalo con todas mis fuerzas, sin pensármelo más, y la flecha sale de su cuerpo seguido de un chorro de sangre y un grito del único hombre al que he amado y amaré jamás, sufriendo de este modo. ¿Qué clase de infierno es este? Suelto la maldita flecha y pongo mis manos sobre su herida, mis dedos se llenan de sangre.
-Esta bien, está bien –que estúpida cosa para decir, por supuesto que no está bien, no está nada bien. Sus ojos se desenfocan, sus parpados caen un poco, está a punto de desmayarse-. No, Ranma, escúchame. ¡Ranma! –me obligo a quitar una mano de su herida para ponerla en su mejilla, y le dejo una mancha roja debajo de mi palma-. Abre los ojos mi amor, ábrelos por favor. Quédate conmigo, por favor, no estamos seguros aquí. Tenemos que irnos.
Hace un esfuerzo sobrehumano para no desvanecerse, lo siento de alguna forma como si vibrara bajo su piel, y parpadea tratando de enfocarme. Es mi turno de tomar sus manos y las pongo sobre la herida.
-Aprieta ahí, ¿de acuerdo? Con fuerza.
Separa los labios como si fuera a decir algo, pero no sale nada. Noto que los tiene secos y cuarteados, y blancos… tan blancos como su rostro. ¡Dios mío está tan blanco como el papel!
-Quédate conmigo, quédate conmigo…-repito mientras arranco una tira de mi vestido ayudándome del desgarre que me hizo el niño hace ¿cuánto? ¿Un minuto? ¿Diez? ¿Cincuenta? "Alguien viene Akane, ¿lo escuchas? Eres muy lenta." No me detengo a ver si alguien viene, ni siquiera agudizo el oído, simplemente no quiero saber. No quiero. Debo salir de ahí con Ranma ¡YA! Abro de jalón su camisa azul plumbago que tanto me gusta, se le ve tan guapo con ese color, siempre lo he pensado. "¡Concéntrate!" Los botones negros brincan en todas direcciones y su pecho queda desnudo ante mi. "Hermoso" pienso sin mucho sentido. Comienzo a vendar la herida con la tela del vestido, y lo ato a un nudo lo más rápido que puedo.
"Eres muy lenta, ¡muy lenta!"
Finalmente tomo su rostro entre mis manos, tiene la mirada divagante, le toma unos segundos volverme a enfocar.
-Tienes que levantarte, Ranma. Necesito que hagas un esfuerzo.
-¿Es…? –no puede, tiene que tragar duro y volverlo a intentar-. ¿Es grave?
-No –miento y no sé si lo hago bien o no, pero parece creerme-. No, claro que no, estarás bien, yo te cuidaré pero necesito que te levantes y camines conmigo, ¿está bien?
Vuelve a asentir con la cabeza y entonces me pongo de pie y lo ayudo a hacer lo mismo. Su peso casi me vence, pero logro mantenerme con las piernas firmes, no tengo ni idea de cómo lo hago. Paso uno de sus brazos sobre mis hombros y lo sujeto de la cintura. Si le quedaba color, lo pierde por completo en ese momento.
-Akane…-susurra, es más como una nota de auxilio, siento que flexiona las piernas pero retoma fuerza de algún lugar y se mantiene.
-Vamos.
Dejamos atrás el pequeño claro, me parece escuchar algo tras nosotros, tal vez sean pisadas, tal vez me lo estoy imaginando o tal vez, y me voy más por esta tercera opción, si hay alguien tras de nosotros pero no tengo el valor para enfrentarlo ni aceptarlo. Debo poner a Ranma a salvo, eso es lo único que importa.
Lo único en todo el mundo que importa para mi.
