Capítulo 5

Hemos andado un kilómetro y medio, mas o menos, pero se sienten como cien. Ranma suda copiosamente y su respiración es cada vez peor. Finalmente salimos a la carretera, completamente vacía, claro, pero no me parece muy seguro caminar sobre un pedazo de asfalto sin ninguna protección así que nos quedamos dentro del linde del bosque, a un par de metros del camino. Después de una hora más (estoy casi segura que ha sido una hora), las rodillas de Ranma comienzan a fallar, siento su cuerpo como brazas junto al mío, y comienza a toser. Nos detenemos y lo veo escupir sangre, todos mis sentidos se disparan, el miedo vuelve a llenar mis venas y me empaña los ojos. El mantra vuelve: "¡Dios, por favor no, no, no!"

Si algo le pasa me muero con él, no puedo estar ni un minuto alejada de él, mi vida le pertenece y si se va… Si se va no queda nada.

Lo dejo descansar, ayudándolo a sentarse con la espalda contra un tronco blancuzco, tiene los labios rojos, los ojos brillantes, pero no de la fiebre maldita "No, no de la fiebre maldita, porque si fuera eso entonces me rendiré justo ahora y moriré a su lado." Es la herida, que por supuesto le dará fiebre y un tiempo considerable de malos ratos. La tela de mi vestido que sirve de vendajes ya está manchada de sangre, entonces me arrodillo frente a él, pasando una pierna por encima de las suyas y atrapando su cadera con mis rodillas. Es algo que ni en mis mejores sueños me habría atrevido a hacer, el hecho de tocarlo más allá de su mano, de sus hombros, de su rostro, me parecía fuera de este mundo, irreal. Pero todo eso quedó en el pasado, hace mil años, donde mis mayores problemas eran que no me quisiera, que eligiera a otra de sus prometidas. Ah, claro, por eso estaba enfadada, por su rechazo cuando traté de tocarlo al volver con víveres. Pensé que habría preferido estar con cualquier otra de sus novias, tal vez Shampoo, no conmigo, la fea, la tonta marimacho.

Sacudo la cabeza, no es momento de pensar en eso y al final ya no importa, es así como son las cosas, somos él y yo, tanto si le gusta como si no. "Pero si no le gusta, se te romperá el corazón, ¿puedes contra eso?" No, sinceramente no creo soportarlo. Me mira sorprendido al sentirme sobre él, atrapado entre el árbol y yo, lo tomo del cuello y lo acerco a mi como en un abrazo, pero lo que hago es mirar su espalda, por donde salió la punta de la flecha, y luce igual del mal que el pecho. "Si me dejas no lo aguantaré, Ranma." El pensamiento es rápido pero definitivo, lo siento aferrándose a cada uno de mis huesos. Lentamente vuelvo a recargarlo en el tronco, sus ojos de mil océanos encuentran los míos, o como siempre, quedo embelesada, perdida en el mundo donde sólo él es dueño. Con el dorso de mi mano toco su frente, está ardiendo.

-Es por la herida… Y caminar –me dice, aunque no es necesario, lo sé. Lo creo.

Necesito creerlo.

-Lo sé –respondo, luego respiro profundo un par de veces, no se por qué no me quito de estar sobre sus piernas, pero no parece molestarle, o tal vez no lo nota. Sigo temblando, ya no tan violentamente como antes cuando "¡Mataste a un niño!" No, no maté a un niño, solo lo intenté. "¿Te estás escuchando?" Dios, no, no puedo tener un colapso ahora, no con Ranma herido y quien sabe cuántos salvajes cerca de nosotros.

-Akane… -me observa preocupado. ¿Qué habrá visto en mi cara para verme de esta manera cuando el que está muriendo aquí es él?

-Escúchame Ranma, tienes que quedarte aquí…

-¿Qué? –frunce el ceño. ¡Dios, es tan apuesto! Aún así, pálido y herido, es completamente irreal.

Vuelvo a sacudir la cabeza, no es momento para dejarme llevar por su absurda belleza. Una vez más me lo tengo que recordar: "¡Concéntrate!"

-Voy a buscar dónde pasar a noche, y algo con qué curarte la herida, se te puede infectar y…

De pronto me toma de los brazos, apretando, acercándome aún más a él y como estoy sobre su cadera quedamos exactamente a la misma altura.

-Nunca te vas a volver a separar de mi –murmura, su aliento está caliente, sus ojos de zafiros enmarcados con ojeras, me abruma, como siempre que está tan cerca de mi-. ¡Lo prometiste! ¡Iré contigo!

-No, no irás a ninguna parte hasta que no sepa dónde ninguna parte está –y de pronto siento en su totalidad todo lo que este hombre significa para mi, el mundo entero, el aire mismo, mi corazón… Es todo, siempre lo ha sido y siempre lo será, y ahora todos están muertos y eso gran parte lo hace todavía más importante-. No puedo perderte –no sé si lo dije o lo pensé, pero por como me mira, creo que lo dije.

-Allá atrás, me dijiste "mi amor" –vaya, no lo va a dejar ir. "Al menos ya puede hablar, eso es bueno ¿cierto?"

-Si, lo hice.

-¿Por qué?

Suelto una risa burlona y giro los ojos, sigue sujetándome de los brazos pero ya no como antes, está perdiendo fuerzas, y yo perdiendo tiempo con esta absurda conversación.

-No creo que eso importe ahora, Ranma, lo primero es encontrar con qué curarte la herida y… -un latigazo de dolor me recorre el brazo cuando los dedos de Ranma tocan donde pasó la bala rozándome. "La bala, ¿recuerdas que mataste a Mousse?"

-¿Qué tienes? –me pregunta y su voz raya en la desesperación-. ¿Qué te pasó?

-No es nada.

-¿No es nada? –recobra la fuerza, la poca que le queda, y me obliga a enseñarle la herida. Ya está seca, pero duele como si tuviera la bala justo ahí, se ve grotesco, es un corte del ancho de mi pulgar. De pronto la frente de Ranma toca mi hombro, su cabello cosquillea mi cuello, me toma por sorpresa, ¿se desmayó?

-Ranma…

-Es mi culpa –susurra, su aliento vuelve a pegar ardiente en mi piel-. Me juré protegerte de todo, siempre, jamás nada de tocaría, me lo juré…

-Ranma, basta. Esta situación está por encima incluso de ti y tienes que aceptarlo.

-Tu eres todo para mi –suelta de pronto, y se me detiene el corazón, pero ahora de un modo mucho más agradable.

"Está delirando." No es que me encante ser negativa, pero es obvio que lo dice porque está gravemente herido, y de cierta forma literal si lo soy, soy todo lo que tiene, lo único que le queda. Daría mi vida porque lo dijera en el mismo sentido en el que yo lo pienso; en el sentido de que lo amo. Amo sus ojos, dos estrellas brillantes, sus labios que me invitan a besarlo y nunca detenerme, amo la belleza de su rostro, los rasgos masculinos, la mandíbula angular, su cabello de azabache, sus manos grandes, su cuerpo imposible y fuerte… Amo que me mire, que me hable, amo que se preocupe por mi aunque sea por su estúpido honor, o como ahora, porque ya no hay nadie más por quién preocuparse. Y en una parte oscura de mi que quiero ignorar, me alegra ser yo quien quedara de pie con él. Yo y nadie más.

-No…-murmura, volviendo a mirarme, tan blanco como el invierno, aun me tiene sujeta-. Estas pensando tonterías –no es pregunta, está seguro. Me molesta que sea tan presumido… A veces… No siempre. Tal vez nunca, pero aun si le doy un gesto de fastidio.

-¿Qué tonterías? –lo reto.

-Eres y siempre has sido, Akane, todo para mi –lo dice tan serio que me deja sin palabras, no soporto que esté delirando así, no soporto no saber si es verdad o no-. Desde que te vi por primera vez, ¿lo recuerdas? -¿Cómo podría olvidarlo?-. Tu forma de ser, de pensar, y tu belleza –por fin suelta mis brazos pero toma entre sus manos calientes mi rostro. Siento mis mejillas ponerse de mil colores-. Y cada día, tu belleza se acentúa y me asusta, me siento inseguro.

-Basta, Ranma –pero la voz me sale débil, me siento como una tonta.

-¿Por qué? He querido decírtelo desde siempre…

-¿Y por qué no lo hiciste? ¿Eh? ¿Por qué esperar hasta el último momento, cuando tu o yo podemos morir?

-Tu no vas a morir.

-¡No! ¡Tú no vas a morir y ni se te ocurra ponerte el traje de héroe y empezar a hacer estupideces! –ahora si estoy furiosa, él tiene ese poder, entre muchos otros, sobre mi-. ¡Debiste decírmelo antes, cuando estabas bien, cuando estabas fuerte, no con un pie en el otro mundo!

-¿Tú crees que…? –su rostro se transforma en una máscara de sorpresa, parece que lo he ofendido.

-¿Qué? ¿Qué lo estás diciendo porque soy lo único que te queda? ¿Por qué todas las demás se han ido? ¡Muertas, Ranma, tu Shampoo, tu Ukio! ¡Muertas todas menos yo!

-¡Deja de decir tonterías! –vuelve a sujetarme de los brazos con fuerza, pero tiene cuidado de no tocar mi herida. Está sudando aún más, sus labios son casi grises, sus ojos muestran fiebre y debilidad, no puedo seguir perdiendo el tiempo en discusiones que como siempre no nos llevarán a nada-. ¡Ninguna de ellas me importa ni me ha importado jamás!

-¡Yo lo recuerdo muy diferente! ¡Suéltame ya! –trato de ponerme de pie, no es tanto la absurda pelea lo que me hace querer irme, sino que evidentemente necesita medicamentos y desinfectarle la herida. Además de agua, mucha agua.

-¡No! ¡No vas a ir sola!

Alguien tiene que mantener el control, este no es el momento ni el lugar para perder la calma, él está en evidente agonía, ha perdido mucha sangre, esta febril, débil y furioso. No lo culpo, y soy yo quien tiene que respirar profundo y no dejarme llevar, me obligo a morderme la lengua para no seguir discutiendo.

-Ranma… -mi voz sale de seda, me sorprende que tenga la capacidad de ser tan dulce.

-No.

-Ranma, es necesario.

-Akane… -ahí está, la brecha. Sólo eso necesitaba, que comprendiera que no hay más opciones, que cooperare para salvar su vida y no desgarrar mi corazón en un millón de pedazos que no tienen arreglo. "¡¿Es que no entiendes que TE AMO?!" Pero tampoco es el momento, se lo quiero decir, lo haré sea cual sea su respuesta, pero cuando esté bien. Cuando su mente se despeje.

-Allá atrás, Mousse…-"Muerto, está muerto, ¿sabes por qué?" Por la fiebre, la fiebre lo mató antes que yo. "No. No, Akane. No fue la fiebre quien disparó." –Mousse y el niño fijaron toda su atención en ti porque estabas en movimiento.

-¿Cómo lo sabes? –sus manos sobre las mías, su respiración difícil.

-Es lo único que tiene sentido, si es que algo lo tiene –me encojo de hombros. Cuando Ranma cayó herido, fui yo quien efectuó los movimientos aunque fueron pocos-. Son, exactamente, como bestias. Si no te mueves tal vez pasen de largo. Tienes que quedarte aquí, Ranma, justo aquí, y no mover un músculo.

Sonríe, ¿cómo lo hace? Me desequilibra, me absorbe por completo.

-No creo que me cueste mucho trabajo, estoy a punto de desmayarme.

-¿De verdad?

Sin quitar la sonrisa, asiente con la cabeza lentamente.

-Lo siento, Akane, lo siento tanto, no puedo protegerte.

-Ahora –aclaro, con el corazón de pronto en una carrera desenfrenada, ¿por qué suena como una despedida? ¿Por qué?-. No puedes protegerme ahora, pero en cuanto te recuperes lo harás. ¿Cierto?

-Si. Cierto.

Y de pronto lo entiendo, mientras sus párpados van cayendo en un lapso que me parece interminable, y sus manos pierden fuerza sobre las mías. No me deja ir porque lo ha entendido, sino porque no puede detenerme, está muriendo, en verdad está muriendo y lo sabe. Pero por sobre todas las cosas, es él quien cree que no volveré, cree que es un suicidio y no lo lograré.

Cuando queda inconsciente, me parece como un ángel herido, tan tranquilo y a la vez maldito. Es mi turno de pasar mis manos por sus mejillas. "Rojas –pienso de pronto-, mis manos siguen rojas de su sangre." Aunque parece que las he metido en barro pues ha perdido color. Me acercó a su oído, dejo que mis labios descansen en el lóbulo de su oreja, el viento es frío y mece las hojas en los árboles, hincha mi vestido que ahora es tan corto que me llega a los muslos.

-Volveré por ti, ya verás que volveré. No puedo perderte y no lo haré. Espérame. Todavía tengo que decirte que no puedo respirar si no estás a mi lado. Tengo que decirte que te amo, y demostrártelo una y mil veces. Para siempre, Ranma. Para siempre.