Capítulo 7

He entrado en un mundo de niebla, ya no sé lo que es real y lo que no. Desde que se fue Akane todo ha dado vueltas una y mil veces. El dolor es insoportable. Nunca había sido herido de esta forma, jamás había estado tan seguro de tener la mano de la muerte sobre mi hombro, pero no me llevará. No, porque tengo que estar aquí para cuidar a mi más sagrado tesoro, a la mujer de mi vida. Qué razón tiene al estar enfadada conmigo, pues tuvo que ser ahora, en el crepúsculo de la vida en la Tierra, cuando finalmente me decidí a confesarme. He sido un idiota, un cobarde, necesito remendar mis errores con ella. Necesito amarla hasta mi último aliento y que ella lo sepa, lo sienta, me sienta en toda forma posible de amor. Tiene que volver, tiene que hacerlo porque de lo contrario me rendiré y no creo que la muerte tarde mucho en llegar.

El dolor me perfora, pero más las visiones que me acosan sin tregua.

Es Jusenkyo una y otra vez hasta la locura. El cuerpo de Akane, empapado, inerte, frío. El miedo que me apuñala el corazón pero de un modo lejano, porque al principio no puedo aceptarlo, no puedo ni siquiera empezar a creerlo. Está en mis brazos y no se mueve, y un millón de imágenes se me vienen a la cabeza pero no puedo concentrarme en ninguna. Pienso: "Está muerta, se ha ido, se acabó. Todo se acabó. Nunca le dijiste que la amabas. Tal vez esté dormida nada más, despiértala. Esto no está pasando. No es real, ¿verdad? No puede ser real, ella no puede estar muerta. ¿Por qué no me muero yo en su lugar? ¿Por qué tuvo que arriesgarse así por mi? Es mi culpa. Mi culpa. Mia. Se fue." Todo esto al mismo tiempo entre un millar de cosas más como la cara del señor Tendo cuando se entere, el mundo quebrándose para sus hermanas, la rabia de Ryoga, mi vida sin ella. Mi vida completamente vacía sin ella. Y todo parece perder su brillo natural, el mundo se sumerge en un mar gris, opaco, donde el Sol es sólo una esfera apagada y así será para siempre porque ha muerto. "Ya basta, por favor." Pero no se detiene.

En las visiones, Akane nunca despierta, y cuando comprendo que se ha ido ni todos los golpes del mundo son suficientes para castigarme, y mi garganta se desgarra una y otra vez en gritos de agonía. ¿Qué voy a hacer sin ella?

La angustia es exactamente lo que duele más que cualquier herida.

Pero de pronto, escucho su voz. Veo su cuerpo aún muerto entre mis brazos, pero su voz llega a mi de muy lejos. "Ranma… Ranma…" "Estoy soñando –pienso esperanzado, mis ojos fijos en el rostro de mi prometida muerta, y su cabello, negro-azulado, más hermoso que ningún otro, es corto-. Ella ya tiene el cabello largo. Largo y liso y suave como terciopelo."

Algo me jala, me aleja de ella, se desvanece entre mis manos y vuelvo a gritar. ¡No, no me la quiten, nadie me la puede quitar! Y de pronto el mundo es verde y blanco, y el dolor en el pecho es imposible. No puedo enfocar la mirada, la voz de Akane es un eco que se repite hasta la inmensidad.

-Bebe, Ranma, por favor bebe, no me hagas esto, por favor no me dejes –si, es ella y está frente a mi, y su cabello es largo y sus ojos son tierra de nadie y me pierdo en ellos. Está herida, tiene barro en las mejillas y rasguños por todas partes. Pero es ella, y está conmigo.

Ha vuelto.

Me acerca una botella con agua hasta los labios y bebo, despacio, un par de tragos, pero se siente tan bien y mi cuerpo está tan deshidratado que rápidamente tomo la botella entre mis manos y bebo con desesperación.

-Si, eso es, eso es mi príncipe.

Cada trago es como si me estuvieran clavando la flecha de nuevo, me cuesta trabajo respirar y además el aire entra como fuego a mis pulmones. Dejo de beber y mi estómago repele el agua, devuelvo un poco. Los brazos de Akane están en mis hombros, sujetándome hasta que las arcadas pasan. Ya puedo ver mejor, seguimos en el bosque, quién sabe cuánto tiempo ha pasado desde que me hirieron, pero se sienten como años.

-Tenemos que irnos, ¿de acuerdo? Encontré un lugar.

Perfecto, si, irnos. No puedo moverme, no puedo hablar. Me ayuda a levantarme, pero el dolor me dobla las rodillas y un mar de puntos negros llena mi visión. La escucho otra vez muy lejos, pero me suplica que haga un esfuerzo más, sólo uno más. Por un instante que no sé si lo he imaginado o no, me siento absurdamente seguro. Seguro porque estoy con ella, porque nada malo puede pasar si estamos juntos. "Excepto que te atraviesen un pulmón con una flecha, si, nada más eso." Si, de acuerdo, dije que era absurdo.

Hago un esfuerzo más, por ella, por mi. Y no sé exactamente cómo, pero estamos avanzando a trompicones, tampoco tengo idea de a dónde vamos y poco me importa ahora que ha regresado conmigo.

Todo se hace negro.

Escucho lejos el ronroneo de un motor. Luego, nada.

La voz de Akane de nuevo, el olor del polvo después de muchos días de encierro, franjas de luz.

Nada.

Dolor, interminable y terrible. Estoy muriendo, no puedo detenerlo, no puedo.

La voz de Akane y sus manos sobre mi pecho, más dolor, más, voy a devolver el estómago de nuevo, siento que me mueve y mi boca se llena de sangre y ácido. Mis venas son de fuego, mis ojos se derriten, no puedo pensar claro.

Negro.

Después, alivio. Algo ha cambiado, algo horrible está retrocediendo, el dolor ya no es una constante que me abruma, la muerte ya no respira en mi nuca.

Finalmente abro los ojos, al principio estoy un poco mareado, así que las ventanas con las cortinas corridas, el ventilador apostado en el techo, la cómoda en una de las esquinas, todo eso se mueve, gira, pero poco a poco se va deteniendo. Siento que he dormido una década, mi cuerpo está pesado, adormilado, mis dedos hormiguean, mi garganta está seca, pero me siento bien.

¿Hace cuánto no me sentía así? ¿Horas o meses?

Escucho agua, ¿es lluvia? No, es la ducha, Akane está ahí, y por ese momento me permito olvidar lo que está pasando, olvidar por lo que hemos pasado, olvidar que el mundo se ha terminado. Sólo somos ella y yo en ese cuarto, y ella se está bañando mientras yo la espero en la cama.

Respiro profundo, quiero que este momento dure para siempre… Y para siempre dura hasta que saco el aire. Siento punzadas de fuego cuando respiro, pero es perfectamente tolerable. Muevo las manos para despertarlas, y sin prisa me levanto sobre mis codos, mi pecho desnudo está vendado, y son vendas de verdad, blancas, sin rastro de sangre, estoy bajo las sábanas de una cama para dos personas, las levanto y veo que traigo mis pantalones. Sonrió, no se bien por qué pero tiene que ver con Akane, por supuesto, Akane y yo en la cama medio vestido. No tardo mucho en comprender que estamos en un motel.

Vuelvo a recostarme, toco mi frente y está fresca. Nada de fiebre maldita, tal vez… Tal vez haya esperanza para nosotros. Dejo de escuchar el agua y un momento después siento gotitas frías cayendo sobre mi abdomen y pecho, y cuando me doy cuenta tengo a Akane sobre mi, sus brazos alrededor de mi cuello, su cabello mojado erizándome la piel de todo el cuerpo. Su cuerpo desnudo está envuelto por una toalla y nada más, lo que me provoca una sensación extraña y tengo que contener el aliento para controlarme. Está llorando sobre mi hombro y entonces la rodeo de la cintura.

-Ya, ya –susurro sobre su oído, el perfume del jabón llena todos mis sentidos, la calidez de su piel a pesar de estar mojada me acelera el pulso-. Estoy bien, me salvaste, Akane.

Se aleja de mi un poco, está tan hermosa, se ha quitado la tierra de la piel y sus heridas han tomado un tono rosa pálido, ya no tiene sangre en ningún lado, sus mejillas están rojas, sus labios carnosos… "Está desnuda." ¡Basta! ¿Qué no puedo pensar en otra cosa? No. Su cuerpo es sublime aún bajo la toalla que se amolda a su figura.

-Por un momento pensé…- sus ojos se llenan de lágrimas, su rostro es la máscara de la desesperación y la tristeza, se me rompe el corazón.

-Pero estoy bien, ¿lo ves? Gracias a ti –toco una de sus mejillas con mi mano, pero en seguida se aleja, como si no soportara el contacto. Pero acaba de abrazarme, ¿qué sucede?-¿Estás bien?

No me responde, se pone de pie en silencio y mis ojos no pueden evitar recorrer todo su cuerpo, pero ella no parece notarlo, está absorta en otra cosa.

-Cuando estaba enamorada del Doctor Tofu me dediqué a leer una docena de libros de medicina –sonríe vagamente, pero no me mira-. Como si eso me fuera a ayudar a que se fijara en mi. Gracias a eso supe qué hacer con tu herida y lo que tenía a la mano. Traje cada botiquín que encontré. Has estado dormido cuatro días.

Aquello me sorprende, pero de alguna forma ya lo esperaba.

-Akane… –debo tener mucho cuidado con mis palabras, puedo casi tocar la fragilidad de su mente y sus emociones en este momento. Cuatro días pasaron en un parpadeo sobre mi, pero para ella seguro fue un martirio. Sin embargo hay algo más-. ¿Qué pasa?

-Ranma –finalmente me mira, sus ojos arden de lágrimas, gotas de cristal caen de la punta de su cabello y oscurecen el piso a lado de sus pies descalzos-. Necesito hablar contigo de tantas cosas –sus sollozos me hieren en el alma. Vuelvo a erguirme pero ahora recargo la espalda en la cabecera de la cama.

-Ven, siéntate.

Cada vez me siento más confundido, y la confusión sólo lleva a sentimientos aún peores. Se sienta junto a mi, su piel brilla por el agua.

-Te amo, Ranma.

Por un minuto entero no digo nada, no puedo poner en orden mi cabeza y una revolución de emociones brinca y baila en mi pecho. Mi corazón late tan fuerte que temo que lo escuche. Siento los ojos abiertos en completo asombro, mis labios entreabiertos. ¿Es verdad? ¿Es cierto que la luz de mi vida me ama?

-Yo…-comienzo a decir, pero me interrumpe abruptamente.

-No digas nada y escúchame. Te he amado siempre, Ranma, siempre y eres un idiota por no haberte dado cuenta, y aun más idiota por esperar hasta ahora para decirme que soy todo para ti, cuando evidentemente soy lo único que te queda.

-No, Akane. No voy a permitir que…

-¡Escúchame! –alza la voz, es sólo un poco pero me deja mudo, completamente impresionado porque algo no está bien. He esperado toda mi vida para escucharle decir eso y ahora que lo hace lo único que siento es miedo… Un terrible presentimiento se cierra como un puño de hielo en mi corazón-. ¿Cómo puedo saber que lo que dices es cierto cuando ya no hay nadie más a quien puedas amar? ¡¿Cuando me has hecho creer que tienes sentimientos por una o por otra…?!

-¡Ahora vas a escucharme tú a mi! –es mi turno de interrumpirla, y lo hago con una orden, no puedo permitir que se martirice más por un absurdo como ese-. ¡Yo ya te había dicho que te amo! ¡Ya te lo había dicho! ¿Recuerdas? –me mira como si estuviera loco, como si la herida en el pecho me zafara un tornillo-. ¡En Jusenkyo! ¿Por qué tienes que hacer esto? –estoy molesto, no, más que eso. ¡Furioso! No quiero tocar ese tema.

-¿Hacer qué? –pregunta con la voz en un hilo.

-Recordarme que fui un idiota, que casi te perdí. ¿Por qué eres tan terca? Cuando creí que estabas muerta te dije que te amo. ¡Te lo grité! ¡Te amo! ¡Yo te amo, Akane, antes que de que tu me amaras a mi! ¿No acabas de decirlo? ¿El Doctor Tofu? En cambio yo te amé desde que te vi, ¡en un instante! –trueno los dedos y ella me observa incrédula-. ¡Así fue para mi, así de definitiva y certera fuiste! ¡Y cuando despertaste me dijiste que habías escuchado todo!

-¡Y tú te encargaste de hacerme dudar hasta creer que me lo había imaginado todo! –ahora si, grita, fuera de sí, y sé que tiene razón, lo se tan bien que el dolor en mi pecho ya no es por la herida, sino por lo cobarde y ciego que he sido para permitir que llegáramos a esto.

-¡Sí, sí lo hice! ¡Porque estaba aterrorizado, Akane, petrificado! ¡¿Por qué no me dijiste que me amabas cuando despertaste en mis brazos?! ¿Por qué siempre, siempre la maldita duda?! ¡Me heriste, Akane, me heriste en el alma, en el orgullo!

-¡El orgullo es lo único que te importa!

-¡Ya basta! ¡Sabes bien que eso no es cierto! –yo también estaba gritando, y sin darme cuenta me había puesto de pie. Un rayo de dolor me cruzó el cuerpo, pero me mantuve firme en todo momento-. ¿Qué no he sido tu sombra desde que puse un pie en tu casa? ¿No he sido tu perro guardián en todo momento? ¿Qué no puse tu vida antes que la de cualquier otra persona? ¡Tu vida siempre por delante, delante de la mía, de la de cualquier otra! ¿Qué ya se te olvidó que dejé pasar oportunidades de ser un hombre completo sólo para que tú estuvieras bien? ¡Tú, siempre tú! ¡Tú eres mi corazón, eres mi sangre, mi espíritu! ¿No lo hice? ¿Lo imaginé? ¡¿Estoy loco?! –y con la pausa respiré agitado. El golpe de emociones, gritos y adrenalina consumió demasiada energía. Pero me mantuve en pie.

-Pero todo lo demás…

-Lo demás eran niñerías, no teníamos nada mas de qué preocuparnos, era todo nuestro mundo. Quería encelarte, enfurecerte, lo que fuera que me diera una señal de que sentías lo mismo.

-Siempre he sentido lo mismo.

-Bien, ¡vaya! ¡Ahí lo tienes entonces! ¿O no? Creo que siempre fui más claro que tú ¡porque yo no lo sabía!

-Por favor, Ranma… -sus lágrimas son gruesas y corren por sus mejillas arrebatando la luz de la tarde, y entonces parecen fuego líquido. No lo soporto, no puedo verla llorar, toda mi furia se desvanece en ese instante.

Completamente destrozado por su llanto me acercó a ella, extiendo mis manos para tomar su rostro, limpiar sus lágrimas con besos y palabras de amor, pero me rechaza de nuevo, y me duele.

-No te acerques, Ranma.

-¿Qué pasa? –se me cierra la garganta -. Akane…

-Yo daría mi vida por ti, y antes, cuando todo era normal, habría dado mi vida por verte feliz, realizado, aunque no fuera conmigo. Y sin embargo, una parte de mi lo sabía. Es cierto, todo lo que dices es cierto, yo también tenía miedo y lo siento –su llanto crece, las palabras le salen entrecortadas, me está matando -. Lo siento tanto, tanto. Te amo tanto que me duele, Ranma, tanto que si me rechazabas habría muerto en ese instante. Y casi… -se tapa el rostro con las manos, no entiendo nada, no quiero entender-. Casi desearía que fuera así, que me rechazaras, que no me amaras.

-¿De qué hablas? -¿he sido yo? ¿Esa voz temblorosa es mía?-. Akane, ¿de qué hablas?

Ya no me importa que no quiera que la toque, que tenga una crisis emocional, que esté semidesnuda frente a mi, ¡no me importa! Termino con la distancia entre nosotros, quito de su rostro sus manos y pongo las mías en sus mejillas.

Y está ardiendo.

Me mira suplicante, como si esperara que tuviera una respuesta a todo lo que ha pasado en estos últimos infernales días, como si en mis ojos escondiera la cura para el fin del mundo. Así es como me mira, mientras sus lágrimas calientes me empapan los dedos y yo apenas puedo respirar, apenas puedo reaccionar, y si el dolor de la herida fue mortal, si con cada respiración creí que moría… Ahora… Ahora estoy muerto.

Esto es dolor, el núcleo puro del dolor.

Esto, no lo físico, quisiera que todo se quedara en lo físico. Porque esto no se puede curar, esto no puede sanar.

-Estoy enferma –suelta con un sollozo aun más fuerte, más doloroso, aunque no es necesario ¿cierto? Lo sé-. Estoy enferma, Ranma, como mi hermana, como nuestros padres. Voy a morir.