Hiroshi
Iba por la página treinta de un volumen con siete capítulos y ya quería ir abajo por unos cerillos y prenderle fuego al libro, superficial, los protagonistas siempre guapos, idealista, queriendo vender la idea de que todo es perfecto y al final siempre quedan juntos, le faltaba realismo y muchas cosas más para que fuera una historia apreciable para todo público, me dieron ñañaras pensando en las mujeres que leían esas cosas, pero todo fuera por el Sensei, salteándome textos de los diálogos, podía terminarlo en menos de una hora y ya iba a la mitad cuando empezó la parte más perturbadora.
Me avergoncé de la escena de beso que vi y tiré el libro en la cama como si fuera de procedencia pagana, en un mal sentido, sin embargo debía ser maduro y no dejar que algo tan bobo me afectara, había besado a Handa, pero ver un ejemplo aunque fuera un dibujo, hacía de mi estómago un mar agitado.
Me armé de valor y las páginas de papel volvieron a mis manos, los besos eran pasables y fui pasando los dedos por las hojas con tinta, no fueron muchas páginas hasta que encontré lo que no debería estar viendo, no era muy diferente a la pornografía con buena historia y más considerando que quien la sostenía tenía en mente hacer algo muy parecido.
Aparte de vergüenza lo vi con un poco de curiosidad e interés, pero mucha más pena ajena. Como si fuera a hacer eso, ¿era posible? Me imaginé al de cabello negro tomando el peor lugar desde mi punto de vista, a él le quedaría mejor, es mucho más lindo que este servidor y le quedaría mejor el papel de indefenso.
Suspiré soñador, parecía una fantasía tan buena, a tal grado que pensar mucho en ella me generó un problema, nada que hormonas adolecentes no pudieran excusar, no me cohibía con el asunto, todo lo contrario, era tan natural que lo podía hacer ahí mismo en mi cama, sin embargo, eso no me hizo olvidar cerrar las cortinas y la puerta para que nadie llegara a mirar por accidente.
Era más fácil desde que me permitía soñar con el Sensei, sí, ya lo había hecho antes e igual que antes, venía más rápido que de costumbre, sin mencionar que mi travesura de antes, lo de noches anteriores en que pude ser yo quien lo tocara, me daba material para imaginar de sobra.
Tenía la caja de pañuelos a un lado, estiré la mano y tomé uno, el resto era cosa predecible.
...
¿Y si...?, la idea me venía persiguiendo desde que leí el 'libro' planteando las semillas del morbo y la intriga. En verdad se sentiría tan bien como ahí lo parecía.
"¿Hiroshi?" Estaba tan centrado en mis cavilaciones que olvidé a la persona que me hacía compañía "¿Estás bien?, has estado distraído todo este rato"
Comía una paleta de hielo con el Sensei, porque hacía un calor insoportable, sentados en el umbral de una de las puertas, no se podía estar adentro de la casa y no morir.
"Sensei, eh estado pensando" Y como si mis palabras fueran de la suerte, me fijé en que comía y como lo comía, causándome una pena no mayor de diez segundos "Ya leí la historia" Le di una mordida a la pequeña paleta.
"No me gustó" Mencionó casual.
"¡¿Y entonces por qué lo leí yo?!" Me exalté, fue una tortura tener que terminarlo. Dejé que lo negativo se fuera con un suspiro y continué con el tema "¿Vio las últimas páginas?"
"No, únicamente las ojeé" Podía notarlo, de lo contrario estaría peor que yo.
De tanto pensarlo, eso me llevó a querer hacerlo. De reojo vi al Sensei descansando con la paleta en la boca, recargado con los brazos apoyados detrás de él, completamente relajado y tranquilo, lo envidiaba por eso, quería venganza.
"Quizás..." La idea ponzoñosa surgió en mi mente "Aprendí una cosa"
"¿Qué?"
"No sé si quiera decírtelo" Lento, le quité el dulce helado de la boca.
"Hiroshi, ¿qué haces?"
"Nada en particular" ¿Era bueno seduciendo?, quien sabe, iba a averiguarlo.
Le di un beso mientras lamía sus labios diciéndole que estaban dulces, se erizó y un poco forzado como siempre trató de regresarme el beso, hasta acostumbrarse y después dejarse llevar, cuando lo hacía, la verdad disfrutaba como sus labios acariciaban los míos y hasta me sentía feliz, pero no podía embelesarme por mucho tiempo con eso.
El hielo que seguía en mi mano, lo pasé por su cuello, asegurándome de tocar varios centímetros de piel, claro que dio un respingo.
"¡E-Espera!" Interrumpió el beso "¡Eso está frío!"
"Lógicamente" Solté una risita a la vez que me inclinaba sobre él, acercándome a su cuello.
Era la primera vez que hacía algo así y no por menos estaba emocionado, en cuanto comencé a lamerlo, el Sensei empezó a retorcerse y querer empujarme, pero eso era porque le gustaba.
"¡Hiroshi!" A mí también me gustaba, el sabor de Handa, los sonidos que hacía, prácticamente estaba sobre su cuerpo, eso también se sentía muy bien, me estaba excitando, pero más de la cuenta "¡Detente!" No podía parar, sentía como el gusto por lo que hacía llegaba hasta mi entrepierna "¡Esto da cosquillas!, jaja" ¿Qué?, la confusión más que sus ruegos por detenerme, funcionaron para alejarme, lo miré y estaba riendo, él no se estimuló ni una milésima, sólo le dio cosquillas.
Una sombra de sonrojo hizo mi rostro arder y traté de ocultarlo bajo el flequillo, que vergüenza, yo tenía una erección y el lágrimas de la risa, me separé y senté donde había estado en un principio, tratando de esconder lo que había bajo mi pantalón.
"Ehh ¿Hiroshi...?" No le hice caso y como ni siquiera lo miré no podía estar preparado para lo que hizo, sus dedos acariciaron mi cuello poniendo de punta los cabellos de mi nuca.
"¡Qué haces!" Me cubrí y dejando de ocultarme tras mi cabello, debió darse cuenta que tan rojo me encontraba.
"Yo..." Sus dedos seguían en el aire, indecisos como si no supiera si debía retirarlos, entonces comenzó también a ponerse rojo "Sólo quise..." Bajó la mano. Agaché la mirada y musité.
"A mí no me dan cosquillas" ¿Entonces por qué...? Mantuvimos silencio hasta que me aventuré a hablar "Tengo que irme" Me puse de pie de tal forma que no pudiera verme.
"Pero acabas de llegar" ¿No quería que me fuera? Se puso de pie también y tomó mi mano, parecía que no.
Observé su reacción y ambos reconocimos lo extraño que fue.
"Es que..." ¿Serle sincero o mentir? "Tengo que ir a hacer mi tarea" ¿Qué?, no pude decir cosa más tonta.
"¿En serio?" Puso cara de que daba pena mi mentira "¿De qué es tu tarea?"
"Emmm..." No se me ocurrió nada.
"Está bien" Su pequeña sonrisa no me convencía "¿Vas a venir a cenar?" Ahora tenía culpabilidad.
"Sensei" Pronuncié en voz baja "Présteme su mano"
"¿Mi mano?" La alzó y la tomé de la muñeca procurando que mantuviera la palma extendida, de esa forma la conduje para que tocara el bulto entre mis piernas y supiera por que trataba de huir.
Poco le faltó para gritar y antes de que lo hiciera lo solté y di un paso hacia atrás, no sé de dónde vino, pero crucé un antebrazo sobre el estómago como si me ayudara.
"No quería que lo supiera, pero..." Entrecerré más los ojos "Tampoco quería irme dejando un malentendido" No esperaba nada, tal vez no sabía qué esperar, la mano acariciando mi cabeza fue una sorpresa.
"Hiroshi tú..." No terminó de hablar.
"¡Sensei!" No era una, sino varias voces femeninas que se acercaban, mi salida estaba bloqueada, no tuve de otra que entrar a la casa y esconderme en el cuarto donde el calígrafo guardaba sus trabajos. Sobre mi problema inicial, ese encontró solución con el susto que recibí.
Una o dos horas después casi me estaba durmiendo, aunque ese casi era un hecho, apenas era consciente de los pasos que escuché acercarse.
"Hiroshi, ya se fueron" Era la voz del adulto y algo meciéndome.
"Qué bueno..." Pero no tenía ganas de levantarme, tenía sueño.
"Hey, no puedes dormirte aquí" Intentó levantarme y en eso yo me abracé a él, inesperadamente resultaba ser muy cómodo "Hid..."
...
Desperté, no estaba en ninguna cama, futon o el suelo, sino en algo mucho más cálido y suave, no lo noté hasta que vi la ropa azul, cayendo en cuenta que estaba recargado en el Sensei y entre sus brazos, me sorprendí y avergoncé, no pude controlarlo, estaba tan cerca de su cuello que podía olerlo, la punta de mi nariz acariciaba una de sus clavículas.
"¿Ya despertaste?" Me asusté unos instantes al escuchar su voz.
"No quise..." Me levanté de encima, debió ser muy molesto aguantar mi peso "No me di cuenta que me dormí"
"Está bien" Escapé de su sonrisa apartando la mirada, eso sólo lo hacía más embarazoso "Te veías lindo durmiendo y no quise despertarte"
"No soy lindo" Susurré.
"Justo como un niño" Sabía que estaba jugando, pero eso no cambió que me gustara el beso en la frente que recibí.
Sin embargo, esperaba algo más que estaba seguro no recibiría sin un poco de persistencia, apresurado y prematuro, pero quemaba en mí un deseo por hacerlo.
Sin esperar por alguna otra cosa, busqué sus labios para besar, los que no me negó, parte del problema fue cuando quise profundizar eso, tal parecía que su lengua era un sitio sensible, porque tan sólo con comenzar a acariciarla, el Sensei comenzó a temblar, presioné y presioné con lo mismo, disfrutando de la suficiencia cuando noté los resultados de mi insistencia, el Sensei estaba muy excitado y avergonzado.
"Sensei, ¿puedo?" Acaricié su entrepierna con suavidad.
Su falta de respuesta la tomé como un sí, pero no sería sólo él quien lo disfrutara, de alguna forma me senté para que nuestros estómagos quedaran frente a frente y mientras seguía con los besos, mis manos bajaron la tela que se interponía entre los dos.
Era la primera vez que veía al Sensei, aunque tuviera que hacerlo por las esquinas de los ojos, no estaba mal, nada mal.
No necesité pedírselo para darme cuenta que comenzaba a mover la cadera, el placer lo había nublado y a mí también.
Como detalle más insignificante, me sentía cómodo y pleno, una sensación tan agradable como adictiva, mejor que un abrazo o besos en la mejilla.
Quería venir, con la mano que no usaba para masturbarnos al mismo tiempo, tenía firmemente sujeta su nuca, manteniéndolo cerca de mí, como quería que permaneciera siempre.
La delicia del orgasmo, lo tomó a él primero antes que a mí, su gemido en mi oído casi me deja sordo, pero también me excitó lo suficiente para alcanzar el clímax, lo pegajoso de mi mano también se extendió a nuestras ropas y un poco del suelo.
Quería limpiarlo, pero... El Sensei me empujó clavándome en el suelo con las muñecas a un lado de la cabeza y comenzó a llenar mi cuello con besos y caricias de sus labios.
¿Para qué hablar?, no quería arruinar el momento con algo inapropiado, no por grosero, sino que simplemente no, ¿yo quería esto?, ¿lo quería?
¿Desde cuándo Handa era así?, más llevadero por la corriente y menos tímido, quizás era como alguna de esas veces que hace o dice algo sin pensarlo y luego se arrepiente, bueno, él se arrepentiría, pero yo lo habría disfrutado mucho, ¿eso no es como aprovecharme?
Separó más mis piernas para comodidad mutua y por mis cada vez más cercanas esperanzas de hacer el amor con el Sensei, trillado, bastante, podía sacarle provecho a la idea.
Hubo una pausa para quitarme el pantalón y la ropa interior, pasó eso que me temía, la duda aclaró en su cerebro, tenía que hacer algo.
"Sensei..." Metí dos dedos en mi boca para cubrirlos con salva o según yo eso era lo que había visto, esos mismos dedos los llevé cerca de la apertura entre mis piernas "¿Qué está esperando?" No tenía todo el día, lo demandaba y trataba de convencerlo poniendo una sonrisa pícara.
Yo también era hombre y si me estuvieran ofreciendo algo así, caería redondito en la trampa.
Me callé cuando finalmente sucedió, ¿en qué pensaba?, Dios santo, ¿por qué alguien querría esto?, mordí mi labio mientras contenía el dolor junto con las lágrimas, no podía llamarlo la peor experiencia, pero se acercaba, era más grande de lo que creí y más largo, se adentraba bastante profundo dentro de mí.
Entonces comenzó a mover la cadera, empeorando todo, que más quería decirle que se detuviera, pero el orgullo podía más sobre todo, finalmente conseguí lo que quería, no lo desperdiciaría.
"Sensei" Lo busqué, lo abracé, era mi consuelo, pero el malinterpreto todo, comenzó a besar mi cuello y mis labios, a diferencia de mí lo disfrutaba, ¿cómo podía quitarle eso?
...
"¿Hiroshi?" ¿Eh?, ¿todavía no terminaba?
Mi cerebro procesó todo tratando de hallarle una explicación, ¿me quedé dormido?
"¿Sensei? Tuve un mal sueño" Toqué mi cabeza quejándome del recuerdo "Nunca creí que tener sexo doliera tanto" Había desviado mi atención unos segundos, qué era esa cara que ponía... ¿y mi pantalón? Puse la misma cara del Sensei, no se trataba de ningún sueño.
"No pensé que fuera tan malo" Ya estaba en su esquina lamentándose.
"No es su culpa" Hallé mi ropa interior "Fue mía, no estaba bien preparado" Aunque no sabía cómo arreglar eso. Por detrás llegué hasta donde estaba él, arrodillándome para poder abrazarlo y darle un beso en la mejilla "La próxima vez saldrá bien" Recalqué 'la próxima' porque no tenía intenciones de rendirme todavía "¿Puedo tomar una ducha aquí?"
"Claro" Handa todavía se avergonzaba "No quieres..."
"¿Un baño juntos?" Asintió "Sí, pero no. Necesitó un poco de privacidad" No iba a decirle, necesito limpiar lo que dejaste en mí. Tuve que soportar verlo desilusionado, quizás creía que ahora era un mal amante.
Debía darme prisa y hacer que me gustara el sexo.
...
Muy bien, todos en la isla me conocían, no había tal cosa como internet rápido o personas no entrometidas que no se metieran en tu vida, me conformé con libros simples que no abrieran sospechas sacados de la biblioteca de la escuela y material simple para actividades didácticas, no podía ir a la tienda y pedir condones o un lubricante, tenía crema de manos, eso debía servir, pero había un problema más importante que todos los otros, la escases de privacidad.
"¡¿Qué no puedo tener privacidad?!" Exigí una de las veces.
"Mientras vivas con alguien más, por supuesto que no" No le busqué más fuego al carbón.
El momento llegó, casi cuando estaba por darme por vencido, ninguna alma rondaba por la casa excepto la mía, para mi sorpresa eso me emocionaba. Esperé quince minutos después de que se fueron para subir a mi habitación y cerrar la puerta con seguro.
Comencé quitándome la playera, sin embargo me detuve ahí, me hallaba nervioso por lo que estaba a punto de hacer y por un momento me congelé, era espeluznante de alguna manera, respirar profundo y con calma fue de gran ayuda.
Busqué crema aunque aceite me parecía mejor idea y me acosté en la cama, deshaciéndome ahí del pantalón, no le había dicho nada al Sensei, después de todo era una sorpresa.
Sorpresa fue la que me llevé yo, notando lo fácil que pasaban mis dedos una vez recubiertos y no dolía, para nada, pero era extraño y muy vergonzoso.
No había mucho que pudiera considerarse importante, tampoco entendí qué era eso que podía hacer del sexo anal algo interesante, no lo creí un total fracaso, porque por lo menos supe de qué forma podía hacerlo menos doloroso.
...
Con toda la intención fui a la casa del Sensei y todo el camino hasta tocar a la puerta, se sintió como caminar en un desierto, poco me faltaba para tener delirios por tener la cabeza tan caliente, era como una quemadura bajo el sol.
A quien buscaba me abrió la puerta, pero a quien no quería ver, se asomó desde un lado, eso era lo que no quería, compañía, tenía la esperanza de que ese niño fanboy del calígrafo, estuviera lejos, muy lejos de Handa, para poder pasar un tiempo en caridad de pareja.
Muy en el fondo tenía celos de ese niño, se notaba que admiraba y respetaba a la persona que tenía en frente, mucho más que yo e incluso sabía más cosas de la vida del adulto de las que yo sabía, como podía llamar a eso mas que celos.
Como la gran mayoría del tiempo, me resigné y bajé el humo de mi cabeza, no era como si no pudiera disfrutar de la vida.
Ese día más tarde que pronto, el niño tuvo que irse, pero para mi mala suerte yo también.
"Hiroshi" Me detuvo antes de irme, pero antes de hacer cualquier otra cosa, sacó la cabeza para afuera de la casa, asegurándose de que el otro invitado ya se hubiera ido "Perdona, no sabía que ibas a venir a visitarme, si me hubieras dicho..." Lo interrumpí.
"Está bien, ¿no sería raro que ignoraras a esas personas que vinieron desde tan lejos sólo a verte?" Sonríe con franqueza. No era tan egoísta "Buenas noches" Le di un casto beso.
¿Eh?, no podía alejarme, era su mano detrás de mi nuca manteniéndome con amabilidad en el mismo lugar, ¿qué no era tímido?, ¿entonces por qué era él quien insistió en el beso?, ¡ah!, a quien demonios le importaba, envolví mis brazos alrededor de su cuello e hice más cómodo el beso, no era muy buena idea estar haciéndolo frente a la puerta, pero no fue algo que me importara de momento.
Compartimos un beso que fue más allá de una despedida, bastante caluroso a causa mía que quería tratar una vez más de tener sexo como se debía.
"¿Hiroshi?" Habló entre el beso, sin embargo le costó que yo me detuviera, sus labios se sentían tan bien y su lengua también, me temblaban las rodillas "No creo que debamos..." Se había tardado en poner un pero de por medio.
"¿Qué?" Bajé los brazos y empecé a acariciar su espalda con lentitud.
"Frente a la puerta..." La cerré y aproveché la interrupción.
"¿Sensei?" Lo miré a los ojos "Podemos tratar..." No era buen momento para que me invadiera la pena "Si quieres podemos... podemos..." Dios, respiré hondo y cerré los ojos para escupirlo de una vez "¡Quiero volver a hacer el amor contigo!" El silencio reinó tanto que terminé abriendo los ojos para saber que sucedía.
Handa agachaba la cabeza y ocultaba su expresión, su rostro usualmente pálido por el sobreesfuerzo, se cubrió de un rojo cereza, no tan sorpresivo a decir verdad.
"N-No estoy seguro de que sea buena idea" ¿Lo decía por qué no era buen momento o por lo de la otra vez? "N-No soy tan bueno..." Lo sujeté de los hombros antes de que se consumiera en ideas erróneas.
"¡Eres bueno!" Lo corregí y la convicción se escuchó en mis palabras "Yo..." En esa parte entraba la duda "...quiero que lo disfrutes" Y si se podía yo de paso.
"Hiroshi" ¿De dónde sacaba la calma?, simplemente asombroso los momentos que su semblante podía adquirir expresión tan seria, además de saber que hacer "Yo también quiero lo mismo, no seas tan egoísta" ¿Egoísta? Acarició mi mejilla "No sé si lo recuerdas, pero estabas llorando" Uso el dorso de su mano para contornear la silueta de mi pómulo que se ruborizaba bajo su toque "No sé qué tanto te lastimé Hiroshi"
"No me last..." Presionó mis labios con su dedo.
"Perdóname..." No debía disculparse, para que eso no sucediera me precipité a besarlo.
"Por favor Sensei" Sonó más a una súplica, quería una segunda oportunidad.
Lo meditó, es sus ojos pude notar que lo consideraba seriamente, necesité presionarlo todavía más.
"Por favor" Podía ser persuasivo, la poca distancia entre ambos resultaba muy útil.
De alguna forma lo conseguí y caminé hasta su baño antes de darme cuenta que cosa había hecho, recargado contra la puerta cerrada mi alma quería abandonar mi cuerpo y ¿ahora qué?, estaba más nervioso que nunca.
Qué tanto tiempo debió haber pasado como para que me asustara escuchar la voz que me llamaba desde afuera, preguntado si estaba bien.
¡Agg!, no había peor cosa, como pude, la verdad no sé cómo, pero bajé mi pantalón y me preparé a mí mismo y eso que se suponía ya venía listo, el pánico me jugó la peor broma de mi vida.
"¿Sensei?" Abrí con precaución la puerta y al no ver a nadie salí, pero no di más de tres pasos antes de topármelo recargado contra una pared cruzado de brazos.
Me asustó y yo lo asusté a él, la química entre los dos no podía ser más torpe.
"Ehhh..." No sabía que decir el adulto "Hiroshi..." Adquirí coraje y pude dejar de temblar, tomé su brazo y lo llevé hasta un cuarto.
Ahí comencé a besarlo y después del shock inicial, pudo seguir mi ritmo y corresponder, beso tras beso todo se fue haciendo más caliente y la ropa comenzó a estorbar.
Pese a lo pasional y lo intenso, me asombraba el cuidado con que me tocaba...
"¿Qué...?" Mientras acariciaba su espalda desnuda, la inusual textura de unas líneas llamó mi atención "¿Qué es esto?" Traté de levantarme, aunque tuve que alejarlo y pude sentarme, sobre su hombro miré su espalda, eran unos rasguños que querían borrarse, pero por lo pálido de su piel, seguían siendo nítidos surcos de tres a cada lado de los omoplatos "¿Sensei?" ¿Yo se lo hice?
"Por eso decía que sería mejor si no te forzara a hacerlo" Su sonrisa no me convencía.
"¿Quién me está forzando?" Le demostraría lo contrario.
Empujé su pecho para que se acostara, de esa forma era más sencillo deslizar la prenda por sus piernas, ignoré la exclamación de susto y desconcierto, no creía mejor manera de contradecir su pensamiento, su expresión cuando también me deshice de mi pantalón me pareció tan graciosa que olvidé todo lo relacionado a la vergüenza, incluso sentado en su estómago la motivación no me dejó perder de vista mi objetivo, sin embargo le di tiempo para asimilarlo y a mí de pensar como seguir.
"Sensei, tiene un buen cuerpo" Me costó contener la risa, su reacción era bastante graciosa.
Pero lo que decía lo hacía con franqueza, las puntas de mis dedos tocaron su pecho, el adulto era guapo a mi parecer y el día que fuimos a la playa llevaba una playera blanca encima, apenas en ese momento me enteraba del tesoro que se hallaba entre mis manos, delgado, pero en buena forma, no era frágil como parecía a primera vista ni era nada que pudiera relacionarlo con la delicadeza femenina.
Sin esperarlo sus manos se posaron en mi cadera, haciéndome dejar de estar embelesado en su cuerpo.
"Tú no eres la excepción" Sus palabras me hicieron enrojecer, no lo negaba, pero no esperaba escucharlo de él.
La atmosfera dejó de ser tensa y fue más fácil para mí atreverme a levantar la cadera y acomodarme sobre su erección, ¿qué más fácil?, a último segundo me congelé.
"Sensei..." Tenía miedo aunque no sabía a qué, ¿no podía lamentarme más de mí mismo?
"¿Estás bien Hiroshi?" Se sentó, teniendo el suficiente cuidado para no moverme mucho.
"Sí, no pasa nada" Aunque la verdad era que no lo sabía, si ya había pasado lo más difícil o me esperaba más de lo mismo. ¡Eso no importaba!, debía ser hombre y soportarlo.
El cuerpo de mi amante estando cerca de mí, pude abrazarlo y encontrar un lugar que me proporcionara seguridad, eso tal vez lo hizo más sencillo para mi inocente trasero y pude sentarme como debía sobre su regazo, definitivamente no dolía, la punta de su erección y varios centímetros se deslizaron fácilmente mientras ambos gemíamos casi al unísono, era caliente y bastante más grande de lo que recordaba, tanto que terminé jadeando por lo lleno que me sentía.
"¡Handa!" Exclamé su nombre a un volumen razonable ¿Doler?, bueno a decir verdad era tolerable "No vayas a moverte" Le supliqué quizás apretando un poco más su cuello, minutos pasaron y dejó de ser molesto, era más como un lejano recuerdo, una fracción de lo que fue, pude abrir los parpados con calma, lagrimosos y tal vez rojizos, y alejarme lo suficiente para ver su expresión, una tranquila y que reflejaba paciencia mesclada con afecto, era una experiencia reconfortante, esos atributos lo hacían ver mil veces mejor que a como lucía en su día a día, por poco y la sangre caliente en mi rostro, me hervía vivo.
"¿Mejor?" Asentí incapaz de producir palabras coherentes, su mano fue muy dulce al tocar mi rostro y sus labios igualmente cariñosos dándome besos en la mejilla, el mentón y la comisura de los labios en ese orden. No podría volver a verlo de la misma forma en que lo hacía.
El fuego entre ambos se reavivó con las carisias y volvía a tener una erección que se había ido por culpa de la incomodidad.
"¡Es...Espera!" Me quejé cuando trató de mover su cadera.
"No puedo" A decir verdad yo estaba siendo muy poco cooperativo.
Contra mi ruego el Sensei meció su cadera, sus besos que intentaban compensarlo no eran tan efectivos como creía, lo que funcionó más bien fue su mano envolviendo mi propia excitación.
Su forma de tocarme, de sostenerme, de abrazarme, incluso de hacerme sentir, ¿había sido así la primera vez?, más importante, ¿en serio el adulto era casi un virgen?, no, no podía creerlo.
"¡Ah!" ¿Qué fue eso?, no me dio tiempo de pensarlo "Sen... ¡Ngg!" Me estremecí, el extraño placer fue tan repentino como intenso.
Después de algunas otras descargas de esa misma euforia, pude darme cuenta de que era lo que hacía, de que se sentía bien estar haciendo el amor con Handa.
"¡Sensei!" Sentado así no progresaría mucho, la gravedad fue mi aliado para llevar al mayor conmigo en contra del suelo, encima y entre mis piernas podría hacerlo mejor, el giro inesperado parecía haberlo confundió "Sensei... hágalo más fuerte" Pedí en voz baja, viejo cliché pero bastante cierto, necesitaba más de ese cosquilleo cerca de mi estómago.
Cayó en una trampa de araña más rápido de lo que pude imaginar, con tan sólo decir eso y mi cintura levantada un poco más del ras del suelo, junto con todo mi cuerpo, convulsionaba de placer, casi debí dejarlo sordo con los sonidos que no podía contener mi boca, perdí la noción de todo, las fuertes sacudidas, debieron menear mi cerebro también.
...
"Sensei" Yo estaba enojado, él inclinado pidiéndome perdón casi de rodillas.
Me dolía la espalda y la cadera, como si alguien hubiera caminado sobre mí, el trato que me dio no era el de ningún delicado amante, ese se terminó en cuanto le pedí un poco más de vehemencia, supongo que también era mi culpa, claro que podía perdonarlo, pero el dolor era tan ciego que se me hacía un poco difícil hasta que no desapareciera.
Por otro lado, estaba siendo muy atento conmigo que no podía moverme muy bien, me quedé a dormir en su casa, ya inventaría después una excusa para explicar mi ausencia, pero mientras tanto disfrutaría del desayuno que preparó Handa para mí.
"Voy a hablar con tus padres y decirles por qué te quedaste aquí" Estábamos comiendo y casi hizo que escupiera lo que llevaba en la boca, pero en vez de eso, simplemente me atragante "¡Hiroshi!" Buen susto que le di.
Después de que el espanto pasó, los dos podíamos respirar con tranquilidad y yo decirle lo siguiente.
"¿Estás loco?" Tuvo una cara de niño regañado.
"¿Por qué?" Suspiré.
"Agradezco el gesto y todo" No pude evitar bajar la mirada y no poder verlo de frente "Aquí la gente es amable y todo, sin embargo no quiero meterlo en ningún problema" Era lindo que quisiera habla con mis padres y decirles que salíamos, pero no esperaba que tomaran la situación con toda tranquilidad "Lo más probable es que te empiecen a considerar un pervertido" Eso era en el mejor de los escenarios.
"¿Eh?, yo hablaba de decirles que te quedaste ayudándome con algo y estabas muy cansado, por eso te invité a quedarte y no habías ido a tu casa" ¡Huh!, no esperaba nada perfecto, pero eso era más evasivo de lo que imaginé.
Quizás me vio con esa expresión de desilusión que creó haber puesto.
"Pero no tengo ningún problema con hacerlo público" Sonrió y despeinó mi cabello, entonces no estaba triste, sino ruborizado.
"¿Ni a su familia?" De un segundo a otro se puso blanco como papel "¿Sensei?" No estaba reaccionando "¡Sensei!" Ya era algo grave.
Pero que tonto.
FIN
