¡Hola!

Me han gustado mucho los reviews, no los voy a aburrir, así que lean.

Ojala les guste mucho y disfruten.


Y esas palabras lo consternaron, porque sabía que tenían que ver con Sakura. Sabía que Mihara-san no le habría dicho por qué a su amigo, así que la única manera era preguntándole a la misma Sakura.

No podía esperar al otro día.

Pero tampoco podía ir a su casa y obligarla a recibirlo y a contestarle. Sabía que había algo detrás, y lo mejor era, definitivamente mirar todo el panorama.

Bajó del árbol y encontró su celular así que decididamente llamó a Daidoji.

-Hola, ¿Daidoji?

-Hola, desafortunadamente no soy Tomoyo-saludó con diversión el joven inglés.-Pero aun así creo que puedo ayudarte en algo.

-Dile a Daidoji que la llamé- espetó, sin importarle lo anterior. No estaba de humor para tratar con un estúpido que jugaba a ser un dios.

-Si alguien se lleva a Sakura, Tomoyo se pondrá como loca y empezará a buscarla en todas partes, llamará al papá y al hermano de Sakura y armará un gran revuelo.

Pero ¿qué rayos? MALDITO YAMASAKI

-y no, no fue Yamasaki. Simplemente, escuché tu plan. Creo que otra persona también lo hizo y pensó algo diferente. En todo caso, planea mejor las cosas porque quizá yo también decida crear otro plan. Good night Shaoran.

Ahora si lo iba a matar e importaba muy poco si lo metían a la cárcel.

-¿Con quién hablabas?-preguntó su sonriente amigo asomando la cabeza. Se imaginó que ya le había dado de comer a Ryu.

Ahora que lo veía bien, Yamasaki siempre se había comportado como un buen amigo, el tipo de amigo que te trae comida mientras estas asquerosamente ebrio, como Ryu.

Empezó a subir los peldaños de la escalera- Llamé a Daidoji, quería saber por Sakura.

Su amigo mostro una cara de sorpresa- Es raro que seas tan explícito.

-Lo hago porque necesito que me digas qué escuchaste cuando estabas con ella-espetó serio, sentándose finalmente, con sus piernas largas en ese lugar algo estrecho ahora. Su rostro mostraba el ceño característico de la familia Li, en efecto de su padre.

-Bien, bien-repuso alegre a la par que sostenía su ramen y vigilaba que el trigueño se comiera el suyo- Esta tarde cuando salí con Chiharu me encontré con Tomoyo y Eriol en el cine, después vi a Sakura con otros chicos peli blancos

-¿Peli blancos? De qué hablas Saki-exclamó el exborracho ahora escuchando con atención. Una cosa que le quitará la borrachera a Ryu: Ramen y una buena conversación.

-¿Eran altos y muy parecidos entre ellos?-preguntó el castaño con su rostro mas serio. Así que ellos aún seguían en Tomoeda. Había entendido que estaban en vacaciones y que se quedarían poco.

-Si, si, y se les veía muy bien con Sakura-chan-dijo y después comió una tanda de ramen- Dejaron a Sakura con nosotros y se fueron. Luego fuimos a tomar unas malteadas…ah, Eriol invitó a Tomoyo y a Sakura

-Bastardo

-Y luego las llevo a casa.

-¿Por qué carajos Mihara te dijo que me odiaba?-preguntó impaciente. Yamasaki tenía una forma muy extraña de hacer las preguntas, y aunque fuera su amigo quería pegarle un puño.

-Porque en la otra mesa estaban Lila-chan y sus amiguitas Shao- repuso ahora algo serio.-Y no sé, las chicas empezaron a portarse raro. Estaban más calladas y Sakura chan también.

-¿No será por qué se van?-interrumpió Ryu

-¿Quiénes se van?

-Naoko va a Inglaterra a estudiar literatura, Tomoyo a Francia a estudiar diseño, Rika va a la universidad de tokyo a estudiar una licenciatura, Chiharu va a la universidad de Osaka a estudiar periodismo y Sakura, pues Sakura va con Rika. Debe ser eso, por lo que sé, Naoko se va el mes que viene.

Y se hizo un silencio en el que solo una persona no entendía lo que pasaba, y era la que acababa de narrarlo todo.

Shaoran miró a su amigo mirar por la ventana con aspecto nostálgico. Apenas notaba sus ojos rojos. El cabrón había llorado. Pero otro problema quedaba con Sakura, porque dudaba mucho que fuera sólo por eso que estuviera así.

Todo era una mierda total, ¿cuándo las cosas habían llegado a ese punto?

Pero lo primero era su amigo, y para ser sincero, no sabía como empezar, así que decidió hacer lo que le quedaba mejor.

-Vamos a comprar más cerveza, algo de vodka y nada de ácidos.-sentenció

-Ya los deje

-También vamos a necesitar mucha más comida-afirmó mirando a su amigo, que aún tenía la sonrisa en su rostro, sin entender nada.

-Pero..no lo entiendo, ¿por qué vamos a comprar más?

-Ryu, ¿tienes el carro abajo cierto?

-Si

-Bien, Yamasaki trae al ebrio, nos vamos.

El muy estúpido no le había confiado el hecho de que su amor de la primaria, la secundaria y la preparatoria estaba a punto de irse de su lado, quizá para siempre.

El peli negro se hizo en el puesto del copiloto, el rubio se desparramo en los puestos de atrás y el castaño empezó a manejar. Las calles le parecían lejanas, sin ruido, sin la emoción de correr para salvar a su amigo de unas peleas, de ir a los bares a beberse la última gota de alcohol o simplemente de salir juntos a escuchar música.

¿Ese era el final? Si lo era, tenía que disfrutarlo.

Compraron el licor donde siempre, el señor Fabio, un guatemalteco grande, fornido, agraciado y divertido siempre los atendía, sonriendo porque pensaba que los japoneses eran unos maricones que no bebían alcohol ni tenían diversión. Vaya que se equivocaba con esos jóvenes que llevaban más de cinco pacas de cerveza, dos de las más fuertes, y también algunas botellas de ron, vodka e inclusive Whiskey.

-¿No está muy temprano?-preguntó la esposa del señor Fabio, una mujer preciosa de piel clara que alguna vez Ryu intentó conquistar

-Seguro es el imbécil del rubio el que los manda- afirmó con rencor el señor. No habían olvidado la paliza que le habían dado a su amigo.

-Es nuestra última noche antes de terminar el instituto- afirmó el castaño, y antes de pagar e irse, se despidió formalmente de ellos, era posible que no los volviera a ver. Yamasaki repitió el acto.

Ya afuera del local, solo quedaba ir un poco más al centro del pueblo para conseguir la mejor comida del mundo.

-Creo que te estás gastando una millonada en mi- dijo Ryu, asomándose al frente, ahora con un intento de sonrisa.

Su amigo estaba mejorando.

-Creo que tengo con qué- afirmo egocéntrico, ganándose un codazo de su amigo. Lo cual le causaba gracia, porque su amigo, era casi tan rico como él.

Al llegar al centro de Tomoeda, surcado por un parque grande con puestos de comida rápida en él, decidieron bajarse los tres, el copiloto como el otro pasajero con cerveza en mano.

Saludaron a los señores que se sentaban cerca de dos faroles a jugar ajedrez. Eran señores mayores que alguna vez los habían regañado por corretear por ahí. Al otro lado estaban algunas parejas de adultos mayores que alguna vez les habían pellizcado los cachetes de la ternura. También los saludaron.

Todo eso quizá se quedaría atrás algún día. Se quedaría en su memoria, después de todo, vivir en Tomoeda no había sido tan mierda, o al menos, con esos dos y con Sakura en su vida.

Entraron al restaurante por fin, era uno familiar y los platos que servían combinaban lo tradicional con la comida rápida.

Pero no pudo dar un paso más. Sentada en una silla estaba la razón por la que se había decidido a enfrentar a los miembros de su familia. Estaba de espalda y con el cabello suelto.

Camino junto a sus amigos, e iba a dejar de mirarla cuando la mirada afable e inquisidora de la mamá de Sakura lo miró.

-Oh, ¡Shaoran-kun!-llamó la mujer y supo que su corazón, su traicionero corazón, empezó a latir mucho más rápido.

-Aquí está el dinero- dijo a Yamasaki a la par que caminaba erguido a la mesa en la que lo llamaban. Observo a cada persona que posiblemente, haría parte de su familia en un futuro, solo si Kami-sama y los dioses se compadecía.

El señor kinomoto era igual de grande a su padre, solo que de una complexión más delgada y de una mirada más amable. Siempre lo había tratado con cariño y se esmeraba en informarlo sobre la arqueología. A pesar de tener el dinero que tenía, el señor siempre vestía formal y a la vez humilde y no podía negar que era eso lo que más le llamaba la atención de ese hombre.

Kinomoto, o Touya era otro caso. Era alto, más trigueño que todos los de la mesa y muy fornido. Era fuerte, apático, al menos con él, y era un fastidio en el culo. Observó que lo miraba con más rabia de la normal y supo por qué era.

Una corazonada le decía que iba a morir pronto.

Luego estaba la señora Kinomoto. Una señora que siempre parecía de veinte años cuando la veía. Era muy hermosa y de unos ojos verdes muy vivaces, sobre todo ahora. Siempre vestía un poco elegante, pero a la vez simple, y sabía por qué era eso. Su abuelo era millonario y la había educado.

Claro que sabía todo eso y más de cada miembro de esa familia porque la miembro principal se lo había contado. La persona que no se había volteado ante su presencia.

-Buenas noches-saludó cordial, recordándose mantener sereno y utilizar una máscara para no demostrar el mal estado en el que se encontraba desde hace unas semanas.

-Ya no son buenas…Auch, madre- dijo el mayor y la escena le pareció divertida. Kinomoto era al menos el triple de grande que la mujer, y aún así, quién guardaba el poder era ella.

-Shaoran, hace mucho no te veía- saludo la mujer sonriente- No has venido mucho a casa, y estos dos ya se están engordando porque no has venido por los postres. –Otra cosa, la señora Kinomoto o Nadeshiko como quería que la llamara, amaba cocinar para su familia y los que quería, por eso siempre hacia postres los miércoles y viernes. Debido a que ya no acompañaba a Sakura a su casa, había dejado de comerlos.

Pero no podía revelar por qué, que era justo lo que ella preguntaba.

-Lo siento mucho, he estado muy ocupado últimamente-aseguró inclusive con una puta sonrisa.

No era que le cayera mal la familia de Sakura, a excepción de Touya, todos le caían bien, pero…

-Me sorprendió no verte en la salida que hicieron los chicos el fin de semana pasado- así que por eso el imbécil de Yamasaki no había respondido a sus llamadas, se había ido con sus amigos.-El joven Eriol nos dijo que estabas un poco indispuesto.

Así que el imbécil hablaba cordialmente con ellos y les había dicho eso. Bien, si él quería cubrir a Sakura, entonces él no lo iba a hacer. Era jodidamente sincero.

-Pues señor Fujitaka creo que eso es mentira- ajá, por fin una respuesta de Sakura. Por fin podía sentir sus ojos encima- No estuve indispuesto y tampoco fui invitado a la salida.

Quería quitar la cara de satisfacción del hermano de Sakura, pero no podía.

De lado, observó que sus amigos ya habían pagado todo y cargaban consigo grandes toneladas de comida. Al ver esto, y con gran habilidad, la señora Kinomoto decidió cambiar la conversación- ¿Se van a comer todo eso ustedes?

-Si señora Nadeshiko- respondió por él el rubio, que ya se había acercado con Yamasaki, quién en el momento saludaba a la familia. Ryu era siempre tan confianzudo- Los invitaríamos, pero ustedes ya van a comer y la preciosa Sakura no nos invitó a la salida así que por eso tampoco la invitamos.

Vaya forma de ser de ese canalla.

-En fin, yo…nosotros, tenemos que irnos- afirmó ahora viendo la cara de diversión de la señora Kinomoto en contraste con la de Touya- que tengan buen provecho.

Y se despidió formalmente, de todos, menos de cierta castaña.

Él también se estaba hartando.

Al salir del restaurante su amigo gritó a pleno pulmón- ¡AHHH!-asustando a sus dos amigos, para después contagiarlos con unas sonrisas.

-Eso salió muy extraño, pero supe que la familia de Kinomoto viene de gente del Egipto, del espacio así que está bien- irrumpió el peli negro con sus extrañas historias.

-Creo que un día de estos Touya te va a cortar al muchacho- sentenció Ryu- Sakura estuvo tensa todo el momento.

-Y lo va a estar más mañana

-Te refieres a…Auch ¡otra vez no!

-Me refiero- recompuso el castaño, empezando a manejar- a que no se va a escapar de mí y a que va a tener que decirme todo lo que le ha pasado.

-No quisiera ser Sakura mañana, ni cuando alguna vez vayan a tener… ¡YA! me calmo, me calmo-espetó risueño el rubio mientras sacaba otra cerveza.

Se detuvieron en la casa de Yamasaki. Sus papás se habían ido a visitar al hermano de Yamasaki, en Osaka así que tenían la casa entera para ellos tres.

La casa era humilde, muy acogedora y bonita.

-Yayy desearía que mi casa fuera así, desde afuera uno ya se siente bien- dijo Ryu y Shaoran entendía. Ryu era un poco, el típico chico ricachón rebelde que nunca quisieron en su casa.

-¿Qué haces?-y ya iba a saber. Porque su amigo había hundido la contestadora y salía de ella la voz algo más madura de Mihara, saludándolo y exigiéndole por no haberla llamado más de noche.

No pudieron dejar de reír en toda la noche por eso.

Cerca de las tres de la mañana ya habían acabado cuatro pacas de cerveza, dos vodkas y un ron. Se podría decir que habían estado peor. Era el tercer plato que estaban comiendo también.

-Me aceptaron en la universidad de Osaka- dijo el risueño, ahora más risueño. A la par que se atragantaba por lo rápido que comía.

-Me lo imaginaba, no estás tan mal como el imbécil de Ryu- afirmó el castaño con una vocalización lenta.

-Eres un completo bastardo Shaoran Li- Y mostraba que la estaba pasando mal, aplastando algunas latas que habían por ahí.

-No te vas a rendir cojonudo

-Tienes que estar con Naoko, Rika me dijo que tu le gustabas ayer y …

-¿QUÉ?- y en medio de su borrachera una campana de razón lo invadió. De alguna manera pudo treparse al sofá para caer sobre su amigo.-maldita sea cúando lo dijo?

-déjalo respirar Ryu- ordenó el castaño tirándole una lata en la cabeza.

-Ayer, Rika…se preocupo por Naoko… y..

-Joder, que lo dejes respirar- y le tiro otra lata. El rubio, en medio de su emoción, dejo de ahorcarlo.

-Me dijo que te había estado llamando desde ayer y que quería verte hoy pero como no estabas…

-Mi celular- se dijo buscándolo en su cuerpo- mierda, lo deje tirado. Jefe, dame el tuyo- y era tanta la emoción que no parecía nada borracho.

Con gusto le pasó su celular, quería verlo haciendo el ridículo.

Pero el tipo se fue a otra habitación y por los dioses, que sabía que no se podía parar. Hablo un poco con Yamasaki, apostaron para tomar y al final terminaron tomando los dos. Después de casi una hora, un radiante Ryu salió de la habitación para abrazar, de una manera nada varonil, a ambos chicos.

-Escúpelo…

-Jojojo un caballero no revela esas cosas…Auch medijoquesiemprelehabiagustado…

-Más lento-exigió

-Rika-chan me dijo que yo le gustaba a Naoko-dijo ahora tirándose en el piso con una sonrisa en la cara.

-Pero se va en un mes.

Si, él era un auténtico imbécil y el proyectil de una botella se lo expuso.

-Voy a hacer todo, lo posible y lo imposible, para estar con ella.-repuso serio, como solo él podía hacerlo.

-Que así sea- dijo su amigo y Shaoran no pudo más que reír. Sus dos mejores amigos eran unos imbéciles, y los quería, pero en estos momentos los necesitaba igual de arrastrados que él.

-Yo sigo mal, así que cállate- espetó a la vez que abría una botella de ron y del pico tomaba un trago.

Ryu, sin quitar de su rostro una sonrisa, se acomodó boca arriba en el piso y lo vio acompañar el ron con la cerveza.

-¿Es por Sakura?

-No sólo por eso- dijo mientras se recostaba en el sofá- no sé, es todo. Todo va a cambiar y ...

-Awww shao nos va a extrañar- exclamó el rubio emocionado, recibiendo después otra lata de cerveza

- y ¿a quién vas a golpear cuando Ryu no esté?

-Siempre puedo viajar y golpearlo

-Jodidos ricos

Y después de otra apuesta, dónde se terminaron otras dos botellas y otra paca entera, de terminar riéndose como estúpidos de sus peores momentos y de comerse después de un tiempo lo restante de la comida, cayeron dormidos.

El otro día iba a ser un día de mierda.