Si te detienes a pensar, el tiempo se escurre entre los dedos, como el agua….
Muy poco queda de ese gran amor de adolescentes que sentíamos el uno por el otro, quizás porque el tiempo todo lo desgasta y lo lleva al olvido.
Nuestras fotos de casamiento están tan viejas como nuestro amor.
A veces uno tiene la ilusión de remontar un amor que ha perdido hasta las ganas de querer volar.
A esta altura de mi vida prefiero dejar que todo fluya, que siga su curso, que sea lo que ha de ser.
Nada… La misma nada. Como asomarse al borde del precipicio para mirar y sentir esa sensación que no hay nada.
Con Jake nos conocemos desde adolescentes. Fuimos grandes amigos, nos contábamos todo.
Sabía mi amor altruista hacia Edward, supongo que eso también influyó en nuestro amor.
A veces quiero encontrar una razón o explicación sobre mi vida.
¿En qué momento me equivoqué? Aún no la tengo.
Último año de preparatoria, Alice organizaba la fiesta de fin de año…
FLASHBACK DE BELLA
— ¡Alice! No quiero bailar —mis pies no daban más y mi cuerpo tampoco.
—No… no… esta noche es solo para bailar y enamorarse, Bells —saltaba a mi alrededor como embrujada.
—Hola Bella, ¡ven a bailar! —sin titubear una mano tomó la mía y me arrastró a la otra punta de la casa.
—Hola Jake, ¿qué intentas? —lo miré entre risueña y sorprendida
—Nada, solo trato de salvarte de las garras de Alice… —carcajeamos juntos.
Bien sabía que esas no eran las intenciones de Jacob. Siempre enamorado de mí, a pesar de que mi corazón le pertenecía a otro hombre que amaba en silencio.
Y eso a él no le importaba.
Mi corazón latía con solo escuchar su nombre y me respiración hacía un alto cuando Edward Cullen estaba cerca mío.
Esa noche bailé toda la noche con Jake, mientras Edward tomaba algo y cada tanto su mirada se posaba en mí, muy al pasar, un claro signo de que apenas existía para el, solo era una más en la fiesta de su hermana.
Nuestras realidades intelectuales estaban bien definidas. Él finalizaba la preparatoria y viajaría a la gran cuidad para estudiar medicina y mi vida era tan incierta; aún no me habían aceptado en ninguna universidad.
Era una locura pensar que podía fijarse en mí.
Esa noche debía ser especial.
Por meses soñé, una y otra vez, la misma imagen. Edward me tomaba de la mano, salíamos al jardín, me besaba con ternura y pasábamos la noche juntos.
—Salgamos al jardín, Bells —me dijo Jake. Solo asentí con la cabeza.
Mi amor hacia Edward era tan inmenso que por momentos el dolor que provocaba su indiferencia me desgarraba el alma. Y Jacobo sería el premio consuelo.
¿En qué estaba pensando en ese momento? Era como caminar hacia la boca del lobo… podría haber evitado ese momento y hoy no estaría atravesando la vida que mal escogí.
— ¡Anda Bella! Camina tomada de mi mano —. No me gustaba el tono que usaba, mas que sugerir parecía una orden.
¡Qué estúpida…! Caminaba como atraída por una dulce melodía, mis pies seguían a ese hombre que me daba seguridad, con su mano fuerte mientras sujetaba la mía.
Me sentía una frágil oveja que se encaminaba hacia su sacrificio…
Jake me llevó hacia una gran pérgola en medio del jardín, me apoyó contra unos pilares y me clavó sus ojos negros, su mano tocó mi rostro y se fue acercando lentamente, muy lentamente…
Mi corazón galopaba, sentía como si quisiera escaparse. Podía sentir su respiración sobre mi rostro y su aliento, mezcla a tabaco y alcohol…
Mis párpados se cerraron y él lo tomó como una autorización para apoyar sus labios sobre los míos.
Su lengua saboreo mi boca aún cerrada, mi corazón decía que no y mi cabeza me recordaba que para Edward no significaba nada.
Lentamente su lengua venció mi resistencia y mi cuerpo no escuchaba mi corazón que pedía a gritos huir de ese lugar y correr a los brazos de Edward .
Mi corazón perdió. Mi cuerpo se estremeció entre sus brazos y su boca.
Mi cabeza gozaba su triunfo.
Ese fue el principio de un gran amor, seguida por una gran agonía…
Que padezco hasta el día hoy.
