Al día siguiente, ya ninguna sonreía ahora, todas tenían caras tristes y hablaban con cierta tristeza.
—Hay cosas que debo decirle a Applejack y a los que estaban con ella.— les dijo Gilda a sus entrenadoras.
—¿Irás a la casa donde están desde que vinieron?.— le preguntó Trixie.
—Sí, y por favor, acompáñenme, pero antes hablaré algunas cosas con ustedes.
Hablaron y más tarde se fueron de su casa a la de ellos.
—Por lo menos supimos que aquí estuvieron quedándose.— dijo Gilda sin cambiar su ánimo triste.
Lo siguiente que pasó, fue que todos estaban en el gimnasio frente a ellas tres escuchando a Gilda.
—Ahora que me derrotaste, lo cual reconocemos con toda sinceridad, disposición y voluntad, todas vemos lo mal que estuvimos con ser tan confiadas de sobremanera. Fuimos unas verdaderas tontas al confiarnos de esa manera en mi inexistente victoria. Eso pudo contribuir a mi derrota, pues confiarse en esa manera siempre será malo para toda clase de persona, confiarse en forma excesiva como lo hicimos nosotras lleva a equivocarse, ése fue nuestro peor error. Quisiera haber aprendido esa lección antes, no porque me hubiera evitado el error y por ende la perdición, sino porque es una lección que todo ser viviente en el mundo debe conocer antes de volverse confiado como nosotras. Era una lección que desconocimos por toda nuestra vida hasta que me derrotaste, desearíamos haberla conocido antes de volvernos así de tontas, me atrevo a decirlo. Hablamos sobre si reconoceríamos esas cosas, como mi derrota, tras lo cual quedamos de acuerdo en que debíamos ser valientes y reconocerlo. Estábamos cegadas por nuestro exceso de confianza, pero no somos negligentes. Hemos aprendido nuestra lección y nunca cometeremos el mismo error de nuevo. También, por voluntad dejaré para siempre las bebidas energéticas, puede que uno recupere sus fuerzas bebiendo una o dos, pero la verdadera fuerza no viene sólo de los ejercicios y la acumulación de músculos, sino del corazón, algo que ahora entendemos perfectamente y desearíamos haber entendido hace mucho.— dijo Gilda con voz triste, expresión triste en su voz y mostrando de forma igualitaria por las tres en todo momento el arrepentimiento y aprendizaje.
—Respecto a eso, Gilda, hay algo que quiero decirles por todos.— dijo Applejack con voz tranquila y con la misma expresión tranquila que todos tienen también.
Les dijo todo lo que hablaron de ellas el día anterior a la pelea.
—Todos tenían razón, jamás lo habríamos entendido hasta vivir nosotras mismas la derrota. En este caso, sucedió lo poco cotidiano, nos dimos cuenta por nosotras mismas, mi derrota fue lo que ayudó a que nos diéramos cuenta. Por lo que puedo ver, parece que el destino se alió contigo para enseñarnos esa lección, sobretodo a mí. ¿Opinarías algo respecto a esa idea de la ayuda del destino?.— le pidió Gilda su honesta opinión mostrando que aceptará la que sea que Applejack pueda tener.
—Estoy un poco más dudosa, pero igualmente tengo cierta credulidad en que así pudo ser verdaderamente.— le dio su opinión con toda honestidad.
—¿Alguno de ustedes piensa algo al respecto?.— les pidió Gilda su opinión a todos los numerosos amigos de Applejack.
—Estoy como Applejack.— dijo Twilight con tranquilidad y honestidad igualitaria.
—También yo.— dijeron todos unísonamente sin hablar por los otros y diciendo con voces y caras tranquilas sin sonrisas.
—Applejack, ¿me tienes algún resentimiento por esa mala personalidad mía?.— le preguntó pidiéndole de esa manera que siguiera siendo honesta al hablarle.
—No, nunca estuve resentida, sino amargada, porque su forma de ser nos amargaba a todos, pero ya no me siento así. Si dependiera de mí, digo que a las tres las perdono de su mala forma de ser.— les dijo con la honestidad que Gilda quería.
—¿En serio nos perdonarías?.
—Sí, totalmente en serio.
Le dirigía la sonrisa más sincera que tenía, algo que las hizo sonreír lentamente.
—Gracias.— le agradeció Gilda con sus entrenadoras.
Dirigieron la mirada a los otros.
—¿Alguno más nos perdonaría si la decisión dependiera de ustedes?.— les preguntó Gilda hablando todavía con voz triste y mostrando una sonrisa con ceño triste.
—Sí.— dijeron todos sonriéndoles tranquilamente a las tres.
Spike y Dinky Doo se acercaron a Gilda y le abrazaron los brazos.
—Gracias a todos, y a ustedes dos, gracias por abrazarme.— les agradeció con tranquilidad y dejando a los dos que la abrazaran.
—De nada.— dijeron ellos contentos también.
Fueron con Sunset y la abrazaron de los brazos también, lo mismo con Trixie, con sonrisas verdaderas todo el tiempo.
—Gracias, pequeñitos.— les agradecieron las dos.
—Por otra parte, nos corresponde la decisión de perdonar o no perdonar por la amargura que nos producían por su actitud.— dijo Applejack con voz tranquila.
Las tres dejaron de sonreír.
—Por eso no nos perdonarían, ¿o sí?.— preguntó Gilda.
—Yo sí.— dijo Applejack sin dejar de sonreír.
—Yo también.— dijo Spike sonriendo.
—Yo también.— dijo Dinky sonriendo también.
—También yo.— dijeron todos con sinceridad y sonriendo como ellos tres.
—Oh, gracias.— dijeron las tres.
—Applejack, sin palabras u oraciones indirectas, ¿me permitirías abrazarte?.— le preguntó Gilda sin sonreír.
La respuesta de ella es inmediata.
—Sí.— fue su respuesta sincera.
—Después de ella, ¿puedo abrazarte también?.— le preguntó Trixie sin sonreír y todavía hablando con voz triste.
—¿Y yo puedo?.— le preguntó Sunset con la misma cara y el mismo tono.
—Claro, todas pueden.— dijo Applejack con felicidad.
Los dos pequeños volvieron con los otros, ellas tres volvieron a sonreír con miradas tristes y una por una la abrazaron.
—Las felicito por cambiar su manera de ser.— dijo Applejack con sinceridad irreversible.
—Eso no es lo único que cambió en mí, también cambió mi manera de pensar sobre las boxeadoras como tú que no entrenan como yo. Juro de corazón y espíritu que ya no pienso ni volveré a pensar con ningún negativismo sobre nadie, así como valoro que se entrene como entreno yo, valoro tu propia manera de entrenar y la de todas las que entrenan como tú, incluyendo las maneras que usaba tu abuela cuando boxeaba.— dijo Gilda con total sinceridad.
—Juro lo mismo.— dijeron sus entrenadoras.
—Las felicito, y aunque no lo hubieran jurado, igualmente las perdono.— dijo Applejack sin cambiar su honesta sinceridad por nada más.
—¿Lo dices por nuestro arrepentimiento y nuestro juramento?.— preguntó Gilda manteniéndose hablando con tristeza desanimada y sin ninguna emoción feliz.
—No, lo digo porque aunque alguien más me hiciera sentirme como me sentí por su causa, igualmente tendría la voluntad sincera de perdonarlo.— dijo con una sonrisa y manteniendo su voz feliz y tranquila.
—Ah, bien. ¿Hay algo más que uses para entrenar y pelear aparte de la fuerza?.
—Sí, no uso solamente la fuerza, uso el corazón.
—Entonces eso debo hacer, porque en el caso de lo físico, solamente usaba la fuerza, no ponía mi corazón para eso, porque por ser como era, ni siquiera pensé jamás en usar mi corazón.
—Y a Sunset y yo tampoco se nos ocurrió, entonces jamás le dijimos eso.— dijo Trixie con la misma voz triste y manteniendo la sonrisa.
—¿Puedo reconciliarme contigo?.— le preguntó Gilda.
—Ya lo hiciste, Gili.— le dijo Applejack cariñosamente.
—Ah, bien, y gracias por llamarme así.
—De nada. ¿Te importa si te llamo así o si alguno de los otros quisiera llamarte así?.
—No, está bien que lo hagan.
Applejack la abrazó y Gilda también, al mismo tiempo que le acariciaba la nuca.
—Te quiero, amiga.— dijo Applejack con felicidad, una voz más feliz igualmente tranquila y una sonrisa igualmente verdadera como ha sido desde que comenzó a sonreír durante esta conversación.
—¿Somos amigas?.
—Sí, y si quieres, puedes llamarme de otra manera que se te ocurra.— le permitió sinceramente.
—Se me ocurre llamarte "Jackie".
—De acuerdo.— asumió como parte suya su nuevo diminutivo.
Se soltaron y fue a abrazar a Trixie.
—Tú, ven.— llamó a Sunset.
Sunset vino y también la abrazó.
—A las dos también las quiero como amigas.— les dijo no pudiendo ser más sincera por ya serlo al cien por ciento.
Ambas la abrazaron.
—Gracias, Jackie.— dijeron ambas.
—¿Podemos también llamarte así?.— le preguntó Trixie petitoriamente.
—Sí.— dijo con voz tranquila y con su sonrisa que ya no cambiaba.
Siguieron abrazadas por cuatro segundos y se soltaron.
—¿Cuándo volverán a Ponyville?.— preguntó Gilda.
—Mañana, más tarde iré a comprar boletos para volver.— dijo Applejack.
—¿Sabes?, quiero pedirte que nos dejes ir con ustedes, porque hay algo más que ahora te diré y que también quiero decirle a tu abuela.— dijo Gilda.
—¿Sabes que mi abuela ya murió y se quedó con nosotros?.
—Sí, lo sabemos porque eso se hizo noticia pública aquí cuando lo dieron a conocer en Ponyville. Ahora te diré lo que quiero decirte.
Dejaron de sonreír y le dijo lo que dijo el último día antes de la pelea, cuando estaban en su camerino y entre las pausas de las rondas.
—Lo siento, Jackie.— le dijo con voz triste de nuevo y así mostrando su arrepentimiento y la culpa que sentía.
Imprevistamente, Applejack la abrazó de nuevo.
—Está bien, Gili, te perdono.— la perdonó mostrando comprensión total.
Gilda cerró los ojos y la abrazó suavemente.
—Gracias. ¿Tu abuela me perdonaría?.— le preguntó sin sonreír y queriendo que así fuera.
—Sí, ella siempre fue como soy yo, ella también es comprensiva y perdona cuando hay que hacerlo.— le dijo con sinceridad y una sonrisa que no se borró a pesar de lo que Gilda y sus entrenadoras dijeron esos días.
—Ah, que bien. Y si tú me lo permites, yo misma compraré los boletos de tren para todos con mi propio dinero, si es que aceptaras que ésa sea una manera pequeña de compensarte por todo lo que dije y la amargura que les causé.— fue una petición sincera.
—Claro, hazlo si quieres.— aceptó comprensivamente.
—Gracias. ¿Podemos conocerlos a todos?.
—Claro.
Miró a sus amigos.
—Todos, formen fila uno al lado de otro.— les dijo Applejack con voz contenta y tranquila.
Obedecieron en el acto.
—De este lado a su izquierda vayan diciéndome sus nombres uno por uno. ¿Cuál es su nombre?.— le preguntó Gilda primero a un corcel.
—"Time Turner".— le dijo con una sonrisa y una voz feliz ahora que Gilda era diferentemente buena y pidió perdón por todo lo de esos días.
—"Derpy Hooves".
—"Dinky Doo".
—"Spike".
—"Twilight Sparkle".
—"Rainbow Dash".
—"Rarity".
—"Fluttershy".
—"Pinkie Pie".
—"Big Macintosh".
—"Apple Bloom".— dijo la última con voz contenta y una tranquila sonrisa como todos.
—¿Me conocen sólo a mí?.
—En persona sí, pero también conocemos los nombres de tus entrenadoras, porque busqué información sobre ti y en ella decía los nombres de las tres. Las dos, dígannos quién es quién por favor.— pidió Twilight con amabilidad.
—"Sunset Shimmer".
—"Trixie Lulamoon".— dijeron ambas con voces más tranquilas aunque todavía no sonreían.
—Applejack, ¿tienen pensado a qué hora irse?.— preguntó Gilda.
—Sí, a las diez de la noche para llegar a las doce del día siguiente.— respondió su amiga con cariño.
—¿A qué hora voy a comprar los boletos?.
—A la hora que tú quieras.— le dijo con una sonrisa ahora imborrable.
El día pasó hasta que Gilda fue a las cuatro de la tarde a comprar los boletos, pero volvió con una noticia más.
—Ya tengo los boletos de todos, pero allá me dijeron que el próximo tren a Ponyville estará listo para pasado mañana.— dijo Gilda con su sonrisa ya restaurada de hace horas, aunque todavía seguía con su mirada triste.
—Ah, bueno.— fue todo lo que dijo Applejack con voz tranquila y sin borrarse esa sonrisa amorosa.
