La amistad de todos mejoró y creció al paso de las horas hasta que llegó el momento de irse. Fueron todos a Ponyville y juntos fueron al encuentro.
—¡Abuela Smith, ¿estás por aquí?!.— llamó con voz feliz y una sonrisa a su abuela.
Pasaron dos segundos hasta que todos oyeron una voz decir "Hola, Applejack, aquí estoy". De pronto la vieron delante de ella, siendo tan visible como si siguiera viva, entonces Applejack sacó el cinturón de su saco y se lo enseñó.
—Abuelita, gané la pelea, así que soy la campeona mundial, pero eso no es todo, traje a mi adversaria y sus entrenadoras, las cuales ahora son amigas de todos nosotros. Ellas supieron que sigues aquí porque la noticia también se conoció en Manehattan y ahora vinieron porque hay algo que ella quiere decirte.
Se hizo a un lado y miró a Gilda, quien tenía una cara triste.
—Adelante, Gili.— le dijo con la misma voz tranquila y feliz con que le habló a la abuela.
Las tres se acercaron con paso lento con Gilda al medio de Sunset y Trixie.
—Buen día, señora Smith, mi nombre es "Gilda", fui la adversaria de su nieta en la pelea. Estas dos yeguas son mis entrenadoras, la de mi derecha es Sunset Shimmer y la otra es Trixie Lulamoon.— comenzó Gilda a hablar con voz entristecida por el arrepentimiento que todavía sentía por lo que dijo.
—Buen día, señora.— la saludó Sunset con cara y voz triste.
—Hola, señora.— saludó Trixie de la misma forma.
—Hay algo por lo que quiero confesarme con usted. Mi cara triste no es por miedo a una represalia, porque sé que usted es comprensiva como su nieta, pues ella misma nos lo dijo. Mi cara triste es por el arrepentimiento que siento por cosas que dije sobre ella y usted.
—Adelante, bonita.— le dio la palabra la abuela de su ex adversaria.
Le confesó todo lo que quería.
—Por último, me queda decirle "Lo siento mucho, le juro que nunca más diré nada así sobre usted, su nieta ni nadie más en toda Equestria". Usted me perdona, ¿verdad?.— preguntó con la misma voz y cara tristes que no cambió en ningún momento.
La abuela caminó hacia ella y la abrazó.
—Sí, tierna niña, todo está perdonado.— le dijo con sinceridad, voz tranquila y una sonrisa con los ojos cerrados.
Gilda sonrió de nuevo al sentirse tan bien por el amor que la abuela le hacía sentir, se sentía tan bien, tan contenta y consolada, que la abrazó también, hasta Sunset y Trixie sentían ese amor siéndoles entregado también, por lo cual también sonrieron.
—Muchas gracias, esto es ahora lo mejor que me ha pasado, llenó mi vida entera, más y mejor que todos los cincuenta triunfos que tuve hasta que su nieta me derrotó.— dijo Gilda con sinceridad y sonriendo también.
Se separaron.
—Con su bella nieta aprendí las mejores lecciones de vida que alguien pudo enseñarme. A valorar a los demás por ser quiénes son y no sólo por sus logros, a no menospreciarlos sólo porque no tengan tantos éxitos y triunfos ni porque no entrenen como yo, aceptarlos sin importar nada, darles mi amistad y respeto, no causar amargura con mis presunciones inaguantables, no dejarme cegar por la idea de que tengo justificación para actuar de la mala manera en que actuaba, pues nunca tuve ninguna verdadera razón, y por último, dar felicidad a la gente de mi alrededor siendo siempre la buena persona que siempre debí seguir siendo. Su nieta nos dio su amistad, algo totalmente mejor que mis triunfos y el título de campeona. Le estamos agradecidas a su nieta por hacernos cambiar nuestra manera de ser y pensar, junto con eso, le agradecemos que nos perdonara por toda la amargura que le hacíamos sentir por ser así y le agradecemos por darnos su amistad. Tener amigos se siente totalmente mejor que la admiración, el entrenamiento, los triunfos y ser campeona, algo que yo nunca entendí ni porque vivo con Sunset y Trixie. Ninguna aprendió nada de eso hasta el día en que perdí, pero hablo más por mí porque al ser la boxeadora, soy la que menos hubiera aprendido lo que aprendí, en ellas veo como más posible que alguna vez hubieran cambiado, aunque fuese demasiado difícil y por tanto pudiera tomarles muchos años. Todas lo aprendimos, pero eso va más conmigo, así que soy la que mejor aprendió y entendió.— dijo todo con sinceridad, una sonrisa con mirada triste y una voz débilmente feliz.
—Te felicito, pequeña, y felicito a las dos también.— la abuela fue sincera y siguió hablando con felicidad y una sonrisa linda.
—Y gracias a usted por el amor que me hizo sentir que me daba.— agradeció Gilda con la misma sinceridad con que se confesó ese día con Applejack y los otros.
—Gracias por hacérmelo sentir y dármelo también.— agradecieron Sunset y Trixie con sonrisas, miradas tristes y voces débilmente felices.
—De nada, lindas niñas.
—Nosotras éramos como Gilda, con nuestra forma de ser y pensar amargamos a su nieta y a todos sus amigos. Jamás nos dimos cuenta de lo equivocadas que estábamos con ser cómo éramos. ¿También nos perdonaría?.— le preguntó Sunset.
—Sí, hermositas, todos sus errores les son perdonados.— dijo la abuela con la misma honesta sinceridad que su nieta.
—Gracias.— agradecieron Sunset y Trixie unísonamente.
—Decidí voluntariamente dejar para siempre las bebidas energéticas, y en palabras que le dije a su nieta, puede que uno recupere sus fuerzas bebiendo una o dos, pero la verdadera fuerza no viene sólo de los ejercicios y la acumulación de músculos, sino del corazón, algo que ahora entendemos perfectamente y desearíamos haber entendido hace mucho.— fue verdad por ser lo mismo que le dijo a Applejack.
—Bueno, lo importante es que se dieron cuenta aunque ya fuese tarde y aunque vale mucho más temprano que tarde y nunca.— dijo la abuela con voz tranquila y manteniendo su sonrisa con que miraba a Gilda.
—Sí, al menos nos dimos cuenta. Llevo un año completo boxeando desde el doce de Noviembre del año pasado, pero nos damos cuenta después de un año, porque por no haber perdido antes, fuimos incapaces de ver por nosotras mismas nuestros errores, así que mi derrota fue una especie de ayuda para darnos cuenta. ¿Usted podría ser tan gentil de aceptar ser nuestra amiga?.— le preguntó petitoriamente con sinceridad.
—Sí, con mucho gusto.
—Muchas gracias.— agradecieron las tres juntas.
—¿Por qué Applejack te llamó "Gili"?.— preguntó tranquilamente.
—Porque ella decidió llamarme así y aceptó que yo le llame "Jackie".
Le explicó cómo empezó el uso de los diminutivos.
—Cuando ya estábamos en nuestra casa, Trixie usó conmigo una magia sanadora que al día siguiente, Applejack me dijo que usted ya conocía y que ella conoció porque usted se lo habló antes de su muerte. Inmediatamente después de eso, comenzamos a hablar algunas cosas que al otro día le hablé a Applejack. Lo primero fue que cuando comenzó por primera vez a golpear mi estómago en la primera ronda, me lo golpeaba con mucha dureza, más de la que nunca nadie usó antes para golpearme ahí. Luego Sunset y Trixie me dijeron que en el momento en que empecé a golpearle su estómago a Applejack durante la primera ronda, estaban asombradas en gran manera por la resistencia que veían que ella tenía ante esos golpes, yo no lo noté en ese momento, sino cuando me lo mencionaron, y también me asombré cuando me lo dijeron, porque nunca vimos que una adversaria tuviera tanta resistencia para esos golpes. Muy poco después de los golpes en su estómago, procedí a golpear su cabeza unas pocas veces hasta que la derribé, pero se levantó antes de que el árbitro empezara a contar. Vino a mí con una mirada de bestia furiosa que sólo había visto en un pequeño total de cinco adversarias, así que ella es la sexta que vi que posee esa mirada. Arremetió contra mi cabeza con una fuerza desconocida tanto para mí como para Sunset y Trixie, pues ninguna sabía que una boxeadora con menos de veinte peleas pudiera tener tal fuerza y de esa forma parecía que ella llevaba muchas más peleas. Cuando lo hablamos en la casa esa noche, de inmediato nos dimos cuenta de lo mucho que subestimamos a nuestras adversarias y que también fue un error no cuidarme de encontrar boxeadoras con esa fuerza, porque jamás me cuidaba ni cuando peleaban contra mí por mi título y ni siquiera porque enfrentaba a boxeadoras tan fuertes como yo a medida que avanzaba de nivel con cada pelea. Ya aprendimos de ese error aunque es cierto que debí haberme dado cuenta antes de cometerlo, porque eso influyó en que Applejack me derrotara, no solamente que supuestamente el destino se alió con ella para que me derrotara y de esa manera yo aprendiera esas lecciones.— dijo Gilda con voz débilmente feliz y sonriendo todavía.
—Fundamentaste verdaderamente bien tus argumentos, en el caso de la alianza del destino con ella, debe ser cierto, a veces el destino se alía con las personas aunque nadie sepa eso con total seguridad. ¿Tienen pensado cuándo tomarían su tren para volver a su ciudad?.— habló la abuela con voz tranquila y sin dejar su sonrisa.
—Sí, cuando veníamos, las tres decidimos que abordaremos a las nueve de la noche de hoy. Lo que es más y que no se me ocurrió decirle a ellos antes, es que si verdaderamente el destino se alió con ella para hacerle más posible derrotarme, agradezco que sucediera así, porque de no haber sucedido, tal vez nadie me habría derrotado y entonces nunca habría aprendido nada de eso, pero si alguien me hubiera derrotado, quién sabe cuánto tiempo habría pasado hasta que llegara ese día. De algo que estoy totalmente segura, es que de haber sido una ayuda del destino, entonces el destino le dio el poder necesario para derrotarme sin tanta dificultad.— terminó de hablar Gilda mostrando junto a sus entrenadoras que las tres aceptaban su derrota.
—Sí, eso puede ser lo más posible.— dijo la abuela feliz.
Desde esos días, las tres fueron amigas de todos ellos. Applejack nunca perdió ninguna pelea en toda su vida, Gilda jamás perdió ninguna otra vez y jamás bebió una sola bebida en toda su vida, jamás pelearon de nuevo entre ellas, su amistad vivió para siempre, ellas fueron eternamente las buenas personas que ahora eran gracias a ellos, todos fueron eternamente amigos de las tres y su amistad, su felicidad y su armonía pacífica reinaron en las vidas de todos por siempre.
FIN
