HOLA ,¿COMO ESTAN MIS LECTORAS FAVORITAS?

NO DEJES DE LEER LA SEGUNDA ENTREGA DE ESTA GENIAL TRILOGIA..."ETERNAMENTE AMADO"

SERÁ PUBLICADA POR ESTE MEDIO ...AL FINALIZAR ...ETERNAMENTE AMADO.

DISCLAIMER

Crepúsculo, Twilight, New Moon, Eclipse, Amanecer, Breaking Dawn así como el resto de títulos y personajes asociados a la serie escrita por Stephenie Meyer,

son propiedad de Stephenie Meyer y asociados.

Este fanfic es un trabajo hecho por una fan(luz de luna), creada con el único propósito de entretener y de dar vida a estos geniales personajes en otro contexto que son de mi invención.

La información o algunos nombres están tomados de los libros editados en español por Alfaguara (Santillana) y por las webs de Stephenie Meyer . Las imágenes e información de la película pertenecen a Summit .

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ETERNAMENTE AMADO

CAPITULO IX

PLAN PERFECTO

JACOBO PROV

Los únicos sonidos que se oían en la habitación eran las gotas de agua que salían de un grifo mal cerrado.

Abrí mis ojos y mis sentidos no hallaban explicación a lo sucedido ni al lugar en que me encontraba.

Atiné a tocar mi rostro aún dolorido por mi estampa contra el pavimento pero el cableado de mi tratamiento intensivo no me permitía realizar ningún movimiento.

Me encontraba solo, mi esposa me había abandonado y mis hijos me imagino que desconocen esta situación.

Me sentía desdichado. Estaba solo, triste y abandonado.

Como la peor lacra de la sociedad.

Tantas mujeres pasaron por mi cuerpo y ahora ninguna cuidaba de él. La desolación invadía mi alma al igual que la silenciosa agonía de mi corazón destrozado.

Si no fuera por su débil latido habría jurado que había fallecido.

Mis ojos oscilaban por toda la habitación, mi estadía en la clínica parecía eterna a pesar de que solo había pasado una noche internado.

–¡Enfermera!–mis pulmones ejecutaron el llamado pegando un alarido. Necesitaba respuestas urgentes.

–Señor Black–ingresó una joven mujer, regordeta de cuerpo macizo y algo rollizo. Diría que muy alejada de las esculturales enfermeritas de mis fantasías sexuales.–¡Como se siente hoy!–me dijo en un tono suave.

–¡No le interesa como me siento!–le dije en un tono muy grosero.–¡Quiero una explicación!¡Ahora!–le grité en su rostro redondo.

–Lo siento señor Black. No soy la indicada.–me respondió con aire desinteresada.

–¡Fuera de mi vista!–la eche de la habitación.

La enfermera salió sin emitir algún sonido.

Ingresó un uniformado. Solo tomó su móvil realizó una llamada, me miró con desprecio y volvió sobre sus pasos.

Cuando lo vi, pensé…¡mierda! tenía custodia.

Un sentimiento de culpa se apoderó de todo mi ser, ¿habría acabado con la vida de Bella?. Cuando me den el alta seguro iría tras las rejas.

La culpa me devastaba por dentro, aunque en mi interior mi corazón deseaba que ella estuviera muerta para que no sea feliz con ese doctorcito de mala fama.

Al final Bella resulto ser igual que el resto.

Las mujeres solo sirven para pasar buenos momentos. Bella paso a ser una más del montón. Con su apariencia suave, inofensiva y sutil, en el primer descuido te dejan por otro y demuestran lo que son–¡una vulgar ramera!–grité desde mis entrañas.

Mis pensamientos me torturaban, la ira se apoderaba de todo mi cuerpo. Debo pensar en un buen plan pensé en mi fuero interno.

–¡Jake !–Me alegro que te sientas mejor.–interrumpió Charlie mi monólogo interno.

–Descuida Charlie estoy listo para ir en busca de Bella para alejarnos de todo lo malo.–le hablé en un tono tranquilo y pausado.

–Jake sabes lo mucho que te aprecio.–me dijo con una media sonrisa–Comprenderás que has traicionado mi confianza intentando arrebatar la vida de mi hija, mi más preciado tesoro.

–Charlie escúchame.–intenté explicarle mis motivos.

–Perdona, pero el único viaje que harás será a una clínica para mentales.–repuso frunciendo el entrecejo y mirándome directo a los ojos continuo hablando.–Cuando tengamos un diagnóstico certero ya veremos que pasará entre tú y mi Bella.

–¿Charlie ella esta aquí?–le pregunté albergando la esperanza que por el accidente compartiéramos el mismo edificio.

–No Jake, gracias a Dios se encuentra bien y protegida.–su voz escondía cierta satisfacción y tranquilidad. Mi cabeza comenzó a alterarse.

–¡Maldito Cullen!–le escupí en su rostro.

–En unos días pasaré a visitarte–me sonrió restando importancia a mi comentario.–Lamento que te encuentras tan solo. Si necesitas algo, pídele al custodio de la entrada.

Extendió su mano tocó mi pie, cerró la puerta y se marchó.

Mis puños se cerraron con fuerza, clavando mis uñas en las palmas de mis manos.

Me latía la frente de la presión que levantaban mis pensamientos de furia. Quería a Cullen entre mis manos y observar como presionaban sobre su cuello hasta dejarlo sin respiración y disfrutar esa hermosa sensación de desesperación que sentiría Bella por ver la escena.

Las horas que permanecí internado las aproveché para trazar una gran estrategia.

–¡Buenas noches!, es hora de su medicina–la enfermera extendió un coctel de medicamentos.

Ni bien la vi entrar a la habitación observé en sus ojos la carencia sexual de esa desconocida mujer, ella sería mi boleto de salida de este lugar. Aún conservaba mi vocabulario seductor y tarde o temprano caería en mis redes. La mire al rostro y respondí a su saludo…

–¡Buenas noches hermosa!– le hable con voz ronca cargada de deseo, sonaba hambriento por esa mujer.

–¿Hermosa?–me preguntó desconcertada.

–Si hermosa.–logré captar su atención. La enfermera se sonrojo y su corazón acelerado provocó un temblor en sus manos. Me sonrió complacida por mis palabras que me autorizaban a emprender mi malévolo plan.

Continuaban pasando las horas …

Le imploré a mi nueva amiga excedida en peso que me hiciera compañía todo el tiempo ya que me sentía mal y no tenía familia. Se compadeció de mí y poco a poco fui ganándome su confianza.

Me sentía un poco mejor aunque mi rostro mostraba algunas marcas de mi accidente. Durante los momentos que me encontraba solo había estudiado los horarios de los relevos de mi custodia personal, tenía un plano de evacuación.

Por suerte me habían retirado todo el cableado de los brazos y respiraba por mis propios medios, sin asistencia mecánica.

Hoy la enfermera tenía la noche libre.

Tan solo habían pasado dos días. Conforme con lo planeado y gracias a la ayuda de la enfermera, al atardecer daría el gran salto a la libertad y saldría en busca de Bella.

Teníamos todo organizado.

Ella se haría pasar por la recepcionista de la clínica y le diría que tiene una llamada al uniformado de la entrada a mi cuarto, oportunidad que yo aprovecharía para escapar por la escalera de incendios hacia el estacionamiento en donde estaría su coche con las llaves en contacto.

Ahí debía esperarla. El plan original sería pasar la noche juntos en un motel alejado de la ciudad y huir juntos ya que seguramente tendría pedido de captura.

Ella desconocía mi verdadero plan, de haberlo sabido no hubiese contado con su incondicional apoyo.

Mi plan resulto mejor de lo esperado a la perfección.

El relevo llego a horario y pasarían algunas horas hasta que noten mi ausencia.

Cuando lleve a cabo mi plan, dejaré su coche abandonado y daré aviso a la policía.

Bajé las escaleras preso de la desesperación. En el estacionamiento se encontraba aparcado el auto.

Salí raudamente hacia la autopista, mis manos aferradas al volante con mis brazos muy estirados por la tensión de la situación.

Poco a poco fui perdiendo el control de mis reflejos para conducir, imaginaba sus sucias manos sobre el cuerpo de Bella, acariciando sus senos y el rostro de ella emanando placer por su toque.

Por momentos se me nublaba la vista por la desesperación de vivir esa escena y pisaba el acelerador a fondo.

Las horas en esa clínica me permitieron pensar minuciosamente todas las posibilidades del lugar en el que estarían escondidos.

Recorrí en mis pensamientos cada frase, cada dirección, cada indicio que me acercara a ellos.

Mi grandiosa memoria y mi sentido agudizado recordaron un comentario inocente, más bien una queja por parte de Alice en la fiesta de graduación. En donde sus hermanos partirían con unas amigas a una cabaña que había heredado su hermano mayor.

Mis instintos y mi sentido de orientación me permitieron dar con el camino y por los pocos datos que recordaba de la descripción del lugar sabía que estarían allí.

Al pasar por el pequeño lago de agua turbia aminoré la marcha, apagué las farolas del coche y conduje con extremo cuidado.

–¡Bingo!–mis puños golpearon el volante con toda mi fuerza.

A lo lejos divisaba una cabaña totalmente iluminada, desde la edificación hasta la orilla del pequeño lago con luces tenues en el suelo, algo así como fanales o potecitos con velas, escondidos entre la vegetación.

Detuve la marcha del auto. Continué a pie varios metros, agazapado entre la vegetación tupida por árboles y plantas silvestres.

Cuando estuve lo bastante cerca de la casa, mis ojos no podían dar crédito a las imágenes que tenía frente a mi nariz.

Mi Bella recostada sobre una manta o algo parecido y sus sucias manos acariciando sus pechos, la carne firme se había adaptado a la forma de esa mano para llenarlas completamente. El placer de su rostro inundaba la atmósfera, un rostro consumido por el deseo. Una expresión en su cara que yo desconocía.

Un sudor frío invadió mi cuerpo, luego estalló el calor en mi interior, si estuviese portando un arma los habría llenado de plomo en ese instante a los dos.

–¡Piensa jake!¡Piensa Jake!–me dije tomándome la cabeza entre mis manos.

Lo mejor sería torturar a su hombre hasta que ella ruegue por la vida de ambos y acabar con los dos y arrojarlos en el auto al lago. Aunque lo ideal sería arrebatarle la vida frente a su nariz así ella sufriría por amor como yo.

La verdad tenía miles de ideas, todas giraban en lo mismo.

Desinflé los neumáticos de su coche y robé las llaves del arranque para que no pudieran seguirme.

–¡Maldita sea!–murmuré. La puerta del coche realizó un chirrido imposible no escuchar.

Decidí salir pitando hacia el lugar en que se encontraba el coche, Edward no tardaría en pisar mis talones.

Debería planificar bien mi próximo movimiento, ellos no deben estar juntos…

Al avanzar unos metros, mi cabeza ladeo hacia atrás. Su mirada se cruzó con la mía.

Me sostuvo la mirada desafiante y letal, indicando que estaba en su territorio y Bella era de su propiedad.

CONTINUARA...

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