El primer niño perdido

capítulo 5: Jack el Destripador.

Hace más de un siglo un hombre existió,

pasó a la historia por sus actos de horror.

Es una leyenda hasta en la actualidad,

él será un misterio hasta el fin de la humanidad.

En aquellos tiempos causó mucho terror,

en especial a cierto tipo de mujeres que no soportó.

Degolladas, destripadas, mutiladas.

Sangre en esas calles de East End.

Su identidad nunca se descubrió

y él sigue libre...

"desde el infierno".

Habían pasado varias horas desde que despertó, y sinceramente no se enteraba de nada. Estaba ese chico, de cabello anaranjado y ojos amarillentos, tenía todas las pintas de ser un vago a juzgar por su ropa. Tenía una capa con capucha color marrón, su ropa era color beige en su mayoría, su camisa y pantalón rasgados, sucios y viejos, tal vez robados o algo así.

Aún no era medio día y Tinkerbell ya estaba más que fastidiada de ese malcriado niño. Había intentado hablarle, por supuesto, varias veces, aunque Tinkerbell sabía que los humanos sólo escuchan campanitas cuando las hadas hablan, al menos Lizzy se esforzaba por entenderla y pronto comenzó a entender gran parte de lo que decía el hada. Pero este niño era por completo diferente, no escuchaba nada, ni siquiera volteaba a mirarla, eso le frustraba mucho.

Si de algo Tinkerbell estaba segura era de que este chico es un criminal. En tan sólo cuestión de unas tres horas ya había robado varias cosas y jugado bromas a los adultos para después salir corriendo. En una de esas, salió de Kensington Gardens para dirigirse a una calle donde había varios puestos de comida y demás. Logró subir hábilmente al techo de una casa, fue corriendo encima de esos edificios con una habilidad sorprendente, Tinkerbell temió que se cayera, bajó con la misma destreza y se acercó sigilosamente a un puesto de manzanas. Se puso la capucha, tomó varias manzanas y las guardó en una bolsa para después escapar sin ser detectado.

Regresó con rapidez al parque, subió a un árbol muy alto, alrededor de ese árbol había varios más con muchas ramas y hojas que lo cubrían a él fácilmente, nadie podría ver que él se ocultaba ahí. Se sentó en una rama y se dispuso a comer sus manzanas robadas.

Tinkerbell estaba muy furiosa, ese chico la llevaba cargando a todas partes. Ella aún se encontraba dentro del frasco, que tenía varios agujeros en la tapa para que entrara el aire, ese chico llevaba atado el frasco a su cinturón que parecía estar hecho con tela marrón oscuro. Por eso Tinkerbell temía que ese chico cayera del techo de las casas, porque ella iba con él. Pero este niño se mueve muy bruscamente, va corriendo y saltando por ahí como si nada, y Tinkerbell al estar dentro de un frasco atado a la cintura de el chico, recibió muchos golpes.

Jamás se sintió tan molesta con alguien en su vida, ¡este chico no la escuchaba! ¡ni siquiera la miraba! ¡y la única vez que le dirigió la palabra fue para llamarla "bicho"! Tinkerbell no era ningún tipo de insecto, si bien tenía alas ¡pero nada más!, ¡¿qué se creía ese niño para tratarla de esa forma?! Pero lo que más le preocupaba era Lizzy ¿qué había pasado con ella?, no pudo protegerla, ¿qué tal si le pasó algo malo? de ser así nunca se lo perdonaría. Ella quería saber que había sido de Lizzy y ¿de dónde había aparecido este chico? ¿por qué estaba con él?

No se dio cuenta cuando el niño abrió el frasco de repente y le arrojó un pedazo de manzana para después volverlo a cerrar. Tinkerbell quedó medio aturdida con esto, perdió una valiosa oportunidad de escapar por estar sumergida en sus pensamientos pero ¡¿este niño qué se creía?! ¡¿darle comida de esta forma como si fuera una especie de mascota o algo así?! ¡era claro que este chamaco era muy distinto a Lizzy!

-¡Oye tú! ¡¿qué te pasa?! ¡sácame de aquí, quiero irme!- gritó el hada rubia con todas sus fuerzas como había hecho ya varias veces, aunque sabía que no servía de nada, este chico no se molestaba ni en intentar entender, esto la ponía roja de la ira-. ¡Quiero saber que pasó con Lizzy! ¡rayos!- pero era claro que Tink no estaba enojada por un capricho o una tontería como hacía varias veces, esto era importante, pudo haberle pasado algo malo a Lizzy.

El niño sólo terminó la mitad de sus manzanas y bajó del árbol, claro, sin hacerle ningún caso al hada. El niño caminó hacia un lugar en especifico pero Tinkerbell no puso atención, sólo se dedicó a gritarle para ser ignorada por este. De lejos, Tinkerbell pudo ver el Round Pond, que es el lago donde Lizzy la había dejado esperando el otro día. Tinkerbell se quedó callada al ver el lago, era el lugar en donde había discutido con Lizzy y en donde se había separado de ella, tal vez si se hubieran quedado juntas no hubiera pasado lo que pasó. Tink se secó las pocas lágrimas que comenzaban a escapársele, realmente se sentía muy culpable por eso y por no poder haberla protegido, le gustaría tanto buscarla... ¡Pero este tonto niño no la dejaba ir!

Se percató de la forma en que rodearon el lago y se dirigían hacia otros arboles, Tinkerbell reconoció ese lugar, era el lugar en donde había encontrado tantos papeles pegados de personas que buscaban niños perdidos. Sin previo aviso, el niño habló.

-Te vi el otro día volar por aquí, insecto.- a Tink le rechinaron los dientes y le dio un tic en el ojo por lo furiosa que estaba al escuchar la forma en que el niño la llamó-. Te acercaste a estos carteles y desprendiste algunos, ¿no es así?

-Sí.- respondió, confundida pero con un tono de acidez ya que sabía que ese niño no esperaba respuesta, después de todo no le entendía.

-Mira.- tomó el frasco en donde Tinkerbell se encontraba, lo sujetó entre sus manos y lo puso frente a un cartel en especifico, era esa hoja vieja y amarillenta con una fotografía de un bebé que a Tink le había llamado tanto la atención-. Soy yo.- el hada artesana quedó sorprendida al escuchar esto y no pudo evitar comparar la vieja fotografía con el chico a su lado-. Me perdí hace mucho tiempo, mis padres pusieron ese cartel ahí hace años, pero ellos dejaron de buscarme y me olvidaron, igual que este cartel.- hizo una pausa, miró a Tinkerbell con esa mirada ámbar suya que hacía que el hada se sintiera un poco intimidada y algo extraña-. Pero llegaste tú y quitaste los carteles que estaban encima del mío, ahora puede verse otra vez... Eso me molestó mucho.

-¿Por qué te molestaría algo así?- preguntó el hada, perpleja-. Eso significaría que te volverían a buscar ¿no?

-Decidí seguirte.- dijo ignorando al hada. Claro que ella se molestó-. Dabas muchas vueltas en el jardín pero nunca te perdí de vista.

¿De verdad? Tinkerbell realmente no se había dado cuenta de eso, ahora entendía por qué se llegó a sentir observada. Vaya hada que era, se supone que los humanos no debían verla pero este chico la miró todo el tiempo.

-Te seguí todo el tiempo.- puso el frasco delante de su cara y vio al hada directo a los ojos-. Si no fuera por ti no hubiera encontrado a esos niños secuestrados.

-¡¿Niños secuestrados?!- esto sí le llamó la atención a Tinkerbell-. ¡Uno de ellos era Lizzy! ¡¿qué pasó con ella?!

-Vi cómo el señor te atacó y pisó.- dijo en tono divertido, eso no le causó gracia a Tink. Recordó todo, cómo ese sujeto la había atacado con la escoba y la había... pisado como una cucaracha. Ella tembló con solo recordarlo-. Realmente pudiste haber muerto, pero tuviste muchísima suerte. Estabas sobre el lodo, eso amortiguó la pisada, solo te lastimaste un poco y quedaste inconsciente por un tiempo... Vaya, comenzaba a pensar que no despertarías.

-¿Tiempo? ¿cuánto tiempo?- preguntó desesperada-. ¡Niño, necesito encontrar a Lizzy ahora mismo!

Pero el niño la volvió a ignorar. Tinkerbell estaba tan enojada que pateó el cristal transparente del frasco, lastimándose los dedos de los pies y chillando de dolor, fue entonces que se dio cuenta de que había perdido un zapato, esto la enojó más, decidió quitarse el otro.

El chico caminó por ese extenso parque sin rumbo fijo. Tink estaba realmente desesperada, y así fueron pasando los minutos. El chico cruzó un especie de río que se encontraba en el parque por un puente, llegando a la otra mitad de Kensington Gardens. Siguió caminando sin rumbo hasta que de la nada llegó un niño corriendo hacia él. Era un niño gordito de pelo negro, se veía de unos 11 años de edad y corría rápido, parecía algo emocionado y sorprendido.

-¡Peter! ¡Peter!- gritó el niño de cabello negro.

Entonces Tinkerbell lo reconoció, este era uno de los niños que estaba secuestrado junto a Lizzy, sí, aquel niño que había escapado y abandonado a los demás con excepción de una niñita. También le llamó la atención lo que gritaba, ¿Peter? ¿quién es Peter? ¿así se llamará el niño que...?

-Oh, George, eres tú.- habló el chico de cabello naranja-. No te veía desde hace un par de días, creí que te habíamos perdido.

-Peter, ¿es cierto?, ¿que te deshiciste de...- se acercó al chico y le susurró-. ¿Que eliminaste a los subordinados de "el señor"?

-Sí, sí lo hice.- habló orgulloso de sí mismo.

-Peter, de por si que el señor te odia, ya le has fastidiado muchas veces. Escuché que te está buscando para eliminarte, fuiste realmente tonto.

-Háblame de tontos, George, que tú te dejaste atrapar por unos secuestradores... Realmente fuiste muy tonto.

-Oye, yo estaba distraído en ese momento y...- abrió mucho los ojos y se impactó mucho cuando se dio cuenta de la presencia de el hada-. ¡¿Qué rayos es eso?!

-¿Esto?- Peter tomó el frasco y se lo enseñó a George-. No sé, es un bicho que me encontré, ella me ayudó a encontrarte a ti y a los demás niños secuestrados.

-Ya la recuerdo, acompañaban a esa chica Lisa o Elisa o tal vez Lucy, no recuerdo el nombre.

-¡Lizzy!- gritó Tink con enfado, aunque sabia que no le iban a entender-. ¡Se llama Lizzy!

-Hace un ruido chistoso, creo que intenta hablar.- mencionó George.

-Oye, George.- habló el chico mayor al otro, ahora su voz sonaba seria-. Vi todo lo que sucedió desde el principio, vi cómo este bichito ayudó a liberarte... te vi escapar.

-¡Peter, tú siempre me has dicho que debo valerme por mí mismo, que no debo preocuparme por nadie más que por mí!- se defendió.

-Déjame terminar...- su mirada era muy seria.

El ambiente se puso tenso, incluso Tinkerbell que estaba casi ajena de esto lo notó. George miraba a Peter con confusión y tal vez con algo de temor, Tinkerbell comprendió que George le tenía respeto a ese tal Peter y que tal vez más que respeto también le sea atemorizante.

-¿Recuerdas el día en que te salvé, George?- habló en un tono relajado y despreocupado mientras caminaba alrededor del otro niño como si lo estuviera acechando.

-Sí.- contestó en voz baja.

-Tus padres te dejaron solo en casa y jamás regresaron, pudiste haber muerto de hambre. Yo que pasaba por ahí te saqué de tu casa, te cuidé, te alimenté, te enseñé todo lo que se debía saber para sobrevivir en las calles y después te dejé a tu suerte.

-Lo sé pero... ¿Qué tiene que ver con esto?- dijo con precaución, ya se lo veía venir.

-Te vi escapar, George.- le lanzó una mirada severa-. Vi cómo salvaste a una niña.

-Lo hice por lástima, Peter.- susurró, precavido.

-Sí, y yo también te salvé a ti por lástima. Bien pudiste liberar a esa niña solamente pero te la llevaste contigo.- se acercó aún más a George y le habló en la cara-. La salvaste en toda la definición de la palabra y eso está bien.

-¿Entonces cuál es el problema?

-Yo te salvé a ti.- lo señaló con el dedo-. Al salvar tu vida te convertiste en mi responsabilidad hasta que pudiste valerte por ti mismo y me la debes ¿eh? Pero ahora tú salvaste a esa niña sabes lo que significa.

-Pero Peter.- hizo un berrinche.

-¿Dónde está esa niña, George?

-Sígueme.- dijo después de suspirar con frustración.

Caminaron hasta por una esquina de Kensington Gardens, claro que Tinkerbell iba también, ya que se encontraba encerrada, pero se había quedado callada por alguna razón, pero no por eso estaba menos frustrada. De lo que Tink había oído de la conversación, de las pocas cosas que pudo captar es que todo ese asunto de Lizzy y su secuestro había sucedido hace mínimo dos días, esto la desesperaba aún más, pero este par de niños no la escucharían.

Se acercaron a un gran árbol que hacía una sombra enorme, corría el viento en esa parte, era un lugar fresco y relajante. Ahí debajo de la sombra del árbol, recargada en él, ahí estaba una pequeña niñita sentada, abrazando sus piernas mientras temblaba. La niña de tener apariencia de no más de 10 años, cabello largo y castaño-anaranjado, llevaba un sencillo vestido rosa, aunque el vestido era simple se notaba que no era barato, una niña de una familia con dinero, no había duda.

-Es esa de ahí.- señaló George.

-Muy bien, hazte cargo.- dijo sin más.

-¡Pero, Peter, es una niña!- se quejó-. Las niñas no son para estar en la calle, las niñas son para... lo que sea que hagan las mamás.

-No me hables de madres, George.- dijo el pelirrojo con voz relajada, aunque ocultaba algo más-. Tú, niña.- la llamó. La niña levantó la vista y lo miró, confundida-. ¿Tienes casa?- la niña asintió-. ¿Dónde queda?

-Yo... no lo sé. Es que casi nunca salgo y... yo...- balbuceó con timidez.

-Da por hecho que está perdida y no tiene casa. En fin, niña o no tú debes cuidarla hasta que pueda andar sola.

-Pero es una niña, ella nunca podrá estar sola.- la pequeña miró a George con desprecio, George se dio cuenta-. No es por ofender, niña, pero es mucho más peligroso para las mujeres.

-Muy bien.- habló Peter, muy divertido-. Entonces tendrás que acostumbrarte a su presencia porque, según tú, dependerá de ti toda la vida.

-¡Qué horror!- se quejó el niño en voz alta.

-¿Y cómo te llamas, niña?- preguntó Peter con amabilidad y de forma juguetona.

-Mary, me llamo Mary.- habló la pequeña con una voz muy bajita.

-Muy bien, Mary.- le sacudió el cabello-. Este gordo de aquí es George, él te cuidará.- dijo, sonriendo. Mary volteó a ver a George.

-Él no me quiere.- dijo, frunciendo el ceño.

-Oh, pero aprenderá a quererte, te lo prometo.- su sonrisa era hipnótica para cualquiera.

-¿Lo prometes? ¿en serio?- preguntó aún con timidez pero esta vez algo sonrojada y nerviosa por tener a ese chico tan cerca de ella.

-Claro, y te juro que te acostumbrarás al inútil este.

-¡Eh, pero sin insultar!- se molestó el otro niño.

-¡Tinkerbell!- exclamó la niña sin previo aviso, sorprendiendo a Peter y a George-. ¿Eres Tinkerbell, cierto?- la niña ya había visto el hada en el frasco.

-¿Tinkerbell?- habló Peter sin comprender-. ¿Te refieres a este insecto?

-¡Ella no es un insecto! ¡es un hada! ¿No te acuerdas, George?, esta hada es amiga de Elizabeth.

-¿Quién es Elizabeth?- preguntó el pelirrojo.

-Ah, ya recordé el nombre.- mencionó George-. Es la adolescente que estaba secuestrada con nosotros. Lizzy.

-Niño, no debes tener a Tinkerbell encerrada, pobrecita.- dijo la pequeña.

-No, yo la encontré, ahora es mi mascota... y me gusta más llamarla Bicho.- dijo a la defensiva. Tinkerbell enfureció con esto pero no reclamó ya que no serviría de nada.

-Hum.- Mary se molestó, pero después se calmó y puso una expresión medio triste-. Me pregunto qué habrá pasado con Lizzy...

-Era la chica más grande ¿cierto?

-Sí.- respondió.

-No te preocupes por ella, la salvé, la dejé sola en un lugar seguro, seguramente ya regresó a su casa.- dijo honestamente.

-Me alegro.

Tinkerbell se sintió aliviada al escuchar su conversación. Así que Lizzy estaba bien, eso la reconfortó. Pero aún así debía salir de ese frasco y volver al campamento, seguramente están muy preocupados por ella.

-Pero ten.- Peter le dio el frasco-. Cuida de ella mientras yo hablo con George.

-S... sí.- realmente era difícil resistirse a ese chico de mirada ámbar.

-Y toma.- llevó su mano al cabello de la niña y de atrás de ella apareció una manzana-. Para ti.

-Wow, ¿magia?- preguntó emocionada.

-No.- sonrió-. Un truco.

-Oh.- se decepcionó.

Peter y George se alejaron un par de metros de la niña y el hada para conversar. Tinkerbell se les quedó viendo, ahora que ellos se habían alejado debía encontrar una forma de salir. Debía hacer que la niñita abriera el frasco, ella no parecía una mala persona, de hecho le recordaba mucho a Lizzy cuando era pequeña.

-Peter, en vez de hacer esto ¿no crees que deberíamos escondernos o algo?- habló George en su conversación con Peter-. Nos pueden encontrar.

-¿Quién habría de encontrarnos, George?- preguntó con calma.

-Pues.- se acercó a él y le susurró-. El señor.

-¡Ja! no tengo por qué preocuparme por él.

-Pero Peter, él es muy peligroso, incluso para ti, te odia y seguro que ya planea cosas para destruirte.- dijo-. Pero más importante... ¡¿qué hay de mí?!, yo me escapé, seguramente también me busca.

-No, no creo que se moleste en buscarte a ti, pero aún así toma precauciones, no querrás que te atrape otra vez ¿verdad?- dijo en forma de burla.

-Esto es en serio.- dijo el niño de pelo oscuro, molesto.

-Sí, pues ya en serio, no se molestarán en buscarte, te lo aseguro. Además no fuiste el único que escapó, yo liberé a más niños.

-¿Los liberaste?- preguntó, en el fondo algo feliz porque tampoco quería que a los demás les pasara algo.

-Bueno... no todos.- se lamentó-. No pude desatar ni a la mitad, tuve que huir rápido, venían más sujetos por mí. No sé qué les pasó a los niños que liberé, tal vez escaparon o tal vez los atraparon después... como sea no es problema mío.

-Muy bien, niño que no se preocupa por nadie más, ¿eué es eso de que salvaste a esa tal Lizzy y la llevaste contigo?

-Oh, eso es diferente.- habló con arrogancia y como si su amigo no comprendiera algo lógico.

-¿En qué es diferente?- dijo, fastidiado.

-La chica que rescaté ya estaba grande y se notaba que ella sí sabía cómo llegar a su casa, a diferencia de la tuya...

-Eres un mam...

-Shhh.- le cubrió la boca al niño de cabello negro-. No digas groserías George. Por cierto, vi cuando escapaste que Scarlett los persiguió, tengo curiosidad ¿cómo escaparon de ella?

-¿Scarlett? ¿te refieres a esa ramera que nos perseguía?

-¿Qué es ramera?- preguntó la pequeña Mary que escuchaba la conversación a distancia al igual que Tinkerbell que tampoco entendió la palabra. Peter y George se dieron cuenta de que estaban hablando en voz muy alta.

-No es nada, Mary.- dijo Peter con disimulo-. No preguntes cosas que no.

-Sólo hablábamos de la mujer que nos siguió la otra noche ¿te acuerdas?- dijo George.

Mary abrió mucho los ojos y comenzó a temblar, después llevó sus brazos a la cabeza e intentó cubrirse los oídos y ojos con estas ante algo que no estaba ahí. Estaba muy alterada la niña que incluso comenzó a llorar.

-¿Qué le pasa?- preguntó Peter, extrañado.

-Lo mismo que tenía antes de que llegáramos, está asustada por lo que pasó esa noche.

-¿Qué fue lo que sucedió?- preguntó con curiosidad más que otra cosa.

-Es sobre esa mujer que nos perseguía...- comenzó a contar-. Había logrado desatar a Mary cuando me percaté que esa mujer nos seguía. Ambos escapamos de esa mujer, corrimos mucho, no sabría decirte cuánto, pero esa mujer ¡cómo corría!, para llevar ese vestido corría demasiado rápido, uff casi nos alcanza. Corrimos por mucho tiempo, minutos o quizá más, huimos por calles, callejones, saltábamos las rejas de las casas pero esa mujer era más veloz de lo que suponía, y no se cansaba.

"Estuvimos corriendo tanto que los pies no dolían ¡ardían!, creí que me empezarían a sangrar o algo así. Fue horrible, estaba tan cansado que ya no podía respirar, no sé cómo Mary soportó correr tanto como yo. Pero, Peter, todo empeoró cuando comenzó a llover. Nosotros ya estábamos desesperados pero a la vez esperanzados, ¿cómo explicarlo?, ya estábamos tan cansados que caeríamos en cualquier momento pero nos faltaban un par de calles para salir de Whitechapel. Tal vez si no hubiéramos dado tantas vueltas y nos hubiéramos ido directo, je, je.- rió un poco pero después puso la cara más seria que antes pero había algo más, algo más profundo, como tristeza y miedo.

"Nos faltaba poco para salir.- continuó mientras forzaba su voz para que no sonara triste-. Corrimos mucho pero Mary no pudo más, cayó al suelo, en realidad... yo me estaba preparando para dejarla ahí sola y huir yo.- Peter lo miró con mala cara-. Lo siento, pero es la verdad. Fue entonces que escuché otro ruido, uno muy fuerte de alguien cayendo al suelo, supuse que la mujer que nos perseguía había tropezado ya que no había otra explicación... Volteé a ver qué era lo que había sucedido y...

-¿Qué pasa?- preguntó el pelirrojo que ya se había sumergido en la historia.

-Era... él.- habló con la voz muy baja y casi chillona mientras ponía una expresión de horror.

-¿Él quién?

-Peter, yo... sentí mucho miedo, más miedo del que haya sentido antes. Me apresuré a tomar a Mary y escondernos, no iba a dejarla en una situación así. Peter, yo jamás lo había visto, pero no necesitaba haberlo visto antes para reconocerlo, era... realmente aterrador.- movía la cabeza de un lado a otro en un intento de aclarar sus ideas.

-Espera... ¿no estarás hablando de...?

-Jack el Destripador, el asesino de Whitechapel.

-¿Pero qué? ¿cómo? ¡¿no los vio?!- se alteró por primera vez, incluso él podía ver lo peligroso que era ese sujeto.

-No nos vio, o al menos eso creo. Nos escondimos tras unas cajas de madera en un callejón, pero él estaba a pocos metros de nosotros. Desde donde estábamos podía verse todo.- inhaló aire y continuó-. Mary logró ver cuando el Destripador le dio el primer corte a la mujer, tuve que cubrirle la boca para que no gritara, pobre niña, debió traumarse mucho al ver eso, no sé cómo pudiera superarlo.

-Entonces ella...- habló con una voz vacía de emoción.

-Esa mujer gritaba muy fuerte... Tuve que cubrirle los oídos a Mary para que no escuchara esos gritos de agonía, pero no sirvió de mucho, gritaba demasiado fuerte.- por un momento pareció darle nauseas-. Obviamente no dejé a Mary ver aquello, pero yo sí me asomaba a ver a veces, cómo me arrepiento, ahora no puedo sacar eso de mi mente. Vi un poco cómo la abría y la destripaba, de ahí su nombre, fue horrible.

-¿Cómo era él?

-Tenía un abrigo oscuro. Pero no sé, él no parecía normal, era demasiado siniestro, demasiado.

-Tuvieron mucha suerte.

-Tuvimos mucho miedo, que incluso cuando él se fue nos quedamos escondidos hasta el amanecer. Cielos, Peter, el cadáver aún estaba ahí.

-Pobre Scarlett, esa mujer realmente no era mala, sólo tuvo una mala vida.

-¿Cómo sabes que no era mala?- preguntó George sin entender.

-Una vez me regaló unos dulces a escondidas del señor, pudieron matarla por eso pero aún así lo hizo.- puso repentinamente una cara de aburrimiento-. ¿Sabes?, una vez escuché que esa mujer era madre soltera de cinco hijos, ¿sabes qué significa? ¿verdad?

-Cinco nuevos niños perdidos.- dijo sin interés.

-Ni más ni menos.

Mientras esos niños conversaban, Tinkerbell que ya no podía escuchar su conversación, no podía evitar ver a la niña que se encontraba muy asustada, parecía que se quería ocultar de algo. Pobre niña, sea cual sea su problema a Tink le dio mucha tristeza, pero tenía que escapar.

-Niña, oye, niña, ¿eres Mary? ¿cierto?- dijo el hada intentando ser amable.

La niña volteó a ver al hada al escuchar el bello sonido de un tintineo provenir de ella. El melodioso sonido la hizo sonreír un poco.

-Tinkerbell, ¿estás intentando hablar conmigo?- preguntó con voz ilusionada.

-Vaya, finalmente alguien que entiende.- habló mientras su frustración bajaba. Tinkerbel señaló con su mano la tapa del frasco mientras sonreía.

-¿Quieres que te libere?.- Tinkerbell asintió-. No sé, Peter puede enojarse.

-¡Oh! ¡¿a quién le importa lo que ese Peter piense?!- gritó, poniéndose roja del enojo mientras comenzaba a patalear de la pura frustración, golpeó el cristal del frasco, lastimándose así el otro pie-. ¡Au! ¡rayos, au!- se quejó del dolor.

-Oh no, Tinkerbell ¿te lastimaste?

-¿Tú crees?

-Tinkerbell, realmente quisiera liberarte, pero no quiero que se enojen conmigo.- dijo con tristeza-. Aquí no tengo a nadie más y no quiero estar sola.

Tinkerbell se sentó en el suelo del frasco, realmente quería salir, estaba preocupada y preocupada de que sus amigas estén preocupadas, realmente ese no era su día. Mary pudo ver la cara de tristeza de Tinkebell, realmente le dio lástima la pobre hada. Mary echó un vistazo a ese par de chicos que estaban distraídos y con rapidez abrió el frasco.

-Vete.- susurró-. Vete, Tinkerbell, vete.

-¿Eh?- el hada no podía creérselo, tardó un segundo en darse cuenta-. Oh, gracias, Mary, gracias.- dijo sinceramente.

-Oye, Peter.- habló George en su conversación con el otro chico-. ¿De qué sabor dices que eran los dulces?

-No me acuerdo, creo que eran de vainilla y lim...

-Ah, esto, Peter.- interrumpió.

-No me interrumpas.- dijo, molesto-. Te decía que los dulces eran de...

-¡Peter! ¡tu insecto se escapa!- gritó, alarmado.

-¡¿Qué?!- exclamó, impactado, mientras daba media vuelta y veía al hada salir volando lejos de ahí-. ¡No! ¡mi mascota! ¡¿pero cómo?!

-¡Mary!- respondió el otro niño mientras volteaba a ver a la niña con enojo.

-Ma...ry.- dijo con una ira contenida.

-¿Eh?- la niña miró a el chico que se dirigía a ella con paso lento pero firme y aterrador. ¿Dónde había quedado el Peter amable de antes?

-Mira, niña.- la jaló del brazo bruscamente y la obligó a pararse, ella era considerablemente más baja que él-. Te dije que la cuidaras, confié en ti sin dudarlo ¿y así me pagas?

-Tinkerbel quería irse, no podías tenerla encerrada ahí.

-Oh, claro que podía, ella era de mi propiedad. ¿Sabes qué significa?, significa que me robaste, robar es algo muy grave aquí, en especial si me robas a mí.

-Pero yo... creí...- balbuceó.

-Fui amable contigo antes, pero ahora veo que necesitas aprender cosas a la fuerza.

-¿Qué?

-¿Sabes cuál es el castigo por robarme a mí?

-Oye, Peter, no...- intentó decir George.

-Silencio, George.- ordenó Peter-. Vamos al puente.

-Ay Peter, no creo que sea...

-¡Vamos al puente!-

-Muy bien, muy bien.- dijo rápidamente para no hacer enojar al pelirrojo-. Pero es demasiado.

-¿Qué van a hacerme?- preguntó la niñita con voz débil.

-Vamos a arrojarte al puente del parque para que caigas al agua.- dijo Peter, triunfante.

-¿Qué? ¡no! ¡esperen!- se alarmó la niña-. ¡No puedo mojarme, no tengo con qué cambiarme de ropa! ¡no!

Mientras tanto, Tinkerbell volaba, salía a toda velocidad de Kensington Gardens, voló por encima de las nubes para que ningún humano la viera desde ahí, volaba lo más rápido que podía. La brisa le daba en la cara, eso la relajaba, pero algo le inquietaba a la vez. Volaba lo más rápido que sus alas le podían dar, pero no era tan rápido como volaba normalmente, mientras estaba en el aire tambaleaba mucho y le costaba irse todo derecho. Además de eso cada que avanzaba, cada aleteo le dolía, le dolía mucho.

-¿Qué me pasa?- se preguntó a sí misma en pleno vuelo-. ¿Por qué no puedo...?

Entonces se dio cuenta, se impresionó tanto, y más porque no se había dado cuenta antes, algo muy malo le había pasado.

-Oh no.- susurró-. Mi ala está rota.


he aquí otro capitulo jaja siento la tardanza, esque me centro mas en mi otro fic que es de las chicas superpoderosas, se llama "La Batalla de las Diosas" por si alguien lo quiere leer, esta muy interesante.

Bueno, hablando de este capitulo, no se si sobre mencionarles que Whitechapel es un lugar que realmente existe y que ahí es donde Jack el Destripados mataba gente jeje

En el capitulo anterior me comentaban sobre la personalidad de Vidia, pues este fic se lleva a cabo varios años después, aveces la personalidad de una persona cambia, aunque en realidad Vidia no cambió mucho, pero la situación que estaba viviendo era muy difícil, no era momento de estar con su orgullo y su mal carácter.

Sobre este capitulo, ¿Qué les puedo decir?, la relación de Tink y Peter es muy difícil, apenas y se puede decir que tienen una relación, Tinkerbell odia a Peter jaja, tendrán que ver que pasa después jeje

El próximo capitulo no se cuando lo subiré, lo siento, además de que estoy muy ocupada con la escuela.

¿reviews?