El primer niño perdido
capítulo 6: Soledad.
Era dolor, y dolor, y dolor, cada aleteo era insoportable. Ni siquiera había llegado a la mitad del camino y ya no podía soportarlo más. Su ala estaba rota, lo más probable es que haya sucedido en aquel momento donde la... pisaron. No se había dado cuenta hasta ahora, que se encontraba ahí, intentando llegar a duras penas al campamento. El dolor era tan inmenso, lo sentía cada vez más fuerte, intenso e insoportable mientras más avanzaba, ya había llegado a su limite, podría caer al suelo rendida en cualquier momento y sabía que una vez en el suelo no podría volver a volar otra vez.
Ya se había roto el ala, una vez hace mucho tiempo, en aquel lejano momento donde conoció a su hermana y, por cosas de la vida, su ala había terminado rota. Aquella vez tuvo suerte, descubrieron que al juntar las alas con su hermana ésta se reparaba, pero ahora no podría hacerlo, ya que su hermana no estaba en el campamento, en Tierra Firme era verano y no había forma de que Periwinkle, al ser un hada de la escarcha, pudiera estar en un lugar tan cálido.
Su limite ya lo había rebasado, ahora solo continuaba volando con pura fuerza de voluntad. Descendió un poco más al suelo al llegar a una zona más rural, ya que si su ala le fallaba y ella caía podría salir muy lastimada. Se encontró en ese extenso campo y reconoció que muy cerca estaba la casa de Lizzy y, por lo tanto, el campamento de las hadas. Pensó que una vez llegado ahí, sus amigas la ayudarían con sus heridas y la llevarían de prisa a Nunca Jamás con su hermana para poder curarle el ala, pero, claro, no sin antes cerciorarse de que Lizzy estaba bien.
Ya había usado toda la fuerza que tenía, toda su voluntad pero ya no podía soportar ese ardiente dolor en su ala rota, fue cayendo precipitadamente al suelo pero sólo por suerte divina ya estaba muy cerca del campamento. Más que suerte, podría ser un milagro, aterrizó casi frente a la entrada del campamento. Pero cayó muy bruscamente, tal vez pudiera haber caído mejor pero su brazo izquierdo estaba roto, fue muy duro el golpe, comenzó a sangrar de las rodillas y un poco de la frente. Esperó a que alguien viniera en su ayuda pero no había nadie. ¿Dónde estaban todos?
Se levantó con cuidado y antes de revisar sus heridas al caer, revisó su ala; el ala izquierda se encontraba un poco torcida, arrugada y algo rota, se veía incluso peor que cuando se rompió el ala aquella primera vez. Se preguntó cómo fue posible que con esa herida en el ala haya sido capaz de volar hasta ahí, tal vez el ala se rompió incluso más al momento de volar. Tinkerbell suspiró en un intento de calmarse, se dirigió caminando al arroyo, que había crecido un poco por la lluvia, y se limpió las heridas de sus rodillas y de su cara. Se preguntó por qué no veía a ningún hada del agua. Con rapidez cambió sus vendas de hojas por unas nuevas, al menos ese chico llamado Peter había sido suficientemente sensato como para vendarle el brazo roto, pero como sea no le debía nada a él ya que la había mantenido encerrada cruelmente.
Caminó hasta la entrada del campamento, lo que encontró, o más bien lo que no encontró, la dejó en shock. No había nadie, absolutamente nadie, ni siquiera las mariposas que las hadas de los animales pintaban, ni los grillos que les enseñaban a cantar. No había nada, todo estaba abandonado, antes había creído que ese campamento parecía como una segunda Tierra de las Hadas mas ahora parecía un pueblo fantasma pero sin el pueblo. No había absolutamente nadie, estaba vacío, ni siquiera estaban las cosas que utilizaban las hadas para trabajar, es como si hubieran empacado todo y se hubieran ido... sin ella.
-¡Silvermist!- llamó a su amiga hada del agua, esperando una respuesta, pero nadie contestó-. ¡Fawn! ¡Rosetta!- las llamó, pero nada-. Vamos, chicas, esto no es divertido.
Continuó caminando por ese árbol donde antes era el campamento y ahora no había nada. Tinkerbell no esperaba una fiesta cuando regresara pero esperaba ver al menos a alguien preocupado, es decir ¡había desaparecido hace dos días! ¡¿acaso no había nadie que pasara aunque sea para preguntar dónde había estado?!
-¡Clank! ¡Bobble! ¡dejen de esconderse!- gritó, pero nuevamente nadie respondió-. ¡Hada Mary! ¡¿Dónde están todos?!- nada-. ¡Chicos, salgan de ahí!- no era posible que no hubiera nadie-. ¡Vamos, quien sea!- nada, absolutamente nada, estaba sola ahí-. ¡Iridessa, por favor ven!- ni siquiera un murmullo-. Terence...
Estaba sola, no había nadie ahí, todos se habían ido sin ella, tal vez habían vuelto a Nunca Jamás ¿por que? quien sabe, el caso es que Tinkerbell no podía seguirlos, independientemente de la cantidad de polvillo que le quedaba, su ala estaba rota y sin su hermana jamás volvería a volar, así como Lord Milori.
Deambuló sin rumbo ahí por el campamento, con lágrimas en los ojos, sin comprender por qué sus amigos la abandonarían de esa forma. Estaba cansada, muy cansada. No sabía qué hacer, no sabía a dónde ir, no tenía idea de qué era lo que pasaba... Entonces lo vio.
En una esquina, llena de flores y adornos, eso llamó su atención. Tinkerbell se acercó a esa especie de altar o algo parecido, vio las flores y después leyó algo que ahí decía. Se quedó sin aliento.
Decía: "Tinkerbell, descanse en paz".
¡¿Pero qué había pasado?! ¡¿la creían muerta?! ¡pero si ella estaba viva, ella estaba bien! ¡¿cómo pasó todo esto?! Recordó a Vidia, ella estaba presente cuando Tinkerbell fue lastimada, seguramente pensó que había muerto y le informó a los demás, ahí el mal entendido. Pero aún no comprendía por qué se habían ido todos, ¿acaso no la buscaron? ¿o acaso buscaron un cuerpo muerto?, le dieron escalofríos de sólo pensarlo. Se arrodilló en el suelo y comenzó a llorar aún más que antes, tan sólo pensar el sufrimiento que tendrían sus amigos al pensar aquello, ellos la daban por muerta. Ahora que se habían ido a Nunca Jamás era probable que le hayan dicho Periwinkle eso y ahora ella también creería que esta muerta, eso le debe causar mucho dolor, y tan sólo pensar en su hermana sufriendo hizo que Tinkerbell se llenara aún más de tristeza.
Después de largos e interminables minutos, se levantó de ahí. De alguna forma terminó en el lugar donde guardaban el polvillo, eso le recordó mucho a Terence. ¿Qué estaría pensando él? Y pensar que hace unos días ella y sus amigas se encontraban discutiendo si confesarle sus sentimientos o no, ahora eso se veía tan lejano.
Levantó ligeramente la vista... y pudo ver algo. Era una pequeña bolsita, ¡era polvillo! Tinkerbell lo tomó, se preguntó por qué lo habían olvidado ahí. Pero sea como sea, a ella no le serviría de nada, con una ala rota no podría volar, no importa la cantidad de polvillo que tenga, además, con ala rota o no, ese polvillo no era suficiente para volar hasta Nunca Jamás. Pero aún así, guardó la bolsa, quién sabe, tal vez le podría ser de utilidad en algún futuro.
Entonces recordó algo, sí tenía un lugar a dónde ir, sí tenía algo que hacer. ¡Lizzy!, debía verla de inmediato.
Salió del campamento, pero se quedó viendo las nubes por algunos segundos. Lo intentó, tuvo la esperanza de que funcionara, movió sus alas en un intento de volar pero lo único que consiguió fue dolor y ni siquiera pudo elevarse mucho del suelo. Tendría que caminar hasta la casa de su amiga.
Caminó por horas, realmente quedaba muy lejos cuando no se podía volar. Estaba muy cansada, le dolían los pies, estaba claro que las hadas no están acostumbradas a caminar mucho. Cruzó entre la hierba, entre la tierra, entre ese extenso campo que no parecía tener fin, hasta que finalmente, aunque ya estaba oscureciendo, logró llegar a la entrada de la casa de Lizzy.
Se las arregló para abrir la puerta. Esperó a que aquel travieso gato de Lizzy la atacara, pero nada, nada otra vez. Entonces pudo notar lo vacío que estaba la casa, Tinkerbell no podía creerlo. Subió las escaleras con dificultad y entró a la habitación de Lizzy. Se le cayó el alma al piso cuando vio que no había nada, las cosas de Lizzy habían desaparecido, todos sus dibujos de hadas y la ropa que guardaba en su armario ya no estaban. Ellos se habían marchado también. ¿Por qué estaba pasando todo esto?
No sabría decir cuánto tiempo se quedó Tinkerbell ahí, sola en esa enorme habitación, intentando comprender qué le había pasado a todo el mundo, el por qué todos la abandonaban. Su tristeza era inmensa y su miedo por no saber qué sería de ella lo era igual. Se quedó ahí toda la noche, intentó descansar para así ver cómo remediarlo en la mañana, si es que tenía remedio. Logró dormir pero cuando despertó sintió como si el sueño no hubiera sido suficiente y tan pronto abrió los ojos deseó volver al sueño donde ella estaba con sus amigos.
Salió de la casa, ahora era claro que no tenía hacia dónde ir. Sólo caminó, caminó sin dirección alguna, hacia cualquier lugar. No tenía dónde ir. Caminó por horas y horas, parecía que no tendría fin. Hasta que alcanzó a ver un tren a lo lejos, no lo pensó, tal vez porque estaba aturdida por todo lo sucedido o tal vez porque ya no le importaba nada pero cuando vio ese tren decidió subirse e irse en él.
Logró entrar con facilidad, las personas no la vieron, se ocultó cerca de una ventana, cuando el tren comenzó a moverse Tinkerbell pudo observar el paisaje alejarse. Ella no era para nada comparable en velocidad a ese tren, la maquina podía recorrer en minutos lo que a ella le tardaría horas... a pie. Ella sabía que en cualquier otro momento le hubiera llenado de curiosidad saber cómo funcionaba ese tren, pero ahora no era el caso, por algún motivo no tenía ánimos ni siquiera de pensar en eso.
Cerró los ojos al ver que volvía a oscurecer, no sabía si el día había transcurrido lenta o rápidamente, sólo pudo distinguir las luces de una ciudad ya conocida antes de caer en el sueño. Cuando abrió los ojos volvió a entristecerse por despertar de su feliz sueño, se despertó gracias al ruido del tren en la estación y las personas que bajaban. Tinkerbell decidió salir de ahí también.
Se montó en la maleta de una mujer y saltó cuando ésta bajó del tren. Tinkerbell se ocultó debajo de una banca cerca de las vías, comenzaba a hacer mucho frío. Era una sensación perturbadora, no sabía qué estaba haciendo, no sabía cómo seguir, no sabía si tomó una buena decisión al alejarse del campamento, ni siquiera sabía si había sido una decisión consciente. Estaba completamente sola.
Miró al cielo, pudo ver su hogar. La estrella, la segunda estrella a la derecha, ese era el camino a su casa y ella estaba tan alejada, pero podía verlo, podía ver la luz de esa estrella y se preguntó por qué habían dos estrellas si sólo necesitaban una ¿por qué era la segunda estrella?, tal vez nunca se hubiera preguntado eso de no ser porque no tenía a nadie con quién charlar.
Aquella estrellita que da consolación,
en una noche oscura en la desolación,
esa estrella consuelo me dio.
Siempre acompañada,
siempre son las dos.
Aunque su luz lejana
no nos pueda compañía dar
y aunque al despertar ya no va a estar,
hay que recordar:
"Cual faro en la tempestad
Siempre nos ha de guiar"
Se dio cuenta cuando él se acercó, pero fue indiferente a eso, no le importó mucho. Él se agachó para mirarla mejor, Tinkerbell no reaccionó a su presencia, no sabía cómo la había encontrado pero lo había hecho mas no fue algo que le llamara mucho la atención como para pensar en ello. El niño levantó la cara de Tinkerbell con su dedo para poder ver su rostro, fue entonces que Tinkerbell reaccionó, al ver sus ojos ámbar viéndola con curiosidad a ella.
-Así que aquí estabas.- susurró Peter, sin ser muy expresivo en su voz-. No es que me haya esforzado mucho al buscarte, de hecho había dejado de hacerlo, no pensé que estuvieras aquí.
Tinkerbell se le quedó viendo. Fue una coincidencia enorme que él la encontrara casualmente a ella o... era algo más, algo que tenía que ver con el destino o algo así, quién sabe, este tipo de cosas son impredecibles. Pero por un momento la tristeza de Tink desapareció y el odio por aquel chico regresó, no sabía por qué pero lo culpaba por lo que le había sucedido, si él no la hubiera mantenido aprisionada tanto tiempo tal vez hubiera alcanzado a sus compañeros. Pero aún así, Tink sólo le dedicó una mirada de odio a ese odioso niño.
Y él no dejaba de verla, como si le estuviera estudiando la expresión. La miró por casi un minuto que pareció muy largo y Tinkerbell ya se estaba cansando de estar así. Peter tomó a el hada con delicadeza con sus dos manos, Tinkerbell no se resistió en lo absoluto.
-Esa cara... ya la he visto antes.- dijo, viéndola fijamente, Tinkerbell no comprendió-. Tu cara de tristeza y confusión, tu miedo... Estás perdida.
¡Sí! ¡Tinkerbell estaba total y completamente perdida! ahora se daba cuenta. No sabía dónde estaba, no sabía dónde estaban sus compañeros, no sabía qué hacer, estaba completamente sola, no era más que un hada perdida, perdida en un mundo en el que ella no pertenece. Se dejó caer en las manos del niño que la sujetaba y comenzó a llorar inconsolablemente, tenía miedo, tenía mucho miedo. No tenía a nadie en ese mundo, y las personas que tenía en ese otro mundo pensaban que había muerto. ¿Qué tan sola puede estar una persona?
Peter comenzó a caminar y a llevarse a Tinkerbell a algún lado pero al hada no le importó, ya no importaba dónde estuviera, sus amigos no iban a estar con ella. No le importaría incluso ser la mascota de ese arrogante niño, ya no tenía a nadie más. Después de pasársela llorando una parte del camino, Tinkerbell levantó la vista y pudo ver a cinco niños que no había notado antes y que seguían a Peter, como si se aferraran a él, como si él fuera su única salvación, como si tuvieran miedo de alejarse, como si no tuvieran a nadie más.
-¿A dónde vamos?- se preguntó a sí misma más que otra cosa, ya que sabía que los humanos no la entendían.
Pero Peter escuchó un tintineo, que es el que provenía del hada y es lo único que escucha cuando la oye hablar. Pero, por algo, tal vez sólo intuición, sintió que el hada le preguntaba algo, él adivinó qué era lo que dijo.
-Tú estás perdida.- contestó, cosa que dejó sorprendida al hada-. Estás perdida, como estos niños que tengo a mi lado, como yo lo estuve en algún momento... Nos vamos a casa, Tinkerbell.
Ella no supo exactamente qué significaba, tampoco comprendió ese extraño cambio de actitud de él hacía ella, como si el hecho de que ahora estuviera perdida hubiera supuesto un cambio en la forma en que la miraba. Pero ya no le importó demasiado, porque con eso pudo, levemente, sentirse mejor, y el pensar en tener un lugar al cual volver hizo que le regresara la esperanza.
Tal vez sus amigos la habían perdido, pero ahora finalmente había sido encontrada, aunque por alguien más.
Ya no era alguien perdida, ya la habían encontrado... y ella encontró lo que no sabía que buscaba.
Lo encontró a él.
capitulo corto pero espero subir el siguiente muy pronto ;)
fue un capitulo de transición mas que otra cosa, pero espero que les haya gustado.
wow, escribí esto en una sola noche jeje ;)
¿reviews?
