IRRESISTIBLE ATRACCIÓN

~Owari no Seraph fanfic ~

Advertencias: Relación chico x chico (oséase shonen-ai /yaoi).

Pareja: MikaxYuu.

Disclaimer: La historia y personajes de Owari no Seraph no me pertenecen, son de Takaya Kagami y Yamato Yamamoto. Sólo hago uso de éste universo con fines de investigación, jaja ok no...sólo por entretenimiento y llenar ese vacío que dejan en mi corazón algunas situaciones oficiales del manga/anime.

Capítulo 2

Los primeros rayos del sol se colaban por la pequeña abertura que dejaba la cortina sobre la ventana. Ya tenía alrededor de una hora que Yoichi había despertado y se disponía a ir a la habitación de al lado para verificar que su compañero también ya estuviera listo.

Salió de su pequeño departamento y rápidamente se percató de que la puerta que se encontraba junto a la suya estaba entreabierta. Que despistado era Yuu al dejar así la puerta, pensó mientras se adentraba a la habitación.

—¡Yuu-kun! ¿Ya estás listo para salir al entrenamiento? Dejaste la puerta ab...—. No terminó la frase ya que se dio cuenta de que no había nadie adentro.

Pudo observar que no había gran desorden, sólo la cama destendida; se asomo al baño y tampoco se encontraba allí el peli negro, pero lo más extraño era que tanto los uniformes y el par de botas que se le asignaban a cada soldado estaban a la vista en el armario. ¿Sería que había salido con ropa casual a dar una vuelta?

No lo pensó mucho y mejor decidió bajar y reunirse con sus demás compañeros, esperaba el ojiverde no tardara mucho o recibiría una reprimenda por parte de Kimizuki o Mitsuba.

Ya estaban todos reunidos, tenía alrededor de quince minutos que llevaban esperando a cierto azabache y la paciencia de algunos es muy limitada.

—¿Qué se cree ese tonto al hacernos esperar, acaso no escuchó la hora a la que nos reuniríamos?—lanzó la pregunta Kimizuki algo irritado.

—Tranquilo Kimizuki-kun, ya les dije que no estaba en su habitación, debió hacérsele tarde para regresar y alistarse, jeje—contestó nervioso Yoichi, sabía que era algo difícil lidiar con el mal humor del pelirosa.

—Mejor deberíamos ir de una vez por él, tal vez se volvió a dormir—propuso Shinoa. Era cierto que tenía poco que Yuu se había recuperado, tal vez era demasiado pronto para él salir a entrenar.

—Entre más rápido mejor que seguir perdiendo el tiempo aquí —mencionó Mitsuba mientras comenzaba a caminar en dirección al complejo de apartamentos donde se alojaban Yuu y Yoichi.

Al llegar encontraron la habitación de la misma manera en la que el castaño la había visto.

—Hey Yoichi, ¿en verdad no escuchaste nada?—preguntó Mitsuba un tanto molesta —no tengo muchas ganas de estar buscando a alguien por toda la ciudad —.

—N-no, lo siento mucho...je—contestó el castaño aún nervioso y un poco preocupado.

Shinoa inspeccionaba con detenimiento la habitación, era un tanto extraño ya que había hablado con el pelinegro el día anterior y hasta le había casi jurado que no haría ninguna tontería. Un click hizo en su mente, no podía creer que decidiera hacer las cosas por su cuenta.

—Chicos...busquemos a Yuu-san un par de horas, si no llegásemos a encontrarlo temo que debemos informar al Teniente Coronel Guren sobre ésto —ordenó Shinoa un tanto dudosa y temiendo lo peor.

Todos asintieron, sabían lo que podría estar sucediendo ya que todos observaron el comportamiento de Yuu en la última batalla; su desesperación al ver a su familiar del lado de los vampiros.

—¡Maldición! Ahora vamos a tener que ser niñeras—se quejó Kimizuki tocándose el puente de la nariz con su dedo pulgar e índice y terminaba por acomodar sus lentes.

Acordaron un punto de reencuentro y no tardaron en separarse para cubrir más terreno.

Todo le daba vueltas, tenía la boca seca y sentía que en cualquier momento le iba a estallar la cabeza. Lentamente llevó su mano derecha para sostener su cabeza y empezó a abrir los ojos. Tomó consciencia de que estaba recostado en una suave cama, en una habitación en penumbra pero alcanzando a distinguir su decoración elegante europea.

Se sentía muy débil como para levantarse e investigar en dónde se encontraba pero estaba seguro que, fuese cual fuese el lugar, Mika era quien lo había llevado hasta allí.

Se sentía inquieto, se suponía que ese día, si es que sólo había pasado un día, debería estar en entrenamiento con sus compañeros. Seguramente estaban preocupados por él.

No sabía cuánto tiempo había pasado desde que despertó, pero alcanzo a ver una luz que entraba por la puerta que alguien estaba abriendo, entrecerró más los ojos debido a la molestia que le causaba esa claridad. Pronto notó la figura de un ahora conocido vampiro rubio que se adentraba lentamente a la habitación. Éste cerró la puerta y encendió una pequeña lampara que se encontraba en una mesita junto a un espacioso sofá ubicado al lado de la cama.

—Veo que ya despertaste Yuu-chan— dijo con tranquilidad el vampiro mientras se acercaba a la cama. El rubio se dio cuenta de la mirada cansada que le dirigía el azabache.

Yuu intentó incorporarse pero tan pronto como levantó la cabeza sintió una gran punzada que le impidió lograr su cometido. Emitió un leve quejido a causa del dolor.

—No seas imprudente, debes descansar — amablemente el ojiazul lo detuvo colocando una mano en el hombro del azabache en cuanto intentó enderezarse. Pronto le ayudó a volverse a recostar mientras él se sentaba en el borde de la cama.

—Mika...cuánto tiempo ha pasado desde que llegamos aquí?—por fin habló el ojiverde mientras volvía a sostener su cabeza con la mano.

—No deberías preocuparte por eso Yuu-chan, no ahora que por fin nos hemos reunido —decía el rubio con algo de nostalgia mientras subía un poco más su pierna derecha en la cama y se inclinaba para tomar algunos cabellos que desordenados caían sobre el rostro del otro chico, comenzando a acariciar entre sus dedos esas suaves hebras. Hacia tanto tiempo que no tenía contacto cercano con alguien, sólo con su madre adoptiva Krul, pero aquel era un contacto necesario para no perder la cordura, y éste era uno tan cálido, tan puro y confortante.

Yuu se empezaba a sentir incómodo ante la caricia que le dedicaba el rubio y decidió detenerlo, retiró la mano que había mantenido en su cabeza para apartar la mano de Mika. Inesperadamente el ojiazul lo tomó por la muñeca y la colocó sobre la almohada por arriba de su cabeza, tomando por sorpresa al pelinegro, quien se sorprendió aún más cuando el rubio se echó encima suyo abrazándolo con fuerza con su brazo libre.

—Te extrañé mucho, Yuu-chan—le dijo con toda la desesperación que había estado acumulando los últimos años.

El pelinegro a pesar de su sorpresa, no hizo más que corresponder, sólo que con un abrazo más flojo que el que recibía por parte del vampiro, aún seguía débil después de todo.

—Yo también Mika, por mucho tiempo pensé que había perdido a mi familia y que me había quedado sólo, pero sigues aquí...—. Cerró sus ojos y no pudo evitar que su voz se quebrara. Empezó a emitir leves hipidos tratando de contener sus emociones.

Los leves suspiros del azabache chocaban contra la oreja del rubio, causándole un ligero cosquilleo. Mika empezaba a sentir una calidez muy agradable que emitía el ojiverde y un aroma dulce se colaba en sus sentidos; pronto se dio cuenta de los golpes acelerados que emitía el corazón vivo que se encontraba bajo él.

Era tan agradable que se dejó llevar, girando más el rostro hasta que su nariz roso con la cálida piel del cuello del azabache, aspirando con lentitud más del dulce aroma que emanaba de aquella zona.

Yuu abrió los ojos ante aquel contacto, se puso tenso pero dejó pasar unos segundos. El mareo estaba volviendo, se sentía muy extraño, y al no parar de sentir como la respiración del rubio recorría su cuello, pensó en detenerlo; pero antes de que pudiera hacer algo, el ojiazul dejó libre su muñeca, aflojo su abrazo y se separo de él, parándose nuevamente junto a la cama.

—Y-Yuu-chan, t-te dejaré descansar. Por favor, no te preocupes por nada, yo estaré cerca—. Sin esperar a que el ojiverde dijera algo y sin dirigirle la mirada, el rubio salió de la habitación.

Yuu soltó un largo suspiro, prácticamente lo había obligado a ir con él y ahora ¿huía? ¿Qué había sido todo eso? Llevó su mano hasta su cuello, tocando donde estaba seguro no sólo se había posado la nariz de Mika, sino que también había sentido el suave rose de sus labios sobre su piel. El pelinegro no pudo evitar sonrojarse.

El vampiro se apresuró a entrar a un despacho que se encontraba a tan sólo un par de habitaciones más lejos del cuarto donde se encontraba el chico de ojos esmeralda. Se dirigió al sofá que estaba en medio de la habitación y se dejó caer pesadamente, cubrió su rostro con una mano y trató de regular su agitada respiración. No podía creer que se pudiera contener tanto tiempo y que tan solo la cercanía del pelinegro lo hiciera sentir de ese modo; por un momento quedó embelesado por el dulce aroma de la sangre de Yuu.

Se repudió a sí mismo por siquiera pensar en la sangre de la persona más importante para él, a quien jamás podría hacerle daño, a quien quería proteger. Pensó que tal vez perdió el control de si mismo por un momento debido a que ya había pasado un tiempo desde que había tomado su última ración de sangre. Sí, eso debió haber pasado.

Trató de calmarse un poco más y se dirigió al escritorio que estaba frente al sofá, abrió el primer cajón y saco una cajita que contenía alrededor de 10 tubos de ensayo, tomó uno de los pequeños tubos que contenía el tan deseado líquido carmesí perteneciente a Krul Tepes, lo destapó y bebió lentamente.

No podía acostumbrarse a aquello, cada que tomaba sangre se sentía un monstruo. Pensar que beber eso lo hacía sentirse mejor en verdad era frustrante. No quería mostrarle esa abominación al azabache, había decidido actuar lo más normal posible frente a él, pero se había permitido no sólo aspirar su dulce aroma, sino que también había deseado probar el tibio líquido que recorría por las venas de su preciada familia. Había posado sus labios en aquella suave piel y tras unos segundos de contacto, se detuvo al darse cuenta que sus filosos colmillos empezaban a asomarse, más que dispuestos a perforar y dejar fluir lo que estaba deseando.

Dejando de lado el aroma y deseo de sangre que sintió, no podía negar que la cercanía que tuvo con Yuu fue muy agradable, el mismo pelinegro le devolvió el abrazo. Sabía lo que se había atrevido a hacer y por lo mismo fue imposible para él dirigirle la mirada, temió por su reacción, pensó que lo mejor sería hablar sobre ello sólo si el ojiverde sacaba el tema. A pesar de que el azabache era impulsivo y necio, seguía siendo amable a su manera, seguía siendo el mismo Yuu que había conocido, eso en verdad le alegraba.

Ya había pasado el lapso de tiempo que habían acordado para reunirse después de la búsqueda de su compañero, ninguno había encontrado rastro de él. Yoichi se sentía culpable por no haber escuchado algo por la noche, tal vez pudo haber detenido al azabache.

Como había propuesto Shinoa, una vez reunidos se dirigieron al cuartel donde podrían encontrar a Guren. Sayuri, la castaña compañera de equipo del Teniente Coronel así como su asistente fue quien los recibió.

Después de haber tocado la puerta del despacho y le dieran permiso de entrar, avisó al Ichinose sobre la llegada de los jóvenes soldados.

—Señor, el equipo Shinoa desea hablar con usted—dijo mientras entraba al despacho y colocaba unos documentos en el escritorio —además de que solicitaron que esta vez por favor tenga la amabilidad de revisar los documentos, esperan una respuesta por escrito de su parte— agregó la chica.

—Tsk, dile a esos niños que vuelvan para Navidad, tal vez para entonces tenga más tiempo —respondió mientras tomaba de mala gana los documentos que le acababan de entregar.

—Señor, me temo que es importante...parece ser que Hyakuya-kun está desaparecido —terminó por soltar Sayuri un tanto preocupada.

Lo que le faltaba, no era suficiente tener que lidiar con el absurdo papeleo que le enviaban los Hiiragi, sino que ahora tendría que buscar al mocoso. Siempre tan impulsivo, debió saber que no se estaría quieto.

—Diles que pasen—ordenó de mala gana.

—Sí, señor—. La chica se giró y salió rápidamente de la habitación.

Guren dejó nuevamente los documentos sobre el escritorio, se estiró sobre su asiento y echó hacia atrás la cabeza. Sería una molestia si los vampiros intentaran llevarse a Yuu, ahora que saben sobre el poder que posee.

Los cuatro chicos entraron lentamente al despacho y rápidamente fueron recibidos con la fastidiada mirada de Guren. Shinoa dio unos pasos más adelante que los demás y se dispuso a hablar.

—Teniente Coronel, sentimos la intromisión pero era necesario informarle que Yuichiro-san lleva varias horas desaparecido. Por supuesto que ya hemos buscado su paradero dentro de la ciudad sin resultados favorables —explicó la chica con un semblante serio, raro en ella ya que la mayoría de las veces se la pasaba fastidiando.

—Y debo suponer que ya han pensado en posibilidades—dijo el pelinegro al enderezarase y cruzar los brazos.

—Probablemente salió en búsqueda del vampiro rubio que vimos en nuestro último encuentro—menciono Mitsuba con tranquilidad.

Todos sabían que ese chico llamado Mikaela al igual que Yuu, fue uno de los niños que los vampiros habían mantenido bajo su custodia para tener reservas de sangre tras la propagación del virus.

—Pero no sabemos en dónde podría estar—agregó Kimizuki con molestia.

—Podría estar en donde fue encontrado de niño, pero tenemos muy poca información sobre ese lugar, está por demás decir que debe ser uno de los lugares más peligrosos. Aunque también hay muchas otras opciones de su paradero —explicó Guren pensativo colocando su mano derecha en su barbilla.

—Lo que me parece extraño es que ayer hablé con Yuu-san y estaba muy seguro de no salir imprudentemente por su cuenta. Sé que ha desobedecido órdenes pero desde que formamos equipo ha demostrado compromiso con nosotros, su nueva familia—intervino Shinoa, estaba segura de que algo estaba mal.

—Bien, como no podemos actuar a ciegas, pediré a inteligencia una investigación y en cuanto tengamos información idearemos un plan—. El Ichinose dio un suspiro y se levantó de su asiento —manténganse alertas—finalizó y salió de su propio despacho.

El equipo Shinoa pospuso el entrenamiento de ese día y se separaron en espera de noticias.

Parecía que ya se encontraba mejor, o al menos eso pensó Yuu de si mismo, después de volver a dormir al menos ya no sentía que la cabeza se le partía. Además de que ésta vez si pudo enderezarse de la cama y levantarse.

Se dirigió a un ventanal que no había observado la primera vez que vio la habitación, estaba cubierto por una pesada cortina, la cual hizo a un lado sin correrla por completo. Afuera era de noche, había un balcón y más a lo lejos un jardín un poco descuidado, parecía una casa o mas bien dicho, una mansión normal sobre la superficie.

Decidió salir de la habitación y buscar al rubio, quería saber en dónde estaban, cuáles eran los planes de Mika, así como recuperar su espada. Iba a hacer que Asuramaru se las pagara por el terrible malestar que sintió.

Se acercó a la puerta e inesperadamente estaba abierta, ya se había imaginado que el rubio lo iba a encerrar y que tendría que terminar tirando la puerta. Dió solo un paso fuera al pasillo y rápidamente vio al ojiazul saliendo de una habitación que se encontraba cerca, coincidencia o realmente el ojiazul tenía buen oído.

—Yuu-chan, aún no deberías levantarte —le dijo el rubio mientras se acercaba a él, quien seguía practicamente al pie de la habitación.

Al ver como se acercaba, el pelinegro se sonrojó de repente, había recordado lo que había pasado la última vez que vio al ojiazul. Desvío la mirada al suelo y apenas caía en cuenta que estaba descalzo, era verdad, desde que despertó fuera de la ciudad no estaba vestido decentemente, seguía en su cómoda pijama azul claro.

—¿Yuu-chan? ¿Aún te sientes mal?—el rubio tocó con una de sus manos la frente del azabache, como lo vio rojo pensó que tal vez tenía fiebre.

—E-e-estoy mejor, no te preocupes—tartamudeó al tiempo que alejó la mano de Mika. En ese momento su estómago lo traicionó e hizo un ligero ruido en protesta del ayuno. Ahhh.. ¿podría sentir aún más vergüenza?

—Jeje, Yuu-chan en el armario de la habitación hay algunas prendas, escoge lo que gustes mientras yo te prepararé algo para comer—le propuso el rubio al ojiverde mientras subía una mano para cubrir su boca conteniendo una ligera risa.

—¿D-de qué te ríes? es algo normal—se defendió el pelinegro aun con un tenue rubor en sus mejillas por la vergüenza —Bien, pero aún tenemos cosas de qué hablar—agregó bufando en claro disgusto mientras regresaba a la habitación.

—Las escaleras están al final del pasillo, te espero abajo—le indicó Mika aún con una sonrisa, solo adentrándose a la habitación para cerrar la puerta.

—Sí—respondió aún de mala gana el azabache y escuchó la puerta cerrarse. Se golpeo las mejillas con ambas manos ¿qué le estaba pasando?, él se alteraba y Mika actuaba como si nada, seguía siendo amable y se preocupaba por él. Será que alucinó a causa de que no se sentía muy bien o tal vez fue algo que no debería tener importancia.

Decidió ya no pensar más en ello, no entendía por qué se sentía molesto. De cierta manera era inquietante.

Continuará

He aquí el segundo capítulo, gracias a los que se han dado el tiempo para leer ésta extrañeza que sale de mi mente.

Por ahí me decían que Asuramaru es hombre. La verdad oficialmente desconozco su género, me lo podría imaginar ya que la terminación "maru" en Japón se usa para nombres masculinos, pero aquí me gusta que sea una malvada Loli.

Va lento, tengan calma que haré mi mejor esfuerzo para exprimir mi cerebro y salga un shaoi decente. Me inspiraré escuchado el OST de la serie.

P.D. Hay un feo error en el segundo párrafo del primer capítulo (queríachr por qué... y era quería saber por qué) lo siento =/ maldita aplicación chafa de office , Pff.