El primer niño perdido

capítulo 7: Firefly Fire.

Mira al reloj cual nunca se parará,

al cambio de estación a otoño nueva vida se sembrará,

junto a ella la esperanza comenzará

y un nuevo sueño empezará.

Un destino con ella vendrá.

Ya habían pasado meses, ¿cuántos meses? quién sabe, Tinkerbell dejó de contar tras las primeras semanas. Pero ella ya se había acostumbrado. Los días eran iguales o muy diferentes, pero los días seguían y no se detenían, como el reloj, no deja de girar, cada que pasa un segundo parece que se detiene pero pronto se vuelve a mover. La vida de aquellos niños era extraña. Peter parecía acostumbrado, parecía que todo a su alrededor era normal, era despreocupado y no le interesaba mucho lo que pasaba a su alrededor a menos que fuera para jugar un buen juego. A ese niño le gustaba jugar.

Tinkerbell vivía ahora en un edificio abandonado. Por fuera se veía viejo y sucio, por dentro lo era peor. Paredes sin pintar, podía verse incluso los ladrillos, madera en el suelo, telarañas con sus arañas, ratas que se daban algunos paseos por las esquinas, muebles rojos y rotos con una que otra pulga en ellos ya que por las noches los perros se meten y se duermen ahí.

Los niños eran constantes y a la vez iban y venían. Los niños perdidos, ellos tenían ese lugar abandonado para vivir. Los niños iban y venían, pero algunos se quedaban, siempre ahí, no se iban a ningún lado, eran esos los que llevaban más tiempo o tal vez eran los más listos o los que no tenían un lugar concreto al cual volver. ¿Los niños que se iban?, el resto prefería pensar que sus familias los habían encontrado, por eso no regresaban. A esos que se iban, Peter no los buscaba. A aquellos que se iban sin avisar... había veces en que Peter los traía de regreso a su improvisado hogar, esos pequeños asustados, pero había veces en que Peter volvía sin nadie, dando por perdidos a los ya perdidos. Doblemente perdidos.

Peter era un líder, aunque actuaba como si no le importaran los demás. Peter era el que había sacado a la mayoría de la calle y ahora les daba algo muy parecido a un hogar. Si bien seguían siendo niños perdidos pero al menos tenían su muy improvisada casita para vivir. Casi todos eran niños, las niñas son demasiado listas para perderse, era muy raro que hubiera una por allí... tomando en cuenta de que son las que más se vuelven doblemente perdidas. Todos sentían gran gratitud, respeto y algo de temor a su líder, Peter, sabían lo que es capaz de hacer por sus compañeros pero también sabían lo que es capaz de hacer contra los que lo molestan. Se aferraban a lo único que les daba la sensación de pertenencia y que al mismo tiempo era algo de lo más peligroso y cruel.

Los niños salen y entran del edificio. Roban de día, no los culpen, los extraviados también necesitan comer. Al anochecer la mayoría regresa a casa, exceptuando a los doblemente perdidos y a los que dicen querer estar solos, o simplemente a los que no les apetecía cenar esa noche en su casita. Comían en una vieja mesa de madera, había que correr para alcanzar las únicas dos sillas, o intentar arrastrar uno de los muebles para sentarse, algunos otros comían en el suelo. Sacaban de sus bolsas, mochilas, sacos, gorros e incluso zapatos, toda la comida que habían robado y que deseaban compartir para poder comer con su nueva disque familia. Sólo los alimentos que desearan compartir. Peter les repite que si quieren sobrevivir en las calles deben aprender a valerse por sí mismos y preocuparse sólo por ellos mismos. Pero compartían, lo que apetecían compartir, no eran malos, sólo cuando tenían que serlo, no había opción. La mesa se llenaba de manzanas, pan frío, galletas y muchos dulces.

Aparte de robar para sobrevivir, los días eran felices, al menos para la mayoría, había aquellos que aún no aceptaban a acostumbrarse a esa vida, allá ellos. Jugaban, jugaban en el parque o en ese mismo edificio, se escondían, se perseguían, se empujaban. Fingían ser piratas en busca de un tesoro. Juegos divertidísimos. Eran amigos, tal vez no todos, pero como es común, cada uno forma su grupo de amigos, pero hay quienes preferían pasarla solos. Los días eran felices, con juegos y diversión, lo único bueno de todo esto es que no había nadie que detuviera su imaginación.

Las noches. Aquellos recuerdos, con familias, con hogares reales, en una cama caliente y cómoda, con una madre que te bese y te desee buenas noches. Recuerdos que golpeaban la mente de esos niños, convirtiendo las noches en terribles pesadillas que borraban la felicidad de los días de sus cabezas. Deseos de regresar a su hogar, con sus padres que tanto quieren, a los días en los que no eran perdidos. Las frías noches eran de niños llorando, niños con mucho sufrimiento, orando por despertar y que su madre entre a la habitación diciéndoles que todo fue una pesadilla, mientras los abraza y les prepara chocolate caliente. Había otros, otros a los que nadie había, o recordaba, visto llorar, niños que parecían molestos por tener que aguantar a los otros llorones chillando toda la noche. Niños que no les importaba nada, que no les interesaba, niños que dicen preferir esta vida a regresar, entre ellos George. Peter era diferente, no lloraba, no se enojaba, estaba vacío.

Mary. Pequeñita, 10 años, bello cabello anaranjado maltratado por la falta de cuidados, de las pocas niñas ahí. Era la única que podía consolarlos, aunque sea por un instante. Siempre alegre (exceptuando las noches), sonriente, dispuesta a ayudar a los demás. Al caer la noche, antes de que la pesadilla vuelva a empezar, la pequeña Mary se pone manos a la obra para reunir a todos sus amigos, sus compañeros. Se sienta frente a una chimenea apagada, que no se atreven a prender, los demás la miran con ilusión mientras ella comienza a contarles cuentos, parece una experta en ello. Los más pequeños todos la escuchan, los mayores también lo hacen de cuando en cuando. Una vez dijo que su madre le había enseñado todos esos cuentos pero que ella se había inventado otros muchos, también decía que cuando fuera grande le enseñaría a su hija a contar cuentos. A la pequeña Mary comenzaron a llamarla "madre", aunque todo era un juego.

¿Que si los niños conocían a Tinkerbell? algunos. George y Mary la conocían desde el principio, también Peter, que no paraba de decir que el hada era de su propiedad, aunque ya no era tan posesivo como al principio. Fuera de ellos tres había otros cuantos niños que también conocían a el hada, no todos claro está. Había niños, que a pesar de que todos estaban en las mismas condiciones, eran malvados. Peter puede ser a veces cruel y egoísta pero no era malvado, había niños que sí lo eran, que traicionarían si fuera necesario. Peter dice que la traición es morir, sea lo que sea que quiera decir con esto, ya sea literal o metafóricamente, los demás no dudaban en obedecerlo. Pero esos malvados, que podían contarse con los dedos de las manos, no eran de confianza, de hecho ¿quién lo era?, para revelar el secreto de tener un hada es difícil si debes saber en quién confiar. Imagina ser un niño perdido, te encuentras un hada, piénsalo, un circo pagaría muy bien por ese bichito, quizá lo suficiente para que un niño viva bien por un tiempo.

El tiempo transcurre, incluso para Tinkerbell, incluso cuando cada recuerdo de su vida pasada doliera tanto como un montón de espinas. Pero no perdía la esperanza. Vio las hojas cayendo delicadamente, los colores cambiaban y el aire se volvía más fresco. Cambio de estación. Otoño.

Los niños tienen grupos, estaba Peter, que a pesar de que prefiere estar solo a menos de que sea para jugar, George lo sigue fielmente a todas partes últimamente, cosa que irrita mucho a Peter. Tras George, apegada a él como una pequeña asustada, estaba Mary. Peter había obligado a George cuidar de Mary, George salvó a Mary y, según Peter, cuando salvas una vida es tu responsabilidad, pero a George, aún ahora, no parece agradarle la idea. Con Mary, sentada con cuidado en su hombro, estaba Tinkerbell, que no se apartaba mucho de esos niños.

Paseaban por Kensington Gardens, como siempre, el lugar favorito de Peter.

-Yo y George vamos a salir un rato.- mencionó Peter-. ¿Puedes quedarte aquí sola, Mary?

-Estaré con Tinkerbell.- contestó la pequeña.

-Sí claro, nos vamos. Puedes jugar por allí, no te alejes mucho.

-No te preocupes.- contestó ella-. Estaré bien.

Mary, tan limpia y elegante que lucía al principio, ahora estaba llena de tierra, con algunos raspones en las rodillas, con su mismo vestidito rosa un poco roto y sucio. Su cabello estaba maltratado pero ella hacía el esfuerzo por arreglarlo, lo mojaba con el agua del río y se lo peinaba con los dedos o con un peine que encontraba. Seguía siendo tan dulce e inocente, pero ahora ya casi no lloraba.

Mary bajó a Tinkerbell al suelo. El hada miró a sus alrededores, estuvo esperando con ansias el cambio de estación, pero no veía nada. El clima y los colores estaban cambiando pero no veía a ninguna otra hada, no veía a sus amigas ¿acaso se escondían? ¿por qué? Tinkerbell es un hada ¿no sería sencillo para ella encontrarlas?, pero no estaban. Lo que sea que haya pasado, ya se habían ido, al parecer.

-Tinkerbell ¿estás triste?- preguntó Mary al notar el estado de ánimo de su amiga.

-No... es sólo que...

-¿No están tus amigas?

Mary era una niña muy lista, tanto como Lizzy. En los meses que Tink llevó de conocerla, pudo lograr comunicarse con ella, así como hacía con Lizzy. Mary ahora entendía mejor las cosas que quería decir el hada. Tink, de la misma forma que lo hizo con Lizzy en su tiempo, le contó de dónde venía, de sus amigas, de su trabajo, hasta la forma de cómo viene un hada al mundo. Costó un poco al principio, pero ahora Mary lograba comprenderla.

-No te preocupes, seguro que las encontrarás.- dijo con amabilidad, intentando ser dulce y consolar a su amiga-. Ven, caminemos por allá.

Tinkerbell dejó que la niña la sostuviera, desde que no podía volar era muy difícil seguir a esos enormes niños a pie, por eso Mary siempre la llevaba. Tink se había fabricado un nuevo vestido, muy parecido al anterior, con hojas del parque, ella era realmente muy buena en eso, también se hizo un nuevo par de zapatos y no tardó en encontrar algodón para decorarlos. Su brazo sanó con el tiempo, a diferencia de su ala que nunca se curaría a menos que se encontrara con su hermana.

Pasearon un rato y se detuvieron frente al Serpentine, que es un lago en forma de serpiente que está en Hyde Park, junto a Kensington Gardens. La brisa daba bien ahí, era relajante, los gansos nadaban en el río y Tinkebell no dudó en acercarse al agua y tocarla con sus manos. Extrañaba a Silvermist.

-Hum... tengo una duda, Tinkerbell.- habló la niña que se encontraba pensativa, mientras acariciaba el pasto verde.

-¿Qué pasa Lizzy?... digo, Mary.- rayos, qué bueno que Mary sólo escuchaba tintineos y no se dio cuenta de su error. Genial, ahora extrañaba a Lizzy.

-Tengo la duda desde hace un rato...- no parecía decidirse a preguntar-. Amm, ¿ustedes las hadas necesitan polvillo para volar?

-Así es.- contestó asintiendo.

-Y... ¿necesitan sus alas para volar?

-Claro.- no sabía a dónde quería llegar con eso.

-Mi duda es... Si tienen polvo de hadas, que puede hacer volar cualquier cosa ¿por qué necesitan las alas?, y si tienen las alas y con ellas se supone que pueden volar ¿por qué necesitan el polvillo?

-Bueno eso es porque...ah, yo...- la verdad nunca se había detenido a pensar en eso, no tiene ni el más mínimo sentido-. Emm yo, no sé, cosas de hadas... creo.

-Ja, ja, ja. Realmente no lo sabes, ¿cierto? Ja, ja, ja.- no eran risas del todo burlonas, eran inocentes, pero aún así Tink se enojó un poco.

-Oye, Mary, mira.- dijo, repentinamente curiosa al ver a una niñera un tanto distraída junto a una carreola.

-Oh, cielos, es una carreola.- habló la niña, un tanto preocupada.

-Hay que acercarnos, Mary, vamos.- dijo el hada mientras llamaba la atención de la niña. Si tan sólo pudiera volar...

-Está bien.- asintió, comprendiendo lo que el hada trataba de decirle.

Mary tomó a Tink y la escondió entre su vestido. Se acercó al bebé, Tinkerbell miró, los bebés le daban mucha curiosidad. Tinkerbell bajó hasta el carrito donde el bebé permanecía tranquilo, mirando el cielo azul. Mary miró a Tinkerbell acercarse al bebé por un momento pero después apartó la mirada hacia la niñera, que permanecía distraída hablando con otra chica.

-Oh, por favor, ¡cuide bien de ese bebé, señorita!.- dijo, casi, casi gritando, llamando la atención de la chica-. Ahora sé que no es tan terrible ser un niño perdido, pero aún así ¡tenga mucho cuidado de que no se caiga ese bebé del cochecito! ¡no todos los niños perdidos son tan afortunados como yo que encontré a alguien que me cuide!

-¡Eso a mí nunca me ha pasado!- exclamó la niñera, claramente ofendida-. Espero que no estés insinuando que yo podría perder a un bebé, ¿verdad? ¡Como si yo pudiera hacer algo así! como si yo una vez hubiera...- pero antes de que continuara gritando, el bebé que estaba en el cochecito empezó a llorar.

Resulta que Tinkerbell se acercó tanto al bebé que éste al mirarla se echó a llorar. Tink se escondió rápidamente entre la cobijita del bebé antes de que su niñera se asomara.

-Mira lo que hiciste, niña.- se quejó la joven-. ¡Lo has hecho llorar!, ¡vete de aquí niña callejera antes de que llame a algún policía!

Mary echó un vistazo a la carreola, donde se encontraba Tinkerbell, ésta le hizo señales de que se fuera y que después la alcanzaría. Mary no entendió por qué Tink quería eso, ni siquiera entendía del todo su fascinación por los bebés, pero la dejó ser.

-Está bien, señorita.- contestó a la niñera y, secretamente, también a Tinkerbell. Después se alejó de ahí.

Tink se acercó al bebé que aún lloraba, a ver si era buena sacándole una sonrisa. Hizo todo tipo de muecas y gestos pero no lograba hacer más que el llanto del bebé aumentara. Al final el hada se cansó, se dispuso a irse pero al dar un paso, tropezó con la cobijita del bebé, soltando el pequeño una risa.

Fue un sonido lindo y relajante, muy dulce y delicado. La niñera aplaudió y comenzó a dar pequeñas risitas ella también.

-Es la primera vez que se ríe, ¡angelito!

¿La primera vez que se ríe?

¡La primera vez que se ríe!

Tinkerbell fue con toda velocidad a asomarse por fuera del cochecito. Lo vio. Una pequeña brisa golpeó un diente de león, rompiéndolo. Tinkerbell vio cómo una partícula de esa plantita comenzaba a volar a una dirección que ella ya sabía.

"Debo alcanzarlo" se dijo mentalmente "Debo alcanzarlo".

No sabía por qué tenia que seguirlo, sólo sintió el impulso de hacerlo. Bajó rápidamente de la carreola y corrió tras ese pedacito blanco, esponjoso que volaba por el aire. Era inútil, esa cosa avanzaba muy rápido. Tink estaba a punto de rendirse cuando algo inesperado pasó.

Un grupo de luciérnagas chocó contra ese pedacito blanco, haciéndolo cambiar de dirección. Eso no era bueno. Tinkerbell corrió con más fuerza que antes mientras se preguntaba qué rayos estaban haciendo luciérnagas a esta hora del día. Ahora también extrañó a Blaze, su amigo luciérnaga.

Esas luciérnagas chocaron con unas bellas flores rojas, saltando pétalos rojos por el aire mientras Tink los seguía por debajo. Esos pétalos reflejando la luz del sol en el aire, parecía casi como un mar de fuego intenso. Y esa cosita blanca no dejaba de volar de un lado a otro sin dirección concreta, totalmente desviado ¿realmente es posible que pase esto? ¿Cuántas hadas no habrán perdido por algo como esto?

Finalmente, esa cosita blanca cayó delicadamente al suelo. Tinkerbell, cansada, finalmente logró acercarse. Y pensar que eso pudo convertirse en un hada. Ahora no parecía haber forma de que esto llegue a Nunca Jamás y se convierta en el hada que debería ser. Entonces a Tinkerbell se le ocurrió una idea. Esto no puede llegar a Nunca Jamás pero... ¿Qué pasaría si naciera aquí?

-¿Pero cómo hago para que nazca aquí?- se preguntó a sí misma mientras daba vueltas alrededor de esa cosita blanca-. Tal vez si logro despertarla pueda hacer que ella vuele hasta Nunca Jamás y me traiga ayuda.- ideó-. ¿Pero cómo?

Había presenciado el nacimiento de otras hadas, pero en realidad no recordaba cómo le hacía la Reina Clarion para que despertaran. Ni siquiera se acordaba exactamente cómo nació ella. Tal vez con un poco de polvo de hadas...

Entonces recordó la bolsita de polvillo que se había encontrado en el campamento. Tink la llevaba consigo a todos lados, la sacó y miró esa pequeña bolsita, después con rapidez la abrió... Lo que encontró la dejó sin palabras.

¡Polvillo azul!

¡¿Qué hacía esa bolsita con polvillo azul?! Recordaba hace unos años, cuando ella fue la que fabricó el centro para el festival de otoño. Tuvo muchos problemas en ese entonces, pero al final lo logró. Ese año obtuvieron mucho polvillo azul, demasiado de hecho. Les sobraba mucho polvillo azul, Tinkerbell nunca supo qué fue de ese polvillo que sobró, tampoco le importó mucho, asumió que lo habían guardado para alguna emergencia. Ya habían pasado 8 años de eso, se preguntaba a qué hada le tocó hacer el nuevo centro este año...

Está claro que ese año sobró mucho polvillo, pero aún así no tenía mucho sentido que las hadas del polvillo se hubieran traído a Tierra Firme una bolsita con polvillo azul, no tiene sentido. Entonces algo se le ocurrió. Terence, el debió dejarlo, el debió dejarlo para ella, pero ¿por qué?, ¿acaso en el fondo sabía que Tinkerbell estaba bien? tal vez guardaba alguna esperanza... Pero ¿dónde consiguió el polvillo azul? Sea como sea, a Tinkerbell no le serviría de nada si su ala estaba rota pero es algo que Terence no podría saber. El polvillo azul es incluso más poderoso que el polvillo dorado normal, con él podría llegar a Nunca Jamas sin problemas... si tan sólo no tuviera el ala rota.

Pero seguramente ese polvillo azul le sería útil ahora, ahora que quería ayudar a nacer a una nueva hada que podría ser su amiga. Tomó un poco de ese polvillo azul en su mano derecha y se lo echó a esa futura hada. Cruzó los dedos y suplicó que funcionara.

-Vamos, amiga, vamos, nace.- dijo con ansias-. Tiene que funcionar, tiene que funcionar. Seguramente podremos ser amigas, tú puedes hacerlo.

Oh, vaya, por todos los cielos... es un chico.

-¿Pero... qué rayos?- murmuró al ver al hada chico que se comenzaba a sentar y miraba a su alrededor confundido.

A Tinkerbell se le vino a la mente un recuerdo de una conversación que tuvo con Lizzy hace ya muchos años, cuando apenas la conoció. Lizzy creía que había hadas de color azul, cosa que a Tinkerbell le pareció muy ridículo e improbable. Las cosas de la vida, cosas que hacen recordar, por más ridículas que tratasen, qué ironía más grande, resulta que Lizzy tenía razón. Esta hada era azul.

Tink esperaba una amiga, pero le llegó un amigo, pero eso ya no importaba, lo realmente sorprendente es que este chico hada tenía la piel color azul. ¿Efecto secundario de haber nacido con polvillo azul? tal vez. Además de eso, era un chico realmente lindo, con cabello rojo y adorables ojos color miel.

El hada artesana se acercó con cautela a su nuevo amigo recién nacido, esperando la típica reacción de las hadas recién llegadas. Ven a alguien y saludan casi en forma de pregunta "Hola".

-¡Tengo hambre!- exclamó tan pronto vio a Tinkerbell. Qué extraña primera frase.

-Ah... Hola.- saludó intentando ser amable, ignorando lo que el chico había dicho anteriormente-. Soy...

-¡Eres hermosa!- dijo repentinamente.

-¿Qué?, ah, gracias.- dijo algo avergonzada y a la vez alagada.

-¡Pero yo soy más hermoso!- gritó-. ¡Nadie puede ser tan hermoso como yo... ni tener tanta hambre!

-Sí, claro.- dijo algo irritada, ya no sabía si esta nueva amistad iba a funcionar perfectamente-. Mi nombre es Tinkerbell.

-Lo sé.

-¿Cómo lo sabes?- dijo impresionada.

-Yo lo sé todo.- respondió de forma presumida.

-No puedes saberlo todo porque naciste hace sólo un minuto.- le respondió algo frustrada, parecía que trataba con un niño pequeño.

-Yo soy muy listo, más listo que el hambre.

-Como sea, no podemos quedarnos aquí.- lo tomó del brazo-. Hay que irnos o los humanos podrán vernos.

Tinkerbell lo llevó hasta un gran árbol. Mientras caminaban, el hada chico miró a sus alrededores, asombrado por el lugar en donde estaban, ya que nunca había visto nada antes, acababa de nacer. Finalmente se quedaron en la sombra de ese gran árbol, ahí Tink podría hablar tranquilamente con él.

-Lo primero será ponerte un nombre.- le dijo mientras se sentaba.

-Tiene que ser un nombre digno para alguien tan sabio como yo... más sabio que el hambre.

-¿Tú realmente tienes tanta hambre?- preguntó extrañada. No recordaba a alguien que hubiera tenido tanta hambre al nacer, ella misma ni siquiera sintió el estomago vacío cuando nació.

-No hay nada más poderoso que el hambre.

-¿Qué me dices de el amor o la amistad?

-O del hambre- bien, quedaba claro que no había forma de razonar con él.

-Entonces... creo que te llamaré Firefly Fire, por razones que algún día te contaré.- dijo sonriendo. A pesar de la extraña personalidad de ese chico, seguía siendo un nuevo amigo ¿no es así?

-¿Firefly Fire?

-Sí ¿acaso no te gusta?- preguntó desanimándose.

-¡Me encanta!- exclamó feliz, tan feliz que comenzó a elevarse ligeramente. Sonreía tanto que cuando se dio cuenta ya estaba varios centímetros alejado del suelo-. ¡Me encanta tanto que puedo volar!

-Ja, ja. Las hadas así volamos.

-Entonces ven, ¡vuela conmigo!- dijo sonriendo, mientras aprendía a revolotear de un lado a otro.

-Yo... no puedo.- contestó con tristeza mientras bajaba la cabeza.

-Tú dijiste que las hadas volaban ¿eres un hada o no?

-¡Yo soy un hada! es sólo que... mi ala está rota.

-¡Cósela! seguro funciona.

-Eso no tiene sentido. No hay forma de curar un ala rota, sólo...- no sabía si contarle, decidió no decirle por ahora, no quería hablar de eso-. Pero tú no vueles tanto, no tengo tanto polvillo. El polvillo es...

-¡Yo sé lo que es el polvillo!- respondió mientras bajaba al suelo y sonreía-. ¿Qué es el polvillo?

-El polvillo es lo que permite a las hadas volar...

-Entonces ponle polvillo a tu ala rota, seguro funciona.

-Las alas rotas no pueden volar, no importa el polvillo que le pongas.- dijo con tristeza.

-Pero si tenemos alas y las alas son para volar ¿por qué necesitamos polvillo?

-¡Yo no lo sé, Fire!- realmente ya estaba muy molesta con eso-. ¡Sólo deja de volar por un momento!

-Pero ya no estoy volando, sólo tengo hambre.

-¡Después comeremos algo!

-No, tú no eres para nada hermosa.- dijo traviesamente-. Ahora tienes la cara roja.

-¡Porque tú me haces enojar!- este chico era imposible-. Te contaré de dónde somos las hadas.

-Ya lo sé.

-¡No, no lo sabes!- gritó más que enojada-. Nosotros somos de Nunca Jamás, de la Tierra de las Hadas. Ahora estamos en Tierra Firme, aquí viven los humanos, debemos regresar a nuestro hogar.

-A mí me gusta este lugar.- dijo mientras arrancaba una hoja y se la llevaba a la boca para mordisquearla.

-¡Oye, deja eso!- se acercó a él y le quitó la hoja de la boca-. Las hadas no comemos plantas.

-¡Pero tengo hambre! ¡yo como lo que sea!

-En un momento iremos a...- entonces Fire se acercó a la raíz del árbol y comenzó a morderlo-. ¡Las hadas tampoco comemos arboles!

-¡¿Entonces qué se supone que comamos?!

-Escucha, creo que tengo polvillo azul suficiente para que vueles a Nunca Jamás y me traigas ayuda ¿crees poder hacer eso?

-No, a mí me gusta este lugar.

-¡Aagghh! ¡Eres una pesadilla!- gritó, totalmente roja del enojo-. ¡Eres el hada más tonta que he conocido!

-Y tú eres la más mala que he conocido, y eso que no conozco a ninguna otra.

-Bien, mira, tú y yo estamos solos en este lugar y te guste o no yo te traje a la vida y...

-¿Eres mi madre?, aliméntame.

-¡NO soy tu madre!- gritó ya llena de frustración-. ¡Estoy perdida!- se sentó en el suelo y se cruzó de brazos.

Tinkerbell se quedó sentada un rato, intentando aclarar sus pensamientos. Ella quería volverá a su hogar pero era obvio que Firefly Fire no iba a poder ayudarla en eso. Al menos hizo su acción buena del día ayudando a esta hada que claramente no iba a tener la oportunidad de vivir si se le dejaba sola. Al menos con él ahora tendría compañía que la comprendiera, o al menos que escuchara lo que está diciendo.

-Oh, lo olvidaba.- dijo más tranquila, después de unos minutos sin decir nada-. Aún no sabemos cuál es tu talento.

-¿Mi talento?

-Tu talento te convierte en lo que eres, es lo que eres tú, lo que puedes hacer.

-No entiendo.- se llevó una hoja a la boca.

-Es tu especialidad, como ser hada del jardín o hada del agua o de los animales.- le explicó.

-Yo seré el hada de todo.

-No existen hadas de todo.- se cruzó de brazos.

-Ahora las hay, soy yo.- sonrió enormemente.

-No, no entiendes, sólo puedes tener un talento y tú no lo escoges.- dijo seriamente.

-Qué tontería.

-No es una tontería, a mí me tomó un tiempo entenderlo, pero así son las cosas y no te preocupes, estarás orgulloso de tu talento.

-Sólo digo que si mi talento es lo que soy, entonces yo debería escoger qué ser realmente y no creo que tenga que ser sólo una cosa. Como esta hoja de árbol y este pétalo de flor, yo decido comérmelas y decido comerme las dos.- se llevó ambos pedazos de planta a la boca y comenzó a masticarlos.

-Está bien, está claro que hada del jardín no eres.- dijo mientras se daba una palmada en la frente-. Pero creo que entiendo lo que quieres decir.

Al principio, Tinkerbell no había aceptado ser un hada artesana, le gustaba ser hada artesana pero siéndolo no podría ir a Tierra Firme, sólo por eso no quería serlo. Pero ¿qué pasaría si alguna vez un hada no quisiera su talento?, no por un capricho, sino porque simplemente no le gusta. ¿Acaso a alguien no le podría gustar algo en el que es tan bueno?, jamás ha escuchado algo como eso pero tal vez era posible. ¿Y si algún día un hada quisiera ser algo más que su propio talento?, que no lo dejara, sino que quisiera hacer más. Últimamente se había preguntado cosas, cosas que no tenían sentido pero aún así las hadas podían vivir con ello. Se había dado cuenta de que las hadas les faltaba algo que no pensó que necesitaran. El derecho a elegir.

-No importa, Firefly Fire, a ti te gustará tu talento, sea cual sea.- miró al chico detenidamente-. Tienes el pelo pelirrojo, como las hadas del jardín, pero la piel azul me confunde.

-¿No es normal la piel azul?- preguntó inocentemente.

-No.- movió la cabeza de un lado a otro en señal de negación mientras miraba a su nuevo amigo de forma rara.

-Entonces soy el elegido.

-¿Pero qué estás diciendo? En fin, vamos, te encontraré tu talento.

Tink llevó a Fire a un sitió donde se encontraba un nido de patos, mantuvo su distancia, no quería enojarlos o asustarlos.

-Si eres un hada de los animales podrás llevarte bien con ellos.- indicó Tinkerbell.

-Bien.- Fire estaba a punto de acercarse pero Tink lo detuvo-. ¿Qué?

-Ten cuidado, si no eres un hada de los animales puede que te vaya muy mal.

-No te preocupes, Tinkerbell, yo lo sé todo ¿recuerdas?

-No lo sabes todo.- dijo molesta-. Sólo sé precavido.

Fire se acercó al nido de patos, se veía muy relajado. La pata que empollaba sus huevos no se percató que el hada se acercó a ella, tampoco se dio cuenta cuando Fire logró colocarse debajo de ella.

-¿Pero qué está haciendo?- se preguntó Tinkerbell al ver a Fire metiéndose debajo de la mamá pato.

Entonces vio a Fire salir por el lado contrario de donde se había metido pero... ¡estaba cargando un huevo! Fire rodeó el nido, escondido entre el pasto y llegó hasta Tinkerbell, llevando el huevo consigo.

-¡Mira, Tinkerbell! ¡para la cena, ahora sí comeremos rico! ¡¿cómo se cocina?!- exclamó con felicidad.

-¡Fire ¿qué estás haciendo?!- gritó escandalizada por la acción de ese chico, esto no iba a terminar bien. No, para nada iba a terminar bien, cuando Tink alzó la vista, la mamá pata estaba parada justo atrás de ella, mirándolos con enojo-. ¡Fire, corre!

Tinkerbell tomó a Fire del brazo y salió corriendo de ahí, arrastrando a Fire consigo mientras la mamá pata los perseguía totalmente enojada, agitando sus alas como una loca, tambaleándose con cada rápido paso y gritando su "Cuac, cuac".

-Creí que no escaparíamos de ella.- dijo Tink, muy agitada, se habían escondido en un agujero, probablemente de algún topo.

-Pero dejamos la cena atrás.

-Fire.- lo tomó por los hombros-. Eso no se hace jamás. Creo que no eres un hada del jardín ni de los animales.

-¿Entonces qué hacemos ahora?

-¿Te gustaría chapotear en el agua?- preguntó sonriendo, intentando parecer animada, cuando sabía que esa no era una buena idea.

Caminaron hasta el lago, que no les quedaba muy lejos. Tink se sentó en la orilla y se relajó, aunque el agua estaba fría. Firefly Fire se puso a revolotear encima del agua y de vez en cuando la tocaba con sus pies.

-Ten mucho cuidado, Fire, ser un hada del agua no es tan fácil como parece, créeme, lo sé.- dijo recordando algo, puso mala cara-. Realmente lo sé.

-Seré el mejor hada del agua, sólo el hambre me superará.- Tinkerbell giró los ojos ante tal comentario-. ¿Qué debo hacer?

-No sé, intenta mover un poco el agua.

-Ya la estoy moviendo.

-¡¿Qué?! ¿en serio?- se paró, sorprendida.

-Sí, observa.- señaló el agua.

-Oh, es sólo la corriente.- dijo, desanimada-. Tú sólo intenta elevarla.

-¿Con polvillo de hadas?

-No, con tu talento.

-Lo sabía.- Fire intentó mover el agua pero por más que lo intentó no lo logró.

-¿Sabes qué? hay una forma más sencilla de saber si eres de agua o no.

-Ya lo sé.- dijo mientras dejaba de intentar y fruncía el ceño-. ¿Cuál es?

-Intenta tomar un poco de agua con tus manos, si se te cae no eres de agua.- explicó-. Pero ten cuidado no vayas a...

-Lo sé, lo sé.- contestó mientras acercaba sus manitas al agua y trataba de tomar un poco, pero cada que lo intentaba el agua se caía.

-Lo lamento, Fire, parece que tampoco eres de agua.

-¡No, yo puedo!- siguió intentando hasta que... tropezó, cayó al agua y se lo llevó la corriente-. ¡Auxilió, Tinkerbell! ¡sálvame!

-¡Oh, no! ¡Firefly Fire! ¡¿Quién se tropieza en el aire normalmente?!

No sabía cómo acercarse a él y ayudarlo, estaba algo lejos de la orilla, si tan sólo pudiera volar. Intentó seguirlo mientras la corriente se lo llevaba, no podría ir muy lejos, la corriente probablemente lo llevaría a la orilla, claro, mientras él no se hundiera.

-¡Fire, intenta nadar!- le gritó con desesperación.

-¡Pero no sé cómo!- gritó, haciendo que el agua le entrara por la boca-.¡Puaj! ¡me ahogo!

-¡No, Fire, no! ¡tú dijiste que sabías todo, intenta nadar también!- intentó animarlo.

-¡Ayúdame!

-¡Entonces no nades, yo iré por ti! ¡sólo intenta flotar!- dijo, intentando convencerse a sí misma que podría salvarlo-. ¡Aguanta mientras yo llego! ¡sólo flota!- se quitó los zapatos y se metió al agua.

-¡Pero no sé cómo!- gritó mientras levantaba las manos, como si quisiera agarrar algo de arriba.

-¡No es tan difícil! ¡es un lago, la corriente tampoco es muy fuerte!- gritó todo lo que pudo, era difícil mientras nadaba-. ¡Para flotar lo único que tienes que hacer es relajarte! ¡mueve tus pies como si caminaras y mueve tus brazos como si fueran alas, de adelante hacia atrás!

-Lo intentaré...

Fire hizo lo que Tink le ordenó, le costó un poco pero logró flotar. Tink logró alcanzarlo, Fire la sujetó con fuerza, él era delgado ¡pero cómo pesaba! A Tink le costó un poco llevarlo hasta la orilla, pero al final, lo logró. Los dos no paraban de temblar del frío, estaban congelados, el agua estaba muy fría.

-Creo que fue suficiente por hoy.- dijo Tinkerbell entre temblores.

-Pero tengo hambre, nunca fuimos a comer como dijiste.- dijo, temblando igual-. Además aún no encontramos mi talento.

-Lo haremos después.- dijo mientras se paraba-. Y yo soy la que debería tener hambre, tú has estado comiendo cualquier cosa que se te atraviese, puede hacerte daño.

-A mí nada me hace daño, ni siquiera el agua, soy indestructible.

-Oh, cielos.- Tinkerbell miró el cielo escarlata, ya era muy tarde-. Dejé a Mary esperando, se han de haber preocupado por mí.

-¿Quién es Mary?

-Ella seguramente ya está en la casita con los demás niños perdidos. Ya está oscureciendo, debe estarse preparando para contarles un cuento.- murmuró pensativa.

-¿Que quién es Mary?

-Esto es malo, Peter debe estar molesto porque yo no me quedé con ella, esto realmente no es bueno.- parecía preocupada.

-¿Quién es Mary y quién es Peter?

-Peter debe estarme buscando... él siempre me busca cuando me alejo...

-¡Hazme caso! ¡las hadas morimos cuando no se nos presta atención! ¡¿quién es Mary y quién es Peter?!- gritó con enojo.

-Eso no es cierto.- dijo algo extrañada-. Las hadas no morimos por eso. Pues, Mary y Peter son dos niños humanos que conozco.

-¿Humanos?

-¡Mira, Peter, ahí está!- se escuchó a lo lejos, haciendo que Tinkerbell volteara al instante. Era la voz de George.

-George y Peter ya vienen. No te asustes, Fire, no te harán nada.- le dijo a su amigo.

-¿Quién es George?

-Aquí estás... Tinkerbell.- habló la voz que Tink reconoció al instante, no necesitó levantar la vista para saber que era él.

Peter había llegado, junto a él estaba George. Peter parecía molesto, eso no le gustaba a nadie, pero entonces apartó la vista de Tinkerbell y volteó a ver a Fire, dejando de estar molesto y poniendo cara de confundido. Fire intentó volar para alejarse pero no pudo.

-Fire.- lo llamó Tink-. Cuando las alas están mojadas no puedes volar.

-¡Qué mal!- se quejó.

-No te asustes, Fire.- le susurró.

Peter se agachó para verlo mejor, entonces lo tomó con su mano, aunque Fire se resistió no pudo hacer nada.

-Pero qué cosa más rara.- dijo mientras lo examinaba. Pero Fire le mordió el dedo, dejando a Tinkerbell y a George impactados-. ¡Au! ¡maldita rata!

-¡Oh, Fire!- gritó Tinkerbell, claramente preocupada-. ¡¿Por qué hiciste eso?!

-¡Porque hace hambre!- contestó.

-Tómalo George.- Peter se lo dio a su compañero, casi lanzándoselo. George lo atrapó.

-¿Qué? ¿Por qué yo?- dijo el niño de pelo negro, molesto.

-Porque yo no lo quiero, por eso.- dijo el otro chico severamente-. Con que por eso Tinkerbell estuvo desaparecida todo el día... Se consiguió novio.

-¡¿QUÉ?!- exclamó Tinkerbell, totalmente roja, esta vez por la vergüenza, no pensó que él pensaría algo así-. ¡Fire NO es mi novio! ¡es sólo un amigo!- pero qué mala suerte, los humanos no entienden cuando las hadas hablan, así que muy a su pesar no iba a poder explicarle eso.

-¿Quién es novio?- preguntó Fire, ¿él realmente era tonto o se hacía?

-Mira, esta cosa también hace un ruido raro como Tinkerbell.- dijo George.

-¿Cuál ruido raro?- dijo Fire, molesto, mientras mordía el dedo de George también, sólo que esta vez por lo que dijo.

-¡Au! ¡eres un gran travieso!- dijo para insultarlo, pero a Fire le encantó la palabra "gran" que venía de grandeza, así que Fire sonrió enormemente e hizo una pequeña reverencia-. Wow, sí que eres raro.

-¡Oye, Fire!- le habló la otra hada, mientras era sujetada por Peter-. ¡Los humanos no nos entienden cuando hablamos!

-¿Pero por qué están mojados?- preguntó Peter a George.

-Habrán estado nadando en el lago, son unas cosas muy tontas.- los dos comenzaron a caminar, cada uno con un hada en la mano.

-Me parece genial.- dijo Peter en tono casual, después levantó a Tinkerbell y la vio directamente-. Eres muy traviesa ¿cierto, bichito?- le dio unas palmaditas con el dedo a la cabeza de Tinkerbell, ella sólo se cruzó de brazos y miró a otra parte.

-¿Por qué dejas que te haga eso?- preguntó Fire pero Tinkerbell no contestó-. Estás roja de nuevo...

-No es verdad.- contestó al fin mientras se cubría la cara.

-¿A dónde nos llevan?- preguntó el chico hada-. Espero que haiga comida.

-Nos llevan a nuestra casa.

-Pero tú dijiste que nosotros somos de Nunca Jamás.

-Sí... pero no podemos volver.- se puso pensativa-. Estamos perdidos y esa es nuestra casita por ahora.

-No, tú estás perdida, yo nací aquí, será mi casa de verdad, claro, siempre y cuando tengan comida ¡tengo hambre!

Tinkerbell se quedó pensativa todo el camino, ya no de Firefly Fire, de su casa, de comida o de el talento de su amigo, sino del otoño. Justo ese día fue el primer día de otoño, el cambio de estación ya había sucedido y no logró encontrar a ninguna de sus amigas hadas, a ni una sola ¿acaso se escondían de algo? ¿acaso ahora trabajaban más rápido? ¿acaso como ella no podía volar no podría encontrar a sus amigas que se encontrarían volando en el cielo?

Sea como sea, esa oportunidad ya se había escapado, no volverá a tener otra hasta que comience el invierno pero ¿no sería igual entonces? sino las encontró ahora ¿las encontrará en otra ocasión? Sentía cómo sus esperanzas de volver a casa se le escapaban de las manos.

Por la noche, cuando los niños dormían, Tinkerbell seguía despierta, mirando la oscura noche. Pudo ver cómo Fire se acercaba a la ventana, se encontraba masticando un botón rosa que había arrancado del vestido de Mary.

-¿Qué haces?- preguntó al verlo comenzar a volar.

-¡Este sitio es enorme! ¡quiero ir a ver mi nuevo hogar!

-¿Qué dices? ¡No puedes dejarme!- dijo con temor a perder su nuevo amigo.

-No te preocupes, volveré en la mañana o tal vez en un par de días.

-¡Te dije que no debías volar tanto! ¡tu polvillo...!

-No se me acabará, además tú tienes más.- dijo, sonriendo.

-No va a durar para siempre.

-Hum, sí durará, yo puedo volar más que cualquier hada.- dijo con suficiencia.

-No... no puedes.- dijo, no enojada, sólo algo triste, ya que ella no puede volar ¿lo dirá por ella?, ella es la única hada que conoce además de él.

-Nos vemos.- se fue de ahí.

-Espera no... me dejes.- pero ya era tarde, ya se había marchado.

En realidad, Fire sí volvió a la mañana siguiente, iba y venía a su antojo. Tinkerbell lo envidió un poco, no sólo porque él pudiera volar, sino por ser tan despreocupado, no tenía miedo, se tomaba todo muy a la ligera. Tal vez se deba a que, mires donde lo mires, él nació en este mundo y por lo tanto pertenece a él, no tiene un lugar al cual volver, está en él. A diferencia de Tinkerbell. Seguiría intentando encontrar el talento de su amigo y esperaría al invierno, su última esperanza, estaba segura que después de eso ya no podría seguir teniendo esperanza. Invierno, seguramente viene su hermana.

Quizá sí haya esperanza.


uff aquí el nuevo capitulo, muy largo, por cierto jaja

oh, Firefly Fire no es un personaje que inventé yo, es de el libro "Peter Pan de rojo escarlata" de hecho la forma en la que nace es casi exactamente igual a la de el libro, me copié de hecho xD es que quería que fuera muy parecido jeje

Ansiaba poner a Firefly Fire, el me gusta, aunque escribirlo es difícil, su personalidad es rara.

dejen su review pliss :3