IRRESISTIBLE ATRACCIÓN

~Owari no Seraph fanfic ~

Advertencias: Relación chico x chico (oséase shonen-ai /yaoi).

Pareja: MikaxYuu.

Disclaimer: La historia y personajes de Owari no Seraph no me pertenecen, son de Takaya Kagami y Yamato Yamamoto. Sólo hago uso de éste universo por entretenimiento y llenar ese vacío que dejan en mi corazón algunas situaciones oficiales del manga/anime.

Capítulo 4

Alrededor de él reinaba la penumbra, sólo alcanzaba a distinguir el cielo oscuro rojizo y una silueta a lo lejos. El ser vampiro le había dado una mejor agudeza visual, pero no por ello en ésta ocasión le estaba siendo de utilidad. Entrecerró los ojos y ni aún así alcanzaba a distinguir de quién se trataba.

Entre sueños Mika había percibido un dulce aroma que le atraía. Estaba seguro que esa fragancia había llenado sus sentidos en otra ocasión, era un aroma muy familiar. ¿Sería que tan embriagante esencia provenía de aquella persona que apenas alcanzaba a vislumbrar en el horizonte? Empezó a correr tratando de darle alcance, quería saber quién era, sentía la necesidad de estar a su lado. Por más que corría parecía que no avanzaba, pero aún con la gran distancia que los separaba, el aroma se hacía cada vez más intenso, más dulce, más insoportable. Tenía que probarlo.

Abrió lentamente los párpados. La luz era tan molesta que tuvo que cubrir su rostro con un brazo. Se había quedado dormido. No recordaba cuándo fué la última vez que había sido tan descuidado de dormirse en cualquier lado, al menos ninguna ocasión en los últimos cuatro años. Debió ser por lo relajado que se sintió al lado del chico de orbes esmeralda.

Cuando se acostumbró a la claridad rodó sus ojos en dirección a donde había visto por última vez al pelinegro, y allí estaba dándole la espalda. El aroma de su sueño débilmente persistía.

—¿Y-yuu-chan...?—.

Nooo, no, no, no. ¿Por qué despertó tan rápido? Aún no se sentía listo para encarar al blondo. Sin quedarle de otra, el azabache giró un poco el rostro hacia atrás, soltó el agarre que había mantenido sobre su cabello bajando un poco las manos para cubrir su rostro, dejando sólo parte de sus ojos al descubierto y con nerviosismo miró al rubio por el rabillo del ojo.

Mika estaba incorporándose, sentándose también y mirándolo con curiosidad.

—Siento haberme quedado dormido—se excusó con pereza. —¿Pasa algo Yuu-chan?—preguntó al momento que el pelinegro seguía dandole la espalda y no decía nada.

Tembló ante su pregunta, no soportó la idea de que viera lo avergonzado que aún seguía y giró el rostro de nuevo al frente para no verlo. Sintió sus mejillas arder aún más. Respiró hondo, no quería que su voz temblara al contestar.

El aroma se hizo más fuerte en ese momento. Por instinto el rubio se puso de pie. Creyó que aún percibía esa dulzura a causa del sueño, pero no era así, era tan real como el pulso descontrolado del chico junto a él. Era el mismo aroma que casi lo hacía perder el control la última vez que abrazó al ojiverde.

Yuu volvió a tomar aire y sin voltear se puso también de pie. Pensó que lo mejor sería dar una respuesta rápida y volver a caminar sin mirar por un rato al rubio. Finalmente se giró para contestar.

—Estoy bien, no es nad...—.

No pudo terminar, Mika había acortado la distancia entre los dos. Ya estaba tan cerca que el azabache no hizo más que retroceder un par de pasos hasta topar con el tronco del árbol, impidiéndole alejarse más.

—Yuu-chan...—susurró el ojiazul. Se recargó al árbol con ambas manos, una a cada lado de la cabeza del pelinegro.

Mika había deseado con todo su ser reencontrarse con Yuu, era su familia, quería verlo feliz y protegerlo, pero últimamente tenía un sentimiento egoísta de monopolizarlo, deseando que nadie lo mirara, mucho menos que lo tocara, como si fuera de su propiedad. Sabía que estaba mal tener esos sentimientos y más porque en este momento al ver lo alterado que estaba el pelinegro, le estaba pareciendo bastante atractivo. Ahh...podía prácticamente sentir los fuertes latidos de aquel corazón y los ojos esmeralda resaltando aún más debido al sonrojo. Era un hermoso espectáculo que junto al delicioso aroma que emanaba, lo extasiaba en todos los sentidos. Una incontrolable necesidad de tocarlo se apoderó de él.

El blondo se inclinó hasta que sus rostros quedaron muy cerca, casi rozando su nariz con la del azabache. Miró intensamente sus ojos aún sorprendidos, sintió su tibio aliento causándole un agradable cosquilleo.

Yuu no podía soportar más la situación, otra vez la mirada de Mika se adentraba en él, más de la cuenta. Estaba demasiado cerca, se sentía acorralado. Desvió la mirada, ladeo la cabeza y colocando la mano derecha en el pecho del rubio, trató de apartarlo de él.

—¿Mika, qué te sucede?—preguntó al tiempo que lo empujaba.

El ojiazul no retrocedió. Tomó la mano que intentaba alejarlo, lo sujetó por la muñeca y la apresó contra el tronco del árbol, impidiéndole seguir moviendo el brazo. Bajó su mano libre con la que había seguido recargado y la llevó a la cintura del azabache, pegando más sus cuerpos en lugar de alejarlos como quería el otro.

—¡Mika! Suéltame, hablo en serio—advirtió. Aún sin verlo, forcejeó para liberar su mano y con la otra trató de apartar el brazo que lo estaba apresando por la cintura.

—¿Por qué late tan rápido tu corazón, Yuu-chan?—le preguntó cerca del oído.

El ojiverde dejó de moverse, a esa distancia era obvio que Mika se iba a dar cuenta, por eso quería que se alejara.

—E-es p-porque me sorprendiste, no tienes que acorralarme así para que te conteste—trató de sonar lo más calmado posible. —Es incomodo, ¿sabes?—agregó rogando que con eso el rubio por fin lo soltara.

—¿Te desagrada que te toque...?—volvió a preguntar apartando el rostro para seguir las expresiones del otro chico. Tenía tantas ganas de permanecer así con Yuu, pero se sintió un poco dolido que lo quisiera alejar.

—¡N-no! No es eso, es...sólo. ¿No te parece extraño?—volvió a dirigirle la mirada, como esperando que entendiera a lo que se refería.

—¿Extraño? Bueno, siempre que te abrazaba de niños te molestaba—le dijo al momento que se acercaba nuevamente a su oído. —No veo que algo esté mal ahora—agregó en un susurro. Claro que sabía que algo era diferente, esas ganas de querer sentirlo no era la misma de un inocente abrazo a un hermano. No quería asustarlo, pero su instinto lo impulsaba a seguir.

—E-es exactamente eso, ya no somos niños—intentó nuevamente zafarse del agarre. No iba a soportar por más tiempo, Mika no le ayudaba a olvidar lo que había pensado hace poco.

—Yuu-chan huele muy bien—dijo al momento que hundió su rostro en el cuello del azabache. Había tratado de controlar la sensación que le provocaba el aroma del chico, pero era tan intenso que el abrazo no era suficiente. Quería tocar su piel.

Aspiró profundo llenándose de la esencia. Rozó sus labios contra aquella cálida piel, dando suaves besos, ocasionando que el pelinegro temblara. Se dejó llevar y pasó su húmeda lengua, delineando el cuello, degustando cada centímetro.

—A-ahhn..—gimió el azabache ante la última caricia que le dio rubio. Rápidamente cubrió su boca con su mano libre. ¿Él fue quien hizo ese extraño sonido? Si ya se sentía raro desde antes, ahora su cuerpo ardía. Era algo nuevo para él, tan confuso ese contacto tan íntimo que no le estaba desagradando. Aún así ya no quería más de eso.

—¡Ya basta, Mika!—ordenó y forcejeó nuevamente para que lo soltara. Sintió ceder la fuerza del abrazo y pensó que por fin lo dejaría.

—Yuu-chan, vuelve a hacer eso—. El lindo sonido que salió de sus labios hizo que el deseo del blondo se encandilara aún más. Con un rápido movimiento acostó a Yuu sobre el pasto, posicionándose sobre él. Deslizó el cuello de la camisa e hizo a un lado el tirante de la camiseta, dejando descubierto uno de sus hombros. Se inclinó y repartió nuevos besos en esa zona bajando hasta su clavícula.

—Nnghh...N-no...Mika—dijo entre jadeos. A pesar de pedir que se detuviera, dejó caer sus brazos a los costados. Ya no podía más, su cordura lo estaba abandonado, se sentía tan bien cada caricia.

El ojiazul que había seguido su labor a pesar de las quejas, coló una de sus manos por debajo de la camiseta negra, levantando la prenda, rozando con las llemas de sus dedos la caliente piel del abdomen del azabache, subiendo poco a poco y sintiendo como subía y bajaba su pecho debido a lo agitado que estaba.

Los latidos acelerados del cuerpo bajo él llamaron cada vez más su atención. Algo empezaba a estar mal. Repentinamente un dolor se instaló en el pecho del rubio y sintió que le faltaba la respiración.

Conocía muy bien esa sensación y no podría traer nada bueno en un momento así. Como si la piel del azabache quemara se separó, quedando de rodillas sobre él.

Vio al chico tendido en el suelo, con su cabello azabache revuelto, el rostro de medio lado con las mejillas arreboladas, las pupilas de las esmeraldas dilatadas mirándolo con atención, los labios entreabiertos dando ligeros jadeos y con su ropa hecha un desastre. Su dolor se extendió más. Estrujó con una mano la camisa sobre su pecho y tomó aire con dificultad.

Era como si el dolor lo hubiera devuelto a la realidad, donde cada vez la sangre de su madre adoptiva lo saciaba menos tiempo y sus instintos de monstruo querían apoderarse de él. Se suponía que lo único que quería era proteger al ojiverde y en lugar de eso lo había obligado a ceder ante sus deseos egoístas. En verdad su afecto por el azabache era sincero, aunque ciertamente algo diferente al de antes, no por ello había pensado en forzar a que se dieran las cosas de esa manera. Fue el aroma que desprendía el chico, debido a la rápida circulación de sangre en su cuerpo, el que lo llevó a hacer algo que podría cambiar para siempre su relación.

—Yuu-chan, lo siento—dijo al momento que se hacían cada vez más audibles sus jadeos en busca de aire. —Por favor, aléjate—añadió quitándose de encima del pelinegro, sentándose a un lado y escondiendo el rostro.

Yuu lo siguió con la mirada. No entendía qué era lo que estaba pasando, pero parecía como si el rubio estuviera sufriendo. Aún aturdido se levantó para auxiliar al blondo.

—¡Hey, Mika! ¿Qué pasa?—preguntó preocupado. Se hincó a su lado y colocó una mano sobre el hombro del rubio.

—No te acerques—advirtió al momento que se movía para evitar el contacto con Yuu. —E-estaré bien, entra y quédate en la habitación—agregó entre jadeos, evitando verlo y estrujando con más fuerza su camisa.

—¿Crees que me voy a ir tranquilamente?—preguntó molesto. Hace un momento no lo soltaba y ahora ¿quería que se alejara?

—Haz lo que te digo, ¡entra!—ordenó ya desesperado por la insistencia del pelinegro. Si no se iba pronto perdería el poco control que le quedaba.

—No, ¡No te voy a dejar así!—contradijo el ojiverde. —Pareciera que duele mucho. No entiendo qué pasa, pero ¡me molesta que siempre quieras cargar sólo con todo!—estalló y se puso de pie.

Mika no pudo mas que levantar la vista debido a la sorpresa de lo que acababa de decir el azabache. El chico aún con la ropa desaliñada tenía una mueca de molestia.

—Así que vamos juntos—le propuso serio y extendió una mano para ayudarlo a levantarse.

—Te dije que he tenido que hacer cosas repulsivas para mantenerme con vida, no es que no quiera que me ayudes, sino que no quiero que veas eso—siguió tajante e ignorando la mano frente a él.

Yuu empezaba a entender un poco las cosas. Debido a los jadeos del rubio, alcanzaba a ver los colmillos más largos de lo habitual que se asomaban entre sus labios. ¿Podría ser que estuviera hambriento? Eso explicaría el por qué lo quería alejar.

—No me importa, si hay manera de remediar tu malestar deja de decir tonterías y vamos de una vez—. El pelinegro se agachó y jaló del brazo de Mika, tratando hacer que se levantara.

—¿No entiendes que podría lastimarte? Iré sólo, quédate aquí —propuso el ojiazul y con dificultad se puso de pie. Se soltó del agarre que el azabache aún mantenía en su brazo y avanzó unos cuantos pasos hasta que perdió el equilibro y se apoyó con una rodilla en el suelo y la otra flexionada. Tenía tanta sed, era tan fuerte la presión, el dolor insoportable.

El de ojos esmeralda lo observó y suspiró. Avanzó hasta el rubio, pasó el brazo de éste sobre sus hombros y lo jaló para que avanzara.

—Trata de pensar en otra cosa, como si yo no estuviera aquí —sugirió obligando al otro a caminar a su ritmo.

—Yuu-chan...duele...—se quejó tomando grandes bocanadas de aire. —Arriba, una caja e-en el escritorio...—mencionó con dificultad. A estas alturas que Yuu ya sabía de sobra en lo que se había convertido, era tonto ser orgulloso cuando el otro sólo quería ayudarlo. Su único miedo era que la cercanía del azabache lo hiciera perder el control e intentara atacarlo.

Continuará.

Un capítulo más.

Nuevamente gracias por seguir ésta historia y dejar sus lindos reviews, eso me motiva aún más a seguir escribiendo :')

Como extra pondré un FanArt que hice en la portada del fic, donde podrán ver cómo me imaginé a Yuu para ésta historia. Lo maravilloso de la lectura es que cada quien crea su propio mundo con cada descripción.

Espero les guste. 3