CAPITULO XIV...UN NUEVO INTEGRANTE.
–¡Abre la maldita puerta ¡–me imploro, suplicándome en un grito amenazante.
Destrabe la puerta en un movimiento sigiloso. Mis labios podían sentir el sabor salado de las lágrimas que aun corrían por mis mejillas. Apresuradamente me lance a sus brazos y un sonido angustioso intentaron formar una frase.
–Estoy embarazada…–musité
Sus brazos acariciaban mi espalda, me atrajo hacia él y me beso suavemente dejándole en sus labios el sabor de mis lágrimas. Todo mi ser temblaba en esa esfera que él construyó para mí.
–Cariño. Bajemos las escaleras. No debemos preocupar a mis padres.–tomó mi mano.
–¿no vas a decirme nada?–el silencio entre los dos era asfixiante y demoledor.
–NO.–su rostro pensativo me dejo paralizada por el miedo. No me imaginaba que pensamientos se apoderaban de mi eternamente amado.
El mismo silencio se prolongó hasta el final de la escalera, interponiéndose entre ambos.
Al entrar a la sala, la mirada de Esme preocupada me demostró que ellos sabían previamente los resultados. Carlisle solo observaba el rostro de su hijo expectante a cualquier movimiento de sus facciones, intente descifrar esas miradas entre los tres como si dialogaran en silencio.
–Bella– mi médico personal atrajo mi atención–Mañana deseo hacerte un par de estudios–asentí con un movimiento de cabeza y mi mirada depositada en el suelo, como una niña esperando una reprimenda.
–Mañana a primera hora andaremos por allí.–presionó su mano sobre la mía.
Le ofrecimos el dormitorio de Edward a Esme y a su esposo quienes valoraron el gesto con una amplia sonrisa.
Nosotros nos recostamos en el sofá de tres cuerpos, nos cubrimos con unas mantas. Custodiados por ambos perros.
Edward fue atrapado por el sueño, instantáneamente, mientras mi mirada vagaba por la oscuridad circundante tratando de conciliar el sueño.
Imposible dormir cuando la preocupación avanzaba venciendo a mis deseos por descansar.
Los pensamientos se agolpaban en mi mente. Mis dudas estaban confirmadas.
Un niño anidaba en mi cuerpo
Especulé entre mis pensamientos, ilusionada que ese niño podía ser de este hombre dispuesto a dar la vida por los dos.
Al pensar en la remota idea que sea fruto de nuestro amor, seguramente tendría las facciones delineadas de su padre, el cabello suave y color bronce despeinado y revuelto, como también su aroma seria una mezcla a sándalo y madera como el de él. Resultaría embriagador acunar ese bebe alimentándose de mi pecho.
Imaginaba sus manitos acariciando mi rostro con unos deditos finos y delicados capaces de rozar el piano como su progenitor.
Además seria un niño feliz, tendría un bello hogar con dos padres que se profesaban amor con solo mirarse y unos abuelos maravillosos.
Demasiada ilusión, quizás la vida me tendría preparada una nueva bofetada al descubrir en la posibilidad de que sea hijo de precisamente fruto de un ultraje. Lo más probable es que sea de él, porque siempre me recordaba cumplir cuando le apetecía mi deber marital como su esposa que era.
Debo reconocer que estos últimos pensamientos amargaron mi existencia y se reflejaron en mi rostro.
La angustia sucumbía mi alma.
Los brazos de Edward me envolvieron irradiando calor desde su cuerpo. Sentía mi piel palidecer de golpe y una necesidad imperiosa de salir huyendo del lugar.
En un movimiento casi imperceptible para el ojo humano me despojé de sus brazos.
Tenía sed. Preparé un jugo y me senté en el taburete de la barra quedándome en penumbras.
Edward dormía plácidamente aunque podía sentir su mirada clavada en mi espalda.
Los pensamientos que me habían atormentados apenas unos segundos cobraban fuerza para escapar de la barrera de contención que había construido en mi cabeza.
Solo tomé una decisión. De ser fruto de mi matrimonio tomaría mis pocas pertenencias y me alejaría de los Cullen. No era justo que mi hijo se convirtiera en una carga para ellos, una carga muy difícil de llevar.
Caminaría toda la noche de ser necesaria por la espesa vegetación sin un rumbo definido, solo albergando la esperanza de que esa criatura sea feliz muy a pesar del padre que tenga.
Sea de Edward o Jacobo había decidido marcharme.
Mi bebe necesitaba nacer y sentir que había sido deseado. No permitiría que Edward tuviera que ser padre sin haberlo deseado. Y que Jacobo usara mi hijo para intentar construir una familia que nunca había existido.
Absorta en mis pensamientos dos manos candentes abrazaron mi vientre que aun no daba señales del embarazo.
–Bella. Has de descansar–sus palabras sonaron ahogadas sobre mi cabello como si el deseo le impidiera hablar.
Tome ambas manos separándolas de mi barriga y gire sobre mi asiento. Sus manos separaron mis rodillas, se acomodó entre mis piernas y apoyé mis manos en sus hombros y lo miré con una expresión mas que desajustada, intentando sonreír.
–No debes hacerte ilusiones–le dije pensando en mi decisión de marcharme y por la manera en la que acaricio mi vientre quizás estaba equivocada pensando que él no lo deseaba. Me confundía la manera que me observaba.
– ¿Por qué no debo ilusionarme?¿No me crees capaz de engendrar un hijo?
–Claro que si. –Le respondí ofendida por su pregunta. – ¡Es que no deseo modificar tu vida!–su rostro se ensombreció.
–Lamento comunicarte que las decisiones en mi vida las tomo como llegan. No debes preocuparte por mí. –me ofreció una sonrisa. –Nunca me he arrepentido por el curso que ha tomado mi vida en estos momentos. He sufrido demasiado desde la primera vez que me abandonaste para regresar con tu esposo.
–Lo se. –recordaba esos días como los mejores vividos con Edward.
–He vagado como alma en pena desde entonces.–me miro con lágrimas en los ojos.– y me falto valor en ese entonces para retenerte a mi lado.
–Creo que lo mejor es que me marche. –le dije con todo el dolor que mi alma podía soportar.–He tomado esa decisión hace un momento.–sus ojos húmedos buscaban los míos que miraban el suelo.–Es lo ideal para todos.
Al oír mis palabras que salieron de mi boca sin titubear ,un silencio se interpuso entre los dos provocando que su cuerpo se separara del mio. La expresión de su rostro dolido paralizaron los latidos de mi lastimado corazón. Él pensó dubitativamente un segundo.
–¿Qué hubiese pasado si la situación fuera diferente?
–No te entiendo…–me sentía confundida– ¿A que te refieres?
–¿Qué tienes pensado hacer si esa criatura lleva mi sangre?–sus ojos se entrecerraron formando sus parpados una fina línea.
–Me iría de todas formas. No deseo cambiar tu vida por un hijo que no fue buscado.
–Parece que lo tienes bien pensado.–podía notar el dolor en esa frase.– Iré contigo.–soltó decidido. –No te perderé otra vez. Tu eres la parte que necesito para estar completo. Tú y ese niño son todo lo que deseo. Si no me permites ser parte de tu vida, dame la oportunidad de que decidas luego de ver Carlisle.
–No creo que sea lo correcto–en realidad mi cabeza me susurraba que me fuera y mi corazón que me quedara para ser feliz a su lado.–Dejemos que…
Su cuerpo encrespado por el deseo y la ira se adoso de golpe a mi cuerpo sin dejarme concluir la frase.
Me tomo furioso el rostro entre sus manos, su aliento fresco ingreso rabioso por mis fosas nasales aturdiendo mis pensamientos. Mi corazón pedía a gritos que ese hombre me gritara en mi rostro que me amaba en vez de besarme frenéticamente como su fuera un ultimo beso.
Sus dedos se hundían en mis mejillas formando surcos al punto de dejarme sin aliento, una feroz lucha comenzaron mis brazos por intentar separarme de él, ponía sentir que tanto fervor me estaba lastimando hasta mi interior, no tenia derecho a devastarme con un simple beso y hacerme dudar de mi decisión. Sus brazos me estrechaban con una rudeza y me besaba con una voracidad que mi expresión realizó un rotundo cambia del deseo al pánico. No se como pude asociar su toque con Jake, pero le tuve miedo. Él se vio reflejado en el interior de mis ojos apoderados por el terror de mis propios recuerdos. Su beso perdió ardor contra mis labios, bajó la intensidad y su rostro se sorprendió por mis facciones desencajadas. Cuando tuve la oportunidad de hablar le grité en su rostro enrojecido.
–¡JAMAS VUELVAS A BESARME ASI!
–No entiendo–murmuro con dolor–¿ya no me amas, verdad?
–No es eso. Te sentí diferente y me recordaste a él.
–Jamás te haría daño. Lo sabes.–me susurró esas palabras al oído.
–No me siento bien. Estoy confundida.–su beso me confundió , lo sentí al borde de la locura. De algo estaba segura. Seria incapaz de dañarme.
–Perdóname. Mi intención no era asustarte. Solo me arrastró el temor de perderte. Quería estrecharte con fuerza y decirte en un beso todo lo que te amo.
Lo abrace con toda mi fuerza. Lo amaba con todo mí ser.
–Sé que me amas. Me casaré contigo cuando todo esto acabe.–me prometió. Solo me detuve a deleitarme con su mirada cargada de un amor tan puro que por momentos dudaba de su existencia.
–En pocas horas amanecerá.–susurré. El cansancio se hizo presente en mi cuerpo. Podía sentirlo pesado.
Tomó mi mano y nos tumbamos en el sillón, mis ojos se cerraron al pronunciar una plegaria. Rogando que todo resulte bien.
Dormimos hasta media mañana.
Alice preparaba el desayuno, aun tenia tiempo para darme un baño de sales y relajarme un poco. Edward alimentaba los perros que agitaban sus rabos contentos y Jasper todavía dormía.
Sus padres se habían marchado temprano.
Al descender las escaleras observe el desayuno familiar, entre bromas y risas. Parecían felices, me detuve en el último escalón para no perderme ningún detalle y deleitarme con la escena.
De hecho no tenía hermanos, mis padres habían tomado caminos diferentes cuando era pequeña. Por lo tanto me despertaba cierta admiración el sentido familiar de los Cullen.
–Acércate mi amor, desayunemos en familia. –hermosas palabras, le regale mi mejor sonrisa. Pero le agradecí porque debía ir en ayunas. De todas formas compartí la mesa.
–Debemos apresurarnos. Emmet esta por llegar y se comerá todo.–dijo Jasper risueño. carcajeamos todos al unísono. Mientras Emmet realizaba su entrada triunfal.
– ¿De que me he perdido? Cuéntenme el chiste. –dijo el grandulón
– ¡Hoy estamos felices ¡ –le respondió Ed con su rostro iluminado.
– ¿Y cual es el motivo de tanta felicidad?
–Será que tengo la corazonada de que hoy será un día importante en nuestras vidas. –
Me miro de reojo, con un gesto cómplice. Y me pregunto…
–Mi amor ¿preparada?
– ¡Si!– aunque desearía que todo fuera un sueño –Tomare mi bolso
Salimos de la casa, abordamos en silencio el vehículo, mientras nos alejamos observe a Emmet bajar el resto de los perros de una traffic negra.
¡Que locura! Una docena de perros corrían enloquecidos por todo el predio.
Durante un largo trayecto manejaba en silencio. Un silencio incómodo y preocupante. Cerré mis ojos. Permitiendo a mi mente ponerse en blanco.
Sus palabras irrumpieron en el interior del vehículo.
–¿En qué piensas, mi amor?
–En nada –Le respondí, mis palabras brotaron acompañadas por una extensa exhalación.
–Pareces preocupada. – comento sin despegar la vista del camino.
–Es que siento que en breve mi vida dará un vuelco–desvié la mirada del camino y deposité mi mirada en su rostro.
–Nuestras vidas – me corrigió y clavo sus ojos topacios en los míos.
–Edward, de no ser tu hijo , me iré.–por su mirada silenciosa creo rompí su corazón en mil pedazos.
Ignoró mis palabras y prosiguió…
–La otra noche, estudiamos todas las posibilidades del traslado con mi familia.
Sabes, Carlisle nos prestará su embarcación, zarparemos y viviremos hasta llevar tu embarazo a término. Yo te asistiré y los protegeré a ambos.
Esta tarde Charlie vendrá a cenar. Esme hizo todos los arreglos para pasarlo a buscar.
Lo pondremos al tanto de la situación.
–Edward…– intente hablarle con los ojos humedecidos por las lágrimas.
–Bella, eres mi vida. Y no importa quien sea el padre de ese bebe. – elevo el tono de voz
–Edward…. – solo pronuncie su nombre.–maldición¿ podía ser tan bueno?¿o era un ángel y me costaba darme cuenta?
–Bella, por favor no digas nada.–me suplico en un susurro.–solo baje la vista.
Giro en la rotonda que daba a la calle principal, a la derecha se erguía de forma majestuosa una clínica muy lujosa que Carlisle había heredado de su padre.
Los Cullen pertenecían a una dinastía de médicos de renombre, solo Edward siguió los pasos de su padre.
La pasión por su profesión le emanaba por sus poros. Su forma tierna de hablar la había adquirido una vez finalizada la licenciatura en neonatología. Profesaba el amor al prójimo en cada consulta y su debilidad siempre fueron esos seres que el cuidaba cuando aun estaban en el vientre de su madre.
En algunas oportunidades en la que lo he escuchado hablar de los neonatos, se jactaba de ser el único hombre que sin participar en el acto sexual de la fecundación, el solo hecho de fertilizar los óvulos se sentía un poco padre de cada fecundación in vitro que realizaba.
Mientras aparcaba el coche en el estacionamiento privado, mi corazón disperso los latidos por toda la extensión de mi cuerpo creando un manojo de nervios imposible de controlar.
–¿Nerviosa?–me pregunto risueño, como si supiera el resultado de antemano.
–Demasiado–tomo mi mano para ingresar.
–No me imagino el porqué. De todos modos te quieres marchas.–aunque ahora no se si eso era lo que quería. Me sonrió y le devolví la sonrisita.–Ven…quiero que veas algo.
Caminamos por los pasillos tomados de la mano, cada tanto nos cruzábamos con el personal del lugar que lo saludaba respetuosamente como una celebridad o algo así.
Él solo meneaba la cabeza hacia abajo en señal de saludo.
Ingresamos a una habitación vidriada. Cuidadosamente esterilizada. A lo lejos se divisaba un mostrador con varios elementos y flotaba en el aire una fragancia delicada que me hizo pensar en mis hijos, reconocería ese aroma en cualquier lugar.
Un gran letrero colgando del techo anunciaba la locación en la que estábamos a punto de ingresar. Se podía leer a distancia…"neonatología"…
Una enfermera lo saludo afectuosamente y me dirigió una mirada examinadora deteniéndose en nuestras manos enlazadas.
Sonrió. He inmediatamente me pregunto si era la hija del jefe Swan. A la cual asentí con la cabeza.
–Isabella…mi niña.¿ como has estado?– Edward sonrió ante el comentario de la mujer.
–Bien. ¿Nos conocemos?–le pregunté a la mujer buscando la aprobación en el rostro de mi hombre.
–¡Quizás no me recuerdes, han pasado tantos años!–dijo en un tono nostálgico.–Tu…fuiste mi tercer bebe en cuidados de neonatología.
–Era muy pequeña.–le respondí con una sonrisa.
–y si…este año me retiraré y he prestado servicio a la familia Cullen desde entonces.–con una calidez preguntó.–¿Qué los trae por aquí?
–Quiero que Bella conozca a unas personitas. ¿Nos prestas unas batas?–note el rostro de ambos iluminarse.
La enfermera nos tendió dos batas y unos guantes. Caminamos hacia la puerta vaivén de donde provenía esa exquisita fragancia, desde el interior se podían oír los llantos de bebes como pequeños gatitos que maullaban sobre un techo.
Observé la mirada enternecida de ese hombre por cada bebe que se encontraba allí. Me mantuve alejada de la nurse.
–No te imaginas las guardias que me he imaginado leer mi apellido en una de estas pulseritas.–sus palabras contenían cierto pesar.
Mientras acunaba un bebe entre sus brazos y cedía el llanto como si esa criatura lo reconociera. Esa imagen me llenaba el alma. ¿Podía un hombre desear tanto un hijo? Jamás había visto esa mirada en el padre de los míos. Era un pecado compararlos pero resultaba inevitable.
Un temblor sacudió mi cuerpo, mis manos se posaron en mi, arranqué la bata y salí huyendo del lugar con lágrimas en mi rostro deseando que esta hijo sea de él. Sentimientos ambiguos aparecieron repentinamente. Me dolía el alma pensar que podía ser de Jake aunque amaba esta criatura por ser mía.
Al atravesar la puerta me tope con Carlisle que nos estaba buscando.
–¡Bella!–me llamó sorprendido–me abalance a sus brazos y llore como si estuviera con mi padre.–¡Bella, hija mía!–dijo en un tono paternal–¡tienes que ser fuerte! Y debes saber que ese embrión puede ser de Edward según mis cálculos.
Me adose un poco mas a su chaqueta y mis lágrimas de tristeza pasaron a ser de alegría. Una mano me tomó suavemente por mi muñeca, levantó mi brazo y de un leve tirón me apoyó en su torso y susurró en mi oído.– Estoy contigo amor mío.
Caminamos los dos hacia la sala de espera, como buena niña me tomé el agua que me había dado Carlisle para realizarme el ultrasonido. Mi vejiga a punto de explotar mientras esperábamos a ser llamados por la secretaria.
–¡Señora Cullen!–llamó una mujer de cuerpo escultural.–¡Señora Cullen!–llamaba insistente. Edward sonrió mientras mi mirada vagaba por la sala y en esas madres con prominentes vientres.
–Tu turno, amor.–sus ojos sonreían.
–Me apellido Swan.–le dije de forma casual. Me incorporé ante la mirada torcida de la secretaria parecida a la de Rose.
–Señora, la están esperando y usted tan tranquila.– me aniquilo con el comentario.
–Gracias, Tanya. Entramos juntos.– le dijo en tono áspero y seco.
–Perdón doctor, es que estamos retrasados.– sus labios esbozaron una falsa sonrisa.–Por aquí señora.
Ingresamos al consultorio tomados de la mano, mi mano temblaba al igual que mi cuerpo. Edward estrecho la mano de un hombre con un rostro sereno.
Me recosté sobre la camilla y me realizo las preguntas de rutina mientras colocaba el aparato a punto.
–¿Es tu primer bebe, Isabella?
–No.– le respondí cortante. No deseaba que me realizara preguntas, me ponía incómoda.
–Mucho mejor. Sentirás algo frío y en el monitor veras a tu bebe.
–Lo se. El rodillo comenzó a esparcir el gel por toda la extensión de mi barriga ante la expresión fascinada de Edward.
–¿Cuándo fue la fecha de tu última menstruación?
–No lo recuerdo.
–Seth hazme el favor de pasar nuevamente por ahí.– señaló Ed el monitor.
–Déjame tomar las medidas. Y te daré el rodillo.– lo miro sonriendo frente a la curiosidad del supuesto padre.– Según las medidas…se esta gestando un hermoso bebe de tres semanas aproximadamente.
Las lágrimas de Edward rodaron por sus mejillas humedeciendo mi rostro al darme un tierno beso. Nuestras lágrimas se fundieron por la alegría.
Ingreso Carlisle para chequear la certeza que tenia desde el día que tomó mi muestra de sangre.
–¡Felicidades abuelito!– dijo Seth
–¡Los felicito hijo!– ambos se fundieron en un abrazo colmado de emoción y con lagrimas en sus ojos. Carlisle se aproximó a mi lado me beso la frente y susurró en mi oído.- Gracias Bella por hacer a mi hijo el ser mas feliz del mundo.
–Esperen a que se los comunique a toda la familia. Esta noche, gran cena.–le regaló una mirada cargada de emoción a su hijo y se retiró del consultorio.
Nosotros también salimos del lugar y le agradecimos a Seth. Ahora me siento mas que tranquila y Edward muy pensativo dijo…
–¿Sigues pensando en marcharte?
–NO. Ya no.-su mano aprisiono la mía.
Durante el viaje de regreso escuche su monólogo sin llegar a ser una conversación. Todos los planes que tenía a partir de ahora que éramos familia con un hijo en camino.
Juraría que nada ni nadie opacarían ese gran momento de felicidad por el que atravesábamos, salvo la amenaza de ese coche negro con vidrios tintados que se deslizaba por el asfalto detrás de nosotros sigilosamente cuidando la distancia.
Mis ojos no podían evitar mirar por el espejo. El miedo crecía en mi interior. Edward salió de su esfera personal, una mueca de disgusto y preocupación transformaron su rostro. Tomó el móvil realizó una llamada y aceleró a fondo. En el instante que ese desconocido realizaba un movimiento brusco he intentaba tirarnos su coche encima para que perdiera el control nuestro vehículo.
–¡No. Por favor. Otra vez no!.–grité. Nos tomamos de la mano y acelero a fondo nuevamente.
