CAPITULO XV...Festejo familiar.
Capitulo XV
Festejo familiar.
Nos tomamos de la mano y acelero a fondo.
El auto negro simbólicamente representaba la parca que controlaba los hilos de mi destino. De nuestro destino.
El mundo que hasta hacia un momento acunaba feliz en mi regazo, ahora lo podía sentir amenazado y a punto de perder por la amenaza del conductor empecinado a terminar con mi vida.
Al final no era tan mala idea marcharme. Cada vez que estábamos juntos, sin importar la hora o el lugar, su vida corría peligro a mi lado.
Un descabellado pensamiento explotó de golpe en mi cabeza.
Quizás si volviera con Jacobo, protegería así la vida de Edward y toda su familia. Estaba dispuesta por amor a condenar a mi alma volviendo con mi esposo.
Mis pensamientos son un laberinto sin salida. Me sorprendí a mi misma regañándome en mi interior por esa estúpida idea.
Nada me garantizaba que él dejaría en paz la vida de los Cullen y quizás por despecho, por sentirse herido en su masculinidad acabaría también con la mía.
Jacobo era impredecible. Y nunca se daba por vencido. Como así tampoco se podía saber cual era su próximo movimiento en esta partida de ajedrez, en donde se desafiaban por hacer jaque mate.
El auto negro nuevamente a la par. Mis pensamientos recobrando la cordura y viviendo la realidad.
Podía sentir la presencia de Jake en su interior, mi temor alimentando la figura oscura en la que se había convertido.
Sus manos huesudas como las de un espectro de las tinieblas, sujetando el volante, esperando la oportunidad para destruirme.
Confiaba en el hombre que arrebataba mi corazón en cada toque. Confiaba en ese ser supremo que nunca me abandonaba y con este hijo que llevaba en mi vientre me había dado una señal de que quería que sea feliz junto a Edward.
Aun estábamos lejos de la cabaña, circulábamos por la autovía a rauda velocidad. El móvil que descansaba en el tablero no cesaba de sonar.
La calma volvía al rostro de Edward como si una frase de alguien, del otro lado, le hubiese dado la paz que necesitaba.
–Todo esta bien, mi vida…–de ser así, ¿por qué su pie aceleraba a fondo? Mi mirada le decía que sabía muy bien que me mentía.
Mi cuerpo comenzaba a dar señales desesperadas, mis tripas se licuaban en mi interior haciendo subir un fluido ácido queriendo salir al exterior.
Me arrodille en el asiento del copiloto sacando medio torso por la ventanilla, un poco de aire me haría bien, pero lamentablemente para mi vergüenza, mi boca explotó cual volcán expulsa su lava furioso tras una erupción.
Me sentí muy avergonzada por la situación, un olor pestilente a modo de ráfaga ingreso al interior del vehículo, el desayuno de Alice descansaba en medio del asfalto.
Edward desaceleraba y aceleraba a fondo, mi boca tenía un sabor amargo como el de una mañana de gran borrachera.
Mi cuerpo se sentía más aliviado, me acomodé en la ventanilla en caso de una nueva urgencia y pude ver a varios metros la imagen del principio, una gran barricada de coches patrullas que nos cedió el paso, mientras que el auto negro no aminoraba la marcha a plena luz del día.
Sentí como si se abalanzara sobre esa barricada de policía para que lo detuvieran porque no tenia voluntad para hacerlo por si solo. Aunque con cierto dolor pude observar como burlaba a los policías y huía en sentido contrario a ellos.
Nosotros nos alejábamos raudamente del lugar. Solo escuchamos a lo lejos un par de disparos, seguramente a sus ruedas, para poder detenerlo, un pensamiento de Edward cobro sonido.
– Esta vez Charlie no tendrá tantas consideraciones.– su rostro marcado por la ira miraba solo la autovía.
En unos kilómetros más y con una marcha tranquila encontramos el sendero que nos indicaba la proximidad de la cabaña.
La camioneta de Emmet se encontraba aparcada en la entrada rodeada por todos los perros, levanto su mano en señal de estar todo bajo control.
Mientras circulábamos por el camino un par de perros corrían a nuestro alrededor.
Mi corazón comenzó a palpitar normalmente. El rostro tenso de Edward se iba aflojando conforme nos acercábamos a la cabaña.
Al bajar del coche pegó un portazo por el cual mi cuerpo percibió una vibración.
–¡MALDITO¡!MALDITO SEAS JACOBO BLACK¡– vociferaba a los gritos, insultos por doquier.
Al ingresar a la casa, todos estabas al tanto de la situación. Corrí al baño a cepillarme los dientes para quitarme el mal aliento y al volver prepare café para todos.
–¿Cómo les ha ido?– preguntó Alice en un hilo de voz, temerosa por la respuesta.
–Supongo que bien – le conteste con una mueca de desagrado.
–Parece que a ti no, hermanito. –le hecho una mirada desafiante colocando sus brazos en jarra.
Edward la miro desconcertado como percatándose de la escena anterior y su mirada se suavizo como implorando perdón por el mal momento.
–Perdona, pero hace un momento tocaba el cielo con las manos y casi pierdo todo por su culpa. Eso me pone de mal genio.– me acerque sigilosamente, lo envolví con mis brazos y le bese el hombro.
–Eres increíblemente fuerte –me dijo al oído.
–Soy feliz –le dije contra sus labios.– Te amaré toda mi vida.
–Siempre estaré a tu lado, te he amado toda mi vida.
–¿Cuándo suba un par de libras, también?– mi pregunta encerraba viejos recuerdos.
–¡Claro que si! Serás una madre muy sexy y te desearé más que ahora.– esas simples palabras me transmitían seguridad y tranquilidad el saber que me ama de todas las maneras y estados posibles.
–¡Basta de tanto arrumaco y besitos¡ –nos hablo Alice en tono de reprimenda –¿Debo recordarles que hoy tenemos visitas? Terminen el café y me darán una mano con la cena. La ternera está casi lista, falta decorar el pastel y terminar la guarnición.
–Tranquila…Bella descansará y te daré una mano.–le dijo a Alice que sacaba su pastel del horno.
–¡Infaltable mi pastel de chocolate!– su hermana lo colocaba en la bandeja al tiempo que gritaba mientras que Emmet entraba para desparramarse en el sofá . –¡Jasper¡
–Si– le respondió a su novia sin despegar sus ojos de la Tv mientras jugaba a los videos juegos con Emmet.
–¿Has batido la crema?¿Podrías alcanzarme el recipiente?– Alice de a poco montaba en cólera, demasiado a pecho se tomaba la cena.
–Esta en el refrigerador.–sus dedos bailaban sobre los botones del joystick .
–Jasper Hale, mueve tu maldito trasero aquí.– gritó ella con furia.
–¡OH! La pequeña duendecito se ha enfadado.– dijo Emmet usando el tono de vos de Alice. Jasper obvio el comentario. Edward solo hizo una mueca.
–Toma Alice– le dio el bols, con una sonrisa en su rostro, esa sonrisa tan particular de Edward que me enloquecía. Los chicos terminaban la partida.
–¿Que cenaremos ? –pregunté en el momento en que sonaban mis tripas.
–¡Tú, nada! –la mire sorprendida a Alice.
–¡ Es que tengo hambre! –los brazos de él me tomaban la cintura, apoyando su torso en mi espalda.
–¡No te daré nada! Debes contarme como te ha ido! –dijo Alice con un movimiento de su espátula.
–Deberás alimentar a Bella por dos – intervino Edward.
–¡Oh. Por Dios! Voy a ser tía! –gritó su hermana. Al tiempo que nos abrazaba.
–Bells te cocinaré tanto que no pasaras por la puerta. –carcajeamos todos incluso Jasper y Emmet.
Comenzaba a atardecer.
Podía notar las miradas y ese diálogo silencioso entre Emmet y Jasper, otras veces con Edward
Alice sumergida entre los cacharros, ajena a todo.
Desde el ventanal observaba a la jauría de perros inquietos, como anunciado una tragedia, sólo vendría Charlie, que por cierto le temía a todo perro que no sea cachorro.
Pero ellos presentían una atmósfera enrarecida que los perturbara y los mantenía alerta.
¿Tendrían hambre?. Pregunté inocentemente a lo cual me respondieron que de noche no los alimentaban para que se mantengan en guardia. Un perro con el estómago lleno, solo duerme. Me explico Jasper.
Esa conversación solo me distrajo un momento, aun me giraba en mi cabeza un pensamiento. ¿Jake estaría oculto en la oscuridad esperando el momento justo para entrar?, lo presentía, podía imaginarme que Jake había tenido suerte y se había escapado de los policías.
Luego que terminamos el tentempié, me recosté en el sillón que habían abandonado los chicos al dejar de jugar.
Sonó el móvil de Edward, salió por el ventanal para hablar más tranquilo o quizás para que no escuche la conversación.
Mientras conversaba agitaba sus manos como si mantuviera una discusión acalorada con alguna persona. Todos en el interior de la casa, lo observamos en silencio. Tanto silencio que mis párpados comenzaron a relajarse por el cansancio y la tensión de todo lo que viví durante el día.
La tarde le daba paso a la oscuridad de la noche.
De momento comencé a soñar.
Estrechaba a mi bebe contra mi pecho, como queriendo protegerlo de algo o alguien, al mirar hacia el ventanal, revivía la misma escena de hace un rato, cuando estaba despierta. Lo observaba a Edward que discutía por el móvil, entre los arbustos cerca de Edward podía ver la sombra siniestra de Jake, todos los perros dormían en la oscuridad tendidos unos contra otros, sobre un gran charco de sangre.
Presentía en el sueño que Jake de un momento a otro, entraría a la cabaña.
Con toda mi fuerza, mientras mi bebe lloraba a los gritos, llamaba a Alice, Emmet y Jasper. Pero no estaban en la casa, en un momento, Edward desaparecía de mi visión y escuchaba las risotadas de Jake.
Sentí que mientras soñaba, mi corazón palpitaba alocado y mis extremidades se agitaban sin coordinación en el sillón.
!Bella!.– escuchaba su voz como si me hablara dentro de una botella.– !Bella despierta!
–¡NOOO!- solté en un grito desgarrador, alguien me sacudía con ambas manos.
–Lo siento amor – continuaba gritando, presa del dolor, sin saber que solo había sido un sueño
–Matara a los perros ¡lo se! ¡Mi bebe! – mis lagrimas salían a borbotones mientras abría mis ojos.
–Tranquila amor. Solo era una pesadilla – me recosté contra un cuerpo que me envolvía en sus brazos –¿Si coloco la alarma de la casa, te sentirás mejor? me preguntó preocupado porque sentía mi corazón con taquicardia.
–Si , por favor – le imploré, Alice me alcanzó un vaso de agua, el cual bebí sin respirar.
–¿Un poco más tranquila?– dijo Emmet y me cubrió con una manta, la cual agradecí con una amplia sonrisa.
Mientras Edward acomodaba el mantel para los ocho comensales. Obvio que Rose no vendría, tampoco ha llamado desde la ultima discusión con su hermano. Seguramente no le agradaría enterarse de mi hijo, como así tampoco participar de este festejo. Sintonice un canal de cable de una serie de dibujos animados de un gato que perseguía a un ratoncito.
Por momentos me carcajeaba sola ante la mirada divertida de los demás.
Cuando llegó mi padre, salté de la alegría y me abalancé a sus brazos que me esperaban abiertos.
–¡Papá!– No pude evitar que rodaran mis lágrimas – !Te he echado de vemos!- mi rostro se apoyó en su chaqueta azul,
Aun vestía de uniforme.
Apoye mis fosas nasales contra su cuello he inhalé profundamente, su aroma a pino silvestre que me oprimió mis pulmones, remontándome a la época, que era una chiquilla y salía corriendo a su encuentro cuando regresaba de la estación de policía.
–¿Como has estado , hija?
–Me gustaría decirte que bien, pero la realidad no es así – me apreté contra su pecho.
–Edward me ha comentado algo.– su rostro se ensombreció por la tristeza.
–Charlie, bienvenido,– interrumpió Edward para estrechar su mano.
–¿ Cómo has estado , muchacho? ¿Has cuidado bien a mi Bella?
–No tanto como debería. Toma asiento, te daré algo de tomar. Y luego conversaremos.
–Gracias, como tú digas. – mi padre se acomodó en el sillón a mi lado, mientras los chicos se acercaban a saludarlo.
Hermosa cabaña. De difícil acceso, si tu no me hubieses guiado, todavía andaría dando vueltas – Charlie sonrió tímidamente.
Seguramente el llamado previo a mi pesadilla era de mi padre.
– Dime Bella ¿qué festejamos? busqué desesperada la mirada del padre de mi hijo, esperando que el respondiera por mi, y así lo hizo.
–Charlie queremos festejar que serás abuelo otra vez.– sonreíamos expectante a las palabras que diría mi padre.
–Vaya –dijo rascándose la cabeza – no me lo esperaba ¿le has contado a tu madre y los chicos?
–¿ Papá no te pones contento?– mi corazón se partió al medio, esperaba otra respuesta .
–Si hija, los felicito.– pero no sonaba muy contento .
–Charlie, me casaré con Bella y cuidaré de ambos.
–Si… si ya lo sé. ¿Cómo fue que paso? –soltó mi padre más que preocupado.
–Charlie ¿no querrás saber los detalles?– acotó Alice entre risas. Mi padre se sonrojo.
–No . De ninguna manera. Solo pensé que habías tomado precauciones. Bella aún esta casada – me lanzó una mirada inquisidora.
–Charlie, Charlie, no vamos a hablar de moral o¿ si ?. Son una pareja que se aman. Y un bebe en la familia es lo que necesitamos todos –dijo Alice.
Me abalance a los brazos de Edward y llore angustiada, mi padre no debía juzgarme, el no sabia todo lo que padecí con Jake desde que me case. Y ahora no era el momento de hablar.
–Hija, no llores ¿eres feliz?
–Si, papá.
–No se hable mas del tema, soy un futuro abuelo feliz de un Cullen –nos abrazó a ambos.
–Charlie entendemos tu preocupación –dijo Emmet que desmarcaba el código de la alarma. A lo lejos se veía el parpadear del auto de Carlisle avisando que llegaba con Esme.
Carlisle y Esme saludaron a mi padre y bajaron del auto con paquetes con comida.
Pasamos una cálida noche en familia, era la primera vez que mi padre cenaba con el clan Cullen.
La felicidad de Charlie brotaba por todos los poros de su rostro, y la sonrisa ensanchada de oreja a oreja. Lo que mi padre no se imaginaba que le duraría poco esa sonrisa.
Durante la cena, los perros ladraban enloquecidos, pero cesaron en un momento, volviendo así la calma.
El broche de oro, lo puso Alice con su pastel de chocolate, tomando un café.
Quien emitió el primer bocadillo fue Charlie.
–Me encantaría saber todo desde el principio…. De ser posible con lujos de detalles. Y quiero la verdad –sentenció Charlie.
En el relato pormenorizado de los hechos, intervinieron desde Emmet contando su idea de los perros, a lo cual mi padre hizo una mueca de desagrado, Alice relató el momento en que me acompaño a buscar mis cosas, Carlisle le detalló cada visita mía a la clínica. Y en el estado lamentable que quede luego del ultraje. La ira se iba apoderando en la expresión de mi padre, lo conocía bastante bien para ver que le faltaba poco para que el humo pitara de sus orejas.
Mi padre solo exclamaba monosílabos. Podía ver su dolor reflejado en su rostro.
La ultima palabra la tuvo Edward luego de que Jasper le contará como había entrenado a sus máquinas asesinas con rabo, para llegado el momento destrozar a Jacobo.
Cuando mi hombre tomó la palabra contándole a Charlie todo lo que hemos padecido desde esa mañana que me encontró tirada en el asfalto junto a Alice hasta el ultimo intento por matarnos este mediodía , mi padre caminaba preso por la desesperación de haber escuchado el relato y bajo la mirada expectante de todos los presentes.
Tenia sueño, era de madrugada, la noche abrazaba el lago de manera silenciosa, como una invitación a descansar, pero de algo estaba segura, no iría a dormir sola ni en mil años sin la cercanía de mi eterno amado, me creía ser un blanco fácil para cualquier acción de mi ex esposo.
El solo hecho de pensar en subir las escaleras para descansar en la habitación, me encogía el alma.
Concluyo la charla entre planes de mudanzas a otro estado y cambios de identidad.
Mi padre realizó solo un comentario con gran peso, tomaría cartas en el asunto, tirándole el peso de la ley encima, aplastándolo como el gusano que era.
La familia lo miro con cara de satisfacción.
Se terminó su café y creyó conveniente retirarse en su coche patrulla para poder idear su plan de ataque y descansar.
Saludo a todos aún perturbados por la conversación.
Lo acompañamos a la entrada principal, los perros estaban dormidos, Edward y Jasper los vieron demasiados calmos he intercambiaron unas miradas sospechosas, que Charlie también las pescó en el aire.
–Familia Cullen –dijo Charlie escondiendo la vorágine de sentimientos que padecía en su interior –Les agradezco por cuidar de mi chiquita.
–Charlie…Bella es parte de nuestra familia ahora –le respondió Carlisle abrazado a Esme con una marcada sonrisa en su rostro.
–Papá.– llamé su atención –¿Vendrás a visitarme?
–Por supuesto hija –me abrazo mi padre con extremo cuidado y demasiada ternura. Me apoyé en su hombro transmitiéndole todo lo que lo amaba.
–Bueno hija– me apartò de su lado–Cuídate y cuida a mi nietita.– me sonreí.
–Gracias papá, te extrañaré.– Edward me tomó de la mano. Y miraba atentamente a los perros que aun dormían.
Mi padre abrió la puerta del coche patrulla, frunció el entrecejo en señal de que algo andaba mal, muy mal.
Comenzó a rebuscar en el interior de los asientos, en la gaveta y debajo de las alfombras como si hubiese perdido algo.
–¿Qué sucede papá?
–Nada. No recuerdo haber dejado mi arma reglamentaria en la estación –me respondió rascándose su cabeza, movimiento que realizaba cuando algo lo preocupaba.
Se miraron unos a otros con asombros en sus ojos.
–Bueno, tranquilos, los años no vienen solos .La debo haber olvidado en la estación de policía. Ingresen a la casa que hace mucho frío y es tarde.
–Charlie te acompañaremos un par de kilómetros para indicarte la salida a la autovía.– le dijo Emmet que iría acompañado por su padre. Jasper cuidaría de nosotros junto con Edward.
Al ingresar a la casa mientras Edward trababa todas las habitaciones y observaba a Jasper a través del ventanal examinar a los perros que habían caído en un profundo sueño.
–¿Por qué trabas las ventanas?¿Qué esta pasando?– pregunté asustada como un pequeño conejito que intenta huir de su depredador.
–Solo por precaución.– pero continuaba mirando a través del cristal entre la vegetación.– Mañana iremos a visitar a tu madre.– más que una invitación sonó a una orden.
–¡No!–me miró confundido–¡ Quiero una explicación, ahora!¿Qué esta pasando?–le ordené una respuesta.
–De acuerdo…–en ese momento sonó el móvil–¡Charlie! Si. Bueno. Se lo diré.–¿mi padre lo llamaba?¿se habría perdido?
–¿Era mi padre?¿Se encuentra bien?–le pregunté angustiada, él solo musitó un si.
–Bella, presta atención a lo que voy a decirte.–dijo en apenas un hilo de voz–Charlie esta de regreso con mi padre y refuerzos.– el pánico se apoderaba de mi rostro haciendo eco de mi pesadilla.–Su arma desapareció durante la cena y los perros no están dormidos alguien les ha suministrado algún gas para inmovilizarlos.– mi cuerpo temblaba como un sismo.–Tu padre supone que Jake se la ha extraído y teme lo peor.
– ¿Qué haremos ahora?– mis ojos explotaron por mis lagrimas.
–Nosotros nada. Todo esta en manos de tu….
No finalizó la frase. Escuchamos varias puertas de los coches cerrarse con furia, las pisadas sobre la grava sonaban debajo de sus pies.
Edward corrió escaleras abajo, me quedé paralizada por el estruendo de un disparo que se oyó dentro de la casa.
Oí la voz de mi padre gritar el nombre de la persona que mas me amaba en este mundo. Y un ruido sordo como una bolsa pesada que rodaba escaleras abajo.
Mis piernas cedieron a mi peso dejándome de rodillas sintiendo un gran vacío.
