El primer niño perdido

capitulo 11: Volaremos hasta que amanezca.

La magia existe, está en todas partes, ocurre todo el tiempo. Las hadas son mágicas y su polvillo es la fuente de toda su magia. Su magia viene de un árbol, el Árbol del Polvillo y este no puede sobrevivir sin el polvillo azul, ese dado por la luna cada cierto tiempo.

Pero hay otras fuentes de magia. Existe, está en la mirada de cada niño que sueña, que quiere un mundo mejor. No se me ocurre magia más poderosa que la que sucedió esa misma noche.

Algo se creó, una historia comenzó y con él un legado, traspasado a todos los niños que en su día lo oirán graznar tras su ventana. Pero hay una vil verdad, el inicio se dio después de un acto de egoísmo, pero, después de todo ¿no es esto de lo que se trata su existencia? Más no se me ocurre alguien más mágico que este niño, al menos es más simbólico y significativo de lo que recordarán al crecer.

Más no sólo es su historia, como podrán ver. Porque cuando piensas en niños... y en Peter, sabemos qué grupo de hermanos se les viene a la mente, más eso ocurrirá mucho tiempo después. Pero la historia de el inicio, explica más de lo que se puede decir en palabras y da a entender una vez más que aveces el destino es cruel, pero muy bello.

No existe niña más importante en esta historia que Mary, de hecho, donde sea que lo mires, ella siempre fue la más especial, siempre fue esa niña, fue primero y eso es algo que nadie sabe.

Esa ultima noche, Mary contaba una historia a sus "hijos", ella al ser la "madre" obtenía la atención de todos. Pero esta historia era especial, y no sólo porque por primera vez Peter los había dejado entrar a su habitación en el último piso de ese antiguo edificio, sino porque esta historia no podía ser escuchada por cualquiera, sólo por aquellos niños que conocían el secreto de Tinkerbell y Firefly Fire. Porque les recuerdo, hay niños malvados que no deben enterarse de la existencia de las hadas. Pero a los niños a los que iba dirigido este cuento eran niños buenos, de confianza. Niños fieles a las ordenes de su líder Peter Pan.

Se acomodaron, para escuchar el cuento de su madre mejor. Estaba George, escuchando atentamente a pesar de que no creía ni una sola palabra de ese relato; estaba el niño nuevo, ese niño delgado y rubio que Peter había rescatado recientemente y que nadie sabía su nombre; estaban varios niños más, entre ellos alguna que otra niña, dando en total unos ocho o nueve niños en esa habitación. Más Peter que escuchaba todo a distancia, molesto porque todos habían invadido su propiedad, porque no los dejó entrar a su habitación con facilidad, Mary le insistió mucho para que dejara contar un cuento ahí.

El cuento hablaba sobre una tierra mágica, con plantas y animales de todo tipo, un cielo azul como el que no han visto jamás, criaturas extraordinarias, como hadas. Contó sobre las singulares plantas que ahí crecen y las aves de colores tan vivos que es comparable al arcoiris. Todo esta información la había sacado de Tinkerbell, claro.

-Y en ese maravilloso lugar ningún adulto molesta a los niños.- explicó Mary con cara soñadora mientras los demás niños la oían atentamente-. Se puede hacer lo que quieran, podríamos jugar a los piratas o a las sirenas o a los indios ¡sería fantástico!

-¿Y dices que todo esto te lo dijo esa hada?- habló George, no muy convencido-. Pero ni siquiera habla.

-¡George! si le dieras oportunidad e intentaras prestarle una mínima atención podrías comprenderla.- dio un pisotón al suelo en señal de enfado.

-¿Por qué iba él a querer comprenderla? ¡las hadas son de niñas!- habló el niño nuevo, ese niño rubio.

No continuaron su discusión, ya que sin previo aviso Peter se acercó a ellos con gran curiosidad.

-¿Y dices que ese lugar es muy seguro?- preguntó el chico de ojos color ámbar con voz inocente.

-Eh... ¡sí! eso es lo me dijo.- contestó la niña con voz nerviosa.

-Y podríamos hacer lo que queramos sin ser molestados por adultos.- Peter se llevó la mano derecha al mentón y se quedó pensativo un buen rato, dejando a los niños en suspenso-. ¿No sería genial ir?- soltó sin más.

-Peter, no creerás que todo ese cuento de fantasía es real ¿o sí?- habló George con sarcasmo en la voz.

-George, tenemos hadas viviendo en la casa, no sé tú pero yo me creo hasta que pudiéramos volar.

-En realidad sí se puede, Tinkerbell me lo dijo. Solo se necesita polvillo de hadas.- contestó la niña muy sonriente, queriendo ser útil para Peter en todo.

-Eso son tonterías.- murmuró George.

-¡Perfecto! ¡podríamos ir volando a ese lugar!- exclamó con superioridad, realmente dispuesto a hacerlo de verdad.

Claro que Tinkerbell, al escuchar todo esto, no le gustó en lo absoluto. Le había dado permiso a Mary de contarlo, pero no pensó que a los niños se les metería en la cabeza querer ir a Nunca Jamás. Tink jamás los llevaría a Nunca Jamás, menos si solo tiene una bolsita de polvillo azul que no alcanzaría para tantos niños.

-¡¿No es genial?!- exclamó Fire con gran felicidad-. ¡Iremos de visita a Nunca Jamás! ¡veremos a tus amigos y a tu hermana!

-Claro que no, Fire.- dijo Tink con la voz más amable que pudo-. Algo me dice que está MUY prohibido llevar humanos a Nunca Jamás, además de que no tenemos polvillo suficiente. Estoy guardando el polvillo para el momento en que volvamos a casa.

-¿Cuando será ese momento?- preguntó el hada azul, algo molesto.

-Yo... no lo sé.- realmente no sabía, pero aún no quería irse y cada que miraba la cara de aquel niño que la había salvado de quedarse sola sentía como si no necesitara ir a otra parte sin él-. Creo que me iré cuando Peter aprenda a no meterse en problemas.- sonrió ante la idea, era imposible que ese chico no se metiera en problemas.

Pero Peter seguía diciendo querer ir a Nunca Jamás... o no. Nunca se sabe cuando este niño habla enserio o simplemente está bromeando. Pero él, al ser el líder de los niños perdidos, hizo que a todos los demás también les dieran ganas de ir ahí, excepto George, que no creía nada de eso. Y Mary estaba tan entusiasmada de haberle dado una maravillosa idea a Peter.

-Tinkerbell me dijo que nos llevaría.- habló Mary, acercándose a Peter y tomándolo del brazo, intentando llamar aún más su atención.

-¡¿Qué?! ¡no!- exclamó Tink, apareciendo delante de ellos y regañando a Mary-. ¡Lo que dije...! yo... Lo siento, Mary, no se puede, no los llevaré.

-¿Qué está diciendo?- preguntó Peter a la niña, ella miraba al hada deduciendo lo que podría decirle.

-Creo que me mintió. Creo que dice que no nos llevará.- contestó la niña, desanimándose-. No creí que un hada podría mentirme.- habló con tristeza.

-Mary, lo siento, pero aunque intentara llevarlos, no hay polvillo suficiente para todos.- le dijo, honestamente y sintiéndose mal por ella. Pero Mary no la miró, así que no supo de su disculpa.

-¡Tinkerbell, tú eres mi hada, así que te ordeno que nos lleves a ese lugar!- ordenó Peter, ignorando todo lo que había dicho el hada antes, ya que él no la entendía. Esto hizo a Tink rabiar, ya que odia que la trate como su propiedad.

-¡Peter, no hay suficiente polvillo! ¡yo misma intento no volar tanto para no gastarlo! ¡¿y por qué te digo todo esto?! ¡tú ni siquiera entiendes lo que digo! ¡pero al menos espero que entiendas que solo sigo aquí por ti!- ahora que lo pensaba ¿por qué debía estar ahí por él?

-Mary, traducción.

-Parece que está molesta contigo.- explicó la niña.

-¿Podrías ser más especifica?- habló George con irritación.

Mary observó a Tinkerbell, esta tuvo que sacar su bolsita de polvillo y señalarsela, haciendo que Mary lo comprendiera finalmente.

-Oh, dice que no hay suficiente polvillo para llevarnos a todos a Nunca Jamás.- se decepcionó.

-¡¿Qué?! ¡pero si, como dices, ese lugar es un lugar increíble! ¡yo quiero ir!- exigió Peter, pero nada se podía hacer.

-Creo que no es posible más que en su imaginación.- murmuró George, provocando la molestia de el líder.

-Yo realmente quería ir.- se sentó, cruzándose de brazos, muy enfadado.

Pues nada se podía hacer, pero, siendo honestos, el polvillo azul tiene más poder que el dorado, pero aún así no alcanzaba. Tinkerbell estaba malhumorada, no le gustaba que Peter la tratara como una mascota. Aún así, en el fondo no quería dejarlo. Peter, a pesar de siempre estar acompañado, era un niño muy solitario, ya que no confía sus secretos a nadie, y nadie sabe cuál es el pasado de Peter, nadie sabe de donde vino ni quien era antes de perderse. Nadie lo conoce de verdad y por eso él era un niño muy solo, por eso Tinkerbell no quería dejarlo, quería estar con él. Intentar salvarlo como él la salvó a ella.

-Entonces no iremos a Nunca Jamás esta noche.- murmuró Fire con amargura, realmente quería ir.

-No, no lo creo, Fire.

Pero si ir a Nunca Jamás solo podría ser en la imaginación de esos niños, así como dijo George, entonces al menos por un momento así fue. Mary se inventó muchas historias de ellos en aquel mundo de maravillas, inventó sus historias mágicas y se las contó a los niños perdidos. Peter, emocionado ante la idea, también contó sus propias historias, de él siendo el rey de aquel lugar fantástico, viviendo aventuras extraordinarias, navegando en los mares y matando indios y piratas. Vaya cuentos inocentes que se contaron esa noche.

Esa ultima noche.

Esa noche antes de que el sueño se volviera realidad. Al menos para unos cuantos.

Ya todos se había ido a dormir. Mary y los demás niños que la acompañaron para escuchar sus cuentos se quedaron en la habitación de Peter con él. Los demás niños, aquellos que no habían sido invitados a escuchar las historias, se quedaron en los pisos de abajo, o simplemente no estaban en el edificio, que suerte tuvieron los que no llegaron esa noche a dormir.

La hora de los cuentos había acabado y la noche tormentosa empezó. Las noches siempre fueron tristes para aquellos niños perdidos, porque por la noche es cuando los recuerdos de sus familias llegaban con más fuerza, extrañaban a sus madres, al menos la mayoría las extrañaban. Y todos se sentían desdichados, con frio, odiaban las noches. Pero esa noche fue especialmente aterradora para las niñas, más bien sólo para aquellas niñas que tenían consciencia sobre lo de Audrey.

Ese día se habían enterado de que la desaparición de esa niña llamada Audrey fue por voluntad propia, ella se fue por su cuenta. Audrey creció y se marchó. No todas las niñas lo comprendían, pero algunas, como Mary, sabían lo que esto implicaba... y era el destino de toda niña sin dinero en aquellas calles de Londres en aquellos años. Porque solo de una cosa se podría trabajar... y esa fue la pesadilla de cada niña esa noche.

Pero créanme que hubieran preferido seguir soñando, aunque sean pesadillas, porque todo se volvió real más pronto de lo que ninguno imaginó. Esa fue la ultima noche en la que todos estuvieron juntos.

Vagamente se escuchó el sonido del Big Ben anunciando la hora, fuera de eso el silencio era abrumador. Un niño rubio despertó con el ruido de aquel enorme reloj, realmente lo odiaba ¿a quien se le ocurría poner un reloj gigante en medio de la ciudad? Si aquel niño rubio, el "niño nuevo" como le llamaban, viviera en una casa de verdad, bajaría a tomar un vaso de agua, pero ahí ni agua tenían.

Así que el niño nuevo se sentó y contempló la oscura habitación, tan sólo iluminada por un par de estrellas que lograban verse desde un ventana. Algo iba mal, sentía que algo raro estaba sucediendo.

-George, despierta, creo que escuché algo.- llamó al otro niño.

-Cállate, no seas llorón.- dijo, ignorándolo y volviendo a dormir.

-No soy llorón.- se cruzó de brazos, ofendido, odiaba que lo hicieran sentir como alguien débil.

El niño nuevo se levantó sigilosamente y abrió lentamente la puerta de la habitación, quería descubrir qué era el ruido que había oído. Abrió la puerta lentamente pero no pudo evitar que la puerta rechinara, más nadie despertó. Se decidió a explorar en los pisos de abajo, así que bajó las escaleras con mucho cuidado, ahí estaba muy oscuro.

Alcanzó a ver una luz, algo muy inusual porque ahí no tenían velas, caminó lentamente, acercándose al pasillo donde estaba iluminado. Escuchó un ruido, un pequeño sollozo, alguien estaba llorando. ¡Los niños! los demás niños que estaban en los pisos de abajo ¡algo les había pasado!. Él estaba a punto de asomarse para ver qué estaba pasando pero alguien lo sujetó desde atrás y le cubrió la boca para que no gritara. Lo arrastró hasta otra habitación y finalmente pudo voltear a ver a quien lo había sujetado. Aún en la oscuridad distinguió que era Peter.

-¿Qué está...?

-Shhh.- lo silenció, volviendole a cubrir la boca-. Vas a guardar silencio, no te alarmes y has todo lo que yo te diga.

-¿Qué sucede, Peter?- estaba muy oscuro, no podía ver la cara de su líder con claridad, pero algo le decía que esto no era un juego.

-El señor nos encontró.

-¿Quien es ese?

-¿Recuerdas a los adultos que te perseguían la vez que te rescaté? Ellos trabajan para el señor. Se dedican a secuestrar niños y venderlos.

-Sí, algo así había oído... Espera, ¿estás diciendo que nos encontró? ¿él está aquí?- preguntó, intentando no alarmarse.

-Sí, no sé cómo nos encontró.- era raro, pero Peter se encontraba serio, y eso es muy poco frecuente.

-Los demás...

-Capturados.

-Tienes que salvarlos, Peter. Tú siempre puedes, los adultos te temen, eres peligroso, incluso para ellos.

-No esta vez.- contestó, tajante-. Esta vez no puedo, ya están perdidos.- lo lamentaba, pero era verdad, no podía hacer nada-. Esos adultos están armados, lo sé, los vi, son muchos.

-¿Armados? ¿con pistolas?- se asustó-. Eso es jugar sucio, son unos tramposos.

-Los adultos nunca obedecen las reglas. Pero aún podemos salvar a los que se encuentran arriba, vamos.

Ambos subieron las escaleras y volvieron a la habitación de Peter, debían apresurarse, los adultos podrían subir en cualquier momento.

-¡Vamos, levántense!- ordenó Peter con voz fuerte y autoritaria.

-¡Rápido, George, Mary!- el niño nuevo empujó a ambos niños para despertarlos.

-¿Qué rayos pasa?- habló George, molesto.

-Es el señor, está aquí con todos sus hombres, están armados con armas de fuego y ya se llevaron a todos los niños de abajo.- declaró, dejando a todos atónitos.

-Es una broma ¿cierto, Peter?- pero George ya sabía que todo era cierto, Peter no bromearía con eso, no lo haría tan seriamente-. ¡¿Cómo nos encontró?!

-¿Es ese que secuestra a los niños?- se alarmó Mary-. ¡Nos llevará!- corrió hasta Peter y se aferró a él con fuerza-. No, no puede, tú nos protegerás ¿cierto?

-Haré lo que esté a mi alcance ¡Y no lloren!- dijo esto ultimo dirigiéndose a los demás niños que comenzaban a llorar del terror, incluso Mary estaba derramando algunas lágrimas-. ¡Síganme!

-¿Qué está pasando, Tinkerbell?- preguntó Fire a la otra hada-. Es muy temprano para desayunar.

-Hay problemas.- contestó Tink, comprendiendo la situación perfectamente-. ¡Ve con Mary y no te separes de ella!

Firefly Fire obedeció y se acercó a Mary, esta lo sujetó con fuerza entre sus manos y su pecho. Tinkerbell voló hasta Peter y se sujetó a su hombro para estar con él y no utilizar mucho su polvillo para volar.

-¡Vamos!- Peter abrió una ventana y salió por ella, por fuera estaban unas escaleras viejas y oxidadas que conectaban todos los pisos de ese edificio-. ¡Salgan!

-Pero está muy alto.- se quejó una niña.

-Nos podemos caer.- dijo otro niño.

-Y si se quedan los usarán para traficar órganos ¡No sean llorones y salgan!- era muy rudo al hablar, ellos sólo estaban asustados, pero debía ser honesto con esto.

-Pero...- lloraba otra niña.

-¡Obedezcanlo, ahora!- gritó George, literalmente empujándolos hacía la ventana.

Tuvieron que obedecer y salieron, estando varios pisos por encima del suelo, estando muy asustados. Comenzaron a bajar poco a poco, incluso Mary, ignorando su temor a caer, salió por la ventana.

-¡Rápido, rápido!- insistía George a un par de niños que se negaban a bajar. Peter ya se había ido con los demás.

-No, no, está muy alto.- dijo una niña.

Se escucharon unos golpes en la puerta, ya habían llegado.

-Bien, allá ustedes.- se fue siguiendo a los demás, dejando a esos niños ahí.

Los adultos abrieron la puerta a la fuerza y capturaron a los niños que se habían quedado atrás y aunque ellos se arrepintieron de no haber seguido a sus compañeros, también sabían que ellos no iban a volver.

Peter y los demás continuaron bajando esas escaleras, el viento los ponía nerviosos, sentían que iban ser derribados y caerían, pero Peter no sentía miedo alguno. Pudieron ver unos carruajes, en ellos estaban metiendo a los niños que secuestraban, un par de adultos salieron de ahí y los niños para no ser vistos tuvieron que volver a entrar al edificio por una de las ventanas. Se encontraban en el segundo piso.

-No podemos seguir bajando por las escaleras porque nos verán por fuera y seguramente tienen bloqueada la salida principal.- dijo George con seriedad.

-La mayoría de los adultos deben estar en los dos últimos pisos buscándonos.- comentó el niño nuevo.

-No, niño nuevo, me buscan a mí. El señor me odia, he arruinado sus planes en incontables veces, he eliminado a sus subordinados sin piedad. Quiere vengarse de mí.- habló Peter con seriedad.

-Te dije que te buscaría, ¿pero me hiciste caso? ¡no!- dijo George, echándoselo en cara-. ¡Nos has puesto a todos en riesgo! ¡van a matar a muchos de nosotros y no sé qué cosas más!

-¡No le hables así a Peter!- lo defendió Mary-. ¡Él sólo quiere protegernos!

-¡Deja de actuar como una tonta enamorada, Mary! ¡a él no le importamos! ¡no le importas tú!

-¡Claro que me importa! ¡pero esto es algo peligroso, no hay forma de que pueda hacer algo!- enfureció de verdad-. Y ya te lo he dicho, aquí cada quien se cuida solo, si no hay forma de que pueda rescatarlos... lamentablemente ya no es mi problema.

-¡¿Entonces por qué lo haces?! ¡¿eh?! ¡¿Por qué nos recatas a todos de las calles si al final nos dejarás solos?! ¡dime!- exigió de forma desafiante.

-¡Basta!- gritó el niño nuevo, sabiendo que hay cosas más importantes de qué preocuparse-. No es tiempo de pelear ¡hay que salir de aquí!

-Es que son tantos...- Peter miró a los niños que venían con él. Además de George, Mary y el niño nuevo, venían otros cinco niños más-. Hay otra salida por el sótano pero no podemos escabullirnos hasta ahí si somos muchos.

-¿Entonces?- Mary abrazó a un par de niños pequeños que se acercaron a ella como si de su madre se tratara, temiendo que los abandonaran ahí.

-Me quieren a mí, yo los distraeré.

-¡Pero Peter!- habló Mary, con temor a perderlo.

-¡Pero nada!- porque aún con todo lo que les había dicho antes, aún no se rendía en intentar proteger a los niños que le quedaban-. Sí todo sale bien, nos encontraremos en el Albert Memorial, todos diríjanse hacía allá.

-Peter...- Mary sollozaba, temiendo por la vida de él, no quería que nada malo le pasara. Lo quería tanto-. ¿Qué pasa? ¿qué pasa si no te vuelvo a ver? Yo no podría soportarlo.

-Mary, aunque yo me vaya lejos, sé que George siempre estará para cuidarte.

-Pero, Peter, yo te...

-George, llevatela de aquí.- ordenó con seriedad.

-¡No, Peter!- gritó mientras George la jalaba y se la llevaba junto a los demás niños.

Porque Mary no quería alejarse de él, lo quería demasiado, porque aún tenía un beso especial para darle, uno que sólo le pertenecía a él. Pero debía dejarlo.

-Tú también vete de aquí.- habló una vez los demás se fueron-. Vete, Tinkerbell.

-¿Qué?, no, no me iré.- habló la hada artesana, decidida a quedarse.

-No sé por qué quieras quedarte, pero esto se va a poner feo, así que mejor ve con Mary y los otros.

-¡No, no te dejaré! ¡yo me quedo contigo!- pase lo que pase, quería estar con él.

-Bien, has lo que quieras... pero pase lo que pase, no me culpes después.- dijo esto de una forma tan fría que daba incluso miedo, más Tinkerbell no se intimidó-. Ellos me buscan a mí, así que... será fácil distraerlos, solo no te caigas ¿entiendes?

-Entendido.- contestó, preparada para lo que sea que pasase.

Peter corrió al primer piso, donde habían varios adultos cuidando la entrada, debía llamar su atención. Y por supuesto que la captó.

-¡Vamos, estoy aquí, ancianos!- gritó, desafiándolos, para después lanzarse a correr de nuevo a los pisos de arriba.

-¡Ese es el niño que el señor quiere! ¡persiganlo y atrapenlo!- gritaron los adultos que se apresuraron a perseguir al niño.

Pero alguien no los persiguió, sino que se quedó parado ahí, era una persona encapuchada. Él era más inteligente que los demás y, claro, era más importante que ellos.

-¡Esperen!- le ordenó a los otros hombres-. Ese niño quiere distraernos, sus amiguitos deben estar escapando ya. Yo lo seguiré, ustedes busquen a los demás niños. Y díganle al señor que... venga a buscar al niño que tanto odia, porque yo mismo lo atraparé.

Dijo esas palabras de forma siniestra y persiguió a aquel niño sin prisa, sabiendo que los hombres que se encontraban en el piso de arriba harían que el escape de Peter se atrasara.

Peter corrió, subiendo de nuevo al piso de arriba, por supuesto que los hombres armados lo perseguían, pero ninguno de ellos tenía autorizado matarlo, no aún. Querían atraparlo pero Peter era demasiado rápido y astuto para ellos y, rápidamente, volvió a la habitación de al principio, aquella que era suya y que estaba en el ultimo piso. Agitado y cansado, se percató de que habían dejado de perseguirlo y ahora solo se escuchaba silencio.

-Espero haberlos distraído lo suficiente.- murmuró, mientras se acercaba a la puerta y se preguntaba cuanto tardarían aquellos hombres en entrar, ¿o acaso los había perdido?

-Peter, deberíamos irnos.- dijo Tinkerbell, que en realidad estaba muy asustada, pero quería permanecer fuerte, porque por nada iba a abandonar a Peter. Al menos estaba feliz de que Fire se encontraba a salvo con Mary... hasta donde sabía ella estaba bien.

Entonces, por muy extraño que parezca, alguien tocó la puerta. No fueron unos golpes fuertes, tampoco eran necesarios, la puerta no tenía ningún tipo de candado, pero pese a todo pronostico tocaron la puerta de una forma muy educada, como si pidieran permiso de entrar. Peter, perplejo pero sin dejarse intimidar por nada, e impulsado por una gran curiosidad y un poco de arrogancia, abrió la puerta para dejar entrar al desconocido, ignorando, claro, a la hada escandalizada que no dejaba de jalarle el pelo para intentar evitar que la abriera.

-Es extraño que me dejes entrar ¿no lo crees?- habló siniestramente aquel encapuchado que había entrado, estaba solo y aparentemente no iba armado.

-Te has perdido muchas cosas desde que te fuiste, incluso hoy dejé entrar a los niños aquí.- contestó Peter, usando una voz divertida e inocente.

-Sí, está claro que me perdí de mucho ¿Y donde están esos niños, Pan? ¿acaso los perdiste?- obviamente se estaba burlando, pero Peter no fue afectado por esto. El encapuchado se quitó su capucha, mostrando su rostro, era un joven rubio que Tinkerbell no reconoció de inmediato.

-Felix, te dije que no quería que volvieras, te desterré de aquí.- entonces Tink lo recordó, era aquel muchacho que se había ido hace tiempo por haber crecido-. También te dije que te fueras con los de tu tipo y que trabajaras matando gente, no era para que lo tomaras literal.- dijo el niño pelirrojo, incluso burlándose de la situación.

-Sólo me uní al equipo ganador, a los que realmente controlan las calles de Londres.

-¿Y por eso guías al señor hasta mi escondite? Sabía que al crecer te harías malvado, pero hacerle esto a tus antiguos compañeros... realmente me das asco.

-¿Tú sabes siquiera lo que es tener compañeros? Tú sólo te creías el líder de todos, que todo lo que dijeras sería obedecido y los demás son tan estúpidos que realmente te seguían.- habló Felix de forma socarrona y engreída-. Está bien, puede que te importen realmente, aunque no lo demuestres, pero no confías en ellos, no confías en nadie, por eso te es muy fácil despegarte de las personas, nunca te vuelves su amigo de verdad. Ni siquiera eres honesto con ellos ¿cierto, "Peter Pan"?

-No hago nada malo. Yo les doy un lugar donde quedarse a los niños perdidos, les muestro cómo cuidarse solos, después de eso ya no deberían ser mi problema... tampoco necesitan saber de mí.

-¡Por eso mientes!- gritó Felix, con expresión furiosa-. ¡Por eso todo el tiempo mientes! ¡Dices que nada te importa y eso es mentira! ¡mientes al decir que nada te pone triste! ¡Mientes al decir quien eres, porque admitamoslo, todos sabemos que tú no te apellidas "Pan"!

-¡¿Y eso a quien le importa?!- enfureció de repente, sorprendiendo a Tinkerbell que se encontraba oculta entre sus ropas ya que él se había mantenido tranquilo todo el tiempo-. ¡¿A caso a alguien le molesta?! ¡ni siquiera a mí me interesa!

-¡Me molesta porque tú conoces a todo niño que entra por las puertas de este mugriento edificio! ¡ellos te cuentan todo, te dicen por lo que han pasado! ¡tú sabes tan bien como yo porqué me fui de mi casa cuando era pequeño! ¡Pero tú... ni siquiera sabemos de donde vienes! ¡no sabemos quien eres ni quien fuiste antes de que te perdieras! ¡¿Por qué temes tanto recordar tu pasado?! ¡¿por qué temes tanto recordar a tu madre?!

-¡Yo no tengo tal cosa como una madre!- gritó, casi escupiendo las palabras, con mucho rencor.

-Mientes... veo en tu mirada que mientes.- resopló y se puso firme otra vez-. Pan, hay que terminar lo que quedamos la ultima vez, pero esta vez no será un juego, está vez tú o yo.- lanzó a Peter un cuchillo, este lo atrapó y lo sostuvo entre sus manos... Tinkerbell supo que esto no iba a terminar bien-. Uno de nosotros no vivirá para ver el amanecer.

Peter sonrió ligeramente y después le dio la espalda a Felix, caminó hasta el muro y disimuladamente sacó a Tinkerbell y la escondió tras la chimenea.

-No me culpes... perdón.- susurró y después volvió a encarar a su oponente.

-¿Qué? ¡no, Peter, espera!- gritó, más asustada que nunca, sintiéndose igual que la vez en la que no pudo proteger a Lizzy, sintiendo el mismo terror al no poder hacer nada.

Porque Tinkerbell sabía que las manos de Peter no estaban limpias, él había eliminado a un sin números de adultos malvados, pero por extraño que parezca ella no lo tomaba en cuenta, porque no sentía como si él fuera realmente capaz de hacer algo así, porque nunca lo había visto hacerlo y no quería que su opinión de él cambiara al presenciar lo que su lado oscuro puede hacer, su sombra de tristeza que lo vuelve alguien malvado. Pero eso era en el mejor de los escenarios, porque el peor sería si Felix ganaba... eso sería insoportable.

-Te arrepentirás de haber crecido, Felix.- dijo el niño con odio, para después lanzarse contra su contrincante.

Felix realmente estaba dispuesto a herir a Peter, le atacaba con su filosa navaja, intentando darle en el estomago o en la garganta, claro que Peter era excelente esquivando. Peter lo empujaba y bloqueaba sus ataques con su mismo cuchillo, pero era claro quien tenía la ventaja.

Peter lanzó un golpe a Felix, derribandolo al suelo. Felix con un rápido movimiento dio una patada a los pies de Peter y lo tiró también. Peter apenas se levantaba cuando Felix lanzó una acuchilla directo hacía él, pero Peter logró esquivarlo, estando a punto de ser cortado en el rostro.

Tinkerbell miraba todo, estaba muy nerviosa por lo que pasase, no quería seguir viendo eso pero no podía dejar de mirar, quería ayudar a Peter si este se pusiera en peligro, aunque sabía que no serviría en nada. Pero ella notó algo que la aterrorizó aún más, pero no podía culparlo. Notó que, aunque Felix realmente quería dañar a el niño, Peter, a pesar de estar furioso, realmente no quería luchar contra Felix... No quería lastimar a alguien que antes fue su compañero... a un chico que antes escuchaba cuentos y jugaba juegos como los demás. Es algo que no podía hacer.

-¡¿Por qué no peleas enserio, Pan?! ¡¿me estás subestimando?!- él también se dio cuenta, era muy evidente que Peter no atacaba con su cuchillo, solo se limitaba a evitar ataques y dar golpes con sus propias manos-. ¡¿O es que acaso realmente no quieres dañarme?! ¡eres débil!

-¡Cállate!- le dio un puñetazo en la cara y aunque Felix sangró no se inmutó ante esto.

Felix atacó con su cuchillo y Peter lo bloqueó con su cuchillo propio, quedando así unos instantes, mirándose con sumo desprecio.

-Eras uno de nosotros... ¡¿Cómo pudiste hacerle esto a los que eran tus amigos?! ¡Entiendo que quieras destruirme a mí, todos ustedes me quieren muerto! ¡¿pero por qué tenías que traer al señor a este lugar?! ¡por tu culpa los demás niños van a sufrir! ¡ellos no tienen la culpa de nada! ¡¿acaso no te importa?!- bramó con ira, con un odio profundo.

-Bien, tengo el deber de decírtelo.- pateó a Peter, tumbándolo al suelo, se puso sobre él y recargó su cuchillo en su cuello para que el niño no se moviera-. Peter, yo me fui de aquí hace meses, trabajé para el señor todo ese tiempo, si yo hubiera querido le hubiera dicho donde te encontrabas hace mucho, pero no lo hice ¿Sabes por qué? por el mínimo respeto que te tengo y por la compasión que me dan esa bola de mocosos.

-¿Entonces?- preguntó, precavido.

-¿No se te ocurre quien más pudo haber sido? Ya sebes, algún traidor reciente.

-No...- se dio cuenta, pero no quería creerlo, eso era...

-Fue la maldita ramera de Audrey.- le dijo, sin compasión-. Ella tan pronto creció fue con el señor a decirle donde se encontraban, ella realmente es cruel y no le importaban ustedes.

-No... no la llames así.

-¿Cómo? ¿ramera? ¡Ja!- dio una carcajada socarrona y después vio a Peter con ojos de crueldad-. Tú lo sabes, las niñas huérfanas y sin dinero trabajan en eso al crecer, esas son las reglas aquí y nadie puede cambiarlo.- se acercó más a Peter, para decirle lo siguiente en un susurro aterrador-. Y yo fui el primero en conocer a Audrey de esa forma.

-¡Eres un...!- logró liberarse de su agarre, lleno de furia en el corazón. Golpeó a Felix con fuerza. Peter estaba devastado-. ¡Maldito!

-¡¿Por qué?!- exclamó, limpiándose la sangre de sus heridas-. ¡¿Por lo que hace Audrey... o porque en el fondo creías que ella podría volver?! Deja decirte algo ¡de eso no hay vuelta atrás! ¡ella no volverá a ser una niña nunca! ¡Deja de tener pensamientos infantiles! ¡el mundo no es un sueño, es una pesadilla y los niños se llevan la peor parte! ¡Tú mismo tendrás que crecer algún día!... y serás como yo.

-¡Ya cállate!

A Peter... le dolía, le dolía mucho. Es el peor dolor que puede tener un niño. Y temía, temía crecer, temía ver a los demás niños crecer y convertirse en eso. Vivir en un mundo de crueldad. Temía por Audrey, que, aunque nunca le agradó, no podía dejar de pensar en ella como una niña... y eso ahora es abominable.

Le dolía tanto, que no dudó en atacar a Felix, ahora utilizando su cuchillo, con toda la ira de su corazón, cortando la cara de su oponente.

-¡Ahhh!- gritó con dolor, tocando su herida que no dejaba de sangrar, una cicatriz en el lado derecho de el rostro, entre el ojo y la nariz. Peter lo había dañado-. ¿Lo ves?- comenzó a decir, soportando el dolor de la herida-. Tú no eres inocente como dices. Tú no eres un niño ¿sabes lo que eres?

-¡No! ¡basta!- gritó, arrepentido, porque si no fuera por ese impulso nunca hubiera dañado a Felix.

-¡Eres un asesino! ¡eso es lo que eres y mientras haya maldad en ti nunca podrás ser un niño inocente! ¡Ya eres como yo, ya creciste!

-¡Eso no es cierto!- gritó, cubriéndose los oídos, realmente afectado.

-¡¿Cuantos años tienes?!- gritó, retándolo.

-¡No, cállate!

-¡Cuantos años tienes!- volvió a gritar.

-¡Yo soy un niño aún!

-¡¿Cuando cumples años?!- preguntó, sonriendo con malicia.

-¡Yo no cumplo años!- seguía cubriendo sus oídos en un vano intento por no escuchar.

-¡Te investigué, Pan, sí cumples años! ¡¿Sabes cuando es ese día?!

-¡Basta ya!

-¡Mañana! ¡a media noche serás un año mayor! ¡tú creces, igual que todos nosotros!

-¡No lo hago!

-¿Y sabes qué?... también sé por qué no vuelves con tu madre.

-No... no.- movía la cabeza de un lado a otro, queriendo desaparecer ese momento, queriéndose ir para siempre.

-Es lo peor que una madre le puede hacer a un niño... y tú eres demasiado infantil para superarlo. Yo sé lo que nadie más sabe... yo sé de él...

-¡No! ¡él no existe! ¡no tengo familia!

Peter corrió, huyó de el lugar, salió por la ventana y subió las escaleras hasta llegar a la azotea. El viento pegaba muy fuerte, la noche era abrumadora, el edificio era muy alto, de lejos se veía el Big Ben anunciando la hora...

Claro que Tinkerbel lo siguió, subió por la chimenea y, un poco sucia de polvo, salió directo a la azotea. Observó a Peter, que parecía mucho más pequeño que de costumbre, ya que sus recuerdos le trajeron una enorme tristeza, más no lloraba, Peter no lloraría, se negaba a hacerlo, pero sus lágrimas amenazaban con salir en cualquier momento.

Por supuesto que Felix alcanzó a Peter rápidamente, subió a la azotea también y caminó hacía el niño con paso tranquilo, sabiendo que había obtenido la victoria. Pero Tinkerbell no podía quedarse tranquila con él cerca, así que voló hacía Peter, sin importarle que Felix la viera, y sí, Felix la vio, puso cara de extrañeza pero después ignoró el asunto.

Peter sólo tomó a Tinkerbell entre sus manos y señaló que se marchara pero esta no iba a hacer caso.

-Así que conservas esa "hada"- habló una misteriosa y rara voz, de esas que son perturbadoras y no quieres volver a oír. Era la voz de alguien que ni Peter ni Tink se habían percatado de su presencia, más ahí estaba, oculto en la oscuridad-. Que criatura más extraña ¿no crees?

-Usted...- dijo el acorralado niño, dándose cuenta de quien era esa persona.

-Niño, niño, niño.- comenzó a hablar ese hombre, de forma irónica-. Toda consecuencia acarrea otras consecuencias, muchacho. Cualquier cosa que hagas vuelve a ti para atormentarte, ya sea un enemigo o... no sé, un niño que crece y destierras, ya sabes, como Felix.- señaló al joven rubio y este no pudo evitar reír con malicia.

-Señor, usted es perseguido por la policía.- incluso Peter se dirigía a él con un "usted"-. Hace trabajos horribles y sé que es odiado por mucha gente, pero nadie se atreve a eliminarlo.- habló de igual forma irónica, sólo que a él se le daba mejor por su voz juvenil y traviesa-. ¿Por qué intenta eliminarme a mí, un niño?

Tinkerbell vio a ese adulto, quedó paralizada del terror al reconocerlo. Por culpa de él todo el mundo pensó que estaba muerta, ese adulto casi la mataba en aquella ocasión que ya se veía tan lejana, ese recuerdo la llenó de miedo.

-Oh, pequeño e inocente Peter...- habló con tanta tranquilidad que hasta daba miedo-. Tú eres tan travieso e impredecible, no le temes a nada, eres justo como yo cuando tenía tu edad.- esto ultimo molestó a Peter-. Por eso mismo eres un peligro.

-Entonces, vamos, termina con esto.- lo desafió.

-¿Te rindes así de fácil?- apuntó a Peter con su pistola, sin temer en dispararle a un niño.

-Bueno... supongo que si muero... al menos que sea de una forma genial.- y sin previo aviso se lanzó de la azotea, sorprendiendo a Felix y al señor, lanzándose de varios pisos de altura.

-¡Estás completamente loco!- exclamó la hada, que apenas se recuperaba de el shock que le dio ver al niño lanzarse de esa forma tan despreocupada e irresponsable.

Pronto ella se apresuró a alcanzar a Peter en su caída y sin pensarlo dos veces utilizó un poco de su polvillo azul que guardaba en esa pequeña bolsita, sin dudar, utilizó ese polvillo para llenar al impulsivo niño de ese brillo mágico que lo haría volar.

-¡Sólo piensa cosas buenas, cosas buenas!- gritó, desesperada, pero en realidad no tenía muchas esperanzas de que algo feliz cruzara por la mente de ese niño después de todo lo que acababa de pasar.

Pero es cierto que Peter no es para nada predecible, y una vez obtuvo el polvillo de hadas, logró volar, así de fácil. De una forma u otra, tenía pensamientos felices y a la vez fe en que lograría volar. Voló como si realmente hubiera nacido para hacer eso.

-Sabía que me harías volar.- dijo Peter con voz engreída-. Bueno... era una posibilidad.

-¡Estás loco!- lo regañó el hada. Pero de nada sirve, no hay forma de educar a ese niño.

-¡Haber ahora si pueden atraparme!- se burló de los dos individuos que lo veían atónitos desde la azotea-. ¡Nadie le gana a Peter...!- pero una bala fue directo a él y este logró esquivarla por suerte-. ¡Que mal perdedor!- no tenía remedio, después de un mal momento él simplemente se pone a jugar otra vez.

Peter voló en la noche, aunque nunca lo había hecho le gustó realmente volar, se sentía una libertad agradable, como un ave en vuelo saliendo de su nido para dirigirse a donde quisiera sea su destino. No todo es bueno, claro, chocó contra un árbol, pero fuera de eso volaba perfectamente, incluso Tinkerbell se sorprendió.

-¡Vamos, Tinkerbell, que quedé en verme con los demás en el Albert Memorial!- exclamó, emocionado, sonriendo enormemente.

.

Y allá en Kensington Gardens, más allá de el lago Serpentine, más allá de los árboles, más allá de los caminos que se cruzan entre sí y más allá de las luciernagas que encienden la noche, pero sin salir del mismo parque, ahí esperaban impacientes los niños que quedaban. Tras ellos una gran estatua, muy hermosa en realidad, dorada, blanca e incluso un poco rojiza si ese es el color correcto que se ve en la oscuridad de la noche, un monumento a el esposo fallecido de la reina Victoria, Albert.

-Esa cosa parece algo que vieras en un templo.- murmuró la pequeña Mary al verlo.

-Es un monumento al príncipe Albert, murió hace casi 28 años. El monumento tiene 169 esculturas, es realmente asombroso, no quiero ni imaginar lo que costó hacer algo tan inútil como esto.- murmuró George, con serenidad.

-Wow...- quedó sorprendida al escuchar eso-. Oye, puede que lo consideres inútil, pero sabes muchas cosas sobre él.

-Ah... yo... sólo sé cosas.- cruzó sus brazos y apartó la vista, avergonzado de su propia inteligencia.

-George... sólo quedamos tú y yo, perdimos a los demás.- susurró la niña con tristeza-. ¿Qué clase de madre soy?... Ni siquiera sabemos si Peter logró escapar.

-¿Quieres ver algo interesante?

-¿Eh?

-Voltea.- tomó a la niña de los hombros y la dirigió para que viera lo que había frente a ellos y frente al monumento mismo.

-¿Qué es eso?- preguntó, confundida, que, aunque ya lo había visto, no había tenido oportunidad de preguntar-. Parece un edificio pero... es como un circulo.

-Es el Royal Albert Hall, es un teatro.- respondió.

-Una vez escuché a mis padres decir que me llevarían a ese lugar pero... no se pudo.- miró al suelo, recordando a sus padres.

-Que curioso... mis padres dijeron que nunca me llevarían. Eso, claro, antes de que me dejaran.- comentó, con algo de desanimo.

-¿George? ¿qué crees que hay ahí dentro?

-No sé, dicen que es muy grande y caben muchas personas, y que si por fuera podemos ver lo iluminado que está, imagínate por dentro.

-¿Crees que un día podamos ir? Aunque sea para mirar...

-Tal vez, si salimos de esta.- hizo un pequeño silencio, sin saber si se podría-. Nunca se sabe.

-¿Crees que exista un futuro en el que los niños perdidos podamos ser... felices? Ahora mismo casi no puedo recordar... cuando creía que el mundo era bueno.

-El mundo es bueno, sólo tiene personas malas.

¿Un futuro feliz? bien, parece imposible para ella, pero no lo es. Me es imposible contarlo ahora, pero el tiempo aveces pone las cosas en su lugar, y aunque aveces el destino es cruel, puede que sea porque te tiene reservado algo. Sólo puedo decir... que Mary es importante, siempre lo será, sin ella... la historia no sería digna de contarse. Ni esta, ni ninguna... ni la que conoces.

Y Peter no tardó en llegar. Sorprendió a George, es decir ¡llegó volando!, pero para Mary no fue mucha la sorpresa, pero su emoción fue grande.

-¡Puede volar!- exclamó la niña, asumiendo que Tinkerbell era la causante de aquello, se encontraba totalmente emocionada.

-¡Peter!- exclamó George, sorprendido-. ¡¿Ahora vuelas?! ¡¿Por qué siempre estás llamando la atención?!- más bien se enojó porque ahora le había robado la atención de Mary.

-Sí, ahora puedo volar.- dijo, sonriente y descendiendo al suelo con cuidado, tropezando un poco al tocar el piso, aún no se le daba bien el aterrizaje-. ¿Y los demás?

-Ellos... se quedaron atrás.- respondió el niño, recordando que los demás habían sido capturados. Si Peter se deprimió por esto, no se notó.

-Debemos irnos.

Por su parte, Firefly Fire, que había estado descansando sobre una escultura, al ver a Tinkerbell voló rápidamente hacía ella.

-¡Tinkerbell! ¡tardaste! ¡nosotros llegamos aquí primero! ¡debiste haber visto cómo salvé a todos de esos adultos malvados!- eso ultimo era una mentira, pero Tink no lo tomó en cuenta.

-Fire, ¿los demás no lograron escapar?- preguntó con tristeza, abrazando a su amigo.

-¡Se perdieron!- exclamó, sin estar del todo consciente de lo que sucedía.

-¿Ni siquiera logró escapar el niño nuevo?- preguntó, ya que a este ultimo le había tenido algo simpatía.

-¿Él? ¡No viene!- exclamó, sonriendo raramente ¿por qué sonreía?

Bien, hay que aclarar que aquel niño nuevo, ese que nadie se aprendía su nombre ya que no se molestaban en preguntárselo, era muy difícil de atrapar.

-¡Peter! ¡Peter!- gritó ese niño, llegando, corriendo hasta ellos, lo demás lo vieron con sorpresa.

-¿Niño nuevo?- se sorprendió la niña, acto seguido lo abrazó-. ¡Estás bien!

-¡Claro, yo voy con ustedes!- gritó, jadeando de el cansancio de correr por todo el parque-. ¡Pero ya vámonos que me persiguen!

-¡Eres, muy descuidado!- lo regañó Peter.

Claro, porque al niño nuevo lo venían persiguiendo y pronto los cuatro niños (y las dos hadas) quedaron rodeados de aquellos adultos, que no los iban a dejar escapar. Este era el fin ¿no?

-¿Qué hacemos, Peter?- preguntó George a su líder.

-Es obvio... vámonos volando.- habló, con seguridad.

-¿A do...donde?- preguntó el niño rubio, tartamudeando-. No importa a donde vayamos... no hay lugar seguro...

-No hay lugar seguro... no en este mundo.- declaró, y de alguna forma los demás comprendieron y miraron a Mary, y esta supo lo que debía hacer.

-Tinkerbell...- se acercó a la hada y la miró con ojos suplicantes-. Ya no... somos muchos, ¿te alcanzaría el polvillo para hacernos volar a Nunca Jamas.

Pues en ese momento no se veía otra opción posible. Tinkerbell miró a los criminales que se acercaban a los niños, sabiendo que no eran buenas personas, que no habría otra forma de escapar. Pues en ese mundo no había lugar seguro para un niño huérfano. Sin pensar siquiera si el polvillo era suficiente, Tink arrojó el polvillo azul a los niños, permitiendoles volar.

-No los dejen escapar.- habló el señor, que había llegado hasta ahí, no se había impresionado demasiado al verlos volar, pero no perdía de vista su objetivo-. No los dejen escapar, no con vida.

Porque volar no les aseguraba nada, tan pronto Mary despegó de el suelo, su vuelo fue impedido por alguien que la tomó de el talón, jalándola de vuelta al suelo, capturándola.

-¡Madre!- el niño nuevo, al ver a Mary capturada, intentó rescatarla, provocando solamente que lo capturaran a él también, pero él, en su lucha por no rendirse, intentó pelear contra ellos, provocando sólo que lo arrojaran contra los arbustos.

-¡Destruyan a Peter Pan, ya!- ordenó el señor, cruelmente.

Y los adultos comenzaron a disparar a los dos niños que aún volaban. Peter tuvo que jalar a George de el brazo para hacerlo avanzar.

-¡Debemos volver por Mary!- gritó George, que intentaba volver pero Peter no lo permitía-. ¡Déjame! ¡debo volver por ella!

-¡No, es demasiado peligroso!

-¡Cállate! ¡tú no sabes nada! ¡suéltame!

-¡George!- tomó a su compañero y lo miró con mucha seriedad-. Te prometo que volveremos por ellos.

-¡Peter!

-¡Vámonos!

Porque nada podían hacer, nada podían hacer para salvar a Mary y al otro niño ahora. Tenían que irse. Y así, de esa forma tan descabellada e incluso amarga se fueron al país de Nunca Jamas. Sí, así es, se fueron los dos.

Un par de niños y un par de hadas atravesaron el cielo esa noche, llegando a aquella estrella que al acercarse más y más puedes apreciar su brillo de arcoiris. Fue el ultimo minuto de esa noche en el que el tiempo se detuvo para ellos, para los dos.

Y volaron hasta un amanecer, porque en Nunca Jamas es de día mientras que en Tierra Firme es de noche ¿lo sabían? Y el reloj pareció detenerse por un momento, sólo para ellos.

Volando a un amanecer

que a muchos vería perecer.

Porque a los que dejaron atrás

nadie los va a salvar.

Y ellos los dos fueron los primeros niños en llegar a Nunca Jamas ¿cierto?

Los dos tenían un destino que forjar,

porque toda una eternidad se iba a enlazar.

Pero a los niños que se quedaron... ellos nunca verían aquel lugar.

Más ese espectáculo de magia y horror

sí fue visto esa noche por alguien que causa terror.

Alguien más malo que aquel señor,

alguien que todos temían.

él sí lo vio.

Porque aquí dejaremos Tierra Firme, ese lugar hermoso que cubre un mundo de maldad. Dejemos la ultima imagen que da mucho de que hablar. Aquella persona que de lejos vio a dos niños volar y su atención fue llamada por todos esos niños que aquellos adultos se habían llevado, se levantó de su lugar y caminó hacía allá. Sabiendo que era tiempo de trabajar.

¿Quien era él? se han de preguntar. Pues era aquel que todos temían mencionar y que en aquellos tiempos no dejaba salir por la noche sin el temor de encontrárselo.

El más buscado, el más temido, el que hasta ahora sigue siendo un misterio. Sí, él mismo. Aunque cueste creerlo estuvo ahí...

Pero nuestra historia no se trata de eso... Ahora veremos Nunca Jamas, donde la aventura de verdad está por iniciar...


¡oh cielos! ¡al fin terminé este capitulo! ¡pero que esfuerzo! ¡estoy agotada! D:

Bueno, primero que nada, no le va a pasar nada malo a Mary, yo nunca permitiría que le pasara algo D:
Pues verán, ella es muy importante, no saben cuanto...

Bien, finalmente nuestra historia será solo en Nunca Jamas, estaba esperando mucho este momento, al menos lo peor ya pasó. Se siente raro escribir cosas malas, al menos en Nunca Jamas nunca pasan cosas malas... ¿o sí? ¡vaya!
el caso es que la historia será menos oscura a partir de ahora... o al menos eso espero :S

Sólo espero ya llegar al capitulo 13, créanme, les va a gustar mucho :3

Otra cosa que no puedo evitar comentar, ¡ya vi la nueva pelicula de Tinkerbel! ¡es hermosa! Claro, la historia fue muy simple y parecía a la vez que todo pasaba muy deprisa, pero se ha convertido en mi pelicula favorita de Tinkerbell. Tiene una escena que ha sido mi favorita de todas las pelis de Tinkerbell, una escena que... creo que habla por sí sola, no diré cual pero... me recordó algo o.O
Me dejó también triste la pelicula porque ya veo que James (Garfio) siempre ha sido muy malo ;_; realmente malo ;_;
Pobre Zarina, me puse muy triste.
Pero algo que me llamó la atención de esa pelicula fue un pequeño dialogo, solo una pequeña frase (no les voy a decir cual) que cuando la escuché quedé impactada porque mencionaron, superficialmente, algo que justo voy a poner en mi fic más adelante. Me hace pensar que no estoy tan loca xD

¿reviews?