Los personajes fueron creados por S. Meyer. La historio no es mia, yo solo la adapto.


Capitulo 59: Sustos e ilusion, parte uno.

Edward POV

Una semana pasó más que volando para mí. Pude ver el cambio que se había provocado en mi vida.
Y aun estoy sin poder creerlo.
Encontré a mi madre, tengo una hermana, descubrí más cosas sobre mi padre, le dije a otro hombre
que lo quería como a mi padre.
Acepté que amo a alguien, le dije que la amaba, ella me lo dijo a mí. Me presenté frente a mis
suegros. Ellos terminaron volviendo a su amor.
Ben y Angela oficializaron y ahora todos somos parejas. Emmet y Rosalie tuvieron su primera pelea
y estuvieron unos días distanciados pero luego se arreglaron con un poco de cursilería.
Y que decir de Bella y yo. Nunca pensé que una relación podía ser tan linda, tan liberal y tan
placentera. Ella es fantástica. Una compañera ideal, una amiga que me escucha, que me entiende,
que está ahí y no me deja solo.
Edward no volvió a aparecer. No sé nada de él desde la última vez que estuvo en casa. Tampoco es
que me interesa saberlo.
—¿En qué piensas? —me preguntó ella sentándose en mi regazo.
—Estaba pensando en ti —le dije y coloqué mis brazos alrededor de su cintura.
Sonrió y se acercó a mí para acariciar mi nariz con la suya.
—Te extrañe en Historia Universal —me dijo.
—¿A si? —dije cerrando los ojos mientras sentía su cercanía.
—Mucho —susurró.
Estábamos en la hora del almuerzo en la Universidad y hace dos clases que no nos vemos ya que
tenemos algunas clases distintas.
—¿Puede ser que haya un momento del día en el que no los encontremos juntos? —escuchamos que
Ben hablaba. Bella sonrió, me besó cortamente, y se giró a verlo.
—¿Qué pasa Ben? ¿Estás celoso de que ahora Masen solo piensa en mí? —le preguntó ella.
—Mírala a la niña —dijo Emmet mientras se sentaba —¿Ahora eres chistosita como tu novio?
—Un poco —dijo ella.
—Por su culpa ahora Edward no nos da ni la hora —Ben le dijo al oso mientras también se sentaba.
—Pues a mí me da mucho más que eso —le dijo Bella. Reí por lo bajo al ver el rostro de mis
amigos.
—Por dios, ya la ha pervertido completamente —dijo Emm sin poder creerlo.
—Pobre Bella, pobre Bella —dijo Ben negando con la cabeza levemente.
—Ya, ya —les dije a ambos —Ella solo está bromeando con ustedes par de tontos.
—Eres un mal novio. Mira lo que le has hecho a la pobre —me acusó Emm.
—Es cierto… ella ya no es la misma de antes. Todo es tu culpa – me dijo Ben.
—Deberíamos de decirles a las chicas —dijo el oso.
Ang y Rose llegaron a la mesa y se sentaron al lado de sus respectivos novios.
—¿Qué hacían? —preguntó Rose.
—Escuchábamos las barbaridades que Bella ha aprendido de Edward —le dijo Emm.
—¿Acaso ustedes creen que Bella lo aprendió de Edward? No, están equivocados. Ella siempre fue
así. Lo que pasa es que ahora tiene a alguien que la estimula un poco más —dijo Ang.
—Oye —se quejó Bella.
Todos reímos y almorzamos entre risas y anécdotas. Sentí la mirada de alguien sobre mí. Giré mi
cabeza para ver y era Tanya la que nos miraba.
Sonrió como si supiera que algo pasaría. Les dijo algo a sus amigas y todas rieron.
Negué con la cabeza y dejé de mirarla.
—Mi amor, ¿vamos a caminar un poco? —le dije. Ella me miró y se puso de pie.
—Vamos —dijo y me dio la mano. La tomé y me puse de pie.
—Luego nos vemos, chicos —les dije a todos. Ellos asintieron entonces salimos de allí.
Entrelacé mi mano con la de Bella. Ella me miró. Caminamos en silencio hasta el jardín de la
Universidad. Nos acercamos al viejo árbol y nos sentamos bajo él. Bella se sentó entre mis piernas y
apoyó su espalda contra mi pecho. Comenzó a jugar con una hoja verde que había en el pasto.
—¿Qué pasa mi amor? —me preguntó.
—Nada, solo quería estar a solas contigo —le dije y acaricié su cabello con mi nariz.
Respiré profundamente su perfume para tener ese olor grabado en mi cabeza. Ella se alejó de mi
pecho y giró para acomodarse de frente a mí.
—Te conozco, Edward. Algo te preocupa —dijo.
Sonreí y me acerqué a su boca para besarla suavemente.
—Te aseguro que no es nada —dije.
Ella asintió y me miró fijo a los ojos.
—¿Estás seguro?
—Completamente.
—Bueno, voy a creerte —dijo y me volvió a besar —¿Has llamado a Ally?
—Si, hablé con ella ayer —le conté.
—¿Y como esta? —me preguntó con una leve sonrisa.
—No dejo de hablarme de ese tal Jasper —dije apretando los dientes.
—Es normal que tu hermana hable de eso —me aseguró —Es una niña y este Jasper debe ser su
primer amor.
—¿De que amor me hablas, amor? —dije sin poder creerlo —Tiene 5 años, no sabe nada del amor.
—No subestimes a los niños, te aseguro que saben más de amor que nosotros los grandes.
—Pues no tiene mi permiso para andar aprendiendo del amor, ni nada de esas. Esa niña primero va a
aprender a lavarse los calzones por si sola y luego podrá tener novio. Ni siquiera novio, solo un
amigo con derecho a un simple beso.
—Eres tan celoso —me dijo.
—Hablé con mamá, y dice que quiere que este fin de semana vayamos a pasarlo allí al campo con
ellos. Que tienen algunos cuartos de sobra —le conté. Ella sonrió.
—Eso sería genial —dijo asintiendo levemente.
La miré bien, ahora ella es la que está extraña.
—¿Qué pasa, mi amor? —le preguntó.
—¿Eh? —dijo ella saliendo de sus pensamientos.
—¿Qué te pasa?
—No, nada… ¿Por qué? —dijo.
—Estás rara, Bella… desde ayer estas rara —dije al recordar aquello.
Estábamos mirando la tele y de repente vio la fecha y se puso de pie. Comenzó a caminar por el
pasillo y luego volvió a sentarse. Lo dejé pasar porque no pensé que era algo… malo.
—No… nada, nada.
—Ahora soy yo él que va a decir esto, te conozco Bella, algo te pasa.
Me miró fijo a los ojos y mordió su labio inferior.
—Hay algo que tengo que decirte…
La miré extrañado y pude notar el nerviosismo en su voz. Me acomodé mejor y la miré.
—¿Qué pasó? —le pregunté.
—Prométeme que no te vas a poner ni paranoico, ni como loco, ni nada de eso —me dijo.
—Si no me dices que es lo que pasa entonces no voy a saber como reaccionar —le dije ya un poco
más nervioso.
—No es para alarmarnos, Edward. Bueno quizás si, pero no… no lo se —dijo ya nerviosa.
—Dime —le exigí que me hablara de una buena vez.
—No es fácil de decirlo —aseguró mientras respirabas profundamente.
—Mi amor, me estas asustando. Por favor, ¿puedes hablar de una vez? —le dije.
Ella asintió y me miró a los ojos. Sus ojos acumularon lágrimas y pude sentir como su pulso se
aceleraba.
—Bueno, tú sabes que nosotras las mujeres tenemos nuestros días ¿cierto?
—Si, se ponen intolerables —le dije sin entender por qué me hablaba de eso.
—Ya —dijo y asintió —Hay veces en las que hay un problema o algo así y esos días tardan en
llegar.
—No sé a donde quieres llegar con esto, Bella. Me estas poniendo nervioso, cariño. Ve al grano por
el amor de…
—Tengo un atraso —dijo interrumpiéndome.
La miré bien tratando de entender las palabras que acababa de decirme. Sentí que se me secaba la
garganta. El aire comenzó a agitarse en mi pecho. Miré los ojos de Bella… ella no estaba
bromeando ni nada por el estilo.
—¿Qué? —musité