El primer niño perdido

capítulo 13: Tigrilla.

-¡Pero no es posible!- exclamaba la hada rubia, casi con indignación-. ¡Si Terence no ha hecho nada malo!

-Sí, todo esto ha sido muy injusto.- admitió Rosetta, que se sentía ofendida por lo sucedido.

-Encarcelar a Peri, Fawn y Slush por tardar en llegar de Tierra Firme es una exageración ¡¿Pero qué fue lo que hizo Terence?!

-Está bien, tal vez lo que hizo Terence sí merecía un castigo, aunque creo que la Reina Clarion también exageró.- comentó Silvermist, preocupada y viendo fijamente la nieve de el suelo.

-Vamos, díganme por qué encarcelaron a Terence.- insistió Tinkerbell.

-Eso nosotros sí lo sabíamos.- comenzó a decir Silvermist-. Terence tenía la esperanza de que tú estuvieras bien, así que tomó algo de polvillo azul y lo dejó en Tierra Firme, esperando que tú lo encontraras.

-Es verdad, yo encontré el polvillo.- sacó la bolsita de polvillo azul, que ahora sólo tenía unas pocas pizcas azules y brillantes-. Él también fue encarcelado por mi culpa...

Pensó en el polvillo azul que había encontrado, que tiempo después Fawn le había dicho que Terence lo había dejado para ella. Sabía que robar polvillo azul era absolutamente prohibido. Aunque Tinkerbell no se preocupó mucho por Terence, ya que supuso que no lo iban a descubrir. Se supone que Terence le había dejado polvillo azul, porque el polvillo azul rinde más que el dorado y sería suficiente para volver a Nunca Jamás, cosa que Tinkerbell no pudo hacer en ese momento, porque su ala estaba rota.

Aunque, claro, ese polvillo azul había servido para dar vida a Firefly Fire, y aunque Fire no salió del todo bien, Tinkerbell no se arrepentía de tenerlo. Después de que Tink se encontrara con su hermana, su ala se reparó, pero aún no podía regresar a Nunca Jamás, porque aún quería permanecer con Peter un tiempo más. Los meses siguientes usó sólo un poco de el polvillo, intentando volar lo menos posible. Hasta que, por supuesto, hace sólo un día había utilizado el polvillo que le quedaba en la bolsita para traer a los niños a Nunca Jamás, decisión que ahora le parecía irracional.

Después Tinkerbell usó el poco polvillo que le quedaba en las alas para volver al Reino de las Hadas, seguramente ahora sólo tenía suficiente como para dar un par de revoloteos más.

-¿Y por qué no usaste el polvillo para volver? Es decir, claro que ya lo usaste, ¿pero por qué tardaste tanto?- habló Rosetta.

-Ya les dije que es una historia muy larga. Pero antes, debo preguntar ¿Cuanto tiempo van a estar encarcelados?

-A Periwinkle y a los demás les quedan algunas semanas.- respondió Silvermist, pero seguía viéndose preocupada-. Pero con Terence es más complicado. Lo que hizo es más grave y aunque le habló a la reina de sus buenas intenciones, ella no lo perdonó. Si supiera que realmente estás viva y que sí encontraste el polvillo, seguro que lo dejaría libre, y a los demás también.

-Entiendo, y tienes razón.- lo pensó, pero por más que lo pensaba, no era una opción-. Pero no puedo decirle a la Reina Clarion que estoy con vida, no aún.

-¿Qué? ¿por qué?- preguntó Iridessa, angustiada.

-Supongo que ya es tiempo de que les cuente mi historia.- suspiró, realmente era una historia larga pero debía contarla para que comprendieran. Además, sentía que debía contarles.

Silvermist, Rosetta, Iridessa, Clank y Gliss se sentaron en la nieve para escuchar la historia que la hada tenía que contarles. Tinkerbell les contó todo desde el principio, o al menos les contó la mayoría de las cosas, ya que sabía que había cosas que simplemente no podía contar, si ni ella misma podía soportarlo en su mente.

Les contó desde que Lizzy fue secuestrada hasta cuando Peter la rescató. Les contó cómo encontró el polvillo azul y por qué decidió quedarse con Peter. Incluso les contó sobre Fire, aquel hada color azul que no encontraba su talento y que comía cualquier cosa, además de ser un travieso mentiroso. Les contó sobre su reencuentro con su hermana y cómo decidieron ocultar que ella seguía con vida. Les contó por qué tuvieron que huir de Tierra Firme y por qué debía regresar a los niños, les contó que habían dejado a varios niños atrás que debían rescatar. Les contó sobre Mary.

-Entonces ¿te hiciste amiga de un niño humano?- preguntó Clank con interés.

-Oh, ¿de un huérfano?, pobrecillo.- dijo Silvermist con tristeza.

-Sí, pobre niño.- dijo Tink con sarcasmo, ya que al parecer a Peter no le importaba, más bien lo disfrutaba.

-¿Y por él no querías volver?- preguntó Rosetta, con un singular tono de voz-. Que curioso...

-Sólo quería asegurarme de que estuviera bien.- cruzó sus brazos y apartó la mirada, haciendo una ligera mueca-. Él me ayudó cuando estuve sola, sólo quería devolverle el favor, es todo.

-Como lo describes, no creo que necesite ayuda.- habló Gliss-. De hecho, parece un chico muy genial.

-Sí, seguro es un chico muy genial.- Rosetta rió un poco y le dio un codazo a Tinkerbell, sonriendole picaramente.

-No entiendo qué me quieres decir.- habló, haciéndose la indiferente, aún con los brazos cruzados y la vista apartada.

-Que tal vez a ti te...

-Pero Tinkerbell ya tiene a Terence.- agregó Clank, algo desconcertado.

-Oh, es verdad.- admitió Rosetta, rompiendo la fantasía que se había creado.

¿A Terence? Sí, Tinkerbell recordó que días antes de su accidente en Tierra Firme, ella y sus amigas habían planeado que se le declarará a Terence durante el verano, cosa que, claro, nunca pasó. Porque Tinkerbell estaba enamorada de Terence ¿no es así?

Más en esos momentos, dicho sentimiento de amor era muy diferente a aquel que sentía meses atrás. Aún le gustaba Terence, lo quería demasiado, pero algo era diferente, muy en el fondo de ella algo había cambiado, simplemente ya no era lo mismo. Ella quería a Terence, pero ahora tenía un nuevo sentimiento hacía él. Ese sentimiento, tan extraño e irreconocible, era el mismo sentimiento que la mantuvo atada a Tierra Firme tantos meses, y que ahora la apartaba de el chico del polvillo.

-En fin, chicas.- habló, apartando esos pensamientos inquietantes de su cabeza-. Necesito polvillo, mucho polvillo para regresar a esos dos niños a Tierra Firme.

-Eso es imposible.- dijo Silvermist, sin muchos ánimos de ser pesimista-. El polvillo está custodiado por guardias.

-¿Que no deberían los guardianes de polvillo ser los que lo cuiden?

-Oh, sí lo hacen.- aclaró Rosetta-. Pero la mayor parte de el tiempo son las hadas exploradores los que custodian el Árbol del Polvillo. No se les escapa nada, lo vigilan día y noche.

-¿No es un poco exagerado? es decir, ¿qué le pasa a la Reina Clarion? Se puso muy estricta.- dijo la rubia, desaprobando esto.

-No sabemos, se ha estado comportando así desde tu accidente.- habló la hada de agua, con voz melancólica-. Tal vez también le duela tu perdida.

-Entonces... ¿Qué haré?

-¡Oh! ¡yo sé! ¡yo sé!- exclamó Gliss con emoción y optimismo.

-¿Qué estás pensando?- se apresuró a preguntar Tink.

-Si acaso existe una forma de llegar a Tierra Firme sin usar polvillo, yo sé quien nos ayudaría a averiguarlo.- sonrió con complicidad.

-¿Quien?- preguntó, intrigada

-Dewey.

Y así, de esa forma, ellos se fueron directo al hogar del Guarda Libros, aquel anciano que ha escrito centenares de libros, y por lo tanto él debe saber qué hacer en esta situación, en teoría, ya que él es muy sabio. Llegaron rápido, aunque hacía mucho frio, no tuvieron muchos problemas en llegar.

-¡Dewey, por favor, abre la puerta! ¡necesitamos tu ayuda!- gritaba Gliss, mientras tocaba la puerta insistentemente.

-Ya voy, ya voy, ¿por qué tanto escándalo?- habló Dewey tras de la puerta, no quería parecer grosero, pero es comprensible, era muy de noche y aún faltaban muchas horas para que amaneciera-. ¿Qué sucede, Gliss?- abrió la puerta.

-¡Adivine!- gritó, entusiasmada-. ¡Tinkerbell está aquí!- tomó a la artesana y la puse frente a ella-. ¡Sorpresa!

-Que me aplaste un pie de lobo, Tinkerbell, querida ¿eres tú?- se impresionó tanto al verla que empezó a examinarle la cara.

-Sí, soy yo.- sonrió, en el fondo feliz porque esta vez no la confundieron con un fantasma.

-Tinkerbell ¿qué fue lo que ha sucedido? Aquí hemos tenido más problemas que un ave en plena ventisca. ¿Donde has estado?

-Es una historia muy larga.

-Pero, vamos, pasen, pasen, está frio afuera y... oh, todos son hadas cálidas, se pudieron haber congelado.

-No se preocupe, estamos abrigados.- dijo Rosetta amablemente.

-Sí, pero es más seguro con la luz del sol, claro, me alegra que me avisaran de tú regreso lo más pronto posible.- sonrió mientras ponía su mano en el hombro de Tinkerbell.

-Guarda Libros, necesitamos tu ayuda.- dijo Gliss, casi suplicando, cosa innecesaria.

-¿Tiene que ver con el encarcelamiento de tu hermana y tus amigos, Tinkerbell?- preguntó, lamentándose-. Es mi culpa, yo sabía lo que estaban haciendo y les permití buscarte en Tierra Firme y no pude evitar que los encarcelaran.

-No se culpe, la única culpable aquí soy yo.- se lamentó, pero tenía que hacer algo-. Por eso mismo necesito tu ayuda, Dewey, para arreglar lo que pasa aquí primero necesito arreglar algo que, aunque suene imposible, es más complicado que esto.

-Oh, niña ¿qué te pasó? puedo percibir que has pasado por mucho, vamos, cuéntame, tenemos toda la noche.

Tinkerbell le contó lo sucedido a Dewey, aunque no le agradaba contar todo de nuevo. Por algún motivo Tink se quedó pensando ¿realmente era obvio que había pasado por mucho? ¿acaso ella había cambiado durante todos esos meses en Tierra Firme? Lo cierto es que ella ya no se sentía igual.

Terminó de contarle su historia a Dewey y él quedó más que intrigado, quedó estupefacto, jamás había oído algo así.

-¿Trajiste humanos a Nunca Jamás?- preguntó, sorprendido.

-Sí.

-¿Y ayudaste a una hada a nacer con polvillo azul?

-Ah... sí...

-Interesante, con eso podría hacer un nuevo libro.- dijo, después se fue a buscar algo, pero aún continuó hablando-. Tinkerbell, yo no sé cómo podrías regresar a George y a Peter a Tierra Firme.

-¡¿Qué?!

-Pero, pero, pero ¡Tiene que saber! ¡siempre sabe!- insistió Gliss.

-Debe haber algo que pueda hacer.- dijo Silvermist, preocupada.

-No, yo no sé nada sobre eso.- contestó, aún buscando algo-. ¿Donde habré dejado ese libro?

-Pero, pero debe haber algo que sepa, cualquier cosa.- habló Iridessa, acercándose a él-. Usted escribe libros, debería...

-Sostenme aquí, niña.- le dio a la hada de la luz unos quince libros para que los sujetara y ella apenas pudo sostenerse.

-Creo que me voy a... ¡Ah!- se cayó sobre una pila de libros, cayéndole encima los libros que ya sujetaba.

-¿Qué está buscando?- preguntó Clank, mientras ayudaba a la pobre Iridessa a levantarse.

-¡Lo encontré!- gritó con triunfo, alzando un curioso libro. Los demás se acercaron para leer el titulo.

-¿Monstruos, criaturas, especies y más cosas raras de Nunca Jamás?- leyó Rosetta en voz alta-. Pero que titulo más raro.

-¿Eso cómo va a ayudarme a regresar a los niños a Londres?- preguntó Tinkerbell, un poco molesta, sin comprender.

-Porque yo no sé cómo ir a Tierra Firme sin polvillo.- contestó, pero sin dejar de tener su buen estado de animo-. Pero sé qué criaturas sí lo saben.

-¡¿En serio?! ¡cuáles?!

-Estas.- abrió el libro, mostrando una pagina en especifico.

Todos quedaron sorprendidos, en especial Tinkerbell que sería la que se encontrara con dichas criaturas.

-Por la segunda estrella.- decía Rosetta-. ¿Tinkerbell tiene que ir a buscar criaturas así?

-Bueno, no lucen exactamente como en esta imagen pero sí.- dijo Dewey.

-¿Usted las ha visto?- preguntó Clank con curiosidad.

-Escribí de ellas, pero nunca en mi vida las he visto.

-¿Por qué será que no ha visto ni la mitad de las cosas que escribe?- murmuró Tink con sarcasmo, pero Silvermist la escuchó y se rió un poco.

-Tinkerbell, aquí viene un mapa de donde podrás encontrarlas, confío en que tu intuición te ayudará a llegar.- le entregó el libro.

-Sí, pero supongo que primero debo pasar por Fire y los niños para ir a buscarlas juntos.- se puso seria-. Pero ya no tengo ni una pizca de polvillo, ¿Cómo se supone que vaya a buscarlos?

En ese momento, los demás se miraron entre sí, murmuraron algo que Tinkerbell no escuchó y después la miraron a ella.

-Espera aquí un momento.- dijo Clank, y después todos se fueron, dejando sola a Tinkerbell con Dewey.

-¿Qué pasó?- preguntó sin comprender las acciones de sus amigos.

-Creo que tienes unos amigos muy valiosos, Tinkerbell.

Y pues así era. Después de unos treinta minutos, todos volvieron, trayendo consigo el poco polvillo que tenían, que les había sobrado y que se supone que debía durarles el resto de la semana. Incluso Dewey dio de su polvillo.

-Tú lo necesitas más que nosotros.- dijo Silvermist con dulzura, sonriendo hermosamente.

-Pe... pero es su polvillo.- murmuró, pasmada.

-No lo necesitamos tanto como tú, amorcito.- dijo Rosetta, guiñando el ojo.

-Siempre podemos caminar hasta que nos den más polvillo.- dijo Iridessa.

-Pero será mejor que partas ya, si no quieres que los niños se queden mucho tiempo esperándote, puede ser peligroso para ellos.- aconsejó Dewey.

-Prometo volver pronto, tengo cosas que resolver aquí también. Debo hacer que liberen a mis amigos.- dijo, algo entusiasmada por que le parecía interesante ir a buscar esas criaturas que le dijo Dewey. Tink puso polvillo dorado en sus alas, se sentía tan extraño el polvillo dorado después de usar azul tanto tiempo.

-Y cuanto vuelvas, espero que me presentes a ese tal Fire, parece alguien muy interesante.- le entregó una mochila, la cual tenía el libro que decía la ubicación de tales criaturas, comida y el polvillo dorado que sus amigas le habían dado. También le puso su abrigo de nuevo.

-Lo haré, y muchas gracias.- abrazó a Dewey con fuerza, ya lista para irse-. Es hora de partir.

Pero sus amigos, Rosetta, Silvermist, Iridessa, Clank y Gliss la acompañaron hasta la frontera, donde Tinkerbell cruzó y finalmente se quitó el abrigo y revoloteó un poco, aún faltaba mucho para el amanecer. Pero Tinkerbell no se iba y sus amigos se preguntaron qué pasaba.

-¿Está todo bien?- preguntó Silvermist, preocupada.

-No, no está bien. Antes de irme debo dejar claro algunas cosas.- volteó a encarar a sus amigos, con expresión un poco hostil-. En especial a ustedes, Rosetta y Gliss.

-¿Qué pasa con nosotras?- habló Rosetta a la defensiva.

-Ustedes ya no son amigas de Iridessa, Clank y Silvermist, y eso no está bien.- las regañó.

-¿Ah? ¿acaso tienes idea de lo que hicieron? Creí que tu hermana ya te lo había explicado.- habló en forma de reto.

-Sí y no tiene sentido.

-Tú no sabes lo mal amigos que son ellos dos.- señaló a Silvermist y a Clank-. Sólo traicionan amistades.

-Seguro es un mal entendido.- dijo, cruzando los brazos-. Gliss.- llamó a la hada de escarcha-. Tú y Spike dejaron de ser amigas de Periwinkle ¿tienes idea de lo doloroso que fue para ella?

-Yo... lo lamento.- dijo, intentando no llorar, porque la situación le afectaba.

-Sé que están afectados porque me fui, pero no debieron comportarse de esa forma.- habló con enfado.

-¡Basta!- gritó Gliss, harta de eso-. Tú no entiendes, ya te dije que es más complicado que eso. No todo se trata de ti.

-Auch.- comentó Rosetta.

-Sí, que te fueras nos hizo cambiar a todos como no tienes idea pero esto es diferente.- aclaró con enfado-. ¡Todo es culpa de Clank!- lo señaló de forma arrogante-. ¡Él traicionó la amistad e Bobble! ¡por él pasó todo esto!

-Ya te dije que no fue mi intención.- replicó Clank.

-Sí, claro.- dijo con sarcasmo-. ¡¿Tienes idea acaso de lo que sintió?!

-¡Basta, todos! ¡basta!- interrumpió Tink antes de que fuera más lejos-. Gliss, Rosetta, no tengo intención de discutir con ustedes, no ahora. Así que cuando vuelva espero que ya hayan resuelto sus problemas, sino yo me encargaré de arreglarlo.

-No creo que sea posible.- murmuró Rosetta, que en realidad no quería pelearse con su amiga que no había visto en tanto tiempo.

-Rosetta, tú eres buena, sé que puedes reconciliarte con los demás.- le dijo Tink a su amiga, pero esta lo dudó un momento-. Y Gliss, tú valoras tanto a tus amigos, y sé que estás enfadada, pero confío en qué sabrás qué hacer cuando llegue el momento.- le dijo con dulzura y ella le contestó con una media sonrisa, poco convencida.

-¿Entonces ya te vas?- habló Silvermist.

-Sí, ya es hora.- la abrazó y después le dijo-. Tú eres amable con todos, no te sientas mal, sabrás resolverlo.- después miró a Clank y no dejó de sonreír-. No te preocupes, Clank, seguro pronto volverás a ser amigo de Bobble.

-Eso espero.- dijo, animándose un poco.

-Ah, e Iridessa...

-¡No tardes demasiado!- la hada de luz no la dejó terminar lo que estaba diciendo ya que se abalanzó a abrazarla-. Por favor, no tardes.

-No te preocupes, volveré, lo prometo.- la tranquilizó-. Y recuerda, tú eres más valiente de lo que crees, te lo aseguro.

Dicho esto, Tinkerbell se fue. Debía confiar en que sus amigos resolverían sus problemas, pero parte de ella sabía que cuando regresara tendría que intervenir, porque ella debía ser la que lo solucionara, sentía la obligación de hacerlo.

Voló, voló a dirección donde había dejado a los niños. Deseó tanto que Fire hiciera un buen trabajo en cuidarlos, pero desconfiaba de Fire para esa responsabilidad y por eso aceleró su vuelo. Tenía el presentimiento de que cuando llegara algo iba a estar muy mal.

Sacó de su mochila el libro que Dewey le había entregado, lo abrió en la pagina que describía las criaturas que tenía que buscar. Aquellas que saben todo, si existía una forma diferente para ir a Tierra Firme, ellas lo sabrían. Pero en el libro también decía que tuviera cuidado, porque esas criaturas podían ser muy engañosas e incluso crueles. Pero no les temía, tenía la seguridad de que la ayudarían.

Revisó el mapa que venía en el libro, que mostraba donde encontrar a esas criaturas. Después de recoger a los niños y a Fire, tendrían que ir a buscarlas. Tinkerbell suspiró.

-Al otro extremo de la isla de Nunca Jamás, en la Roca de los Abandonados, en la Laguna de las Sirenas.- resopló, porque según le contaron, ellas no son agradables-. Debo encontrarme con una sirena.

La criatura más hermosa que se puedan imaginar
no son las sirenas de Nunca Jamás,
sino una princesa que los hará temblar
y al sonar el tambor sabes que va a llegar.
Y ahora la vamos a encontrar.

Pero volvamos con los niños, y Fire, pero justamente con Fire. Firefly Fire había dicho que cuidaría a los niños, pero ni siquiera se había molestado en buscar a George. Fire se encontraba plácidamente dormido sobre una carpa en una esquina de la isla de Nunca Jamás, había volado mucho hasta que encontró un lugar como para dormir y ahí se había quedado toda la noche. Los molestos rayos del sol le iluminaron la cara y él abrió los ojos, poco a poco.

Se estiró, más no se quiso levantar, creyó firmemente que algo interesante pasaría si se quedaba recostado ahí. El único problema es que le empezó a dar hambre, encontró una pluma y así se la comió, encontró la punta de una flecha y con cuidado la masticó. Ya sin hambre se volvió a acostar, intentando recordar si había algo que debía hacer, pero los aún más molestos ruidos de los tambores no lo dejaban pensar y la exclamación de unos hombre muy graciosamente vestidos para él no le permitían seguir durmiendo.

-¡Caras pálidas en el bosque!- exclamaban esos hombres.

-Mi cara es azul.- murmuró Fire, mientras bostezaba y se volvía a dormir.

Regresando con George, el pobre niño iba caminando en medio de el bosque, se había separado de Peter por una discusión que tuvo con él. Cómo se arrepentía. El lugar era completamente desconocido para él, y cabe mencionar que no todo ahí era normal. Había una mezcla de selva con jungla y en algunas partes era sabana, había objetos mágicos y animales salvajes.

Destacando un lobo, o más bien un lobito, salvaje y abandonado por sus padres, que al ver a George comenzó a perseguirlo y este apenas pudo escapar de él. Claro, que el lobito nunca le perdió el rastro y hasta ahora lo sigue persiguiendo.

Era una escena muy singular, que los animales, los que no les interesaba la carne de los niños, como aves, conejos y ratones, se quedaban observando maravillados. Porque para estos pequeños animales era todo un desfile. Se los voy a explicar:

George iba buscando a Peter por todos lados, intentando encontrarlo, sin mucha suerte. Le gritaba y lo llamaba, pero ni rastro de él.

Tras de George, unos seres peligrosos pero astutos le iban siguiendo el paso, para cazarlo. Hombres grandes y fuertes, de pieles rojas, vestidos con piel y plumas, con hachas, lanzas, cuchillos y flechas. Esos seres llamados indios eran intimidantes, hacían huir a los ciervos, a los conejos y a demás animales que gustaban cazar. Cortaban las cabelleras de sus victimas como trofeo, eran despiadados.

En la vanguardia, liderándolos, iba orgullosamente erguida, aquella princesa india, la más hermosa de todas, de cabello largo oscuro, ojos marrones y piel morena. Caminaba con la gracia de una bailarina pero con la firmeza de un valiente guerrero, con una mirada fría y mortal que seguía su presa sin dudar. Ella dirigía el grupo de indios que perseguían al niño. Ella desprendía un aura de grandeza a su paso.

Tras los indios, iban con sigilo, los animales, los leones, los tigres, los osos, y por supuesto, el lobito, que ansiaban la carne de las criaturas, ya sean pieles rojas o niños, para alimentarse.

Y tras los animales, iba Peter, que en cierta forma extraña también buscaba a George, pero como pensó que George debía buscarlo a él y no al revés, decidió entretenerse siguiendo las huellas de los animales, para jugar con ellos o tal vez luchar. Le parecía muy divertido todo esto.

Y tras Peter iba George buscándolo, y así el circulo volvía a iniciar.

Un espectáculo digno de ver y muy gracioso para las aves chismosas que paseaban por ahí.

-¡Peter! ¡¿donde estás?! - gritaba George, pero era inútil-. ¿Donde se habrá metido este niño?

Pero los indios, que lo observaban a lo lejos, se estaban desesperando, así que la princesa india, al querer ya regresar a su hogar por cierto motivo especial, ordenó a los demás atrapar a George y llevarlo al campamento.

-¡Ah!- George apenas pudo esquivar el hacha que fue directo a él y que se clavó en la corteza de un árbol-. ¡¿Pero que demo...?!

De repente aparecieron los indios atacando. Esto fue un shock para George, porque nadie se espera que un grupo de indios venga a llevarte de la nada. ¡Fue muy estruendoso! ¡fue un escándalo! Tanto que las ardillas se pararon a comer nueces mientras disfrutaban la escena.

George intentó huir pero lo atacaban con sus flechas, y suena increíble pero ninguna logró dañarlo. Los animales salvajes, confundidos con tanto escándalo, decidieron atacar y se unieron a la locura. George intentaba huir de los indios y los animales, pero los indios también intentaban librarse de los animales que los atacaban a ellos también. Eso sí era un completo caos. Al menos con los indios distraídos, George se escabulló hacía los árboles.

-Este lugar es de locos.- dijo, agitado, realmente se había espantado.

Entonces llegó el lobito y comenzó a morder los pies de George y no importaba lo mucho que George lo empujara, el lobo no se iba. Era un lobo pequeño, así que no le hacía mucho daño, pero a George no le gustaba. Levantó una piedra y amenazó con golpearlo con ella, el lobo, indignado y precavido, comenzó a ladrar como si fuera un perro.

-Cállate, callate, que si nos descubren nos matarán a los dos.- se desesperó el niño, intentando cerrarle el hocico al lobo pero este seguía gimoteando.

Y cuando George levantó la vista, estaba ella, mirándolo con el ceño fruncido y una mueca en sus labios, con una actitud fría y severa. La princesa hizo una señal a sus subordinados y ellos se apresuraron en capturar a George y al lobito.

-Realmente odio a los animales.- le dijo el niño al lobo, mirándolo con desprecio-. No importa, Peter no es tan malo como para abandonarme... ¿cierto?- el lobo lo miró confundido, ya que él no conocía a Peter-. Sí, y él no es tan idiota como para dejarse capturar por los indios... ¿cierto?- realmente no estaba seguro de lo que decía, y con razón.

Un rugido desconcertó a los indios y los hizo sacar sus arcos y flechas. Era Peter, que salió del bosque montado en un león que había capturado.

-¡Mira, George, soy el rey de la selva!- gritó con triunfo.

-¡Peter, no seas payaso!- realmente su amigo era un idiota.

La princesa, con una orden, hizo que los indios cazaran al león y capturaran a Peter en cuestión de segundos. Peter se molestó y no dudó en gritar sus reclamos, no porque lo capturaran, sino porque no le parecía justo que fueran muchos contra uno.

-Deja de gritar, Peter, no van a escucharte.- le dijo George.

-Pero estos tontos pieles rojas hacen trampa.- se quejó.

-No seas racista, se llaman indios, in-di-os.- le explicó, silaba por silaba.

-¡Oye tú! ¡el narizón de ahí!- llamó a uno de los indios-. ¿Qué son ustedes?

-Nosotros ser pieles rojas.- contestó con una singular voz, sin mirarlo.

-¿Lo vez? No pasa nada.- dijo el pelirrojo, sonriendo.

-Odio este lugar.- murmuró el otro niño-. ¿Y quien es el líder?

-Vaya que eres distraído.- contestó Peter como si él no viera algo obvio-. Es esa niña de ahí.- señaló a la princesa, cosa difícil porque tenía las manos atadas.

-¿Ella? Pero es una niña.

-Pues ni modo.- dijo, tajante-. ¡Oye, niña! ¡diles que nos liberen o se las verán conmigo!

Pero la princesa sólo lo miró de reojo y después volvió su vista al frente.

-Si te escuchó ¿no es así?- se burló George.

-Guardar silencio.-ordenó un indio, tirando más fuerte de las cuerdas con las que los amarraron.

Fire que permanecía dormido en el campamento indio, volvió a despertar por el fuerte sonido de los tambores, y al ver a los niños llegar (ignorando que habían sido capturados) saltó de alegría.

-¡Los encontré! ¡los encontré!- exclamó triunfal, pero permaneció en su escondite para observar mientras comía más puntas de flecha.

Los indios ataron a los niños y al lobito sobre leña, para quemarlos después. Pero Peter no se inmutó e intentó pensar en una forma de escapar.

-George ¿puedes ver si tu mascota puede morder las cuerdas?- preguntó el pelirrojo.

-Él no es mi mascota, odio a los animales.- dijo con mucho desprecio-. Especialmente a los perros.

-Pero él no es un perro, es un lobo.

-Como sea, es sólo un cachorro y no puede ayudar a liberarnos.- dijo, fastidiado.

-Buscaré otra forma.- Peter miró a su alrededor y al no ver nada que lo fuera a ayudar, decidió hacer conversación-. ¡Oye niña!- llamó a la princesa-. ¡¿No crees que eres muy pequeña para liderar a los indios?! ¡además, eres una mujer!

Los tambores se detuvieron, los indios quedaron boquiabiertos. La princesa, con su gran orgullo, tomando una afilada daga y con su mirada de superioridad se acercó a Peter. Los pieles rojas contuvieron el aliento y cuando la princesa llevó su daga al cuello de el niño, los tambores resonaron en un par de notas de asombro.

-¿Y cómo te llamas?- preguntó, ignorando la amenaza de la niña.

Y ella, al responder con su voz glaciar, filosa pero hermosa de oír, contestó. Tras su voz los tambores sonaron, como retando al chico o tal vez como una canción.

-¡Yo ser Princesa Tigrilla!- exclamó con orgullo-. ¡Yo ser hija del jefe! ¡padre de Tigrilla ser el verdadero lider! ¡Padre salir de caza, dejar Tigrilla a cargo!

-¿Y qué piensas hacer con nosotros?- esta vez, preguntó George, acto seguido los tambores volvieron a resonar con aún más fuerza, irritando al niño.

-¡Padre, jefe indio, querer casar a Tigrilla desde muchas lunas atrás!- exclamó-. ¡Tigrilla mantener a raya el altar con un hacha! ¡Tigrilla deseada por muchos guerreros! ¡pero Tigrilla proteger su mano! ¡Tigrilla mutilar pretendientes y dar de comer trozos a leones!

-¡Oh Dios mio!- se aterró George.

-Oye, creo que me agrada.- comentó Peter, recibiendo una mirada incrédula por parte de George.

Y los tambores no dejaban de sonar.

-¡Tigrilla finalmente encontrar esposo! ¡ser valiente, venir de otras tierras!- explicó con grandeza-. ¡Tigrilla casarse mientras padre no está al anochecer, con hombre que padre no fuera a aceptar! ¡Después de matrimonio, Tigrilla ser la nueva jefa india! ¡No más princesa, Tigrilla querer ser la jefa! ¡Tigrilla no traer leña nunca más!- miró al par de niños y al lobo, amenazándolos con su daga a los tres-. ¡Ustedes ser banquete de bodas!- concluyó.

-¡¿Pero qué estás diciendo?!- se alteró George-. ¡No puedes comernos para tu boda!

-¡Claro que no puede!- secundó Peter, pero alterado por otra cosa-. ¿Cómo piensas casarte? ¡Tienes 9 años!

-¡Tigrilla no tener 9 años! ¡ser un poco mayor que eso!- en realidad ella no parecía llegar ni a los 11 años.

-¿Y con qué hombre se casará, Su Majestad? - preguntó Peter, con curiosidad.

-Con hombre fuerte y valiente, estar ahí.- Tigrilla señaló a un hombre que permanecía sentado junto a los tambores, con la cara cubierta por un adorno de cientos de plumas como si ya fuera el jefe indio, el cual sería pronto si se casara con la princesa-. Él ser mi futuro esposo, él ser el Gran Slightly, valiente guerrero.

Él prometido de Tigrilla alzó la vista y miró a los niños capturados con una sonrisa. Tanto Peter como George quedaron impactados al verlo, ya que él... no era un hombre, era un niño. Y lo más impactante... lo conocían. Era ese niño, de ojos negros, delgado y rubio.

-No puede...- comenzó a decir George.

-... ser.- concluyó Peter, asombrado, pero no pudo evitar sonreír con gracia, porque esto se había vuelto... muy divertido.

-¡¿Niño nuevo, qué haces aquí?!- exclamó George, sin podérselo creer.

Él los miró, sonriendo, con su pipa de indio en la mano, vestido con plumas y piel, vestido como todo un jefe indio.

-¡Voy a casarme con una linda chica!.- contestó, emocionado, consternando a sus amigos-. Ah, y mi nombre es Slightly.


Ufff, y aquí finalmente el capitulo 13.
Sï, el personaje misterioso era Tigrilla jaja y diganme ¿se esperaban su aparición?
¡Estaba ansiosa por ponerla! ¡ella es genial! jajaja

Lo admito, imito algunas escenas de el libro de Peter Pan original escrito por Jame M. Barrie, porque para que sepan me lo leí completo para darme una idea de qué hacer en mi fic. Realmente, el Peter Pan de ese libro es por mucho diferente al de disney, y creo que me gusta más el de disney porque el original me da un poquitin de miedo jeje Es decir, ufff, si les contara jaja

Bien, como ven, el niño nuevo se llama enrealidad Slightly ¿les suena ese nombre?

Bueno, para el siguiente capitulo, personajes por completo inesperados aparecerán, cosas que no imaginan, ya que tal vez no conozcan a esos personajes pero yo sí y como forman parte de disney y de algún modo también al universo de Peter Pan, tendré que agregarlas, será algo sumamente interesante jejeje

Oh, y Tinkerbell buscará ¿sirenas? D: ¿Ustedes se esperaban que pasara esto? jeje
Realmente Nunca Jamás es un lugar muy interesante para escribir.

Me tardaré en subir el siguiente capitulo, debo continuar mis otros fics, lo siento, mientras tanto ¿reviews?

Oh, y el capitulo lo dedico a Momoko123 gracias por leerme :3