El primer niño perdido
capítulo 14: Indios, sirenas y piratas.
Las criaturas en Nunca Jamás son maravillosas
a la vez que aterradoras.
Más nunca sabrás qué hay detrás del bello cantar
de un pirata al navegar,
porque sin saber quien es ni quien fue
ya le vas a temer,
sin siquiera conocer su razón de ser.
El viento con un cálido olor salado resoplaba en todo el mar, las nubes pasaban a gran velocidad, el sol iluminaba más no hacía demasiado calor. Era un clima relajante y se sentía como si la marea arrullara aquel barco.
El barco en medio de las suaves olas navegaba siguiendo su rumbo y de ahí provenía una bella melodía que chocaba con los sonidos del mar. Aquellos adorables tarareos entonaban una agradable canción pirata. Salió a la cubierta con una gran sonrisa, sus armas eran una cubeta con agua y jabón, un trapeador y una esponja.
Fregaba la cubierta, tarareando la bella melodía, dando vueltas por la nave, dando tiernos brinquitos sin parar. Soltó el trapeador y dejó el jabón a un lado, se puso a girar y saltar mientras hacía su bello cantar. Bailaba al compás de su canción, un baile que había aprendido de sus amigos, sus botas golpeaban la madera de la nave mientras reía con alegría. El viento salado sacudía su cabello, era una gran alegría en su pecho y no podía dejar de bailar.
Más un golpe proveniente del suelo hizo que tropezara, su baile terminó y en cambió recibió un moretón en la rodilla.
-Au.- se quejó del dolor, seguido por más golpes provenientes de abajo.
-¡Deja de hacer ruido y termina de fregar la cubierta, grumete! - le regañó aquella persona que se encontraba abajo en la cocina.
-¡Lo siento, lo siento!- se disculpó con su vocesita inocente, se puso de pie ignorando el dolor de su rodilla y fue a buscar de nuevo la cubeta con agua y jabón.
La encontró donde la había dejado, pero antes de tomarla, se tumbó en el suelo y observó las nubes pasar por un par de minutos. Seguro se enojarían y no le darían de cenar si seguía holgazaneando, pero a ese refrescante clima salado ¿quien podría resistirse? estaba perfecto para permitirse una siesta. Más no tenía permitido tomarse una siesta, debía trabajar.
Se sentó y observó sus botas de pirata, se sentía muy feliz de serlo. Amaba el mar.
-Soy pirata, soy pirata.- se repetía con alegría mientras se levantaba-. Ya verán, algún día me reconocerán.- sonrió con dulzura-. ¡Y el maestro estará tan orgulloso de todos nosotros!
Tomó la cubeta pero así como la tomó, la volvió a tirar, derramando el agua con jabón al suelo. Sus ojos color esmeralda se iluminaron al ver algo a lo lejos. Corrió hasta el mástil del barco, casi tropezando, y subió hasta lo más alto.
-¡La Roca Calavera!- exclamó con mucha emoción-. ¡He escuchado historias sobre ella, pero nunca jamás la había visto-. sacó un telescopio para observar mejor-. ¡Wow! ¡es más aterrador de lo que había imaginado! Debo... ¡Debo encontrar al capitán! ¡debo pedirle que me lleve a verlo!- intentó bajar del mástil pero...-. ¡Ahhh!- gritó al caer y si no fuera porque a su pie lo sujetó una cuerda ya se hubiera matado-. Que bien me está saliendo mi primer viaje.- murmuró con sarcasmo, colgando de cabeza gracias a la cuerda que sujetaba su tobillo-. ¿Ahora cómo bajo de aquí?
Pero en la parte de abajo del barco, preparando la sopa ahí estaba alguien con una expresión de amargura. Al aburrirse, sin importarle que la sopa se quemara, salió de la cocina y se dirigió al camarote del capitán. El capitán estaba en el escritorio, clavando un cuchillo a un mapa una y otra vez, mientras murmuraba cosas sin sentido.
-Ya buscamos por todo Nunca Jamás y no encontramos ni una sola sirena que nos haya dado la información que queremos.- decía mientras tachaba sitios en el mapa con su cuchillo.
-Bonjour, Capitán.- saludó con cortesía, pero en el fondo seguía con su amargura-. Deja de estresarte, sólo llevamos tres días buscando. Aún no vemos a todas las sirenas de la isla, y ni hablar de todo Nunca Jamás.- su tono era algo arrogante, se puso al lado de su capitán, recargándose en el escritorio.
-¡Sabes que tenemos que terminar esto rápido!- contestó, tajante-. ¡Sólo espero que las sirenas de la laguna nos den una respuesta!
-Quien sabe, tal vez estamos usando mucho la compasión... si hubiéramos usado mis métodos, tal vez una de ellas ya habría hablado.
-Ya basta con eso, esas sirenas no sabían nada, de nada hubiera servido torturarlas.- recargó su cabeza en su mano derecha, con gesto aburrido-. Debimos preguntar a las hadas, ellas sueltan los secretos más rápido.
-¡¿Hadas?!- exclamó, mirando a su capitán de forma algo burlona-. Todo el mundo sabe que trabajar con hadas es un gran problema, ni siquiera podemos entenderlas.- giró los ojos al imaginar las hadas, le agradaban menos que una sirena y eso es difícil-. Además ¡recuerda al ultimo que lo intentó! ¡que idiota!
El capitán chocó su cara contra el escritorio e hizo un sonido de berrinche muy infantil.
-¡Ya me cansé!- exclamó el capitán.
-¡Si yo fuera capitán jamás me hubiera cansado! ¡pero me dejaron en la cocina!- gritó en forma de reclamo, como si el capitán tuviera la culpa, pero la verdad no era así. No habían decidido sus puestos.
-Él lo quiso así, creyó que yo sería mejor capitán, es claro que ve quien tiene mayor madurez.- habló de forma presumida.
-¡Yo tengo más madurez que tú! ¡él tomó una mala decisión!- pateó un mueble con fuerza por el puro coraje, lastimándose el pie y cayendo al suelo mientras chillaba de dolor.
-Ja, ja, claro.- rió de forma musical mientras veía esto, cubriendo su boca para intentar contener su risa.
-No te burles de mí.- se molestó mientras cruzaba los brazos, aún en el suelo-. Contigo al mando seguro fracasaremos. Ya puedo escuchar la voz del maestro: "Oh, son unas niñas tontas, debí mandar a un perico en su lugar en vez de a ustedes tres, mocosas"- imitó la voz de una forma muy graciosa.
-No te burles de él, Betty.- la regañó, intentando contener una risa.
-"Que tonto fui, debí ponerte a cargo a ti, Beatrice, y no a Jessica que no sabe manejar un barco"- siguió imitando la voz de aquella persona que les había mandado a hacer esa misión. Era claro que Beatrice estaba resentida por no ser elegida capitana.
-Oye, yo sé manejar un barco.- refunfuñó, cruzando sus brazos-. Cumpliremos esta misión... y él estará muy orgulloso de nosotras.- sonrió con gesto soñador, como si aquello fuera lo que más ilusión le hacía.
-Por supuesto, puso en el barco a una pelirroja presumida, a mí y a una grumete tonta que seguramente ahora está de cabeza, colgando en el mástil. Si fallamos nos castigará a las tres metiéndonos a un calabozo oscuro y sucio por no sé cuantos días y a la mocosa de la grumete le irá aún peor por ser tan pequeña, seguro la dejará sin comer por cinco días si es que no la arroja a los cocodrilos.
-Claro que no, él no haría eso, ella es sólo una niña.- contestó la capitana con voz triste, sin creer eso de su maestro.
-No lo conoces tan bien como yo, peores cosas ha hecho, créeme.- le respondió, meneando su cabellera negra con orgullo, como si lo supiera todo.
La puerta se abrió y la grumete entró, con todo su cabello despeinado por el esfuerzo que hizo al intentar bajar del mástil, que cuando estuvo cerca del suelo cayó sobre unos barriles y se golpeó en la cara y los brazos.
-¡Capitán!- exclamó, pero tan pronto entró un cuchillo fue directo hacía ella, lo esquivó muy apenas y el cuchillo se clavó en la pared-. ¡Ahhh!- soltó un grito nervioso.
-¡¿Qué te he dicho sobre entrar sin tocar, grumete?!- regañó la mujer de cabello negro, que era la que había arrojado el cuchillo-. ¡Deberías estar fregando la cubierta!
-Lo lamento tanto, madame Le Beak, no lo vuelvo a hacer.- murmuró, avergonzada-. ¿Interrumpo algo?
-¿Pasa algo, Princesa?- preguntó la capitana después de suspirar de cansancio.
-¡Estamos pasando cerca La Roca Calavera! ¡por favor, capitán, quisiera ir a verlo de cerca!- exclamó, ilusionada.
-No, no podemos desviarnos, debemos terminar la misión cuanto antes.- contestó con severidad.
-¡Pero capitán, tal vez nunca tenga oportunidad de volver...!
-¡Tendrás suficiente tiempo cuando te vuelvas una pirata de verdad!- habló Beatrice, callando a la niña-. Y si quieres ser una verdadera pirata, pequeña princesita, debemos cumplir esta misión.
-Lo sé.- susurró, decepcionada, bajando la mirada-. Siento molestarlas, Capitán, Madame.- salió del camarote para volver a sus deberes.
-Esa mocosa no se centra en la misión.- murmuró la de cabello negro, cruzando sus brazos con superioridad.
-Es sólo una niña, Betty.- habló la capitana, suspirando y recargando la cabeza en su mano de nuevo-. La pequeña ni siquiera debería estar aquí.
-Es una aprendiz de pirata, al igual que nosotras, debe crecer.- aseguró Beatrice con mirada seria-. No nos retrasaremos por ella, no necesitamos otro fracaso para el maestro... como él.- miró a la capitana, entrecerrando los ojos.
Jessica, la capitán, cerró los ojos para pensar, ciertamente el maestro no permitiría otro error de sus alumnos, menos de ellas, mucho menos de ella, porque Jessica era la favorita, por algo la hizo capitán. Bien, es la favorita ahora, antes era la segunda favorita, pero el que era favorito antes...
Un extraño olor la hizo parar sus pensamientos.
-Betty, la sopa se quema.
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Pero allá en la Isla de Nunca Jamás, el sol cubría la arena, golpeaba las palmeras. Estaba muy avanzada la tarde y no había duda de que el anochecer estaba a escasas horas. Tinkerbell llegó a la playa, buscando a los niños y a Fire. En el fondo ella sabía que ocurriría, pero deseaba que no fuera así, más no podía negarlo, lo que temía y predecía pasó.
Ni los niños ni Fire se encontraban en la playa. Se sintió tonta al creer (en realidad nunca creyó) que Firefly Fire podría cuidar a el par de niños como le ordenó. Temió por ellos, cualquier cosa podría haberles pasado en el día y medio en el que estuvo ausente.
Sabía que tenía que buscarlos, pero la isla era enorme y ellos podrían estar en cualquier parte, suponiendo que los tres seguían juntos, cosa que dudaba mucho. Debía encontrarlos para ir juntos a buscar a las sirenas, ya que Dewey le había dicho que ellas seguramente sabían cómo regresar a los niños a Tierra Firme, ya que Tink no disponía de polvillo necesario para hacer ese viaje.
Voló por los alrededores, gritando el nombre de Fire una y otra vez, sin resultado. Sabía que ella misma se terminaría perdiendo si seguía así, ya que nunca había estado ahí, nunca salía del Reino de las Hadas. Se sentó en la rama de un árbol, intentando pensar, pero la preocupación la desesperaba. Las ideas de las cosas que podría pasarle a los niños no le permitían aclarar sus pensamientos.
-Oh, Peter ¿donde estás?- murmuró, con gesto preocupado, sorprendiéndose a sí misma preocupándose más por Peter que por los otros dos.
Un sonido tierno, el de un piar, se escuchó y cuando la hada volteó a su derecha, a una discreta distancia estaba una extraña ave que la veía fijamente. Las plumas de ese pájaro eran de un rojo intenso, como el fuego mismo y sus ojos eran de un amarillo brillante. Esa ave le triplicaba a Tinkerbell en tamaño y esto la ponía nerviosa, ya que podría ser tan peligroso como un halcón. Pero no se alejó de el ave, su instinto no le decía que había peligro, no sabía la razón, pero le causaba curiosidad esa majestuosa ave.
El pájaro se acercó y la hada no supo cómo actuar. No era hada de los animales, no es como si no le agradaran, pero regularmente tenía problemas con ellos, especialmente con las aves, ¡sobre todo con las aves!
El ave hizo un fuerte sonido y al estar tan cerca de ella, hizo que esta se cubriera los oídos, después miró al ave con malestar. Se preguntó si ese pájaro tal vez sabía algo, así que no dudó en preguntar.
-Estoy buscando un hada de piel azul y un par de niños de Tierra Firme ¿los has visto?- después de formular esa pregunta con firmeza, se sintió tonta, le preguntó a un ave y la pregunta por si misma no tenía mucho sentido.
Pese a todo esto, el ave volvió a dar ese fuerte sonido, como el ruido de un águila. Desdobló sus alas que al sacudirse parecían como de fuego. Tinkerbell comenzó a preguntarse si acaso no estaba ante la presencia de un Fenix. El ave comenzó su vuelo y por algún motivo extraño, Tinkerbell supo que debía seguirle.
¿Pero qué era esta ave?
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El campamento indio estaba en organización de una fiesta. Su preciada Princesa Tigrilla se casaría. Para el banquete se habían cazado a un par de caras pálidas y a un pequeño lobito. Era claro que no se iban a comer a los niños para la cena, tal vez al lobo sí, pero a los niños no, no son esa clase de tribu, sólo se los dijeron para espantar. Lo más que fueran a hacer es quemar a los dos como tributo en honor a la princesa.
Tigrilla había rechazado todos los pretendientes que su padre le había escogido anteriormente, dejandoles claro que no estaba interesada o, si estos se ponían muy insistentes, desapareciendolos para siempre. Ahora finalmente había encontrado a alguien con quien casarse, aunque estaba segura de que su padre no aceptaría como yerno a un niño desconocido de piel pálida y cabellos dorados ¡Eso sería inaceptable! aunque su padre había salido a un largo viaje de caza y no se encontraría por ahí en días, ella aprovecharía ese tiempo para casarse.
Pero ella se encontraba sorprendida, ya que su futuro marido, Slightly, parecía conocer a los niños de cara pálida que habían capturado para el banquete.
-¿Tú conocerlos?- preguntó la princesa, arqueando la ceja, a su futuro esposo.
-¡¿Qué si nos conoce?!- exclamó George, aún atado junto a Peter y el lobito-. ¡Ese niño vivía con nosotros en Londres!
-¿Tú nombre es Slightly?- fue todo lo que preguntó Peter, que parecía extrañado con tal peculiar nombre-. ¡Nunca nos dijiste tu nombre!
-Cuando iba a decirles tú me callabas.- cruzó sus brazos con gesto molesto.
-¿Conocerlos o no?- insistió Tigrilla.
-¡Creo que es obvio que sí nos conoce!- respondió George con fastidio. Tigrilla le dirigió una mirada severa, con una ligera mueca en los labios.
-¡Tú no hablarle a Tigrilla, subordinado!- regañó la princesa con enfado.
-¿Subordinado?- se preguntó el niño, después volteó a ver a Peter que se creía tener aires de grandeza-. ¡Oh, no! ¡Yo no sigo las ordenes de este loco! ¡nunca más!- es que parecía haberle perdido todo el respeto a aquel pelirrojo, al niño que antes parecía casi adorar y temer.
-Sí los conozco.- aseguró Slightly-. Son amigos míos.
-¡Soltarlos!- rugió Tigrilla de inmediato, con una voz suprema y los indios no esperaron ni un segundo en obedecerla.
Los indios liberaron a los tres, a Peter, a George y, aunque Slightly no lo conocía, también liberaron al lobito. A Pesar de esto, Peter aún se mantuvo con mala cara, mientras el lobito se ponía a ladrar de alegría alrededor de George, pero George tampoco parecía conforme.
Firefly Fire decidió dejar de observar y salió a la vista, sin detenerse a pensar si podía hacerlo o no. Voló directo a Slightly y revoloteó cerca de él, gritando palabras de alegría, ya que le agradaba mucho aquel rubio. Fire en realidad no se enteraba de nada, no se paró a pensar cómo había llegado ahí, pero estaba muy feliz de verlo.
-Hada azul.- murmuró Tigrilla al verlo. Era inusual ver hadas por ahí, mas aún azules, ni siquiera sabía que existieran de ese color, pero decidió ignorar el asunto ya que su prometido parecía conocer a el hada. Ella se puso firme y miró a los otros dos niños y con voz apenada habló-. Tigrilla sentir mucho este malentendido. Tigrilla pedir disculpas, querer invitar caras pálidas a boda como invitados de honor.
Pero George realmente no parecía nada feliz, se acercó a Slightly con mirada furiosa y comenzó a gritarle tanto que Fire se alejó para esconderse.
-¡¿Cómo se supone que llegaste aquí?!- preguntó, sorprendiendo a los demás por estar tan enojado.
-¡Pues volando!- respondió a la defensiva ante la actitud del otro niño-. Tinkerbell me dio polvillo también, yo sólo me retrasé un poco.
-¿Por qué te enojas, George?- cuestionó Peter, arrogante. Pero George lo ignoró.
-¡Si pudiste volar hasta aquí ¿por qué no intentaste ayudar a Mary?!- gritó, con los ojos llameando en ira. Entonces Peter comprendió de qué se trataba esto.
-¡Escucha!- habló, defendiéndose-. Me golpearon muy fuerte, cuando desperté ya no había nadie, estaba solo. Pensé que todos ya se habían venido aquí, incluso madre. ¡No me culpes, yo no sabía!
-¡Como sea!- George se alejó del rubio, muy molesto, la verdad ahora no quería estar con nadie.
-¿Madre?- preguntó Tigrilla a Slightly.
-Oh, no, no, querida, en realidad no es mi madre de verdad, sólo es un juego.
-¿Un juego?- aún no comprendía del todo-. Tigrilla querer conocer madre de juegos de esposo después de boda.- comentó, casi exigió.
-Creo.. que eso no será posible.- Slightly miró a George de lejos y aunque él parecía enojado, sabía que estaba triste, y Slightly también estaba triste. Después de todo Mary era una buena madre, la única que tenía.
-¡Claro que no!- exclamó Peter de repente-. ¡¿No creen que son muy jóvenes para casarse?!- parecía completamente indignado.
-¡¿Qué querer decir?!- cuestionó la princesa india al niño que se estaba entrometiendo en su boda. Pero Peter la ignoró y sólo se dirigió a Slightly.
-Ligty, allá en casa los niños que se casan no les va bien.- le dijo, molesto, casi como regaño.
-Mi nombre es Slightly.- corrigió, frunciendo el ceño-. Y nunca vi a un niño casarse, te lo estás inventando. Pero ella es de mi edad, así que no creo que haya ningún problema.- se acercó más a Peter para que sólo él pudiera oírlo, después le susurró-. No pasa nada, me caso con ella, me hago jefe y es todo. Tampoco vamos a lanzarnos a tener hijos ¡Que barbaridad!
-¡Necesitar heredero!- exclamó Tigrilla que se había acercado con sigilo para escuchar, asustando a los otros dos por su grito.
-¡Los niños nunca tienen hijos!- gritó Peter, como si se hubiera ofendido de la peor manera-. ¡No los tienen, no los tienen nunca!
-¡No decir que tenerlos de inmediato! ¡tenerlos algún día!- aclaró la princesa, sintiéndose ofendida al igual que él.
-¡Pero las madres no pueden cuidar a sus hijos, por eso no debes hablar de eso! ¡aún eres pequeña!
-¡Tigrilla enseñarte quien ser pequeña!- la princesa, sintiéndose deshonrada ante los comentarios del chico que le insinuaba que sería una mala madre, tomó su lanza para atacarlo, no le importaba iniciar una batalla a muerte allí.
-Espera, podríamos hablar ese asunto más tarde.- rogó Slightly, sujetando a la princesa de los brazos en un intento por detenerla.
-¡Amigo tuyo humillarme!- le gritó, furiosa, liberándose de su agarre, pero bajando la lanza, obedeciendolo ya que tampoco quería lastimar a los amigos de él. ¡Deshonrar al esposo es lo peor que una mujer podía hacer! pero tampoco se iba a dejar insultar así-. ¡Si volver a humillarme, Tigrilla sin piedad arrancar...!- antes de terminar su amenaza, Slightly le cubrió la boca.
-Lo siento, ella es un poco salvaje.- se disculpó el rubio mientras continuaba cubriéndole la boca a su prometida.
-¡Sí! ¡ja,ja! ¡Ya me dí cuenta!- Peter se echó a reír demasiado, realmente le parecía muy divertido ahora-. Pero hablando enserio, no puedes casarte con alguien que acabas de conocer.
-¿Pero qué dices? no la acabo de conocer ¡La conocí ayer!- respondió de la forma más inocente posible. Tigrilla le mordió la mano y al final tuvo que liberarla.
-Poder quedarse a la fiesta.- habló Tigrilla con voz digna, alzando el rostro como si nada hubiera pasado-. ¡Pero no tratar de impedirla!- sacó su fiereza y amenazó a Peter, casi gruñendole, como sólo una mujer puede hacer.
-¡Oye, Slightly!- llamó Peter al niño rubio-. Cuando te cases ya no podrás jugar y te dedicaras a trabajar y limpiar la casa.- le dijo, sonriendo con malicia.
-Eh... creo que ya no estoy seguro de esto...- habló el rubio, temeroso y dudando. Esto, claro, provocó la ira de la princesa.
-¡Dejó de querer Tigrilla por tú culpa!- gritó la princesa, furiosa, tomando su hacha y comenzó a perseguir a Peter por todo el campamento con la intención de cortarle la cabeza.
La boda se canceló evidentemente, pero la princesa no iba a rendirse, sólo aceptó postergar la boda para después, pero aún insistiría en casarse con Slightly aunque le costara la vida (la vida de Peter, claro).
Pero ya tenían el banquete y los preparativos echos, así que para no desperdiciarlos, hicieron una gran fiesta esa noche con la excusa que era para dar la bienvenida a los amigos de Slightly. Peter se divertía mucho, ignoraba las miradas de odio que le dirigía la princesa, él sabía que algún día lo iba a olvidar. Slightly y Firefly Fire no dejaron de comer la comida, parecía que se lo iban a terminar todo, y aunque Slightly es más grande, dio la impresión de que Fire comió más.
George permaneció alejado de todo ese escándalo, permaneció sentado sobre un tronco mientras observaba a mujeres ir y venir con leña, y escuchaba los tambores y los cantos de los indios. Ya era de noche pero no sólo la luna y las estrellas iluminaban la oscuridad, sino la gran hoguera que habían formado. George aún no se sentía con ánimos, él realmente quería irse.
Pero no estaba sólo, Lobito estuvo con él haciéndole compañía, aunque a George no le agradaba y le dio patadas e insultos pero Lobito no se fue, se quedó ladrando, aullando y dando mordiscos. Al final se resignó y sólo ignoró a Lobito. Realmente se preguntaba por qué un lobo bebé lo perseguía, pero era seguro que ya no se iba a ir.
Y ya, a esas horas de la noche, siendo desapercibido por todos, llegó la ave rojiza, junto con Tinkerbell que venía detrás siguiéndola. Primero ella no sabía porqué el ave la había llevado hasta ahí, pero cuando vio a los niños ¡casi le da un paro cardíaco!
-¡Están con los indios!- exclamó, atemorizada. Casi le daba algo, por poco se desmayaba ¡Sus niños estaban conviviendo con los indios! ¡con esos que cazaban animales sin piedad y tenían rituales extraños! bueno, según le habían contado.
Observó la situación, alterada y se apresuró a buscarlos con la vista. Al primero que logró ubicar fue a Peter que bailaba en el centro, esto la hizo resoplar de alivio. Después logró ver a George que convivía ¿con un lobo? eso sí era raro. Después logró ver en la comida a Fire y... ¡¿el niño nuevo?! Estaba feliz de que él estuviera ahí, pero no se lo explicaba, peor aún ¡tenía un niño más que cuidar! Con toda esta conmoción se preguntó qué se había perdido mientras no estaba. Al menos parecía que estaban bien.
Dio la vuelta para agradecerle al ave que la había llevado hasta ahí, pero cuando estuvo apunto de hablar el ave no estaba, había desaparecido. Ella se sorprendió y confundió mucho, pero decidió no pensar más en eso porque... daba miedo que desapareciera de la nada.
Tinkerbell, sin perder tiempo, voló hasta Firefly Fire que aún comía, pero había dejado la carne de lado para volver a morder puntas de flechas, realmente comía lo que sea. Y cuando Fire vio a Tinkerbell llegar, sus ojos color miel se iluminaron con intensidad y voló a toda prisa para abalanzarse sobre ella y abrazarla.
-¡Volviste!- gritó con emoción-. ¡Debiste ver lo bien que los cuidé! ¡incluso encontré al niño nuevo! ¡soy genial!
-Por supuesto, Fire.- le correspondió el abrazo, sonriendo, aunque la verdad no le creía nada, pero estaba muy feliz de verlo.
-Eh, Tinkerbell.- Slightly reaccionó al verla, le sonrió y se acercó-. Escuché que fuiste a buscar más polvillo para regresarnos a casa ¿lo conseguiste?- aunque sonreía, para ser honestos Slightly no quería regresar, se estaba divirtiendo mucho ahí.
Ella vio un gran problema. Le era difícil comunicarse con los niños, ellos no la entendían. Cómo deseaba que Mary estuviera ahí, ella sí sabía interpretar lo que les decía. Tinkerbell negó con la cabeza, pero Slightly no pareció importarle demasiado.
-Fire, necesitamos ir a la Laguna de las Sirenas.- sacó el libro que Dewey le había entregado y se lo mostró a su amigo-. Las sirenas saben muchas cosas, seguramente saben cómo llevar a los niños a Tierra Firme.
-¡Pues diles y vámonos!- exclamó, imaginando cómo serían las sirenas.
-¡Pero ellos no me entienden y con todo este escándalo mucho menos me escucharán!- dijo, con clara preocupación. Esos molestos ruidos de tambores hacían que su voz fuera casi inaudible-. ¡Tengo que regresar a Peter y a los otros a Tierra Firme!
Rápidamente, saliendo detrás de Slightly, la Princesa Tigrilla salió de un salto directo a donde estaban el par de hadas. Tinkerbell dio un gran grito cuando la vio acercarse de esa manera tan salvaje. Tigrilla la miró con seriedad. Tinkerbell no la conocía, pero ahora le asustaba.
-Oh, ella es mi prometida.- habló Slightly que había visto aquello y sólo se rió por la reacción del hada-. Es adorable ¿no lo crees?
-¿Tu prometi...?- miró a Fire con sorpresa, en busca de una explicación-. ¡¿Qué fue lo que me perdí?!- examinó a la princesa india de pies a cabeza con desaprobación-. Pues no me parece adorable que se comprometa a esa edad ¡y que venga a asustarme!
-Tampoco parecer adorable a Tigrilla, hada.- habló la princesa, con un tono ácido. Esto sorprendió demasiado a Tinkerbell, que se quedó con la boca abierta al escucharla-. ¿Escuchar bien? ¿Querer regresar a Peter a su mundo?
-¡Cielos, alguien que me entiende!- se puso muy feliz con esto, ahora tal vez sí le agradaría aquella princesa.
-Claro, Tigrilla al ser princesa, tener que entender todos los idiomas.- habló con gran orgullo, con la cara alzada-. ¿Querer regresar a Peter a su mundo?
-¡A Peter y a los demás niños!- respondió, haciendo caso omiso a la extraña forma de hablar de la princesa-. Debemos ir en busca de las sirenas de nunca jamás, pero no sé cómo decirles.
-Tigrilla ayudarte, Tigrilla ser tu traductora... pero con una condición.- porque la astuta princesa nunca hacía las cosas sin pensar, ella era una estratega sin igual-. Cuando regresar niños a casa, Slightly quedarse para ser mi esposo. Sin pelirrojo entrometido, Tigrilla poder casarse.
-¡¿QUÉ?!- definitivamente eso era algo que no podía aceptar-. ¡¿Has perdido la cabeza?! ¡ustedes son niños y él no es de aquí!
-¡Tigrilla tener cabeza en su lugar! ¡Hada mal vestida no saber cómo se manejar cosas aquí! ¡Si Princesa Tigrilla querer casarse, hacerlo!
-¿Hada mal vestida?- enrojeció de la ira que ese comentario le había causado. Estaba a punto de gritarle un montón de palabras de odio, enojo y cosas un poco groseras, pero contuvo su furia, aunque no podía evitar apretar los puños de la gran ira que sentía-. Está bien... sólo ayúdame.- la verdad, no estaba dispuesta a cumplir esa promesa, se llevaría a los tres niños a casa sin excepción, pero debía ganar la confianza de la princesa, ya sea con mentiras.
-¿La entiendes?- preguntó Slightly, acercándose, impactado e impresionado.
-Preparar tus cosas, futuro esposo, partiremos al alba a Laguna de las Sirenas.- fue todo lo que le respondió.
Tinkerbell resopló, pero era mejor así. Le fueron explicando al hada lo que había sucedido, como el niño nuevo había llegado ahí y cómo los niños terminaron en donde estaban los indios. Realmente no quería volver a dejarlos solos.
Los niños se estaban divirtiendo, a excepción de George, que permanecía apartado de la fiesta, sólo con su lobito, con cara aburrida, sumido en sus pensamientos. Pero Peter y Slightly se estaban divirtiendo tanto. Era como la felicidad de los juegos que tenían allá en Londres, pero ahora era una felicidad que iba más allá, era una diversión que los hacía sonreír de verdad y Tink no quería quitarles eso.
Los dejó divertirse y sólo les ordenó ir a dormir (con la ayuda de Tigrilla) cuando la luna marcó la media noche. Fire se acurrucó muy cómodamente sobre una piel de oso, se veía tan adorable mientras dormía. Peter y Slightly no dejaban de dar brincos pero con unos cuantos regaños se resignaron a ir a dormir.
Era tiempo de apagar las velas, y la hada se acercó para dar un ultimo vistazo a los niños... Sus ojos sólo pudieron ver la sonrisita que Peter lucía, nunca lo había visto sonreír de esa forma antes de ir a dormir. Él era realmente feliz, y esto la hizo sentir un sentimiento en su pecho, algo incomprensible que hizo que su corazón se acelerara y sus mejillas se sonrojaran.
No se comparaba a las noches en Londres, donde sólo eran huérfanos sin esperanza, sin poder tener un sueño tranquilo, sin amenaza de pesadillas. Pero tan diferente era aquí, George también era diferente, él, que nunca mostraba sus emociones, ahora parecía entristecido, y aunque Peter y Slightly eran felices, él no lo estaba. Tinkerbell sabía la razón, él extrañaba a Mary.
Tinkerbell observó al par de estrellas en el cielo oscuro y se preguntó si la niña estaba bien. Realmente quería ir a salvarla, sólo esperaba que no fuera demasiado tarde. Al menos, una vez los niños dormidos, la noche transcurriría tranquila. Tinkerbell sabía que en un mundo tan maravilloso como Nunca Jamás, difícilmente un niño podría tener un mal sueño, así que ella pudo estar tranquila al saber que ellos tendría un sueño pacifico.
Unas horas más tarde, Peter se levantó, salió afuera y lloró por sus pesadillas.
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Hubieran partido hasta medio día si no fuera porque Tinkerbell y Tigrilla despertaron temprano. Tigrilla, con su voz fuerte y severa, les gritó a los niños que despertaran, tan fuerte que estos dieron un salto de susto. Eso sí los mantendría despiertos. Fire fue más difícil de despertar, Tigrilla quería golpearlo con el palo de un tambor pero a Tinkerbell se le ocurrió un plan mejor, que fue decirle que el desayuno estaba listo.
La Laguna de las Sirenas quedaba hasta el otro extremo de Nunca Jamás, ir ahí probablemente les llevaría todo el día. Bien podrían usar polvillo y volar, pero Tink no quería desperdiciarlo, así que no lo mencionó, Tigrilla también prefería caminar.
Llevaron lo que necesitaban, y eso era comida y agua para el viaje, no tenían nada más que llevar. Bueno, excepto algo, Tigrilla llevó su arco, carcaj y flechas, también un par de cuchillos, por si las cosas se ponían complicadas. Era claro que esa niña, tan inocente y dulce que se veía, era ciertamente peligrosa.
El viaje fue agotador, pero no hubo nada peligroso como sugería Tigrilla, tal vez sólo tenían suerte. Fire no dejaba de quejarse y preguntar si ya habían llegado, a la vez que lloriqueaba de cansancio, cosa ilógica ya que la mayor parte del viaje se la pasó sentado en el hombro de Slightly. Lobito también fue con ellos, aunque querían que se quedara, Lobito los siguió, parecía que iba a perseguir a George hasta el fin del mundo.
George y Slightly se habían cansado de tanto caminar después de un par de horas, lo mismo le pasó a Lobito, que tampoco soportaba dar tantos brincos y aullidos por horas. Pero Tigrilla y Peter parecían que tenían energías de sobra y que el ardiente sol no hacía efecto en ellos ¡¿de qué estaban hechos estos niños?! claramente no eran normales.
Se detuvieron a descansar en varias ocasiones, porque los otros dos no podían continuar. Realmente Nunca Jamás era un lugar enorme y maravilloso. Pasaron cerca de arroyos hermosos, sabanas extensas, árboles enormes, ríos inimaginables, criaturas fantásticas, trampas ocultas, grandes montañas e incluso rocas flotantes. Puede que para Tigrilla todo esto fuera normal, pero para los niños de Tierra Firme todo era de ensueño, cada que superaban un asombro, algo más espectacular aparecía, no tenía fin.
Gracias a Tigrilla, pudieron encontrar la laguna sin problemas, porque ella conoce toda la isla. Al oler el agua salada, supieron que estaban cerca, cruzaron los arbustos y los grandes árboles y finalmente pudieron contemplarlas. Se escondieron detrás de una roca y miraron la laguna que estaba por debajo de ellos, ya que los niños y las hadas estaban sobre un gran saliente rocoso, muy por encima de la laguna.
-Esta ser la Laguna de las Sirenas.- anunció la princesa a los perplejos niños.
-Sí, ya nos habíamos percatado de ello.- murmuró George, que no podía esconder su asombro, jamás imaginó ver algo como eso.
-Eso de ahí.- Tigrilla señaló a las rocas que sobresalían del agua, donde las sirenas se acostaban a asolear-. Ser La Roca de los Abandonados.
-¿La Roca de los Abandonados?- preguntaron Tinkerbell y Slightly al mismo tiempo. Tinkerbell ya sabía que la roca se llamaba así, pero no sabía por qué.
-Las historias decir que capitanes malvados abandonar marineros ahí para ahogarlos al subir marea.- habló como si fuera lo más normal del mundo-. De ahí el nombre.
-¡Que barbaridad!- la hada rubia cubrió su boca con ambas manos, asombrada completamente, no quería imaginar aquello ¡mucho menos pensar que los huesos de los desafortunados piratas ahogados aún estén en el fondo de la laguna justo donde las sirenas nadaban!
Ella sabía muy bien que los piratas eran malvados, pero no a ese extremo. Tal vez, después de todo, vivió en un engaño y Nunca Jamás sí tenía maldad como en Tierra Firme. Se sintió tonta al pensar que existiría un lugar completamente seguro. Tal vez aún no conocía suficiente de la isla. Ahora que lo pensaba, ni siquiera había salido demasiado del Reino de las Hadas, claro que no conocía Nunca Jamás, sólo una pequeña parte.
Los niños, las hadas y el lobito se limitaron a observar las sirenas con atención por unos momentos, para analizar la situación. Tigrilla les había explicado que tales sirenas podían ser muy descaradas, al igual que agresivas.
Pero las sirenas parecían inofensivas, y muy hermosas, se debía admitir. Algunas disfrutaban mojándose en la pequeña cascada, otras se arreglaban su cabello precioso, otras tocaban instrumentos, como la lira, que sonaba deleitable al escuchar. Otras, incluso, jugaban con burbujas, sí, burbujas multicolor que parecían hechas con el mismo arcoiris, se las pasaban las unas a las otras con la cola o las manos. Parecía un juego muy divertido, hasta daba ganas de ir a jugar con ellas.
George fue el primero en darse cuenta de una peculiaridad y se apresuró a cubrir los ojos de Slightly. que lo tenía más cerca, y cuando Tigrilla se dio cuenta de el por qué George hacía esto, le dio la razón y ayudó a cubrir en su totalidad la vista del rubio. El pobre Slightly no tenía idea de por qué hacían esto.
-¡Pero que escándalo!- gritaba George que también intentaba apartar la mirada-. ¡La sirena pelirroja no tiene nada puesto!
-¿Enserio?- habló Slightly, confundido, que intentó asomarse para ver, motivado por una inocente curiosidad, pero Tigrilla no lo tomó muy bien.
-¡Atreverte a asomar a ver vulgar sirena y Tigrilla tomar su flecha y atravesar corazón!- lo decía enserio, pero la princesa india estaba tan avergonzada que no sonó convincente.
Tinkerbell también se avergonzó por tal situación y buscó a Fire para cubrirle los ojos, aunque este no entendía y asumió que se trataba de un juego.
-¡Que Peter tampoco se atreva a ver!- gritó el hada a la princesa, ya que ella era la que la entendía.
Tigrilla buscó a Peter con la mirada, sin apartar las manos de los ojos de Slightly, pero no lo encontró. No hay que ser un genio para saber qué había sucedido. Todos, excepto Slightly y Fire, que les cubrían los ojos, vieron cómo Peter, de unos cuantos saltos, bajó por las rocas y llegó a la laguna, sin inmutarse por las... excéntricas mujeres.
-¡Peter, no seas maleducado!- fue lo que le gritó George, pero sabía que el pelirrojo ni caso le haría.
-¡¿Qué hay, chicas?!- exclamó Peter una vez llegó al centro de La Roca de los Abandonas.
Las sirenas, disimulando su asombro al verlo llegar de esa forma (ni siquiera se mojó ni un poco), lo miraron extrañadas y con rechazo, entrecerrando los ojos con sospecha y precaución. No acostumbraban tener intrusos, y menos un niño como ese.
Los otros niños miraban desde arriba, ya habían soltado a Fire y Slightly, ya que, después de esto, ya ni importaba tanto, aunque Tigrilla aún vigilaba hacía donde miraba Slightly. Tinkerbell estaba muy enojada, más que muy enojada, mucho más que muy enojada ¡estaba furiosa! Tanto que parecía que quemaría las plantas a su alrededor de la pura intensidad de su coraje.
-Peter es el único niño que conozco que se atreve a acercarse a un sitio con chicas semi-desnudas-. reprochó George, con mucha reprobación.
-¿También ser el único en acercarse a chicas semi-peces? Porque ser el primero que Tigrilla ver.- comentó la princesa india, obviamente conteniendo una risa por su comentario. Incluso hizo reír a los otros dos niños, hasta Tinkerbell, que estaba tan molesta, se rió. Fire también se rió aunque no entendió el chiste.
Ahora esto no era tan problemático, Peter sólo es un niño.
-¿Qué haces tú aquí?- preguntó una sirena de cabello negro, molesta al igual que las demás.
-Mis amigos y yo queríamos ver si ustedes saben una forma de ir a Tierra Firme.- les preguntó sin rodeos y sin dejar de mostrarse amable.
Las sirenas se miraron entre sí, sin confiar en ese chico, tampoco es fácil ganarse la simpatía de una sirena. La pelirroja se acercó al niño, fulminándolo con la mirada, pero Peter sólo le dedicó una mueca, con el mismo desagrado que ella mostraba hacía él.
-¿Para qué quiere un forastero como tú saber esa información? ¿no eres pirata o sí?- preguntó con la voz llena de sospecha.
-¿Pirata?- se recordó a sí mismo jugando a ser pirata, así que la simple idea de los piratas le encantó-. Tal vez lo sea...
Las sirenas dieron varios gritos de espanto, algunas se alejaron nadando varios metros, otras más valientes se quedaron, escépticas. Entre las que se quedaron estaban una pelirroja con el cabello atado, un par de rubias, una con el cabello corto y otra largo; una de cabello oscuro, sin olvidar a la pelirroja que prácticamente mostraba todo.
-¿No eres un poco joven para ser un pirata?- recriminó, arqueando las cejas.
-Tal vez lo sea...- dijo, sonriendo ampliamente.
-¡Sólo eres un bufón!- insultó la sirena rubia, arrojándole agua con su aleta.
Pronto las otras sirenas se unieron para intentar mojar, golpear y derribar a ese niño. Tenía suerte de no ser una niña, porque regularmente las sirenas gustan de ahogar a las mujeres que se acercan, por envidia más que otra cosa.
Peter esquivó las piedras que le lanzaban muy bien, no parecía molesto, más bien le causaba risa que ellas no lograran golpearlo, tampoco le molestaba que lo mojaran, después de todo, hacía calor ¿no? Esto sólo causó la irritación de todas las sirenas, que estaban hartas de soportarlo.
-¡Peter, volver aquí antes de lastimar!- le gritaba la princesa india desde arriba, molesta por su insensatez. Peter volteó a verla y le sonrió de forma engreída.
-¿Acaso te preocupas por mí?- respondió, con aires de grandeza.
-¡Volver aquí!- le siguió regañando, aún más molesta por su comentario. Ella no se preocupaba por él ¿por qué lo haría?
-No va a escucharte, créeme.- le dijo Tink a la india.
-¿Qué hacer, Tinkerbell? Sirenas no contestar.- le dijo con seriedad al hada.
-Esto será más complicado de lo que creí.- murmuró con preocupación.
Pero algo pasó, el cielo se oscureció, y no porque faltaba poco para la noche. El cielo se llenó de nubes grises y las sirenas sabían que cuando esto pasaba significaba que un mal se acercaba a la laguna.
Las sirenas dejaron de molestar a Peter y todas se fueron a asomar a ver qué es lo que pasaba. Peter quedó intrigado ante el cambio en el cielo y se asomó para ver. Fue una gran sorpresa cuando a lo lejos pudo ver un gran barco de velas blancas, con un distintivo símbolo de calavera, era claro que era un barco pirata. Era un navío grande, enorme y distintivo, un barco que se veía muy antiguo y daba terror a la vista. Las sirenas, que sabían muchas cosas, en especial del mar, reconocieron la nave, era uno de los muchos barcos de...
Cuando Peter se dio cuenta, el barco ya estaba demasiado cerca de la laguna y las sirenas quedaron atrapadas, porque el navío bloqueaba la única salida y no querían arriesgarse a nadar por debajo. Peter tampoco se dio cuenta cuando Tigrilla bajó hasta él (de una forma ágil, al igual que ese niño), le cubrió la boca y lo arrastró para ocultarse entre las rocas, mientras los otros niños aún seguían escondidos en el mismo lugar, viendo todo desde arriba. Tigrilla le había dicho a los demás que por nada del mundo se movieran mientras ella iba a buscar a Peter.
-¿Son piratas?- preguntó Peter, sorprendido y en el fondo algo emocionado.
-No ser sólo piratas.- ella frunció el ceño y habló con seriedad-. Ser los piratas cazadores de sirenas. Rondar por Nunca Jamás desde muchas lunas atrás.
-¿Cuantas lunas?- preguntó con intriga.
-Tres.
-¿Sólo tres días?
-Rumores correr rápido en isla.- respondió con sencillez-. Ser mala suerte. Estos piratas ser especialmente peligrosos. Lo sé, reconocer el barco.
-¿El barco? ¿que tiene el barco?- se asomó para observar, pero no distinguió nada más que un barco viejo.
-Ser el barco de... él.- respondió con voz misteriosa.
-¿De qui...?- detuvo su pregunta, porque algo llamó su atención. Los tres piratas que bajaron del barco, eso lo dejó muy impactado y ya no pudo decir nada.
Bajaron de la nave, con espadas, lanzas y redes de pescar, con mirada sombría y no se detuvieron. Las sirenas gritaron con verdadero horror mientras eran capturadas una tras otra. Esos piratas actuaban rápido, sabían qué hacer y aunque las sirenas eran muy escurridizas, lograban capturarlas con sus redes, sin ningún rastro de piedad. No les importó incluso lanzar sus lanzas para lograr detener una sirena por su aleta.
Las sirenas gritaban, insultaban y hasta lloraban pero a esos piratas nada les importaba. Una vez las tenían en sus redes, las cargaban como si fueran sólo harina en un costal. Como si fueran sólo objetos que simplemente puedes tomar y usar a tu antojo... Esto hizo a Peter enfurecer, él odiaba a las personas así.
Más Peter seguía impactado por esos piratas. Peter no era prejuicioso, al menos no tanto, pero esto simplemente no lo esperaba. Esos piratas tan crueles, sanguinarios y viles eran...
-Lo siento, mademoiselle, pero tú vienes conmigo.- decía la pirata mientras arrastraba a la sirena atrapada en la red hasta el para subirla al barco y la pateaba cuando se movía demasiado-. ¡Nadie escapa de Beatrice Le Beak!
Ese pirata con acento francés no sólo era un pirata despiadado, sino que era la joven más horrorosa que Peter había visto. Ella era morena de piel, aunque no tanto como Tigrilla, tenía la nariz alargada el cabello largo y muy oscuro, y labios rojos por el maquillaje, daba la impresión de ser una especie de bruja por su aspecto y su actitud. Vestía con un pantalón, unas botas, una camisa de manga larga blanca y un corsé color azul oscuro.
-¡Subelas pronto al barco!- gritaba la otra pirata que de lejos se veía como el capitán y líder.
Y esta se veía más agradable a la vista, tanto que era impresionante que fuera malvada. Era de la misma edad que la otra muchacha, pero su cara se veía inocente y, de cierta forma, graciosa. La capitana tenía la cara pecosa y unos claros y brillantes ojos; su cabello largo, pelirrojo y esponjado estaba atado a dos coletas, y eso le daba un aspecto bastante juvenil. Llevaba las típicas botas piratas, una falda rojiza, una camisa de manga larga blanca(abrochada hasta el ultimo botón) y un chaleco rojo también. Claro, sin olvidar su gran sombrero color gris oscuro que mostraba que era capitán.
-¡No me apresures, Jessica, que estos peces se mueven demasiado!- se quejó la horrible pirata Le Beak. Después esta volteó a ver a la pirata más pequeña y comenzó a gritarle-. ¡Princesa, no te quedes ahí y tráeme la espada!
La niña pirata llevó, torpemente, la espada a su superior, la cual Beatrice Le Beak utilizó para amenazar a las sirenas que se querían pasar de listas.
Pero esta ultima pirata era la que más llamaba la atención de Peter... ¡porque era muy pequeña! Esa pequeña princesa, como la llamaron, tenía su sedoso cabello castaño ondulado, sus ojos esmeralda parecían valiosas joyas. Llevaba un vestido púrpura con detalles rosados, un cinturón negro, botas igualmente púrpuras , un adorable moño rosa adornando su cabello. Su carita estaba delicadamente maquillada, probablemente de maquillaje robado de sus compañeras mayores. En fin, su belleza era radiante, era casi abrumadora, definitivamente era la niña más linda con la que Peter se había topado.
-Son... mujeres.- murmuró atónito el niño pelirrojo que veía tras unas rocas.
-Inusual.- admitió la princesa india.
Todo esto les tomó poco más de un minuto a aquellas piratas, sólo tomaron a seis sirenas y las subieron al barco. Peter realmente estaba enfurecido, no soportaba ver aquello y se dispuso a seguir a aquellas piratas al barco, pero Tigrilla lo detuvo.
-¿Qué hacer? ser peligroso.- le advirtió.
-¡No pueden llevarse así a las sirenas, no es justo!
-¡Peter no tener idea de quienes ser ellas! ¡no deber involucrar jamás con ellas!- lo regañó.
Justo en ese momento, Tinkerbell descendió hasta ellos junto con Fire. George y Slightly también hicieron lo mismo, bajaron cuidadosamente pero al final cayeron al agua y tuvieron que nadar, es una suerte que Lobito también nadara, gustoso.
-¡Peter, no puedes ir a rescatarlas! ¡los piratas son peligrosos, yo lo sé!- regañó Tinkerbell, preocupada por la seguridad de los niños.
-¿Qué está diciendo?- preguntó el pelirrojo a Tigrilla.
-Ella prohibirte ir a rescatar sirenas, ella conocer maldad de piratas.- tradujo.
-¡No es nuestra culpa!- prosiguió la hada-. Lo siento, pero lo que les pase no es nuestra responsabilidad, no debemos preocuparnos por eso.
-Decir que no ser nuestra culpa.- tradujo Tigrilla-. No deber preocuparnos, no ser nuestra...
-¿No es nuestra responsabilidad?- concluyó Peter, sabiendo lo que la hada quería decirle-. No es nuestro problema, ellas deben cuidarse por sí solas ¿eso es lo que me estás diciendo?- su voz era fria y dura y Tinkerbell no recordaba cuando fue la ultima vez que él se dirigió a ella de esa manera, pero no le gustaba nada.
Unos llantos provenientes del agua llamaron la atención de los niños. Era una pequeña sirena, una niña de unos diez o nueve años, de cabello violeta y ojos azules e intensos. La pequeña sirena no paraba de llorar y causó la lastima de los niños, en especial de Peter, que se acercó a ella y aunque esta se asustó, dejó de tener miedo al ver la sinceridad en su pregunta.
-Niña ¿por qué lloras?- preguntó con dulzura, porque Peter podía ser dulce también.
-Eso piratas...- contestó entre sollozos-. Esos malos piratas se llevaron a... mi hermanita.- volvió a llorar con fuerza, inconsolablemente, ni estar en el agua hacía que sus lágrimas se vieran menos visibles.
-¿Herma... nita?- por algún motivo, esa palabra le parecía tan extraña y difícil de decir, aunque sabía obviamente su significado-. No te... preocupes, te la traeremos de regreso.- prometió firmemente.
-¡Pero Peter!- insistió la hada, que sólo recibió una mirada severa por parte del pelirrojo.
-Tienes razón, Tinkerbell, mi regla número uno es que cada quien se cuida solo.- habló sin apartar sus severos ojos ámbar de ella, tan fríamente que la hizo incomodar-. Pero mi regla número dos es que yo hago lo que quiera, y ahora mismo no quiero volver a abandonar a nadie.- dio la vuelta y corrió tras el barco que estaba a punto de zarpar, dejando sorprendidos a los demás.
-No sé ustedes.- comentó Slightly-. Pero a donde él vaya, yo voy, no es por nada pero con él cerca me siento más seguro.- se apresuró a seguirlo.
-Yo no tener opción.- admitió Tigrilla, resoplando con resignación-. ¡Esperar Slightly!- se fue siguiendo al rubio.
-¡Donde vaya Slightly también voy yo!- exclamó Fire que los siguió alegremente.
-Yo no voy a quedarme aquí solo.- dijo George con amargura y los siguió junto a Lobito que lo perseguiría a donde fuera que vaya.
Tinkerbell observó cómo todos aquellos a los que debía cuidar se iban, después lanzó una mirada a la pequeña niña sirena que lloraba. ¿Cómo es posible que se le haya ocurrido abandonar a las sirenas a su suerte? Así no es como actúa ella normalmente ¿en qué momento se volvió tan egoísta? Eso sólo la hizo sentir muy mal.
Realmente había cambiado, y esto dolía. Ahora la mala era ella.
uff aquí un capitulo más
Beatrice, Jessica y la Princesa son personajes de la caricatura "Jake y los piratas de Nunca Jamás" (tengo un ligero problema con los programas infantiles xD ) pero aquí hice a estos personajes evidentemente más jovenes, excepto a la princesa, ella está igual sólo que un poco más pequeña jeje
jiji ya quería poner a estos personajes :3
y el siguiente capitulo pues.. uff será interesante jeje
¿reviews?
