El capitulo uno se subio dos veces. Intenté solucionarlo, pero se volvio a subir el capitulo 1. Buaaaaa.
Gracias por avisarme por mensaje privado, saphire. Despues de la primera resubida no pude revisar pues no habia internet y lo subi desde un cyber, pero se me acabo el tiempo y el dinero.
XD luck-lugia. Se nota que no eres ningun anonimo. XD me caes bien! Y realmente la habitación de Black se parece màs a la mia...
Espero que este cap les guste, eh?
Bel y Cheren estaban abajo, hablando con mi madre. Mamá era idéntica a nuestra mamá real. Ella los tranquilizaba, diciendo que no había ningún problema. Aunque en realidad fueran un grupito de pixeles, les habíamos tomado cariño. Fuera del juego decían una y otra y otra vez lo mismo. Dentro, en cambio, todo era fantástico. Decían cosas cotidianas, como "¡Hola!" Y besaban a tu hermano gemelo. O eran fríos y calculadores, e impacientes. De cualquier modo, sería genial poder ver Pokemon reales.
-Eh, White, dime que metiste la cámara al juego. Quiero hacer un vídeo y subirlo a Youtube.-susurró Black mientras bajábamos la escalera.
-Si, la metí en mi bosillo-dije, pero al buscarla, no la encontré.-mierda.
-White, ¡el vocabulario!-gritó mi madre al oírme.
-Perdón.
-Bueno, Cheren, Bel, no importa. La limpieza la hago yo. ¿No deberían ir a casa de la Profesora?-sugirió.
-¡Oh, si! Vamos, Cheren. Black, White, los veremos allá.-dijo, apresurada, Bel. Besó a Black y se fue, seguida por Cheren.
-Mamá, estem... Perdona por lo de la habitación de White...-empezó Black.
-Ah, no importa. ¿No deberían ir con la Profesora?
-¡Uy! Vamos.-susurré, tomé mi cartera y la mochila de mi hermano, y me llevé a Black.
Afuera, Bel se había desviado a su casa, para despedirse de sus padres. A pesar de tener 15 años ya, seguía siendo muy infantil. Cheren si había ido adonde la Profesora.
-Creo que tenemos que buscar a Bel.-sugirió Black.
-¿Tenemos, o quieres?-le dije en tono burlón.
-Quiero buscar a Bel. Vamos.-dijo, y me arrastró calle abajo. Entramos a casa de Bel, justo a tiempo de escuchar a su padre gritar:
-¡No, no y mil veces NO!
-Pero papá, ya soy grande. Tengo un Pokemon y todo...
-¡No importa, he dicho que no!¡No iras de viaje por Unova!
-¡Pues me voy!-Bel se volteó y corrió hacia la puerta. Apenas nos vio, se paró en seco, y se bajó el gorrito verde para evitar que viéramos las lágrimas que corrían por sus mejillas.
-White, Black... No importa. Los veré en casa de la Profesora.-susurró, saliendo por la puerta.
-¡Bel!¡Espera!-gritó mi hermano, saliendo tras ella.
-Usted tenía que arruinarlo todo, ¿no?-le dije cortante a su padre, luego salí a casa de Encina.
-¡Bel!-seguía gritando mi hermano.
Corrí a casa de la Profesora. Enfrente, Black estaba secándose las lágrimas a Bel, mientras Cheren me miraba llegar, impaciente.
-Has llegado. Vamos a entrar.
Entramos los cuatro juntos, impacientes y nerviosos.
-Jeje, han llegado ya. ¿Les han gustado sus Pokemon?-dijo Encina, digo, Molly.
-Si.-respondimos al unísono. Sacamos a nuestros Pokemon.
-¡Oh, Arceus! Ya han tenido una batalla. Por eso sus Pokemon ya confían un poco en ustedes.-dijo, emocionada. Sacó de su bolsillo un spray. Juntó a los cuatro Pokemon y esparció una nube de gas azulado, que los Pokemon inhalaron. Las heridas causadas se curaron rápidamente. Nos mostró la botellita de spray.-esto es una...
-Poción, ya sabemos.-interrumpimos Black y yo.
-¿Poción?-preguntó Bel, extrañada. Entonces recordó.-¡Ah, si, Poción!
-Ay, pues. Ya sé que saben. Por eso los escogí a ustedes para darles los Pokemon. Bueno, la razón por la que les di los Pokemon, fue para darles la Pokedex.
-Eso si no sé que es...-susurró Bel.
-Es la enciclopedia Pokemon. Apenas vean un Pokemon, apunten hacia él con la Pokedex y sus datos quedarán registrados. Para más información, deberán capturarlo.-Explicó Molly Encina.
-¡Fantástico!-gritó Black.
-Bueno, aquí tienen.-dijo la Profesora, entregandonos a cada uno una Pokedex. La de Cheren era Azul, la de Bel, verde, la de Black era negra y la mía era blanca.
-Uau.-murmuré, maravillada. Era muy diferente a la Pokedex prototipo que nos envió mi padre.
-Bueno, los veré en la Ruta 1. Debo explicarles ciertos detallazos.-dijo la Profe, saliendo por la puerta.
-¡Los vemos en la Ruta 1!-gritó Bel, arrastrando a Cheren consigo.
Mi hermano seguía embelesado con su Pokedex.
-Black.-le llamé. Se espabiló, sobresaltado.
-Uy... ¿Qué? ¿De qué me perdí?-dijo.
-Black, eres tan idiota. Tenemos que ir a la Ruta 1.-le respondí, golpeándole en la frente.
-Vamos, pues.
Al salir, nos encontramos con mi madre, que al parecer ya sabía lo de la Pokedex. Que dicha. Nos dio cuatro mapas, y nos pidió que le diéramos uno a Bel y otro a Cheren.
Salimos corriendo como pudimos: yo llevaba unas zapatillas de niña bien, y Black llevaba unos zapatos que no eran precisamente para correr. Llegamos a la Ruta 1 finalmente. Bel y Cheren están allí, esperándonos.
-La Profesora va a explicar cómo capturar Pokemon.-dijo Bel, y nos adentramos en la maleza junto a la Profesora.
Mientras ella explicaba, todos prestabamos mucha atención. Finalmente, nos entregó a cada uno cinco Pokebolas, nos pidió que llegáramos pronto a Accumula Town, y que la buscaramos en el centro Pokemon.
-White, Black, Cheren, he tenido una idea. ¡Veamos quien captura más Pokemon!-gritó Bel.
-Ahá, y ¿qué ganaría cada uno?-pregunté.
-Mmmm... Cuando lleguemos a Castelia City, los demás pondrán parte de su dinero para regalarle un CasteliaCone. O como tu le dices, Cheren, Porcehelado, al ganador.-dijo.
-Está bien.-dijo Black.
Empezamos a capturar y a luchar. Yo capturé dos: un Pidove y una Lillipup.
Al final de la ruta, volví a encontrar a mi hermano, junto a Bel y a Cheren. Comparamos los resultados: yo capturé dos, Black dos, Bel uno y Cheren tres.
Así pues, deberíamos pagarle a Cheren un CasteliaCone.
Pasamos a Accumula Town. La ciudad era bella, con una suave música de fondo. Me dirigí al Centro Pokemon, donde estaban la Profesora y Bel. La Profe nos enseñó todo sobre el lugar: nos dijo cómo curar a nuestros Pokemon, nos enseñó el PC, y nos mostró la tienda, donde gasté algo de dinero en pociones y Pokebolas. Bel permaneció allí, decidiendo qué iba a comprar. Salí del Centro Pokemon, en el momento justo en que dos hombres decían:
-Algo está pasando en la plaza.
-¡Vamos a ver!
Me asomé a la plaza y vi a mucha gente concentrándose allí. Vi a Black, junto a Cheren, haciéndome señas para que me acercara. Me acerqué a ellos, y miré hacia la plaza, donde un hombre, vestido con una extraña túnica y rodeado de soldados, iniciaba un discurso muy inusual. No le presté mucha atención, pero creo que trataba acerca de la liberación de los Pokemon. ¿Quién demonios querría liberar a su Pokemon voluntariamente?
Durante el discurso, la gente estuvo comentando, curiosa, acerca de lo que decía aquel hombre. Y entonces se marchó, e instantes después, la muchedumbre perdió el interés y se dispersó.
-Emm... ¿Qué fue lo que dijo?-susurré nerviosa.
-Agh, White... Dijo algo de la liberación de los Pokemon.-respondió Black.
En eso, un chico que no habíamos visto hasta ahora, se nos acercó.
-Tus Pokemon, estaban diciendo...-balbució velozmente.
Levanté la mirada. El desconocido debía de ser unos años mayores, quizá tuviese diecisiete. Llevaba el cabello verde, muy largo, cayéndote por la espalda. Tenía puesta una gorra blanca y negra, una camisa blanca sobre una camiseta negra, unos pantalones beige y unos zapatos de correr. Llevaba un extraño collar, y unos brazaletes fuera de lo común. Sus ojos grises me miraban, maravillados. Le miré a los ojos, y vi más allá de su curiosidad, encontrándome con secretos demasiado cerrados como para abrir, y una pregunta en mi interior:¿Quién es? No me parecía haberlo visto en el juego, pero aquel cabello verde me sonaba familiar.
-Oye, hablas demasiado rápido. ¿Cómo es eso de que los Pokemon hablan?-preguntó, tajante, Cheren.
-Cheren...-le dijo Black, como para tranquilizarle.
-Oh, cierto. Ustedes no pueden oírles, pobrecitos. Me llamo N. Y, siendo honesto, me sorprende el vínculo que comparten con sus Pokemon.-dijo el joven.
Por supuesto. Tenía que ser N. El hablador de los Pokemon. Aunque en el exterior fuera mayor que yo, habían cosas que lo volvían un niño en el interior.
-Oh, bueno, yo soy Cheren, el es Black, y ella es White.-dijo Cheren, señalando a cada uno de nosotros mientras decía nuestros nombres.
-Interesante. Disculpa, White, ¿es ese tu nombre? Quisiera batallar contigo. Quiero oír a tus Pokemon de nuevo.-me pidió N.
-Yo... ¿Supongo?-respondí, un tanto insegura. Aquel chico no me infundía mucha confianza.
-¡Muy bien!-gritó. Luego, agregó en un susurro-aprovecha mientras puedas, pues cuando sea rey...
-¿Qué has dicho?-le pregunté, segura de haberle oído añadir algo.
-Nada.-dijo, soltó una risa y liberó a Purrloin de su Pokeball.
-¡Te he oido!-grité, liberando a Zorua.
-Oh...-susurró. Parecía haberse deprimido levemente cuando le liberé.
-¿Sucede algo?-preguntó Black.
-Oh, nada... Es que Zorua me ha recordado a un viejo amigo.-murmuró.
-Bueno, a pelear.-dijo Cheren.
A pesar de que Purrloin nos dio un buen dolor de cabeza con Rasguño, finalmente pude vencerle.
-¡No sabía que los Pokemon pudieran decir eso!-gritó, emocionado.
-Y yo no sabía que los Pokemon hablaran. Ambos aprendimos algo, sabelotodo.-reí, jadeante.
-Bueno, White, todo un gusto pelear contigo, pero debo preguntarte algo.
-Dime.-dije, tomando a Zorua y acariciandola.
-¿Por qué estás viajando?-preguntó.
-Para completar la Pokedex.-respondí, tranquila.
-Ah. Entonces tendrás que confinar a cientos de Pokemon en Pokeballs para lograrlo.-dijo, frío de repente.
-¿Pasa algo?-pregunté, preocupada por su cambio de personalidad brusco.
-White, ¿qué opinas acerca de la liberación de los Pokemon?
-Bueno, los Pokemon y los humanos somos felices juntos. No veo por qué habríamos de separarnos.-dije, metiendome las manos en los bolsillos del short.
-White, los humanos maltratan a los Pokemon, les obligan a hacer lo que ellos no desean.-susurró, duro, acercandose mucho. Empezé a hiperventilar: estaba muy cerca, podría inclinarse un poco más y nuestros labios se juntarían en un beso.
Me ruborizé ante este pensamiento y le empujé levemente.
-N, no todos los humanos los maltratan.-susurré, cruzandome de brazos.
-En eso tienes la razón, pero la mayoría los obligan a hacer trabajos forzados.-siguió en su susurro.
-Eso no es cierto.-dije, alejandome de él y corriendo hacia Black.
-Hasta que los Pokemon no sean liberados, el mundo seguirá siendo un lugar mezquino.-dijo, alejandose por la calle contigua.
-No me da buena espina, White...-me dijo Cheren.
-A mi tampoco, hermanita.-corroboró Black. Él sabe por qué lo dice, y yo también.
Me sonrojé levemente, pero sentía como mis mejillas ardían. Black me miró con una cara burlona.
-Está oscureciendo, pero podemos llegar a Striaton City antes de las nueve si nos apresuramos.-dijo Cheren, consultando su reloj de muñeca.
-Bueno, sigamos.-respondí.
Avanzamos hasta la Ruta 2, donde mi videomisor empezó a sonar.
-¿Mamá?-pregunté al verla aparecer en la pantalla.
-White, ¿podrías, uff, podrías detenerte un segundo?-jadeó.
Nos detuvimos justo a tiempo de verla aparecer por detrás de nosotros, cargando dos cajas.
-White, Black... Uff, les he traído... Esto...-gritó, entregandonos las cajas. Eran unas deportivas para cada uno: para mí unas botas cafés hasta la rodilla, para Black unos zapatos de correr.-se los había comprado hace no mucho. Los encontré limpiando tu cuarto.
Me quité las femeninas pero incómodas zapatillas y me puse las cómodas botas. Igualmente hizo Black. Nos despedimos de mamá y seguimos hacia Striaton City, es decir, el Primer Gimnasio.
La oscuridad nos cubrió a mitad del camino. La noche veraniega era fresca. Nos detuvimos en un claro lleno de flores de colores y espigas de trigo. Decidimos acampar allí, cada uno con su tienda. Me encerré en mi bella tienda blanca y, después de escribir todo lo sucedido aquel día en mi diario, me quedé dormida dulcemente, abrazando a Zorua.
Mi primera noche en un videojuego.
