Lo siento! En serio! Ultimamente he tenido demasiados exámenes. No he tenido Nada de tiempo para escribir. I'm so sorry, chicos!
Este cap es mas corto, pero aun así espero les guste. Besos!
~KtlollipopEl prado, húmedo por el rocío, brillaba por la luz que Lampent emitía, levitando junto a nosotros, que estabamos sentados en la hierba.
Conversabamos.
-...Y, bueno, lo he pensado, pero... Creo que podría llegar a usar tu camisa blanca aunque seas dos años mayor que yo, si lo necesitara.-le decía yo. N estalló en carcajadas. Sus cabellos verdes se sacudieron en respuesta, junto con su cuerpo.
-Okey, okey... Ahora preguntame algo tu.-susurró a mi oído, cuando se calmó.
-¿E... Esto es una cita?-susurré a mi vez, sintiendo que mis mejillas ardían.
-White...-murmuró, acercandose y rodeando mis hombros con su brazo derecho.
Quedamos así por un largo rato. Apoyo mi cabeza contra su pecho, descansando mis sedosos cabellos sobre su camisa. N acarició mis rizos, jugueteando con ellos como lo haría un niño pequeño: suave, pero firmemente.
-No me has respondido...-murmuré después de un rato.
N me miró con sus bellos ojitos enigmaticos. Instantes después, me incliné y le di un beso en la mejilla.
-¿Es así como los humanos expresan su afecto?-preguntó, sonrojado.
-Así es...-susurré, timidamente y sonrojadisima.
N se inclinó hacia mi y me dio un besito en la mejilla.
-¿Fue eso... Un beso?-preguntó, ahora en voz baja, nuestros rostros muy cerca.
Solté un suspiro y respondí, bajando la cabeza.
-Si.
-¡N, mira esto, mira!-gritó entonces una niña rubia entrando al claro. Debía de tener unos ocho años. Sus cabellos dorados le llegaban a la cintura, y sus grandes ojos azul zafiro reflejaban emoción. Llevaba un delicado vestido blanco de amplias mangas, que le llegaba hasta las rodillas. Tenía ademas un collar de pequeñas gemitas. Iba descalza y llevaba entre las manitos un arpa dorada. Llevaba colgado de la espalda un carjac de flechas doradas con un arco del mismo color.
-¡Hylia! ¿Pero qué estas haciendo aquí?-gritó N, ruborizado.
-Queria mostrarle a mi hermano mayor N la nueva canción que me enseñó Crystal-dijo, riéndose, la pequeña. Entonces, acercando los deditos a las cuerdas, empezó a tocar con una maestría insuperable una bella melodía, lenta y armoniosa. Al final, las notas se alentaban un poco, pero eran mas agudas, dando la impresión de algo que hubiera hecho cambiar la canción.
-Oh, Hylia, es hermosa.-susurró N.
-Crystal la ha llamado "La balada de la Diosa". Aún no entiendo porqué le ha puesto ese nombre.-dijo Hylia, sentandose en mis piernas.
Entonces unas nubes negras cubrieron las estrellas. Un espeso humo nos rodeó, impidiendo que viera mas allá de Hylia. La pequeña me abrazó, asustada.
-¿Qué sucede, White?-susurró, con los ojos llorosos por el humo.
-No lo sé. ¿N? ¡N, no te vemos!-llamé, abrazando firmemente a Hylia. Entonces, una luz proveniente de la derecha nos iluminó, y la silueta de un chico de mi edad acompañado por la silueta de un Zoroark apareció.
-¡HYLIA!-grité, sudando, antes de darme cuenta de en donde estaba. Estaba en mi tienda, arropada por una manta. Zorua estaba lamiendome el rostro.
Todo había sido un sueño.
Momentos después, Black entró a mi tienda.
-¿Estás bien, White?-me preguntó, conciliador.
-Eso creo. Tuve una pesadilla, pero ya pasó.
-¿De qué trataba?-cuestionó, curioso.
-No tiene importancia.-susurré, ruborizada.
-Oh, ya sé sobre qué soñabas... ¿O debería decir sobre quien?-rió, con una sonrisita complice en sus labios.-tranquila, nadie se enterará.
-Gra...Gracias, Blacky.
Salimos al aire libre y encendimos una fogata. Me preparó un poco de chocolate caliente y me arropó con una manta. Luego, volvió a entrar a su tienda, de color negro.
Justo entonces, una dulce melodía resonó desde la lejanía. Como hipnotizada, seguí la rapida musica, hasta que llegué a un prado lleno de flores azules. En el centro, sobre un círculo de piedra, una niña tocaba el arpa dorada para un grupo de Pokemon: un Buneary, un Cubchoo, una bandada de Pidoves y Tranquills, y una pequeña criaturita bailarina que mi Pokedex, desde lejos, identificó como Meloetta.
La niña de ocho años tenía sus cabellos dorados recogidos en una cola alta. Su carjac de flechas estaba colgado en su espalda. No llevaba el vestido blanco del sueño, sino una blusa blanca y una falda de blue jean, llena de pliegues. Llevaba el collar. Además, sus ojitos azules estaban cerrados, concentrandose en la melodía.
Me adentré en el claro, pero tropecé con una rama y todos los presentes, incluyendo la pequeña, voltearon a verme, deteniendo lo que estuviesen haciendo. Los ojos azules de la chiquilla me miraron, curiosos pero asustadizos. Temerosa, bajó de la plataforma y retrocedió unos pasos.
-¿Quién eres?-susurró, asustada.
-¿Hylia?-susurré yo a mi vez, incrédula. La niña del sueño era ella.
-¿Quién eres? ¿Y cómo sabes mi nombre?-preguntó, decidida, sacando el arco y algunas flechas de su carjac. Apuntó hacia mi, cuando otro ruido hizo que se volteara.
-Hylia, ¿qué haces despierta a esta hora?-preguntó, enfadada, otra chica, surgiendo de detrás de ella. Llevaba una bata de dormir azul celeste. Sus rizos castaños tenían mechones de colores rojos, verdes y azules. Obviamente era mayor, tenía quizás trece años. Tenía una belleza sobrehumana.
-¡Crystal! Yo... Estaba practicando... La canción...-tartamudeó la pequeña Hylia.
-¿Quién es ella?-preguntó. Sacó de su espalda una impresionante y bella espada azul. Acercandose a mi velozmente, me apuntó la punta de la hoja y la colocó junto a mi cuello, repitiendo la pregunta-¿Quién eres?
-Yo... Yo soy White...-tartamudee. Palidecieron ante la mención de mi nombre.
-¿White? Es imposible...-susurró Crystal.
-Sólo había pasado una vez...-murmuró Hylia.
Ambas bajaron sus armas.
-White, es, es un honor.-tartamudeó Crystal. Hylia se acercó a mi y me abrazó, en la forma en que una niña abraza a su hermana mayor. Crystal sacó de su espalda una vaina, y guardó la espada en ella. Acto seguido, me la tendió.
-Es para ti. Antaño te pertenecía. Lo que antes fue de un heroe, que lo sea ahora tambien.-susurró.
-White, nadie debe saber acerca de esa espada.-mencionó Hylia.
-¿Quienes son ustedes?-pregunté, atemorizandome yo.-Soy Crystal, la maestra de Hylia. Es algo IRRESPONSABLE y DESCUIDADA.-dijo Crystal, en su explicación, mirando fijamente a Hylia.
-No me da risa, Crystal.-dijo entre dientes la menor, cruzando los brazos.
-¿Qué hora es?-pregunté a la Diosa.
-Deben de ser las seis. Ya está amaneciendo...-respondió Crystal, mirando al cielo.
-Bueno, ya tengo que irme. Me voy a mi campamento. Mi hermano debe de estar despertando...-dije, tomando la espada de las manos de la Diosa y guardandola bajo mi manta.
-¿Tienes hermano? Debe de ser...-empezó Hylia,
-¿White, donde estas? Es hora de irnos a Striaton City.-gritó Black, entrando al claro e interrumpiendo.
-Él es tu hermano, ¿no?-susurró Hylia.
-¿Quienes son, White?-preguntó Black, más curioso que asustado.
-Ellas son Hylia y Crystal, Black.-respondí.
-Un placer, pero YA tenemos que irnos, White. Cheren no nos esperará eternamente. Hasta luego, chicas.-dijo Black, arrastrandome hacia el campamento.
-¡Adios!-gritó Hylia mientras nos alejabamos, sacudiendo las manos en despedida.
Llegamos al campamento cuando Cheren estaba terminando de recojer su tienda. Bel había llegado y estaba sentada junto al fuego.
-¡Hola!-gritó, saltando de donde estaba y abrazando a Black. Le dió un beso y me abrazó. Lentamente movió la mano hasta su bolsa, y sacó una Pokeball.
-Llegaron. ¿Donde estaban?-dijo Cheren, levantando la mirada.
-Esta loca estaba en un claro con unas niñitas-dijo Black.
-No estoy loca, Black-gruñí.
-Ay, vamos. Sigamos hasta Striaton City.-reí, recogiendo mis cosas. Tomé mi bolsa y saqué a mis tres Pokemon: Lillipup, Pidove y Zorua.
Seguimos caminando por la ruta, y finalmente llegamos a Striaton City, donde empezaba a amanecer.
