Capítulo 5: Agitando la marea

-Argg… ¡Eso arde mujer!- bramó Inuyasha

-¡Sería más sencillo de dejaras de moverte tanto!- exclamé con una botella de alcohol de la mano derecha.

-¡Ya te dije que no lo necesito!

-No me vengas con eso ahora…así que deja de llorar, Inuyasha.

Inuyasha refunfuñó por lo bajo y frunció el ceño aun más, si es que era posible. Tal vez supiera que su batalla estaba perdida conmigo o que en realidad precisaba ser curado. Además, necesitaba encontrar una forma de disculparme con él, porque, de alguna manera, lo que le pasaba ahora era culpa mía.

Por la tarde, mientras regresaba de la escuela, había sido atacada por una parvada de aves invocadas. Inuyasha llegó antes de que cualquier ave me rozara incluso con el viento y logró desviarlos a las afueras de la ciudad, donde nadie pudiera ver tales monstruos, o los dotes casi magistrales que él poseía para luchar. Con un solo movimiento había logrado deshacerse de la mayoría, pero una parvada más lo tomó por sorpresa, haciéndole una herida en el brazo izquierdo.

No había sido muy difícil terminar con el resto, y a pesar de que me insistiera que la herida se iría en unos días, pude convencerlo de que me dejara curarlo, llevándonos a esta situación.

Pasé de nuevo el algodón mojado sobre la herida, e Inuyasha casi suelta un alarido. Tuve que contenerme mucho para no dejar una carcajada. Era poco decir que la situación me estaba dejando más que satisfecha, aunque él se quejara como un niño y me mirara con ojos de odio.

¿Cada cuando tenías la oportunidad de tener a tal merced a tu guardián?

Dejé el algodón a un lado y claramente pude ver la cara de alivio de Inuyasha. Después tomé una venda y la enredé en su brazo con cuidado. No quería que volviera a abrirse.

-¿Ves? No fue tan difícil- mascullé con los brazos en la cintura.

Él me envió una mirada reprochante, y tuve que aguantar una serie de risas nuevamente. Tomé los utensilios usados de la mesa y fui directamente al baño a guardarlos, sintiéndome incapaz de ver esa cara acusadora sin poder contenerme, y, sinceramente, comenzaba a ponerme nerviosa. Él me siguió, pude escuchar sus pasos en conjunto con los míos, y temí que hubiera visto la sonrisa que no pude contener antes de girarme. Si era así, podía comenzar a orar y buscar el escondite más cercano.

-Así que te parece gracioso- dijo con aires superiores –espero que lo siga siendo cuando decida dejarte unos cuantos pajarracos a ti la próxima vez.

Lo sabía.

Giré lentamente sobre mis talones, una vez que abandoné las cosas dentro del toallero de madera chocolate, y lo miré fijamente unos instantes. Tenía los brazos cruzados sobre su pecho y el ceño fruncido sobre esos ojos que apuntaban insistentemente hacia mí, como pequeñas cuchillas de oro. La manga de su brazo izquierdo estaba doblada dejándome ver el vendaje y su cabello estaba un tanto desalineado. Entonces no pude evitar pensar que se trataba sólo de una rabieta de niño pequeño.

-Sé que no hablas enserio- dije muy confiada, dirigiéndome a la cocina –te tomas muy enserio tu papel de guardián.

Bufó y dio media vuelta, hacia la habitación que habíamos remodelado hace una semana y ahora le pertenecía. Lo escuché murmurar algo como "No abuses de tu suerte, niña", y después bastó un portazo para dejar un completo silencio en el departamento.

Sonreí.

Comenzaba a acostumbrarme al mal carácter de Inuyasha, y, cuando lo conocías, dejaba de molestarte tanto. Aunque eso no evitara que peleáramos constantemente por cosas vánales. También podía sacarme de quicio de vez en cuando, lo aceptaba, después de todo él no era un algodón de azúcar ni yo un niño hambriento.

Comencé a hacer la cena. Debía admitir que últimamente pasaba mucho tiempo en la cocina por las tardes, intentando llevar algo diferente a la mesa cada noche. Había usa incluso un par de recetarios que mi madre había metido en la caja de la vajilla por "error", y me aprendí de memoria una que otra receta que me parecía apetitosa en la ilustración. No era voluntad de buena samaritana cocinar algo de su agrado ¡Para nada!...Y no tendría que hacer eso si él no hubiera dicho, con su tacto tan poco atendido, que mi comida era insípida.

¡Insípida!

Me vi tentada a golpearlo, pero no lo hice. ¿Qué culpa tenían mis puños de que mi guardián fuera un cabezota?

¡Ninguna!

Miré mi reloj de muñeca y tomé después los guantes de cocina. Esta sería noche de comida Italiana, y que mejor que Lasaña Boloñesa. Cuando estuvo lista miré satisfecha mi obra, no sin antes asegurarme de esconder bien ese libro entre la alacena. No necesitaba que él supiera de su existencia…pensaría que hacía trampa con la comida.

Lo llamé a la mesa y él salió a regañadientes. Pude ver a primera instancia que seguía enojado conmigo por haberlo torturado con el alcohol, pero pareció disiparse esa ira cuando comió el primer bocado. Yo lo miré esperando una aprobación, pero él no dijo nada y siguió comiendo mientras sentía una vena salir en mi cabeza.

-¿Qué te parece?- pregunté haciéndome la inocente. Él me miró por unos momentos después de llevarse un buen bocado, pero no dijo nada y siguió masticando. Sonreí satisfecha.

Era demasiado orgulloso para aceptar que estaba bueno.

Comimos en silencio durante un rato. Me devané los sesos buscando un tema de conversación que terminara con esa desesperante calma, como lo que había hecho hoy en la universidad, o alguna plática interesante con mis amigas. Algo difícil cuando lo tenía las 24 horas vigilándome de cerca. ¡Él lo sabía todo! Cada minuto de cada hora de mi vida, así que me era difícil encontrar algo nuevo de que hablar.

Me quedé observando mi plato durante unos momentos. El ambiente comenzaba a ponerse tenso…tal vez sólo para mí, porque Inuyasha seguí comiendo con ganas.

-Mañana haremos una visita- murmuró casual.

-¿Visita?- pregunté contrariada, frunciendo levemente el ceño. Esperaba que mi ansiedad por comenzar una conversación no luciera desesperada.

Él asintió después de limpiarse con una servilleta. Sus modales al comer no eran muy buenos después de todo.

-Iremos a visitar a la anciana Kaede…esa vieja bruja me debe explicaciones- bramó y continuó comiendo, ahora un poco más aprisa. Yo no pude sostener mi duda.

-¿Quién es la anciana Kaede?

Él me miró de nuevo, pero sólo fue un instante corto, suficiente para agitar mi corazón. No lograba averiguar qué contenía su mirada para dejarme en ese estado con tanta facilidad. Tomé un sorbo de agua para disimular un poco mi turbación.

-La líder del grupo- dijo con simplicidad encogiéndose de hombros.

Revolví mi comida con un tenedor, pensando, hasta que a mi mente se vino una idea.

-¿El grupo? ¿Te refieres al de hace 500 años?

Lo vi asentir y después tomar un trago de agua. Yo regresé mi mirada al mi plato casi lleno, pero no lo veía en realidad, mi mente estaba más ocupada pensando en otras cosas.

-¿El grupo original?- pregunté de nuevo, con más ganas. Últimamente Inuyasha se tomaba el tiempo para explicarme las cosas que aún no entendía, a pesar de su poca paciencia y mi gran curiosidad, debía admitir que me dejaban satisfecha sus respuestas.

Entonces levantó sus ojos dorador y los posó en mí. Yo temblé, pero esta vez era diferente. En sus ojos no había la chispa cálida y un tanto pícara de siempre, no, ahora eran brillosos pero más oscuros, y por un momento creí ver melancolía en ellos, como las veces anteriores en que lo observaba sin que él lo notara. Algo en mi interior se removió. Olvidaba que él no pertenecía a esta época, seguro que el recuerdo de su tiempo, sus compañeros, lo hacía regresar al pasado, cuando un ruin ser lo había maldecido y lo había hecho viajar en el tiempo sin reglas ni control.

-Sus descendientes. La maldición sólo me afectó a mí.

Lo vi suspirar con disimulo, como si no quisiera que yo lo viera. Pero lo vi. Y me fue imposible no sentir odio al ser que lo había afectado tanto, aunque a él le encantara jugar a ser el fuerte. Así lo veía yo: un chico arrogante y orgulloso que no quería ayuda del mundo, sin embargo se encontraba solo.

No tenía por qué ser así.

Terminamos de comer y me dispuse a lavar los platos mientras él veía televisión en la sala. Estos últimos días, aparte de la escuela y la caza de demonios que iban tras de mí, me había dado tiempo para desempacar lo restante y llamar unas cuantas veces a mi casa. Mi hermano había llegado hace poco, y estaba ansioso por conocer mi nuevo hogar. Yo no estaba lista aun para que conocieran a Inuyasha.

Bankotsu fue un caso especial fuera de mis manos.

Era ahora cuando no podía dejar de pensar en los hechos que me habían llevado a donde estaba, con una persona que hace sólo unos días no eran más que un desconocido de ojos dorados, mi mejor amigo molesto conmigo por creerse "engañado", mi madre nerviosa y sospechando que algo ocurría, y a mí sin importarme un bledo lo anterior. Tal vez era egoísta no pensar en lo que pudieran pensar los demás, más incluso si esas personas me importaban mucho, pero la situación era peligrosa y no iba a arriesgarlos por no querer sentirme sola. Poner distancia me pareció la mejor opción. Además no estaba del todo sola…Inuyasha estaba conmigo.

-.-

-¿Seguro que es aquí, señorita?

Miré a Inuyasha un momento y él asintió.

-Por supuesto- respondí segura.

Pagué al conductor la cantidad correcta y bajé del Taxi. Inuyasha ya me esperaba abajo.

Sinceramente también estaba un poco confusa, pero no dije nada. Nos habíamos detenido en un camino de tierra, un tanto alejado de la ciudad, donde no nos rodeaba nada más que verde vegetación y árboles tan grandes que apenas dejaban pasar la luz del sol para que no pareciera tan lúgubre.

Me dediqué a revisar el perímetro en busca de algo familiar, mientras Inuyasha seguía con la mirada al taxi que ahora se alejaba rápidamente dando tumbos por el camino rocoso.

-¿Qué sucede?- pregunté mirándolo fijamente. Él no me veía a mi.

-Es muy diferente a los autos que recuerdo.

-Supongo que han avanzado mucho desde la última vez que saliste.

-Sí, supongo que si- dijo encogiéndose de hombros.

Inuyasha salió del camino por el que unos instantes de había ido el taxi, y se adentró al bosque, viendo y tocando algunos árboles, como si los saludara, aunque solo acariciara la corteza. Yo me dediqué a seguirlo mientras veía lo que hacía, sin hacer más ruido que el que provenía de mis pisadas.

-¿Estás seguro que es por aquí, Inuyasha?- pregunté siguiendo torpemente sus pasos entre la maleza.

-Seguro. Me encargué de marcar algunos árboles para guiar el camino, pero han crecido y casi no puedo ver las marcas.

Me quedé viendo un rato un árbol que él acababa de tocar, sin encontrar nada. A menos que las marcas fueran invisibles para ojos normales como los míos, en esos árboles no había nada, y sin embargo lo seguí por el camino que no parecía tener fin, porque delante de mí se alzaban más y más árboles que él tocaba antes de avanzar.

-No veo ninguna marca- mascullé cuando me cansé de intentarlo.

-Claro que no, no sería tan tonto para darle la ubicación al enemigo.

Tocó otro árbol cuidadosamente y después sonrió, pero esa sonrisa se desvaneció casi al instante, como siempre. Volteó a verme y con un movimiento de cabeza señalo que me acercara. Yo lo hice, acercándome lo suficiente, intentando ver lo que sea que él veía, sin resultado de nuevo. Lo escuché resoplar, y su aliento chocó contra mi sien, dejando pequeñas descargas eléctricas recorrerme de pies a cabeza. Después tomó mi mano y la condujo a donde él tocaba.

Mientras tanto no pude evitar comparar el tamaño de su mano con la mía, siendo una gran diferencia. Sus dedos palparon sobre los míos hasta que dieron con un orificio no muy profundo en la corteza, donde podría caber perfectamente el dedo de Inuyasha.

-¿Lo sientes?

Asentí un poco turbada aun. Él alejó su mano de la mía dejando un leve calor y sensación de cosquilleo que tuve que frotar para que desapareciera. ¿Qué era eso? De pronto me tocaba y sentía que había perdido el suelo, y me irritaba no saber lo que sucedía. Tal vez era su porte imponente y altivo, o su intolerable confianza, o porque simplemente su piel siempre estaba caliente.

-Bien. Así sabrás a donde dirigirte en caso de que sea necesario.

Me giré rápidamente hacia él, temblando ante lo que sus palabras provocaron en mí, ya que, traducido a un idioma comprensible, eso significaba "ven aquí si fallo y no puedo protegerte". Lo miré con el ceño fruncido mientras nos abríamos paso entre la maleza. Simplemente no podía imaginar que él no pudiera cumplir con su deber, como quedar gravemente herido o, en el peor de lo casos, morir. Y la idea me resultó terrible, porque detestaba la idea de que alguien saliera herido por mi culpa, pero más importante, odiaba el saber que no podía hacer nada para evitar que él se arriesgara para protegerme.

Seguimos avanzando en silencio. De nuevo el único sonido eran mis secos pasos acompañados de unas cuantas aves cantando. Estuve a punto de tropezar con una roca, pero me sostuve de la rama de un árbol pequeño a mi lado.

Lo escuché reír.

-¿Qué es tan gracioso?- mascullé frunciendo el ceño. Me miró divertido sobre su hombro.

-Nada en especial- dijo y siguió con su camino tranquilo. Me vi tentaba a lanzarle la piedra que me hizo tropezar, pero me contuve. Últimamente hacía uso excesivo de mi auto-control.

Lo seguí por detrás, asegurándome de mirar donde pisaba. No quería que siguiera burlándose de mi torpeza, ya suficiente tenía con que volteara a verme constantemente para asegurarse de que siguiera en pie. Enrojecí de vergüenza.

Pasamos un árbol que parecía viejo y fuerte, sus hojas danzaban con la brisa fresca y su sombra enorme se asentaba feliz sobre nosotros. Me pasé el antebrazo por la frente y sonreí. Inuyasha me guió hasta lo que parecía ser el final del camino y abrió los arbustos con sus manos, dejándome pasar primero entre ellos.

Lo primero que pude ver fueron enormes muros rodeados de árboles y árboles, de flores de distintos colores. Después, una rejilla que bien podría alcanzar los cuatro metros de largo, al final de un camino hecho de piedrecillas lisas.

Recordé los castillos enormes, con torres llenas de guardias listos al ataque de cualquier sospechoso, pero no fue así, ya que Inuyasha abrió la rejilla sin esfuerzo alguno. Yo seguía esperando a los guardias.

Caminamos por un jardín de hermosos colores y olores, con flores y vegetación muy diferente a la que la rodeaba. Parecía tan lleno de vida que quise tumbarme en el pasto, pero debía recordar para qué estábamos ahí.

Frente a nuestros ojos se alzó una enorme mansión que brillaba con el reflejo del sol, coronada por una puerta grande de madera que no parecía nada débil después de escalones de lisa piedra clara y ventanales grandes con las cortinas corridas que dejaban ver arreglos florales dentro de jarrones de porcelana pintados con delicadeza. Pude notar algunas personas barriendo hojas o podando árboles, sin percatarse de nuestra presencia, hasta que un anciano, un poco encorvado y de aspecto amable, miró hacia nuestra dirección y comenzó a correr, con todo lo que sus piececillos pudieron ofrecerle.

-¡Señor Inuyasha!- gritó desde lejos. Inuyasha soltó un suspiro hacia el hombre alegre que se aproximaba a nosotros –Oh, señor Inuyasha…¡Qué sorpresa!...no creía que fuera usted, pero concuerda perfectamente con las descripciones.

Miré extrañada al viejecillo y después a Inuyasha, que permanecía serio e impasible.

-Tú debes ser Myoga- mencionó

-Me alegra saber que me reconoce…hemos esperado por tanto tiempo su llegada- abrió los ojos como si recién recordara algo- pero que mal educado, Myoga maleducado…debería invitarlos a pasar…seguro no seré el único que se alegre con su presencia, amo.

Seguimos al hombre al interior de la mansión. El decorado era simplemente hermoso, de colores pasteles sin dejar lo rudimentario y elegante. Entramos a una habitación con buena vista a gran parte del jardín, donde Myoga nos dijo que esperáramos a la anciana Kaede, la líder del grupo.

Inuyasha estaba más serio de lo normal. Desde que llegamos no había mencionado más que unas cuantas palabras al hombrecillo, y después, como si estuviera prohibido, no había hecho ningún comentario además. Por otro lado su rostro, que intentaba ser serio, mantenía levemente el ceño fruncido, como si estuviera ansioso o preocupado. No pude más que concluir que estaba nervioso.

No pasó mucho tiempo antes de que una mujer de aparentes cincuenta, con el cabello largo y blanco, entrara a la habitación, inspeccionando con inusitado detalle a Inuyasha.

-Valla…así que eres tú- dijo la mujer con una voz suave y calma –estaba acostumbrándome a la idea de no verte en toda mi vida. Inuyasha. El guardián Inuyasha.

Inuyasha hizo una mueca con la boca, arrogante, como sólo él era. Sus brazos estaban cruzados sobre su fuerte pecho, que subía y bajaba ligeramente más rápido de lo normal, y sus ojos dorados escrutando a la anciana frente a él, como si intentara recordarla.

-Tú debes ser Kaede- murmuró mi guardián, mientras su mirada se suavizaba ante las facciones de la mujer –no eres muy diferente a la que recuerdo.

-Me alegra que digas eso…entonces nuestro trabajo no fue hecho para nada- caminó lento hacia los sillones de lino y se sentó, haciendo una seña con su mano para que la imitáramos. Lo hicimos. Ella continuó –pero, supongo que no has venido a hacerme cumplidos.

Inuyasha asintió.

-Te escucho.

-He venido por ella- Inuyasha me señaló indiscretamente con el dedo.

Sentí ambas miradas sobre mí, y no pude evitar encogerme en mi sitio, como si hubiera cometido alguna travesura. No me sorprendía que la razón de nuestra visita tuviera que ver conmigo, lo que me intimidaba era la manera de verme de aquella mujer, que parecía recién enterada de mi presencia. Aun así intenté no desviar mi mirada y verme como alguien madura.

-Y ésta jovencita es- murmuró la mujer desconcertada.

-Kagome Higurashi- contesté automáticamente, antes de que Inuyasha hiciera algún comentario.

-La nueva reencarnación de Midoriko- continuó él algo molesto. Yo no podía comprender el porqué de su enfado que parecía haber iniciado desde que puso el primer pie en la residencia.

Kaede regresó su mirada hacia él, ingenua por sus palabras.

-Reencarnación de Midoriko? ¡Eso es imposible!...no hemos recibido señales de una nueva reencarnación…si así fuera, ya lo sabríamos.

-¿Cómo explicas entonces que yo esté fuera del libro?

-¿Quieres decir que esta niña te liberó del encantamiento?- exclamó asombrada la mujer. Ambos regresaron su mirada hacia mí, la primera escrutando mi rostro firmemente, y el segundo esperando que no me perdiera ninguna parte de la charla que él aseguraba importante.

Kaede comenzó a negar un par de veces, después se levantó y comenzó a dar vueltas por la habitación. Bufó un par de veces y se giró nuevamente hacia nosotros.

-Es cierto que el parecido que hay entre- dudó un momento antes de decir mi nombre –Kagome, y la anterior reencarnación es sorprendente, pero eso no quiere decir que lo sea…nunca había existido algo así de todas maneras.

-¿Olvidas que soy yo quien puede sentirla? No hay duda en que ella lo es…¡Y no sabe nada!...no tiene la más remota idea de lo que es- masculló mi guardián.

No pude evitar sentirme ofendida con su comentario, pero sobre todo me sentía como la persona que se enreda en la historia por pura casualidad. Estaba claro que mi ignorancia estaba trayéndole problemas a Inuyasha, y lo lamentaba. No obstante, me había esforzado por aprender lo mayor posible sobre él, su mundo, y la historia tan remota que me antecedía.

De pronto fue como si un balde de agua fría me cayera sobre la cabeza. No importaba cuan dentro estuviera en la trama, o las reencarnaciones que me acontecían, incluso si mi alma era la esencia de Midoriko, jamás podría ser parte, porque mi intromisión no había sido trazada en el mapa, no era planeado que yo estuviera ahí ahora.

Pero lo estaba.

-Calma, Inuyasha…estoy segura que debe haber una explicación razonable para lo que está sucediendo…me encargaré de buscarlo en los diarios de los ancestros…mientras tanto debes tranquilizarte, tal vez no sea tan malo como parece.

-Explícate, anciana- demandó él.

-Pues…si nosotros no estábamos enterados de que una nueva reencarnación de Midoriko estaba pisando esta tierra de nuevo, puede que Naraku tampoco lo sepa aun, eso nos daría tiempo para entrenarla y ponerla al tanto.

-Tengo razones para pensar que Naraku ya está enterado de esto- bramó mi guardián con los brazos cruzados.

-Imposible!- masculló Kaede.

-Quién es Naraku?- no pude evitar preguntar. Sentía que me quedaba cada vez más fuera de la historia, cuando, prácticamente, se trataba de mí.

Kaede se sentó de nuevo frente a nosotros, con el semblante más relajado, incluso llegó a mirarme con familiaridad y dulzura que no rechacé. Carraspeó un par de veces para aclarar su garganta.

-Naraku es la transformación de Onigumo- dijo algo sombría.

Hice memoria sobre la historia que me había contado Inuyasha cuando recién lo conocí, identificando dónde entraba él.

Myoga llegó en ese momento con tres tazas de té de durazno que nos repartió. Se hizo silencio mientras tanto.

-Se refiere a la persona que descubrió que podía crear nuevas perlas con el alma de las sucesoras?- dije finalmente cuando Myoga se retiró.

-Veo que estás bien enterada de la historia…bien…Onigumo era una persona ambiciosa y con grande sed de poder, pero como sabes, la perla solo funcionaba con demonios, o parte de ellos- le envió una mirada fugaz a Inuyasha, que bufó por lo bajo –así que le vendió su cuerpo a los demonios para que se fusionaran con su carne, y así crear al ser llamado Naraku…sin poder evitar convertirse en un ser híbrido.

-Híbrido?- pregunté curiosa.

-Un ser que no es humano ni demonio…sólo la mitad de ambos- respondió Inuyasha tajante -un hanyou, como yo.

Desee haberme mordido la lengua. Obviamente el hecho de ser un hanyou era algo que lo tenía intranquilo, no desde ahora ni desde ayer, sino desde hace mucho. Años tal vez.

-Escucha, Kagome- habló Kaede, sacándome de mis cavilaciones –tal vez ahora todo te parezca extraño, incluso podrás sentirte desconectada con lo que sucede aquí…pero debes confiar en nosotros, te ayudaremos en todo lo que esté a nuestro alcance. Ahora eres una de nosotros…y nosotros nos protegemos.

Kaede me sonrió de la manera que necesitaba, como si estuviera enterada de mis pensamientos en toda la charla y quisiera reconfortarme. Sonreí de igual manera, sintiendo menos temor en mí. Quizás ser atacada por una par de hombrecillos nada peculiares no había sido la mejor manera de enterarme de todo, pero había ayudado a mi mente socarrona a entender de una vez…o de lo contrario, seguiría con un intruso en mi cocina que se roba el café de la alacena.

La tensión se fue de momento…o era sólo yo?...como sea, ahora hablábamos de trivialidades sin sentido…las rosas, el aire, el clima, el nuevo mobiliario, la mansión (que llamaba absurdamente humilde). Parecía que Inuyasha estaba más relajado también, eso porque su típico humor (si, ese arrogante y pretensioso) había vuelto, junto con un ceño menos fruncido.

El té de durazno por fin hizo su efecto y me disculpé para ir al baño, en el trayecto le dedique tiempo a revisar más minuciosamente los hermosos detalles de la mansión, que parecían cambiar con cada habitación. Descubrí que el aroma dulce provenía de las rosas frescas en las rinconeras, y me detuve a admirar su inusual color.

Al regresar, de entre la puerta blanca de roble medio abierta, distinguí las voces de Inuyasha y Kaede charlando seriamente.

Seguro debía anunciar mi regreso.

Tal vez sí, pero no lo hice. En cambio permanecía callada detrás. Sabía que estaba mal husmear, siempre me lo habían dicho, pero parte de esa conversación llamó mi atención. Sabía que Inuyasha no me lo diría aunque se lo preguntara…me ocultaba muchas cosas aun.

-Seguro que no estás aquí sólo para enseñarme a la muchacha…o acaso me equivoco? - murmuró Kaede, tan seria y vana como al principio.

¿Estaría fingiendo hace un rato? Seguro notó mi incomodidad. O yo sacaba conclusiones de nuevo.

-Vaya que eres perspicaz, anciana- masculló mi guardián, con algo de burla.

Hubo un silencio que me pareció eterno. ¿Qué pasaba allá adentro para mantenerlos tan callados? Deseaba ver sus rostros para saber de qué se trataba. La espera no ayudaba a tranquilizarme. Quizá me habían descubierto husmeando en la conversación, pero tampoco había movimiento. ¿Qué era eso que me tenía tan impaciente? Escuché un suspiro, tal vez de Kaede.

-Sabes lo que pasa, cierto?- dijo la mujer.

-No…pero es de imaginar…a ese consejo le encantan los dramas- dijo burlón Inuyasha. Incluso pude sentir su risa socarrona en el rostro.

-¡Dramas dices!- vociferó la anciana con su cansina voz –no hablamos de una novela, Inuyasha...esto es la vida real!

Pude notar que Kaede levantaba su voz con cada palabra que emitía, casi pude sentir su respiración agitada, y ver sus mejillas rosadas y labios abiertos. Molesta, estaba más molesta. E Inuyasha, seguro permanecería con su típica pose arrogante que lograba exasperar a todo el mundo.

Pero ¿De qué hablaban? ¿Qué era tan importante para devolverles tal tensión?

Empujé mi cuerpo sobre la fría puerta de madera, sin alcanzar a moverla. Sus voces se hacían más bajas y a mí me costaba escucharlas.

-No puedo creer que estés tan tranquilo- le reprochó Kaede. Hubo un bufido, ésta vez de Inuyasha.

-No hay nada que me inquiete. Sólo deja que se les pase…

-Deja de actuar tan altaneramente!- Kaede explotó. Yo seguía cada vez más confundida –Tan pronto como sepa que has sido invocado de nuevo, el consejo vendrá a buscarte. Sabes lo que significa?...Podrían desterrarte!...dejarte en ese libro por siempre.

-¿Crees que soy culpable?- musitó tan bajo que casi no pude escucharlo.

-No…confío en tu inocencia…pero el consejo no se fiará de las palabras de una anciana oxidada-habló conciliatoriamente, estaba intentando controlar las aguas de nuevo.

-Entiéndanlo! Yo no maté a Kikyo!

Puse mis manos inconscientemente en mi boca para callar un grito inevitable. La marea vino hacia mí con fuerza y me arremetió desprevenida.

¿Acaso era una broma de mal gusto?

Inuyasha.

Mi guardián

¿Culpable por la muerte de Kikyo?

Continuará…

Hola de nuevo mis lectores y lectoras!

Después de andar desaparecida me encontré. Muchas gracias por sus reviews, la verdad me alegra el día leerlos. Y yo trataré de complacerlas cada capítulo nuevo!

Especialmente para mi amiga Sparrowniana, que ha andado detrás de mí para que subiera actualización…sé que de otra manera no haría las cosas xP

Nos seguimos leyendo!

Ángel Nocturno…