Capítulo 6: Dudas
La espesa naturaleza pasaba tan rápido por la ventana convirtiéndose en sólo una mancha verde y café, como en una licuadora. Era sorprendente que no me hubiera dormido ya, normalmente esos paisajes me provocaban sueño. En cambio mi mente vagaba y vagaba en un mismo punto, uno que había querido olvidar desde que nos despedimos de Kaede y nos alejamos de la mansión.
Me negaba a pensar o siquiera imaginar un hecho como ese…con Inuyasha siendo el culpable de una muerte desastrosa de la que no tenía idea hasta ahora. Jamás me detuve a preguntar qué pasó con mi antecesora, con la linda Kikyo de la foto en aquel baúl, la de la mirada de hielo y semblante de princesa, porque sabía que Inuyasha no habría querido contármelo aunque se lo rogara una y mil veces. Aun así pude deducir que, con Naraku vivo e Inuyasha encerrado de nuevo en el libro, el resultado fue completamente desastroso. Pero, nunca podría haber imaginado un final como ese…con Inuyasha faltando a su promesa.
Al principio imaginé que aparte del siempre deber de guardián, el vínculo que Inuyasha y Kikyo mantenían podía llegar a ser algo más sentimental que un simple contrato, tal vez una perfecta confianza o incluso amor…pero con esa nueva revelación todas mis especulaciones se habían venido abajo.
Nadie lastimaba al amor de su vida. Además ¿Qué razones tendría?
Inuyasha anhela salir por siempre de ese libro que lo tiene cautivo y ser libre, acabar con Naraku y romper la maldición…no desecharía la oportunidad con un acto como ese. La muerte de Kikyo significaba para él sumar muchos años a su prisión.
Impensable.
Impensable que él fuera el culpable, debía haber otra explicación. Quizás Naraku como última hazaña, una trampa, una jugarreta, un movimiento sucio que no les haya permitido alternativa. Pero si era así ¿Por qué Inuyasha no decía nada? ¿Por qué no se defendía? ¿Era acaso el secreto más importante que su propia libertad?
Y para todo esto ¿Quién era aquel dichoso consejo que había mencionado Kaede? Aquel que lo creía culpable y quería desterrarlo de su cargo como mi Guardián. Inuyasha jamás me había mencionado de él, tal vez porque imaginaba la tormenta que arreciaba con ellos y lo que provocaría en mí su mención…si, indiscutiblemente Inuyasha sabía lo que pasaba, y nunca dijo nada.
-¿Por qué tanto silencio?
Desperté de mi letargo como si me hubiesen dado una patada. Había olvidado que Inuyasha viajaba junto a mí, y yo lo había estado ignorando todo este tiempo. Deseaba no haber hecho ningún gesto que pudiera delatarme.
-Yo…no es nada…pensaba en que debería hacer para la cena… ¿A ti que te gustaría, Inuyasha? –comenté con tanta naturalidad como siempre, esperando que no poner al descubierto mi lucha interna.
Se llevó un dedo al mentón y miró hacia afuera, pude notar que su ceño estaba levemente fruncido…tanto que quise reír. Inuyasha podía ser del tipo molesto que insulta hasta al aire que lo toca, pero por dentro era blando…no importaba cuanto quisiera ocultarlo, siempre vería esa parte de él más que todas las demás.
Me preguntaba cuanto más cambiaría mi semblante sobre él, pensándolo al principio como un ser desdeñoso que no se preocupaba por nadie más que su persona, arrogante y extremadamente odioso…eso fue a primera instancia, pero ahora era diferente. Sabía que era su deber protegerme y cuidar de mi seguridad a cualquier precio, pero más allá de eso podía ser cálido y sincero cuando lo sentía…o cuando se le daba la gana.
-¡Algo de comida ninja!...como se llamaba…sí, ramen- dijo de improvisto, entusiasmado.
Sonreí sin pensarlo.
-Entonces, ramen será.
Su sonrisa serena y la mirada de niño me hicieron comprenderlo…Inuyasha no podía ser el culpable de la muerte de Kikyo.
-.-
Corrí la más fuerte que mis piernas me permitieron. Detrás de mí sentía los aleteos incansables de las bestias que me seguían, muy de cerca, esperando a que me detuviera o ellos pudieran darme alcance. Gemí, mis pulmones comenzaron a arder con cada bocanada incesante que aspiraba mi boca. Pero no iba a detenerme, no aun.
Ni siquiera me atrevía a mirar hacia atrás, no quería saber cuánto me habían alcanzado ya. Tan pronto como Inuyasha me dijo que huyera yo lo había hecho, sin preguntas, eso era lo que siempre me decía él. Por supuesto que yo no podía hacer gran cosa con esas bestias, y no quería estorbar en una lucha fuera de mi alcance, sólo empeoraría las cosas. Y es que ésta vez habían sido demasiados, más de lo que hubiera podido contar de un vistazo, volando hacia nosotros de improvisto.
Inuyasha se había quedado detrás, deteniendo a toda la parvada de bestias que arremetieron tan pronto como posaron sus ojos de esmeralda sobre nuestras cabezas. También habían atacado por tierra. Ahora me enfrentaba yo sola a un ave de tamaño colosal…y eso no me iba a detener, no cuando mi guardián luchaba contra montones de ellos…quería que supiera que también podía ser de ayuda de vez en cuando.
Las farolas de la calle apenas iluminaban el adoquín, mis pasos resonando sobre el concreto, convirtiéndose solamente en eco de la oscuridad. Escuchaba aquel horroroso graznido detrás de mí, cada vez más cerca y más cerca. Agradecía a la noche oscura y a ese cielo que predecía lluvia que no hubiera gente en las calles. Estaba agitada, pero no asustada, y por supuesto no me iba a detener. De pronto, un par de pasos aún más veloces me alertaron, sabía de quien se trataba.
-¡Agáchate!
Me llevé las manos a la cabeza y me tumbé contra el suelo. Detrás de mí Inuyasha arremetió contra el ave y lo atravesó con su espada, ágil y certero, haciendo a la bestia polvo que se perdió entre la espesura de la noche…como la primera vez.
-¿Te encuentras bien?- preguntó acuclillándose junto a mí, me observaba de cerca, como siempre lo hacía después de una batalla, y tocó un leve corte sobre mi mejilla con su pulgar. Me estremecí.
-Sí, sólo necesito recobrar el aliento…no moriré de un rasguño- dije convencida entre jadeos. Me miró burlón mientras yo me desvivía entre bocanadas y bocanadas de aire ¡Se estaba divirtiendo conmigo!
-Al menos eres rápida y…muy escurridiza- soltó una carcajada –quien lo diría.
Me ayudó a levantarme del frío concreto, y no pude evitar que en mi rostro se formara una sonrisa. Su comentario había sido lo más parecido que había tenido a un cumplido.
-.-
Apreté las correas de mi mochila hasta que los nudillos se me volvieron blancos, entonces recordé respirar y mirar al frente. Viré los ojos las veces suficientes para que no pareciera que buscaba a alguien. Tal vez no pasara tan desapercibida como esperaba, pero a estas alturas ya no me importaba.
Bankotsu no se había aparecido por la escuela en unos días, o me había estado evitando, lo cual obtenía los mismos resultados. Como sea, sentí la sofocante necesidad de disculparme con él desde que se despidió fuera de mi casa, justo después de la lucha de miradas entre él y mi no tan amable Guardián. No tenía idea de cómo habrían quedado las cosas…pero seguramente estaba más molesto conmigo que con Inuyasha. A pesar de sus intentos por sonreírme antes de marcharse, Bankotsu no se veía para nada feliz. Pude notarlo, llevaba toda una vida a su lado.
De vez en cuando pensaba que tal vez debí haber confiado más en él, o al menos mencionarle de la presencia de Inuyasha en mi casa, pero no quería involucrar a una persona más en esto, mucho menos a una persona tan importante como Bankotsu. Entonces me recordaba que había hecho lo correcto, sin importar que a estas alturas pareciera lo contrario...incluso si ahora no quería hablarme, estaba protegiéndolo. No me perdonaría que saliera lastimado por culpa mía, ni él ni nadie más.
Me abrí paso entre los pasillos. La campana de salida había sonado desde hace un rato y todos comenzaban a salir de sus aulas. Y ninguna señal de él, de nuevo. Tampoco era que esperara mucho el día de hoy, lo había intentado algunos días atrás sin ninguna respuesta, pero no perdía nada con intentarlo.
Sabía que debía darle su espacio. Bankotsu no era de las personas que trabajaban bajo insistencia…pero yo no tenía el don de la paciencia.
Comenzaba a aceptar la idea de que no hablaría conmigo en un buen tiempo, y era comprensible, le había ocultado algo tan importante a él, la persona más confiable de todo mi mundo. Pero la espera por una señal de vida de su parte me estaba torturando. Jamás había pasado tanto tiempo molesto.
Abrí mi casillero con algo de rudeza. No tenía sentido de buscarlo más, esperaría a que él decidiera hablar conmigo…justamente me estaba rindiendo.
-Ey, eres tú- dijo esa voz tan conocida para mí.
Di un brinco y giré obre mis talones tan pronto como pude, tal vez pudo parecer algo desesperado, pero por ahora no me importaba que lo pensara, sólo no quería que desapareciera otra vez. Me recibió una enorme sonrisa debajo de unos ojos como el chocolate…no pude evitar sonreír.
-Bankotsu- vociferé- no sabes lo feliz que me hace verte.
-¿Enserio?- sonrió de medio lado con arrogancia, yo desee golpearlo.
-Creí que estarías molesto por…tú sabes…el incidente de aquella vez- musité muy despacio, pero supe que me había entendido a la perfección.
-Ah, te refieres a tu "inquilino"- enfatizó- descuida, no podría enfadarme por ello.
Suspiré aliviada.
-Entonces, tu ausencia…no estuviste por mucho tiempo - me golpeó suavemente sobre la coronilla con su puño, era su manera de reprenderme…y eran ese tipo de cosas las que me hacían sentirme tan pequeña.
-Deja de usar esa gran imaginación tuya…algún día va a volverte loca. Me enfermé hace unos días y no vine a la escuela. Nada serio- dijo calmo, con esa actitud de "todo bien", y casi le creí.
Casi.
Me había dejado bien claro que no estaba molesto por Inuyasha, ni siquiera por el hecho de le hubiera mentido al no contarle nada sobre él. Eso habría bastado para dejar tranquilo a cualquiera, pero no a mí. Sabía que Bankotsu no podía enterarse de que metí a mi casa a un perfecto desconocido para él (y para mí, aunque eso no lo supiera él), y después actuar tan tranquilo como si acabara de firmarse el tratado de paz mundial. Él no era así.
Yo no tenía amigos del vecindario, ni a nadie a quien acudir si se presentaba un problema, lo que seguro debía estar hirviéndole los sesos en este momento. Y no me decía nada.
Algo debía estar mal…pero acababa de encontrarlo, y sólo por eso lo dejaría pasar.
-¿Seguro que te encuentras bien? ¿Al menos fuiste al médico?- le pregunté no muy confiada. Una de sus más grandes características era la de tomar las cosas a la ligera.
-Claro- me mostró una radiante sonrisa – ¿Acaso no me veo perfecto?
Sonreí para mis adentros, ese era Bankotsu. Después de cerrar mi casillero nos dirigimos a la salida, la escuela comenzaba a ponerse vacía. La compañía de Bankotsu era gratificante, siempre tenía algo nuevo que decir, y muy a su estilo. Lograba ponerme de buen humor con sólo unas palabras…y había sabido ganarse muy bien la confianza de mi familia, incluyendo al gato.
-Todo va perfecto con mi nueva casa. Me alegra haber seguido tus consejos sobre mudarme. Es un lugar hermoso y con mucha luz…deberías venir a verlo algún día- le dije animada. Él seguía el hilo de mi conversación y asentía a veces.
-Kagome, no puedo mentirte – interrumpió de repente – si hay algo que me molesta.
Me encogí en mi sitio esperando que Bankotsu no lo notara.
-¿Qué es?- dije con falsa inocencia.
-Vamos, Kagome, sabes a lo que me refiero - me soltó, sin pausas ni espacios. Todo tan seguido y rápido que no pude comprenderlo a principio.
-No sé a qué te re…
-¿No pensarás que me tragué el cuento de que Inuyasha es tu lejano amigo de Osaka, verdad? Aquel de tan baja estatura que podría llegar a igualar la tuya- me mordí la lengua. Había esperado que él lo hubiese olvidado -¿Sabes? Inuyasha no se parecía en nada a la descripción que me diste. En lo absoluto. Y no puedo entender por qué me mentiste.
Mi pecho dio un vuelco, justo cuando pensaba que la marea había bajado, aunque nunca imaginé que él fuera a tomar el tema tan directo. Cómo es que habíamos llegado a ésta conversación tan repentina?
Tampoco podía evadirlo por siempre, debía darle una explicación que lograra dejarlo satisfecho, que no creyera que había perdido mi confianza en él. Pero simplemente no podía decirle la verdad…
"Ohh…ya que lo preguntas, en realidad Inuyasha es un Guardián de cientos de años que se encarga de proteger mi alma, porque ¿Sabes? Hay un villano que me busca para crear una perla que podría acabar con la existencia de todo el mundo…curioso ¿No?".
Seguro me enviaría con el loquero más cercano.
Lo escuché suspirar ante mi falta de respuestas.
-Escucha, Kagome…no voy a pedirte que lo eches de tu casa. No tendría derecho a hacerlo, sin importar cuan mal me cayera el chucho ese – frunció el ceño- Sólo piensa en cuánto conoces a este hombre. Podría haberte estado mintiendo todo este tiempo con quien sabe qué fines. Me preocupa que vayas a confiarte de sus palabras y después salgas lastimada…o peor- ésta vez revolvió mis cabellos, pero en su rostro ya no estaba esa chispa divertida que lo definía. Había preocupación.
-Descuida, Bankotsu. Sé cuidarme sola- le di una sonrisa sincera que apenas devolvió.
-Lo sé…Sólo ten cuidado ¿Quieres?...no confíes tanto es sus palabras, no importa lo que te diga, ten tus precauciones…de acuerdo?
Asentí de inmediato. Él sonrió de medio lado sólo para agregar…
-Y si algo sucede con ese tonto- golpeó su puño contra la palma de su mano –dímelo, y ya sabré como solucionarlo…ese chucho y yo tendremos una charla de hombres.
Me guiñó un ojo y se dio la vuelta, andando con su típico caminar despreocupado. Yo reí. Volvía a ser el Bankotsu de siempre, no había duda.
Subió a su motocicleta, sin casco, y se echó a andar, mientras yo lo despedía con mi palma abierta. Era hora de regresar a casa. Seguro Inuyasha estaba hecho un mar de nervios al no verme salir de la escuela a la hora de siempre.
Me alegraba que las cosas entre mi mejor amigo y yo hubieran terminado de la mejor manera…pero, siendo sincera, sus palabras habían logrado reactivar esos sentimientos incómodos que surgieron después de escuchar la conversación de Kaede e Inuyasha, donde a él se le acusaba culpable sobre la muerte de Kikyo.
No me molestaban las palabras de Bankotsu…lo que me tenía inquieta era lo verdaderas que eran, todas y cada una de ellas. Sin conocer mi asunto había dado en el blanco, justamente en la parte que más problemas me traía.
Inuyasha me había demostrado que no me lastimaría. Pero ¿Y si todo ello fuera sólo una actuación? Si fuera realmente culpable de ese asesinato y supiera que su posición de guardián lo mantendría a salvo de incriminación alguna. Sería astuto y muy bien pensado…pero…
Con qué fin?
Todo carecía de sentido
Él me contó que antes de formar parte de aquel grupo de guardianes y monjes, era un demonio sanguinario al que no le importaba ni un poco lo que pasara a su alrededor. Robaba, saqueaba, y luchaba como todo un rebelde sin control.
Y si no había cambiado?
Y si fuera el mismo de siempre?...aquel que peleaba contra quien se le pusiera enfrente…el malo Inuyasha. Incluso hasta podría estar aliado con Naraku.
Mientras más divagaba mi mente entre las posibilidades, más ideas formulaba mi mente para excusarlo…porque no quería creer que él fuera el culpable. Sin razones yo lo creía, basada sólo en mi instinto. O tal vez me había encariñado tanto con Inuyasha que el pensar en él como una persona falsa me traía problemas. No quería verlo como el villano del cuento.
No…no era sólo eso.
Sus miradas perdidas, sus pensamientos sin rumbo, sus charlas sin sentido…nada de eso parecía falso. Se parecían más a las acciones de alguien solitario. Yo lo sabía…aunque él no lo dijera.
-Vas a caerte si no te fijas por dónde vas
Levanté la cabeza hacia el frente de golpe. Siempre lograba sorprenderme, de una u otra forma, nunca podía verlo llegar. Cómo le hacía para ser tan silencioso? Era como si caminara sobre el aire, y rápidamente di un vistazo a sus pies. No flotaba.
-Lo siento…pensaba algunas cosas.
Asintió y se dio media vuelta, con los brazos cruzados sobre su pecho. Entonces pensé en la loca idea de que podría verse como mi guardaespaldas…a pesar del gran parecido que tuviera de su posición actual.
Su espalda era ancha, y los hombros altos que casi me costaba ver sobre ellos. Me tuve que limitar a ver la parte trasera de la camisa que lo hice usar casi a la fuerza, de un color rojo que contrastaba con sus ojos dorados. Recuerdo que bufó antes de decirme mandona y encerrarse de nuevo en su habitación…un hábito que había aprendido de la televisión. Debería comenzar a prohibírsela.
Cuanto hacía de que lo conocía? Un mes o tal vez menos…no lo había contado correctamente. Pero sin duda alguna había cambiado a grandes rasgos mi rutinaria y monótona vida…ahora podía sonreír y molestarme al mismo tiempo. Incluso la cocina se había vuelto más divertida, mi dedicación aumentaba al mismo tiempo que se me terminaban los escondites para el recetario.
-Deberías decirme lo que sucede- dijo de improvisto, sacándome de mis pensamientos.
-¿A qué te refieres?
Iba a unos cuantos pasos delante de mí, pero pude notar su ceño fruncido. Algo le estaba molestando.
-Olvídalo.
Tomé las riendas de mi mochila con más fuerza mientras apresuraba el paso al mismo tiempo que él, hasta ponerme a la par. Lo miré para verificar si seguía frunciendo, pero sólo me encontré con su mirada de oro.
No pasó ni un segundo antes de que mirara hacia otro lado. Desde aquella charla que escuché me negaba a ver a Inuyasha como una persona mala…por eso no lo veía. Era más fácil para mí quedarme con los semblantes que ya conocía y no crear más confusión en mi cabeza. Era cierto que lo evitaba cada que podía, y a mi punto de vista mis intentos eran sutiles. A final de cuentas, estaba confiándole mi vida a él…y no podía parar de pensar en qué pasaría si yo me equivocaba.
Llegamos a mi departamento entre tanto silencio. Era incómoda la situación ahora, con él buscando mi mirada y yo fingiendo no verlo.
Me dirigí directamente a la cocina, quería tener algo en qué entretenerme. Intenté recordar aquella receta que vi en internet, para pensar en otra cosa. Busqué los ingredientes mientras repasaba una y otra vez su preparación. Desde la sala llegaba el sonido del televisor, con un aburrido partido de beisbol narrado con tanto ánimo que me dio sueño, pero no le perdí el hilo, e intenté aprenderme los nombres de los jugadores mencionados.
Seguro mi cabeza ahora podía parecer una revoltura, pero no sabía qué más hacer para evitar pensar…cosas. Tararear una canción con mi voz de gallo ronco no era gran idea. No quería molestar a los vecinos.
Busqué en el refrigerador algo de vegetales frescos, carne, o lo que se me ocurriera agregar a la preparación. Estaba pensando de más que hasta comenzaba a dolerme la cabeza. Cerré la puerta y me di la vuelta, para encontrarme sólo con el robusto pecho de Inuyasha no muy lejos de mí.
Me miraba desde su altura con las manos en los bolsillos y el ceño fruncido con levedad. Desde cuando se veía tan imponente? No podía simplemente pararse frente a mi y mirarme con esa arrogante expresión. Yo sólo atiné a apretar la bolsa de papas mientras sentía su intensa mirada escrutarme sin recato el rostro... cuando en lugar de eso pude haberle pedido que se apartara. Qué estaría pensando Inuyasha?
Mi agitado corazón me hizo el día…seguro que podría escucharse desde fuera. Inhalé profundo con la nariz y le ordené a mi cerebro calmar todo mi cuerpo, sin mucho resultado. Me preparé para hablar, y descubrí que hasta mi garganta estaba temblorosa y seca.
-¿Sucede algo?- dije aparentando naturalidad. Mis ojos seguían esquivos de los suyos.
-Tal parece- contestó sin más, esperando que yo agregara algo. A mi simplemente la situación me estaba sofocando, y no encontraba palabras adecuadas que pudieran darle fin al momento. No paraba de preguntarme cómo había llegado a esa posición, con su metro ochenta tan cerca de mí que casi pude aspirar su fragancia natural. Olor a bosque.
-Debes estar hambriento…no tardaré, sólo…espera en la sala- miré mis dedos con sólo el pretexto de esconder mi rostro.
-¿Por qué me evitas?
Directo al grano. No hubo introducciones, ni una entrada…fue directamente al punto que me estaba molestando tanto. Justo cuando creía que mis intentos por persuadirlo eran sutiles y discretos. Nada se le escapaba, no importaba cuanto me hubiera esforzado.
-No sé…a qué te refieres- murmuré. Giré mi rostro sólo para ver cómo su brazo me bloqueaba sólo por si pensaba escapar. Cuando lo había puesto ahí? …Estaba corralada, y no pude hacer más que pegar mi espalda contra el frío metal del refrigerador. Por qué estaba tan nerviosa? Acaso era su aura imponente, su porte firme…o esos ojos que buscaban con tanta insistencia los míos, sin respuesta.
-¿Ah no? ¿Entonces por qué no levantas el rostro y me miras?- dijo con algo de ironía.
Y quedé muda…de todas maneras no sabía qué debía contestar a eso. Tal vez sólo bastaba levantar mi rostro y mostrar que mi mirada no lo evadía, pero no quería verlo ahora, no quería descubrir que rostro lucía…si estaba serio, molesto, enojado o incluso frustrado. Me limitaba a sostener con fuerza la bolsa de patatas para que no cayera de mis débiles brazos.
-No comprendo por qué estás evitándome – susurró cerca de mi cabeza, tanto que casi pude sentir su aliento golpear mi coronilla. Fresco y tibio a la vez…era posible?
-No sé a lo que te refieres…yo no…
-No me engañes- murmuró despacio, como la nana que te cantan antes de dormir - Sé que lo escuchaste…aquella vez, en casa de Kaede
Ahora si levanté la mirada para verlo, gracias a lo directas que fueron sus palabras. Le gustaba ponerme a prueba, y yo intentaba responder como se debía. Lucía una seriedad que no había visto antes. Su rostro no tenía ninguna expresión o marca que lo manchara.
-Tú…cómo es que lo sabes?- mi pregunta fue rápida, como cuando te descubren en una travesura cuando te aseguraste que no había nadie en casa.
-Tus pasos son torpes y pesados…como en el bosque. Pude escucharte venir desde el pasillo…pero nunca entraste a la habitación.
Si él sabía de mi presencia, no encontraba razón para haberme dejado escuchar toda la conversación. Sabía que eso traería problemas con mi confianza, o al menos lo pudo haber pensado. Entonces por qué dejarme escuchar tanto.
-Escucha- dijo algo ronco, y yo lo miré esperando que sus palabras lograran aliviar la gran marea que se había formado en mi cabeza. Sólo una palabra bastaría – ahora seguro debes estar dudando de mí…pensaría que estás loca si no lo hicieras…y es importante que tengas en claro que no voy a negar las acusaciones que hay sobre mí, porque a pesar de que no fui yo quien mató a Kikyo…puede que mis decisiones fueran las que propiciaron ese final. Pero no cometeré el error dos veces…ésta vez voy a cumplir mi juramente…te protegeré, tenlo por seguro…y si eso no es suficiente, puedes contar con que estoy dispuesto a dar mi vida si es necesario.
No terminaba de creer aun, su cercanía y mi estado me tenían nublada. Pero pude comprender completamente el significado de sus palabras. Ya no había un juramento detrás de nuestra alianza…ahora había una promesa. Qué tanto valía su palabra?
Lo miré fijamente mientras se alejaba de mí, dejando una sensación desagradable de frío. Y al final, sólo pude tocar mi pecho con la mano libre, sintiendo los incesantes latidos de mi frenético corazón.
-.-
N/A: Moshi moshi mis queridos lectores y lectoras. Me he tardado, lo sé, así que tienen derecho a cachetearme mentalmente, a ver si así aprendo.
Me he divertido con este capítulo…mi pareja favorita siempre será inuxkag y me encanta escribir sobre ellos. Espero sea de su agrado…y me dejen sus reviews para saber su opinión. Toda palabra es sabia y bien recibida! Me aseguraré de hacer nota mental.
Me despido y les deseo una excelente semana. Nos leemos pronto!
-.Ángel Nocturno.-
