Tarde... Pero es culpa de España que está en la final y no me he podido perder ningún partido ni ninguna celebración! xD
Gracias a chidorisagara (me alegra que la fiel lectora se reporte.. xD pero no seas tan mala con Orihime, la pobre no tiene culpa de ser tan #$!% XD que noo hombre que noo! que la chica es buena persona.. lo unico que le falta un poco de cerebrillo xD) alejandra (no entiendo a lo que te refieres con Byakuya, pero si lo dices porque no la fue a "salvar", bueno... yo creo que Ichigo llegaría antes en todas las circunstancias... y lo de Rukia, acércale un Chappy a Rukia y verás cómo se pone risueña, y teniendo en cuenta que Ichigo tiene un Chappy en la cabeza... pues ya me dirás! de todas formas Rukia está descubriendo emociones nuevas y eso es lo que he querido plasmar, gracias x el review) cOnfii-momo (jajaj Rukia es muy muy muy fuerte, pero Ichigo es más sobreprotector, ya se le irá quitando.. xD! puro favoritismo y realismo, eso me gusta XD) loveichiruki (pensé que no podía faltar Komamura por ahí aullando XD! Ichigo tienes sus hormonas, al igual que Ishida ehh no te creas ¬¬ xD) FerchaO (tu idea no es tan rara, yo todavía estoy investigando qué hace un perro de capitán! XD la prueba ayuda a Ichigo y también a Rukia... ya verás en este capítulo xD.. y lo del mundial, sinceramente, México mereció avanzar más de lo que lo hizo, no sé... a mí me gustaba cómo jugaba! anima ahora a España, no? XD Gracias!)
Disclaimer: Bleach no me pertenece, esta historia sí, aunque no sé para qué XD
Había pasado un día desde la "bonita" excursión al bosque, y los rasos ya se encontraban sanos y salvos recordando todo lo vivido en esa actividad.
- ¿Cómo tienes la pierna, Yumichika?
- Mucho mejor. ¿Y tú el culo, Hisagi?
- Aún me duele al sentarme, pero bueno… Los mil quinientos abdominales que nos hizo hacer el capitán Zaraki antes me destensaron los músculos.
- ¡Sois unos quejicas! – se unió a la charla Ikkaku – La excursión de ayer fue sublime, excitante, emocionante, intrigante… - el calvo tuvo que tragar saliva para poder seguir hablando – Además, no me digáis que no os lo pasasteis bien cuando Kira metió los pies en el lago para refrescarse y una piraña lo mordió. – Ikkaku soltó una carcajada tremenda.
- Pues no… No me hizo mucha gracia, la verdad. – Yumichika confesó sereno.
- ¿Y tampoco fue gracioso que Kira agitara el pie tanto que la piraña saliese volando y se le estampara en la cara al capitán Kuchiki? – Ikkaku de nuevo rió y esta vez Hisagi se le sumó.
- Eso sí es un poco más divertido… - Yumichika no parecía muy convencido.
- ¿Y cuando el capitán Kuchiki tiró la piraña al suelo y se fue apestando a lavarse la cara? Después Sado pisó la piraña y cayó de espaldas, ¡y luego la piraña otra vez a volar! – Ikkaku se tapó la boca con una mano para evitar que la saliva saliera a causa de la risa - ¡Y esta vez se metió en el escote de Inoue!
Una risita tímida se escapó de entre los labios de Ayasegawa.
- Después Arisawa se la sacó tan enérgicamente que le dio una bofetada con la piraña a Renji, que estaba al lado.
Las risas estallaron entre los tres presentes en la sala de ocio. Unos segundos después, Ikkaku cambió su rostro sonriente por uno serio y pensativo.
- ¿No creéis que hay mucha tensión sexual en esta academia?
La pregunta no pudo ser respondida porque alguien llamó a los rasos fuera del barracón. Los aludidos acudieron velozmente desde sus habitaciones y desde la sala de ocio.
Ukitake aguardaba paciente a que los rasos se formaran en fila. Le gustaba instruirlos siempre con mano suave y delicada. El carácter del capitán era así, y tampoco se podía permitir un exceso de nervios porque era muy propenso a enfermar.
- Hoy vais a tener que hacer un circuito individual de actividades. Estáis acostumbrados a hacerlo, pero lo peculiar del circuito de hoy es que no vais a saber qué actividades tendréis que hacer. ¿Veis eso de allí? – Ukitake señaló una gran carpa situada en el campo de césped – Dentro tendréis que realizar tres pruebas que no veréis si no completáis la anterior. Incluso ya me he ido de la lengua, ¡no podía decir cuántas actividades eran!
Algunos rasos sonrieron ante la pasividad del capitán. Otros se alegraron de que Ukitake contara cosas clave de las pruebas. ¡Era un chollo!
El grupo se dirigió a la carpa y Ukitake ordenó entrar al primero de la lista, Abarai Renji. Antes de que el susodicho lo hiciera, el capitán frenó su andar colocándole una mano en el hombro.
- Se me había olvidado… No podéis decir nada de lo que allí dentro pase a vuestros compañeros.
Renji entró a la carpa con aire decidido y salió de la misma unos minutos después confundido y de mal humor. En una pantalla colocada fuera del recinto se podía leer: Eliminado en la segunda prueba.
- Me lo imaginaba… - dijo Ukitake antes de sonreír tranquilamente.
Matsumoto iba atando cabos por lo que estaba observando. Ningún raso era eliminado en la primera prueba, eso significaba que tenía que ser fácil. En la segunda la cosa cambiaba, casi todos los chicos caían ahí y salían inmersos en una conversación con ellos mismos o contando con los dedos. Y a la tercera prueba habían llegado muy pocos, la gran mayoría chicas. Los que eran eliminados en esa parte llegaban callados y le dirigían una mirada no muy amistosa al capitán Ukitake. Los dos hermanos Kuchiki habían sido eliminados en esa prueba, al igual que Kurosaki Ichigo. Debía de ser muy complicada.
Matsumoto interrumpió sus cavilaciones al escuchar un gemido de dolor a su lado. Era Ishida, que había caído en la primera prueba y tenía un rasguño con bastante mala pinta en el brazo. Matsumoto pidió permiso a Ukitake para ir a buscar hielo al barracón, y a los pocos minutos apareció con una bolsa de hielo que ofreció a Uryuu.
- Matsumoto-san, he pasado tu turno porque no estabas. Así que serás la última.
- Está bien, capitán.
Rangiku esperó un tiempo a que el último, que era Chad, terminara el ejercicio. Antes de entrar, observó la cara de Yasutora, que había sido eliminado en la tercera prueba. Parecía triste.
- Como Matsumoto-san es la última, podremos ver en la pantalla todo su circuito.
La teniente entró después de un sonoro suspiro. La estancia estaba oscura y solo se podían ver unas letras blancas que decían: "El recorrido consta de tres pruebas. Tienes seis minutos para completarlas todas y no debes salirte de los perímetros señalados."
De repente, la oscuridad desapareció y Rangiku se sorprendió al ver que todo había cambiado. Ahora estaba al aire libre, en la cima de lo que parecía ser una montaña. En el borde de esta apareció una cuerda tensa que llegaba hasta la punta de otro monte situado a unos cincuenta metros. Matsumoto sonrió al percatarse de la situación. La carpa era una de esos aparatos modernos de realidad virtual. (Shinimatrix xD)
Unas letras aparecieron de nuevo: "Primera prueba: Cruzar a la montaña colindante."
Rangiku se apresuró a colgarse de la cuerda y enredar sus piernas entre la soga, de ese modo estaba más segura. Comenzó a deslizarse, pero a mitad de recorrido se percató de que su posición le impedía avanzar deprisa, por lo tanto se colgó solo de sus manos y siguió el camino. Quedaba poco para el final, sus manos estaban enrojecidas y escocían por la fricción de la cuerda, pero ya quedaba poco… Solo un poco…
A poco más de un metro del final, un ruido hizo que Matsumoto se alertara y buscara su origen. Una flecha del tamaño de la espalda de Zaraki venía velozmente hacia ella, la teniente pudo esquivarla a duras penas y casi cayendo al vacío logró llegar a la otra cima.
De nuevo, la situación cambió y la estancia se volvió a oscurecer. Una palabra apareció frente a ella: "Escucha."
Sumida en la penumbra, y con algo de miedo, comenzó a oír la voz de un hombre.
- Cuando volvía de mi trabajo nocturno, me resultaba imposible dormir de día viviendo al lado de los desagradables vecinos de la casa contigua. Cuando no estaban dando una ruidosa fiesta, se estaban peleando, o cualquier otra cosa. Y ese día no era una excepción. El ruido empezó nada más dormirme y, naturalmente, me despertó. – el hombre hablaba con un deje de desesperación en su voz – Primero, mis vecinos empezaron a gritarse. Tras las voces, comenzaron a volar objetos. Me levanté y vi cómo el vecino le estaba dando una paliza a su mujer. De vez en cuando ella lograba dar un buen golpe, pero llevaba claramente las de perder. Lo sentí mucho por ella, pero tenía mucho sueño y me volví a la cama.
A Matsumoto se le desencajó la cara de sorpresa al escuchar el testimonio. Unas palabras surgieron nuevamente: "Segunda prueba: ¿Por qué el hombre no hizo nada para ayudar a su vecina?"
La primera respuesta que se le venía a la mente a Rangiku era que el hombre era un imbécil. Pero no se atrevió a decir nada, ahí había gato encerrado. Debía de ser una adivinanza, y como todas las adivinanzas, tendría que tener una solución extraña y que concuerde con lo sucedido. Entonces, recordó los días que llevaba viviendo en el mundo humano. En estos últimas semanas, el shinigami sustituto y Rukia le habían enseñado muchas cosas divertidas que se podían hacer en la Tierra. Sonrió cuando halló la respuesta que suponía que era correcta.
- ¡Los vecinos estaban jugando un partido de tenis con la Wii!
El ambiente de nuevo cambió, y Matsumoto supo que había acertado. Ahora estaba en una pequeña habitación. Observó que en el suelo había dibujadas unas líneas que señalaban el límite hasta donde podía caminar. En el centro del cuarto se divisaba una mesa con cinco llaves, y en el fondo de la estancia se encontraba una puerta.
"Tercera prueba: Abre la puerta con alguna de estas llaves." Fue el mensaje que se apareció ante ella.
La teniente avanzó decidida hasta la mesa, pero un ruido conocido hizo que se parara en seco.
Garganta.
Una Garganta se abrió frente a ella, y de esta surgió una persona. Una persona que Rangiku conocía bastante bien. O quizá no.
- Rangiku... - dijo susurrando el individuo.
Matsumoto se quedó congelada, estática. Notaba cómo esa mirada zorruna la observaba sin ninguna intención de dejar de hacerlo.
Creía que cuando lo viese otra vez, iba a poder detenerlo. Creía que la próxima vez que lo tuviese frente a ella, lo enfrentaría. Creía que la ira haría que se abalanzara contra él en el mismo momento en el que sus ojos se posaran sobre los suyos. Pero todo eso eran creencias, suposiciones.
Lo cierto era que Matsumoto Rangiku se había quedado petrificada al volver a ver a Ichimaru Gin.
No había cambiado en absoluto. Seguía teniendo esos ojos entrecerrados y esa sonrisa sempiterna, aterradora e irónica. Lo único que lo hacía ver como un traidor era su túnica parecida a la de un arrancar.
- Cuánto tiempo, Rangiku.
Su voz sonaba como siempre. Su cara parecía la de siempre. Para Matsumoto, ese Gin era su Gin de siempre.
- Sabes que lo siento, ¿verdad? – sus palabras no concordaban con el gesto de su rostro, risueño y provocador.
Ichimaru se acercó a la teniente. Estaba tan cerca que su aliento se entremezclaba con el suyo. Olía a caquis secos. Su comida favorita. La comida favorita de ambos.
- Me gustaría que vinieras conmigo. – la mano de Gin se posó en la mejilla de Rangiku - ¿Lo harías?
El tacto de su mano hizo que Matsumoto se estremeciera y anhelara más de ese contacto, pero la realidad la azotó duramente. Era un traidor. Un asesino.
Matsumoto dio unos pasos hacia atrás repeliendo la suave caricia de Ichimaru. Pero Gin no se dio por vencido y volvió a acercarse a ella. Rangiku cerró los ojos para imaginarse a Ichimaru de niño, con su hakama azul, paseando con ella por el Rukongai; o con su haori de capitán, atemorizando con su sonrisa a medio Seireitei. Pero cuando abrió los ojos, vio de nuevo esa asquerosa túnica y retrocedió unos pasos más.
Un pitido la alertó y, de nuevo, todo se volvió oscuro. Unas letras resaltaron frente a ella.
"Te has salido del perímetro señalado. Prueba fallida."
Instintivamente rodó sus ojos hacia el suelo y reconoció una de las líneas del límite bajo su pie derecho.
Todo había sido una prueba, una farsa.
Y ella había fallado.
Abandonó la estancia cabizbaja y se reunió con los demás rasos. Se percató de que ellos habían visto todo lo sucedido cuando los rasos la miraron tristemente y en silencio.
- Como habéis podido notar, - habló Ukitake – el circuito constaba de una prueba física, una de lógica y otra psicológica. Todas diferentes para cada raso. – el capitán pronunció unas palabras que nadie alcanzó a escuchar y la carpa desapareció – Pensaba que alguno podría completar el circuito, pero creo que me equivoqué. En fin… No os preocupéis, los resultados no son del todo malos. – el capitán sonrió levemente – Trabajaremos más la parte sentimental, al fin y al cabo los shinigamis no son tan fríos como se cree, ¿no?
Sin embargo, las palabras de ánimo de Ukitake no consiguieron hacer sentir bien a los rasos. Se despidieron del capitán, algunos tristes y otros rabiosos por no haber podido completar el circuito.
Después de asearse y cenar, Rukia había decidido desviarse del camino al barracón y tumbarse en la hierba de uno de los campos de entrenamiento. Era una noche agradable que cualquier persona disfrutaría, pero ella no lo estaba haciendo. Seguía pensando en la prueba del capitán Ukitake. En esa tercera y última prueba a la que ella consiguió llegar, pero no superar. Recordó que el profesor había dicho que era la prueba psicológica y que estaba relacionada con los sentimientos.
Estaba confundida. No lograba entender por qué en su prueba no estaba su hermana Hisana o su hermano Byakuya. Tampoco aparecía su admirado Kaien…
Al que tuvo ante sus ojos fue a Ichigo. Ichigo luchando contra sí mismo para no convertirse en un hollow. Le suplicaba que lo matara antes de que no pudiese controlarse más, pero Rukia se había quedado estática rogando que acabara la pesadilla. No pudo matarlo... Y cuando Ichigo, ya convertido en hollow, se acercó a ella para clavarle su zanpakuto, el tiempo del circuito se agotó y ella volvió a la realidad.
¿Por qué Ichigo salía en una prueba relacionada con lo sentimental? ¿Por qué no pudo hacer nada?
Y la pregunta que más se hacía y que más incertidumbre le creaba… ¿Acaso era el shinigami sustituto más importante para ella que sus hermanos o su mentor Kaien?
Se levantó de su lecho de hierba y puso rumbo al barracón. Tenía que hablar con Ichigo, tenía que saber qué clase de sentimiento poseía hacia él.
Cuando llegó a la puerta de su habitación incluso había cambiado de parecer. Quería contarle a Ichigo todo lo sucedido en su circuito y que él le contara el suyo. Quería que el chico le ayudara en su lío, rogaba para que él supiera más de sentimientos que ella.
Pero cuando entró al cuarto, la imagen que vio borró el gesto ilusionado de su cara.
Ichigo estaba tumbado en su cama, boca arriba, con medio pijama puesto, pues solo tenía el pantalón. Y estaba acompañado. Tapada con la camiseta del pijama de Ichigo y durmiendo a su lado, con un brazo posado en el pecho del chico y una de sus piernas encima de las de este, se encontraba Tatsuki.
Rukia se decepcionó al instante, e incluso le albergó una especie de rabia. Al principio pensó que se debía a que no podía hablar con Ichigo porque estaba durmiendo, pero desechó la idea al comenzar a sentir un pequeño odio hacia Tatsuki y una traición por parte del de pelo naranja.
Rukia se percató de que lo que le invadían eran celos, y que los celos eran ocasionados por un sentimiento universal.
- ¡No! ¡Nunca! – gritó la chica después de salir de la habitación, pegando un portazo.
Mientras un gran enfado consumía su alma, se juró a sí misma no volver a interesarse de ninguna manera por el humano.
Pues ahí queda, no hay mucho humor en este capítulo, me lo tomé más como uno de los capítulos más importantes en el ambiente del ichiruki... sin olvidar los sentimientos de los demás shinigamis, como Matsumoto... quería hacer que fuera protagonista por unos momentos del fic. Quisiera hacerlo con todos los rasos.
Espero que les haya gustado y ya saben... los reviews me inspiran y me ponen las pilas para escribir con más velocidad! xD
Bye!
