Hoy voy a ser breve, he tenido problemas de salud y en el hospital me han aconsejado que no esté mucho tiempo en el pc de madrugada, que es cuando escribo y me viene la inspiración ¬¬

No puedo contestar a los reviews por este motivo, pero voy a nombrar a todos los que me han dejado un comentario.

Gracias a Sakura-Jeka, Pia, D0VX P0150N, alexa3103, loveichiruki, chidorisagara, bea1995-chan, alejandra, keisi-san, cOnfii-momo, FerchaO, Ferthebest-ia y Kasumi-Hitsugaya

Lamento no poder contestarlos, prometo contestar los de este cap! En serio, gracias por leer y dejar reviews, ustedes hacen que pueda seguir escribiendo aunque tenga dificultades

Disclaimer: Bleach no me pertenece, para nada

Nota: Este cap lo he dividido en dos partes, porque lo encontré bastante pesado de leer todo entero, sería muy lioso


Normalmente, los shinigamis no tomaban muy en cuenta a los humanos. Los consideraban una carga a la que tenían que estar salvando continuamente, sin percatarse de que ellos también lo habían sido en el pasado.

Pero desde hacía un tiempo, aproximadamente desde que Ichigo y compañía habían pateado sus traseros, esas creencias habían cambiado.

Y más en estos momentos, en los que Chad y Tatsuki les enseñaban cómo combatir las agujetas musculares bebiendo agua caliente con limón y azúcar. Las clases de baile de hacía unos días habían dejado doloridos y cansados los músculos de los rasos. Y el remedio de los humanos estaba dando sus frutos (o eso pensaban ellos, la verdad que se trataba más bien de un efecto placebo).

La mañana pasaba tranquila en el barracón, el piar de los pajaritos sustituía a los habituales gritos del capitán del Undécimo Escuadrón.

Los rasos sabían que en la Academia de Urahara la calma precedía al caos. Y efectivamente, estaban en lo cierto.

- Buenos días – alguien entró al barracón y saludó más por costumbre que por deseo.

Los rasos salieron de sus habitaciones y de la sala de ocio para encontrarse en el pasillo a Muguruma Kensei vestido con una camiseta de tiras y un pantalón deportivo negros.

- ¿Otro vizard? – preguntó en un susurro Hinamori a Hitsugaya.

El pequeño capitán se encogió de hombros.

- Lleváis mucho tiempo aquí y aún no habéis peleado, que es lo más importante para superar a Aizen. – Kensei hizo una pausa para contemplar los 16 vasos vacíos en la mesa de la sala de ocio – Yo no voy a enseñaros nada, solo vengo a observar. – el vizard dio a cada uno de los rasos una pulsera negra con una pequeña pantalla – En esas pulseras os pondrán el nombre del raso con el que tenéis que luchar. Os iréis eliminando los unos a los otros hasta que solo quede una persona. Es casi como un torneo.

Kensei se aproximó a la salida del barracón.

- Para pelear se utiliza el cuerpo, nada de objetos. Vosotros decidís cómo perder. Si le tenéis aprecio al adversario o sois muy amables, cuando este se rinda acabará la pelea. Si es un combate difícil, podéis dejar KO al oponente.

- ¿El ganador del torneo se lleva un premio? – cuestionó Ikkaku.

- Tenéis que tomaros el día como si fuese un día libre, pero justo cuando aparezca el nombre del oponente en la pulsera, debéis encontrarlo y luchar con él. – dijo el vizard haciendo caso omiso a Ikkaku – Urahara me ha dado unos aparatos para que pueda observar las peleas sin estar ahí, así que no se os ocurra hacer trampas.

Dicho eso, Kensei abandonó el barracón.

- ¿Y el premio? – insistió Ikkaku molesto.

La puerta se entreabrió y una cabeza de pelo verde se asomó por la rendija.

- El premio para el ganador es una tarde en el spa que hay en el edificio blanco.

La puerta se cerró tras la respuesta.

- ¡Joder, Mashiro! ¡Quería dejar eso para el final! – se oyó desde el exterior.

- ¡Keeeeensei! Tú siempre intentando hacerte el misterioso…

- ¡Cállate!

En el barracón los rasos seguían intentando asumir toda la información dada.

- La pulsera no combina con mi ropa. – añadió Yumichika.

- Hablando de pulseras… - Kira miró la suya, que había emitido un pitido – Ca… Ca… Capitán…

- Lo sé. - dijo Hitsugaya después de ojear su muñeca.

La primera batalla les había tocado a Izuru y Toushiro.

Los rasos actuaron rápidamente y se metieron en las habitaciones para dejar el pasillo libre a los ahora oponentes.

Hitsugaya sabía que Kira, con esa alma de subordinado que tenía, no iba a hacerle daño por el respeto que sentía hacia él (tampoco es que pudiera), así que optó por acabar rápido pasando una de sus piernas por debajo de las del rubio para hacerlo caer. Una vez en el suelo, se montó encima de Kira, que había caído de espaldas, y pasó uno de sus brazos por el cuello del teniente mientras que con el otro inmovilizaba sus manos.

- Me rindo.

La pulsera de Izuru mostró en la pantalla un breve mensaje: "Eliminado", y después se desenganchó de la mano del rubio.

- Creo que ya podemos salir. - anunció Ishida después de oír a Kira rendirse.

El chico había entrado a la "habitación que sobraba" junto con Inoue, Matsumoto e Ikkaku. Abrió la puerta para salir al pasillo, pero antes dirigió una mirada a los que estaban con él en el cuarto. Dos pitidos habían sonado…

Ikakku, sin previo aviso, dirigió su puño derecho a la cara de Rangiku. La shinigami esquivó el golpe sin complicaciones, ella también había visto su pulsera. Aprovechando la incertidumbre que había provocado en Madarame, pateó la entrepierna del calvo y, sin darle tiempo a este de que saboreara el dolor, le propinó un fuerte puñetazo en la cara, haciéndolo caer al suelo.

- Dios… - fue lo único que alcanzó a decir Ikkaku, la pulsera cayó de su muñeca.

- Eso te pasa por traicionero. - se regodeó Matsumoto.

Ishida se vio literalmente estampado contra la pared cuando Renji entró de forma veloz al cuarto y, sin mediar palabra, enseñó su pulsera. "Inoue Orihime".

- ¡Aaaaaaaah! ¡Santen Kesshun!

- Inoue-san…

- ¡Auxilio! ¡Souten Kisshun!

- Eh…

- ¡Kurosaki-kun! ¡Mis horquillas! ¡Koten Zanshun! ¡Lo rechazo, lo rechazo! ¡Miel con tomate!

- Inoue-san, tranquila…

- ¡Me rindo, me rindo!

- Si es lo que te venía a proponer, mujer…

La pulsera de Orihime se desenganchó de su mano.

Tras esto, se oyó un fuerte estruendo en el pasillo. Ishida solo alcanzó a ver a Chad intentando golpear a Byakuya por todos los medios, mientras el Kuchiki lo esquivaba con facilidad. Los dos terminaron por salir del barracón.

Lentamente, los rasos iban abandonando el barracón, unos para ver la lucha entre Chad y Byakuya, y otros por puro aburrimiento.

Yumichika era uno de los pocos que se había quedado dentro, en la sala de ocio. Miraba con el rostro desencajado ese "horrible aro" que le habían obligado a ponerse en la mano. Su rostro cambió a uno de felicidad cuando divisó el nombre en la pantalla.

- ¿Dónde estás, Kurosaki?

- Aquí. – respondió Ichigo desde el pasillo.

- Creo que tenemos algo pendiente.

- Voy.

Con toda la naturalidad del mundo, el joven llegó hasta donde estaba Ayasegawa y adoptó una posición propia de boxeo. Tenían todo el cuarto para ellos.

Yumichika se aproximó sonriente a Ichigo e intentó darle una patada en el costado, cosa que el Kurosaki no permitió, parando su pierna con las manos.

- Eres bueno.

- Ya. Tatsuki siempre me pateaba así cuando éramos pequeños.

El moderno shinigami se agachó rápidamente e imitó la acción que antes había hecho Hitsugaya, sin ningún resultado. Ichigo no había caído al suelo.

- Eso siempre me lo hacían las bandas con las que me peleaba. Luego, cuando me tenían en el piso, me daban puñetazos y patadas hasta que venía Chad y me salvaba el culo.

Aprovechando que Yumichika estaba agachado, el Kurosaki encajó un rodillazo en su cara. Ayasegawa se había quedado tendido en el suelo doliéndose, Ichigo se inclinó hacia él y lo ayudó a levantarse.

- A veces es mejor la experiencia que los entrenamientos.

- Y que lo digas… Me rindo, pero no se lo digas a mi capitán. – la pulsera del shinigami cayó – ¡Por fin me puedo deshacer de eso!

Hinamori estaba felicitando a Hitsugaya por su victoria, los dos caminaban alrededor del edificio de la piscina. Un pitido, otra vez…

- Me ha tocado Arisawa Tatsuki.

- ¡Sí! ¡Te he tocado yo!

- ¡Arisawa-san! ¡Qué rápida!

- Para lo que me interesa.

Hitsugaya vio con gesto preocupado cómo Tatsuki ponía fin a la pelea apenas un minuto después de empezar. Solo hizo falta una majestuosa llave por parte de Arisawa para que Hinamori cayera y se rindiera.

Byakuya esquivaba sin parar los golpes de Chad, que cada vez se cansaba más. El capitán no era de luchar cuerpo a cuerpo. Podía, pero no le agradaba. Le gustaba mantener distancias y no ensuciarse con la sangre de su oponente. Dejaría hacer a Yasutora hasta que no pudiera más.

Rukia intentaba coger aire lo más rápido que podía, tenía que dar buena imagen a su hermano, que se encontraba combatiendo a unos metros de ella. Ishida era ágil y fácilmente podía encajarle tres golpes a Rukia en el estómago y evitar ser golpeado por ella. Pero la shinigami era un hueso duro de roer y encontró el momento oportuno para encajarle una patada en el pecho al Quincy. Ishida retrocedió por el efecto de la patada y cayó justo encima de Byakuya. Chad aprovechó la situación para inmovilizar al Kuchiki en el suelo y Rukia hizo lo oportuno para que Uryuu no se moviera.

- Me rindo. – dijo Ishida de mal humor.

Byakuya forcejeaba para zafarse del agarre de Chad, pero el chico era muy fuerte y tenía una gran ventaja al estar encima de él. Miró de reojo a Rukia, que dejaba libre a Ishida.

- Nii-sama… Lo siento. – se disculpó la Kuchiki después de notar la mirada furiosa de su hermano.

Byakuya volvió a su estado normal de indiferencia y golpeó fuertemente su cabeza contra el suelo. Quedó semiinconsciente. TODO antes de decir "me rindo". La pulsera del capitán se desenganchó de su muñeca.

La acción de Byakuya fue opacada por el escándalo que se oyó a unos metros de allí. El foco del ruido era la pelea entre Hisagi y Soi Fong. La última lucha de la primera fase, pues ya todos los rasos habían combatido.

Shuuhei trataba de parar todos los golpes que le asestaba la capitana, sin tener él ocasión de atacar. Sabía que estaba perdido y solo esperaba un milagro. Pero ese milagro nunca llegó. Soi Fong hizo alarde de sus muchos duros entrenamientos con una patada voladora que se llevó por delante las manos que Hisagi tenía protegiendo su cara. El pie de Soi Fong llegó hasta su rostro y lo quebró. Shuuhei cayó exhausto, y tras él, aterrizó la capitana. La pulsera del teniente rodó hasta los pies de la Comandante Suprema de las Fuerzas Especiales.

Había acabado la primera ronda. Los rasos ya podían respirar tranquilos, pero sin bajar la guardia, en cualquier momento podían comenzar de nuevo los combates.

La hora de la comida llegó y el grupo se dirigió al comedor para saciar su apetito.

- ¿Estás bien, Ikkaku? – preguntó Matsumoto al ver la cara del shinigami de un color muy rojo.

- Si pasas por alto que tengo los huevos aplastados y que casi me saltas dos muelas… Sí, estoy bien. – respondió el calvo, enfadado por haber perdido.

El caldo de pescado que les habían preparado sabía bien, y no estaba ni muy salado, ni muy dulce. Quizá les estaban recompensando por haberlo dado todo en la primera fase del torneo.

- ¿Has ganado, enana?

- Sí.

- ¡Muy bien! Yo también.

- …

- Oye, Rukia.

- ¿Qué?

- ¿Tienes algún problema conmigo?

- ¿Qué dices, Ichigo?

- Me estás evitando como si fueses una niña pequeña.

- …

- ¡Rukia!

- No tengo ningún problema contigo. Déjame comer, ¿vale?

Ichigo iba a replicarle a Rukia, a intentar molestarla para que hablara, a pelearse con ella, como siempre hacía. Pero notó que alguien se había sentado a su lado.

- Hola, Ichigo.

- Hola, Matsumoto-san. – saludó el chico ante la alegría que desprendía la shinigami.

- ¿Has terminado de comer?

- Sí, sí. Ya he terminado.

Rangiku le sonrió al joven y lo levantó del asiento de un tirón en el brazo.

- ¿Te parece que lo hagamos aquí?

- ¿Qué? ¿Eh? – la mente de Ichigo se iluminó después de unos segundos de incredulidad y miró su pulsera. "Matsumoto Rangiku" – Vamos fuera.

- Como quieras.

Continuará...


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