Hola! Alguien se acuerda de mí? T_T ... Los que se acuerden seguro que quieren asesinarme lentamente con una cuchara u.u Tengos mis razones por la tardanza ehh! Muchos exámenes finales, la Navidad, el estrés, la falta de inspiración (llevaba como un mes para terminar los últimos párrafos del cap)... En fin.. LO SIENTO! y espero que se acuerden de cómo era esta historia T_T y si no se acuerdan.. ya pueden empezar a leer, jeje... toda suya!

Gracias, como siempre, a cOnfii-momo (Aizen me hubiese caído bien si soltase esas frases en medio de las batallas, y no su discurso habitual ¬¬ xD Espero sentimentalismos en tu review! Muchas gracias por haber llegado hasta aquí, de verdad!) Haoshadow (la continuo, la continuo! aquí está el último cap, espero que te guste, perdón por la tardanza T_T) Ryunna-san y Yunna-san (Eyyy me he reido mucho con este review jajaja.. si.. lo de yoruichi y soi fong era algo que tenía que pasar, en eso estoy de acuerdo! espero que les guste este cap! gracias!) Diva-Hitsugaya (jaja yo también creo que Aizen es un "censurado" . jjaaja.. apoyo mucho el ginran pero en este fic no tenían cabida, intentaré hacer un one shot de esa pareja *_* Gracias!) chidorisagara (todo lo bueno tiene un final sí.. ehh.. un momento.. eso significa.. que.. mi fic.. es bueno? oooh gracias! eres una de las personas que siguieron el fic desde el principio, desde el primer día.. y eso no se me olvidará jamás.. gracias por todo!) AnaVila ( O_O jajajaja! pues si el anterior cap te dejó así... a ver cómo te quedas con el último! jaaj gracias!) MrCarhol (me alegra bastante que te haya gustado el cap! yo también me rei mucho escribiéndolo xDD a ver si este también es de tu agrado.. gracias por leer!) kusajishi-chiru (la verdad es que no sé cómo se me ocurrió jaja.. lo importante es que gusta no? jajaaj.. gracias por leer!)

Gracias también a las personas que ponen este fic en favoritos o en alertas! Espero que dejen review en este cap final :)

Disclaimer: Bleach no me pertenece, Tite Kubo es el único capaz de pensar esta magnífica trama

Nota: Es el cap más largo que he escrito y está separado por pequeñas partes que se indican por puntos suspensivos (...)

Advertencia: Lo de siempre... Lenguaje algo bruto por parte de los personajes que, generalmente, lo usan... y algo de sexo que no llega ni siquiera a Lime.

A leer!


Inoue estaba agotada. Llevaba tres días rechazando heridas sin parar. El cansancio era tal, que no había podido curar a los heridos del todo. Había podido rebajar su gravedad, haciendo que sus heridas fueran ahora insignificantes rasguños, pero no había conseguido sanar a ningún raso en toda su integridad. Por lo tanto, todos los heridos llevaban vendas en alguna parte del cuerpo que los hacían ver como pobres criaturas maltratadas.

Orihime había sido la única a la que habían permitido abandonar la academia y recuperar sus poderes. Los demás rasos se mantenían confinados en las instalaciones, de muy mal humor al comprobar que no podían salir para visitar a los heridos. La norma era que no abandonarían la academia antes de cumplirse el mes, y para eso aún faltaba un día. Tal era el descontento entre los casi prisioneros, que Urahara había tenido que hacer acto de presencia por primera vez en la academia desde aquella inauguración caótica.

- Chicos... - Kisuke llamó la atención de los rasos, que se encontraban gritando y golpeando una de los portones de la academia.

- ¡Oh! Pero mira quién está aquí. - Renji encaró a Urahara, aunque entre barrotes, porque el teniente estaba en el interior y el "director" se encontraba al otro lado, separados los dos por la gran puerta metálica plagada de barrotes - ¡Sáquenos de este mugroso sitio!

- Las reglas son las reglas, Abarai-san. – como siempre, el rubio acompañó sus palabras con una sonrisilla inocentona.

- ¡Pero si no estamos haciendo nada! ¡Todos los profesores se han ido! ¡No hay clases, no hay nada! ¡Llevamos tres días aquí haciendo el idiota! ¿Dónde están los demás? ¿Están bien? ¡Queremos saberlo!

- Abarai-san, calma… ¿Por qué no puedes estar tan tranquilo como el capitán Kuchiki? – Urahara se abanicó desenfadadamente y dirigió su vista a Byakuya, que se mantenía algo alejado de los rasos huelguistas y observándolos sin interés – Además, los heridos regresarán esta tarde. Ya se encuentran bien. Querían pasar el último día en la academia.

Kisuke desapareció a golpe de shunpo, sin dejar tiempo suficiente como para que alguien respondiera a su comentario.

- ¿Eso era una broma? – cuestionó Ikkaku incrédulo.

Los rasos comprobaron, minutos después, de que no se trataba de una broma. Ishida (con una venda alrededor de su cabeza), Yumichika (con un bonito cinturón sobre el uniforme de la academia que cubría su estómago herido), Soi Fong (sin ningún vendaje, aunque cojeando a ratos) y Rukia e Ichigo (peleándose y haciéndose saltar mutuamente los puntos de sus heridas), atravesaron la puerta metálica, una vez abierta por un shinigami guardián desde el exterior.

- ¿Haciéndose los heridos para pasar unos cuantos días fuera de aquí, eh? – bromeó Tatsuki al percatarse de que estaban en perfecto estado - ¿Cómo están los profesores del otro día?

- Sentaro y Kiyone siguen al cuidado de la capitana Unohana, pero están fuera de peligro. – respondió Rukia antes de ver a Byakuya e iluminársele los ojos - ¡Nii-sama!

El noble sujetó a su hermana para ayudarla a andar y se la llevó camino al barracón, después de dirigirle una mirada de advertencia amenazante a Ichigo. Ni siquiera le dio tiempo a Rukia para que saludara a los rasos.

- ¡Qué posesivo! – todos se sobresaltaron al escuchar la voz de Urahara a sus espaldas, no sabían en qué momento el rubio se había posicionado allí.

- ¿Hay clases para hoy? – Hitsugaya aprovechó la presencia del director para plantear la cuestión.

- No. La academia ya ha finalizado su horario lectivo. – aunque la frase había sonado tajante, Kisuke había mantenido su sonrisa mientras pronunciaba las palabras.

- ¿Entonces por qué seguimos aquí? ¡Si mañana nos iremos! – Ikkaku no entendía nada.

- Los profesores y yo hemos decidido premiaros por la gran labor que hicisteis contra Aizen. El único motivo por el que todavía estáis aquí es porque… - Urahara se abanicó y ensanchó su sonrisa.

- ¡Dígalo! – gritaron los rasos al unísono.

- ¡Oh, no puedo! Tenéis que estar todos aquí... Y creo que faltan los hermanos Kuchiki e Inoue-san.

Como propulsados por cohetes espaciales, los rasos se dividieron. Una parte fue a buscar a Rukia y a Byakuya y a arrastrarlos hacia la entrada de la academia. La otra parte salió del recinto, escalando la verja, y comenzó a buscar a Orihime por los alrededores. Tuvieron suerte, ya que la chica estaba de camino a la academia y la encontraron en cuestión de segundos.

- ¡Ya está! – volvieron a gritar los rasos al unísono, pero esta vez jadeando y con grandes gotas de sudor recorriendo sus sienes.

- Como decía… - Kisuke hizo recuento mental para comprobar que estaban todos y se aclaró la garganta - El único motivo por el que todavía estáis aquí es porque… ¡Esta noche hay fiesta en la academia!

- ¿Qué?

No, señores. Urahara no bromeaba. Y los rasos se percataron de ello a eso de las ocho de la tarde, cuando comenzaron a llegar trajes y vestidos de noche para su uso personal.

- ¿Pero qué coño es esto? – se oyó decir a Ichigo en el interior del barracón al observar detenidamente la ropa. Se trataba de un conjunto de chaqueta, pantalón, corbata y zapatos negros junto a una camisa de botones blanca.

- ¡Vaya! Si vas a parecer un Men in Black. – el gesto de burla de Rukia fue opacado por uno de horror al ver su ropa. En esta ocasión, la prenda era un vestido blanco de tiras que llegaba hasta las rodillas, acompañado de una especie de cinturón de adorno y unos tacones negros – ¿Es que aquí no hay color?

Y no solo Ichigo y Rukia iban a lucir como unos auténticos compañeros de Will Smith. La ropa era igual para todos los rasos. Ni siquiera el último día se iban a librar de los uniformes.

Media hora después, todos los desafortunados estaban preparados. Vestían los monótonos "uniformes de noche", aunque con algunos toques personales, cosecha de cada uno.

Yumichika, que llevaba una rosa roja asomando desde el interior del bolsillo de la chaqueta, fue el primero en pisar el edificio blanco y el primero que abrió la boca desmesuradamente.

El lugar ya no era lo que antes era, es decir, sí lo era, sí… Pero no era el mismo que las últimas semanas, para nada… Era ahora… Ahora parecía… Esto... Era como si alguien hubiese mezclado todas las fiestas de Carnaval de todos los países del mundo en un solo edificio. Había salas oscuras en las que únicamente se podía ver cuando un foco de los que estaban situados en el techo emitía un destello blanco discotequero. Otras se iluminaban por un profundo color rojizo y emanaban un calorífico… ¿romanticismo? Incluso reproducían una música muy melosa. También se podía contemplar un cuarto con, aproximadamente, ochocientos videojuegos y mesas de billar. La azotea ahora tenía un jacuzzi que borbotea al son de la canción que más fuerte se escuchara, y todas las estancias se comunicaban por medio de una larguísima barra negra en la que cincuenta camareros esperaban órdenes de los rasos.

La cara de estos últimos era un auténtico poema.

- ¡Venga ese sake! – Matsumoto fue la primera en reaccionar al ver la barra libre.

- ¿Sake? – Urahara cuestionó irónico, escondido tras su abanico. Los rasos se volvieron a sobresaltar al escuchar su voz tras ellos – ¡Aquí no hay sake! Es una fiesta de humanos modernos. Aquí hay ron, whisky, vodka, absenta, chupitos, tequila, licor de todos los sabores y… ¡anís del mono! – Kisuke apartó su abanico para dejar ver una gran sonrisa, y lo único que pudo enseñar fue un leve desangrado nasal al observar cómo Matsumoto había "suprimido" las tiras de su vestido (pues ya se sujetaba por sí solo, ejem, ejem…) – En fin… ¡A disfrutar! – dicho esto, desapareció para limpiarse la nariz.

- ¡Yo no le hago ascos a nada! – Rangiku gritó antes de enganchar por un brazo a Shuuhei y por el otro a Kira y llevárselos arrastrando a la barra.

Orihime vio cómo Renji, que ya se había desanudado la corbata y se había abierto un par de botones de la camisa; Ikkaku, que ya había apartado de su vestimenta la chaqueta y la corbata; y Chad, que llevaba la camisa y la corbata sin una sola arruga (pero… ¿Y la chaqueta? ¿Es que a nadie le gustan las chaquetas?) corrían hacia la sala de los videojuegos con los ojos casi inyectados en sangre. Algunos llamaban a esto... el vicio.

- Inoue-san. – la llamó tímidamente Ishida, sus mejillas tenían un gracioso tono carmesí - ¿Te apetecería bailar conmigo allí? – efectivamente, Uryuu estaba señalando la sala con música acaramelada.

- ¡Oh! – Orihime tuvo la tentación de recorrer la estancia con la vista para intentar encontrar a Ichigo, pero algo hizo que desistiera de la tarea, algo en el rostro de Ishida - Claro.

Los rasos se iban disipando. Los que tenían la suerte de encontrarse acompañados, desaparecían por el recinto buscando un lugar donde divertirse con sus camaradas. Y los que se encontraban solos, comenzaban una buena amistad con la barra del bar. Este era el caso de Byakuya, que no dudó en separarse de todo el grupo para coger asiento en el primer taburete que se cruzó en su camino. Pidió un elegante whisky con hielo y esperó a que la noche terminara. Pero no contaba con que, realmente, no estaba solo…

- Byakuya.

- Es capitán Kuchiki.

- Byakuya.

- Capitán Kuchiki.

- Bueno… ni para ti, ni para mí. Capitán Byakuya.

- …

- ¿De acuerdo?

- Capitán Kuchiki.

Ichigo reprimió unas crecientes ganas de lanzarse sobre él y romperle las costillas. Byakuya se mantenía estático, miraba el vaso de whisky que no había soltado desde que se lo habían servido. En ningún momento rodó sus ojos a la cara del joven.

- ¿Sabes dónde está Rukia? Es que he ido un momento al cuarto de baño y cuando he vuelto ya no estaba. No la veo por ningún lado. – Ichigo se mordió el labio con gesto de nerviosismo – Como es tan pequeña (y cabezona)…

El noble se llevó a la boca el contenido del vaso y se lo bebió con parsimonia, ignorando la pregunta del Kurosaki. Ichigo resopló y se maldijo a sí mismo por creer que Byakuya le haría caso. Acto seguido, retrocedió unos pasos para retomar su búsqueda.

- Nadie en ninguno de los mundos lo sabría mejor que tú. – el shinigami sustituto no solo se encontró con esas palabras del Kuchiki, también chocó con sus ojos. Esos ojos que el capitán evitaba cruzar con los demás muy a menudo. – Ya es tu obligación saber dónde y cómo está Rukia.

La mente de Ichigo comenzó a responder y reaccionar ante todos y cada uno de los sucesos que había vivido con Rukia durante ese mes. Cuando estaba con ella, parecía que lo había estado desde siempre, como si ambos hubiesen crecido juntos. Pero cuando carecía de su compañía, notaba un vacío. Justo la misma sensación que tenía antes de conocerla a ella y al mundo de los shinigamis. Cuando alguien hacía daño a Rukia, le dolía más a él que a ningún otro. Y cuando su lado más pesimista le repetía una y otra vez que todo iba a acabar, que volvería a ser el humano normal que era antes, el pánico invadía su ser. Un pánico que solo se podía comparar al momento en el que contempló a su madre en el borde del río, sin vida.

Por otro lado, estaba ella y sus sentimientos. Estaba claro que a Rukia le agradaba la compañía de Ichigo y que se preocupaba demasiado por él cuando se encontraba herido. A eso había que sumar la escena de hacía unos días, esa que no había sabido interpretar hasta ahora. Rukia había tenido celos de Tatsuki. Y los celos significaban algo. Lo más extraño era la frase de Byakuya, una frase que había despertado todas estas cavilaciones y que a Ichigo le había sonado como un permiso. Kuchiki Byakuya, capitán del Sexto Escuadrón, cabeza de familia del clan Kuchiki, y hermano mayor de Rukia, estaba dejando abierta la puerta que separaba a la pequeña shinigami del gran humano.

Ichigo se irguió, bajó unos centímetros la cabeza frente a Byakuya en una especie de reverencia, y comenzó a andar a paso ligero en busca de Rukia.

Soi Fong disfrutaba de las cálidas burbujas que emanaban del jacuzzi junto a Yoruichi. Todo habría sido perfecto para la capitana, si no se hubieran unido a la fiesta Kyoraku, Hinamori y Hitsugaya. El jacuzzi parecía un caldo de sopa con tropezones. Soi Fong se fijó, con desagrado, en el vello que cubría el pecho de Shunsui.

- Si quieres me pongo la bata por encima. – dijo Kyoraku mientras dirigía su vista al lugar en el que se amontonaban los uniformes, los vestidos y los trajes de los que se bañaban.

- Mejor me voy. – concluyó rápido Soi Fong mientras se incorporaba.

- ¡Ah! Entonces hay sitio para Nanao-chan… ¡Nanao-chan, ven a acompañar a tu capitán! ¡Y Lisa-chan! ¡Venid las dos! ¡Si os pegáis bien a mí cabemos! ¡Nanao-chaaaaan! ¡Lisa-chaaaaan!

- Quédate aquí, Soi. – casi ronroneó Yoruichi, tirando del brazo de la shinigami hasta sentarla de nuevo, para después murmurar muy cerca de su oído – Contigo aquí todavía hay sitio para otro. Entre lo pequeño que es el capitán Hitsugaya y lo que se le está arrimando a Hinamori… Cabe Omaeda.

Soi Fong respiró lo más hondo que pudo y tanteó en el borde del jacuzzi hasta encontrar su Martini seco. Se lo bebió de un único y largo trago. Las pocas horas que faltaban para que la academia cerrase eran su consuelo.

Kira ya no sabía dónde meterse. Afortunadamente, se había podido escabullir del lado de Matsumoto, después de una hora de chupitos de tequila infinitos. En ese tiempo, había perdido la corbata y los zapatos… Y también la cordura. Se mareaba a cada paso que daba y veía doble. Para colmo, cuando ya pensaba que había acabado todo, había notado cómo una mano se lo llevaba a la pista de baile. Y allí estaba él, ebrio y casi inconsciente, bailando arrítmicamente con Tatsuki.

- No sé qué hago contibo pebo da ibual… - balbuceaba Kira intentando seguir los pasos de Arisawa.

- No te he entendido una mierda, pero vale. – Tatsuki se pegó más al rubio.

- ¿Qué… hafes? Yo… Yo no… Yo quiebo vomitab…

La chica hizo caso omiso al comentario de Kira y rozó descaradamente sus cuerpos. Lo siguiente que hizo fue mirar sonriente y picarona a Renji, que observaba furioso la escena y apretaba con una fuerza descomunal el palo de billar que estaba entre sus manos.

De todo este panorama se estaba percatando Shuuhei, que llevaba la misma cantidad de tequila en sangre que Kira, pero la aguantaba mejor. Lo que no aguantaba tanto era tener a Matsumoto sentada a su lado, apoyada en la barra en una postura en la que podía ver perfectamente cómo sus pechos eran castigados por las leyes de la naturaleza.

- ¡Vamos, Shuu! ¡Otra ronda! – gritó Matsumoto, y sus pechos volvieron a botar.

Hisagi quería arrancarse los ojos, pues no querían despegarse de los atributos de Rangiku. Pero eso no era lo peor de todo. El verdadero problema era que todas las partes del cuerpo de la teniente eran preciosas, y sus ojos no se despegaban de ninguna de ellas. Ahora mismo, habían cambiado de posición y estaban clavados en la boca de Matsumoto. Shuuhei había comprobado que no le atraían sus pechos como un único elemento. Noooo… A Shuuhei le atraía todo de Matsumoto. Tanto su exterior, como su interior.

- Me gusta lo que te has hecho en la ropa. – Rangiku señaló la chaqueta de Hisagi, a la que él había recortado las mangas, convirtiéndola más bien en un chaleco – Pero seguro, seguro, seguro, seguro…

- …

- Seguro, seguro, seguro…

- ¿Seguro... qué?

- Seguro, seguro, seguro… ¡que me gustas más sin ropa!

- ¡Rangiku-san! – Shuuhei se sobresaltó tanto que a punto estuvo de darse de bruces contra el suelo. Suerte que Matsumoto estaba a su lado y pudo apoyarse en sus piernas. ¿En sus piernas? Oh, mierda… Ahora estaba inclinado sobre Matsumoto, y con sus dos manos apoyadas en sus muslos.

Para cuando quiso reaccionar, la teniente lo hizo antes que él. Cogió su cara y, sonriendo, lo besó. Hisagi se quedó paralizado, sintiendo el contacto de los labios de la mujer. Dejó que Rangiku lo "mimara" durante unos segundos, hasta que su conciencia le ordenó que se detuviera.

- No. – Shuuhei rompió el beso poniendo toda su fuerza de voluntad – No sabes lo que haces. Estás borracha.

- ¿Borracha, yo? Aún no me has visto borracha… ¡Un día me bebí tu peso en sake y me fui a trabajar! Creo que el capitán Hitsugaya ni se enteró.

- Pero… ¿por qué lo haces, entonces?

- ¿Tú no quieres hacerlo?

- ¡Sí! - Hisagi se sonrojó al escucharse responder tan rápido – Quiero decir… No pensaba que tú sintieras eso por mí. Yo creía que tú estabas enamorada de…

- ¿Enamorada de quién? – interrumpió Matsumoto frunciendo el ceño – Me parece que el tequila no te ha sentado nada bien.

- Puede ser. - Shuuhei ya no pudo decir nada más, ya que Rangiku lo había vuelto a besar, y esta vez el teniente no le dejó todo el trabajo a ella.

- Vámonos a otro lado. – sugirió Matsumoto entre beso y beso. Hisagi solo pudo asentir mientras se concentraba en los labios de su deseada shinigami.

Kira estaba teniendo alucinaciones, estaba viendo a dos Matsumotos besándose con dos Hisagis. Lo peor de todo, es que no sabía en qué momento había ido a parar al suelo. Estaba tirado ahí, cual saco de patatas, y solo él había presenciado la escena "amorosa", aunque seguramente no se acordaría al día siguiente. Lo que sí recordaba era que Renji había aparecido segundos después de que Tatsuki hubiera meneado su trasero en la cintura del rubio, había compartido unos cuantos gritos con la chica y se la había llevado zumbando de allí.

- ¡Qué coño se supone que haces! – el pelirrojo, que había llevado a Tatsuki muy lejos de toda la fiesta, concretamente a la piscina, vociferaba como un poseso.

- Darte celos, y veo que funciona. – la joven se carcajeó en la cara de Abarai.

- ¿Celos? ¡Más quisieras, niñata!

- ¿Entonces por qué me has arrastrado hasta aquí?

- ¿Eh? Porque… Porque Kira iba a vomitar y te salvé de ser su retrete.

- ¿Y Kira iba a inundar el edificio con su vómito? Porque si no es así, no entiendo por qué estoy en la piscina.

- ¡Que te den! – Renji se dio la vuelta y se dirigió a la salida.

- ¿Te acuerdas, cabeza de piña? – el aludido se volteó a ver a Tatsuki, que se encontraba sentada en el borde de la piscina, con una mano en la cremallera del vestido – Aquí me salvaste la vida, ¿no? – Arisawa comenzó a bajarse la cremallera, ante la atenta mirada de Renji – Si no llega a ser por ti, no sé que habría pasado. – concluyó la chica, dejando caer el vestido.

El pelirrojo se acercó con movimientos casi teledirigidos y se sentó a su lado, contemplando sin ninguna vacilación el cuerpo semidesnudo de Tatsuki. Esta empezó a desabotonar la camisa del teniente, hasta que él mismo terminó quitándosela.

- I-Ichigo… Ichigo también… a-ayudó… - fue lo único que pudo salir de la boca de Renji al sentir las manos de la joven desabrochando y bajando su pantalón.

- Ya. – Tatsuki empujó bruscamente al shinigami y lo hizo caer a la piscina. Acto seguido, ella también se zambulló.

Renji nadó lo más rápido que pudo hasta alcanzar la cintura de la joven y rodearla con sus brazos. Esta vez, Tatsuki no opuso ninguna resistencia cuando Abarai acercó sus labios y rozó los suyos. Quien dice rozar… dice lamer, babear, morder… El hecho es que la humana correspondió con gran ímpetu.

- Solo hacía falta hacerse la princesita en apuros para captar tu atención. – Arisawa rompió el beso y observó el rostro desconcertado de Renji – Realmente no me salvaste la vida. Seguro que le habría pegado una paliza a Hirako después de haber salido de la piscina yo solita. Me sé cuidar por mí misma, gilipollas. – la chica se carcajeó ante la mirada furiosa del pelirrojo.

- No digas tonterías. Ya habías captado mi atención antes. – finalizó Renji al tiempo que desabrochaba el sujetador de una sorprendida y atónita Tatsuki, uniendo de nuevo sus labios.

Byakuya continuaba en la barra, pero ya no bebía. Jugaba con el único hielo que no se había desecho en el vaso que anteriormente contenía whisky. Cualquier persona que lo observara en ese estado, pensaría que estaba triste o que lo acababan de plantar. Pero el noble se sentía bien así, era su estilo de vida, muy diferente al estilo de los demás. Su solitaria "felicidad" no duró demasiado, pues en pocos segundos los taburetes más próximos a él fueron ocupados por Soi Fong, Kyoraku, Zaraki y Ukitake.

- ¿Qué tal, capitán Kuchiki? – saludó Ukitake.

- ¡Eh, Kuchiki-san! ¿Qué había en ese vaso? Yo también quieeeeero… - contribuyó un medio ebrio Kyoraku.

- ¿A que nadie es capaz de beberse un litro de tequila sin respirar? – Zaraki retó al personal y le dio un fuerte codazo "amigable" a Byakuya.

El noble giró su vista indiferente hacia Soi Fong, que estaba hartándose a chupitos de licor de limón.

- ¿Vas a contarme alguna banalidad tú también? – el Kuchiki preguntó irónico a la capitana. Soi Fong ni se inmutó.

- No te molestes. La capitana está sumida en una fuerte depresión, creo que Shihouin Yoruichi la abandonó. – Ukitake sonaba preocupado.

- No la abandonó. Nos fuimos todos del jacuzzi para dejar al capitán Hitsugaya y a Hinamori-san solos. Pero Yoruichi-san se fue por otro lado. – Shunshui habló con la boca entera metida en la botella de ron. Era impresionante cómo aguantaba el alcohol.

Soi Fong seguía en su mundo, con la mirada fija en el frente. Zaraki chasqueó la lengua y entrecerró los ojos un poco, parecía haber visto algo.

- ¿Qué hace el teniente Kira tirado en el suelo?

Rukia se encontraba en el tejado, si es que eso se podía llamar tejado, del barracón. Llevaba sentada ahí desde hacía una hora, cuando se había podido separar de Ichigo sin que él se percatara. Había sido una huida perfecta y sigilosa. Pero… ¿por qué había huido? Ni siquiera ella lo sabía. De repente, habían salido a la luz todos los sentimientos que tenía hacia el chico y que no había podido guardar después de lo de la escenita de los celos. Verlo junto a ella con su impecable traje negro y esos ojos avellana o miel o lo que quiera que fueran, mirándola fijamente y con una media sonrisa, esa que sólo dirigía a ella, era casi como una tortura. Un "quiero decirle lo que siento, pero me da miedo", o quizá un "como no tengo valor para abrazarle, le doy un puñetazo en el estómago". Se estaba hartando de esa tensa situación de la que el humano no tenía ni idea.

Un ruido tras ella la alertó. Giró levemente su cabeza para ver al intruso, pero sin dejar de abrazarse las piernas flexionadas. La sombra se fue acercando a la shinigami hasta que esta pudo reconocerla. Era Ichigo. Rukia sintió una punzada en el vientre, pero no por el hecho de estar de nuevo al lado de la persona que nublaba sus sentidos, sino porque la cara del chico era todo un poema. Estaba pálida y tenía una mueca de asombro y miedo a la vez. Ichigo miraba fijamente al horizonte, con los ojos perdidos. Rukia se incorporó rápidamente para ayudarlo a sentarse.

- ¿Qué te pasa? – preguntó la Kuchiki asustada.

- Te he… te he estado buscando, ¿sabes? – el humano parecía un zombi, hablaba mecánicamente y ni siquiera miraba a Rukia – Yo… No sabía dónde estabas. Miré en la azotea y… y allí estaban Toushiro y Hinamori… estaban allí haciendo algo, yo no sé… Me recorrí el edificio blanco y hasta fui a las duchas… en las duchas… en las duchas estaban Mat… Matsumoto-san y Hisagi-san… Ella estaba ahí y él… él estaba por el otro lado y los dos estaban… estaban… - Ichigo acompañaba sus intentos de frases con gestos extraños de las manos, Rukia no daba crédito – Salí del edificio blanco para seguir buscando y coger aire, porque aquello… aquello daba miedo… Y entonces… Entonces fui a mirar en la piscina y estaba dentro Tatsuki… desnuda… creo que estaba… desnuda… y con… con Renji… creo que Renji tampoco llevaba nada… y los dos estaban dentro y estaban… ¿sabes? Estaban… eso que… ellos… Y luego vine y te encontré aquí a ti… Rukia, están todos locos.

La Kuchiki sintió el deseo de abrazarlo para que todos los recuerdos de sus amigos desnudos y alborotados se disiparan. Y así lo hizo. En un arranque, se posicionó de rodillas a su lado y acercó la cabeza de él a su pecho.

- Ya pasó, ya pasó…

- Ha sido horrible.

- Tampoco exageres.

- Pero es como ver a mi padre… a mi padre ahí…

- ¡Ah! ¡No digas eso!

Ichigo se percató en ese preciso instante de que su cara se hallaba en el pecho de Rukia, respirando su preciado aroma, sintiendo su calor. Dejándose llevar por un impulso, agarró a la Kuchiki suavemente y la hizo acostarse justo encima de él, quedando ahora la cabeza de la chica en su pecho. Rukia se dejó manejar por el chico, pero no se atrevió a mirarle, simplemente se quedó con la cara enterrada en sus pectorales.

- Rukia.

- ¿Qué?

- Cuando ganemos la batalla contra Aizen, ¿qué pasará?

- ¿Por qué das por hecho que vamos a ganar?

- Porque lo vamos a hacer.

- Eso espero.

La mano de Ichigo se posó en la cabeza de Rukia, acariciando y revolviendo su cabello. Las suaves caricias del chico relajaban a la shinigami, que no pudo evitar cerrar los ojos para disfrutar del contacto.

- ¿Qué pasará, enana?

- No sé a qué te refieres.

- Me refiero a lo que nos pasará. A ti y a mí.

- La pregunta no es esa. – Rukia alzó su cabeza para poder ver el rostro de Ichigo, que mantenía su vista fija en el oscuro cielo. – La pregunta es… ¿Qué nos está pasando ahora?

El Kurosaki buscó los ojos de Rukia, parecía que ella también había reflexionado sobre los sentimientos de ambos. Ichigo no apreció ningún deje de incomodidad en el rostro de Rukia, eso le alivió.

- No lo sé. – se atrevió a decir – Pero… me gusta.

- A mí también. – a la Kuchiki no le importó dejar su orgullo de lado para responderle al de pelo naranja. Tampoco le importó ascender por el cuerpo de Ichigo hasta que sus caras quedaran frente a frente.

- Cuando estoy contigo, estoy fenomenal. Cuando tú no estás, siento un vacío, como un hueco en el pecho, como si fuera un bastardo de Aizen. Me aterroriza pensar que te puedas ir algún día, cuando todo esto acabe. ¿Sientes lo mismo que yo?

- Sí. – Rukia no dudó en contestar, tampoco dudó en darle un leve beso en la mejilla y apoyar su cabeza en el hueco de su hombro.

- Me has dado un beso… - Ichigo estaba rojo como un tomate pasado de madurez.

- Ya. No me reconozco.

- ¿Estás enamorada?

- Ni idea. Nunca lo he estado. ¿Y tú?

- Tampoco lo sé. – el humano arrugó el entrecejo en una mueca pensativa. Acto seguido, sonrió de medio lado y preguntó - ¿Te apetece comprobarlo?

Antes de que Rukia pudiese cuestionarle, el chico se incorporó con ella encima y, con la seguridad de que a la Kuchiki le estaba agradando el contacto, la besó con una ternura jamás usada.

Rukia no se sorprendió, es más, esperaba esa unión. Con movimientos algo torpes, correspondió el preciado beso.

- Así que esto es… - la boca de Rukia interrumpió las palabras de Ichigo, no pudo continuar la frase hasta que a la Kuchiki se le acabó el oxígeno – Esto es amor, ¿eh?

La palabra "amor" frenó todo intento de tercer beso por parte de la shinigami, que dirigió su mirada a los ojos del chico. Su blanquecina y delicada mano se posó en el vientre del humano.

- ¿Sientes algo aquí? – cuestionó curiosa.

- ¿A qué te refieres?

- Un nudo, un cosquilleo, un dolor… Algo.

- Sí. Pero también lo siento aquí. – Ichigo condujo la mano de Rukia hasta su corazón – Además, ahora los labios me hacen cosquillas.

- A mí también.

Cualquiera que estuviera presente en esa conversación, se percataría de lo poco inexpertos que eran ambos y lo inocentes que podían llegar a ser.

- Ichigo.

- Dime.

- ¿Tú ya has...?

- ¿Qué?

- Que si tú ya has… - Rukia acompañó sus palabras con una mueca extraña, en la que levantaba desmesuradamente las cejas y asentía sin cesar.

- No entiendo.

- ¡Dios! Lo que estaban haciendo el capitán Hitsugaya y Hinamori, y Renji y Tatsuki, y Matsumoto con Hisagi.

- ¡Ah! – a Ichigo se le enrojeció la cara en el acto, pero prefirió ser honesto y contestar – Pues no… ¿Y tú?

- ¡Oh, claro! Renji es bastante bueno.

Un escalofrío recorrió el cuerpo del Kurosaki, acompañado de una rabiosa vena que latía sin parar en su sien. El rostro del humano se enrojecía progresivamente, y sus ojos entrecerrados y sus dientes crujiendo eran observados por una sonriente Rukia. Ichigo reprimió un grito ahogado y se puso en pie, sin siquiera mirar a la shinigami.

- Entonces tú… tú ya… con Renji… - intentaba sonar indiferente, pero su voz temblaba colérica.

El chico se sorprendió al notar los pequeños brazos de Rukia rodeando su cintura desde detrás. Instintivamente, se dio la vuelta para quedar frente a frente, con Rukia aún rodeando su cintura.

- Era una broma, descerebrado.

- Maldita enana. - el humano suspiró aliviado y correspondió el abrazo.

- Pero te ha dolido, ¿eh? Celoso…

- ¿Celoso, yo? – Ichigo se carcajeó intentando parecer irónico - ¡Por alguien como tú, nunca!

- Sabes que sí.

Ichigo, en lugar de responder, besó a la shinigami casi con rabia. Acto que ella correspondió gustosa, revolviendo su pelo naranja en el proceso.

- Te quiero. – las palabras salieron disparadas de la boca del joven, sin apenas poder controlarlas.

Rukia, sorprendida por la declaración, contempló el rubor del rostro del Kurosaki. Sonrió satisfecha.

- Yo también.

Fue una respuesta escueta. Pero fue la respuesta más valorada y ansiada por Ichigo desde hacía bastante tiempo. No importaba la manera en que se decía, ni siquiera si se tenía que decir o no. Ellos lo sabían. Todos lo sabían. Se lo demostraban día a día, aunque con el carácter que cada uno tenía. No hacían falta palabras, tan solo actos.

Se sentaron de nuevo en el techo del barracón, aún impactados por las cuatro simples palabras que habían logrado decir. Ichigo rodeó con su brazo a Rukia en un gesto cariñoso, quizá porque temía que se separase de él esa noche. Rukia se apegó más a él, calmando sus miedos.

- Ichigo.

- Dime.

- ¿Sabes que aún tienes el Chappy en la cabeza?

- ¡Mierda, enana! ¡Vaya manera de joder el momento romántico!

A unos kilómetros de la academia, se alzaba una gran montaña. Era un terreno de un relieve impresionante y con unas vistas, además, magníficas. Era muy difícil acceder al pico de esa montaña, tan escondido entre los altos pinos y los robles más arcaicos. En ese preciso lugar se podían divisar dos siluetas. Las dos sombras fijaban su vista en el sitio donde se hallaba la academia, concretamente en el techo del barracón. Entrecerraban levemente los ojos para poder observar mejor la situación que se estaba dando en la zona indicada.

- ¿Crees que todo esto funcionará?

- Claro, ¿por qué no?

- No sé. Se está liando una buena allí abajo. Quizá nos excedimos.

- En absoluto. He comprobado que todos luchamos con más ahínco y con mayor concentración y posibilidades de vencer cuando tenemos una razón por la que seguir respirando. ¿Qué hay más importante que estar ligado sentimentalmente con otra persona? ¿No es esa una razón suficiente? El tener que protegerla o el tener que seguir viviendo para poder seguir estando a su lado… Es un motivo que nos lleva a dar todo lo que podamos en el campo de batalla. ¿No lo crees así?

- Sí, en parte. Pero montar una academia de pega solo para que los chicos dejen volar sus hormonas… Es muy fuerte. Aunque también he de reconocer que ha sido muy divertido.

- No solo por sus hormonas. Se respira romanticismo en el ambiente. Mira esos dos. Un humano y una noble shinigami, abrazados… Y ahí. Ahí hay un Quincy bailando acarameladamente con una chica… Échale un vistazo a la piscina. Renji está sumido a Arisawa-san, ¿quién sabe qué podría hacer por salvarla del peligro? Y como este, hay más ejemplos repartidos por toda la academia. Me parece que ha sido un experimento muy exitoso.

- Ahora que lo dices… Creo que tienes razón. Tú siempre haciendo de las tuyas, Kisuke.

- También tengo mucho que agradecer a todos los que se han prestado como profesores y al viejo Yamamoto por permitirme hacerlo. Y, por supuesto, a ti. Ninguno de ellos se habría atrevido a dejar correr hormonas y sentimientos por sus cuerpos sin tu intervención. Gracias por empezarlo todo aquella noche, Yoruichi-san.

- Sabes que para mí ha sido un grandísimo placer. Y ahora, si me disculpas… Tengo una fiesta a la que acudir y una pequeña capitana a la que molestar.

- Hasta luego, Yoruichi-san. Diviértete.

Y en la cima de aquella gran montaña quedó Urahara a solas, sonriendo. Contemplando lo que su mente prodigiosa había podido juntar. Personas diferentes, con caracteres diferentes, con poderes diferentes, vivas o muertas… Todas unidas, creando un muro difícil de derrumbar por Aizen y sus aliados.

Todos los shinigamis y humanos que estaban en la academia se lo agradecerían en algún momento. No solo porque era probable que les hubiera salvado la vida de cara al futuro, sino porque también los había liberado de sus prejuicios y de su orgullo, ayudándolos a decir y a hacer lo que realmente querían.

Y en la cima de aquella gran montaña quedó Urahara a solas, sonriendo. Contemplando su obra de arte.


Y este.. es el final de este fic que me ha llevado mucho tiempo, pero que me ha dejado gran satisfacción al escribirlo, leerlo, y sobretodo, leer los reviews. Porque realmente son todos ustedes los que hacen crecer a un escritor o a una escritora, porque solos no somos nadie. Así que muchas gracias por haber llegado hasta aquí, de corazón.

Espero que les haya gustado y no descarto, si ustedes lo desean, un epílogo. Sólo díganme qué es lo que quieren saber del futuro de todos estos personajes en mi fic, y yo intentaré hacer lo posible por aclararlo.

Los reviews los responderé con mensajes privados a las personas que tienen una cuenta.. y los anónimos, si es que los hay, muchas gracias! Y si hay epílogo.. ya veré la forma en la que nombrar a todas aquellas personas que han seguido esta historia.

GRACIAS!