Capítulo 1:Mi operación de rescate es pésima.

Percy

El viernes antes de las vacaciones de invierno, mi madre nos preparó una bolsa de viaje a cada una y unas cuantas armas letales,Thalia vivía conmigo ya que su madre no quería saber nada mas de madre nos llevó a un nuevo internado. Por el camino recogimos a nuestra amiga Annabeth.

Desde Nueva York a Bar Harbor, en Maine, había un trayecto de ocho horas en coche. El agua nieve caía sobre la autopista. Hacía meses que no veíamos a aquella amiga,

pero entre aquella ventisca y lo que nos esperaba, estábamos demasiado nerviosas para decir nos gran cosa. Salvo mi madre, claro. Ella, si está nerviosa, todavía habla má quería participar en nuestra aventura ya que como era la máxima general del ejército de los Estados Unidos le encantaba este tipo de cosas,Thalia le caía bien a mi madre,decía que Thalia me podría controlar mientras ella estaba ausente.

Cuando llegamos finalmente a Westover Hall estaba oscureciendo y mi madre ya les había contado las anécdotas de todas mis peleas con todos los chicos desde que era pequeña,sin dejarse una sola.

Thalia limpió los cristales empañados del coche y escudriñó el panorama con los ojos entornados.

-¡Uf! Esto promete ser divertido.-dijo con sarcasmo.

-¡Ya!como siempre-dije con indiferencia.

Westover Hall parecía un castillo maldito: todo de piedra negra, con torres y troneras y unas puertas de madera imponentes. Se alzaba sobre un risco nevado, dominando por un lado un gran bosque helado y, por el otro, el océano gris y rugiente.

-No, gracias, mamá. Pero no sé cuánto tiempo nos va a llevar esto.-le dije.

-¡Vale!pero si necesitas ayuda llámame-dijo Sally

-Todo irá bien, señora Jackson-terció con una sonrisa Annabeth, que llevaba el pelo rubio recogido bajo una gorra. Sus ojos brillaban con el mismo tono gris del mar nos encargaremos de mantenerla sana y salva.

-¡La verdad eso no me preocupa,de hecho se que todo ira bien si lo planeáis detalladamente bien,solo que no dejéis que se le acerque ningún chico!-dijo Sally con una mirada asesina en su cara.

-¡Si lo dice por lo de Castellan,no se preocupe no dejaremos que se le acerquen,va a estar muy bien protegida y vigilada!-dijo Thalia sonriendo siniestramente haciendo que mi madre se calmara.

-Será mejor que entremos ya -la interrumpió debe de estar esperándonos.

Thalia echó un vistazo al castillo y se estremeció.

-Tienes razón. Me pregunto qué habrá encontrado aquí para verse obligado a pedir socorro.-dijo Thalia

Yo alcé la vista hacia las negras torres de Westover Hall.

-Nada bueno,me temo.-dije observando el panorama.

Me llevé la mano al bolsillo,donde siempre guardo mi bolígrafo letal, Contracorriente. Percibía algo extraño en aquel lugar. Algo peligroso. Thalia se había puesto a frotar su pulsera de plata,su objeto mágico favorito. Los dos estábamos pensando lo mismo: se avecinaba una pelea.Y eso a nosotras nos encantaba menos Annabeth que era la parte más sensata del grupo.

-Me pregunto dónde...-empezó Annabeth.

Las puertas se cerraron con estruendo a nuestra espalda.

-Bueeeno-murmuré parece que vamos a quedarnos aquí un rato.

Me llegaban los ecos de una música desde el otro extremo del vestíbulo. Parecía música de baile.

Escondimos nuestras bolsas tras una columna y empezamos a cruzarla estancia. No habíamos llegado muy lejos cuando oí pasos en el suelo de piedra y un hombre y una mujer surgieron de las sombras.

-¿Y bien?-preguntó la mujer-.¿Qué hacéis aquí?

-Pues...-dijo Thalia caímos en la cuenta de que no teníamos nada previsto. Sólo habíamos pensado en reunirnos cuanto antes con Grover para averiguar qué sucedía,ni siquiera se nos había ocurrido que tres chicas colándose de noche en un colegio podían despertar sospechas. Durante el viaje tampoco habíamos planeado nada. Así que farfulló Annabeth-: Mire, señora,

sólo estamos...

-¡Ja!-soltó el hombre. Di un respingo-.¡No se admiten visitantes en el baile! ¡Seréis expulsados!

-Es que nosotras no somos visitantes,señor estudiamos aquí. Acuérdese. Yo soy Perséfone,y ellas,Annabeth y Thalia. Cursamos octavo.

Miró a su colega.

-Señorita Latiza,¿conoce usted a estas alumnas?-dijo indeciso.

Pese al peligro que corríamos,me mordí la lengua para no reírme. ¿Una profesora llamada Latiza? El tipo tenía que estar de broma.

La mujer pestañeó,como si acabara de despertar de un trance.

-Sí... creo que sí,señor-dijo arrugando el ceñ . Thalia. Percy. ¿Cómo es que no estáis en el gimnasio?Antes de que pudiésemos responder,oímos a Grover llamándonos.

-Y ahora,andando todos. No volváis a salir del gimnasio.-dijo la señora Latiza.

No tuvo que repetirlo. Nos retiramos con mucho «sí,señora» y «sí,señor» y saludándolos al estilo militar. Nos pareció lo más adecuado allí.

Grover nos arrastró hacia el extremo del vestíbulo donde sonaba la música. Notaba los ojos de los profesores clavados en mi espalda, pero me acerqué a Thalia y le pregunté en voz baja

-¿No te parece un poquito extraño?-le dije.

-¡Ahora que lo dices,pues si!hay que tener cuidado con esos dos.Y tú tendrás que tener más cuidado con los chicos,ya has oído a tu madre!-me dijo.

-¡Ni me lo recuerdes,desde que le contamos lo de Luke ahora es más sobreprotectora conmigo!-dije.

-¡Gracias a los dioses habéis llegado!-dijo Grover.

-Bueno, ¿y qué era esa cosa tan urgente?-le pregunté.

Grover respiró hondo.

-He encontrado dos.-dijo emocionado.

-¿Dos mestizos?-dijo Thalia, sorprendida-.¿Aquí?

-Dos hermanos:un chico y una chica-dijo diez y doce años. Desconozco su ascendencia,pero son muy fuertes. Además,se nos acaba el tiempo. Necesito ayuda.

-¿Hay monstruos?-le pregunté.

-Uno-dijo Grover,nervioso-.Y creo que ya sospecha algo. Aún no está seguro de que sean mestizos,pero hoy es el último día del trimestre y no los dejará salir del campus sin averiguarlo. ¡Quizá sea nuestra última oportunidad! Cada vez que trato de acercarme a ellos, él se pone en medio,cerrándome el paso. ¡Ya no sé qué hacer!

-Muy bien-dijo Annabeth-.¿Esos presuntos mestizos están en el baile?

Grover asintió.

-Pues a bailar se ha dicho-dijo Thalia-.¿Quién es el monstruo?

-Oh-respondió Grover,inquieto,mirando de conocerlo. Es el subdirector: el doctor Espino.

-Allí están.-Grover señaló con la barbilla a dos jóvenes que discutían en las y Nico di Angelo.

La chica llevaba una gorra verde tan holgada que parecía querer taparse la cara. El chico era obviamente su tenían el pelo oscuro y sedoso y una tez olivácea,y gesticulaban aparatosamente al hablar.

-Vamos por ellos y saquémoslos de aquí —dije.

Eché a andar,pero Thalia me puso una mano en el hombro. El subdirector,el doctor Espino,acababa de deslizarse por una puerta aledaña a las gradas y se había plantado muy cerca de los hermanos Di Angelo. Movía la cabeza hacia nosotros y su ojo azul parecía resplandecer.

-¡Oh mierda!-dije asqueada.

Deduje por su expresión que Espino, a fin de cuentas,no se había dejado engañar por mi truco de antes. Debía de sospechar quiénes éramos. Ahora estaba aguardando para ver cuál era el motivo de nuestra presencia allí.

-No miréis a los críos —ordenó Thalia—. Hemos de esperar una ocasión propicia para llevárnoslos. Entre tanto hemos de fingir que no tenemos ningún interés en que despistarlo.

-¿Cómo?-dijo Annabeth.

-Somos tres poderosas mestizas. Nuestra presencia debe de haberlo confundido. Mezclaros con el resto de la gente, actuad con naturalidad y bailad un poco. Pero sin perder de vista a esos chicos.-dije

-¿Bailar?-preguntó Annabeth.

Thalia y yo asentimos;ladeó la cabeza,como identificando la

música,y enseguida hizo una mueca de asco.

-¡Eh,tú!Vamos a bailar.-dijo Thalia a Grover.

-¡Pero si yo no sé bailar!-dijo Grover.

-¡Claro que sí! Yo te llevo-dijo ,niño cabra.

Grover soltó un gañido mientras ella lo tomaba de la mano y lo guiaba hacia la pista.

Yo esbocé una sonrisa.

-¿Qué?-me preguntó.

-Nada. Es guay tener otra vez a Thalia con nosotras-dije sonriendo.

Thalia nos llamaba. Estaba bailando un tema lento con Grover,que tropezaba todo el rato,le daba patadas en las espinillas y parecía muerto de vergüenza. Pero él tenía unos pies de relleno en sus zapatillas; contaba con una buena excusa para ser tan torpe.

-¡Bailad,chicas!-ordenó Thalia.-Tenéis un aspecto ridículo ahí de pie.

-¡Entonces tu nos ganas!-le dije

Ella sonrió y volvió hacia Grover.

Miré a Annabeth.

-¿Y bien?-me dijo mirándome intensamente.

-¡Anda,vamos a la pista!tu eres una buena opción comparada con esos chicos que nos miren hambrientos!-le dije llevándola a la pista.

Y efectivamente había un grupo de chicos que nos miraban hambrientos,sobretodo a mi.

De repente,un chico de ese grupo vino hacia nosotras.

-¡Hola hermosa!¿qué hace una diosa como tu bailando con una mequetrefe?-dijo con una sonrisa seductora.

-¡Piérdete!-dijo Annabeth,el chico no le hizo caso,mientras me devoraba con sus ojos.

-¡Cómo tu has dicho,estoy con mi amiga mequetrefe bailando,así que te vas con tus amigos perdedores!-le dije.

Se fue refunfuñando entre dientes a sus amigos quienes reían a carcajadas.

Y de pronto Annabeth se quedó rígida.

-Se han ido.-dijo

-¿Qué?-dije confusa.

Seguí su mirada. Las gradas. Los dos mestizos,Bianca y Nico,ya no estaban allí. La puerta junto a las gradas había quedado abierta de par en par. Y ni rastro del doctor Espino.

-¡Tenemos que avisar a Thalia y Grover!-dijo Annabeth se puso a mirar frenéticamente por todos lados-.¿Dónde demonios se han metido esos dos? Vamos.

Annabeth se fue corriendo disipándose entre la multitud,corrí todo lo posible para alcanzarla pero ya no la veía,salí del gimnasio y llegué hasta un pasillo donde veía a lo lejos a los dos mestizos,destapé contracorriente y fuí hasta ellos sigilosamente,de pronto cuando me vieron los mestizos hacían movimientos raros como tratando de alertarme de algo.

-¡Hola,soy Percy!¡no temáis de mi! -les dije tranquilizándolos.

Me giré en redondo y en ese mismo instante oí un silbido y sentí un agudo dolor en el hombro. Lo que parecía una mano gigantesca me im pulsó hacia atrás hasta estrellarme contra la pared.

Lancé un mandoble con la espada,pero sólo rasgué el aire.

Una fría carcajada resonó por el vestíbulo.

-Si,Perséfone Jackson-dijo el doctor Espino-Sé quien eres.

Hice un esfuerzo para concentrarme. No iba a desmayarme.

Una silueta oscura se nos acercó. En la penumbra distinguí a Espino. Aún parecía humano,pero tenía una expresión macabra. Sus dientes relucían y sus ojos marrón y azul reflejaban el fulgor de mi espada.

-Gracias por salir del horrorizan esos bailes de colegio.

Traté de asestarle un tajo con la espada,pero estaba fuera de mi alcance.

¡Shisssss! Un segundo proyectil salió disparado desde detrás del doctor,que no pareció haberse como si tuviera a alguien invisible detrás arrojando aquellas dagas.

Bianca dio un chillido a mi lado. La segunda espina fue a clavarse en la pared,a sólo unos centímetros de su rostro.

-Los tres vendréis conmigo-dijo y en silencio. Si hacéis un solo ruido,si gritáis pidiendo socorro o intentáis resistiros, os demostraré mi puntería.-dijo enseñando sus dientes.