Nada tenía sentido y la elfa sentía un creciente nudo en el estómago. Decidió serenarse e ir de punto en punto. Lo primero era vestirse, lo segundo investigar el lugar, y lo tercero y más importante encontrar a Hawke. Abrió las puertas del armario y se maravilló ante tales vestidos, todos ellos delicados y muy elegantes.
- Muy caros también...
Escogió un sencillo vestido verde esmeralda sin mangas, la falda era larga pero no lo suficiente para privarle de libertad de movimiento en caso de emergencia.
Las puertas de la habitación se abrieron de par en par.
-¡Ya estás despierta, querida!
Merrill soltó un chillido por el susto, aún estaba desnuda y por acto reflejo se tapó como pudo con el vestido que acababa de coger. Miró al intruso y se quedó atónita. Hawke le sonreía claramente complacido, vistiendo un traje que por una vez en todo el tiempo que lo conocía, sí le hacía parecer un noble.
-¡Ha- hawke...! - logró balbucir.- ¿Qué haces aquí? Cuando te perdimos de vista en la mina, creí que...
-Shhh...
No pudo terminar la frase, se vio interrumpida por su compañero, que se dirigió a ella a grandes zancadas. Presa del pudor, Merrill hizo todo lo posible para cubrirse aún más. Intentó retroceder para alejarse de él y tropezó torpemente, cayendo en la cama.
-¡No mires! -le gritó escandalizada, tapándose entre el vestido y un revoltijo de sábanas.
Todo aquello a Hawke le parecía de lo más gracioso y no paraba de sonreír.
-Mi querida es de lo más entretenida. Anoche gustosa me recibiste entre tus brazos, y esta mañana te da apuro que contemple tu cuerpo desnudo.
-¿De qué estás hablando? -le increpó sin poder evitar sonrojarse.- Quiero decir, se de lo que hablas. Pero no, eso no ha pasado. No.
La sonrisa desapareció del rostro de Hawke, estaba contrariado, pero casi al momento volvió a sonreír tan encantador como lo había hecho antes.
-¿Ah, no? - detectó cierto tono de burla en su voz, o quizás eran imaginaciones suyas. Muy despacio, se sentó a su lado en la cama.- Entonces dime qué es lo que ocurrió en realidad.
-Pues... Yo anoche no estaba aquí, estaba...
Nerviosa, Merrill apretó contra su cuerpo todas las telas que le cubrían. Se dio cuenta de que a pesar de hacer un esfuerzo enorme, no era capaz de recordar lo ocurrido antes de aparecer en aquel dormitorio. Sí, antes ella misma había mencionado algo sobre una mina, pero ahora le resultaba incomprensible el por qué.
-¿Todo bien? Pareces agotada.
Hawke la observó buscando la causa de que se hubiera quedado tan seria.
-Me duele la cabeza. -y era algo más, un mal presentimiento.- Es que todo esto está mal.
La miró perplejo, ¿qué podía estar mal allí?
-¿Hay algo que no te guste, querida?
-¡No es eso! - intentó explicarse mejor, aunque Hawke no parecía darle mucha importancia.- Todo es ideal, como en un sueño.
-Y así es como debe ser. -objetó cortante.- Estás tan mareada porque has dormido demasiado y necesitas comer algo. Vístete y acompáname, desayunaremos juntos.
Hawke le dio un beso en la frente y se marchó del dormitorio cerrando las hermosas puertas de madera tras de sí. Él nunca se había comportado así, y ahora le parecía un completo extraño.
Se puso el vestido verde y ropa interior que encontró en unos cajones. Vio unos zapatos negros al lado del armario y se calzó con ellos, caminó un poco y comprobó que eran muy cómodos, y a la luz lanzaban pequeños brillos verdosos.
Salió de allí y se encontró en un largo pasillo, con grandes ventanales a los lados y flores en cada uno. Había muchísimas puertas como la suya y se preguntó dónde tendría que ir. Pronto tuvo su respuesta, la última puerta por la derecha se abrió. Era Hawke buscándola.
-Por aquí querida, el desayuno está listo.
Fue con él, y pese a que su capacidad para asombrarse debía haberse visto reducida por lo acontecido, volvió a sorprenderse. Tras esa puerta un jardín se extendía en toda su hermosura, había grandes naranjos, rosales, y otras muchas plantas que no supo identificar. En el centro se encontraba un pabellón hexagonal, en el que dispuesto sobre una mesita blanca, aguardaba el desayuno.
-¿Lo has preparado tú? -preguntó Merrill mirando la comida.
- No. -fue la parca respuesta.- He pensado en dar una vuelta por los jardines e ir a visitar el estanque, así te despejarías. Y podrías echarles migas a las carpas. Siempre te ha gustado.
Merrill cogió una tostada con mermelada y la probó, estaba deliciosa. Mientras analizó a Hawke con cuidado de que este no se diera cuenta. En aspecto sin duda era él, pero el comportamiento distaba mucho del habitual en Hawke: demasiado refinado, y presumido se atrevería a decir, además disfrutaba visiblemente de todas las riquezas que le rodeaban; Y otra cosa que le había llamado la atención era cómo le llamaba continuamente "querida".
-Creo... que tengo otras cosas que hacer.
Otra vez aparecía el dolor de cabeza, ¿qué había ido a hacer allí?
-Ah, el paseo esperará, pues. -sonrió encantador- ¿Qué es lo que tienes que hacer, querida?
Otra vez esa palabra, "querida". Ya no podía engañarla más.
-Tú no eres Hawke.
Su semblante cambió por completo, ensombreciéndose. Dejó escapar un suspiro de hastío y muy serio tomó su mano.
-Yo soy Hawke, el Hawke al que tanto quieres. -enunció firmemente.- Si quieres que todo vaya bien, deja que todo siga siendo un sueño.
Extendió el brazo indicándole todo el paisaje, a ese sueño perfecto se refería.
-¿Y si no quiero que sea un sueño?
Casi le dio miedo formular la pregunta, pero se dijo a sí misma que si ese demonio o lo que fuera no la había matado antes, no lo haría entonces. El falso Hawke se encogió de hombros y le respondió como si fuera algo evidente.
-Entonces será una pesadilla.
