Felicidad y Amor.

Notas:Os quiero agradecer a todos los Anónimos y a las otras personas que dejaron sus reviews. Me han inspirado para seguir con esta historia. Se los agradezco demasiado.

Capitulo II

Día tras día, Zoro seguía llevándome a la tienda de bodas.

Cada vez era más y más doloroso ver como planeaba su boda, y como felizmente le contaba todo a Robin por teléfono. Sentía que ya no podía más.

Todo, y lo único que hicimos por semanas fue ir y venir, arreglar y canelar detalles, llamar e visitar tiendas- Yo seguía sin entender porqué pasaba por mí a casa o al trabajo.

Mi compañía le era muy valiosa, según decía. Y yo solamente podía asentir con mi sonrisa falsa, mientras por dentro me ardía el corazón.

Después de todo, Robin no pudo regresar cuando dijo, y por ello Zoro, aunque estaba triste; pero aun veía ese retraso como una valiosa oportunidad de mejorar los detalles de la boda.

Él estaba feliz, más comenzó a notar mi tristeza, mientras yo trataba de engañarlo sonriendo lo mejor que podía. Y había veces en las que se detenía a preguntar.

-¿Qué te ocurre? –Preguntaba de pronto al verme de reojo mientras conducía de regreso a casa o en el trayecto a revisar alguna otra cuestión de la boda.

-Nada. No es nada. –Respondía siempre encerrando una mano con otra y con la cabeza baja. –Problemas pequeños, el trabajo, tonterías, pronto pasará.

Estaba decidida a poner distancia; inventé que tenía que cubrir turnos extra en mi trabajo, y que sería imposible acompañarlo. Se decepcionó, pero terminó asintiendo.

Obviamente que no era cierto, y naturalmente cuando salí de mi trabajo a la hora que me correspondía; no me fui sin antes verdaderamente ofrecerme para cubrir un turno al día siguiente.

Y por ello tampoco lo vi después.

Así fue como empecé a alejarme de Zoro, argumentando que tenía mucho trabajo y de verdad trabajando por dos personas al día.

Pero de verdad no me importaba, era menos doloroso que acompañarlo y saber que todo ello era para alguien más.

Había veces en las que me llamaba y me cntaba todo lo que sucedía con respecto a su boda. Por ello también deje de responder el teléfono.

¿Qué más daba? Igual empezó a dejar de llamarme. Y entonces me di cuenta de que iba a desaparecer de mi lado por su propia voluntad.

Creí que Robin había llegado finalmente y entonces me resigné finalmente a dejar de verlo.

No supe nada de Zoro en casi una semana. Él no volvió a llamar, no volvió a buscarme ni a casa ni al trabajo. Era obvio que Robin había vuelto y le dedicaba toda su atención a ella.

Y se había olvidado de mí.

-.-.-

Una tarde mientras me dirigía a cubrir un segundo turno; miré hacia un pequeño establecimiento.

Siempre supe que estaba ahí, pero jamás lo había notado. Se me ocurrió una gran idea, y entré intentando sonreír.

Entré sosteniéndome los costados con los brazos entrelazados y la cabeza baja mientras mi cabello se encargaba de cubrirme el rostro.

Recuerdo que me senté en una bonita y amplia silla de madera barnizada con el asiento tejido lindamente. Frente a un escritorio lleno de folletos y un agradable sujeto no mayor que yo; quien estaba detrás de él y me miraba muy entusiasmado.

-¿Su primera vez? -Me preguntó felizmente.

-Sí. -Dije soltándome los costados y colocando ambas manos en los brazos de la silla. -Sí, es la primera vez.

-Entonces, déjeme decirle que en cuanto usted lo necesite, podrá hacer efectiva su compra.

Sonreí como no había sonreído en varios días. Me apoyé entusiasmada en los extremos de la silla e hice el cuerpo para adelante.

Y entusiasmada pasé el resto de la tarde mirando catálogos completos de cientos de casas bonitas.

Y tras una semana de haber visitado aquel lugar; sentía que ya tenía el dinero suficiente.

Estaba dispuesta a elegir una fecha para la mudanza. Pero lo olvidé por compromisos que ya me había hecho en el trabajo. Pasé demasiado tiempo en él que entonces me sentí aliviado.

Pronto todo estaría bien otra vez.

-.-.-

Encendí la televisión desganada y me serví un vaso de leche fría.

Me senté en una silla frente a la barra de la cocina y menee mi cabello de adelante hacia atrás mientras miraba las noticias.

Toquidos al otro lado de la puerta resonaron.

-Nami, abre. -Zoro se escuchaba bastante normal.

Exhalé nada contenta de escucharlo y apagué el televisor. Me acerqué a la puerta y giré la perilla esperando ver a Robin con él.

Pero entonces vi a Zoro con una gran sonrisa en el rostro y una pequeña caja blanca atada con una cinta naranja. La tomaba con ambas manos y la sostenía frente a él.

-¡Feliz cumpleaños! -Dijo alegre y entró a la casa.

Quería llorar. -Lo recordaste. -Sonreí cerrando la puerta.

-¿Cómo querías que lo olvidara? -Preguntó algo acongojado, colocando la caja sobre la barra y sentándose en un banco.

Sentí que tenía los ojos llorosos y me los restregué con las mangas del suéter aferradas por mis puños.

Zoro me apartó las manos y me quitó el cabello del rostro.

-No tienes porque estar así. -Dijo dulcemente. -Hoy es tu cumpleaños y debes de estar feliz.

Asentí cerrando los ojos e intentando sonreír. Me tomó de las muñecas y me acercó a la barra. Sacó un pequeño y bonito pastel de helado de la caja y me miró.

-Antes que nada, Nami, quiero pedirte una disculpa. -Me dijo.

Yo solo atiné a decir un leve "¿Eh?", confundida.

-Te he hecho a un lado en este tiempo, no he preguntado siquiera como has estado, ni siquiera te he llamado. Solamente me he dedicado a los asuntos del compromiso.

-No tienes porqué preocuparte. -Dije. -Es tu boda, y nunca es demasiado tiempo para dedicarse a ella.

-Aún así, tú eres muy importante para mí. -Sonrió.

Esa noche fue tan hermosa. Reímos y conversamos como tanto solíamos hacerlo. Fue realmente maravilloso. Zoro era tan lindo, estaba tan a gusto con él.

Bromeábamos y hacíamos toda clase de comentarios absurdos como tanto solíamos hacerlo.

El pastel de helado era tan delicioso, e incluso comimos algo que ambos preparamos porque seguíamos teniendo hambre. Fue tan divertido.

Sonó su teléfono.

-Es Robin. -Dijo mirándolo.

Desvié la mirada. Mi tiempo se había terminado. Era una verdadera pena.

-Ya hablaremos después. -Escuché que decía.

Asentí con la cabeza esperando a que se despidiera.

-Por lo pronto dime, ¿Qué haremos en las vacaciones?

Me despabilé por completo al oír la pregunta. Meneé la cabeza y me encontré con un Zoro sonriente que guardaba su teléfono y recargaba los codos sobre la barra; apoyando su barbilla sobre sus dedos entrelazados. Mirándome sonrientemente.

-¿Por qué no contestaste? -Pregunté. Estaba demasiado confundida.

-Porque estoy contigo. -Dijo. -Robin puede esperar esta y las veces que sean necesarias.- Incluso apagó el teléfono. Sonreí, casi reía de tan maravillosa que me sentía.

Me estaba dando un lugar que no creía merecer, más bien no entendía qué clase de lugar en su vida era ese.

Y seguimos riendo como antes de que Robin llamara, y mucho antes de recordar que existía siquiera.

Continuara…