Ahora que sabía que aquella mansión no era otra cosa sino una cárcel, debía escapar. El cómo ya se le ocurriría, lo que tenía claro era que debía engañar al doble de Hawke y fingir que quería estar allí o de lo contrario las cosas empeorarían.
A veces le venían imágenes a la mente, viejos recuerdos, y se percataba de que había olvidado cosas importantes por completo. Lo peor de todo es que otras tantas veces olvidaba que no había vivido siempre allí, y tenía la sensación de que a cada minuto un recuerdo se esfumaba para no volver. Por tanto, cuando estaba lejos de la atenta mirada de Hawke se hacía preguntas, ¿dónde nací? ¿quiénes son mis amigos? ¿cuál fue el último libro que leí? Si podía responderlas todas, se sentía satisfecha.
Ese día decidió que investigaría por la mansión, si bien Hawke le había enseñado muchas estancias, muchas otras puertas aún ocultaban qué había tras ellas.
-¿Hawke? - lo llamó en el pasillo.
Nada, no obtuvo respuesta. En los tres días que llevaba allí había comprobado que el demonio se ausentaba todos los días varias horas, esas eran las perfectas para llevar a cabo su misión. Lo curioso era que aunque no había visto a nadie más por allí, siempre encontraba deliciosas comidas preparadas en el comedor o el jardín cuando las necesitaba.
Caminó por los interminables pasillos hasta que dio con uno en el que creía no haber estado anteriormente y eligió una puerta al azar.
-Ojalá sea una biblioteca, así podría leer algo en vez de estar con ese Hawke tan aburrido.
Abrió, y en efecto: una biblioteca. Era demasiada coincidencia pensarlo y obtenerlo al instante. Intrigada, fue a la puerta contigua ignorando la biblioteca.
-Me gustaría... -pensó en algo difícil, que no pudiera estar allí.- visitar el clan.
Giró el picaporte despacio, y oyó risas al otro lado. Extrañada abrió la puerta, una suave brisa agitó la falda de su vestido y contempló fascinada su viejo hogar tal como lo recordaba. Con la hierba, el olor a naturaleza, los cazadores, artesanos, niños, ¡incluso la custodio Marethari estaba allí!
-La vi morir...- dijo para sí la elfa.
-¡Ven a jugar con nosotros! -la animó un niño y salió a la carrera con otros dos.
Entró en el lugar entusiasmada, claro que quería ir a jugar con ellos.
-Un momento, querida.
Apenas había dado tres pasos y ya estaba allí, ¿qué quería? Se volvió, estaba observándola desde el umbral de la puerta, que no se sostenía en ninguna pared, simplemente estaba allí, en medio de la montaña.
-¿Qué ocurre, Hawke?-preguntó intentando ser lo más agradable posible.
-Ven conmigo un momento, tenemos que hablar.
Había hecho algo que le había molestado, estaba bastante claro. Fue con él de mala gana y él cerró la puerta en cuanto salió.
-Sólo me estaba divirtiendo un rato, mientras tu no estabas.
-¿Quieres decir que no estabas husmeando?
Qué directo había sido con la pregunta. Hizo como que no le daba importancia.
-Mira lo que he encontrado, mi clan. Bueno, se que no es mi clan porque estamos muy lejos...
Hawke enarcó una ceja, y resuelto le expuso el problema.
-No necesitamos nada de esto, querida. Entiendo que quieras tener montones de libros para leer, -dijo haciendo referencia a la biblioteca.- ¿pero esto? Viejos lugares que te hagan sentir nostalgia, y que luego de lugar al anhelo y la tristeza.
"Pues yo sí quiero", quiso decir la joven, pero se tuvo que morder la lengua y decir otra cosa.
-Es que quiero estar con más gente, mis amigos.
-Tus amigos.- repitió como si la idea fuese ridícula.- Muy bien.
Estaba irritado, no le parecía bien. Abrió de nuevo la puerta y la música sonó con toda su fuerza, lo que ahora se encontraba allí era un baile de máscaras.
-No veo a Varric, ni a Isabela... -Merrill buscaba con la mirada entre todos los bailarines.- No están aquí.
-Claro que están, ven.
La cogió por la cintura y la condujo al interior, luego con la otra mano tomó la suya y se unieron al baile. Merrill nunca había bailado, pero él lo hacía tan bien que cuando la llevaba, le parecía hasta fácil.
-Espero que estés contenta, -le besó la frente, ahora ambos lucían hermosas máscaras doradas, ¿cuándo había ocurrido? Y también los trajes, él un traje dorado y ella un pomposo vestido a juego -Mira, aquí está Isabela, viene a saludarnos.
Una mujer morena se acercó a ellos. Su vestido era muy recargado, con estampados florales y muchos volantes, en su máscara plateada, había una rosa tallada.
-Me alegro de verte por quí, Merrill. Estás guapísima. -le dijo sonriendo.- Y mira con qué elegancia bailais los dos, hacéis la pareja perfecta.
-Gracias.
Otra mentira más, ¿tenía que fingir otra vez que se lo creía? Sí, la forma física era de Isabela, pero distaba mucho de ser ella.
-¿Han venido los demás, Isabela? Merril los echa de menos.
-¡Han venido todos!
Un grupo de personas ataviadas con la indumentaria propia del festejo se aproximaron a ellos. Fingían ser Aveline, Fenris y los demás, pero eran una imitación bastante patética.
-No son ellos, para ya, por favor.
las lágrimas empezaban a aflorar, eran de rabia contenida. Sentía cómo le ardían las mejillas y apretó los puños con fuerza.
-¡Claro que son ellos, maldita sea! -expetó Hawke, dejando atrás todos sus modales.
Le dio un empujón para apartarlo de ella, no lo soportaba más. Salió corriendo hacia la salida, apartando con rabia a todo aquel que se ponía en su paso.
La música paró de golpe, y el escenario también. Corría todo lo que podía hacia la puerta, pero esta se alejaba cada vez más, y la sala se vio engullida por una creciente oscuridad. Ahora solo estaban ella, la oscuridad y la tan anhelada salida.
Un enorme pájaro carmesí pasó volando sobre ella, adelantándola. Emitía un hermoso cantar, ¿lo había escuchado ya antes?
De pronto un intenso sueño se apoderó de ella, y antes de que pudiera recordar dónde había escuchado anteriormente a ese pájaro, perdió el sentido.
