¡Holis gente! Se que me odian por no actualizar cuando lo prometí, pero de verdad, tuve un gran bloqueo y las ideas se me fueron. Tenía un medio-capítulo escrito, pero no me gustó y lo borré. Además estuve en semana de exámenes y la escuela no me deja ni respirar.

Estoy tratando un nuevo estilo de escritura, así que díganme ¿Qué tal está? ¿Mejoré o Empeore?


Por fin.


Se me estaba haciendo tarde. Eran las 8: 50 y Robin se suponía que estaría allí a las nueve en punto.

No tenía ganas de ir, en realidad, ni siquiera tenía ganas de haberme despertado el día de hoy. Quería seguir durmiendo.

Suspiré pesadamente. Tomé mi Jersey rosa del estante y me arregle bien el cabello. Salí rápido de casa para poder llegar a tiempo.

-.-.-

Caminaba por los extensos pasillos del aeropuerto, con la cabeza gacha y llena de negativos pensamientos. Quería ver a Robin, pero al mismo tiempo tenía miedo de hacerlo.

Levanté un poco la vista y allá a lo lejos, pude ver a Zoro, así que me apresuré a grandes zancadas.

Cuando estuve lo suficientemente cerca de él, le toqué el hombro levemente, llamándole la atención hacia mi persona.

-Nami, -soltó el aliento mientras con los ojos cerrados se tomaba el pecho. –Me asustaste. –yo simplemente sonreí.

-Llegas tarde.

Lo miré a los ojos, yo sabía que era tarde, pero Robin aún no estaba ahí, así que ¿Por qué apresurarme?

No conteste a su comentario, solo asentí levemente la cabeza.

Lamí mis labios resecos y entreabrí la boca, buscando un tema de conversación para poder hablar con él un tiempo antes de que Robin llegara y se robará toda su atención.

-Eh, Z-zoro… -Dije levemente. Más no me contestó, lo cual me sorprendió un poco. Volteé mi cabeza hacia él, y tenía una gran sonrisa en su rostro.

Curiosa, volteé también a donde estaba mirando, y pude ver a Robin saliendo de una puerta.

A Zoro no le importo lo que la gente –y yo- pensarán de él, por lo que corrió hacia Robin con los brazos abiertos y una sonrisa sincera, una de las que hace mucho no veía.

Cerré el puño de mi mano fuertemente mientras me mordía el labio inferior.

Dolía.

Dolía poder ver a Zoro abrazando y besando a Robin.

Como dolía. Podría jurar que de verdad, el corazón se me estaba desgarrando.

Las lágrimas estaban apunto de salir de mis ojos. Las gotitas se asomaban por el contorno de mis orbes acarameladas, dejando al aire mi sufrimiento.

Tomados de la mano, Zoro y Robin regresaron a donde yo. Y con una sonrisa Robin me tomó en brazos y me dio un pequeño beso en la frente, murmurando un suave: "Volví"-

Por fin mis lágrimas salieron y escaparon. No podía detenerlas ahora. Pero esta vez, lloraba de felicidad. Porque ahora Robin, mi amiga, había regresado.

Y por más que el corazón me ardiera y el estómago se me revolviera, yo estaba feliz por ella. Por ambos.

-¿A dónde iremos ahora?, -Zoro rompió el silencio que había entre nosotros. –Hace mucho que no salimos juntos. Iremos al parque y después al cine, ¿Les parece?

Me limpié las lagrimas con el ante mano, no quería ir. Claro, hace mucho que no nos veíamos, pero no creo que pudiese haber aguantado verlos más tiempo.

Un dolor de cabeza terrible me atormentaba. La vista comenzó a nublárseme y tenía el estómago hecho un lío. Sería mejor ir a casa.

-Yo paso, -dije. –Deberían de pasar ustedes dos tiempo juntos llevan años sin verse.

Zoro iba a protestar, pero Robin intervino asintiendo y diciendo unas cuantas palabras, por lo que Zoro se quedó callado.

Caminé, sonriéndoles, hacia la puerta de salida del aeropuerto, deseándoles un buen día a ambos y que se la pasaran bien.

-.-.-

Me saqué las llaves del bolsillo y traté de abrir la puerta, pero fue inútil.

La mano me temblaba y la llave, por más que trataba, simplemente estaba en mi contra y se reusaba a entrar.

Cansada de todo eso, tiré las llaves al suelo y me dejé caer de bruces frente a la puerta blanca de mi casa.

Ahí comencé a llorar de nuevo. Vaya, ¿Cuántas veces había llorado ya?

Con mi celular, escogí un cierto número telefónico y marqué.

Después de un rato de charla, el sujeto me dio una fecha para ir a visitarlo y con una sonrisa fingida colgué.

Tomé nuevamente mis llaves. Las manos ya no me temblaban, y metí la llave en el cerrojo, abriendo la blanca puerta de mi casa.

Entré tirando as llaves y mi Jersey en el sofá, yendo directo a la cocina para prepararme algo de comer. Mi estómago, como dije antes, estaba revuelto y tal vez con un vaso de leche se calmaría.

Al final me decidí por un té y lo serví en una linda taza celeste, un recuerdo de mi hermana Nojiko, quien muy amablemente me la obsequió el día de mi cumpleaños.

Con mi taza de té me senté en el sofá a leer, pero casi inmediatamente me quedé profundamente dormida con el libro en el regazo.

-.-.-

Zoro y Robin siguieron llamándome durante unos cuantos días para invitarme a salir con ellos. Obviamente siempre declinaba. Estaba más que ocupada escogiendo mi nueva casa, comprando adornos y buscando semillas y flores para plantar en mi nuevo jardín.

Dejé de verlos todo ese tiempo, porque de verdad necesitaba mi nuevo hogar, estar alejada de ellos por un tiempo y encontrar algo nuevo en el mi muy pronta nueva casa.

Tardé más de lo esperado, pues la casa estaba pintada de blanco y yo la quería modificar para que estuviera color naranja.

También quería escoger una mascota, pero el tiempo me faltó, dos semanas habían pasado ya desde que comencé con la nueva casa, y mañana tendría que hacerme cargo de la mudanza.

La mascota podía esperar.

-.-.-

Al siguiente día madrugue y comencé con las labores que me había prometido cumplir.

Saqué en cajas todo lo que necesitaría. Acomodé sábanas y colchones en una caja, y mi ropa en otra. Barrí y limpie el suelo de mi casa, asegurarme de dejar todo en orden.

También limpie las ventanas de los cuartos y sacudí la tierra de los estantes.

La mañana se pasó rápido, para cuando me dí cuenta ya pasaban más de las diez de la noche.

Cargué caja tras caja, estaba exhausta. Demasiado trabajo para mi sola era una gran cantidad de cansancio empaquetado en cajas.

Saqué las últimas bolsas de ropa que tenía adentro y las metí en el camión de mudanza. Me sacudí las manos en el pantalón y cansada sonreí mirando mi antigua casa.

Estaba decidida a no volver más. Cuando Zoro y Robin se casarán y yo cumpliera con ir a verles, desaparecería ahora si, por completo.

El viento comenzaba a soltarse y la fresca brisa chocaba contra mi piel. Me dio un escalofrió y decidí entrar por ultimo a recoger mi celular y mi chaqueta.

Apresurada corrí adentro y los tome, colocándome sobre los hombros la chaqueta y sintiendo su cálida protección en mis brazos y espalda.

Despacio salí de la casa, cerré la puerta con llave y me dí la vuelta.

Parado allí, enfrente del camión de mudanzas entraba Zoro, quien sorprendido giró a verme.

Con el ceño fruncido se acercó a mí. Tomándome de los hombros me jaló fuertemente lastimándome y apretándome.

-¿Qué es todo esto Nami?, -dijo casi gritándome en la cara. – ¡Explícame lo que está pasando!

Me quedé sin palabras, esto no se supone que pasaría. Se suponía que Zoro no sabría sobre mí en mucho tiempo y sobre todo, no sabría sobre mi mudanza.

Asustada, traté de zafarme de sus fuertes brazos pero fue inútil. Volví a intentar unas veces más, mientras Zoro enfadado seguía preguntándome que era lo que estaba sucediendo.

Moví mis brazos hacía arriba y después hacia abajo con fuerza, soltándome del agarre del otro.

Con lágrimas en los ojos, caí al suelo y retrocedí como pude, apoyándome en la puerta.

La faceta que ahora mostraba Zoro era una de tristeza, me rompió el corazón. Pero ya no podía hacer nada. La mudanza estaba casi completa, y no me detendría ahora.

Agaché el rostro tratando de contener las lágrimas, y con un leve murmuro, Zoro se acerco a mí.

-¿Porqué me haces esto, Nami?