Al día siguiente fue en busca de lo que creía que sería una gran ayuda: el papel y la pluma. Cogió también un frasquito de tinta negra que había en el cajón del escritorio. No creyó conveniente dejar para después la tarea, así que se sentó tranquilamente y empezó a redactar. Al final, obtuvo dos folios llenos de información útil. Descubrió que cada vez que los releía volvía a recordar algún dato significativo, que anotaba también.
Satisfecha por tan buen trabajo, volvió aprisa a su habitación. Le dio la impresión de que algunas habitaciones y pasillos habían cambiado de posición, era como si el edificio tuviera vida propia. Ocultó las notas debajo del colchón. Allí a nadie se le ocurriría mirar.
Llamaron a la puerta, y se apresuró a incorporarse, ¿es que Hawke siempre adivinaba cuándo estaba haciendo algo a sus espaldas? Pero no fue él quien entró, el elfo al que había visto el día anterior se asomó al dormitorio tímidamente.
-Me alegro de que estés bien. -dijo, mirándola aliviado.
-¡Por el Lobo Terrible! ¿Qué era aquella cosa? - se refería a la peligrosa armadura.- Yo también estoy contenta de que pudieras escapar.
El joven entró a la habitación y cerró la puerta, se puso el dedo índice en los labios indicándole que hablara más bajo. No los debían descubrir.
-Me llamo Inuart.
-Qué mal, me debería haber presentado antes, ¿verdad? Yo soy Merrill.
-He pensado en que podríamos colaborar, -anunció Inuart.- pero si vamos los dos juntos nos descubrirán fácilmente. A mí no paran de perseguirme, en cambio parece que para ellos tú todavía no eres una amenaza.
Llevaba razón en lo que decía, pero no sabía durante cuánto tiempo podría seguir ocultando sus intenciones.
-Te propongo una cosa. El falso Hawke desaparece todos los días antes del amanecer, a eso de las cuatro. A las ocho más o menos ha vuelto. -Sí, existían más momentos, pero eran variables y por tanto no se podía confiar.- A las cinco de la mañana podemos quedar en el jardín e intercambiar información.
Inuart meditó unos instantes la propuesta y asintió.
-Es buena idea. Por lo que dices, creo que debería irme, no quiero que me descubran.
-¡Ten cuidado!
Y como si fuera un delincuente huyendo de la escena del crimen, desapareció rápidamente.
Merrill respiró hondo, preparándose para su siguiente movimiento a pesar de que se había prometido con anterioridad no recurrir a él: la magia de sangre.
Fue directa a los jardines, ya que para el hechizo que iba a realizar era preferible estar rodeada por la naturaleza, y aunque no creía que siquiera el jardín fuera real, no tenía un sitio mejor que escoger. Se arrodilló frente al estanque, ya no había marcha atrás.
Requería una mínima cantidad de sangre, así que puesto que no tenía ningún cuchillo (si hubiera cogido uno hubiera levantado sospechas) y agujas no había encontrado, se mordió con los colmillos en la punta del índice. Hizo fuerza, y notó el sabor metálico de su sangre en la boca.
Recitó las palabras élficas que había estudiado e introdujo la mano en el agua, un color rosáceo la tiñó.
-Guíame, por favor. -pidió.
Un pequeño duendecillo de aspecto gelatinoso salió del estanque, parecía que se iba a deshacer en cualquier momento. La miró unos instantes, sopesando la orden, y se puso en marcha. Era más ágil de lo que aparentaba e iba dando saltos mientras la guiaba por los interminables pasillos. Merrill lo seguía decidida.
Se paró en seco delante de una pared, y la miró satisfecho. Había concluido su misión, así que desapareció convirtiéndose en un diminuto charco de agua.
-¿Es aquí? Si no hay salida...- estaba decepcionada.
Examinó la pared con más detenimiento y no encontró nada fuera de lo normal, decidió tocarla y así sí consiguió una reacción peculiar: su mano la atravesó sin problemas como a una cortina de humo. No había tiempo para vacilar, se adentró a lo desconocido.
Fue a parar a un largo túnel de piedra y tierra, alumbrado por antorchas sujetas a las paredes.
-¡Es la mina! ¿Cómo es posible? -exclamó asombrada.
En efecto, se trataba de la mina de las afueras de Kirkwall. Eso podría significar que tenía una oportunidad para escapar, si encontraba la salida. Se acordó entonces de Inuart y decidió que no podía dejarle a su suerte, volvería más tarde a por él y entonces los dos juntos huirían.
Miró hacia atrás, a través de un portal se veía la mansión, así que la tranquilizaba saber que si algo salía mal ahí tenía una vía de escape. Sólo había un camino que seguir, todo recto, así que avanzó en esa única dirección. Pronto, llegó hasta ella un olor nauseabundo que hizo que arrugara la nariz.
Se obligó a seguir a pesar de que a cada paso el olor se hacía más denso, más vomitivo. Se paró en seco, alguien la llamaba.
-Merrill, vuelve. -Era una súplica desgarradora.- No me dejes solo.
A sus espaldas el cantar de un pájaro hacía eco en las paredes de la mina. Era una melodía preciosa que la hizo sentir nostalgia por aquella mansión. Calló en la cuenta de lo que había anotado aquella mañana y escondido bajo el colchón, entre todas aquellas anotaciones una hacía que se le helara la sangre al compararla con la situación que estaba viviendo.
"Una luz nos engulló a Hawke y a mí, mientras pude oír un silbido que parecía un pájaro."
Estaba totalmente segura de que era el mismo sonido, así que lo lógico era querer alejarse de él.
Un paso tras otro, aprisa, se alejó. Alcanzó el final del túnel, ante sí se extendía una sala circular, alumbrada brevemente por velas. A la luz, se distinguían símbolos grabados con sangre por los suelos. Merrill los conocía, eran para invocar espíritus pero tenían un alto riesgo: podría escapar del Velo un demonio. Tirado a un lado, un cadáver atestado de moscas emitía tan pestilente aroma que le provocó arcadas, la elfa se obligó a mirar a un lado para evitar tan perturbadora visión. Ahora lo tenía claro, ése era el mago tevinterano que habían estado buscando.
-Esto es horrible... -murmuró para sí.
-Vuelve conmigo, te haré olvidarlo.
Se volteó alarmada pero allí no había nadie. Sabía que no había sido solo una ilusión y muy a su pesar, tenía que volver porque no había otra ruta que volver sobre sus pasos.
En la vuelta, el pájaro cantaba más y más fuerte, pero Merrill no sentía miedo. Había averiguado un par de cosas, podría ser muy útil. Las antorchas se apagaron y la muchacha se paró en seco, ya no se oía nada, solo su respiración. Encendió una llama que flotaba sobre la palma de su mano y se alegró de lo útil que podía ser la magia en situaciones extremas.
Ahora el escenario que la rodeaba era muy diferente, unas interminables paredes de espejos se extendían hasta donde alcanzaba la vista.
-¡Por el Hacedor! -se miró boquiabierta en el espejo.- ¿Esta soy yo? ¡No puede ser!
Contempló su reflejo, era una versión de ella, humana. Era curioso verse sin los tatuajes, con más constitución y sin las puntiagudas orejas. Vio a través del reflejo a Hawke aparecer a su espalda.
-¿Cómo te ves, querida? ¿Te gusta?
Merrill se tanteó las orejas con la mano libre y se alegró al comprobar que eran tan élficas como siempre, aunque su imagen en el espejo seguía siendo humana.
-¿Por qué me debería de gustar? -no es que le desagradara, pero verse así le causaba una sensación incómoda.- Esa no soy yo, ¿verdad? Es un espejismo.
Se volvió a mirar en el espejo, ahora un apuesto Hawke le hacía compañía. Era el Hawke bueno, lo sabía por su mirada. Las dos figuras se tomaron de la mano y se miraron sonrientes. Estaban enamorados.
-Claro que no eres tú, ¿crees que el campeón de Kirkwall compartiría su vida con una elfa? Buscará una esposa apropiada, humana. Y posiblemente noble.
Sus palabras la hirieron como un puñal, ¿estaría en lo cierto? No había querido pensar mucho en ello con anterioridad, pero ahora que lo escuchaba de otra persona sin desearlo se planteaba el problema.
-Si te quedas aquí, -prosiguió el demonio.- tendrás todo lo que puedas desear, incluyendo a Hawke. Creo que no te mereces menos.
-Claro... Volvamos.
No sonaba convencida. Algo le decía que Hawke en realidad no era como lo mostraba ese dichoso espejo. Él la quería tal y como era.
-Bien. -estaba contento con el resultado.- Volvamos, este lugar no es seguro para ti.
La tomó de la mano tal y como había hecho justo antes el hombre del espejo, y fue con ella hasta una robusta puerta de mármol en la que Merrill no había reparado antes, ¿o es que antes no estaba?
Al otro lado, estaba el jardín. Ahora ella tenía la absoluta certeza de que esa puerta acababa de aparecer de la nada, aquella mansión era un laberinto que cambiaba continuamente.
-Estoy tan feliz de que te quedes a mi lado.
La estrechó entre sus brazos y la besó cariñosamente en la mejilla. Merrill no respondió, estaba pensando en su cita con Inuart a las cinco.
