A la luz de una vela, Merrill leía con atención todas sus anotaciones. Era agradable comprobar que todo en su mente estaba en orden. Guardó todo bajo el colchón antes de salir al jardín en busca de Inuart, la idea de disfrutar de su compañía la ponía muy contenta. Últimamente hablaba mucho sola, así que hablar con otra persona era un gran aliciente.
Fue al punto de encuentro en camisón, no veía necesario tener que vestirse a esas horas y francamente no le daba pudor que el pequeño Inuart la viera así.
Cuando la elfa llegó al jardín, el niño ya estaba allí esperándola. Al verla llegar sus labios se convirtieron en una amplia sonrisa.
-¡Hola!
-¡Hola! - le devolvió Merrill el saludo.- ¿Llego muy tarde? Me sabe un poco mal haberte tenido esperando.
-Para nada, apenas cinco minutos. -la tranquilizó.- Dime, ¿averiguaste algo útil?
-Más o menos, creo que tengo una ligera idea de lo que ocurrió para que fuéramos a parar aquí. -Inuart la miró expectante, no estaba mal ser el centro de atención de vez en cuando.- La mansión cambia, de eso ya te habrás dado cuenta, aunque no se muy bien en función de qué lo hace.
-Sí, ahora que lo dices. Me he perdido varias veces por culpa de eso.
Inuart pateó el aire fastidiado, por su enojo Merrill creía que esas "varias veces" habían sido "muchas veces".
-Bueno, continúo. En un pasadizo... secreto, encontré unos símbolos de invocación.
-Explícate bien, ¿no?
Merrill se mordió el labio inferior con frustración. Varric era el mejor contando historias, y comparándose con él ella no llegaba ni al nivel de cuentacuentos de tabernucha barata.
-Utilicé un hechizo para encontrar una manera de escapar, o algo que me acercara a ella. Así encontré un túnel oculto que era de la mina donde fuimos a buscaros, yo y mis compañeros.- Ahora Inuart sí parecía muy interesado y no la interrumpiría.- Allí fue donde encontré los símbolos de los que te acabo de hablar, y un cadáver. Estoy bastante segura de que se trataba del mago de Tevinter que os capturó, utilizó magia de sangre y fue un error. El demonio que invocó para protegerse finalmente acabó con él, y creó este lugar. Creo que este sitio es un desgarrón del velo.
Ella misma no tenía buenas experiencias con la magia de sangre, antes de la desgracia que acabó con la vida de la Custodio Marethari habría defendido que era totalmente segura, pero ahora sabía perfectamente que los demonios podían ser muy crueles y usar magia de sangre podía salir muy caro. El mago tevinterano lo había aprendido por las malas.
-¿Entonces cómo escapamos?
-Matando al demonio que nos tiene presos.- contestó con frialdad.
El pequeño Inuart palideció, ¿cómo iba él a acabar con semejante adversario? No sabía utilizar ni un arma y además no era mago.
-¿Crees que mis amigos estarán bien?
Merrill no sabía muy bien qué contestar, y si no los habían localizado hasta ahora, dudaba que hubieran sobrevivido. Pero no le podía decir eso al niño.
-Claro que sí, -mintió, y le abrazó para consolarlo.- si el demonio desaparece, todos los que estamos atrapados seremos libres, incluso tus amigos estén donde estén.
Si es que estaban todavía vivos, esperaba llegar a tiempo para salvarles. A ellos y a Hawke.
Notó cómo el niño se quedaba muy quieto en sus brazos, pues miraba muy fijamente algo que tenía Merrill a su espalda. Merrill contuvo el aliento, si era el falso Hawke estaban perdidos.
-Nos está mirando... -dijo Inuart al fin, casi en un susurro.
Muy despacio, la elfa giró para ver quién era el intruso. Un ave de plumaje rojizo descansaba en la rama de un árbol y los observaba con visible interés. Entonces recordó algo que nunca debía haber olvidado, una leyenda que la Custodio les contaba a los más pequeños por las noches junto al fuego.
-Escucha, -le dijo muy bajito.- vete de aquí corriendo y escóndete. Si vuelves a ver a ese pájaro, no dejes que él te encuentre ¿Lo has entendido?
El niño asintió decidido, se zafó de su abrazo y huyó hacia la mansión. Rápidamente, Merrill lanzó un hechizo helado al pájaro, éste levantó el vuelo y lo esquivó con una pasmosa facilidad.
-Te veo muy ofuscada, querida.
Volvió el rostro hacia el origen de la voz y encontró al falso Hawke de brazos cruzados mirándola. Cuando volvió a mirar en busca del ave ya no estaba, había desaparecido.
-Ya no puedes engañarme.
-¿Ah, no? ¿Y entonces qué harás? Vas a matar al demonio que es dueño del lugar, ¿no es así? Eso es lo que he creído entender escuchándoos a ti y a tu fiel amigo.
Merrill maldijo para sus adentros, era imposible ocultarse de él. Todo eran contratiempos.
-Si acabar contigo significa ser libre, demonio, sí.
El hombre pusó una mano en su pecho, fingiendo estar escandalizado con una sonrisa burlona.
-¿Cómo puedo convencerte para que te quedes a mi lado? Fuera de aquí te espera un mundo horrible y un futuro incierto. Conmigo serás feliz, con Hawke.
-¡No eres Hawke! - protestó furiosa.
Él asintió satisfecho con su respuesta, y sacó un puñal del cinturón que llevaba colgado. Instintivamente Merrill dio unos pasos atrás.
-Tranquila, no voy a hacerte daño.
-¿Qué pretendes?
Caminó hacia ella cauteloso y le tendió el arma por la hoja, invitándola a coger la empuñadura. Merrill se quedó desconcertada ante su comportamiento.
-Acaba conmigo ahora mismo.
La elfa cogió rápida el puñal y se lo puso en el cuello, el falso Hawke no hizo ademán de huir o detenerla. Todo cada vez era más caótico en la mente de Merrill, que intentaba averiguar sus intenciones. Apretó el filo contra su garganta y un hilillo de sangre descendió por ella. Pero no fue capaz de continuar, le miraba y en él veía a Hawke. Un nudo se le formaba en la garganta y le hizo sollozar. Estaba tan enfadada consigo misma...
-No puedo... -se lamentó.
De repente él cogió su mano, y cortándose con el puñal se lo arrebató y lo tiró entre la hierba. Merrill miró horrorizada los cortes de su mano, eran profundos.
-No, no puedes querida. -le dio un delicado beso en la boca.- Porque me quieres.
¡Claro que no lo quería! Y justo cuando ese pensamiento cruzó su mente, un fuerte mareo la hizo tambalearse. Pero lo resistió, no pensaba rendirse. Le dio un empujón para apartárselo.
-¡No te quiero! -le gritó como nunca había hecho antes.- ¡No eres Hawke, y no deseo vivir en este demencial lugar contigo!
Él no se alteró en absoluto, y lamió la herida sangrante de sus dedos. Luego, le dirigió una mirada disgustada.
-Es una pena, querida.
Estruendosos pasos sonaron a lo lejos y Merrill sintió el corazón en un puño. Distinguió de quién eran al instante, la armadura iba a la caza de su objetivo.
-¡Por el Lobo Terrible, ahora no!
No perdió ni un segundo y corrió en la dirección contraria al origen de los pasos, pensaba que si jugaba con ventaja la armadura le perdería la pista más fácilmente. Antes de salir de los jardines echó una última mirada atrás, el falso Hawke se despedía de ella con la mano ¡Qué rabia le daba esa actitud!
Escapó, puerta tras puerta y pasillo tras pasillo, hasta que tuvo la certeza de que ya no la seguían. Había llegado hasta un dormitorio para bebés, puesto que el decorado era infantil y el suelo estaba inundado de juguetes. En el centro había una cuna.
Merrill se acercó a una sillita diminuta frente a un tocador a medida y se sentó agotada. Se miró en el espejo del tocador, y la Merrill que encontró allí no le gustó nada. Con el camisón de dormir todavía, y un rostro triste y pálido.
-¿Vale la pena seguir luchando? -le preguntó a su reflejo.- Quizás rendirse y vivir como una princesita sea lo mejor, lo correcto no, pero sí lo más fácil.
Vio que tenía enredado algo entre el cabello, y se lo sacó. Era una pluma del pájaro al que había atacado antes. Se paró a recordar entonces con más detenimiento la historia que le contaba con apenas cinco años la Custodio Marethari, pensar el ella le infundía valor.
"Un espíritu habitaba en el bosque, cambiaba de forma para sorprender y divertir a los viajeros que pasaban por las tierras que habitaba. Poco a poco, empezó a aburrirse de aquellas personas que disfrutaban de unos momentos de su compañía, para luego marcharle y dejarle en el bosque solo. Así que, lleno de rencor, adquirió la forma de un hermoso pájaro de plumas rojas, cuyo cantar embelesaba a todo aquel que lo oía, atrayéndolo hasta lo más profundo del bosque, para no volver. El pacífico espíritu terminó convertido en un demonio."
¿Estaría ella caminando hacia lo más profundo del bosque?
