De nuevo a las cinco, fue al jardín deseosa de encontrarse con Inuart y comprobar que éste no había sufrido ningún peligro, pero no fue así, allí nadie acudió. Esperó en la quietud de la noche varios minutos, mientras el suave viento mecía la falda de su vestido azul celeste. Un ave pasó volando sobre su cabeza, lo mejor era desaparecer de allí.
-Dichoso pajarraco...
A lo mejor Inuart había estado allí antes que ella y al percatarse de la presencia del pájaro había decidido no acudir a la cita. Pensar en la posibilidad la consoló y la hizo sonreír, seguro que el pequeño estaba bien.
Volvió sobre sus pasos al interior de la mansión. Las tripas le sonaron por el hambre, el día anterior lo había pasado huyendo de la armadura oxidada, y no había podido parar a alimentarse apropiadamente.
-Por suerte hoy parece que estoy sola, así que comeré hasta hartarme.-se dijo a sí misma, imaginando suculentos manjares.
Y sus deseos fueron concedidos. Una puerta se abrió cuando pasaba frente a ella, y un delicioso aroma la animó a mirar dentro. Sobre una alargada mesa adornada con un mantel bordado, se disponía un apetitoso y abundante desayuno: pastelitos de nata, bollos de canela, panecillos recién hechos, tostadas con mermelada de fresa, bombones, una fuente con fruta troceada, una jarra con leche y otra con zumo.
-Entra, querida. No te quedes en la puerta.
A la mesa estaba el doble de Hawke, dando pequeños bocados a un bollo de canela. Merrill se lamentó de lo poco que había durado su ausencia.
-Todavía sigo sin saber qué pretendes. -se sentó a desgana, no quería estar con él pero el desayuno era una tentación difícil de resistir.- Ya deberías estar concienciado de que no soy tu "querida", ni lo voy a ser.
-Quizás...
El demonio quedó en silencio, dudaba de si era conveniente seguir hablando y hacerle la proposición que había meditado, el elegante hombre la miró desde el otro lado de la mesa esperando su reacción. Estaba intrigada.
-Continúa, por favor.
Alcanzó una de las tostadas con mermelada de fresa, y la mordisqueó hambrienta, sabía incluso mejor de lo que había imaginado.
-No quieres matarme, ¿verdad? -Merrill se atragantó y tosió, no esperaba que abordara ese tema.- Has acabado con múltiples enemigos a lo largo de los últimos años y en cambio yo sigo aquí, compartiendo el desayuno contigo. Me haría inmensamente feliz que te quedaras.
-Imposible. -contestó la elfa, tajante.
El rostro de Hawke se iluminó ante tal respuesta, sabía perfectamente lo que iba a decir.
-Te haré una proposición que no podrás rechazar. -Hizo una pausa, deseoso de aumentar la intriga de la ya nerviosa Merrill.- Si prometes quedarte conmigo y no intentar escapar, dejaré que Hawke y los niños se vayan.
-¡Eso es chantaje! - protestó indignada.
Él se limitó a encogerse de hombros, no iba a ceder.
La muchacha había perdido el apetito por completo, por lo que abatida se levantó y fue directa al dormitorio. Necesitaba pensar, y dormir, dormir y que pasaran las horas tan interminables en las que era obligaba a residir en la mansión.
Sacó las notas y las leyó sentada en la cama, con nostalgia de todo lo que había dejado atrás. Quizás la proposición del falso Hawke no era tan mala, si el resto así se podían salvar.
-No te dejes engañar, Merrill.
Pegó un bote en el sitio. Miró a su alrededor pero no había nadie en la habitación, a simple vista...
-¿Quién anda ahí?
En el espejo colgado de la pared había algo extraño. Se aproximó para mirar más de cerca, y en efecto: reflejaba una habitación casi idéntica a su dormitorio, pero ella no aparecía en la imagen, sino Hawke. Tenía un aspecto más pálido y cansado que la última vez que lo vio.
-¡Merrill! -pronunció su nombre con verdadera alegría.- ¿Eres tú, verdad? No esa pesadilla...
La joven puso la palma de su mano sobre el frío cristal, Hawke hizo lo mismo y así era como si por primera vez en mucho tiempo, pudieran darse ánimo y comprensión.
-Por lo que veo allí también hay otro "yo", aquí hay otro "tú" y no me cae nada bien.- Comentó ella riendo, aunque no tenía mucha gracia si lo pensabas bien.
Extrañado ante tan rara explicación, Hawke enarcó una ceja, y luego rió comprendiendo lo que decía su compañera.
-¿Así que el Hawke que está contigo también es insufrible? Porque la Merrill de aquí lo es, -exasperado añadió.- y mucho.
-¿Dónde está ella?
Miró el escenario que tenía detrás Hawke buscándola, pero estaba solo.
-La llevo sin ver varios días, desde que aparecieron los monstruos ella ya no está. No sé qué hacer, es un verdadero infierno.
-Aquí no hay monstruos... Bueno, esa armadura. -Hawke asintió, él también la había conocido.- Y el falso Hawke sí sigue por aquí. Es un demonio, y seguro que es en realidad la misma identidad que mi otra yo, si acabamos con él, todo acabará. Estaremos a salvo.
-La buscaré pues... –contestó él, sombrío.
No parecía convencido, Merrill pensó que quizás el demonio ya la había elegido a ella como compañera tal como le había confesado en el desayuno. Así, Hawke no era necesario, y dejarlo a la merced de los monstruos era la manera idónea de deshacerse de él.
-Yo también me enfrentaré al demonio.-prometió ella.
-¡No, Merrill! -le suplicó.- ¡Tú aún estás a salvo, no te pongas a ti misma en peligro!
Una sombra se movió en el espejo, algo acechaba al hombre que no había reparado en su presencia.
-¡Cuidado! -gritó la elfa para advertirle, y él dio la vuelta rápidamente.
El espejo se rompió en mil pedazos y Merrill calló hacia atrás cubriéndose con las manos para protegerse de los cristales que saltaron en todas direcciones. Quedó tumbada boca arriba en medio del desastre, respirando con fuerza por la agitación del susto.
Hawke estaba en peligro, siempre era muy amable e intentaba proteger a todos, pero ella quería protegerle a él esta vez. Adquirió una nueva determinación a pesar de así ignorar su petición de mantenerse a salvo, ya no había marcha atrás.
Se incorporó despacio y comprobó que algunos cristales le habían hecho cortes en los brazos. Eran cortes superficiales pero escocían. Lamió una de las heridas de su muñeca y entonces reparó en un trozo de cristal alargado, de unos veinte centímetros que había caído a su izquierda.
-Podría haberme matado... - reinó el silencio unos instantes, sopesando lo que acababa de decir, y lo cogió entre sus manos.- Es perfecto.
El fragmento lanzó reflejos de luz, y se manchó de sangre al cortar sus manos. Aún así no lo soltó, ya no sentía dolor.
Lo blandió como si de un puñal se tratase y salió en busca de su objetivo. Recordó que la había estado tratando bien pero desechó la idea, en realidad la estaba engañando y tenía que acabar con él. Por ella, por Hawke y por Inuart.
Lo encontró donde lo había visto por última vez, en el precioso comedor desayunando. El falso Hawke la miró y el afilado cristal que blandía captó su atención, pero aún así no se alteró en absoluto.
-Tranquilízate, querida. Ya comprobamos el otro día que no te atreves a hacerme daño, y debes saber que mi proposición sigue en pie.
-¡Eres como todos los de tu calaña, un mentiroso! -le acusó Merrill, mientras él se servía tranquilamente zumo en un vaso.- ¡Vas a matar a Hawke a pesar de todo!
La fulminó con la mirada y dejó el vaso en la mesa para después. Estaba contrariado.
-¿Por qué te empeñas en ser tan quejica? -le gritó.- ¡Te doy todo lo que puedes desear y así me lo agradeces!
Avanzó hacia ella, serio como nunca, y Merrill sintió miedo. Cuando lo tuvo delante, dio un paso hacia él y cerró los ojos con fuerza al mismo tiempo que alzaba el puño con el cristal, pues llevaba razón, no era capaz de hacerle daño con el aspecto de Hawke.
Bajó con fuerza el afilado vidrio clavándoselo, el grito de él y la sangre que la salpicó en el rostro hicieron que sintiera un inmenso calor por todo el cuerpo, el corazón latía desbocado en su pecho y las sienes le ardían.
-Yo te quería.-oyó decirle antes del sonido de su cuerpo cayendo sin vida.
Abrió los ojos, y contempló horrorizada su obra. Ahí estaba el hombre al que más amaba, con un cristal profundamente clavado en el pecho y en medio de un charco de sangre.
-No es Hawke... - se dijo temblando.- Es un demonio, no he hecho daño a Hawke. Nunca lo haría.
En medio del shock, contempló la sala. Nada había cambiado y seguía atrapada en aquella mansión.
