Mi nombre es Rock`n`roll
Esperamos un tiempo en el que el público gritó eufórico.
Gray le dio vida a su moto y la dejó deslizarse por el escenario que lo mostró en una explosión de luz. Llegó al centro y con micrófono en mano cantó la canción de un joven yo que creía en la liberación de las ataduras de esta sociedad, de esta realidad, en donde no me importaba nada ni nadie…
"Yo siempre fui lo que quise ser
Y nunca me arrepentí, ¡no!
A veces salgo fuera de la ley
Y luego vuelvo a entrar."
"No tengo fronteras
Mi patria es mi nevera
Mi himno es un rock`n`roll."
"Tengo bragas por bandera y por casa tus caderas
cuando el sol se pone, yo también."
"¡Mi moto es mi uniforme!"
"TRÁGATE KILOMETROS
PISA Y PONLA A CIEN."
"¡La carretera es nuestro hogar!"
Cuando fui motoquero sin ley ni dudas.
Mi historia comienza con una cerveza en mi mano y un sudoroso camionero en el banco de al lado. Estaba en un lugar en donde las almas errantes se encontraban por un par de noches de pasión y otras muchas más de embriaguez… en donde, cuando el motor rugía, era el momento de las idas y llegadas, cada cual con su propia gasolina que repartía calores y alguna que otra palabra de puñales.
Y bueno, con algún que otro encontrón de lo extraño o… ¿Con lo muy conocido?
Estaba en un motel.
Concretamente, en el bar. Mi moto había corrido bastante y ya exhalaba los quejidos de la calurosa carretera. Estaba polvoriento y mis tripas rugían por la cerveza que recorría mi garganta.
Sinceramente, en esos tiempos no tenía interés en la gran vida. Sin padres ni amigos, mis manos fueron acogidas por un motoquero que me acogió desde crío. Juntos recorríamos los caminos desiertos de la humanidad y nos internábamos en los confines que nos permitía la carretera. Pronto, el petróleo se volvió mi sangre y él mi progenitor.
Tengo bastantes buenos recuerdos de él, él me enseñó la vida y me la abandonó en mis manos una vez que se marchó para no volver jamás. Me dejó la moto y una promesa de no mirar nunca atrás, a detenerse ninguna vez en el pasado y a seguir constantes aún si sientes sangrar el hambre y el dolor en tus venas.
No era una cháchara de cursilerías; al hacerte con otra alma o con otro cuerpo implicaba un acostumbrarte a su compañía. Lo quieras o no la separación te dolería muchísimo más que a que nunca la hubieses tenido.
Mujeres ni niños.
Familia ni honor.
Patria ni piedad.
Un hombre de la carretera no debe poseer lo que puede perder.
Bien lo pude entender cuando vi, a quien se convirtió en mi padre, se le iba la vida postrado en una camilla de hospital. Orgulloso como todo amo de la carretera, aceptó con dignidad la parálisis de sus piernas pero no el Alzheimer que por tantas peleas, accidentes y golpes le habían atrofiado la cabeza. Había estado olvidadizo en los últimos años pero todo se agravó en una carrera de motos. Olvidó por un instante que estaba en la corrida y… perdió el equilibrio. La moto volcó y dio giros por el cemento hasta llegar en la tierra y triturarle las piernas. Cuando se detuvo, él perdió unos cuantos dientes, se fracturaron un par de costillas y los brazos tenían formas extrañas…
Igneel Dragneel, el Salamander, que nunca había sido derrotado ahora caía por culpa de una enfermedad senil.
Más allá de su indigna derrota y de las tantas fracturas, fue el hecho de sentir la vejez en su piel lo que le mató. Por primera vez veía la tristeza en sus ojos pero su sonrisa fue más fuerte.
-Chico (Me había dicho esa vez), me temo que tendrás que seguir solo. Coge la moto y lárgate de aquí
-Pero pa…
-¡Lárgate!
Como comprenderás, era imposible que yo lo dejara en esas condiciones. Me quedé estático en donde estaba, incapaz de sostener su mirada. La angustia amenazaba con demostrar mi amargura y con todo lo que pude, me contuve de las lágrimas. Y quién sabe cómo… pero él aún podía darme fuerzas en esas condiciones; sentado como yo estaba, a un lado de su cama, él se abalanzó a mí y me agarró por los hombros.
No pude eludir sus ojos.
-Lárgate… (Volvió a decirme) tú tiempo conmigo ha terminado. Ya eres mayor y puedes sobrevivir por ti mismo, estás solo y nadie te ayudará (Mis lágrimas emergieron sin control como un crío). Sigue mi legado, pequeño
El gran Igneel se desplomó en su cama y con su mirada me señaló la puerta.
Por fin... lo habría comprendido...
-Hasta siempre... Igneel... no, padre
Salí sin volverlo a mirar.
A las pocas semanas supe por rumores que Salamander se había largado a la otra vida con alcohol y una pistola, las paredes se habían cargado de música metalera y una serena sonrisa se había posado en sus labios.
El paso de mi padre se había convertido en una gran leyenda de carretera en donde él mismo decidió su fin, un ejemplo y sueño que muchos alababan en altas voces y que yo lloraba en silencio.
Pasados los años, me hice un chico rebelde en donde varias veces caí preso como consecuencia de mis corridas en las carreras ilegales. En las comisarías me hice de buenas migas y pronto ya ni me cogían por las corridas, sin embargo, no hacían vista gorda cada vez que me metía en pleitos... Era muy divertido pensar que justo hacía en la mañana Bisca y Alzack me dejaron un par de kilómetros cerca de este motel en un carro policial, reprochándome que ya no era un crío y que no siempre me iban a salvar el pellejo de mis peleas callejeras. En esos momentos yo me refregaba el hombro y recordaba la buena paliza que me dieron: Gazille, un renombrado buscapleitos, me había retado a una corrida de la cual gané, nos apostamos a los golpes y no había medido su poder por lo que casi me muele a puñetazos. Alzack y Bisca detuvieron la pelea y nos llevaron a ambos a la comisaría. A mí me soltaron y a él lo dejaron un par de días adentro antes de que volviese a sus andanzas.
Puede que, como están casados con una pequeña hija, explique el hecho que sean tan paternales conmigo: Bisca me dio una pequeña merienda y Alzack unos cuantos dólares antes que la polvareda del auto se los tragase en la carretera.
Desde ese momento hasta ahora he estado en el bar ahogando mis dolores con ron. Le pedí al que da los tragos un paño. El muy cabrón me miró indiferente y me dio uno sucio y lleno de no sé qué. Ignoré el estado del paño y le vertí ron. Me quité la chaqueta y suavemente limpié mis magulladuras. Apreté mis dientes disimulando el dolor.
-Pareces un marica quejándote
Miré de reojo y un hombre macizo y corpulento vestido de cuero se relamía los labios con la espuma de su cerveza. La jarra, de sus manos, dio un brinco sordo cuando él la estrelló contra el mesón. Dio media vuelta en su taburete y apoyó su espalda en la barra, dejando sus brazos entrecruzados tras su cabeza. Tenía muchos piercings que seguían a ambos lados el largo de su nariz y la forma en donde debían de estar sus cejas. Ladeó su cara y una media sonrisa apareció en su rostro, dejando entrever sus colmillos.
Lo reconocí, era Gazille.
-Te soltaron bastante pronto, a mi parecer (Dije) ¿Vienes por más?
Empuñé mis puños para que él los viera. El acentúo más su sonrisa.
-No, esta vez no, Salamander. Este es mi santuario y no quiebro caras aquí. Pero si lo deseas... (Me dio de lleno con su cara una sonrisa demasiado socarrona y altiva) podríamos ir afuera y seguir arreglando nuestras...
-¿Desea algo más?
Miré a la barra y una menuda mujer de cabello azul nos interrumpió con una bella sonrisa. Su pequeño escote se escabullía en un vestido corto y colorido que la hacía ver angelical y muy tierna. Supuse que era la camarera que con miraditas me preguntaba si quería más cerveza. Hice un gesto con mi mano de afirmación y ella tomó la jarra y se la llevó a un extremo de la barra.
De pronto, unas fuertes manos me alzaron del taburete y me mantuvieron suspendido en el aire a través del cuello de mi camisa.
Solté un bufido.
-¿No decías que este era tu santuario? (Le incriminé a Gazille)
Él siguió levantándome, asesinándome con su mirada repleta de una repentina ira.
-Serás hombre muerto, Salamander
Hizo ademán de golpearme pero un grito lo detuvo en seco:
-¡Gazille!
Sus manos me soltaron en una fracción de segundo. Miré a la barra y la camarera de hace unos momentos lloraba con demasiado dolor en sus ojos.
-Otra vez lo volviste hacer… (Ella decía entre sollozos) ¡Me lo habías prometido!
Miré a Gazille con sorpresa y comprendí que…
-¡Levy! ¡No es lo que imaginas! Sólo…
-¡Ya no te creo nada, Gazille! ¡Vete de aquí y no vuelvas más!
Esa chica era su novia y que, para bien o para mal, presencié su quiebre.
Ella volteó con decepción y se fue adentro de la barra, ignorándonos completamente. Miré a Gazille y su mirada se había ensombrecido totalmente.
-Oye… (Le dije) Es una chica, se le pasará
Le coloqué una mano en su hombro para consolarlo. Estuvo un par de minutos antes de que me la apartara y se fuera oscuro y violento del bar.
Un choque de vidrio sutil en la madera me hizo alertarme. Delante de mí estaba la espumosa cerveza que había pedido. La camarera no era capaz de mirarme.
Bebí un gran sorbo y me relamí los labios.
-Él no me cae muy bien (Dije después de un rato con un suspiro) pero no creo que debas ser tan dura con él. Vale, se lo merece porque es una cabeza de dura. Sin embargo, le importas demasiado.
No obtuve respuesta de inmediato. Miré de reojo y la chica apretaba sus manos con impotencia.
-No sabes nada, Salamander (Soltó al fin)
Le di la espalda y apoyé mi espalda en la barra con la jarra en una mano. Bebí otro gran sorbo.
-Soy Natsu. Gracias, estaba buena
Bebí toda la cerveza y la dejé con un sonido seco en la barra junto con unos dólares. Me levanté e hice un pequeño gesto con la mano antes de marcharme también del bar.
ooOoozoeooOoo
El sol estaba ya desapareciendo en el cielo.
Detuve mi carrera en un antro de mala muerte. Bajé de la moto y entré en él. Adentro, el humo sofocaba mis pulmones y el olor a alcohol y drogas me revolvieron el estómago. La instancia estaba en penumbras y la música de rock pesado estaba demasiado fuerte. Avancé con cuidado entre la gente que se acariciaba sin pudor entre miles de rostros desconocidos. Evadí una pareja muy fogosa y llegué al otro extremo del antro. Alguien me tocó el hombro, volteé y vi una chica que estaba demasiada ligera ante mis ojos, moviendo sus caderas muy sensualmente. La ignoré pero ella me jaló del brazo y me lamió la oreja. Tuve que empujarla antes que se viniese otra que ya me jalaba de los hombros. Llegué por fin donde quería en donde unos pocos que se mantenían en pie apostaban por un ganador en una pelea clandestina. Me asomé más y pude reconocer a Gazille que machaba a un pobre infeliz que lloraba para que lo dejara en paz. La audiencia gritaba "¡Acábalo, acábalo!" mientras que el machacado lloraba por su vida.
Gazille alzó su mano y la sostuvo en el aire mientras oía los miles de gritos de violencia para que siguiese su golpiza.
-Detén esto, Gazille
El interpelado soltó a su presa que se hizo un ovillo en el piso, alzó su rostro y, sin expresión, me contestó:
-Acaso… ¿Quieres ocupar su lugar?
Y una escalofriante sonrisa se adornó en su rostro.
Me quité la chaqueta y, a torso desnudo, me posesioné en medio del "ring".
-Siempre eres y serás un crío insolente (Gazille pateó al ovillo que resultó ser su anterior contrincante y me imitó en el gesto golpeando sus dos puños delante de él). ¡Salamander! ¡Arreglemos esto como las bestias!
Mi seudónimo despertó curiosidad en el antro y muchos más se unieron a los espectadores. Cuchicheos se internaron pero los ignoré. Estiré un brazo y lo mantuve en alto. Gazille lo golpeó con el suyo y comenzó la pelea.
Nos movíamos en círculo, estudiándonos. Gazille era una verdadera bestia al acecho, fuerte y feroz. Sabía que no podría soportar todos sus golpes si me acertaba por lo que debía de hacerme de agilidad para esquivar sus puños.
Y así fue.
Gazille se abalanzó sobre mí en menos de un parpadeo. Me eché hacia un lado y le golpeé rápidamente en un costado. El golpe no le hizo más que cosquillas y me empujó con su hombro, alejándonos un momento antes de volver a la acción. Esquivé más puños y detuve una patada con mi brazo. Rápidos hormigueos recorrieron mi brazo.
Me alejé y respiré bocanadas de aire.
Él era demasiado fuerte para mí pero debía hacerle entrar en razón…
Me agaché y lo tomé por la cintura, impulsándome con mis piernas logré inestabilizar su equilibrio y lo boté al suelo. Él tomó de mi cuello y yo logré propinarle dos puñetazos en su quijada. Su agarre no aflojaba y me quedaba sin aire. Con mis dos manos le di un golpe que le rompió la nariz y eso me ayudó a respirar otra vez. Ya de pie, le propiné una fuerte patada en su clavícula y otra en su hombro. Él agarró mi pierna y me lanzó al suelo. Desde allí, le pateé una rodilla y rodé antes que me acorralara. Él volvió al ataque y me logró coger por los hombros. Me golpeó con su cabeza a la mía y en mi aturdimiento me hizo una llave en mi brazo derecho. Aullé de dolor y, en un breve momento de lucidez, le asesté en su oreja mi puño. Aflojó su agarre y ahora yo lo sostenía por el cuello en una llave.
-Sé por qué lo haces (Le susurré) y a ella no le gustará nada saber esto…
-¡TÚ QUÉ SABES!
Con una fuerza animal se zafó de mi agarre .y me plantó al piso triturándome un brazo y restregando mi cara.
-No sabes nada, Salamander. Sólo eres un pendejo que con suerte sabe lo que es caminar
-Bueno, este pendejo te gana en las carreras
Plantó más fuerza en mi cara y la presión volvía a asfixiarme.
Tenía que pensar rápido… rápido, rápido, rápido ¡Piensa en algo, maldita sea!
-Sé… una forma… para que ella no se enoje… más
Volví a respirar un poco.
-Habla… (Me susurró)
La audiencia, mientras tanto, estaba eufórica. Gritaban cada uno mi sangre pero yo no les iba a dar en el gusto.
-Si me sueltas…
-No, ahora o te rompo la cabeza
Mierda… al menos, logré algo. Podría decir que fue en ese momento donde exprimí demasiado mis neuronas en toda mi vida.
Piensa.
Piensa.
Piensa…
¡Piensa!
-Tienes… tienes que dejar esto
-¿Dejar qué?
Volvió a asfixiarme.
-Pues… ahhh… (Respiré todo el aire que pude) esta vida… las peleas, las carreras… apartarte
Me alzó como si fuerza de trapo para luego estamparme en la pared. Sentí cómo mi sangre recorría mi rostro.
-Esa no es la solución (Me susurró en mi oído con un tono salvaje)
-Entonces… llévatela
Por alguna razón, ya no sentía tanta opresión en mi pecho. Respiré bocanadas de aire.
-¿Tregua?
No supe a qué se refería en el momento pero asentí de todas formas.
Vi que le hacía una pequeña seña con las manos a alguien.
Y de pronto…
-¡LA POLICÍA! ¡LA POLICÍA ESTÁ AQUÍ!
Todos huyeron despavoridos mientras que Gazille me colocó en un hombro y me llevó a grandes zancadas a quién sabe dónde.
Sólo sé que con todo el balanceo me quedé inconsciente.
ooOoozoeooOoo
Desperté en una habitación oscura y maloliente. Estaba maniatado de pies y manos. Adolorido como estaba, sólo me atreví a mover mis ojos.
-Despertaste, Salamander. Dentro de todo, eres un poco fuerte
Delante de mí, estaba Gazille en penumbras.
Alguien quitó las cortinas sucias de la ventana y me dio de lleno la luz. Gazille parecía más aterrador así.
-¿No hablamos de una treta? (Le increpé)
-Sí…. Pero hablemos mejor esos términos
Se sentó a horcajadas en una silla simple y vulgar y al revés, apoyando sus brazos y mentón en el respaldo de esta. Lucía más ligero y a pesar de que me hablase de una tregua, sabía que aún estaba en peligro y que debía ser cauteloso.
Traté de no desesperarme.
-¿Dónde estamos? (Pregunté)
-En la ruta 68, a un par de kilómetros del motel "Dassroad"
De la penumbra apareció un hombre de treinta y tantos, muy bajo, de tez morena y macizo, tenía una severa cicatriz en su ojo derecho.
-¿Y tú eres…?
-Phanter Lily
Gazille rio a carcajadas ante mi reacción de estupefacción.
-Sí (Me dijo entre risas Gazille), el jefe del Departamento de Policía del estado es un gran amigo mío ¿Te sorprende? ¡Ja, ja!
¿Y cómo no sorprenderme? Eso explica por qué salió tan pronto de la cárcel luego de nuestro pleito…
Tragué saliva.
-¿Cuál es la treta? (Solté al fin)
-Pues… (Gazille arrastró las palabras) ayúdame a salir de este país y olvidaré que te tengo que matar a golpes
-¿¡Qué!? ¿Estás loco o qué?
-Son mi condiciones ¿Aceptas o no?
Vaya cacho en el que me metí. ¿Cómo podía ahora encontrar una forma de meter en la frontera un buscapleitos loco…? Mierda, sí sabía la forma.
Suspiré resignado.
-Hay una forma… pero ya no sé si es segura
-Háblame más
Gazille sacó un cuchillo y comenzó a morderlo sin interés.
-Ah… en la ruta 34 hay una bifurcación en donde mi padre rompió el alambrado. Es una ruta que nadie pasa y que es un pase directo a la frontera. Pero…
-¿Eh? ¿Pero qué?
-Pero… he oído que los traficantes de coca la controlan a su gusto: nadie puede entrar o salir sin que ellos lo sepan así que…
Un puñetazo me calló en plena boca. Sentí mis labios sangrar a borbotones.
-Salamander… me harás perder la paciencia (Gazille apretaba con furia su cuchillo), lo único que te estoy pidiendo para dejarte vivir es una simple vía de escape ¿Y qué me sales? ¡Con un puto agujero de coca! No quiero que mi chica corra peligro. Dime ahora una vía mejor o te juro que la muerte será lo primero que desearás ahora
Volví a hacer trabajar a mis neuronas.
¿Un lugar que…?
-Pues, mira sé uno (Cerré mis ojos para recordar). Este estás más cerca pero cuesta más acceder a él (Gazille sonrió como una hiena). Hay que cruzar un acantilado y tratar que el río que tiene no te lleve y…
Después de eso, quedé inconsciente.
Desperté de súbito a golpes. La impaciencia en el fiero rostro de Gazille me advirtió que no tendría más oportunidades. Finalmente hablé:
-Hay un tipo loco que mi padre conoció que tiene una avioneta. Es loco y…
Cerré los ojos esperándome lo peor.
No obstante, mis ataduras cedieron y una energética mano me elevó.
-Llévame con ese hijo de puta (Me susurró Gazille)
ooOoozoeooOoo
Menudo lío en que me vi envuelto.
El viejo loco era un piloto jubilado de la fuerza aérea que, debido a una gran depresión, se quedó sin esposa y sin hijos. Lleno de deudas y de varias cuentas más por pagar, se hizo una avioneta con sus propias manos y ayuda a cruzar el cielo a cualquier pobre diablo que pueda pagarle.
Es un tanto austero y ermitaño, sinceramente no quería contactar con él para este otro demente… pero no tenía opción.
El loco estaba arreglando la maquinaria de su avioneta cuando llegamos en medio de la nada. Estaba sucio y lleno de aceite.
-¿Tú eres Atlas Flame?
El piloto entornó sus cejas y me miró riéndose, despectivo.
-Natsu (Me dijo), te he dicho varias veces que no me traigas tus amiguitos. Sabes que no me gusta
Gazille, en cambio, se cruzó de brazos y apretó sus puños mientras volvía a preguntar con mayor insistencia:
-¿Eres tú Atlas Flame?
Mi tío levantó los brazos y se señaló.
-Pues lo soy
-Necesito cruzar la frontera
-¿Y a mí qué?
-Necesito que me lleves
-Lo siento, pero no tengo ganas
-Necesito que lo hagas…
-Pues no y no me insistas. Natsu… ¿Qué te he dicho sobre desalmados? El condenado de Igneel era mi hermano y no me quedaba de otra pero este idiota ni siquiera debe tener dinero. Además… blegh…
-Tío (Hablé de una vez), le debo un favor y sé que no le cuesta nada llevarlo
-Me importa una verdadera mierda tus problemas de pendejo
-Tío… haré lo que sea
-¿Lo que sea?
-Lo que sea
-Está bien, pero es tu palabra
-Sí, mi palabra
Y antes de cuestionarme en qué líos me metí, mi tío loco se subió a su avioneta y nos invitó a pasar con un gesto de la mano. Le eché una rápida mirada a Gazille y comprendí que faltaba algo demasiado importante como para partir así sin más. Pero le obligué a subirse.
Ya encontraríamos la forma.
Sobrevolamos a muchos metros por el suelo. El viento golpeaba mi cara y ya podía sentir las náuseas de estar tan arriba en el cielo. Abajo, los autos parecían hormigas y las carreteras largas serpientes de cuerpos grises. Le hice gestos a mi tío para que fuera en cierta dirección. Luego, me tumbé de pleno en la silla y cerré mis ojos. Hoy sí que había sido un día condenadamente largo y quería descansar.
Una hora después, divisamos el motel y le hice más señas al piloto para que alunizara.
-Haz lo tuyo, idiota (Le dije a Gazille una vez que aterrizamos). Mi tío se exaspera y no tiene mucha paciencia
Mi enemigo saltó como un resorte y entró al motel.
-No te olvides de tu palabra, Natsu
Y ahora se venía la maldita promesa, ahhh…
-Dime cuál es, tío
-Tendrás que hacerte de alguien para que viva aquí
-¡¿Pero qué?!
-Y no rechistas, me diste tu palabra
-¡Pero…! ¡Pero…!
-Hasta es de tu edad, te estoy dando un gran favor. ¡Hala! Ya llega tu amiguito
Justo en el momento oportuno para no rechistar… Gazille traía en andas a la camarera del motel. La pobre chica gritaba y pataleaba y exigía con ahínco que la dejaran en el suelo.
-¿Listo, ya? (Atlas Flame levantó la voz por sobre los gritos de la camarera) No tengo todo el jodido día
Gazille dejó a la chica en el suelo y, antes que ella pudiera rechistar, él le dijo:
-Te llevaré al lugar que siempre soñaste, enana
La chica se ruborizó y no se quejó más.
Mi tío hizo señas para que nos subiéramos. Miré a mi alrededor y, resignado, cerré la marcha. Pero cuando estaba a punto de subirme, Atlas Flame me detuvo con gesto de su mano y me dejó a todas vistas que yo debía quedarme en tierra.
-¿Qué pasa, tío? (Bufé)
-Tú peso sólo haría que se me acabase más rápido el combustible (Dijo él riendo), y tú no tienes ni la más mínima idea de cuánto cuesta la comida de esta preciosura. Quédate aquí y vete a buscarla. Si me llego a enterar que te fuiste de juerga o que la dejaste sola… (Hizo una pausa siniestra) te castro
Riendo con grandes carcajadas, el loco de mi tío se subió a su avioneta y le dio vida. Y ante los sonidos fuertes del motor, me dio las señas de cómo encontrarla. Luego, tomó impulso y se sumergió en la inmensidad del cielo azul.
Con hambre y completamente cabreado, entré al motel y le pedí cerveza a la primera camarera que vi. La chica parecía aún estupefacta con el "secuestro" de su compañera y pareció no entender lo que le dije. Al cabo de unos segundos que me fueron milenios reaccionó y me dio lo que le pedí.
-Ese loco… (Susurró para sí misma) varias veces le dije que no era un buen tipo, que se alejara, que le haría mal ¿Me escuchó? No… y ahora quizás dónde anda la muy tonta. Pero… ah… tendré todo el condenado turno sola
Diciendo esto, la tipa se puso a limpiar frenéticamente el mesón.
La ignoré.
Apuré el vaso y lo dejé en el mesón con el dinero. Me disponía a irme cuando…
-Oye, tú andabas con ese pandillero ayer (La camarera me miró largamente). Hay unas motos aquí afuera que las trajeron ayer de un antro que iba tu amiguito. Sácalas o las boto
Fui donde me indicaba la desagradable camarera. El motel era realmente cutre por dentro y el patio, al menos, no ahogaba mi moto. Saqué a mi compañera mientras la camarera me miraba impaciente.
-¿No te llevarás la otra?
La miré, hastiado.
-No (Dije), no es mía. Haz lo que quieras con ella
Y antes de oír una respuesta, me monté en mi moto y aceleré rápido para irme pronto de ese lugar.
ooOoozoeooOoo
Anduve por unos cuantos kilómetros sin ningún problema. Ya estaba entrando la tarde y el sol se ponía cuando llegué. La casa de mi tío era bastante austera como él y, al medio de la nada, muy pequeña. Se componía, sencillamente, de una pieza, un comedor, un baño y un pequeño cobertizo. Forcejee un poco con la llave y entré.
Estaba en penumbras. Una vela alumbraba muy tenuemente el lugar que le daba un toque siniestro. Abrí más la puerta y la luz del sol penetró en plenitud. Una chica estaba adormilada en un sofá con una revista en su regazo. De pelo blanco y corto hasta la barbilla, esbelta figura, de delicados rasgos y tez blanquísima. Vestía de unos shorts y de camisa ajustada. La luz del sol le dio lleno en la cara y unos grandes ojos azules me miraron sorprendidos.
-¿Quién eres tú? (Me preguntó)
-Ah… Larga historia ¿Cómo te llamas?
-Lisanna, pero…
-No te preocupes, soy el sobrino de Atlas. Mi padre y él eran hermanos
-¿Eran?
-Sí, mi padre falleció hace un buen tiempo
-Oh… disculpa, yo no…
-¡Qué va! Eso fue hace mucho tiempo
Sonrió.
-¿Atlas no vendrá…?
-No, él está en un trabajo
-¿Y tú viniste para cuidarme?
-Algo así, asumo que es hasta que él vuelva
-Ah… (Ella se hizo un ovillo en el sofá) eso significa que te veré varios días
-Sí, no te quedará de otra que soportarme (Sonreí)
-Pues, seamos amigos
-Amigos
-Pero no sé cuál es tu nombre
-Natsu
-Vale
Realmente era una chica agradable y linda. De todas maneras debía cumplir mi promesa con mi tío, así que me acomodé en la pieza de mi tío y me tiré de lleno en su cama. Mañana tendría que ir a buscar mis cosas y un poco de gasolina. Cuando oí su leve respiración entregada al sueño, me adormecí y dormí plácidamente.
Fue un largo día ¿No?
