En las fiestas se fuma pipa

La práctica estaba resultando mejor que el lunes, pero mi ánimo estaba, por completo, en el suelo y como iban las cosas no tenía la menor intención de levantar el vuelo. Una de las máximas que aprendí ese día es que no es recomendable quedarse pensando en tus problemas, encerrado en tus pensamientos, solo, parado, sin hacer nada y en medio de una práctica deportiva.

Un chiflido me sacó de mi ensimismamiento, me hizo ver de dónde provenía y todo eso dio como resultado que un balón se estrellara fuertemente en mi rostro. El disparo había sido tan potente, y me había tomado tan desprevenido, que perdí el equilibrio y fui a dar al piso. Todos acudieron a mi ayuda, me tendieron la mano para que me levantara y me llevaron hasta las regaderas y atenderme.

La sangre me salía a chorros por la nariz, por suerte el médico me atendió rápido. Tuve que abandonar la práctica y poner mis dedos sobre la nariz, aplicando presión para detener la hemorragia. Estaba molesto conmigo mismo por haber hecho el ridículo frente a mi equipo y el entrenador, el cual se iba a dar cuenta de que mi mente no estaba cien por ciento en el aquí y el ahora.

Cuando, al fin, se detuvo, me acosté a reposar un poco. Posteriormente, me dirigí a tomar una ducha y limpiar mi cuerpo. Al salir, los muchachos ya habían terminado y se dirigían al lugar que acababa de abandonar. El entrenador me abordó y su cara era de pocos amigos.

—¡Yagami, ¿qué te sucede?! ¡Te di el día para que te repusieras de tu cansancio, ahora vienes distraído! ¡¿Quiero una explicación?!

Y la única respuesta que pude ofrecerle fue mi completo silencio.

—¿Estás enamorado? —me cuestionó silenciosamente pero con alevosía y aprovechando que tenía la guardia baja.

Mi cara se puso roja como un tomate, incluso me atrevería a afirmar que el color del vegetal palidecía frente al mío.

—¡Claro que no! —me volteé y traté de hacerme el ofendido, pero al final regresé a mi posición inicial— Eso no es lo que me sucede, aunque si tiene que ver con una chica.

—¡Ya, es una lástima porque eso ya explicaría ciertas cosas! Entonces, te recomiendo que soluciones eso lo antes posible. O por lo menos, deja tus preocupaciones fuera de la cancha. Trata de concentrarte.

Fue todo lo que me dijo ese día. La noche anterior no había sido una de las mejores de mi vida. No pude dormir bien, rodé mucho sobre mi cama, me costó hilvanar tres horas de sueño, sólo el último tramo de la noche fue el que descansé bien, en parte eso me ayudó a que mi desempeño no fuese peor.

No conseguía quitarme de la cabeza la imagen de Mimi en el momento en el que me miró para después irse con su familia. Entre sueños era más recurrente su presencia y esa fue la constante en las noches siguientes. Sin embargo, logré trabajar mi concentración en los entrenamientos, ya no quería seguir llamando la atención por ese motivo.

Había coincidido con Yamato en un par de ocasiones y en todas ellas se pasó de largo, era claro que no estaba contento conmigo por lo sucedido con Mimi. Hikari era la que iba a la casa de Takeru para visitarlo a él y a la susodicha. A Sora me la encontré el viernes, acabábamos de salir de nuestras respectivas prácticas y nos dirigimos a nuestras casas.

Fue en esa ocasión que me confirmó lo que ya sabía, Yamato estaba molesto conmigo y que no sabía los pormenores del conflicto. También me contó que ella ya sabía algo porque estuvo hablando con Jou y que al parecer Mimi y mi hermana habían hecho buenas migas.

—Oye Taichi —me llamó Sora, mientras caminábamos y rompiendo el silencio que se había hecho entre nosotros—, ¿qué te parece si vienes hoy en la noche a mi casa y vemos unas películas?

Su propuesta era inesperada, me dejo mudo y fue cuando me paso su mano por enfrente de los ojos, que pude reaccionar.

—En otro momento posiblemente me hubiera hecho del rogar, pero creo que una especie de pijamada no me caería nada mal.

—¡Muy bien! Por qué no llevas a Hikari, tal vez también esté interesada.

—Se lo comentaré y lo más probable es que también quiera asistir.

—En ese caso dile que ella también lleve una película.

Esa fue la amena charla que sostuve con ella, pues habíamos llegado al punto en el que teníamos que tomar caminos separados. Era la primera alegría que había tenido en días, desde que Mimi me abofeteó.

Al entrar al departamento lo encontré vació, seguramente Hikari había ido a ver a Takeru y a Mimi y mi madre habría salido de compras. Me dirigí al mueble de la televisión y buscar una película que llevaría a la casa de Sora. La elección no fue difícil, veríamos Akira, sí o sí.

Al poco tiempo, llegó mi hermana y le comenté sobre los planes de Sora. La sonrisa que adornaba su rostro era muy bella, pero tenía un presentimiento extraño sobre la misma. Ella decidió llevar La desaparición espiritual de Sen y Chihiro. Cuando mamá regresó, le comentamos los planes que teníamos para esa noche y siendo que era viernes nos dieron permiso de asistir.

La noche cayó más rápido de lo que parecía, el tiempo llegó y nos encaminamos a casa de Sora. No me había dicho una hora en específico, por lo tanto el que haya llegado tarde o no era totalmente relativo. Cuando abrió la puerta, pude notar que no era la única que estaba ahí. Yamato, Takeru y Mimi, se encontraban en la sala con ropa cómoda y ya había bocadillos en la mesa; era claro que ellos también habían sido invitados y yo ni enterado. Y aunque sostenía que no había llegado tarde, había quedado evidenciado que había sido el último, como en la mayoría de las veces que me pasaba.

Pasamos y mi hermana se fue a sentar junto a Takeru, Yamato se levantó y se acercó a mí ante la mirada temerosa de todos los presentes.

—¿Podemos hablar un momento? —me pidió en un tono neutro con un pequeño toque de cordialidad.

—Claro —respondí sin dudarlo. Que pasara lo que tenía que pasar.

Salimos al pasillo y él se recargó en el barandal apoyando, también, la pierna izquierda y adoptando su postura favorita: brazos cruzados y cabeza baja.

—Ya hablé con Mimi —levantó la mirada y la enfocó en la mía—, me contó que se puso mal y que el problema entre ustedes no fue tan grave. Prácticamente te exculpó. Así que sólo te preguntaré esto una vez: ¿qué fue lo que pasó?

—Mira Yamato —me tomé una pequeña pausa antes de hablar—, primero quiero pedirte perdón, creo que reaccioné de forma impulsiva. Ella había tenido una dificultad con Jou, algo que evidentemente se había dado accidentalmente. Me pareció que su reacción era exagerada y la confronté, prácticamente la obligué a disculparse y eso estuvo mal de mi parte. Además, creo que me burlé de ella de una manera que no se lo merecía.

—¿Te burlaste de ella? —puso su mano sobre su mentón, obviamente analizando la situación— Exactamente, ¿qué le dijiste?

—Me porté como un plebeyo enfrente de un miembro de la realeza, hice una breve caravana y le dije: "mi reina".

Involuntariamente, Yamato presionó fuertemente sus puños. Luego tomó un respiro y destensó sus extremidades.

—Bueno, en ese caso, ya entendí lo que paso. Te sugiero que no vuelvas a decirle eso.

De todas las cosas que pensé que había hecho, fue la que le tomé menos importancia; pero, al parecer, tenía un significado más profundo del que me hubiese imaginado. Sin embargo, aún tenía la curiosidad de por qué eso fue lo que ocasionó esa reacción en Mimi.

—Entendido, no lo volveré a hacer. Pero, tan siquiera, ¿puedo saber la razón?

—Si puedes o no, es algo que no me toca decidir a mí. Lo único que te puedo asegurar es que yo no te puedo decir nada, hice una promesa al respecto.

—Comprendo. No te preocupes Yamato, no te insistiré en ello.

—Sólo me queda darte un consejo —hizo una pausa y enfocó sus ojos en los míos y su rostro expresaba toda la concentración y seriedad de la que era capaz de expresar—, no es conmigo con quien tienes que disculparte, es con ella. Hazlo y todo estará resuelto entre nosotros.

Abandonó el lugar y volvió a entrar al departamento. Lo seguí, casi inmediatamente. Estando dentro, nos dimos cuenta de que, casi todos, habían estado al pendiente de nuestra plática. Hikari y Takeru me miraron con curiosidad y lo que hice fue sonreírles de la mejor manera, ese gesto los calmó mucho y se sintieron más tranquilos con nosotros y entre ellos. La única que no estaba en esos momentos ahí era Mimi.

—¿Dónde está mi prima? —le preguntó Yamato a Sora.

—Fue al baño, no debe de tardar —ella también se notaba más calmada.

—Con su permiso, voy a hacer la correspondiente visita a la nevera —fue una especie de aviso a Sora. La verdad es que toda la tensión me había abierto el apetito y un emparedado de jamón era lo que estaba cruzando por mi mente.

Estaba a la mitad del proceso de preparación, cuando otra persona entró en la habitación, era Mimi, con quien me encontraba por primera vez desde el incidente en la escuela.

—Qué bueno que te encuentro —dijimos al mismo tiempo. Después nos quedamos callados un buen rato y nos volvimos a sincronizar para querer tomar la palabra interrumpiéndonos en el proceso.

—Será mejor que hables tu primero —le dije sin tardanza para evitar otra situación similar.

—¿Ahora no va a haber reverencia, ni mención a algún título nobiliario? —preguntó temerosa.

—No. En esta ocasión no diré nada de eso, de eso te quiero hablar, pero prefiero que inicies tú.

—Como quieras, yo sólo quiero pedirte perdón. Ese día no me encontraba muy bien y no reaccioné de la mejor manera, tú sólo querías defender a tu amigo y eso es muy loable.

—Qué bueno que te disculpes…

Iba a continuar hablando, pero el sonido de un plato quebrándose nos distrajo. Vi por la ventana de la cocina, que da directamente a la sala y comedor, que todos se nos quedaron viendo; sobre todo a mí.

—Como te decía —retomé el curso de la conversación—, es bueno que te disculpes y yo tengo que hacer lo mismo. Es cierto que yo estaba defendiendo al zopenco de Jou —Mimi me dirigió una rígida mirada—. ¡Es broma! Respeto mucho al buen Jou —le dije levantando las palmas de la mano—. Pero tampoco era excusa para que yo te tratara como lo hice. También te debo una disculpa.

—Entonces, ¿hacemos las pases? —me lo pidió extendiendo su mano.

La tomé y los resentimientos y rencores quedaron sellados en ese apretón de manos, tal y como lo había llegado a ver en algunas series, películas o dibujos americanos. Pasamos a la sala para dar inició a la velada que Sora había ideado de antemano y, de seguro, con disculpas incluidas.

—Muy bien muchachos, es hora de mostrar que película trajo cada uno.

Y cada quien mostró lo que había seleccionado. Yo, Akira; Hikari, La desaparición espiritual de Sen y Chihiro; Sora, La balada de Narayama; Takeru, Mi vecino Totoro; y Yamato, Ringu. Mimi, supongo, la estaba buscando en una maleta, que asumí, era suya. Pero, algo raro le estaba pasando, porque pegó tremendo grito que nos dejó sordos.

—¡No, no lo aguanto más! ¡No sé por cual decidirme! —y vació en contenido de la maleta en medio de la sala.

Era una gran cantidad de películas que había traído, formando una gran pila desordenada y amorfa. Todas eran norteamericanas; unas eran de humor, otras de romance y unas más de humor y romance.

—¡Es que todas son excelentes! Están: Titanic, Mujer bonita, La boda de mi mejor amigo, El guardaespaldas, Fantasma, Casablanca, La trampa de los padres, Lo que el viento se llevó, Una rubia muy legal, Romeo y Julieta, Mimi y Taichi, perdón… La bella y la bestia —todos se rieron a expensas de mí, y debo de admitir que la broma fue buena; pero mi orgullo me impedía reírme, aunque tampoco era tan severo como para sentirme ofendido.

Mimi siguió revisando las que faltaban y se puso a analizar cada una de sus opciones y terminó por cerrar la contienda en dos opciones: Casablanca y La bella y la bestia. La decisión que tenía que tomar se le estaba dificultando mucho, pues pasaba la vista de una a otra sin parar.

—Bueno, ya me decidí. Será la bella y la bestia, porque están presentes Takeru y Hikari.

—Por nosotros no te preocupes, si quieres puedes poner Casablanca o, si lo prefieres, Mujer bonita —expresó Takeru, pero Yamato y yo nos quedamos viéndolo pícaramente.

—¡No! Ya está decidido, será la bella y la bestia —le entregó a Sora la película y la muy despistada metió la otra en mi maleta, pero decidí no decírselo; la iba a tener de rehén, podría serme útil en algún momento.

El orden fue el siguiente: primero, Hikari; segundo, Takeru; tercero, Mimi; cuarto, Sora; el quinto fui yo; y el último, Yamato. Como su película era la que tenía la categoría más alta, decidimos dejarla al final.

Todo iba muy bien, el balde de palomitas pasaba de unas manos a otras sin parar; cuando se acababan, Sora era la encargada de traer más. Lo divertido es que yo me quedé en el último lugar del sillón, por lo que, cuando tenía que pararme a ir al baño, lo cual era relativamente seguido, le estorbaba la visión a todos. Pero dicen que todo lo que haces se te regresa y cuando tocó el turno de ver Akira, el mugroso disco no funcionó porque estaba muy rayado.

—¡Qué! ¡¿Cómo que está rayada mi película?! —expresé mientras tomaba el disco y lo examinaba detenidamente. La suerte se había puesto en mi contra y todo por una serie de inofensivos rayoncitos que estaban por toda el área del disco —¡Demonios!

—¡Hermano! A mamá no le va a gustar si te oye hablar así —y me sentí como niño regañado.

—¡Pero ahora que voy a hacer! —puse mi mano derecha en mi mentón y pensé tranquilamente, la situación lo requería— ¡Ya lo tengo! El disco se lo voy a llevar a Koushiro a ver si me lo puede arreglar. Mientras tanto, cambiaré mi película por Los siete samuráis. Sora, ¿me podrías hace el favor de prestármela?

—¡Ya qué! —exclamó una resignada Sora.

Eran cerca de la media noche, y apenas íbamos a ver la película que había seleccionado, la mala suerte es que también era la de mayor duración, por lo que uno a uno fueron quedándose dormidos. Al final quedamos Yamato y yo, los demás ya había sucumbido a las influencias de Morfeo. Cuando terminó, pasadas las tres de la mañana, decidí quitar el disco y poner el de Yamato.

—¿Dónde habrá puesto Sora la película que trajiste? —me pregunté en voz alta.

—Será mejor que lo dejemos hasta aquí. Otro día la veremos.

—¿Estás seguro?

—Sí, es lo mejor. Despierta a tu hermana y a Sora, es mejor que nos acomodemos a dormir.

Sin rechistar, hice lo que me pidió. Las niñas fueron al cuarto de Sora, por suerte en su casa tenían un par de futones. En uno se durmió ella, la cama la ocuparon mi hermana y Mimi, y el otro fue para Takeru y Yamato que se quedaron en la sala. A mí me tocó el sillón para mí solo.

El sueño y cansancio me estaban venciendo, y despedí mi día con una gran sonrisa. Ese mismo día se habían acabado mis preocupaciones y había fumado la pipa de la paz con mi mejor amigo y su prima.


¡Muchas gracias a todos los que me han leído! Me gustaría agradecer, especialmente, los review de aleprettycat y Mewt.

Mewt: ¡Muchas gracias! ¡Qué bueno que te pareció interesante! Me temo que para eso vas a tener que esperar algunos capítulos más y espero que hayas disfrutado del nuevo capítulo.