Living like in America
Arribamos a Odaiba cerca de las tres y media de la tarde. El viaje de regreso fue más incómodo que el de ida, además de que sufrí las secuelas de la apretada noche que pasamos juntos. El cuerpo, pero sobre todo el cuello, me quedaron muy adoloridos. La mayoría del tiempo la pasamos dormidos, aun así el viaje fue pesado.
Ese día me dediqué a descansar y hacer pequeños ejercicios de estiramiento para que mi cuerpo no se tensara ya que al día siguiente reanudábamos los entrenamientos; comí moderadamente y me fui a la cama temprano. Todo eso me sirvió, no obstante, me cansé más que de costumbre; se lo achaco a la inactividad que tuve en los trayectos de carretera. Pero en el transcurso de la semana, mi desempeño fue alcanzando, paulatinamente, su nivel óptimo.
Al finalizar el entrenamiento del miércoles, me encontré con una escena que me sorprendió en alto grado y otra vez tenía que ver, o estaba implicada altamente en ello, Mimi Tachikawa. Corrí rápidamente, para tomar a Yamato por la espalda para calmarlo lo más que pudiera, tarea que ya había empezado a ejecutar Takeru al tratar de separarlo del chico al que estaba golpeando con vehemencia.
A primera vista no lo había reconocido, y la verdad es que tampoco sabía su nombre, era un chico de primero que había adquirido fama de casanova en el poco tiempo que llevaba en la escuela. Mi "Sherlock Holmes" interior volvió a hacerse presente y dedujo que este tipo había visto a Mimi y no quiso desaprovechar la oportunidad de ligar con una extranjera, lo que provocó a Yamato.
Lo pudimos contener, gracias a la ayuda de Jou y Koushiro que habían estado ahí por mera casualidad. El pobre tipo terminó tan asustado que corrió a toda velocidad cuando se le presentó la oportunidad. Ya más tranquilo y sin tener que detener a Yamato, pude notar que Mimi estaba perpleja, otra vez la actitud desconcertante de la chica. Digo, la verdad es que es muy bonita y no debería sentirse así si un muchacho se le acerca con esas intenciones; yo lo consideraría hasta normal.
Sora estaba con Mimi y Takeru, Jou y Koushiro estaban como yo, y Yamato se fue sin decir una sola palabra. Pero yo tenía curiosidad así que partí tras él para entablar una conversación.
A los pocos metros, Yamato había disminuido la velocidad de su andar y eso me facilitó para alcanzarlo y él se dio cuenta de mi presencia muy prontamente.
—¿Qué quieres saber Taichi? —me preguntó sin rodeos.
—¿Por qué te peleaste?
—Porque ese imbécil estaba molestando a Mimi y no quiso entender con palabras. Así que tuve que razonar con él a golpes.
—¿No se te hace que eres demasiado celoso, Yamato?
—Puede ser —después se calló un rato y después continuó—. Pero era mi deber defenderla. Además, ella no quiere tener, en estos momentos, alguna relación amorosa y quiere evitar cualquier situación de esa índole.
—¿Cómo lo sabes? —eso me interesaba saberlo.
—Ella misma me lo dijo el día que llegó.
Lo acompañé en el pequeño paseo que dio para tranquilizarse, caminar y pensar lo ayudan mucho. Yo me quedé callado, pero fue algo difícil de mantener, me cuesta mucho tomar el papel de acompañante silencioso; pero con Yamato me voy acostumbrando poco a poco; él es muy bueno en eso.
Llegamos a su edificio y de repente se detuvo.
—Por cierto, el viernes vamos a tener una fiesta. ¿Quieres venir?
—Por supuesto que sí. ¿Y ahora cuál es la razón?
—Mimi le pidió permiso a mis papás para hacer una fiesta como las que hacen en América. Ellos van a trabajar hasta tarde para compensar el día libre que tuvieron.
—¡Ah! No sabía que tus papás habían pedido permiso.
—No los escuchaste, lo comentaron cuando íbamos a Kioto.
—Bueno, ya, perdóname, ya sabes lo distraído que soy —él sólo me respondió con una sonrisa—. ¿ Y va a ser una fiesta desenfrenada como las que pasan en sus películas?
—¡Claro que no! Es más, no va a ser una fiesta tan grande porque mi casa no lo es; sólo vamos a ser pocas personas, creo que nada más lo que fuimos al viaje.
—¡¿Mi hermana también va a ir?! —grité sorprendido.
—Sí, Takeru y Mimi la invitaron; sólo que Mimi les hizo prometer que, a lo sumo, se tomarán una sola cerveza.
—¡¿Cerveza?! ¡¿Va a haber alcohol?!
—Sí, Mimi está tomando cartas en el asunto. Ya chantajeó a Jou con darle tips de ligue a cambio de que su hermano compré algunas botellas.
—¡Demonios! Eso es un dilema enorme. Pero yo, trataré… —expresé con duda— que mi hermana no terminé ebria.
—Tranquilízate Taichi, no creo que nuestros hermanos lleguen a tanto —en eso tuve que darle la razón.
Al entrar al departamento de Yamato, nos dimos cuenta de que ya estaban ahí Sora, Takeru y Mimi. Al parecer se fueron al poco tiempo de que nosotros nos marchamos. Debido a lo que había pasado, y creyendo que lo más probable es que tuvieran una plática familiar, a Sora y a mí nos pareció que lo mejor era retirarnos.
Aprovechando la presencia de Sora, me atrevía preguntarle por lo sucedido. En efecto, mi "Sherlock Holmes" interior, había acertado nuevamente en sus deducciones. El tipo ese, según palabras de Sora, se portó como un presuntuoso y pedante hijo de su no sé qué. En serio, mi madre se sorprendería de lo que me enseñan Sora y Yamato. Al parecer, Mimi lo rechazó tajantemente y al tipo no le gustó por lo que la jaloneó un poco y fue cuando lo vio Yamato y se fue sobre de él; lo demás es lo que ya había visto.
—Oye —me llamó, mientras caminábamos, en un intento de cambiar el tema de conversación—, ¿ya te enteraste de la fiesta que quiere organizar Mimi? —le contesté afirmativamente— Y, ¿qué opinas?
—Se oye interesante, hasta que me enteré de que mi hermana también va a ir. Eso no me agradó nada.
—Vamos, Taichi, no creo que vayan a hacer algo malo.
—Yo tampoco, pero en las fiestas uno no sabe que es lo que puede pasar.
En ese punto ella me dio la razón, pero insistió en que era un exagerado. Cuando llegué a casa, mi mamá estaba haciendo la comida así que aproveché para pedirle permiso.
—Mamá, la prima de Yamato va a hacer una fiesta este viernes…
—¿Mimi, la preciosa sobrina de Natsuko? Sí, ya lo sabía, Hikari me ha pedido permiso para ir.
—¿Y?
—¿Y, qué?
—¿La vas a dejar ir?
—Por supuesto que sí, los Ishida son una familia de confianza.
—¿Y me vas a dar permiso a mí también? —pregunté algo extasiado.
—No lo sé —y la emoción se fue al caño.
—¡¿Por qué?! —grité un poco, lo que molestó a mamá.
—Porque ya has holgazaneado mucho tiempo y tu cuarto sigue siendo un chiquero, no te da vergüenza con tu hermana. Así que si quieres ir, más te vale que el cuarto esté reluciente para ese día. Solamente así vas a poder ir.
Estaba incrédulo, al parecer mamá había encontrado la forma de obligarme a hacer limpieza en el cuarto y no podía zafarme.
—Pero entonces, ¿quién va cuidar de Hikari? —se me ocurrió cuestionarle eso, como un desesperado intento de libarme de esa tortura. Se lo pensó un poco, luego contesto:
—Takeru, Yamato y Sora.
Mi quijada se abrió todo lo que pudo; no podía creer que mi mamá confiara más en ellos que en mí. Si supiera lo que tanto hablaron el día de hoy, de seguro cambiaría de opinión. Viendo el panorama, tuve que ceder y recoger mis cosas, barrer y trapear, no había de otra si quería ir a la interesante fiesta de Mimi y si quería cerciorarme, personalmente, que mi hermana iba a estar bien.
La tarea fue titánica, pero bien realizada. Mis padres, porque mi papá apoyó la decisión de mamá, tuvieron que cumplir su promesa y el viernes ya estábamos listos. Llegamos lo más temprano que pudimos, la situación lo ameritaba.
Entramos sin tocar porque la puerta estaba ligeramente abierta. El departamento de Yamato no había cambiado la gran cosa, los sillones de la sala estaban acomodados para que formaran un rectángulo y que el centro pudiese ser ocupado como una especie de pista. El estéreo estaba reproduciendo música movida a todo volumen. Había luces de colores que se prendían y apagaban intermitentemente, lo cual me sorprendió hasta que vi a Koushiro programándolas, fue cuando entendí que él le hizo el favor de conseguirlas.
Aunque llegamos temprano, fuimos los últimos; me excusé diciendo que lo hicimos para no perder la costumbre. Hikari corrió con Takeru, quien estaba sentado escuchando la música. Yo busqué a Sora y a Yamato por lo que me fui a la cocina y encontré a Jou guardando las bebidas. Había traído vodka, coñac, whisky, cerveza y tequila; la familia de Yamato tenía unas botella de vino y una de sake; así que con eso ya teníamos variedad para la noche.
Abrí el refrigerador para buscar algún bocadillo, pero en ese momento entraron Yamato y Sora con las botanas y me fui sobre de ellas inmediatamente.
—¿Quién te abrió? —preguntó Yamato— Porque yo no escuché que tocaras, aunque con esa música dudo haberlo hecho.
—Nadie —respondí mientras comía un delicioso emparedado de jamón con queso amarillo—, la puerta estaba abierta.
—¡Ah! —se quejó Yamato— Mimi volvió a dejar la puerta abierta.
—Por cierto, ¿dónde está ella? —pregunté por curiosidad. Digo, es muy extraño que el organizador del evento no esté presente en este.
—Se está terminando de arreglar —contestó Sora.
—¡Estoy lista! —entró a la cocina la susodicha.
La ropa que había escogido la hacían lucir extraordinaria. Una falda corta, negra, le favorecían a sus torneadas piernas; la corta remera rosa de tirantes, que permitía ver su ombligo, se ajustaba a su delgado torso, y hacían lucir un poco largos sus delgados brazos; un cinturón en su estrecha cintura, era un toque que le quedaba bien: y los convers, también rosas, complementaban su indumentaria. Una diadema con una estrella se posaba sobre su cabeza, deteniendo un poco su larga cabellera; una cadena con un dije de la letra "M", todo de oro, adornaban su fino y delgado cuello. Se había esmerado mucho en su arreglo personal.
—¡Mimi, otra vez dejaste la puerta abierta! —le reclamó Yamato.
—¿Yo? —preguntó inocentemente— ¡Ya, Yamato! No te sulfures tanto, ya vez, no pasó nada malo.
Y con eso dio comienzo la fiesta. Mimi estaba muy contenta con cómo había quedado todo. Se puso a bailar en la improvisada pista y arrastró consigo a mi hermana, sus primos, Sora y Jou. Yo había tomado un asiento en la mesa y me estaba devorando los bocadillos que había tomado. Koushiro seguía la pendiente de la reproducción de la música, como una especie de DJ, y manejando las luces. Pero en un momento de algarabía, Mimi lo arrastró a él también. Ya sólo quedaba yo y me percaté de eso e intenté pasar de inadvertido yendo al baño, pero fui pillado en el intento y arrastrado por el remolino que se había convertido Mimi Tachikawa.
El baile y la música fue lo primero que se acabó porque había vecinos que tenían que trabajar al día siguiente y no queríamos meter en problemas a los papás de Yamato; lo cual rompía, hasta cierto punto, la dinámica de la fiesta, pues la música y el baile son, casi casi, permanentes.
Lo siguiente que tomamos fue la cena, y eso era bueno porque todavía tenía hambre. Mimi, que era una experta culinaria, había preparado un bufete internacional. Había hamburguesas de Hamburgo, papas de Francia, sushi, pizza romana, tortilla madrileña y asnitos mexicanos. Para acompañar, Mimi decidió que tomáramos vino, por una extraña razón quería que vaciáramos alguna botella.
Cuando le iba a servir a Hikari, tuve que intervenir.
—Mimi, ¿no tendrás rompope para Hikari?
La muy ingrata se enojó con el comentario que hice, y Mimi dijo que no iba a llevar bebidas para bebes.
Después de la cena, ya habíamos entrado más en ambiente. El vino le cayó pesado a Hikari y a Takeru, quienes terminaron dormidos y decidimos llevarlos a una cama a cada uno. Nosotros íbamos a seguir con lo nuestro.
Lo que prosiguió fue una amena charla con alcohol de por medio. La verdad es que era la primera vez que ingería tanto, me había llegado a tomar un par de cervezas a lo mucho, pero eso era demasiado. Lo bueno fue que no había tantas botellas.
Sora ya estaba un poco ebria y su parte atrevida estaba empezando a relucir; se estaba desinhibiendo.
—Oye Mimi —la llamó mientras hipeaba—, ¿no dijiste que podíamos hacer algo que se llama "Body shot".
—¡Por supuesto! —respondió la chica, que también estaba algo alcoholizada— ¿Quién de ustedes se anima? —nos preguntó a los hombres.
Pero yo era el único en condiciones, en primera porque no sabía que era eso; segundo, estaba casi seguro que era algo que Yamato no le haría a su prima; Jou estaba en el baño, devolviendo todo lo que se había tomado y Koushiro andaba por esos rumbos. Así que sin pensarlo más, le dije que yo.
Se fue hacia la mesa y se recostó sobre ella. Me preguntó que qué quería tomar y le dije que Tequila; la verdad es que nunca lo había probado. Entonces le pidió a Sora que trajera la botella, un limón y sal.
—Mira Taichi, Sora va a poner el tequila en mi ombligo, sal en mi cuello y la rodaja de limón la voy a tener en la boca. Cuando ella te diga "ya", vas a tomar la bebida, luego a lamer la sal y me vas a quitar el limón usando sólo tu boca para que lo chupes. Así que estate listo.
La cosa parecía muy sencilla y, en efecto, lo fue; descontando que me distraje mucho observando su cuerpo acostado sobre la mesa y todos sus atractivos saltando a la vista, lo cual hizo subir, un poco, mi temperatura corporal. Todo se hizo como ella lo dijo, sólo que el líquido raspaba mucho la garganta. Levanté las manos en señal de triunfo, pero la tos me impedía disfrutar del momento y tengo entendido que la sal y el limón aminoraban el efecto. Después de mí, le tocó el turno a Yamato de tomarse un body shot en Sora e hizo exactamente lo mismo, sólo que la tos no lo amedrento tanto.
El siguiente juego fue la "botella" y para ello utilizó la botella de vino que habíamos vaciado al principio. Al círculo se unieron unos somnolientos Takeru y Hikari, quienes se habían despertado, después del alboroto y escándalo que habíamos hecho después del último juego.
—El juego es sencillo —comenzó a explicar Mimi—. Cada uno va tomar un turno y girará de la botella, tendrá que retar, a hacer una confesión o hacer algo, a la persona que señale la punta de la botella. ¿Están listos?
Y ella comenzó con el juego. Al principio nos pareció divertido, nadie quería exponer sus confidencias, por lo que fueron retos lo que iban tomando los señalados. A Koushiro le tocó imitar a una gallina. A Jou, actuar ante nosotros cómo se le declararía a una chica, lo que terminó en algo decepcionante porque el pobre no podía emitir palabra alguna; en parte por su timidez y en otra por el alcohol. No quisimos aprovecharnos de Takeru y sólo le pedimos que recitase un poema improvisado. A Yamato, lo hicimos que se parara de manos por un minuto, casi lo consigue, pero estaba ebrio y su equilibrio no era el mejor. Yo me había salvado hasta el momento y era el turno de mi hermana.
—Aquí voy —y giró la botella—. ¡Me tocó a Mimi! ¿Verdad o reto?
—Reto —le respondió.
Mi hermana se estaba tomando su tiempo, pero al poco tiempo se decidió por algo.
—Quiero que mires a mi hermano a los ojos por un minuto.
El reto me sorprendió, posiblemente el vino no la estaba haciendo pensar con claridad. Pero ninguno de los dos puso objeción, así que lo hicimos. La cosa iba bien, pero el efecto del alcohol me estaba jugando una mala pasada, y creo que a ella también. Los muchachos contaban los segundos que faltaban y nosotros nos íbamos acercando un poco casa vez más.
—¡Diez! —y el sudor corrió por mi frente— ¡Nueve! —ella se mojó los labios— ¡Ocho! —yo hice lo mismo— ¡Siete! —nos acercamos otro poco— ¡Seis! —nuestras frentes chocaron suavemente— ¡Cinco! —me perdí en sus ojos castaños— ¡Cuatro! —volvimos a relamernos los labios— ¡Tres! — y finalmente nos besamos.
Todo enmudeció de repente, tengo que decir que el beso duró más de tres segundos, pero los dos habíamos cerrados los ojos, por lo que habíamos fallado con el reto. El beso fue suave al principio, pero poco a poco lo fuimos haciendo más profundo, con una lucha de lenguas incluidas, hasta que Yamato nos separó.
—¡Ya fue suficiente! —gritó colérico.
Instintivamente, lo empujé y eso causo que me tirara un derechazo directo al rostro, tumbándome en el proceso. Me levanté y lo golpeé en el estómago, era mi primera borrachera y acababa de descubrir que no soy bueno razonando con un borracho, y menos si estoy en el mismo estado. Además, creo que está implícito que, en ese estado, esa es la única forma de arreglar diferencias.
Los muchachos trataron de separarnos pero les costó mucho. Al final, Sora nos gritó como nunca lo había hecho y la fiesta terminó en desastre como algunas que había visto en las películas hollywoodenses. Decidimos dejarlo por la paz y cada quien se retiró a su casa.
Llegamos y, por suerte, mis padres no se percataron de nuestra llegada. Lo primero que hice fue meterme al baño y mojarme la cara, para después meterme a la cama. En medio de la noche, me toqué varias veces el ojo izquierdo, que es en dónde había recibido uno de los tantos golpes que me dio Yamato. Y luego, inconscientemente, empecé a tantear mis labios. Por desgracia, al hacerlo, también rocé otro golpe, volví sentir dolor al contactarlo, pero seguí con eso. Estaba metido en una complicada encrucijada, un cruel dilema: el recuerdo de sus labios sobre los míos, era una sensación que me estaba gustado y era precisamente eso lo que no me gustaba; estaba completamente preocupado.
¡Muchas gracias a todos los que me han leído! Agradecimientos especiales a: charge phantom, aleprettycat y a Cesar14399 (por su review).
El título del capítulo esta inspirado en la canción: Living in America, interpretada por James Brown; compuesta por Dan Hartman y Charlie Midnight. Este es el capítulo que me ha llevado menos tiempo escribir; dos horas y media, aproximadamente.
Aviso: Por diversas cuestiones, voy a tener que aplazar la publicación del siguiente capítulo. Será el 20 de agosto, cuando lo suba. El fic está terminado desde que lo comencé a publicar, así que no dejare tirada esta historia. Por su comprensión, muchas gracias.
