¿Cuéntame sobre tu vida? El fútbol ha sido la mía

La mala fortuna volvía a hacer mella en mi vida, parecía que sólo había tomado un descanso para volver a azotar mi vida y reírse a mis expensas. Primero, sufrí lo que es la resaca; el vómito y el dolor de cabeza fueron un martirio. Entre lo poco bueno que viví en la semana fue que, a la mañana siguiente, mis padres salieron temprano y no se dieron cuenta del estado en el que había llegado. A mi hermana sólo le había dado un fuerte dolor de cabeza. Y segundo, nuevamente mi rendimiento en los entrenamientos había bajado considerablemente, lo que se traducía en nuevos regaños por parte del entrenador y un desanimo muy marcado en mis demás compañeros.

Eso me tenía de mal humor y todos los que me conocían percibían que no estaba bien; pero no quería hablar con ninguno de ellos de los que me sucedía porque ni yo mismo lo sabía. Hikari, con lo prudente que es, no dijo nada, sobre todo a nuestros padres; eso significaba una preocupación menos. Lo que sin duda sentí es que ella quería conversar conmigo, pero también percibí que me tendría paciencia para encontrar el momento en el que estuviese listo.

Seguí en contacto con la mayoría de los muchachos; con dos excepciones: Yamato y Mimi. A ella no la había visto ningún momento; a él, unas cuantas ocasiones, pero no intercambiamos una sola palabra. Si bien los dos habíamos peleado bajo los efectos del alcohol, al parecer el enojo, por lo menos por parte de él, era sincero y no daba señales de disminuir.

El viernes estaba en el entrenamiento y estaba tan distraído que cada vez que quería controlar el balón el toqué era deficiente y tenía que hacer otro movimiento para tratar de recomponerlo; pero la mayoría de las veces este movimiento lo hacía con la misma deficiencia que lo demás. Era claro que ese no pintaba para ser mi día y la bóveda celeste se encargó de hacerlo más explícito. El cielo se nubló de repente y una intensa lluvia cayó sobre nosotros, el entrenamiento se interrumpió y oficialmente todos mis uniformes estaban sucios y tenía que lavarlos.

Pero mi mala suerte iba en ascenso, resulta que ese día se había descompuesto la lavadora y no íbamos a poder lavar la ropa en casa por unos cuantos días. Por fortuna, para mi madre, ya había lavado la ropa más urgente, con excepción de mis uniformes, por lo que tuve que ir a una lavandería.

Debo señalar que la situación les pareció cómica a mis padres y mi hermana, pero a mí no me hizo nada de gracia. Además, era la primera vez que tenía que hacer esa labor, por lo general son mi mamá y Hikari las que se encargan; mi padre a veces, sobre todo cuando mamá lo castiga cuando llega con sus copas de más.

Y ahí estaba yo, rodeado de varias amas de casa, algunos estudiantes de otros lados, tanto nacionales como extranjeros, y yo me sentía como bicho raro. Primero, no sabía cómo se usaba la cosa esa, no tenía ni la más remota idea de cuánto tenía que poner de detergente, suavizante, y no sé qué otros productos más. Estaba metido en éste y otros problemas más, cuando noté que alguien entraba al recinto, era Mimi y venía cargando un canasto con ropa.

Verla en ese lugar me resultó sumamente extraño, no imaginaba que la señorita Tachikawa lavara su ropa, se me figuraba más de esas personas que les tienen que hacer todos los deberes domésticos. Ella no notó mi presencia, hasta que pasó junto a mí y vio que la única lavadora disponible era la que estaba junto a mí. Por lo que, forzosamente, se tuvo que quedar conmigo; aunque noté cierta incomodidad en ella, misma que, inexplicablemente, estaba sintiendo yo.

Cada uno estaba en lo suyo, pero yo me dediqué a observar como lo hacía para ver si lo estaba haciendo bien. Ella se dio cuenta de ello y me dibujó una linda sonrisa, una no que había visto desde el incidente de la fiesta, hace una semana ya.

—¿Es tu primera vez lavando? —me preguntó sin más.

—¿Se nota mucho?

—Un poco, la verdad. Vas muy lento y te la pases leyendo las instrucciones.

—Sí, es mi primera vez. La lavadora de la casa se descompuso y necesito uno de mis uniformes para la práctica del mañana.

—¿Y por qué lavas tres juegos?

—Porque mi mamá me dijo que si iba a lavar uno, mejor lavara todos de una vez.

Al ver que batallaba demasiado, decidió ayudarme un poco. Mientras lo hacía, vi el montón de ropa que traía consigo y eso me trajo a la mente que el día de la fiesta en casa de Yamato, una de las tantas veces que fui al baño, encontré la puerta del que fuera cuarto de Takeru hasta antes de estas vacaciones que ha sido ocupado por Mimi, y vi que estaba un poco cambiado. El color de las paredes seguía siendo el mismo, pero ahora estaba adornado con muchos peluches de animales de diferentes colores y tamaños. La cama tenía un edredón rosa enorme y también había cojines y cortinas del mismo color y el ropero repleto de ropa, mucha de la cual estaba regada, todo eso lo debió de traer en las malditas maletas que me tocó cargar. Eché una mirada a la recamara de los chicos y vi todas las cosas de Takeru arrumbadas en un rincón.

Decidí poner mi mente en otro lugar. Mimi ya había acabado de programar la lavadora y seguía con su labor.

—No imaginaba que supieras lavar la ropa.

—La verdad es que hasta hace poco no sabía. No tiene mucho tiempo que mi mamá me enseñó. Dice que te mantiene la mente ocupada y te ayuda a no mortificarte por problemas o desilusiones —eso último lo dijo con un tono notoriamente triste y acongojado; era claro que ella había vivido algo desagradable.

—¿Puedo preguntarte cuál es la pena que cargas?

Me miró muy desconcertada y con mucho temor. Posiblemente, eso que la estaba atormentando, aún no estaba superado. Era como una herida que todavía emanaba sangre y calaba en lo más hondo.

—Perdóname —me dijo todavía con un semblante afligido—, pero todavía no me siento preparada para hablar de ello.

—No te preocupes —le dije mientras le ponía mi mano en su hombro—, entiendo lo que es eso. Yo también tengo un secreto que nadie sabe y del que todavía no me siento seguro para hablarlo con alguien.

Ensanchó su sonrisa y descubrí que es una muy linda; siempre debería de tenerla. La lavadora dio la señal de que el proceso había concluido y debía de pasar a la secadora. Lo cierto es que eso fue más fácil que lo otro y ya no necesité ayuda de Mimi. Cuando terminé, ella iba a echar una segunda carga, la de la ropa de color, ya que previamente había metido la blanca.

Regresé rápido a mi casa y deje mis cosas para irme otra vez a la lavandería. Mimi seguía con su labor y ya había muy poca gente. La observé mientras trabajaba y cuando por fin terminó, me acerqué a ella y cargué el canasto. Indudablemente se sorprendió por mi acción, aunque no dijo nada. La acompañé hasta su casa, pero en todo el trayecto nos la pasamos callados, al parecer ninguno de los dos quería tocar el tema del beso de la fiesta y mucho menos el del body shot. Al llegar, nos abrió la puerta Yamato, al parecer iba de salida. Me dirigió su gélida mirada y espero a que Mimi entrara y yo me fuera; sin duda, ahora me veía como un peligro para su prima, seguía con su actitud protectora.

Volví a casa con un mar de sensaciones distintas. Por un lado, me había alegrado que Mimi no me hubiese reclamado nada; pero, por el otro, aún me sentía mal que Yamato y yo hubiésemos terminado así.

El sábado tenía una tarea muy importante para mí. Contaba con tan buena reputación en mi Escuela elemental, que el director me nombró el entrenador del equipo. Era una enorme responsabilidad, pero se me ha facilitado porque cuento con el respeto de todo el equipo. Respeto ganado por el palmarés que conseguí en mi época de estudiante y porque me había convertido en una leyenda, no sólo en lo deportivo, también en lo académico. Digamos que ningún alumno ha conseguido tanta fama entre los profesores como yo; aunque debo aclarar que no era por mis excelentes calificaciones.

Como auxiliar tenía a Daisuke, un fiel sucesor mío. El vivo ejemplo de la popularidad que llegué a tener, siempre ha querido parecerse a mí y sus triunfos son muy similares a los míos; por lo tanto, lo consideré para que me ayudara con esto.

La práctica se había suspendido porque los muchachos tuvieron campamento y dos semanas de vacaciones. Pero ahora teníamos que ponernos al día y empezar a trabajar para iniciar con buen paso el nuevo torneo. La estrella de esta generación es un chico que tiene algo de mí, se llama Takuya Kanbara y es sumamente bueno.

Lo primero que hicimos fue un poco de acondicionamiento físico; posteriormente, dribles con balón controlado; tiros al arco, penaltis y un inter escuadras.

—¡Takuya! ¡Trata de controlar el balón primero, para que puedas impactarlo correctamente y haya más posibilidades de tirar a portería! —el muchacho acató mi orden y todo salió como se lo había explicado— ¡Muy bien chico, así se hace!

Seguía dando indicaciones a los demás, a los laterales que fueran al ataque cuando lo creyeran conveniente, pero sin descuidar su marca; a los centrales que no dejaran botar la pelota; a los contenciones que apretaran la salida del equipo rival, recuperaran el balón y lo distribuyeran correctamente; los volantes que llegaran a línea de fondo; al creativo que lanzara pases precisos y a Takuya que se mantuviera en constante movimiento para recibir el balón, lo mejor posible, y crear una oportunidad de gol.

La verdad es que los muchachos le echaban muchas ganas, cada uno de ellos intentaba hacer lo que les decía y en muchas ocasiones, lo hacían correctamente. De repente, a lo lejos, en las gradas, noté la presencia de alguien a quien no esperaba ver: Mimi. Recordé que le había dicho que ese día tenía práctica, pero no le dije en dónde, por lo que se me hizo sumamente raro.

Era tiempo de terminar la sesión de ese día y así se los hice saber a los muchachos. Cada uno se fue por sus cosas y directo a sus casas a tomar un baño. Yo fui a refrescarme un poco bebiendo un poco de agua y mojándome el rostro. Luego, decidí acompañar a la única espectadora que teníamos.

—Se supone que era una práctica a puerta cerrada. No tengo intenciones de hablar con la prensa —expresé como una manera para romper el hielo. Me alegró mucho que mi broma le hubiese causado un poco de gracia.

—Nunca imaginé que la práctica de hoy la dirigieras tú a un grupo de niños. Pero la verdad es que no lo haces mal.

—¡Gracias! ¿Creo? ¿Es un cumplido o estas siendo sarcástica?

—Un cumplido —a veces es mejor que me digan las cosas directamente.

Me senté junto a ella y nos quedamos en silencio un rato. Pero mi curiosidad fue muy fuerte y decidí preguntar algo.

—No es que me moleste pero, ¿qué haces aquí?

—Vine a hablar contigo. Fui a buscarte a tu escuela, pero no te hallé en la cancha. Me encontré a tu hermana y me hizo el favor de traerme. Cuando llegué te escuché gritando y dirigiendo el entrenamiento, así que me quedé observando.

—¿Y, exactamente de qué es de lo que quieres hablar conmigo? —la cuestioné porque tenía una leve sensación de saber cuál era ese tema.

—Del beso que nos dimos en la fiesta —y ahí estaba. Mis sospechas se habían convertido en realidad.

La miré atentamente para que ella comenzase la conversación, pero se encontraba demasiado nerviosa e inquieta como para hacerlo. Supuse que no me tenía la suficiente confianza, tal vez tuvo una fuerte lucha interna solamente para llegar hasta aquí. Por lo tanto, decidí comenzar yo.

—Siempre he sido muy unido a Yamato y Sora —mi intervención captó, de inmediato, su atención—. Son mis mejores amigos, de eso no me cabe la menor duda. Pero, hace unos años y con el despertar hormonal, me sentí muy atraído a mi amiga. Ella y yo teníamos, o creo que aún tenemos, muchas cosas en común. La presencia de uno le es agradable al otro, siempre ha habido mucha confianza y estimación, ella es muy linda y maternal, es una de las pocas personas que es capaz de tranquilizarme, ¡y le gusta mucho el soccer! Dime, ¡¿cuántas posibilidades hay de encontrar a una mujer así?!

Ella no dejaba de mirarme estupefacta, como si estuviera muy interesada en mi relato.

—¿Pero?… ¿por qué hay un pero, no es así? Si no, estarían juntos.

—En efecto, hay un pero. Ella me estima mucho como amigo y nunca me ha visto como algo más.

—¿Y cómo sabes eso? —luego emitió un pequeño grito— ¡¿Se lo has preguntado?! —por suerte, estábamos solos, sino me hubiese avergonzado demasiado.

—Sí, ya tiene algunos años de ello. Me le declaré cuando salimos de la Escuela Elemental. Le compré unas flores y unos chocolates, pero ella me contestó lo que ya te dije —me dirigió cierta mirada de lastima, algo que no me gusta mucho—. Nunca se lo he contado a nadie, ni si quiera a mi hermana que es mi gran confidente. Pero, aunque no lo hayamos hablado, ella sabe por lo que pasé, me apoyó incondicionalmente y sin decir palabra alguna. Sólo con su presencia y comprensión es más que suficiente. A veces pienso, que lo que me gustaba de Sora es que parecía ser un niño en el cuerpo de una niña.

—¿Entonces te gusta lo masculino? —comentó pícaramente—. ¿Entonces, Yamato y tú…?

—¡¿Qué?! ¡No, no, no! Nada de eso. A mí me gustan las mujeres —empecé a exclamar como loco y apenado, mientras movía frenéticamente mis manos de un lado para otro.

—¡Ya lo sé! Sólo quería ver como reaccionabas —el sentido del humor de esta chica es muy raro. Y retomamos el rumbo serio de la charla—. Pero, ¿por qué me cuentas esto?

—Para que comiences a confiar en mí. Sé, por lo que he oído, que pasaste por algo doloroso. No tengo idea de qué, y tampoco me he hecho una idea de ello porque no me corresponde. Quiero que sepas que puedes confiar en mí para ello, por eso he decido dar el primer paso.

De inmediato, se puso a mirarme de una manera extraña; desprendía ilusión de sus ojos y me quedé mirándolos un buen rato. Pero, nuevamente vi la duda asomándose en su mirada y eso me hizo actuar de inmediato. La tomé del mentón, hice que me mirara y le dije:

—No tengas miedo, puedes confiar en mí. Si no quieres contarme eso, no es necesario que lo hagas en este momento. Mejor, cuéntame sobre tu vida, ayúdame a conocerte un poco más.

—¿Mi vida?

—Sí, es más, si quieres te cuento la mía. Aunque no hay mucho que contar. He sido un hijo promedio, no me he rebelado a mis padres, pero no es común que cumpla con los deberes que me imponen. En la escuela soy un alumno problema que ha podidos solventar las dificultades, hasta ahora. Lo único rescatable que tengo, mi único talento, es jugar fútbol, él ha representado toda mi vida. Hasta ahora es lo único que me hacía sentir bien…

—¿Hasta ahora es lo único que te hacía…? ¿Qué quieres decir? ¿Encontraste algo que te gusta tanto como el fútbol?

—De hecho sí, he aprendido que el ayudar a otros también me satisface. Apoyar a estos jóvenes y enseñarles lo que sé, ver como mejoran día con día y sus caras de felicidad cuando lo logran. Además, no me gustan las injusticias, a veces suelo actuar impulsivamente por eso, como tu altercado con Jou.

—No me lo recuerdes —dijo con un tono dolido.

—Perdóname. Pero nunca me quedare de brazos cruzados por ayudar a quien me necesite, especialmente con Hikari, ella es la persona más importante de mi vida.

—Me alegra oír eso, porque eres alguien importante para ella. Te admira aunque no te lo diga, y te respeta mucho, como no tienes una idea. ¡Qué envidia me dan!

—¿Eres hija única?

—Sí, a veces eso me hace sentir muy triste. Pero también tiene sus ventajas, nunca he tenido que compartir la atención de mis padres con otra persona, pero no tengo con quien tener el nivel de confidencialidad y de confianza que se le puede tener a un hermano.

Puse mi mano sobre la suya y le sonreí sinceramente y ella a mí.

—Muy bien, te has ganado mi confianza. Pero decirte lo que me paso aún me duele mucho.

—Entiendo y te prometo que trataré de ser todo lo comprensible que me sea posible.

—Fue a principios del año escolar en América, allá inician después de las vacaciones de verano. Era mi primer día de clases en esa nueva escuela, porque nos habíamos mudado a Nueva York, y todo era nuevo para mí. Nunca he tenido problemas para relacionarme con otras personas y rápidamente conseguí muchas amistades. En un ambiente como ese, te topas con una gran cantidad de chicos lindos y me interesé profundamente por uno. Era alto, atlético, caucásico, rubio y de ojo azul, tal y como me gustaban. Casi en seguida se percató de mi existencia, y me lanzó varias señales de que yo le interesaba, pero nunca me atreví a sostener ninguna conversación con él porque siempre estaba en compañía de sus amigos y creo que a él le pasaba lo mismo.

Hizo una pausa, respiró profundamente y continuó con narración.

—Un día, a principios de este año, me abordó de improviso, él iba cargando muchos libros y yo corriendo porque se me hacía tarde para llegar, chocamos y tumbé todo lo que llevaba, lo ayudé y fue cuando me invitó a salir y yo encantada, acepté —la escena que acababa de describir era similar a la que vivió con Jou—. Nos la pasamos muy bien y llegó un momento en el que me sentí volar cerca del cielo. La velada terminó con un suave beso que él quiso profundizar pero no lo dejé, aún no me sentía preparada para hacer algo más. Nuestra relación siguió en ascenso, aunque no había nada oficial y yo moría de ganas de que me pidiera que fuéramos novios. Como al mes, me invitó a cenar a un cuarto de hotel y pude asistir mintiéndole a mis padres diciéndoles que iba a una fiesta. Fue en ese lugar en el que se me propuso y yo acepté encantada, nos enfrascamos en un constante cambios de besos y caricias, y una cosa llevo a la otra y ese día me entregué a él.

Paró un momento y decidió mirar al cielo, unas lágrimas brotaron de sus ojos y apreté fuertemente mi puño; ya sabía cuál era el rumbo que iba a tomar la historia.

—Con eso creí que nuestra relación iba a fortalecerse aún más. Pero los días siguientes no me buscó, no me llamó, no supe nada de él porque tampoco fue a la escuela y nunca me enteré de dónde vivía. Fue unos días después que me lo encontré de manera fortuita e iba acompañado de otra muchacha y la trataba como si la estuviese cortejando. Cuando él regresó a clases lo busqué para confrontarlo, pero sus amigos le estaban pagando dinero porque ganó la apuesta de que se había acostado con esa muchacha al primer intento. Luego hizo referencia a que yo me resistí, pero que terminé cayendo y ellos se lamentaron porque también habían perdido esa apuesta. Se lo conté a mis padres y a mis amigas más cercanas; todos ellos me apoyaron y me ayudaron a salir adelante. Me hice varios análisis y por suerte no contraje ninguna enfermedad ni acabé embarazada; eso fue un alivio. Al final, lo terminé confrontándolo y cacheteándolo. Desde entonces me hice la promesa de no volver a tener interés en ningún muchacho. Pasé por muchos momentos de tristeza aguda y poco a poco he salido de ellos. Es por eso que vine, para ver si en Japón puedo encontrar una nueva perspectiva a mi vida.

—¿Y cómo te ha ido en ese sentido?

—Muy bien, la verdad es que todos ustedes han sido muy amables conmigo, aunque con algunos tuve problemas —me reí por el comentario y ella conmigo.

—Me alegra, sólo puedo decirte que tengas paciencia, aunque te lo dice alguien que casi nunca la tiene. En lo referente a desilusiones amorosas, la mejor medicina es el tiempo y no cerrarse a conocer nuevas personas —y le volví a tomar la mano.

—Creo que tienes razón en eso —me sonrió mientras con su otra mano, acomodaba su cabello detrás de su oreja.

—¿Y ya te sientes mejor para hablar sobre lo de la fiesta? —pregunté curioso.

—Un poco. Es que es difícil, debo decir que me interesa tu opinión.

—¿Mi opinión?

—Sí, y quiero que seas sincero. ¿Te gustó?

—Bueno, dejando a un lado que estábamos ebrios, tengo que decirte que sí, me gustó muchísimo.

Su sonrisa adquirió un brillo especial y sus mejillas se sonrojaron.

—Entonces, puedo decirte que a mí también. Pero, tampoco me gustaría que nos aceleráramos en esto, porque todavía no estoy muy segura de nada.

—No te preocupes, tener una relación tampoco es algo que tenga planeado. ¿Y cómo sigue Yamato?

—Sigue molesto, pero tampoco te mortifiques, ya verás que pronto se le pasa; sólo dale tiempo.

—Claro.

Nos quedamos en silencio otro rato. En ese tiempo pude sentir que su alma había liberado un gran peso de encima. Cuando ella decidió marcharse para ir a casa, la detuve:

—Oye, muchas gracias por contarme tu problema. Créeme que aunque te haya pasado eso, tú sigues limpia porque lo hiciste de corazón; sigues siendo pura. Si ese ingrato no supo apreciarlo, entonces no deberías de derramar una lágrima más.

—No me agradezcas nada. Soy yo la que debe hacerlo. Tú fuiste quien se abrió primero y me diste el valor para hablar y empezar a dejar atrás esta experiencia.

—Entonces, permíteme que te ayude a darte el valor de enfrentar a tus fantasmas internos. Déjame alegrarte de aquí en adelante en las vacaciones.

—Por qué no. Será un placer.

Se fue y sentí una extraña sensación de soledad. Pero no tenía miedo, sabía que acababa de hacer una conexión muy profunda con otra persona. Al parecer, había algo que empezaba a vislumbrarse, en mi panorama, como algo importante. Algo que rivalizaría con el fútbol. El atisbo de algo nuevo y emocionante.


I'm back. Lo prometido es deuda y ya regresé a terminar de publicar esta historia; aunque a este verano le restan dos capítulos más. ¡Muchas gracias a todos los que me han leído! En esta ocasión, quisiera agradecer especialmente a Tsuki-no-Haruka y a aleprettycat. ¡Qué tengan una excelente semana!