¡Divirtámonos en Tokio!
No sabía por qué lo estábamos haciendo, pero era algo que sentíamos que debíamos hacer. La penumbra nos cubría por completo, nuestras manos estaban entrelazadas; el calor del momento y el esfuerzo físico que estábamos realizando, causaba que nuestros cuerpos empezaran a cubrirse de sudor. Aumentábamos cada vez más la intensidad; pero sabía que pasase lo que pasase, nunca soltaría su mano. De repente, sentí un pequeño calambre y tuvimos que detenernos un poco.
El problema era que habíamos llegado a un callejón sin salida y lo que hicimos traería consecuencias. De entre la sombras apareció la figura de una persona y con cada paso que daba podíamos apreciarlo mejor.
—¡TAICHI, ¿QUÉ DEMONIOS HACES CON MI PRIMA? —rugió la sombra que comenzó a aumentar de tamaño considerablemente y derrumbando las paredes a nuestro alrededor.
Lo siguiente que vi fue a Yamato, sosteniéndose entre los pocos ladrillos que quedaron en pie, con un cubre-bocas en el rostro y un sombrerito de cirujano.
—¡Oh! ¡Creyeron que podían correr y huir de mí! ¡No, no, no, eso no será posible! ¡Y, Taichi, cómo castigo por tocar a mi prima, te castraré!
Su risa malévola era sádica, pero tenía un toqué de comicidad que no sabía describir a la perfección; parecía un pésimo actor personificando a un risible villano. No obstante, su amenaza me estaba matando del miedo, no quería que me hiciera eso y sólo por llevar a pasear a su prima.
Afortunadamente, me pude sentar y noté que la oscuridad en la que realmente estaba inmerso era la de mi cuarto, que el sudor de mi cuerpo era por la agitación y que todo lo que había visto, no era más que una terrible pesadilla, que esperaba, no se hiciere realidad; aunque la sentí muy real. Incluso, comencé a cuestionarme si lo que tenía planeado hacer con Mimi era prudente o no. Con el humor que se estaba cargando Yamato, no tenía idea de que pensar.
En la mañana ya estaba más tranquilo; posiblemente, cenar tanto no sea tan buena idea como creía. Lo cierto es que ya no tuve otro sueño tan extraño el resto de la noche. Era domingo y no tenía ni idea de que hacer. Bueno, lo único que tenía planeado era llevar a Mimi de paseo a conocer la ciudad, pero aún no tenía decido por dónde empezar o si alcanzaríamos a verlo todo.
Todo esto lo estaba meditando en el desayuno, por lo que tomé mis alimentos en silencio, cosa que es completamente extraña viniendo de mí y todos lo notaron.
—¿Te sientes mal hijo? —y ya tenía a mi madre tocándome la frente, revisando mi temperatura, tomándome el pulso, checando la dilatación de mis pupilas y todo a una velocidad inaudita.
—No mamá, no tengo nada.
—¿Entonces?
—Nada, simplemente estaba pensando.
—¿Se puede saber en qué? —preguntó mi curioso padre.
—Tengo pensado salir en la tarde. Voy a darle un tour a alguien.
—¿No será a Chichos, la chica mexicana que estaba en la escuela de Hikari y que comenzaron a tratar?
—No mamá, Chichos ya regreso a su país —intervino Hikari.
—Entonces, ¿a quién le vas a dar un tour?
—A Mimi.
—¿Mimi? ¿La sobrina de Natsuko? ¿La misma que organizó la fiesta de la semana pasada?
—Esa misma —contestó mi hermana.
—¿No crees que te estas tomando muchas molestias con esa jovencita? —volvió a inquirirme mi madre; al parecer mi repentino interés por Mimi la tenía intrigada.
Pero no supe que responder y ese silencio sólo me perjudicó más. Mamá había decidido dejar el asunto en paz; pero algo me decía que sólo lo haría temporalmente. Tramaba algo, lo presentía, y su mirada pensativa, enfocándola en mí en ocasiones esporádicas, y con una sonrisa burlona, me daban una mala sensación.
Era domingo y no tenía ni idea de por dónde comenzar. Estaba en mi cuarto, el cual todavía se conservaba limpio, recorriéndolo de un lado para otro. En eso entró mi hermana y se divirtió con lo que vio.
—No sabes a donde ir, ¿verdad?
—No. Sinceramente, no tengo ni la más remota idea.
—¿Por qué no la llevas a Ginza? Hoy las calles son peatonales y son ideales para dar un buen paseo.
La idea me pareció sensacional. Así que me vestí y partí para la casa de Yamato, rogando porque no estuviese ahí y poder evitar el castigo de su furia. No quería ser castrado. Por suerte, cuando llegué, fue ella quien me abrió y me hizo pasar.
—¿Qué te trae por aquí, Taichi? Tienes suerte de que Yamato no se encuentra en casa, todavía está resentido contigo y no sé lo que es capaz de hacerte.
Por mi mente volvió a cruzarse la idea de la castración, así que tragué pesado y le comenté mi plan, lo más pronto que me fue posible.
—Mira Mimi, vengo a invitarte a dar un paseo a Ginza, es domingo y es un lugar perfecto para hacer una caminata tranquila. ¿Qué opinas?
—¡Me encanta la idea! Déjame me arreglo y nos vamos en un dos por tres.
—Por mi bien, espero que te apresures, no creo conveniente que Yamato se entere.
Pasaron unos minutos y ya estaba desesperado. De improviso, la puerta se abrió y mostró una mata rubia y los colores se me subieron al rostro; era el fin de mis días. Pero el alivió regresó a mi cuerpo, al notar que eran los padres de Yamato.
—¿Taichi, qué haces aquí? —preguntó la señora Ishida.
Después de saludarla con su respectiva reverencia, le contesté: —Vine a invitar a Mimi a dar un paseo a Ginza.
—¡Ah! ¡Qué lindo! —expresó de repente, inquietándome por completo— ¡Claro que sí! Llévatela con confianza. Pensábamos ir a dar un paseo familiar, pero Hiroaki y yo tenemos trabajo y no nos será posible.
La señora Ishida, no siguió conversando conmigo porque el teléfono comenzó a sonar y ella acudió a contestarlo. Inmediatamente después, hizo su aparición Mimi y nos fuimos antes de que Yamato regresará, aunque ahora tenía un seguro de vida: sus padres.
Estábamos llegando a la estación del tren, cuando, de repente, vimos del otro lado de la avenida, que Yamato y Takeru nos habían descubierto. Impulsivamente, la tomé del brazo y la jalé conmigo para abordar y poder escapar de él. De reojo, vi que Yamato había iniciado su persecución y su hermano detrás de él.
La adrenalina hizo a mi cuerpo actuar rápido. Compré los boletos y pasamos los torniquetes. El tren iba llegando y pudimos entrar sin problemas. Caso contrario a lo que estaba haciendo Yamato, su temperamento no lo estaba ayudando, al contrario lo estaban entorpeciendo. Pero llegó a pasar al andén. Sin embargo, la puerta se cerró justo enfrente de él y no le quedó más remedio que retirarse. Me había salvado, ahora parecía que la fortuna me sonreía, lo mismo que Mimi, quien parecía divertida por lo que habíamos hecho.
Llegamos a Ginza e hicimos lo que teníamos planeado, fuimos de paseo a ver tiendas electrónicas, de marcas importantes, como el Edificio de Sony. Como hacía hambre, la llevé a comer buen sushi y tomar una temura; por suerte el trabajo de entrenador (y la mesada), me estaban sirviendo de mucho.
Después seguimos el recorrido por el centro. Primero arribamos a la Estación central y la primera parada fue la Tokyo Character Street, donde Mimi compró algunas cosas. Luego, vimos el Reloj Ghibli, para después ir al Palacio Imperial y finalmente, dar un tranquilo paseo, igual que como empezamos, en los jardines Hama-rikyu. La mayor parte del paseo lo dimos tomados de la mano. Al parecer nos sentíamos cómodos con ese gesto y muy poco nos importó las severas miradas que recibíamos de alguna que otra persona.
Llegamos, cerca de las nueve de la noche, a la casa de sus tíos. Apenas tocamos el timbre, porque la señorita se le olvidaron sus llaves, nos abrieron la puerta y era nada más ni nada menos que Yamato. Lo sorpréndete es que Sora estaba ahí y me miraba de una manera burlona. ¡Qué acaso todas las mujeres que conozco conspiraron para hacer eso!
La familia estaba cenando, Sora los acompañaba. A mí me ofrecieron, pero me excuse diciéndoles que ya había llevado a Mimi a cenar. Sora y la señora Ishida, me volvieron a mirar y decidí retirarme. Cuando estaba a punto de tocar el botón para llamar al elevador, fui sorprendido por Mimi.
—Taichi, no te agradecí por haberme invitado a salir.
—No tienes que agradecer, lo hice gustoso. Sólo espero que te hayas divertido mucho.
—Tenlo por seguro —me dio un beso en la mejilla, muy pegado a la comisura de mis labios, y después de retiro.
Yo me quedé como idiota, parado, hasta que el elevador se abrió y de él salió una familia. Entré y no apreté ningún botón, por lo que me fui hasta el último piso. Fue ahí, cuando pude reaccionar y partí a mi casa.
Era lunes y empezábamos una semana crucial en el equipo. Íbamos a jugar la final del campeonato distrital y era un partido que debíamos preparar a conciencia, por lo que el entrenamiento se movió a las mañanas y tuve que madrugar. Lo cual fue un inconveniente la mayoría de los días. Pero también fue de gran alivio porque tenía las tarde libres y el recorrido de la Mimi por la ciudad, no había hecho otra cosa más que empezar.
Ese mismo lunes, llegué por ella, alrededor del mediodía, después de haberme bañado y mudado de ropa. Yamato me abrió la puerta, y noté un cambio en su mirada, ya no veía molestia ni odio; era neutra, lo que no supe interpretar si era peor o mejor que lo anterior.
Pasé y me encontré, inmediatamente, a Mimi.
—¿Vamos a ir de paseo otra vez? —me cuestionó muy ilusionada.
—Si tú quieres, claro.
—¡Por supuesto! En un momento estoy contigo.
—¿Se puede saber a dónde la vas a llevar? —interrogó Yamato.
—Lo más probable es que la lleve a conocer Odaiba. ¿Algún inconveniente? —el cambio en la actitud de Yamato, había ahuyentado mi temor a ser castrado, no obstante, tenía curiosidad del por qué su pregunta.
—Por nada en particular. Sólo te recomiendo que no la traigas tarde, mis padres dijeron que vamos a salir a cenar, pero no mencionaron a dónde. Ella también va a ir, por lo que sí están de vuelta a las seis, no creo que haya problema.
—No te preocupes, trataré de traerla antes de esa hora.
Nos fuimos y en esta ocasión no tuvimos que correr. Además, ella aprovechó y se vistió para la reunión que tendrían posteriormente. Al primer lugar al que la llevé fue al Museo del futuro. Luego, nos tomamos varias fotos en la réplica de la Estatua de libertad, por suerte le pedí a mi hermana su cámara. Posteriormente, fuimos al centro comercial DiverCity, en el que vimos varias cosas y nos tomamos fotos en el enorme Gundam que exponen en la salida. Posteriormente, pasamos por la televisora Fuji TV y subimos a la azotea para tener otra panorámica de la ciudad. Después, nos subimos a la rueda de fortuna y terminamos el paisaje en la bahía, viendo la puesta de sol y como se iluminaban el Puente Arcoíris y al Torre Tokio.
Llegamos un poco más tarde de la hora acordada. Pero no hubo problema porque, la familia, no tenía tanta prisa y habían avisado que llegarían un poco tarde. Cuando arribé a casa, me encontré a mi mamá vuelta loca yendo de un lado a otro.
—¡Taichi, vete a bañar! ¡En este instante!
—¿Por qué? Ya me bañé dos veces, antes de irme al entrenamiento y antes de mi paseo con Mimi.
—Vamos a tener visitas, así que apúrate. Vienes sudado y tenemos que estar presentables.
Bufé molesto, pero no me quedó otra cosa que hacer más que obedecer. Mi familia también se había arreglado y todo eso me resultaba extraño. Mamá no había hecho mención alguna sobre esto en anteriores días y eso no era propio de ella. Cuando sonó el timbre de nuestra puerta, mamá me ordenó abrir y así lo hice.
Mi sorpresa fue mayúscula cuando divise a Mimi frente a mí, con su familia detrás. Entonces fue cuando mi "Sherlock Holmes" volvió a hacerse notar (tres veces en un mes era un record) al deducir que mi madre y la señora Ishida habían planeado todo esto, no había duda alguna. La única cuestión era, por qué.
Ingresaron y se acomodaron en la sala. Takeru fue al cuarto que comparto con Hikari, y estuvieron platicando, obviamente con la puerta abierta. Mi papá y el de Yamato platicaban amenamente de política y cosas peores. Las señoras se metieron a la cocina a terminar lo que íbamos a degustar. Pero mamá insistió en que Mimi la ayudara y estuvo haciendo cumplidos a la pobre chica que no sabía en dónde meterse para ocultar el constante rubor que se posaba en su rostro.
Durante la cena, mamá estuvo atosigando a Mimi con constantes preguntas sobre su estancia en Japón, el viaje que hicimos a Kioto, de la piyamada de Sora y su fiesta americana. Los adultos se rieron de Yamato y de mí, porque teníamos alimento en la boca cuando preguntó eso y se nos estaba atorando en la garganta.
Sorpresivamente, no le preguntó sobre novios u otra cosa, a lo mejor la señora Ishida la previno. Lo que sí hizo, fue promocionarme como si fuera producto de televisión. Que, qué opinaba de mí, que si la había tratado bien, que cómo me había portado en los paseos, que si iba a ir al partido del sábado, o que si le parecía atractivo y no sé qué tanta cosa más. Lo único que noté fue la incomodidad de tres personas: la de Mimi, la de Yamato, quien no paraba de apretar el cubierto que tuviera en la mano, y la mía, por supuesto.
Cuando terminamos, los adultos continuaron con su charla y yo salí a tomar aire y enfriarme un poco de lo acalorado por la vergüenza que había sufrido, constantemente en esa noche. De repente, sentí un fuerte apretón en el hombro, era Yamato quien, obviamente, trataba de controlarse de hacerme algo. En ese momento pensé que tal vez Yamato si quería castrarme.
—¿Puedo hablar contigo un momento? —y eso me sorprendió totalmente. Aún en ese estado, logré asentir.
—¿Sobre qué?
—Sobre Mimi. Mira, estos dos días que la has sacado a pasear, ha llegado radiante, como hace mucho que no la veía…
—¿Cómo antes de que ese patán se aprovechará de ella?
—¿Quién te contó? —me interrogó Yamato, tratando de controlarse, nuevamente.
—Ella misma.
—Entonces ya sabes porque soy así con ella —asentí—. Bueno, ella ha estado muy feliz estos días y si estar contigo la pone así, yo no haré nada para molestarlos.
—¿Y lo de la fiesta?
—Eso dejémoslo en el pasado. Todos habíamos tomado de más, no tiene caso quedarnos en eso.
—Entonces, ¿estamos como antes?
—Aún no. Mira, creo que ambos debemos perdonarnos por lo de esa noche, pero quiero hacerte una advertencia. ¿Has pensado que van a hacer cuando ella se vaya? Nada más ten presente que esta es su última semana aquí, y no me gustaría que la hicieras sufrir.
Yamato se metió y yo me quedé estático. Hasta ese momento no había pensado que un día tendría que regresar a América.
Esa noche la volví a pasar mal. De verás no había pensado en nada de eso. Lo más triste de todo es que ya me estaba acostumbrando a su presencia. La mañana siguiente, pude despejar la mente con el ejercicio. Pero al terminar, mi angustia retornó aún más grande porque ahí estaba Mimi, esperándome.
—¿Pasa algo? —me preguntó preocupada. Posiblemente mi semblante transmitía mi sentir, por lo que empecé a hacer un grane esfuerzo por disfrazarlo.
—No, nada; lo que pasa es que… estoy muy agotado. ¡Sí eso! ¡Uf! La práctica fue dura —su sonrisa adornó su rostro nuevamente.
—¿Y bien, ahora a dónde me vas a llevar? —preguntó mientras caminábamos cogidos de la mano, como ya se nos estaba haciendo costumbre.
—Vamos a casa y lo pensaré, ¿te parece? —asintió enérgicamente y así lo hicimos.
Ese día la llevé a la parte norte de la ciudad, la más alejada de dónde vivíamos. Fuimos al Templo Senso-ji, al Acuario de Internacional Sunshine, a desayunar gyoza, luego a la calle de Otome-dori, de ahí pasamos al zoológico de Ueno y luego comimos Yakinuku. Llegamos a la calle Ameyoko y ahí pasamos a Akihabara, en dónde pasamos la mayor parte del día. Finalmente, y ya que estábamos por el rumbo, la llevé a edificio de Asahi Super Dry y de ahí tomar un crucero y hacer un viaje fluvial hasta Odaiba. Durante el trayecto, estuvimos en proa, mirando detalladamente el paisaje que se levantaba frente a nosotros, siempre tomados de la mano. Ya llegada la noche, y soplando un viento moderadamente frío, se acurrucó junto a mí y la abracé para calentarla un poco, así hasta llegar a su hogar,
—Muchas gracias Taichi, por... por este bonito paseo —comentó mientras abría la puerta, ahora sí con su llave.
—De nada, y descansa. Hoy fue un día agotador.
—¿A dónde vamos a ir mañana?
—No comas ansias, será una sorpresa —dije sin pensar, la verdad es que ya no tenía planeado ningún otro viaje. Con el desánimo de su partida, ya no pensaba mucho en eso, así que tendría que improvisar, lo que generalmente se me da bien.
Estaba partiendo, cuando, de repente, me abrazó y me plantó un beso que respondí torpemente, en un principio. Al separarnos, la tome del rostro y fue mi turno de darle otro beso y nos mantuvimos en ese tenor por un muy buen rato.
El día siguiente fue, particularmente, extraño. El entrenamiento estuvo aceptable, pero Mimi no acudió, lo que llamó mi atención. Fui a mi casa a asearme y prepararme para otro día de paseo. El dinero ya estaba escaseando por lo que tuve que pedirle un préstamo a mi padre.
—Papá, necesito que me prestes dinero —le dije enfrente de todos.
—¿Para qué? —preguntó él.
—Es que voy a llevar a pasear a Mimi otra vez y ando corto de efectivo.
—¡En ese caso, tu papá va a estar contento de poder ayudarte! ¿Cuánto necesitas? —intervino mi madre ante el asombro de todos. Hikari y yo nos quedamos parpadeando y a mi padre le dio un tic en el ojo al ver el apoyo que estaba recibiendo y decidió darme el dinero y partí de inmediato.
No tardé mucho en llegar, la verdad es que después de despedirnos el día anterior, se me ocurrió una buena idea de a donde llevarla. Toqué la puerta y fue precisamente ella la que abrió, estaba enfundada en su piyama rosa, el pelo desarreglado, unas pronunciadas ojeras y unos ojos cansados.
—¿Te sientes bien? —pregunté contrariado.
—No pasé buena noche, es todo.
—Bueno, entonces te espero para que nos vayamos pronto.
—Lo siento Taichi, pero no estoy de humor para salir el día de hoy.
—¡¿Por qué?! —exclamé un poco agitado.
—¡No sé! ¡Y ya no me molestes! Sólo vete, ¿quieres?
—¡No! ¡No quiero! ¡¿Y lo que pasó ayer?! ¡¿Qué significó eso para ti?! —sus ojos se comenzaron a llenar de lágrimas y pretendió cerrar la puerta, pero se lo impedí.
—Sabes algo —dije un poco más calmado, pero serio—; llegué a pensar que no era más que una niña mimada. Pero estos días cambié mi percepción sobre ti. Ahora no haces más que confirmar mi primera impresión era la correcta.
Pasé a retirarme pero, como la anoche de ayer, ella me sorprendió abrazándome y besándome nuevamente. No me hice del rogar e hice mi parte para continuar lo que habíamos dejado pendiente anoche.
—¡Perdóname! —exclamó— Es que no he estado bien. Pasa a la casa, voy a acompañarte y vamos a donde tenías planeado llevarme.
Hice lo que pidió y me puse a pensar en que su humor había cambiado súbitamente, me llegué a cuestionar sino estaría atravesando por un periodo especial de inestabilidad hormonal; pero deje de pensar en ello porque no quería profundizar en ese tema.
De su cuarto salió Takeru y en su rostro se dibujó una sonrisa. Se me acercó y saludo como de costumbre. Luego, tomó asiento junto a mí.
—¿La vas a llevar a pasear otra vez?
—Sí —fue lo único que alcancé a responder.
—Me alegra.
Minutos después salió Mimi. Takeru sonrió más y cuando nos íbamos le dirigió unas palabras a la chica.
—¡Mimi! Acuérdate de lo que te dije: ¡disfrútalo!
Partimos y fue el turno de visitar la zona occidental de la ciudad. Primero fuimos a Shibuya a visitar al buen y fiel Hashiko, luego anduvimos en sus calles observando a la gente andar y la vida silenciosa de sus edificios. Pero la parada favorita de Mimi fue en el centro comercial Shibuya 109. No traíamos suficiente dinero para que comprara algo, pero que haría que sus tíos la llevaran antes de irse. Nuestro semblante se sincronizó, cambiando a uno triste y recordarnos que todo es finito.
Cambiamos un poco de aires y la llevé al Santuario de Mejí y pasamos por el Gimnasio Nacional de Yoyogi. Seguimos el recorrido, ahora por Shinjuku; primero fuimos a pasear a su pacífico parque, luego subimos a los miradores del edificio del gobierno metropolitano para tener una hermosa vista de la ciudad. Mimi vio la escultura LOVE cerca del edificio Shinjuku I-LAND.
—¿Nos podemos tomar una foto ahí? —me preguntó ilusionada.
Su tristeza había quedado atrás y eso me alegro hasta cierto punto. Lo que no quería era volverla a ver triste y decidir aceptar. Nos tomamos un par de fotos, le pedimos el favor a un transeúnte.
Se nos había pasado la hora de comer, pero con el vaivén de emociones, el apetito no había molestado demasiado. Fuimos a comer yakitori y de ahí nos pasamos a la Torre Tokio. Era ya el crepúsculo y la vista desde el mirador debía de ser fantástica, por eso mismo decidí dejarlo para el final. Pero antes de subir, a Mimi se le antojó un helado., así que decidimos parar un momento.
Ella pidió uno de fresa y yo uno de vainilla. A mí me gusta más el de chocolate, pero ella me convenció de pedir ese, porque así podía comer del mío y del de ella. Cuando le reclamé, de broma debo aclarar, me dijo que yo también podía tomar del suyo. Al verla comerlo me di cuenta de que su tristeza o melancolía se había disipado.
—El helado tiene ese efecto, ¿verdad? —comenté.
—¿Cuál?
—El de hacernos olvidar los problemas. Sería mejor si los hiciera desaparecer, pero eso no es posible. Al menos nos saca de ellos por un momento.
—Comparto tu forma de verlo —dijo mientras metía su cuchara por cuarta vez en mi vaso—. ¿Puedo hacerte una pregunta?
—La que quieras.
—¿Por qué llegaste a pensar que eres una niña mimada?
—Porque el día que te conocí me trataste como un siervo, traías mucho equipaje y te negabas a verlo, y luego que ofendiste con lo que te dije.
—¿Qué me dijiste? —preguntó temerosa.
—Una frase que no te puedo volver a decir, Yamato me dijo que eso fue lo que te hizo golpearme.
—Hay una razón.
—Me la imagino. Pero si no te sientes preparada para decírmela, yo lo comprendo.
—¡No! De hecho, creo que ya es momento de sacarlo de mi sistema. "Mi reina" era la forma en la que me llamaba Derek, el tipo que te conté. Desde que pasó lo que pasó, no me siento a gusto si alguien me llama así. Además, ese día estaba mal porque conocí a Jou de la misma manera que a él, y eso me hizo recordarlo. La gota que derramó el vaso fuiste tú, pero no tenías la culpa, no sabías nada.
—Aun así, te pido disculpas —dije mientras le tomaba la mano—. No debía de haberte tratado de esa forma. Pero sigo creyendo que a veces te portas como si fuera de la realeza.
—Bueno, es que mis papás me han mimado mucho. Y no eres la primera persona que me lo dice. Ya son varias.
La charla se volvió un poco amena y decidimos, ahora sí, subir la torre. La noche ya había caído sobre la ciudad y desde esa altura se veía hermosamente iluminada. Nos quedamos un buen tiempo admirando el paisaje. Me le quedé viendo y se percató de ello. Me dibujó esa hermosa sonrisa que empezaba a aparecer mucho en mis sueños. La acerqué a mi cuerpo y sostuve su rostro en mis manos.
—Ahora que sé que no te gusta que te llamen "reina", encontré cómo llamarte. Aunque técnicamente te estaría bajando de categoría —con su cara hizo una expresión de no comprender lo que decía—. Si no te puedo llamar así, entonces optaré por decirte "princesa" —mientras le susurraba eso, nuestros rostros iban acercándose un poco más hasta llegar al contacto de labios.
—Me gusta más ser princesa —y me volvió a sonreír—. No tienen tantas responsabilidades. Pero, hay algo que quiero hablar contigo —frunció los labios, sustituyendo esa sonrisa.
—¿Qué cosa es?
—No quiero volver a verte.
—¡Pero, ¿por qué?! ¡¿Ahora que hice?!
—Nada, en serio no has hecho nada mal. Al contrario, has hecho mi estancia más alegre. Es sólo que ya no quiero que me lleves de paseo, con cada día que pasamos juntos, va a ser más difícil el momento de la despedida —y la trágica realidad se empeñaba en darnos otra bofetada más, encargándose de bajarnos de cualquier nube para que tomemos conciencia de que sigue ahí.
—¿Es por eso que no quisiste que saliéramos hoy, aunque tu hayas sido quien lo propuso?
—Exacto. Yamato nos vio anoche, y platicó conmigo largo y tendido. Yo sé que sólo lo hizo para hacerme reaccionar y no lastimarme más de lo que voy a salir. No me gustan las despedidas y preferiría que cortáramos contacto de una vez.
—Entonces, ¿no vas a ir a mi partido del sábado?
—No lo creo.
Un extraño frío comenzó a recorrerme el cuerpo. También el de ella, porque se comenzó a sobar los brazos. Decidí abrazarla y compartir mutuamente nuestro calor. Y ahí estábamos, encima de todos, mirando la ciudad y disfrutando nuestros últimos momentos juntos; despidiéndonos de todo y de todos; despidiéndonos entre nosotros y con una hermosa luna llena como único testigo.
¡Muchas gracias a todos por leer y espero haya sido de su agrado! Especialmente a tk2111, Kitsuyi18 y a aleprettycat. Además de agradecer los review de aniberestrada, yupiyo y Arlequines. Nuevamente, gracias y deseo que tengan una gran semana. Hasta el próximo jueves cuando publique el último capítulo de este verano.
