ARDAMOS JUNTOS

CAPÍTULO 4: Dos hombres, un secreto

Onodera Ritsu siempre se levantaba a la misma hora todos los días: once en punto de la mañana. Después de ducharse y comer un pan tostado con mermelada salió de su departamento y se dirigió al primer piso para revisar su caja de correspondencia. No había nada interesante, tan solo unas cuantas notificaciones bancarias y un panfleto de una agencia de viajes promocionando unas vacaciones en el extranjero. Ritsu ya estaba por meterlas todas en su pequeño morral, cuando divisó un sobre de color amarillo.

- Debe ser del viejo – se dijo.

Titubeando guardó toda la correspondencia, exceptuando dicha carta, y estiró los dedos para romper el borde del sobre, pero se detuvo. Frunció el ceño enfadado y tiró la carta de nuevo adentro de su caja de correspondencia, para luego cerrarla agresivamente y ponerle el seguro de nuevo. Guardó las llaves en el bolsillo delantero de su gabardina, se ajustó la bufanda al cuello y salió del edificio de apartamentos hacia el nevado día.

Aún tenía tiempo para llegar al trabajo, así que se detuvo a comprar una dona en una panadería para que pudiese comer a la hora del almuerzo sin tener que salir del edificio de su empresa. Durante su camino a la estación del metro se puso a meditar en sus asuntos y problemas económicos. En Emerald ganaba lo suficiente para alimentarse y sobrevivir todos los días sin lujos, pero ese invierno había terminado por gastar más de la cuenta debido a las distintas fiestas navideñas a las que se sintió obligado a asistir. Por un lado no era algo del todo malo, su vida social se había vuelto bastante activa desde que había empezado a trabajar en Marukawa Shoten unos años atrás, y siendo el chico del correo podía frecuentar con prácticamente todas las personas de todos los departamentos; pero por el otro había llegado el punto en el que tanto ajetreo se estaba volviendo algo muy cansado, y más considerando el estilo de vida nocturna que llevaba. Además estaba el riesgo de que siendo conocido de tantas personas, alguien podría reconocerlo si se acercaba demasiado a los barrios bajos de la ciudad.

Finalmente llegó al metro y utilizó su tarjeta para acceder al tren. Eran unos diez minutos de trayecto y otros tres de caminata para llegar al edificio de Marukawa Shoten, donde trabajaba. Luego de encontrar un lugar cerca de la puerta para pararse sin estorbar a nadie se sostuvo de la cinta del tubo metálico que tenía por encima de la cabeza y cerró exhausto los ojos. En realidad lo que lo tenía exhausto no era el trabajo, ninguno de los dos, si no la certeza de que apenas llegara al edificio ese día recibiría atenciones, mimos e invitaciones por parte de muchas personas; era Navidad después de todo. Tampoco era que se le hubiesen subido los humos a la cabeza, ni él mismo se consideraba tan atractivo como todos decían, simplemente había nacido con una cara que resultaba estar entre el gusto de la mayoría de las personas; aunque claro que eso le ayudaba mucho en el trabajo, especialmente el nocturno, aunque había días que deseaba que no fuera así.

Cuando el tren anunció su estación bajó rápidamente y se puso en marcha a paso lento, pero sin detenerse en ningún momento. Se sentía bastante aliviado de que no hubiese tenido cliente la noche anterior, trabajar el 25 de diciembre no era algo que le gustara, y menos si la noche anterior había sido una llena de actividad física. Cuando finalmente llegó a la entrada del edificio suspiró y se adentró en él con una sonrisa en el rostro. La recepcionista del vestíbulo le sonrió con entusiasmo levantando los brazos al tiempo que le deseaba una feliz Navidad y Ritsu se limitó a devolver el gesto moviendo la mano en señal de saludo. Su primera parada era en la oficina de Recursos Humanos para firmar su entrada de ese día. Mike, el chico extranjero que trabajaba ahí, le tendió su tarjeta para que firmara y lo saludó como de costumbre, enfatizando también su felicitación por el día que era, y Ritsu le devolvió el saludo. La operación se repitió varias veces cuando Mike le entregó el correo de la tarde y salió a empezar a repartirlo.

Inició por la planta baja, como era su costumbre. Aunque en el edificio había más de veinte pisos, él ya conocía todos a la perfección y desempeñaba su tarea con eficiencia y sin quejarse, aunque claro, ese día el recibir regalos por parte de algunas personas y el rechazo a las invitaciones de otras lo habían hecho retrasarse bastante en algunos departamentos. Al llegar a ventas, el jefe firmó de mala gana la pizarra electrónica y tomó la correspondencia, para luego dedicarle una fría mirada al chico. Ritsu estaba acostumbrado, aunque no estaba del todo seguro de la razón por la que esa persona en particular le tenía resentimiento que parecía rozar con un genuino sentimiento de odio. Sin darle importancia se despidió educadamente y siguió su camino.

Se hizo de noche muy pronto, y Ritsu incluso se había olvidado de la dona que tenía guardada dentro del morral. Cuando finalmente hubo terminado de entregar todo el correo de ese día regresó a la oficina de Recursos Humanos para pasar el tiempo que tenía de sobra hablando con Mike sobre sus planes para la noche.

- Creo que pasaré a comprar un poco de pollo frito antes de regresar a mi departamento y lo comeré a solas – mintió Ritsu cuando fue cuestionado acerca de sus propios planes.

- ¿Hablas en serio? ¿No recibiste invitación alguna de nadie para pasar la noche? – contestó sorprendido Mike con su acento australiano.

- Sí, pero me conoces, rechacé todas y cada una de ellas. Eres el único al que puedo decirle que en verdad son una gran molestia

- ¡Vaya! Ya quisiera yo tener tanta suerte como tú. La señorita Hiroko, del departamento de finanzas, todavía se hace la difícil. Creo que será momento de rendirme con ella.

Ritsu estaba a punto de decirle que en realidad tenía una buena oportunidad con ella, cuando alguien entró por la puerta. Era un mensajero de la compañía de impresión a la cual enviaban los trabajos de los departamentos de manga para que fueran impresos, y venía con una notificación para todos los departamentos que habían solicitado su servicio el último mes.

- Es la lista de los precios de la impresión para el próximo año. Verá que son varios sobres, cada uno debe llegar a cada departamento de edición de manga y a los departamentos de finanzas para que puedan revisarlos bien antes de dar su aprobación. Contamos con ustedes.

- ¡Vaya! Y ya en media hora era tu salida, Onodera. – exclamó Mike apenas el mensajero se fue.

- No hay problema, no son muchos sobres, y los departamentos encargados de manga están todos en el mismo piso.

- Sí, pero el de finanzas está en el último…

- ¿Quieres llevar la carta tú para ver a Hiroko-san?

Mike sonrió nervioso al ver que su plan había sido descubierto y le dijo a Ritsu que además le ayudaría con la mitad de las cartas para los departamentos de manga para que terminara más rápido. Ritsu agradeció la ayuda y le entregó la mitad de los sobres y la pizarra eléctrica que tenía extra para luego subir juntos al piso en donde debían hacer las entregas, donde se separaron. Tan rápido como antes, Ritsu repartió lo sobres a los jefes de cada departamento y rechazó las invitaciones de algunos que le volvieron a insistir hasta que finalmente le quedó solo uno.

- Así que ¿Emerald? Bueno, aquí voy.

Ya había pasado por ese departamento más temprano ese día, pero el jefe no estaba y eso lo había hecho sentirse un poco más tranquilo, pero sabía que no podía salvarse dos veces. Apenas atravesó la entrada al área de edición de manga shoujo sintió el instantáneo cambio de ambiente y se sintió perdido ante la gran cantidad de objetos femeninos que le rodeaban. Tan distraído estaba que no se fijó que el jefe del departamento caminaba hacia él sin notar su presencia y chocaron.

Por el impacto, Ritsu había dejado caer una hoja al suelo, y Takano Masamune le había ayudado a levantarla, pero al hacerlo sus dedos habían tenido un roce fugaz con los de Ritsu, provocando una sensación eléctrica en la columna vertebral del mensajero. Se levantó rápidamente, entregó el sobre que debía entregar y le hizo firmar en la pizarra electrónica lo más rápido que pudo para poder escapar de aquel lugar, pero fue en vano.

- Hace mucho que quiero invitarte a unas copas. Siempre te ves tan ocupado llevando mensajes de un departamento a otro, tienes que relajarte. ¿Qué dices? ¿Irías conmigo por un trago? Podríamos hablar de los viejos tiempos mientras estamos en ello y…

El chico se controló para no tragar saliva en frente de él y reprimió un gesto de desagrado, aunque no lo hizo del todo bien. Sin mucho tacto rechazó la invitación y se retiró del lugar para ir directamente al baño a lavarse la cara.

- ¿Qué fue eso? – le preguntó al espejo. – Es decir, sé lo que fue, pero… ¿por qué ahora?

Onodera Ritsu recordaba a la perfección la época en la que había salido con Takano Masamune en la preparatoria. No le era difícil aceptar que en ese entonces había estado completamente perdido en él, pero cuando se lo había reencontrado en el mismo lugar donde trabajaba unos años antes había estado a punto de renunciar. Tampoco era que le molestara verlo, pero su presencia lo mantenía inquieto por todos los recuerdos que tenía de él y por la forma tan vertiginosa en que había terminado la relación. Lo que Ritsu sentía cada vez que lo veía no era amor, ni era odio: era culpa.

Y fue esa culpa la que le incapacitó hacer o decir algo coherente por varios minutos cuando se lo encontró nada más y nada menos que en cabaret donde laboraba por las noches. Ahí estaba él con las manos desabotonando la camisa blanca de Takano Masamune y con solamente una camisa de manga larga como prenda cuando se descubrieron el uno al otro en la embarazosa situación en la que estaban. Ritsu se había sorprendido mucho, aunque sabía que no más que Takano, porque con el atractivo y popularidad que tenía, el editor en jefe podía acostarse con cualquiera de las muchas mujeres u hombres que andaban detrás suyo y en cambio estaba ahí pagando una cuota de 12000 yenes para tener relaciones con un desconocido; o bueno, eso era lo que había intentado hacer hasta que vio a Ritsu en la cama.

El chico no lo tenía del todo claro. Se había vestido rápidamente después de negarse a darle el servicio, pero luego había sentido algo de lástima por su exnovio cuando antes de partir notó algo de decepción, o quizás desolación, empañando su mirada. Muchas veces le había rechazado las invitaciones a beber, cenar, pasear y a otros tipos de citas desde que se lo había reencontrado simplemente porque para Ritsu lo que Takano sentía no era amor, sino una fijación por el pasado y un deseo de ponerse al corriente con la vida del otro luego del trágico rompimiento, y Ritsu no estaba dispuesto a contarle nada; y a pesar de eso se le había acercado y había unido sus labios con los de él y su lengua se había abierto paso entre ellos para saborear ese beso que alguna vez le perteneció y que Ritsu pudo comprobar que tenía el mismo sabor que siempre. Entonces lo dejó marcharse.

¿Qué más podía hacer? ¿Suplicarle que no dijera nada a nadie? No, eso sería demostrar que ese trabajo era su debilidad y su secreto más oscuro podía quedar al descubierto si Takano se empeñaba en saber por qué tanto misterio. Además, si conocía bien a Takano Masamune, podía asegurar que no diría nada, si lo hacía hubiese estado exponiendo su visita al cabaret y estaría poniendo en duda su reputación y la de todos los trabajadores de la empresa, y Ritsu sabía de primera mano que Takano era adicto al trabajo. Por esos motivos no se preocupó mucho por el asunto y continuó trabajando en ambos lugares como siempre. Cuando tenía que ver a Takano actuaba de manera indiferente y a nadie le parecía extraño, y cuando se iba al cabaret por las noches estaba seguro de que no se lo encontraría por ahí, no después de la impresión que le había dejado.

O por lo menos eso es lo que pensó.

Pasadas unas tres semanas del incidente, Ritsu estaba entregando correspondencia como siempre cuando tuvo que ir de nuevo al departamento Emerald. Justo después de dejar la correspondencia con Takano le escuchó decir que necesitaba salir a fumar por unos minutos y Ritsu tuvo un mal presentimiento. Sintió sus pasos siguiéndole hasta el elevador y comprobó que en efecto, Takano había entrado junto con él.

- ¿A qué piso? – se atrevió a preguntarle.

- ¿A cuál vas tú?

- Al piso diez.

- Entonces también yo.

Ritsu sintió una vena temblar en su frente al darse cuenta de que lo habían acorralado. Oprimió el botón con el número diez y se arrinconó lejos de Takano sosteniendo la correa del morral con ambas manos. Hubo silencio, uno que no solo era incómodo, sino que además hacía del trayecto algo largo y tedioso. Podía escuchar la respiración tranquila de Takano cerca de él. Y se preguntó si él podía escuchar la suya. Cuando los número en la pantalla del elevador indicaron que habían llegado al octavo piso, Takano orimió un botón y el elevador se detuvo.

- ¿¡Qué haces!?

- Te estoy secuestrando. Tengo algo para ti, pero me gustaría hacerte algunas preguntas primero.

Viendo que Takano no tenía ninguna intención de dejarlo ir, Ritsu respiró profundamente y le permitió hacerle las preguntas. Si era sobre el cabaret ya tenía planeadas varias mentiras desde el día en que se habían encontrado ahí por si una ocasión como la de ese momento llegaba a ocurrir.

- Veamos, ¿hace cuánto tiempo trabajas ahí?

- Apenas voy a cumplir un año – mintió Ritsu. – Pero eso no te incumbe.

- Ya veo, y ¿qué días vas a trabajar?

- ¿Eh? ¿Por qué querrías saber…?

- Responde.

- Descanso los lunes.

- Comprendo. Bien, la última pregunta. ¿Cuánto tiempo me tomará convencerte para que dejes de hacer eso que haces?

Ritsu había logrado mantener la calma hasta ese momento, pero el nivel de interés de Takano había rayado lo peligroso y parecía estar hablando en serio. Le aseguró que no había nada que pudiera hacer para que lo dejara y le pidió que pusiera el ascensor en marcha nuevamente.

- Sabes, esperaba esta reacción, siempre eres así conmigo, pero no dejo de pensar en ese beso que me diste la última vez. Fueron los 12000 yenes mejor invertidos de toda mi vida, Onodera.

- ¿Qué quieres decir? – el chico estaba disgustado, pero sus orejas ardían por la sangre que se comenzaba a concentrar en ellas tras la mención del embarazoso beso que le había dado.

- Quiero decir que gracias. Por tres años estuve aquí tratando de seducirte y en una sola noche logré que tú me dieras un beso a mí. – Takano hizo mucho énfasis al pronunciar los pronombres. - ¿Sueles hacer eso con todos tus clientes?

- ¿Tratas de provocarme?

- Claro que no, es simple curiosidad. ¿Lo haces?

- No. – A Ritsu le costó un poco de trabajo admitir aquello. Jamás había besado en los labios a ninguna de las personas que se habían acostado con él, y cuando esas personas habían intentado besarlo a él, Ritsu simplemente los distraía con algún movimiento o gesto.

- ¿Puedo suponer entonces que fui un cliente especial?

- ¡Puedes suponer lo que quieras! ¡Con el rostro que traías ese día no pude evitar sentir lástima por ti, idiota!

Takano abrió los ojos y miró al chico directamente, y Ritsu comprendió que sus palabras lo habían herido. Takano sí tenía sentimientos hacia él después de todo, y estaba consciente de ello.

- Lo lamento – se disculpó. – Entiendo que tal vez actué de una manera que te hizo pensar que siento ciertas cosas por ti, pero la verdad es que solamente te besé porque ya lo había hecho en el pasado y no me pareció tan mala idea en el momento. Discúlpame si te di algún tipo de esperanza que no existe.

- Oh, yo no diría eso. En realidad creo que puedo lograr que dejes ese lugar y que vivas conmigo. ¡Casi lo olvido! Esto es lo que traje para ti.

Takano acorraló a Ritsu en la esquina del elevador y acercó su rostro al del chico muy lentamente. Ritsu cerró los ojos instintivamente, esperando el momento del contacto para darle un empujón, pero en cambio solo sintió una mano resbalándose adentro del bolsillo trasero de su pantalón y sus manos reaccionaron por instinto ante el roce en aquel lugar posándose en la cintura de Takano, quien retrocedió desconcertado y con el rostro ruborizado.

- Léelo, por favor.

Takano Masamune puso a andar el elevador nuevamente y se bajó en el noveno piso. Ritsu notó que su respiración se había agitado mucho y se llevó la mano a la frente para obligarse a mantener la calma.

Tras salir del edificio ese día, había ido a tomar un café cerca de ahí antes de dirigirse al cabaret. Generalmente esperaba hasta que oscureciera para que fuera difícil que alguien conocido lo distinguiera entre la multitud. Cuando llegó se fue directo a tomar una ducha y al salir le preguntó a la chica encargada de asignar los cuartos si había algo para aquella noche.

- Problemas, eso es lo que hay.

Ritsu comprendió. Había pasado ya más de una semana desde su último cliente y esperaba que siguiera igual por mucho tiempo, pero eso también significaba que ella iría a reclamar su cuerpo. La chica se compadeció de Ritsu, le dio un abrazo cariñoso como si fuese el de una madre protectora y posó un beso en su frente.

- Espero que todo salga bien.

- También yo. – le contestó Ritsu tomándole la mano y posando un beso en la punta de sus dedos. – Definitivamente también yo espero que todo salga bien.

Sin más opción que aceptar lo que tenía por delante, caminó hacia la cocina en donde vio a su amiga dirigirle un gesto de preocupación. Sin decir una sola palabra corrió hacia ella y la abrazó del mismo modo en que la chica del vestíbulo lo había abrazado a él minutos antes. Después, subió al ático.

La habitación estaba a oscuras y un aroma a incienso inundaba las fosas nasales de Ritsu, haciendo que se sintiera un poco mareado. Estiró la mano para encender la luz, pero unos dedos lo detuvieron.

- Ritsu

El susurro tenía un toque de sensual que le heló la sangre a Ritsu. Incapaz de hacer otra cosa bajó el brazo y se dio la media vuelta para encarar a la mujer que le había hablado.

- Fumio-san

La mujer encendió las luces entonces, pero solo tenuemente, de modo que la habitación tenía un aspecto de película antigua, como si el cuarto estuviera iluminado por velas y no por bombillas eléctricas.

- No hace falta que utilicemos honoríficos entre nosotros, pequeño. Después de todo nos conocemos muy bien, ¿no es así?

Ritsu se erizó al sentir la uña de la mujer delinear la línea de su mandíbula y apretó los dientes. La mujer lo empujó suavemente hasta llevarlo a la cama y lo desvistió con tranquilidad, entonces él se perdió entre el aroma del incienso y el sudor que emanaba de su cuerpo.

Cuando la mujer se hubo marchado, Ritsu limpió las lágrimas que seguían resbalando por sus mejillas. Como siempre, se puso a llorar contra la almohada después del encuentro, lo hacía cada vez que tenía relaciones con alguien, pero cuando era con esa mujer el llanto era diferente. Le ardía el pecho y sus ojos quedaban rojos e hinchados. Generalmente faltaba al trabajo en Marukawa al día siguiente de haberse acostado con ella porque temía verse demasiado vulnerable y que su secreto fuera revelado, pero no sabía si era buena idea faltar al día siguiente porque solo faltaban unos días más para tener la asistencia perfecta del mes y con eso le daban una pequeña bonificación en su paga mensual. Se sonó la nariz y se enjugó las lágrimas por última vez antes de comenzar a vestirse. En eso sonó el teléfono que tenía en la alcoba.

- Ritsu, sé que no es buen momento pero…

- No aceptaré a nadie más esta noche, Nadia.

- Entiendo, pero el hombre insiste en que quiere el servicio, y Madame sigue aquí y lo ha escuchado todo, así que ya le dieron luz verde.

- Supongo que es alguien nuevo. Dile que espere unos veinte minutos en lo que arreglo la habitación.

- Así lo haré. ¡Ah! No es nuevo Ritsu, así que al menos ya sabrás cómo manejarlo.

- Perfecto.

La chica llamada Nadia colgó el teléfono de la recepción y le comunicó al cliente lo que Ritsu le había pedido. El hombre asintió y se sentó en el vestíbulo a observar cuántas personas entraban y salían del lugar para entretenerse. Exactamente veinte minutos después el timbre del teléfono de Nadia sonó y luego de contestar le hizo una señal al caballero para que se dirigiera al cuarto de Ritsu.

El joven se había bañado en loción para ocultar el aroma a sudor de la ronda anterior y se escondió bajo las sábanas en espera de su cliente. Las manos le temblaban y tenía el cabello revuelto. Escuchó el rechinido de la trampilla del ático al otro lado de la habitación y tomó una gran bocanada de aire antes de darle la bienvenida como siempre lo hacía.

- Qué bien que regresó, amo.

Volvió a hundirse dentro de las sábanas esperando a que alguien llegase y lo desnudara de nuevo, pero en vez de eso sintió el peso de una persona que se sentaba a la orilla de la cama junto a él sin hacer nada. Supuso entonces que quería que él hiciera todo el trabajo y se destapó. No pudo evitar derramar lágrimas nuevamente cuando junto a él descubrió a Takano Masamune. Sin pensar en lo que hacía se arrojó a sus brazos y se dejó llevar por el llanto.

- No voy a hacerte nada, Onodera, ¡lo prometo! Por favor, no llores. – Takano no sabía qué hacer. ¿Acaso su presencia había acabado por angustiar demasiado a Ritsu? Sentía como su pecho se humedecía por las lágrimas que el chico derramaba y entonces se sintió débil y lo empujó a la cama, recostándose a su lado.

Ritsu lo abrazó con más fuerza, negándose a soltarlo. Se sentía aliviado. No sabía por qué, pero estaba seguro de que Masamune no mentía cuando le decía que no le haría nada. Cuando se sintió un poco más en calma se apartó de él y se sentó a su lado. Takano lo imitó y se irguió junto a él tomándole de la mano.

- ¿Qué ha pasado, Onodera? ¿Te han hecho daño? ¿Es eso?

Ritsu negó con la cabeza y le miró directo a los ojos.

- ¿Recuerdas lo que me dijiste hoy por la tarde? – Takano asintió. – Promete que lo harás. Promete que me sacarás de aquí, no importa lo que cueste.

Masamune rodeó a Ritsu por los hombros y atrajo su cabeza hacia su pecho acariciándole el cabello. Sintió el temblor de la mano que sostenía bajo las sábanas y una furia enorme se apoderó de él. Quien quiera que hubiese provocado que Onodera estuviese así lo pagaría, pensó. Posó un beso en la sien del mensajero y lo atrajo más hacia sí.

- Lo prometo.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

¡Hola! Aquí Hitomi reportándose. La verdad es que no sé como agregar notas a un capítulo, así que dejaré aquí mi comentario. Primero que nada gracias. Gracias porque a pesar de que llevo un tiempo considerablemente largo sin escribir leíste hasta el final. En segundo lugar, no pienso dejar este fanfic sin terminar. Incluso si me toma años le daré un final decente y saldrá entre la lista de fanfics completados. Tercero, Como estoy de vacaciones espero poder subir dos o tres capítulos más, aunque también depende de que tan inspirada me encuentre. Por último solo un comentario acerca de este capítulo, creo que mi Ritsu es un poco OC y es que la verdad yo sé que es un tsundere y todo eso, pero considerando la situación en que lo he puesto (¡perdóname Ritsu, bebé! ; A ; ) debía hacer que su personalidad y su estabilidad psicológica encajaran. Obviamente no puedo hacer que Takano llegue a la habitación y que Ritsu después de haber sido utilizado por una mujer malvada actúe igual de tsundere que siempre, simplemente no tiene sentido porque tiene la cicatriz y los malos recuerdos demasiado recientes y eso lo vuelve vulnerable (que me creo porque sé algo de psicología, plop). En fin solo era para aclarar, porque mi punto al escribir a Ritsu así es que no pierda su carácter de hacerse el fuerte, pero que tampoco sea una total nenita. Por algo hice que le diera el beso a Takano en un capítulo anterior y no al revés. En mi opinión Ritsu puede ser demasiado testarudo a veces, pero así como es testarudo también tiene su lado romántico, su lado honesto y su lado mentiroso como todas las personas, así que por eso es que mi interpretación de él es así. Además ya verán más adelante conforme avance la historia y se revelen ciertas cosas que la personalidad que trato de darle, sin salirme mucho de personaje en lo posible, tiene una razón de ser.

En fin, ya me alargué demasiado. Muchas gracias de nuevo por haber leído. Sus comentarios me alegraron mucho la vez pasada y me animaron a continuar. Si alguno o alguna por aquí sabe cómo poner comentarios en mis fanfics que por favor me lo diga, porque la verdad que soy una gran idiota para estas cosas. Si supieran el tiempo que me tomó aprender a publicar en fanfiction... je, je, je. Bueno con esto me despido. ¡Hasta la próxima!