ARDAMOS

CAPÍTULO 6: Revelaciones

La ropa daba vueltas dentro de la lavadora mientras Masamune se duchaba muy temprano en la mañana. El esperado día había llegado y no podía evitar sentirse un poco ilusionado, aunque sabía que no debía estarlo. Era casi una cita, ¿o no? Onodera le había mandado un mensaje de texto la noche anterior para ponerse de acuerdo en donde se verían. Acordaron que no podían verlos juntos, pero salir de la ciudad no era posible debido a que Ritsu debía estar en el cabaret a las 9 de la noche y si se alejaban mucho no llegaría a tiempo. Al final Masamune logró convencerlo de que se vieran en su departamento.

Había dejado el lugar impecable para dejar una buena impresión, y había dedicado mucho tiempo en pensar alguna forma de ayudar a Onodera; sin embargo terminó por rendirse no porque n se le ocurriera nada, sino porque no tenía idea de qué era lo que había llevado al chico a profesar semejante ocupación. Su plan era, por lo tanto, sonsacarle tanta información como fuera posible sobre su situación pues hasta el momento lo único que tenía claro era que Onodera no lo hacía porque quería y que por alguna razón no podía dejarlo.

Al escuchar que alguien tocaba la puerta se apresuró a tender las últimas prendas que habían salido de la lavadora y se encaminó a abrir. Onodera se había camuflado para la ocasión; llevaba unas gafas de sol oscuras y un sombrero que le ocultaba el cabello, además de un abrigo de manga larga que de solo verlo hizo sentir a Masamune un enorme bochorno*.

Luego de dejar los zapatos en la entrada y quitarse el abrigo, Onodera subió el escalón de entrada e hizo una reverencia a Masamune en agradecimiento por dejarle pasar a su morada. El editor rio cubriéndose la boca con el dorso de la mano. No esperaba que el encuentro fuera tan formal. Sin pensar mucho en lo que hacía, y comportándose de la manera más natural que pudo, tomó de la mano a Onodera y lo guio hasta la cocina. Onodera le rechazó el desayuno, alegando que ya lo había tomado, pero Masamune no le creyó, así que lo obligó a beber un licuado de frutas para que por lo menos tuviera algo de energía. Cuando hubo terminado, Onodera lavó el vaso y se sentó en una de las sillas del comedor que estaba en la misma pieza que la cocina.

- Así que este es el departamento de Takano Masamune – comentó echando un vistazo a su alrededor. Al editor se le habían endulzado los oídos al escuchar su nombre de labios de Onodera y no pudo reprimir una sonrisa, que pasó desapercibida por el otro.

- ¿Famoso? No sé a qué te refieres.

- Créelo o no, también tú tienes cierta fama en la compañía, aunque seguro has escuchado al respecto.

- Cuéntame.

La voz de Masamune había sonado algo inintencionadamente sensual, a lo que Onodera guardó silencio unos instantes antes de proseguir.

- Te llaman "El encandilador". Dicen que has salido con varias personas de la compañía, pero que tus relaciones nunca duran más de una noche.

- Ya veo. Bueno, en realidad no se equivocan. – Masamune notó un ligero atisbo de sorpresa en el rostro de su invitado y continuó la conversación. - ¿Qué piensas de eso?

- Eh, pues al principio nada, pero cuando descubrí que eras mi… pues… exnovio – Onodera bajó la voz al pronunciar esa palabra y luego continuó con el volumen normal – obviamente fue algo extraño, y más cuando te acercaste a preguntarme si quería salir contigo la primera vez… ¡No es que haya pensado que sería igual conmigo ni nada de eso! Ni tampoco me asombré, después de todo siempre habías sido popular entre chicos y chicas… pero no podía concebir la idea de que en verdad quisieras intentar algo conmigo después de tanto tiempo y de tantas parejas que seguramente debían tener más experiencia que yo en ese tipo de temas.

- Excepto que al final tú de hecho sí tienes más experiencia… - Masamune lo dijo en tono de broma para no ofenderlo, y Onodera comprendió. El chico soltó una pequeña risa nerviosa.

- Así es. Y esa parte de mí también me impedía salir contigo o con cualquiera que me lo propusiera.

Vaya forma de abordar el tema, y justo cuando Masamune pensaba que podía tener una conversación normal con Onodera. El ambiente se volvió notoriamente tenso, Masamune se debatía internamente entre continuar la plática desde ese punto o cambiar de tema.

- ¿Me puedes hablar sobre eso? – decidió continuar pisando la delgada cuerda floja que lo separaba del pasado del chico.

Onodera se revolvió incómodo en el asiento y jugueteó con una servilleta hasta romperla. Sabía que si había decidido confiar en Takano, entonces también le había dado el derecho de enterarse de toda la verdad, pero no podía hacerlo ahora, al menos no podía contarle la verdad completa. Temía que involucrarlo demasiado le traería problemas.

- Oye, ¿recuerdas aquella vez que nos peleamos? Justo antes de que desapareciera…

- Por favor, no me cambies el tema.

- No lo hago, es algo relevante. ¿Lo recuerdas o no?

- Sí, fue porque estaba de mal humor y te vi recibiendo la confesión de una chica. A decir verdad me sentí muy estúpido por haberme enfadado después, pero tampoco hubiese podido evitarlo.

- ¿Recuerdas a la chica?

- ¿Qué si la recuerdo? ¿No era esa que siempre te seguía a todos lados? Recuerdo haberlos visto juntos por los pasillos de la escuela muchas veces.

- Su nombre es Ann.

Masamune comenzaba a sentirse irritado por el rumbo que había tomado la conversación. A su parecer, hablar de la chica no tenía relación alguna con el tema que debían discutir, y además hablar de eso abría de nuevo las heridas que Masamune pensó ya había enterrado años atrás. Escuchó a Onodera contarle que se conocían desde muy pequeños por la relación entre sus familias, y que siempre se habían llevado como hermanos, al menos hasta el día en que se le declaró. También le confesó que ella fue la única persona con quien mantuvo contacto luego de su desaparición.

- ¿Tienes alguna idea de por qué me fui? – preguntó el joven a su anfitrión, sabiendo que la respuesta sería negativa.

- Ni idea.

- ¿Intentaste averiguarlo?

- Por supuesto, pero no tenía rastro alguno y todo a quien le preguntaba se negaba a decirme algo sobre ti.

- Yo lo sabía… Sabía que me estabas rastreando.

Masamune se mantuvo impasible. Se había prometido a sí mismo mantener la calma ante cualquier situación, porque sabía que si no lo hacía Onodera podría retractarse de pedir su ayuda. Sí sintió una conmoción enorme ante tal confesión, pero hizo lo mejor que pudo para evitar demostrarla.

- ¿Cómo lo sabías?

- Ann-chan… Luego de su confesión le conté que salía contigo y, como ya te dije, después de partir era la única persona con la que mantenía contacto. Ella me lo contó. Me dijo que por todo lo que quedó del año escolar te vio dar vueltas por toda la escuela interrogando a alumnos y profesores, y también me dijo que tenía la esperanza de que te acercaras a ella para preguntarle.

- ¿Y por qué no se me acercó ella a mí?

- Tenía miedo. Sabía que ella misma no podría decirte el alcance de todo lo que ocurrió por su cuenta, por eso esperaba que tú le preguntaras. Si lo hacías no tendría más opción que decirte.

- ¿Decirme qué, Onodera? – Masamune comenzaba a perder la calma. Enterarse de que todo el tiempo tuvo frente a él a alguien que conocía el paradero de Onodera le había caído como una pedrada en el estómago.

- Mi padre… mi padre fue encarcelado.

Masamune dejó caer todo su peso contra el respaldo de la silla y dejó escapar un largo suspiro que terminó por desesperar a Onodera. El chico le dejó procesar toda la información que acababa de darle antes de preguntarle si había comprendido todo.

- En resumen – concluyó Masamune – te fuiste de la escuela debido al arresto de tu padre y la única que sabía todo era tu amiga.

- Sí, así es. Eso nos lleva al día de hoy. No puedo darte los detalles del arresto, pero parte del crimen de mi padre fue una estafa que le dejó un adeudo de muchísimo dinero, adeudo que le está siendo cobrado a mi familia.

- ¿Por eso tú…? – Onodera asintió – Ya veo, pero ¿y el resto de tu familia?

- Obviamente todos se deslindaron de nosotros después de eso. Mi madre, ella se suicidó poco después de enterarse de todo lo que mi padre había hecho. Usé la herencia y la manutención que me enviaba el gobierno para pagar una universidad en el extranjero con la esperanza de conseguir un buen empleo que me permitiera pagar la deuda, pero las cosas no siempre resultan como uno las piensa.

Masamune meditó un rato todo aquello. Pasaron en silencio casi una hora mientras él daba vueltas por todo el departamento sin decir una palabra e ignorando que Onodera seguí ahí, mientras este último se mantuvo callado sentado ante la mesa del comedor esperando alguna señal de que Masamune finalmente le diría algo. Al no notar ningún cambio en la actitud del editor se incorporó y se aproximó a él mientras se lavaba las manos en la cocina. Le jaló de la camiseta para llamar su atención y luego se retiró un paso. Masamune le miró pensativo. No sabía cómo debía reaccionar ante todo. Al ver a Onodera de pie en frente suyo se dejó caer en sus brazos y recargó su frente en el hombro del muchacho al tiempo que le rodeaba la cintura en un abrazo que, para su sorpresa, fue correspondido.

- No tenía idea…

Masamune no había llorado en años, y de hecho no recordaba cuando había sido la última vez, pero lo que sentía en ese momento lo hacía sentirse capaz de derramar todas esas lágrimas que se había guardado durante toda su vida; sin embargo fue una sola la que rodó sobre su mejilla mientras se aferraba a Onodera consciente de que él sabía que estaba llorando.

- No fue culpa tuya

- ¿Y por qué siento como si lo fuera?

Onodera apartó a Masamune y le enjugó con el pulgar el rastro del llanto que había sobre su rostro. El editor se sintió impotente por la amarga sonrisa que le estaba regalando, porque sabía que no era auténtica.

- No debí involucrarte en todo esto, lo lamento.

Takano Masamune era un hombre orgulloso y obstinado. Lo que Onodera acababa de decirle le sonó demasiado a un "Olvida que todo esto pasó" y eso no lo podía aceptar. Si bien su intención principal era hacer que Onodera se enamorara de él para poder alejarlo de ese lugar, ahora veía que las cosas hubieran sido mucho más sencillas si solo hubiese sido eso lo que debía hacer. Luego de analizar la situación detenidamente llegó a una conclusión: lo que menos importaba era lo que Onodera sintiera por él, pero Masamune no era lo suficientemente abnegado como para dejar ir al chico después de haberlo ayudado. Se sentía la persona más egoísta del planeta por lo que iba a hacer, pero al final no había garantía de que todo resultara bien.

Resolvieron seguir discutiendo el asunto después de haber almorzado, así que Masamune ordenó comida a su domicilio. La generalmente solitaria mesa del comedor ahora contaba con un comensal extra, y el departamento se sentía un poco más alegre a pesar de la tensión que reinaba en el ambiente. Takano Masamune quería eso para él: una familia, algo que jamás había tenido realmente y que sentía que obtenía cuando Onodera le pedía casualmente que le pasara un plato o le hacía notar que tenía un poco de comida en la comisura de los labios.

Como es lo natural para cualquier hombre en su estado emocional, se preguntó si Onodera se sentía de la misma forma que él. ¿Le agradaba a Onodera su compañía? ¿Le disgustaba? Tal vez solo estaba tratando de ser amable en agradecimiento. Fuera como fuese, Masamune estaba más seguro que nunca de que quería pasar el resto de su vida con Onodera.

- ¿Qué fue lo que estudiaste? – le preguntó mientras lavaba los platos que habían utilizado.

- Literatura, claro está – contestó Onodera como si fuera la pregunta más estúpida que le hubiesen hecho.

- Espera, ¿me quieres decir qué rayos haces trabajando en una compañía editorial como mensajero si tienes la preparación académica para tener un puesto de edición decente?

- ¡Sabes el tiempo que consume ser editor! ¡Tú mismo lo experimentas cada día!

Continuaron discutiendo hasta que se dieron cuenta de lo mucho que había aumentado el volumen de sus voces. Una vez se hubieron calmado Masamune fue el primero en regresar al tema con normalidad.

- Podrías entrar como personal en capacitación. No requiere el mismo esfuerzo y ganarías más que siendo mensajero.

- Lo he pensado, pero solo un tonto entraría a ser capacitado para un trabajo que ya ha hecho antes.

- Podrías entrar a mi sección, yo te entrenaría en edición de manga y así puedes tener una excusa para la capacitación, jamás has trabajado en ese ramo después de todo.

Onodera meditó la idea por varios minutos y al final declinó la oferta, alegando que no sería bueno para ninguno que los vieran juntos.

- Además no te quiero tener acosándome todo el tiempo – comentó Onodera a modo de broma.

- Si te hace sentir incómodo, puede ser alguien más el encargado de capacitarte. Está Kisa, y también Hatori… Los conoces, ¿no?

- Sí pero, ¿qué hay de ti? ¿No afectará en tu trabajo el tenerme cerca?

- En todo caso serías una motivación, no una distracción.

El editor recibió gustoso los insultos que Onodera le dedicó después de eso. Había logrado su objetivo, que era despejar su mente de todo pensamiento doloroso de su pasado al menos por un momento. Después de convencerlo de aceptar el puesto de editor de manga en entrenamiento pasó al siguiente tema que debían discutir: ¿qué harían con el trabajo de Onodera en el cabaret? Masamune no se atrevía a preguntar la cifra exacta de dinero que faltaba por pagar de la deuda, pero sospechaba que el sueldo de un trabajo honesto, común y corriente definitivamente no sería suficiente para pagar el monto que Onodera debía. Además, Masamune tampoco sabía a quién le debía el chico todo ese dinero, por lo que todas las ideas con las que Masamune salía para sacar a Onodera del cabaret terminaban siendo rechazadas por él mismo. Además el chico seguía negándose a dejar el lugar, aunque cuando Masamune le preguntaba la razón, Onodera no daba una respuesta concreta.

Las visitas constantes de Masamune al cabaret también estaban fuera de discusión. Ambos habían estado de acuerdo en que era peligroso que Masamune se pasara ahí todas las noches. Sin embargo, Onodera lo tranquilizó asegurándole que tenía algo de ayuda interna de algunas de las chicas y chicos que trabajaban ahí.

- Nunca ofrecen mis servicios a alguien que parezca violento o sospechoso.

- ¿Qué hay de la otra noche?

- No era Nadia quien estaba en la recepción ese día… de haber sido ella jamás hubiese permitido que ese hombre entrara.

Tras haber discutido acerca de las personas que ayudaban a Onodera, Masamune se relajó. Descubrió que muchas veces los empleados que simpatizaban con el chico solían ofrecer una bebida a los clientes antes de llevarlos a la habitación, sin que ellos supieran que habían puesto un somnífero en el vaso. Masamune recordó que la segunda vez que fue había rechazado una copa de vino que le había extendido una de las muchachas con quien se había acostado antes de descubrir que Onodera laboraba en el lugar.

- La chica a la que llaman "Ángel", ¿ella también es tu cómplice?

Onodera asintió. Masamune decidió mantener en secreto que ya antes había intimado con ella y continuó escuchando las historias de como el mensajero se había salvado de prestar servicio a más de las dos terceras partes de los clientes.

- Claro que no puedo librarme todas las noches. Si alguien se descuida o hay cambio de turnos tengo que complacer a los que me visiten. Además quienes me ayudan están en riesgo de perder su empleo por mi culpa, así que en ocasiones no tenemos más remedio que aceptar a los clientes.

Pasados los primeros minutos de conversación, Masamune se sentía cada vez más incómodo por el rumbo que estaba tomando. Onodera hablaba mientras se llevaba lata tras lata de cerveza a los labios haciendo que poco a poco comenzara a entrar en terrenos peligrosos de su historia, pero sin que lo afectara lo suficiente como para revelar algún secreto. Masamune se estaba cansando de escuchar acerca de la vida nocturna de Onodera, no porque le estuviera contando cosas indecentes, sino porque lo hacía con una naturalidad que al edito le daba escalofríos. Era obvio que Onodera no quería estar en ese lugar por el número de veces que frunció el ceño mientras hablaba, pero también era obvio que estaba tan acostumbrado a su trabajo que no le costaba casi nada hablar sobre él. Cuando Masamune ya no pudo soportar más se lo dijo, y la respuesta del chico fue una disculpa. Simplemente no podía hablar de eso con cualquiera y cuando podía era difícil dejar de hacerlo.

La honestidad del chico no dejaba de impresionar a Masamune. Abrió otra lata de cerveza y comenzó a beber de ella cuando sintió la mirada del otro fija en él. Estuvo a punto de atragantarse con la bebida por el impacto de la mirada. No había odio, ni amor, ni nada en específico. Era una mirada común, de esas que la gente dedica a los meseros o a las personas que le cobran en las cajas de los supermercados. Era una mirada sin sentimiento. Si algo pudo notar fue una ligera curiosidad, quizás hacia su forma de beber, pero al final de cuentas lo hacía sentir demasiado consciente de cada movimiento que realizaba y hacía lo posible por no cometer alguna torpeza mientras tenía clavados los ojos verdes del chico que recargaba la barbilla sobre la mano al otro lado de la mesa de centro de la sala. Cuando se terminó la lata se limpió los labios con el dorso de la mano y volteó a mirar el reloj que tenía colgado en la pared de alado. Apenas daban las siete de la noche.

Le hizo notar a Onodera que se sentía cansado y que se iría a acostar, pero que él podía quedarse tanto tiempo como quisiera en el departamento. Onodera asintió agradecido y le dijo que se iría apenas dieran las ocho y media pues así podría llegar al cabaret a las nueve, que era su hora de entrada.

- ¿Aún piensas en ir a pesar de todo?

- Tampoco a mí me gusta, pero no entenderías lo que deberé pasar si llego a faltar una sola noche.

- ¿Qué hay de los días que estás enfermo?

- Debo estar ahí. Como te he dicho antes, los lunes descanso, pero fuera de eso debo ir así me esté muriendo en cama por una fiebre. Alguien cuida de mí ahí cuando me enfermo.

- Prométeme algo entonces. Antes de irte despiértame, yo te llevaré.

Onodera le negó la petición alegando que sería muy arriesgado para ambos que alguien descubriera que se estaba relacionando con uno de los "clientes", pero ante la insistencia del otro aceptó que lo acercara al lugar sin llegar a él.

Masamune se acostó a dormir. Se sentía exhausto a pesar de no haber hecho nada en todo el día además de lavar la ropa. Hizo una nota mental de doblarla por la mañana al día siguiente y después cerró los ojos. Los abrió de nuevo cuando escuchó el ruido de la puerta de entrada. Tal como había sospechado Onodera no le avisó que se iba, así que por cuenta propia se levantó y corrió a alcanzarlo escaleras abajo. Esperó frente la puerta del ascensor hasta que este llegó a la planta baja y al abrir sus puertas Onodera dio un paso hacia el vestíbulo del edificio de departamentos. El chico fingió no haberlo visto y caminó a la salida sin decir nada, seguido por Masamune. Cuando ambos estuvieron afuera el menor de los hombres se dio la media vuelta y suspiró.

- De acuerdo, tú ganas. Solo hasta la gasolinera que está a unas cuadras. Desde ahí puedo caminar solo.

Masamune sonrió complacido y lo guio hacia su automóvil, estacionado en el estacionamiento privado del edificio a un costado de este. Onodera frunció el ceño cuando Masamune se adelantó para abrirle la puerta del copiloto y no entró al auto hasta que el otro también lo hizo.

- Eso no fue por caballerosidad, esa puerta a veces se rebela y tiene su truco para abrirla. – comentó Masamune mientras introducía la llave y la giraba para arrancar el motor.

Onodera se tranquilizó un poco después de eso y se la pasó mirando por la ventana durante el trayecto. De pronto sentía que Masamune le miraba, pero el chico se negaba a girar la cabeza y encontrarse con sus ojos. Comenzaba a temer perderse en ellos. Mientras observaba las luces de la ciudad a través del vidrio, Onodera se daba cuenta de lo poco que se había olvidado de Masamune en todos esos años. Si bien con todo lo que vivió lo que menos ocupaba su mente era el amor, de vez en cuando algún destello de memoria lo invadía y lo hacía sentir culpable de nuevo por haber terminado la relación del modo en que lo había hecho. Trataba de no echarse la culpa, todo había ocurrido de manera muy abrupta para él también. Un día vivía contento como cualquier chico de preparatoria junto a sus aparentemente felizmente casados padres, y al día siguiente lo llevaban a atestiguar acerca del comportamiento de su padre los últimos meses. No había podido evitar su repentina desaparición, ¿o sí? No, por supuesto que no. ¿Por qué se sentía tan mal estando al lado de Takano Masamune entonces?

La respuesta era obvia hasta para él. Había hecho lo posible por no enamorarse de nuevo convenciéndose de que ambos eran diferentes personas a las que eran en su adolescencia y de que de ninguna forma Takano Masamune volvería a sentir algo por él, pero ahora se daba cuenta de que todo había sido en vano. No podía definir sus sentimientos como "amor" aún, pero estaba seguro de que lo quería y las últimas semanas estando cerca de él no hacían nada más que reafirmar sus sentimientos. Estaba en un punto de no retorno en su relación con el editor y eso significaba problemas, especialmente cuando estaba consciente de que poco a poco sus sentimientos evolucionaban cada vez más hacia algo más fuerte y concreto.

Sus pensamientos se disiparon cuando sintió un dedo tocarle la sien del mismo modo en que alguien tocaría un timbre, entonces se dio cuenta de que ya estaban en la gasolinera que él había indicado. Retiró la mano de Masamune con un brusco movimiento de su brazo, le dio las gracias y tiró de la palanquita que, se suponía, servía para abrir la puerta del automóvil.

Masamune observó divertido la escena y rio cuando los esfuerzos del chico por abrir lo llevaron a tal desesperación que lo hicieron amenazar que saldría por la ventana.

- Tal parece que incluso mi auto quiere que te quedes otro rato conmigo.

- ¡No juegues y abre la puerta!

- Te lo dije, tiene su truco. Debes tratarla con cariño.

Tras decir esto Masamune se desabrochó el cinturón de seguridad y se inclinó hacia el otro lado del automóvil, cubriendo a Onodera con su cuerpo. Luego de dedicarle una sonrisa que tenía toda la intención de fastidiar al chico por la posición en que se encontraban, Masamune tiró de la puerta por la manija interior y sin dejar de jalar hizo uso de la palanca de apertura. La puerta cedió al instante, dejando abierto el paso para Onodera.

- Gracias – dijo mientras tomaba su abrigo antes de salir del auto.

- No fue nada – respondió Masamune, aún con la sonrisa en el rostro.

Onodera cerró la puerta y comenzó a caminar. Masamune le observó desde el automóvil sin moverse. Después de un rato arrancó y se estacionó frente a un bar que quedaba a la vuelta del cabaret en donde Onodera Ritsu trabajaba. Para evitar problemas entró al bar y ordenó una copa, después anunció al encargado de la barra que saldría a hacer algunas diligencias y que por eso dejaría el automóvil estacionado afuera. El hombre, de unos cuarenta años y con rasgos rudos para un japonés, asintió advirtiéndole que regresara por él antes de media noche o no se haría responsable si algo le sucedía. Masamune aceptó los términos y salió del bar con las manos metidas a los bolsillos de su gabardina caminando rumbo al cabaret "Rubí".

Al llegar se topó con Nadia en la recepción y con la mujer que había visto en una de sus visitas. Recordó que a pesar de los esfuerzos de Nadia por evitar que entrara al cuarto de Onodera, la mujer le había obligado a acceder y darle las llaves. El día anterior eso no hubiese significado para él, pero ahora que conocía más a fondo acerca de la chica y su implicación con Onodera se dio cuenta de que probablemente trataba de evitar que el chico tuviera un segundo encuentro esa noche, pues si mal no recordaba esa noche fue la noche en que Onodera le había pedido ayuda para escapar de esa vida y por las condiciones en que se hallaba, semidesnudo y sudoroso, podía decir que había tenido relaciones con alguien.

Apartó tales pensamientos de su mente y se concentró en la mujer que hablaba con Nadia. Si la recepcionista no había podido negarse a dejarlo entrar aquella noche había sido por la intercesión de la mujer, por lo que Masamune asumió que se trataba de la dueña del lugar o algo parecido. Tratando de mantener la cara de póquer que llevaba puesta desde que había entrado al bar se aproximó a ambas mujeres y pidió el servicio.

- ¡Vaya! ¿Acaso no eres el joven al que vi la otra vez? Nunca olvido un rostro.

- Pues sí, he venido varias veces.

- Eres aquel que pidió el servicio especial, ¿vienes por lo mismo hoy?

- Sí – contestó Masamune a secas, mirando de reojo a Nadia para observar su reacción. La chica actuaba muy bien su parte, pues no mostró ni rastro de duda mientras apuntaba algo en el cuaderno en el que llevaba las cuentas y buscaba la llave al ático donde estaba Onodera.

- Aquí tiene, señor – Nadia extendió la llave y le dedicó una sonrisa juguetona que Masamune no se molestó en devolver.

El editor dejó el anticipo del servicio y se dio la media vuelta para encaminarse a la habitación, pero se detuvo al sentir el agarre de alguien en su brazo. Observó por unos instantes las largas uñas falsas de color rojo que adornaban la mano que le sostenía antes de mirar directamente al rostro de la mujer.

- Eres apuesto, seguro tienes mucha experiencia también. – Masamune se mantuvo impasible mientras dejaba que la mujer terminara de hablar. – Y al parecer vienes a menudo. ¡Se me acaba de ocurrir algo! Justo hace unos días renunció uno de nuestros trabajadores masculinos. ¿No te gustaría ocupar su puesto? No lo tomes a mal. Pareces ser un hombre respetable con un buen trabajo y sueldo, pero si estás aquí es por algo. ¿Buscas diversión? Aquí la encontrarás.

- Tampoco quiero que lo tome a mal, pero yo soy de los que prefieren dar y no recibir, ¿me entiende?

- Oh, entiendo, pero aquí no vienen únicamente clientes activos. Y tú pareces ser de esos a quienes no les importa el género, así que serías perfecto para la vacante. No creí que te inclinaras más hacia el lado homosexual de la balanza – respondió la mujer entre risas y en tono de broma mientras subía su mano al hombro de Masamune en ademán coqueto.

- Me va igual cualquiera, pero su anfitrión especial tiene algo que no sé cómo describir – contestó Masamune y arrepintiéndose al momento por haberse referido a Onodera con tal término.

- ¿Hechizante, tal vez? Yo misma he sido víctima de sus encantos, así que puedo comprenderte. En fin, debes tener prisa en subir, ¿no? Mira – continuó la mujer mientras liberaba a Masamune de su agarre y sacaba una tarjeta de su escote. – Toma esto. Quisiera que lo pensaras antes de darme una respuesta definitiva. En verdad estoy interesada en ti, guapo. Mi nombre es Fumio. Llámame si decides aceptar mi propuesta.

Masamune tomó la tarjeta que la mujer llamada Fumio le ofrecía y le dio las gracias prometiendo que lo pensaría, la guardó en su bolsillo y luego de una ligera reverencia a modo de despedida se encaminó hacia la cocina, donde la chica que siempre le miraba con algo parecido a odio se dedicaba a lavar los utensilios de cocina. Al escucharlo pasar volteó la cabeza un instante para verlo y frunció el ceño antes de regresar a su labor. Masamune decidió demorarse un rato más para leer el contenido de la tarjeta que le acababan de dar. Impreso en un fuerte tono de rojo vibrante y con letra caligráfica estaba escrito un nombre.

"AKAGURO FUMIO"

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¡Hola! Lo prometido es deuda, y esta vez he subido el nuevo capítulo en menos de una semana ¡y casi con 5000 palabras! Es un récord y un gran logro para mí. Jamás considero que terminé un capítulo hasta que no tiene mínimo unas 3000 palabras. Espero que les haya gustado. Muchas gracias a todos por los reviews, en verdad alientan a esta cabeza hueca de intento de escritora a continuar y superarse. ¿Qué les ha parecido el desenlace? Varios cabos sueltos ya se han atado en este capítulo, pero aún falta más por saber. Ya lo dejaremos para más adelante. Por cierto, soy gran fan de la saga de vídeo juegos Resident Evil, así que aunque el título del capítulo sí hace referencia a lo que ocurre también hace referencia a uno de los títulos del juego que más me gustan, je, je (datos curiosos de la autora que nadie quería conocer). Gracias por haber leído y espero dejen algún review de lo que les pareció. ¡Luego nos leemos!

~Hitomi G.