¡Hola! Probablemente deban leer los capítulo para poder entender el principio de este, más que nada porque ya llevaba tiempo sin actualizar y este capítulo empieza justo después de los sucesos en el capítulo 6.
Capítulo 8: Traslado
Onodera se aferraba de la almohada como si su vida y su sanidad dependieran de ello mientras su cuerpo se movía en pequeños espasmos de placer causados por Masamune después de haberle hecho reír como no lo había hecho en meses, o quizás años. Solo una hora antes lo había dejado estacionado en una gasolinera, así que una gran furia se apoderó de él al verlo entrar a la habitación, y más cuando Masamune se negaba a darle una explicación por ello. Simplemente había llegado, se había quitado la gabardina y había tomado asiento a la orilla de la cama. Esperaba que Onodera se enfadara por aquello, así que sin reclamos ni sorpresa recibió el golpe de la almohada que el chico le aventó a la cara.
- ¿Estás satisfecho ahora? – preguntó en calma.
Onodera tomó una segunda almohada y se la lanzó a su interlocutor, quien hábilmente la detuvo con una mano y la lanzó de regreso hacia la cabeza del joven. Pero la almohada había rebotado y regresado hacia Masamune para golpearle directamente en el rostro sin que el hombre pudiera hacer nada para evitarlo, dando lugar al primer ataque de risa que se apoderó de Onodera esa noche.
El segundo había sido provocado luego de que había dejado pasar el hecho de que Masamune se hubiese opuesto a su petición de no visitarlo más debido a que le comentó sobre su oferta de reclutamiento en el establecimiento en el cual se encontraban.
Masamune no lo mencionó por ninguna razón en específico, simplemente deseaba que su compañía no fuera una molestia para Onodera, y por lo tanto debía buscar cualquier tema de conversación que alejara el ambiente incómodo que generalmente se propagaba entre ellos cuando compartían ese reducido espacio en el cabaret. Sonrió al ver a Onodera burlarse, porque no recordaba haberlo visto reír jamás, ni siquiera en sus épocas de preparatoria cuando el chico se limitaba a cubrir su boca y aguantarse la risa si la ocasión lo ameritaba. Masamune jamás había tenido un gran sentido del humor tampoco, así que se sentía superior sabiendo que a pesar de eso había logrado sacarle unas cuantas carcajadas al chico a costa de su orgullo.
Sin embargo, todo eso se vino abajo cuando de pronto Onodera se quedó en silencio y con rostro dubitativo miró a Takano directo a los ojos y le sostuvo la mirada por varios segundos.
- Podrías hacerlo…
- ¿Qué? ¿Hablas en serio?
- Sería una buena forma de mantenerte cerca, ¿no es lo que quieres?
- Pues no es que no lo haya considerado al momento, pero…
Masamune se llevó una mano a la frente y cerró los ojos meditando lo que estaba a punto de decir. Quería encontrar las palabras correctas para expresar lo que quería sin ahuyentar a Onodera en el proceso.
- Pero… ¿qué? – le urgió Onodera, deseoso de escuchar su razón.
- Por el momento no me interesa más tener relaciones de una sola noche con desconocidos.
Onodera comprendió que había tocado un punto sensible en Takano. El tema de su atracción por Masamune se mantenía en completa confidencialidad dentro de sí mismo, pero no así los sentimientos del editor por él. El chico se odió por haber dejado que su lengua se soltara de más y la sonrisa que hasta el momento llevaba mostrando inconscientemente se desvaneció al percatarse de que Masamune tenía aún la convicción de que estuvieran juntos en algún punto del futuro y que para ello se abstendría de cualquier otro intento de relación con cualquier otra persona que no fuera él.
Por supuesto Masamune no pasó desapercibido el silencio y se sintió incómodo. Odiaba cuando la conversación terminaba regresando de forma inevitable a sus sentimientos porque no quería presionar a Onodera más de la cuenta, pero tampoco quería que él se olvidara de la razón principal por la cual le estaba brindando su ayuda. Suspiró exhausto por los eventos del día y por su completa falta de capacidad para leer el ambiente en esos momentos y decidió abordar un tema nuevo.
- Onodera, seguiré viniendo todas las noches, quieras o no.
El muchacho retiró una hebra de cabello castaño que le hacía cosquillas sobre la nariz y con su expresión usual de irritación miró a Masamune tratando de descubrir si en sus palabras escondía algún tipo de insinuación. Al ver que no era así, que hablaba en serio, dejó escapar un suspiro prolongado y negó con un movimiento de cabeza.
- Es peligroso que…
Masamune lo interrumpió posando su dedo índice sobre los labios ajenos. Onodera alejó su rostro enrojecido por un tenue rubor, pero no continuó hablando puesto que había comprendido que el otro le iba a interrumpir de todas formas si lo hacía.
- Es peligroso si te solicito solamente a ti.
Onodera comenzó a formular una respuesta negativa pero Masamune no le concedió tiempo de expresar su descontento con la idea. Comenzó a enlistar las razones por las cuales su idea no era tan descabellada como al chico le parecía. Para empezar, podía conocer un poco más a los demás empleados del lugar, fueran o no parte del grupo de cómplices de Onodera; segundo, una vez se ganara la confianza de quienes le ayudaban podía tener una mejor participación al momento de enviarle, o no, clientes. Hubo una razón que Masamune mantuvo callada, y era que estando más tiempo en ese lugar y hablando con los demás tenía la esperanza de averiguar un poco más acerca del pasado que Onodera había omitido al contarle su historia.
Pero se hacía tarde y el tiempo apremiaba al hombre que había dejado su automóvil estacionado enfrente del peligroso bar de mala muerte que se hallaba cerca de ahí. Por un momento contempló la idea de olvidarse del coche y quedarse con Onodera todo el tiempo que le fuese permitido, pero luego de haberle confesado su situación, el chico se negaba a dejarlo quedarse más tiempo. Masamune se despidió entonces, deseando haber podido darle un beso en la frente a Onodera antes de partir, porque al acomodarse el cabello el chico había dejado una extensión considerable de piel al descubierto en su rostro y Masamune se había emocionado con la idea de sorprenderlo un poco.
Onodera por su parte luchaba con el impulso de gritar a todo pulmón su nombre para recriminarle el nunca escucharlo a pesar de las advertencias que le hacía siempre. De alguna manera debía hacerle entender a Masamune que estar con él no era buena idea, pero su confundida mente no le dejaba actuar de modo racional cuando lo tenía enfrente de él.
Dos días después, un lunes, Onodera arribó a la hora de costumbre a la compañía y se encaminó hacia recursos humanos para firmar su entrada. Mike estaba ahí tecleando algo en su teléfono móvil a toda velocidad y con una gran sonrisa en el rostro.
- Buenos días
Onodera saludó al extranjero, que le sonrió como respuesta y continuó tecleando. Onodera se dio cuenta de que una vez que mandaba sus mensajes, la persona con quien estuviera hablando no tardaba demasiado en contestarle, y por la expresión de colegiala en el rostro de Mike no era difícil descubrir de qué se trataba todo el asunto.
- ¿Nueva novia?
Mike terminó de redactar apuradamente el mensaje que había comenzado y luego asentó el teléfono sobre su escritorio. Miró a Onodera y asintió con una radiante sonrisa.
- Ayer fue un gran día para ser australiano en un país ajeno. ¡Ah! Pero es todo gracias a ti, amigo. Tú me diste la oportunidad aquella vez.
Onodera aún no sabía cómo responder a la forma tan amistosa que tenía Mike de dirigirse a las demás personas, pero ya estaba acostumbrado a ella y no se sentía tan cohibido como cuando recién lo conoció. Decidió que tal vez era buen momento para practicar su inglés antes de que lo olvidara y continuó la conversación en ese idioma.
- Felicidades – su acento se había oxidado un poco, pero era entendible. – Me alegro por ti.
- Y yo me alegro por ti – Mike le contestó mientras revisaba la lista de asistencia en busca del nombre de Onodera. Al encontrarlo lo señaló con un dedo y le acercó la hoja. – A partir de hoy ya no eres mensajero, ¿eh? ¿Por qué no me habías dicho? Apenas leí esto en la mañana me sorprendí bastante.
Onodera pestañeó incrédulo. Mike no pasó desapercibida su sorpresa y cambió su expresión alegre por una confundida, incluso más que Onodera.
- ¿Acaso no lo sabías? - El chico le contestó que lo sabía, pero que no esperaba que todo sucediera tan pronto. - ¿Y eso no es bueno?
- Lo es pero… quiero decir, ni siquiera he entregado mis documentos ni nada parecido.
- Ya veo, eso es extraño. Bien, veamos...
Mike se puso a revisar unos cajones llenos de ficheros hasta que encontró una carpeta que tenía el nombre de Onodera escrito en la solapa. Lo sacó del cajón y se puso a hojear su contenido. De vez en cuando hacía un gesto de concentración tan serio que Onodera comenzó a preocuparse un poco. Tal vez había sido un error después de todo, no era posible que Takano hubiese podido hacer los trámites tan rápido, ¿o sí?
- Oh, aquí está. – Mike hizo a un lado el currículum de Onodera para tomar una hoja de papel que contenía su registro de actividades laborales en la compañía. – Veamos, aquí dice que apenas ayer fue tramitado tu traslado de un puesto a otro. Ayer no trabajaste, ¿verdad? – esperó a que Onodera confirmara su pregunta y luego prosiguió. – Ya veo… ¡Oh! Aquí está. Según esto todos los trámites los realizó tu nuevo jefe del departamento de edición de manga shoujo, Takano Masamune. Dice que tú le solicitaste el puesto y él aceptó tras revisar tu currículum y experiencia laboral… ¡Ritsu! – Onodera no se inmutó por el uso de su nombre de pila, siempre había sido así con Mike que no estaba acostumbrado a los honoríficos cuando utilizaba su idioma natal. - ¿Por qué no habías hecho esto antes?
Onodera cubrió sus papeles con las manos para evitar que Mike siguiera leyendo. Su registro de inasistencias con sueldo estaba entre ellos acompañados de las justificaciones, que en su gran mayoría consistían en visitas a la corte y al juzgado por el caso de su padre.
- La verdad es que no tenía mucha experiencia, solo trabajé unos meses en el extranjero y al volver no tenía a nadie que pudiera recomendarme.
- Eso significa que sí hablaste con Takano – Mike utilizaba el apellido de este porque no sabía que lo era. – Así que finalmente caíste (1), ¿eh?
- ¿Caí (1)? – Onodera no había comprendido la expresión que Mike había utilizado, ni su significado.
- Koi ni…(2) - Mike cambió hábilmente al japonés para que Onodera entendiera mejor a lo que se refería.
El rostro de Onodera se tornó rojo conforme la sangre se acumulaba en sus pómulos y frente. Involuntariamente se llevó la mano a la nuca y comenzó a frotarse con nerviosismo el cuello. No importaba lo mucho que pensara en Takano Masamune, ni todo el tiempo que pasaba con él fuera de la compañía; aún no estaba listo para aceptar lo que sentía por él y en realidad no estaba seguro de si alguna vez lo estaría.
- Cla… claro que no.
- ¿No? ¡Pero si ha estado detrás de ti por mucho más tiempo que cualquiera! No me digas que te estás aprovechando de eso para subir de puesto…
- ¡Por supuesto que no! – Onodera se exaltó demasiado, pero a Mike no parecía afectarle. – Simplemente decidí hacer las paces con él hace poco y discutiendo salió a colación mi deseo por ser editor. Él amablemente accedió a ayudarme.
- Ya veo, entonces el aprovechado es otro…
- ¿Tú crees?
- Jum, no sabría decirte bien, pero claro que Takano no perderá la oportunidad de pasar tanto tiempo contigo, si me entiendes. Además estando cerca de él es más probable que tus otros pretendientes se sientan intimidados y se den a la retirada, lo que para Takano sería algo bueno. Pero en fin, debes acudir a una reunión con todo el departamento para iniciar tu capacitación y conocer más a fondo los detalles de tu puesto.
- ¿A qué hora empieza?
Mike le echó un vistazo a las hojas que había revuelto en su escritorio buscando la información y luego se cubrió la boca con sorpresa y le lanzó una mirada de disculpa a Onodera.
- ¡En cinco minutos! ¡Apresúrate! ¡Es en el salón de conferencias 9, en el tercer piso!
Onodera firmó su entrada rápidamente y corrió hacia el elevador, que tardó lo que pareció una eternidad en llegar. Llegó diez minutos tarde a la junta. Dentro del salón de conferencias el olor a café llenó sus fosas nasales y la vista de varias personas esperándolo lo hizo sentir terriblemente nervioso, pero definitivamente no desaprovecharía la oportunidad que Takano le daba. No era mucho, y debía trabajar más duro que antes, pero por lo menos se sentiría más satisfecho consigo mismo de ese modo.
Takano tampoco pensaba desaprovechar la cercanía con Onodera, pero sabía que al menos en la oficina debía mantener la calma tanto como le fuera posible y debía actuar como si en verdad hubiese existido algún tipo de reconciliación y desinterés entre ambos. Mientras el presidente de la compañía, un tal Isaka, le daba la bienvenida al joven editor en entrenamiento, Masamune le observaba detenidamente en busca de algún rastro de interés hacia su persona. Odiaba ese estúpido sentimiento de ver a Onodera sentado prácticamente en frente de él, pues solo eran separados por la mesa, y desear que lo mirara aunque fuera solo fugazmente. Deseaba con demasiadas fuerzas descubrirlo con la mirada fija en él para dedicarle una sonrisa cómplice y juguetona de esas que hacían avergonzarse tanto al que fue descubierto observando como al que era observado.
- Ahora discutamos las relaciones entre empleados, ¿alguna duda al respecto, Onodera?
Masamune salió de sus pensamientos al escuchar la voz del presidente y prestó atención a Onodera mientras explicaba que conocía las reglas debido a su anterior puesto de trabajo. Por alguna razón Masamune se sintió un poco decepcionado a pesar de que estrictamente las relaciones amorosas entre trabajadores no estaban prohibidas ni nada por el estilo, quizás porque sabía que con Onodera no tenía eso a pesar de todo su esfuerzo, o quizás porque la respuesta de Onodera expresaba con demasiada seguridad que no era su deseo intimar con nadie por el momento y que su vida personal la mantenía lejos del trabajo.
- Aun así, Onodera, no puedo evitar preocuparme un poco. Sé que tienes una base de admiradores bastante grande aquí en Marukawa. ¡No es que piense que seas del tipo que seduce a otros a propósito! – se excusó el presidente rápidamente al notar que podía ser malinterpretado por lo que había dicho. – El punto es que si alguna vez llegas a sentirte demasiado acosado por alguna persona en específico no debes dudar en decirle a alguien, a tu jefe de departamento, o a algún supervisor o amigo de la compañía; ¡incluso puedes decirme a mí y en seguida me haré cargo!
Cuando Masamune miró intensamente a Isaka, Onodera no lo pasó desapercibido.
- Eh, gracias, señor. Así será.
- Bien, ahora pasemos a lo importante. Supongo que ya conoces a tu jefe directo, Takano Masamune, puesto que fue a él a quien le solicitaste que revisara los papeles de tu transferencia. – Onodera asintió e Isaka sonrió antes de proseguir. – De acuerdo, Takano tienes la palabra.
- Gracias, señor. – Masamune se puso de pie y presentó a los demás miembros del departamento. Onodera los conocía de vista, y conocía sus nombres por la correspondencia que le había tocado entregarles, pero ahora estaba aprendiendo más a fondo como trabajaban y su forma de ser como personas. – Finalmente está Kanade Mino, él será tu mentor durante tu entrenamiento
El aludido se puso de pie y amplió su de por sí ya ancha sonrisa al tiempo que hacía una reverencia en forma de saludo para Onodera, quien se inclinó al mismo tiempo que él para devolver cortésmente el gesto de su superior.
- Mucho gusto. Estoy a su cargo.
- Mucho gusto, Onodera.
La reunión se dio por concluida unos minutos más tarde. Masamune dejó a Onodera a cargo de Mino y salió por un café a la sala de empleados más cercana sin darse cuenta de que Isaka, el presidente, lo seguía de cerca.
- Después de usted – ofreció Takano, dándole paso a su superior para utilizar la máquina de café.
El presidente se sirvió con tranquilidad su café y le agregó poca azúcar. Cuando finalmente le cedió el lugar a Masamune no se retiró por completo, solo se apartó para darle espacio mientras soplaba el vapor que emanaba desde su taza. Los hombres bebieron en silencio uno junto al otro, acompañados por el ruido de fondo de algunos empleados que conversaban a sus espaldas. Cuando Masamune terminó, enjuagó su taza y la dejó en el lugar habitual; después hizo una reverencia a Isaka y se dio la media vuelta para emprender el camino de regreso.
- No tan rápido. Quería comentar algo contigo.
- Oh, ¿me pregunto qué querrá el señor presidente con alguien como yo?
- No bromees Takano, esta vez es algo serio. ¿Recuerdas lo que dije en la reunión hace un rato? Acerca de las relaciones entre empleados.
- Sí, pero no sé qué tiene que ver conmigo.
- Sé que tú eres uno de los más grandes admiradores de Onodera. Y también sé que te ha rechazado incontables veces.
- No veo porqué eso sea de importancia ahora. No debería mezclarse con la vida personal de sus empleados.
- Oh, supongo que no, a menos que uno de ellos realice actividades que van en contra de la imagen de la empresa, ¿me entiendes?
- No sé de qué está hablando, señor. – Masamune cambió su tono a uno más formal al darse cuenta de que Isaka no tenía intención alguna de usar su tono amigable de siempre. – Ahora si me disculpa debo de regresar a mi departamento. Tengo trabajo que hacer.
Sin decir nada, Isaka dejó que Takano se alejara lleno de dudas en la mente. No tenía idea de qué podía estar hablando el hombre que era prácticamente su jefe, pero tampoco encontraba algo que tuviera sentido con lo que había dicho. No recordaba haber hecho nada malo, y por el contrario Isaka siempre lo había alabado por sacar adelante a su sección dentro de la compañía a pesar de las dificultades. ¿Qué podía ser entonces eso de lo que hablaba? Al entrar al departamento y ver a Onodera tomando notas de lo que Mino decía ya no le importó. Jamás había estado tan cerca de él, y ahora solo una cosa le preocupaba: sacarlo de ese infernal lugar en el que trabajaba.
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(1) En inglés "Fell" – Pretérito del verbo "fall", "caer". Mike dice literalmente "So you finally fell…" a lo que Onodera contesta "Fell?" al no comprender que se refiere a la expresión "Fell in love" – enamorarse en tiempo pretérito. Literalmente: "caíste en el amor".
(2) En japonés "Koi ni ochita" = enamorarse. Literalmente, "caer en el amor" ("ochiru" es el verbo "caer"). Mike dice simplemente "Koi ni" y es cuando Onodera completa en su mente la frase y se da cuenta de que al decir "caer" no lo decía literalmente, sino como parte de la expresión.
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Finalmente me he reaparecido. Recibí todos sus reviews y los leí todos, toditos. Muchas gracias a quienes dejaron comentarios diciendo que mi historia es buena ; u ; Y lamento haberles tenido a la espera T_T Estuve trabajando y en prácticas profesionales y ya no me daba el tiempo. ¡Ah! Respecto a mis acotaciones al final, espero sean comprensibles. Estudio Lenguas Modernas, y sé tanto japonés como inglés, y la verdad me parece bastante curioso como en ambos idiomas usan la expresión "caer en el amor" a pesar de ser culturalmente diferentes (cosas mías, es que me encantan los idiomas y lo que puedes aprender de las culturas a través de ellos). No pude resistirme a utilizar el juego de palabras, pero tampoco les iba a dejar con la duda a quienes no lo entendieran, así que espero que ahora esté más claro, si tienen duda pueden preguntarme. Sin más que decir les dejo. ¡Hasta la próxima! (Que espero sea pronto, porque me están fluyendo las ideas como no se imaginan).
~Hitomi G.
