La oficial Kono Kalakaua buscaba pistas en el lugar en el que los cadáveres habían sido encontrados. Un pequeño brillo llamó su atención, inmediatamente se coloco sus guantes de látex y se encamino hacia allá, al llegar recogió un pequeño casquillo de 9mm y lo guardó en una pequeña bolsa de plástico. Algo no encajaba allí, si ambos cuerpos habían sido incinerados de donde provenía esa bala.

Kono al fin se dio por vencida, por mucho que buscará no encontraría nada más, el asesino había sido demasiado cuidadoso, nada de huellas en los cuerpos, nada de marcas de zapatos o de las ruedas de los carros, ni siquiera una planta arrancada de forma violenta. Un movimiento captado por su vista periférica la hizo voltearse, pero al instante se sintió mareada, cansada, como si no hubiese dormido en días por algún caso sumamente difícil, antes de desplomarse consiguió ver una cara, un rostro que a pesar de no haber visto en su vida, se le hacía sumamente familiar.


Danny Williams manejaba su auto, un Chevrolet Camaro plateado modelo del 2010, a una velocidad que no se distinguía mucho de la que usaba Steve McGarrett cada vez que manejaba. Solo pensaba en una cosa: Su hija Grace corría peligro. Su ex esposa y el hombre por quien lo dejo no dejaban de preocuparle, pero no lo suficiente como para dejar a su monita de lado.

— ¿Cómo que a mi hija la recogió su madre? —gritaba el detective por el manos libres del celular— Pero si todavía no es la hora de salida. No, no me importa si era una emergencia. ¿Sabe usted a donde se la llevo? Muchas gracias, si se entera de cualquier cosa por favor avíseme—Termino la llamada con un golpe al celular— ¿Has tenido suerte con el teléfono de Grace, Steve?

—Nada, sigue fuera de cobertura.

—Llama a Kono, y pregúntale si puede activar el GPS del celular.

—No contesta—aseguro Steve luego de intentar comunicarse con la novata del equipo.

Veinte minutos después Steve y Danny se bajaban del Camaro y caminaban hacia la guardería en la que cuidaban al pequeño Charles Edwards, ya que posiblemente allí si tuvieran información del paradero de Rachel «No puede estar muerta, ella no puede estar muerta» se repetía una y otra vez el detective en su mente. Debía ser una mujer con la que Stan engañaba a Rachel, o una de sus socias, pero no su ex mujer, ella nunca.

No bien entrados en la guardería un hombre con sombrero y lentes oscuros los tropezó mientras corría, tras pedirles perdón reanudó con su carrera, con lo que parecía una manta en los brazos. Solo cuando su compañero corrió tras el gritando «Alto five-0» y luego escuchó a una mujer gritando, Steve McGarrett entendió lo que sucedía. No era un hombre con prisa, era un secuestrador con prisa.

Tras 5 minutos corriendo tras el delincuente llegaron al club privado " Mermaid Tail" al cual solo se podía acceder deslizando una tarjeta magnética que te certifica como afiliado. El hombre logró entrar sin problemas, evadiendo por fin al five-0.

—Tranquilo Danno—exclamaba Steve mientras volvían a la guardería—Luego pasaremos por el club y buscaremos en el sistema la identidad del secuestrador. Vamos por Charles ahora.

Al llegar a la recepción se encontraron a varios agentes de la HPD a quienes les estaban informando sobre el secuestro.

—Señores de aquí en adelante mi equipo de hace cargo de este caso—informo el comandante a los oficiales—Necesitamos toda la información que nos pueda proporcionar—exclamo esta vez dirigiéndose hacia una de las maestras— ¿Logró ver bien al secuestrador?, ¿Podría distinguir su rostro?, ¿Cuál es el nombre el niño al que rapto?

—No logro recordar al hombre, solo sé que deje un momento el aula de clases para llevar a uno de mis alumnos al baño y luego cuando volví este hombre estaba sacando al niño de la cuna. En cuanto al bebé, su nombre es…Charles William Edwards—exclamó la maestra en lo que pareció cámara lenta.

El celular del detective sonó, este solo observó el número y de inmediato supo que sus sospechas se confirmarían.

—Max. ¿Identificaron a la mujer?

—Si, lamento informarte que la persona que encontraron junto a Stan Edwards era su esposa Rachel Edwards.

En ese instante al detective Williams se le derrumbó el mundo, no podía ser cierto, es mujer no podía estar diciendo la verdad, si fuera así todo esto iba contra él, era algo personal.


—Kono, Kono. ¿Dónde estás? —gritaba desesperado el teniente Chin Ho Kelly en medio del bosque. Su prima aún no volvía de buscar pistas, y había partido hacia 4 horas. Un cuchillo clavado él un árbol llamó su atención y cuando se acercó a observarlo notó que tenía una pequeña memoria USB amarrada al mando con el mensaje "Chin Ho Kelly" alrededor. Rápidamente buscó una laptop en el destacamento de policías que había en la escena del crimen, coloco el dispositivo USB y una cara espantosamente familiar apareció en la pantalla.

—Saludos Chin Ho Kelly—Habló el hombre—supongo que conoce este nombre: Kono Kalakaua. Pues bien, tengo a su prima, y si quiere recuperarla tendrá que hacer exactamente lo que yo diga. Primero quiero que se dirija a la calle Bishop y espere frente al Banco de Hawaii. Debe estar allí a las 19:30 o me veré obligado a deshacerme de ella.