Hola! Bueno, mis disculpas por haber tardado tanto en actualizar. Es que entre las vacaciones y demás no queda tiempo... Aquí os dejo el capítulo 2, espero que os guste :) Gracias a todo el que deje reviews o agregue su historia a favoritos o alerta. No sabéis lo que me motiva saber que hay gente que lee lo que escribo y hasta le gusta. A cualquier duda o crítica o alabanza, REVIEWS ;)
De aulas vacías y tormentas
Cuando Lucy se despertó ya no había nadie en la habitación. Por regla general, ella era la última en levantarse y no se saltaría su propia regla aquel día. Se vistió, se dio una ducha rápida y bajó a desayunar.
Allí, en la mesa de Griffindor, la esperaban Dominique, Casandra, Eileen y Catherine. Más allá la saludaron Rose, Roxanne, James y Fred, pertenecientes a la misma casa. La pequeña Rose iba a segundo, Roxxie iba a 3º, mientras que James y Fred eran de 6º. Su hermano Louis, el único Weasley de Hufflepuff iba a 3º; Albus, su primo Slytherin de 2º año; y los gemelos Lorcan y Lysander, de su misma edad, de Ravenclaw y Slytherin respectivamente. Sin olvidar a Molly y a Victoire, que cursaba su último año, en Ravenclaw.
Se sentó al lado de Dominique y empezó a engullir la tostada de mermelada recién servida al mismo tiempo que se acordaba de los deberes que no había hecho. Suspiró. Definitivamente, estudiar no era lo suyo.
Desayunó apresuradamente y tomó rumbo a la clase de Transformaciones junto con su prima, con la que no había mediado palabra aquella mañana. Se disponía a entrar en la clase cuando una mano la frenó. Se dio la vuelta y se encontró a Erick, un chico de Hufflepuff, que la sonreía tímidamente.
—Hola.
—Hola. Eh… ¿querías algo en concreto?
—Esto, sí… ¿te apetecería ir conmigo a Hogsmeade este sábado?
—Me encantaría, pero tengo que estudiar para los TIMOS y eso… otro día será.
El chico asintió y se dio la vuelta, abatido. Nadie se tragaría que Lucy quería estudiar un sábado en vez de ir a Hogsmeade.
Lucy se quedó allí, delante de la puerta, con el ceño fruncido. ¿Por qué había rechazado a Erick con una escusa barata? Era un chico amable y guapo, y varias veces la había invitado a salir. Sin embargo… había algo en su interior que hacía que rechazara sus propuestas.
Lucy, a sus quince años, nunca había estado falta de novios. Aquel mismo año había salido con un chico a principios de curso, pero lo habían dejado por acuerdo mutuo al cabo de un mes. Y el año pasado había salido con unos tres a lo largo del curso, aunque no habían durado ni un mes. Simplemente, se cansaba de ellos. Podía estar dos semanas con uno, pero finalmente se acababa cansando. Era como si no la llenaran. Se sentía bien teniendo a alguien, pero no la hacían sentir completa.
Sin embargo, se paró a pensar en Dominique. A sus quince años, ni una sola relación. No estaba falta de pretendientes, medio sector masculino de Hogwarts andaba detrás suya, pero la chica de ojos celestes rechazaba a todo chico que se le acercara.
Entró a clase y tomó su sitio habitual al lado de Nickie, cuyo ceño estaba fruncido. Al verla, rompió un trozo de pergamino y garabateó algo para luego pasárselo por debajo del pupitre.
Lucy cogió la nota y leyó la pulcra caligrafía de Dominique.
¿Qué quería ese chico?
Lucy levantó la mirada y se encontró con la expresión interrogante de su prima. Suspiró y garabateó con su letra desordenada:
Me ha invitado a salir
Dominique leyó la nota, suspiró imperceptiblemente y centró su mirada en el profesor, rompiendo la nota y escondiéndola entre los demás pergaminos.
Lucy decidió ignorar la extraña actitud de su prima e intentó centrarse en la clase… sin ningún resultado. A diferencia de Molly, cuyas notas nunca bajaban del Supera las Expectativas, Lucy nunca había sido fan del estudio, cosa que había decepcionado ligeramente a su padre.
La campana sonó y Dominique salió disparada hacia el pasillo. Lucy la siguió desconcertada.
—¡Nick!
Su prima se dio la vuelta y esperó a que la alcanzara.
—¿Qué te pasa?
—¿A mí? Nada.
—Mientes.
Dominique cerró los ojos y respiró hondo. Sin más explicaciones se dio la vuelta y continuó andando.
Lucy la siguió.
—¿Es por Erick? Le he dicho que no.
Nickie volvió a pararse y la miró con la confusión en el rostro.
—¿Por qué?
—No sé, supongo que quiero darme un descanso con los chicos.
Dominique notó el cambio en el tono de voz de su prima y la observó curiosa.
—¿Quieres hablar?
Lucy asintió. Dominique la cogió de la mano y la guió por los pasillos hasta un aula vacía. La pelirroja la miró confusa.
—¿Vamos a saltarnos clases?
Nickie se encogió de hombros.
—No puedo dejar a mi pobre prima sin atención emocional. Necesitas desahogarte.
Lucy sonrió y se sentó en un pupitre vacío. Su prima hizo lo mismo.
—¿Y bien? Te escucho.
—Estoy confusa.
—¿A qué te refieres?
—A que no sé lo que siento. Los chicos no… creo que los chicos no me atraen.
Dominique enarcó una ceja.
—¿Y cómo has llegado a esa conclusión? Has salido con muchos chicos.
Lucy sacudió la cabeza.
—Precisamente por eso. Ninguno de ellos… siento que no pueden darme lo que necesito. No me llenan.
—Bueno, quizás no has encontrado al chico adecuado. Pero eso no significa que…
—Dominique —la cortó Lucy— sé lo que eso significa. He estado con muchos, muchos chicos. De la mayoría ni te has enterado porque ni siquiera llegaba a ser nada oficial. Y anoche me paré a pensar en el porqué de eso. En por qué en el fondo no me había atraído realmente ninguno. Se siente bien teniendo a alguien, y me sentí realmente bien con los que estuve, pero ninguno me hizo sentirme completa. Y hay sensaciones que no puedo describir, y no se por qué las siento, y todo es demasiado confuso porque creo que soy algo que no me gustaría ser ya que nadie me aceptaría. Y no sé por qué te cuento ahora esto, si ni siquiera lo había expresado en mi interior, y creo que nunca llegaré a aceptarlo porque todo es demasiado confuso, y…
Dominique quedó más que sorprendida al oír aquello. Lucy Weasley, que cambiaba de chicos como quien cambia de bragas, le estaba confesando que no le atraían. Y que sentía otro tipo de sentimientos y… Dominique se dio cuenta de que su prima había acabado su discurso y que la observaba con una especie de temor en la mirada. Y se dio cuenta también de que ella estaba estática. Y en ese momento, Dominique decidió que era hora de hacer algo. Y lo hizo.
Avanzó impulsivamente hacia su prima y unió sus labios. Un roce, apenas un roce. Un roce que despertó en lo más profundo de su ser una sensación de dicha indescriptible. Una dicha que duró apenas unos instantes, pero que podría tardar siglos en describirla.
Y entonces, el hechizo se rompió. Dominique tomó conciencia de quién era y de qué hacía. Se separó con una torpeza inhabitual en ella de su prima y la miró a los ojos horrorizada por lo que acababa de hacer.
—No… lo siento…
Dominique dio media vuelta y salió corriendo del aula abandonada como alma que lleva el diablo. Se maldijo a sí misma y a sus impulsos estúpidos. ¿Desde cuándo se había convertido en una de esas adolescentes dominadas por las hormonas? ¿Por qué diablos había besado a su prima? A SU PRIMA. A la chica con la que había crecido y a la que había confesado sus secretos. A la chica a la que mejor conocía en el mundo. A la chica que despertaba en ella un deseo indescriptible.
Nickie salió a los terrenos de Hogwarts y se sentó a la orilla del lago. No había nadie, todos estaban en sus clases. Allí, en las orillas del hogar del calamar gigante, Dominique derramó lágrimas saladas. Lágrimas por haber sido tan estúpida y tan impulsiva. Se maldijo internamente por lo que había hecho y esperó a que la campana sonara para dirigirse a su próxima clase con la esperanza de que nadie notara sus ojos enrojecidos.
Lucy se había quedado en el aula, pálida y confusa. Con los ojos muy abiertos deshizo el camino hacia la sala común y subió a su cuarto. Aquel beso había hecho pedazos todo en lo que ella creía. Había puesto todo patas arriba. Porque, maldita sea, los labios de su prima tenían el sabor del paraíso. Y ella estaba en estado de shock. ¿Cómo era posible que se sintiera atraída por su propia prima?
Lucy se tumbó en su cama y observó la habitación. Por la ventana se veía la silueta de alguien en el lago. Lucy desvió la vista, creyendo saber a quién pertenecía aquella silueta.
Fijó su vista en la cama de su prima, y la examinó detenidamente. En la pared de encima había posters de actrices muggle. Actrices, ni un solo actor. Lucy entrecerró los ojos y se quiso golpear por no ver antes la realidad. Su prima, Dominique, feminista hasta la médula, sin haber salido con un chico en su vida y una colección de actrices muggle sin mucha ropa en la pared de al lado de su cama. Era realmente fácil llegar a la conclusión obvia sobre la sexualidad de su prima.
Lucy se dio la vuelta en su cama y decidió quedarse allí. Por saltarse un par de clases no pasaba nada. Necesitaba tiempo para aclararse y poner en orden su mente.
No sabría decir cuantas horas estuvo exactamente en su cama, pensando en lo sucedido. No sabría si llegó a dormirse o perder la conciencia. Cuando decidió salir de su cuarto eran las cuatro y media de la tarde.
Bajó a la sala común, pero decidió que estaba demasiado habitada y salió a los pasillos. Vagó entre los pisos sin ningún interés en ir en un sitio en concreto, hasta que divisó una cabellera rubia rojiza entre la gente.
—¡Dominique!
Ella, al reconocer la voz de su prima se giró y tragó saliva. Esperó a que Lucy la alcanzara y se cruzó de brazos.
—¿Pasa algo? — preguntó Casandra, una chica de pelo rubio rizado al ver la tensión que reinaba entre sus compañeras de cuarto.
—No —respondió Dominique —, en absoluto. Nos vemos en la sala común, tengo un par de cosas que aclarar con Lucy.
Casandra y las otras dos chicas que acompañaban a Dominique asintieron y continuaron su camino.
La pelirroja respiró hondo y miró a su prima semi-veela.
—Tenemos que hablar.
—Lo sé.
Sin decir nada más, Lucy empezó a caminar hacia una de las aulas vacías del piso.
Dominique entró en el aula seguida de Lucy. La pelirroja cerró la puerta y se sentó en uno de los pupitres. Su prima respiró hondo y se situó en frente suya,
—Mira, lo siento por lo de antes, ¿vale? Fui una estúpida y me dejé llevar por mis impulsos, cosa que nunca hago y que no tuve que haber hecho. Pero tú te plantaste ahí y te pusiste a hablar de cómo los chicos "no te llenaban" y supongo que mi imaginación se disparó y me dejé llevar, y…
Lucy se levantó de golpe y calló a su prima uniendo sus labios. Dominique se sorprendió, pero le correspondió al instante. Sin darse cuenta, el beso cobró intensidad. Lucy posó sus manos en la cintura de su prima y ésta caminó hacia atrás hasta toparse con un pupitre vacío.
Dominique se sentía en el mismísimo paraíso. Un cosquilleo se expandió por cada célula de su cuerpo, haciéndola entrar en una sensación de euforia. Pero, de repente, tomó conciencia de QUÉ hacía y con QUIÉN.
Se separó con dificultad de Lucy, y el corazón latiéndola a mil. Un silencio incómodo reinó entre las dos, hasta que Dominique lo rompió.
—Ahora se supone que una de las dos debe decir que esto no está bien, ¿no?
—Se supone — logró articular Lucy entre jadeos —. Tienes razón. Somos primas.
Nickie se separó de ella unos pasos y asintió.
—Sí. Esto no se volverá a repetir.
—De acuerdo.
—Bien.
—Vale.
Las chicas se quedaron mirándose a los ojos en silencio.
—Será mejor irnos — dijo Dominique por fin.
—Sí.
Salieron del aula vacía y caminaron por los pasillos hacia la sala común sin mediar palabra.
Era más de la una de la noche, y una enorme tormenta caía sobre Escocia. En la torre Griffindor, en la habitación de 5º año, todas las chicas dormían. Todas, menos una.
Lucy se estremeció cuando el quinto relámpago lució y maldijo una vez más que su cama estuviera al lado de la ventana. No le gustaban nada, nada, las tormentas.
Suspiró y apartó de un manotazo la colcha, se puso de pie y caminó de puntillas hasta el otro lado de la habitación, donde descansaba un bulto de pelo rubio anaranjado.
—Nick… — susurró Lucy mientras empujaba suavemente a su prima — ¡Nickie!
El bulto gimió y se dio la vuelta, mirándola somnolienta.
—¿Qué quieres? — susurró.
—¿Puedo dormir contigo?
Dominique se apoyó en su codo y miró a su prima, que se estremecía cada dos segundos, y a la ventana, que era bombardeada por las gotas de lluvia.
—¿No deberías de superar ya tu miedo a las tormentas? Vas a cumplir 16 años — dijo la semi-veela esbozando una sonrisa burlona.
Lucy la fulminó con la mirada.
—¿Te tengo que recordar tu miedo a los payasos, Dominique?
Nickie entrecerró los ojos y aguantó la mirada de su prima. Finalmente, rodó los ojos y le hizo un hueco en la cama.
—Anda, ven.
Lucy se acurrucó en la caliente cama de su prima y se envolvió en el edredón. Otro trueno sonó afuera, y la pelirroja se volvió a estremecer de forma exagerada.
Dominique se rió entre dientes y miró a Lucy.
—Ven aquí, bebé.
Lucy no se lo pensó dos veces y envolvió el cuerpo de su prima con sus brazos, apoyando su cabeza en su hombro. Dominique apoyó su cabeza en la coronilla de su prima y aspiró su aroma. Cerezas. Maldita sea, la volvía loca. Cerró sus ojos e intentó concentrarse en conciliar el sueño. Aunque, a quién engañaba, sabía que no podría dormir aquella noche.
Lucy suspiró. Realmente se estaba bien allí. Con una mano en la cintura y otra por encima del vientre de su prima. Podía sentir el calor de su cuerpo. Trató de concentrarse en respirar rítmicamente y cerró los ojos.
Pasaron quizás media hora así. Dominique notó la regular respiración de su prima y pensó que ya se había dormido. Y sólo entonces, le besó suavemente la coronilla y suspiró.
—Quizás en otra vida…
Lucy entreabrió los ojos al oír aquello.
—¿Y por qué no en ésta? — susurró y alzó el rostro para que sus ojos hicieran contacto con los de su prima.
Dominique quedó sorprendida ante aquello. Había creído que su prima estaba dormida. Sin embargo, la Weasley había decidido sorprenderla de nuevo. Suspiró imperceptiblemente.
—Pues porque tu padre y el mío son hermanos, ¿recuerdas? Y somos chicas.
—¿Y eso qué más da?
Dominique bufó.
—¿Que qué más da? Nos lo impide la moral, la religión, la familia…
Por suerte, Dominique no pudo seguir su lista de contras ya que los labios de su prima se encontraron por tercera vez con los suyos. Y esta vez no lo hicieron con urgencia o con deseo, sino con una infinita ternura. Aquel beso fue tan dulce, tan lento y tan tierno que Dominique se olvidó de los mil y un obstáculos que probablemente surgirían y se dejó llevar por el lento calor que la recorría de la cabeza a los pies.
Lucy se separó lentamente y miró a su prima a los ojos, pensando en que, definitivamente, había algo mágico en ellos.
Se dio la vuelta en la cama y vio que, de hecho, había dejado de tronar y de llover. Notó cómo su prima la abrazaba por la espalda y suspiró, decidiendo que las tormentas no podían ser tan malas, si al fin y al cabo había acabado en la cama de su prima gracias a ellas.
