Aquí es donde las cosas comienzan a ponerse buenas y cobran sentido.

Cosas fuertes pueden suceder…

Y hoy bueno subí porque ando muy inspirada y no quiero que se lo pierdan.

Atte. Arthuria Pendragon.

-Mi señor, como lo ha ordenado la chica ya se encuentra en el calabozo.-

-Bien hecho, esperemos que hoy podamos cumplir mi mandato.- Dijo el hombre siniestro con una sonrisa.

La chica encadenada miraba al vacio sin ningún interés aparente. Algo demacrada por el tiempo encerrada con un extraño resplandor en sus ojos, seguía llamando a su amor perdido.

-¡Calla!- La maldad hizo presente ante los ojos de la chica.

-Ah mira pero si no es más que un espejismo lo que veo, Ganondorf murió a manos de mi Link.- Dijo la chica con orgullo.

-Tonterías bruja, yo mate a tu gran héroe y tú lo viste.-

La chica comenzó a llorar gritando mentira.

Después de unos minutos de nuevo comenzaba a hablar de la prosperidad de Hyrule, de su padre y el desaparecido héroe.

-Señor…-

Ganondorf había tenido que aguantar estos cambios de la princesa desde el día en que le había confinado después de matar al héroe.

Para este entonces su humor y paciencia se habían agotado con respecto a Zelda que no tenía ni una pisca de cordura.

-Llévenla…- Fue lo único que dijo el hombre y se retiro.

Pasaron horas…

Llego la hora del atardecer y la princesa ahora en otra habitación esperaba, no sabía que se encontraría, pero sabía que tenía que esperar.

Después de un rato ya se notaba la noche sobre de Hyrule, la luz de la luna alumbraba directamente a la habitación, la chica contemplo la luna, se acerco al cristal.

Cuando alguien por detrás la tomo y la tiro a la cama sin ninguna señal de delicadeza.

-Bien princesa, has llegado al límite de mi paciencia y créeme que he tenido mucha. Pero eso hoy se acaba, se que tu locura es el producto de una protección…-

La chica solo miraba a su predador.

-Esta protección no me permitirá tocar la parte de la trifuerza que posees… Pero eso no impide que te toque.- Dijo muy bajo en el oído de la dama.

-No te preocupes… no te dolerá.-Lamio por lo bajo del cuello de Zelda.

A la mañana siguiente la chica se encontraba en sus aposentos.

"Tranquila mi niña, ya vendrá tu tiempo."

Zelda tenía una mirada vacía y a la vez llena del puro odio.

-Es una trampa verdad…- Dijo la chica mirando por su pequeñísima ventana. –Quiere que me vuelve loca de verdad.-

Sonrió con algo de maldad al imaginar su venganza contra aquel que había lastimado a su más grande amor.

Aunque en su corazón solo habitaba un interminable mar de lagrimas y dolor.